CAPITULO REESCRITO.

AUTORAS: MARZELINEFILTH Y ELIZABETHSHANE

CAPITULO 3. VENGANZA

Su vestido verde estilo retro le quedaba espectacular en su figura esbelta y su peinado alto le daba un toque elegante, definitivamente parecía que estaba en una película de los años sesenta, incluso llevaba guantes negros que conminaban con el cinturón que definía su silueta.

Se encontraba en su restaurante favorito, el sonido a música acompañado de un atractivo olor a vino inundaba el ambiente.

–Soy Kagome Higurashi–. Dijo con el fin de que le asignaran su mesa.

– No está en la lista.

– ¡Que! Claro que estoy, tengo que estar. ¡Este es mi sueño! –. Grito con desesperación.

Al voltear, vio lo peor: Sango estaba sentada disfrutando de su postre favorito, besándose con Inuyasha, acariciando el rostro de Sesshomaru, bebiendo el vino que Rin le servía en su copa y rodeada de su sequito de amigas.

Su respiración se hizo más fuerte, todo comenzó a girar a su alrededor, las risas, las burlas, y, sobre todo, ojos fríos y dorados. Su sueño se había transformado en pesadilla.

Un grito estaba a punto de salir de su garganta y fue entonces que despertó.

– Que horror–. Susurro, suspirando con fuerza. –Necesito vacaciones.

Ella sabía lo que la tenía con tanto estrés, esa semana sería el evento escolar más importante del año, representantes de las universidades más prestigiosas del país se presentarían en su escuela a fin de conocer a los futuros prospectos que deseaban enlistarse. Kagome se encargaba de organizarlo junto con la madre de Sango, quien era la representante de padres de familia. Todo quedaría perfecto.

Con desanimo bajo a desayunar, a partir de esa semana la etapa de sus años como estudiante preparatoriana terminarían para dar comienzo a su vida como adulto.

Naomi Higurashi se encontraba ya en la cocina tomando café, se había ausentado durante varios días por ir a Paris. –Cariño, ven conmigo.

No hubo besos ni abrazos, simplemente tomo su mano y la dirigió al salón principal, el cual estaba lleno de vestidos, un montón de catálogos y revistas desorganizados por toda la sala.

Kaede acababa de entrar con una bandeja de yogurt y panecillos directo a la mesa para que Kagome comiese, y sin más se alejó.

– Una compañía americana me ha contratado para diseñarles una línea ropa femenina, quería que fueras la primera en saberlo.

Kagome abrió los ojos con sorpresa y felicidad. –Porque no me habías dicho, ¡Es fantástico!

– Volví temprano de Paris para poder juntar mis libros de moda. Esta podría ser el hincapié de un nuevo éxito en un continente diferente, y otro estilo de vida para nosotras.

– Te felicito, madre–. Kagome seguía con la vista a Naomi que se movía de un lado al otro, mientras tomaba un panecillo del plato y lo dirigía a su boca.

– Antes de que te comas eso, piensa que te gustaría más el yogurt que he pedido para ti–. Una exigencia para que su hija no subiese de peso.

Kagome frunció el ceño molesta, por eso a veces prefería la compañía de Kaede. –Perdí un kilo mientras no estabas.

Naomi le sonrió. –Pues si dejas de comer cosas que no son sanas, hubieras bajado dos kilos.

Se sintió decepcionada de sí misma, cenar una uva solamente no estaba funcionando.

Desde la muerte del señor Higurashi, Naomi se había vuelto muy difícil de complacer. La dulce mujer parecía tener su mente en otro lugar muy lejos de los problemas en que su hija se enfrentaba.

Kagome extrañaba que su madre la abrazara y pasaran fines de semana juntas.

– ¿Y Sango?

La pregunta llego a sus oídos como taladros dispuestos a perforar su cabeza. De mala gana contestó. –No lo sé.

– Bueno cariño, tengo que contarte algo importante, para la nueva campaña he pensado que sería bueno una modelo con cara desconocida, y te me viniste a la mente.

Los ojos azules se abrieron emocionados. –¡Si! –. Dijo poniéndose de pie y corriendo a abrazar a su madre.

Naomi solo pudo darle unas palmaditas en la espalda y rompió el abrazo. –Bien, también me gustaría que le comentes a Sango, su cuerpo es perfecto para…

– ¿Qué tiene de malo el mío? –Sintió que la felicidad escapo tan rápido como había llegado.

Aquella pregunta la tomo por sorpresa. –Kagome, eres perfecta, solo quiero diferente modelo de tallaje es todo.

Ella asistió, pero muy en el fondo sentía que su madre mentía. No era la primera vez, desde que su padre murió, descubrió los muchos secretos que Naomi ocultaba para no "lastimarla."

S:S:S:S:S

– Inuyasha–. Toga se sentó con elegancia en la silla más importante del comedor y se quedó mirando fijamente al menor de sus hijos.

Se sintió incomodo ante aquel examen lleno de indescifrables sentimientos; pero Toga desvió sus ojos y los puso sobre Sesshomaru, quien acababa de sentarse en la mesa, ignorando a los presentes como si estos no estuviesen ahí.

– Sesshomaru–. Lo llamo. Él lo miro. –Hijos. Tengo que decirles que estoy tan orgulloso de ustedes. Esta semana tendrán la visita de los representantes universitarios. Espero que con sus buenas calificaciones tengan un lugar en el evento.

– Soy un Taisho, ese es mi boleto de entrada–. Dijo de forma arrogante.

Inuyasha rodo los ojos con fastidio, seguía enfadado por el incidente en la mansión. No entendía porque Sesshomaru reacciono así, él no tenía nada que ver con el tema que trataban, pero su hermano parecía que era el ofendido de toda la situación. Además, lo tenía molesto que sabia sobre el asunto con Sango y no fue capaz de decírselo.

– Me agrada esa confianza de tu parte–. Dijo con franqueza. –Inuyasha, he estado pensando que Harvard será una excelente escuela, ir a estudiar a Estados Unidos es una oportunidad única para…

– No–. La firmeza de su voz no dejaba lugar a replicas. –Papá, yo no deseo irme al extranjero–. Susurro más calmado, los ojos opacos de su padre le inspiraban respeto.

– Hare lo posible por que Sesshomaru y tu sean aceptados en buenas universidades.

Eso lo hizo enfadar, él quería ganarse su lugar, no que su padre le resolviera la vida. –¿Por qué siempre que digo que no quiero irme al extranjero actúas como si fuese un juego?

Los ojos dorados del mayor de los Taisho con los años se habían vuelto duros y más arrogantes de los que en su juventud lo fueron. –Tenemos planes, Inuyasha–. Y exhalo como si quisiera reprimir darle un golpe a su estúpido hijo. –Estados Unidos, carrera legal y Kagome.

Inuyasha no dijo más, en su mente las tres cosas lo molestaban.

– Pobre hermanito, tan reprimido e incapaz de decir una palabra–. Murmuro Sesshomaru, cargando de burla su sonrisa. Estaba irritado, su padre siempre hablaba de Kagome como si fuera su boleto dorado a una vida que ellos no necesitaban tener. Eran muy ricos, su familia era de la alta sociedad, antes de Toga todos sus parientes pertenecieron a la política, no necesitaban más dinero.

– ¡Te puedes callar! –. Grito Inuyasha poniéndose de pie.

Toga lo imito, sentó a Inuyasha sin esfuerzo y se quedó mirando a su primogénito. –Si te crees Todopoderoso, entonces dime, ¿Qué escuela has elegido? –. Espero una respuesta que no llego. –Ninguna, ¿verdad?

Sesshomaru no dijo nada, solo dejo que su mirada se perdiera en algún punto lejos de ese lugar.

– Me lo imagine–. Lo soltó. –Pues te advierto, si te gradúas y no entras a la universidad, vete buscando un empleo, pues no pienso mantener a ningún vago en esta casa. Y lo mismo para ti, Inuyasha.

Sesshomaru con más fuerza de la que hubiese querido, se levantó, y salió del comedor sin mirar atrás.

– Sabes, papá–. Murmuro Inuyasha apretando los dientes. –Creo que le vendría bien a Sesshomaru irse unas temporadas a estudiar lejos–. Sonrió sabiendo que esa sugerencia sería tomada por su padre.

S:S:S:S:S

Sango caminaba presurosa por los pasillos solitarios del instituto. Se le había hecho demasiado tarde para llegar a la primera hora de clases, lo cual no le importaba mucho, lo que interesaba era que tenía que escuchar cómo iba a ser la selección de alumnos para asistir al evento de ese sábado.

Ella sabía de sobra que había chicas más listas e inteligentes en su generación, como Ayame la nerd, quien no solo tenía el primer lugar en su generación, sino que además era jefa del periódico escolar y participaba en atletismo. También estaba Kagome, quien había realizado actividades extracurriculares que hacían formar su curriculum de tres páginas y, si no fuera poco, estaba dentro del equipo de lacrosse femenil desde el primer año.

No solo eran las mujeres, también de los hombres con los que tendría que competir por un lugar. Todos ellos buscando un puesto por mérito propio, ¿y ella que hizo durante su vida estudiantil? Salir de fiesta, ir al gimnasio por vanidad y meterse en problemas.

Eran más de las ocho treinta y le faltaban dos pisos para llegar a su salón. Y entonces lo vio, caminado solo, estaba ocupado leyendo un folleto, se veía tan guapo.

– Hola–. Dijo poniéndose en su camino.

Miroku fijo sus penetrantes ojos azules en ella. –Hola.

Se ladeo dispuesto a irse, pero Sango le bloqueo el paso. –Me gustaría invitarte a salir… como amigos–. Sonrió de forma coqueta. Si Miroku no quería nada con ella, pues al menos le gustaría recuperar su amistad.

Él medito un momento. Ella era una chica extraña y única, la amo desde el primer momento, y aunque su reputación no era la mejor, a él no le gustaba nada la situación en la que estaba metida con sus dos amigos.

Ante su mutismo, Sango sonrió con tristeza. – Comprendo. Bueno, al menos fue lindo volver a verte–. Se dispuso a seguir con su camino.

Avanzo varios pasos queriendo llegar al baño de chicas. Las lágrimas se le estaban amontonando en los ojos dispuestas a salir, solo tenía que correr un poco para llegar rápido, y así lo hizo.

Toda esa situación la tiene muy estresada y con sentimientos de soledad extremos. Quería de vuelta a Kagome en su vida, dejaría a Inuyasha para siempre con tal de tenerla de nuevo. Se sentía tan mal, que odiaba haberse enamorado de él y haberlo seducido, ella creyó que nada malo pasaría porque nadie se iba a enterar, Kagome estaba fuera del país, e Inuyasha estaba dispuesto a todo.

Que equivocada estaba.

Se lavo la cara, saco un cigarro de su bolso y comenzó a fumar mientras se pegaba a la ventana, para que el olor no la delatara. Escucho pasos acercándose y aventó el cigarrillo. Sin prisa se lavó los dientes.

Lista, salió del baño. Ahí estaba Miroku esperándola.

– Si me gustaría que volviéramos a ser amigos–. Dijo él mostrándole sus lindos dientes en una sonrisa. Tal vez, Inuyasha podía estar enamorado de Sango, pero ahora, a él se le abría una oportunidad con ella. Inuyasha tendría que dejar su amor a un lado. –Y si funcionan las cosas, ser algo más.

Ella estaba tan impresionada que solo atino a sonreír esplendorosamente. Se acercó y le dio un pequeño beso en la mejilla. Era hora que ella lo sedujera a él. –Llámame cuando quieras que nos veamos.

Asintió, dejando que el movimiento de caderas de Sango al irse caminando con prisa llenara su campo de visión.

Siguió su camino. Se sentía estresado, no solo le preocupaba el evento del sábado, le preocupaba no poder asistir. Él era el segundo lugar en su clase, pero el dinero siempre ganaba a todo.

S:S:S:S:S:

Después de clases había asistido a una prueba de fotos con la ropa creada por su madre. Todo estaba perfecto: el maquillaje, los zapatos, los guantes, el peinado; excepto, que Naomi no dejaba de preguntar por Sango.

– Mama, ya te lo dije. Ella no vendrá–. Dijo molesta.

– Por favor, dejen de discutir. Si ustedes están gritando yo no puedo hacer mi trabajo–. El fotógrafo no estaba para nada contento, hacer que Kagome se viese feliz era lo más importante, pero parecía un tronco vivo que solo posaba como se le indicaba, y no como si en verdad estuviese contenta de llevar la ropa. –Ahora, concéntrate, Kagome. Dame la mejor y más sensual pose que tengas.

Ella intento hacer una pose natural, sofisticada, pero en lugar de eso solo pudo mover los brazos y hacer un simple coqueto movimiento con la cadera.

Naomi vigilo cada ademan de su hija y le lanzo una mirada al fotógrafo, sabía lo que se avecinada… él le diría que ella no era la indicada para ser la modelo de la temporada. Con un fuerte suspiro marco un número desde su teléfono móvil y giro para tener un poco de privacidad en esa llamada.

– Hermosa Kagome, te vez como una diosa con ese vestido de encaje amarillo, pero necesito que seas como el pecado, como si quisieras seducirme–. Dijo desesperado. En verdad la chica era bonita, pero no trasmitía nada. –Vamos a tomarnos cinco minutos, ¿sí?, y cuando regresemos quiero que me mires como si quisieras todo conmigo, ¿de acuerdo?

Kagome deseo hacer lo que le pedía, pero simplemente no podía.

Su mente le trajo a colación un recuerdo… cuando Sango, Kikyo y ella se habían tomado fotografías en la feria estatal hacía ya dos años. Los vestidos que esa tarde portaban eran unos marca N. H., los cuales su madre les obsequio. Saco su celular y busco entre la galería si aún conservaba las fotos, y si, ahí estaban. Ella y Sango se veían radiantes, pero Kikyo en todas reflejaba tristeza, parecía una muñeca de porcelana sin vida.

No recordaba que los ojos de su antigua amiga fueran así de opacos. Busco fotos más viejas y siempre aparecía con una sonrisa sin ánimos. ¿Por qué nunca se dio cuenta de eso?

Recordaba que cuando Inuyasha le presento a Kikyo, la intimido con su belleza, era realmente bonita, con una cabellera lacia y larga en un color negro brilloso, ojos grandes color avellana y autoestima desbordando por sus poros. Conforme se hicieron amigas, ella demostró su carácter: valiente, decidida e inteligente.

Cuando Kikyo entro a la preparatoria algo cambio, hizo cosas muy cuestionables como arrojar pintura a Ayumi solo por coquetear con su novio el cual que no quería. Obligo a Eri a limpiarle los zapatos frente a todos solo por decir que no le gustaba su trato. A Sango le dio éxtasis solo por diversión. A Sara hizo que casi todos le aplicaran la ley del hielo durante semanas solo por haberla contradicho.

Kagome nunca dejo que la tratara así, fue eso o tal vez por influencia de Inuyasha, pero cuando la enfrento para defender a Sango, Kikyo solo le había dicho unas palabras: "De nada, Kagome."

Durante mucho tiempo no logro entender porque dijo eso, y simplemente lo guardo en su memoria; ahora, en ese preciso momento estaba segura de que ella sabía sobre Sango e Inuyasha. Kikyo era la mejor amiga de su novio, era claro le contaba lo que le pasaba; desde que eran niños pequeños se conocían, no era raro que ella fuese su mayor confidente a pesar de los años y de la distancia.

Pensó en las palabras de Eri y Ayumi, ¿ella se estaba volviendo como Kikyo? No, no podía ser así. Definitivamente ella era y siempre sería mejor persona.

Ya nada de eso importaba, Kagome decidió borrar todas las fotos que le trajeran recuerdos de Kikyo y Sango. Así eliminar de esa forma a esas dos perras de su vida.

S:S:S:S:S

En sus manos tenía el sobre con la lista de anfitriones para el evento. Estaba emocionada. Si veía la lista y su nombre estaba publicado, se moriría de la impresión en ese instante.

Avanzo deprisa para poder llegar a la vitrina principal y poder colocarla y mirar su contenido antes que todos. Al doblar el pasillo, se dio cuenta que estaba equivocada, por lo menos veinte estudiantes estaban esperando.

– Kagome, pon la lista–. Pidió nerviosa Ayame mientras se acomodaba sus gruesos armazones en los ojos. Ella era bonita, con un cuerpo envidiable; pero solía cubrirlo con su uniforme enorme, melena pelirroja despeinada y las feas gafas que siempre llevaba, impedían que vieran su belleza.

– Un segundo–. Dijo sonriendo. –Por favor, dejen espacio para poder hacer lo que se me encargo–. Pidió cortando el sobre.

Con una sonrisa de satisfacción, abrió la vitrina y coloco la hoja amarilla en donde todos pudiesen verla, ella podría asistir, así como Inuyasha. Sesshomaru también estaría. Satisfecha se alejó por el pasillo para darle oportunidad a sus compañeros.

– ¡Kagome!

Volteo ante la voz varonil de su novio. Inuyasha corría con la corbata a medio hacer, la camisa por fuera y el cabello húmedo despeinado. Venía de las duchas después de practicar futbol.

– ¿Y?

Ella le sonrió con toda su felicidad.

Excitado de la emoción, la beso de lleno en la boca de forma salvaje y fuerte. Eso significaba que su padre le había hecho caso, había movido sus contactos para dejarle un lugar y que no lo mandaría al extranjero.

Ella correspondió, dejándose llevar mientras sentía las manos de su novio que la agarraba con firmeza de la cadera.

Inuyasha la estrechaba con frenesí, acercando su cadera femenina a su cuerpo, lo que provocó que la falda se levantara más de lo normal.

Kagome no solo sintió su falda sino también el miembro de su novio cuando pego su cuerpo. Aquello la sonrojo, porque estaban en la escuela. Con vergüenza rompió el apasionado beso, y procedió a acomodarse la ropa.

Inuyasha le sonrió de forma arrogante, haciéndola cómplice de lo que le quiso mostrar.

Ella casi lo golpeo a sabiendas de lo que hizo, pero sintió como era observada, así que volvió su mirada solo para toparse de lleno con los ojos fríos de Sesshomaru. Se encontraba esperando ver la lista desde el otro extremo del pasillo. La sensación que le produjo sus doradas pupilas provoco que sintiera como si estuviera haciendo algo malo.

Inuyasha sin notar porque del actuar de su novia, rápidamente volvió a juntar sus labios y la rodeo de manera posesiva con ambos brazos por la cintura. Lástima que estuviesen en la escuela.

Ella volvió a mirar hacia donde había estado Sesshomaru, pero ya se había ido. –Inuyasha, creo que deberías de ir con Miroku–. Se apresuro a decir cuando diviso a su amigo entre los estudiantes. De forma sutil lo quería alejar y cuadrar sus ideas. Un sentimiento de presión se formó en su pecho, tenía días sin toparse siquiera de lejos a Sesshomaru y quería…

– Si, tienes razón–. Y le tomo de la mano para llevarla junto con él.

Ella se mordió el labio de forma nerviosa.

Miroku vio que se acercaban, así que dio media vuelta y se alejó por el corredor. No tenía ganas de ver a nadie, solo quería irse directo a su casa. Por primera vez en tanto tiempo faltaría a sus dos últimas clases. Cuando vio la lista supo el porqué de la felicidad de aquellos dos, ambos habían sido invitados, ambos tenían herencias millonarias; en cambio él, quien tenía que estudiar día y noche para poder tener una beca y no tener que hacer gastar tanto a su madre, no había tenido ni una oportunidad.

"Injusto." Pensó. Él sabía que se merecía un puesto en el evento e Inuyasha no.

– ¡Miroku! –. Lo llamo Kagome.

De mala gana se detuvo y giro.

– Lo siento, amigo–. Dijo de forma sincera Inuyasha, despeinándose como reflejo de un tic nervioso.

Miroku no estaba de humor. –¿Por qué? Obtuviste de forma honrada tú lugar, cosa curiosa porque eres de los últimos en la clase, y yo el segundo, claro… superado por tu listo hermano.

Kagome apretó la mano de Inuyasha y se liberó del agarre. La sola mención de Sesshomaru le erizo la piel.

– Amigo, sin resentimientos–. Pidió, estirando su mano para estrecharla como símbolo de amistad.

Pero Miroku solo atino a mirarlo.

Kagome se dio cuenta, y decidió hacer algo para remediarlo. –Lo sentimos, Miroku. Pero no debes de desquitar tu enojo contra nosotros. Somos tus amigos, y si podemos apoyarte, lo haremos.

– Hola–. Era Sango quien se acercó con una sonrisa de oreja a oreja.

Kagome observo a Inuyasha, este parecía haberse vuelto estatua, olvidando la discusión con Miroku. –¿Nos vamos? –. Pregunto con una sonrisa coqueta.

Inuyasha afirmó, tomo su mano y ambos en silencio se alejaron. Si las cosas salían bien ese fin de semana, llevaría a Kagome a su restaurante favorito, para que se viera tan radiante como en ese momento.

– Tu nombre no estaba en la lista para anfitrión de universidades–. Comento Sango para romper el hielo.

Miroku se metió las manos en el bolsillo del pantalón. –Así es. En un giro inesperado Inuyasha estaba en la lista y yo no. Como sea, supongo que así es la vida cuando no tienes una fortuna.

Ella se sintió mal por sus palabras, era cierto, seguramente su madre había pedido el favor al señor Taisho para una llamada al instituto, Sango sabía que un octavo lugar en el salón jamás tendría oportunidad de estar en el evento. –Relájate, no significa que no puedas entrar a la universidad.

Aquello no lo creyó. – ¿Tus padres a que universidad fueron?

– Mis padres estudiaron en Inglaterra–. Definitivamente se sintió mal al confesarlo.

Miroku sonrió. Estar molesto cuando Sango estaba a su lado, era imposible –No importa. ¿Qué harás mañana después de clases?

Ella sonrió sorprendida por el cambio de su comportamiento. –Olvide decírtelo. La madre de Kagome me pidió que modelara unos conjuntos de su línea de ropa, aunque lo estoy dudando.

– Sango, ¿crees que Kagome este feliz con eso?, recuerda lo que paso el domingo.

– Kagome estará, me lo dijo Naomi. Antes solíamos tomarnos fotografías con la ropa que nos diseñaba su mama. Mi sexto sentido dice que, si ella recuerda los buenos momentos, tal vez podamos volver a ser amigas.

– Si estas decidida, te deseo lo mejor con eso–. Dijo sonriéndole de forma coqueta mientras le guiñaba un ojo.

Sango se mordió el labio nerviosa. –¿Quisieras acompañarme? Seria lindo–. El timbre de la siguiente clase sonó. –Me tengo que ir.

Él la tomo del brazo con sutileza y le deposito un tierno beso en la mejilla, muy cerca de sus labios. –¿Es una cita?

Ambos se quedaron mirando unos segundos más. Imaginándose en un lugar apartado en el que los dos pudiesen estar solos, disfrutando de un momento juntos.

– Sí.

S:S:S:S:S:

Rin estaba enfadada. Había esperado por más de una hora a su hermano afuera de la entrada del instituto y él no había aparecido. Estresada empujo de un portazo la puerta de su departamento.

– ¿Qué les sucede a todos? –. Pregunto Izayoi sentada en la mesa del comedor. –Tu hermano también entro de ese modo dramático.

Suspiro. –No lo sé. Solo sé que mi traidor hermano me abandono en la escuela.

Izayoi le sonrió a su hija. –Se encerró en su cuarto. Lleva allí horas.

El enojo de Rin desapareció y con voz afligida, decidió comentarle a su madre lo que paso. –Mamá, no podrá ir a la reunión del sábado. Revise la lista de alumnos y no aparece su nombre.

Exhalo con fuerza y se inflo de preocupación. –Ahora, se porque esta tan molesto.

– Me dijeron que un chico le quito su lugar–. Rin ladeo la boca. –Inuyasha Taisho–. Murmuro por lo bajo.

Izayoi sintió que toda la sangre se le fue a los pies. Ese apellido lo conocía muy bien, cuando era joven, y ahora, el viento volvía a traerlo de regreso.

Al día siguiente, con decisión se presentó a la escuela de sus hijos. Se sentía incomoda debido a cómo iban vestidos todos a ese lugar, los padres que se encontraban en ese momento llevaban trajes y faldas costosas, en cambio ella llevaba unos jeans, una linda y económica blusa rosa de botones y un bonito peinado alto sujetando su sedosa cabellera negra.

Miro los amplios corredores y recordó cuando ella era joven, sus años de escuela y su sueño de ser fotógrafa, y como, debido a su embarazo, decidió dejado de estudiar pintura. Suspiro, si algo no deseaba de sus hijos, es que ellos tuviesen que batallar en un futuro.

Con rapidez camino hacia la mujer que le habían dicho que era la jefa del comité encargada del evento, con decisión camino hacia ella. Era alta y refinada, con movimientos dóciles y con porte de toda una dama de sociedad, Izayoi no tuvo envidia de ella.

– Buenos días–. La llamo, ya que ella estaba de espaldas.

– Buen día–. Saludo dándose la vuelta y viendo de frente el rostro níveo de Izayoi.

Ambas estaban calladas. Ambas estaban con los ojos abiertos como platos. Ambas deseaban en ese instante que la otra desapareciera de la faz de la tierra en un horrible accidente automovilístico.

– No puede ser…–. Sorprendida, Keiko casi dejaba caer unas carpetas que llevaba en la mano.

Izayoi hizo un gesto de desagrado, pero se relajó y hablo: –Keiko, tanto tiempo.

Keiko apretó la mandíbula con fuerza. Parecía que Dios quería arruinarle el día. –¿Qué haces aquí?

Sus reacciones le parecían muy graciosas. Había olvidado por completo lo nerviosa que se ponía su antigua amiga y rival cuando algo la sacaba de su zona de confort. –Vengo a hablar contigo.

Keiko quiso arrugar la frente, pero no lo hizo, más líneas de expresión podrían formarse en su bello rostro. –Tú y yo no tenemos nada de qué hablar–. Con paso apresurado comenzó a caminar, haciendo resonar en el pasillo vacío sus zapatillas.

– ¡Espera! –. Dijo alcanzándola y bloqueando su avanzar. –¿Seguirás enojada después de tantos años de no vernos?

– Que tu amiga, a la que apoyaste por ser pobre, te haya quitado a tu novio, no es una experiencia muy agradable de recordar–. Dijo bastante molesta, intentando no mirar los impresionantes ojos de Izayoi, quien a pesar de los años seguía viéndose realmente hermosa. Ella se sintió bastante mal por eso, porque ya había recurrido a muchos procedimientos estéticos.

Izayoi rio con fastidio. –Keiko, yo no te lo robe, Toga te dejo porque eras una celosa posesiva.

– ¡Claro que no! –. Dijo ofendidísima llevando su mano al pecho con demasiada teatralidad.

– Recuerdas cuando los invite a mi exhibición de fotografía, y le armaste tremendo berrinche delante de todos porque me ayudo a acomodar unas mesas.

– No, no recuerdo–. Sus gestos evidenciaban lo contrario.

– O como aquella vez que Toga me invito un café mientras te esperábamos, y cuando apareciste, te fuiste gritando que no confiabas en mis intensiones con él.

Keiko se agarró nerviosamente el lóbulo izquierdo de su oreja. –No recuerdo eso tampoco.

– Claro que te acuerdas, te conozco y sé que me estas mintiendo–. Izayoi la miro con ganas de golpearla con una piedra en la cabeza. –Da igual todo eso, no tiene sentido que estés enojada conmigo si al final Toga Taisho no eligió a ninguna para casarse–. Un atisbo de dolor reflejo su voz.

Keiko quiso discutir eso, pero a sabiendas de que Izayoi no sabía que Irasue había muerto años atrás, ni que en la actualidad Toga y ella eran pareja, prefirió guardar silencio. Ella tenía razón, pelear no tenía sentido. –¿A qué viniste? –. Pregunto más calmada.

Tan calmada que Izayoi no confió. –Mi hijo no fue elegido para el evento de representantes. Es algo totalmente injusto, tiene el segundo lugar en su clase y ni siquiera lo tomaron en cuenta.

Keiko frunció los labios con gesto preocupado, a ella no le gustaban las injusticias, y revisaría el caso. –Izayoi, tú sabes cómo es esto, él dinero es como se mueve la sociedad.

– ¿Me estas pidiendo un soborno? –. Pregunto confundida.

– ¡Por supuesto que no!, solo estoy dejándote claro cómo se maneja todo. Mira, hare lo posible por ver el asunto de tu hijo, pero no creo que pueda hacer nada, se repartió el lugar a quince alumnos solamente de toda la generación.

Izayoi no confiaba en ella. –¿Recuerdas la fotografía que te gustaba de Toga tocando la guitarra?

Keiko abrió los ojos anonadada. –¿aun la tienes?

La pelinegra asintió. Era una hermosa foto de sus años juveniles, cuando conoció a Toga y a su novia Keiko. Izayoi lo había fotografiado con una guitarra en las manos, ella se había enamorado desde ese momento.

– Está bien, que asista. Yo meto las manos al fuego por él. Pero tiene que estar al pendiente de los invitados sirviendo las bebidas, y tú puedes ayudar también fotografiando algunos empresarios para el mural. Recuerdo que eras buena haciéndolo.

– Gracias–. Murmuro. Tendría que pedir un día libre a su jefe en la galería para poder asistir.

Keiko saco su moderno celular. –¿Cuál es el nombre de tu hijo?

– Miroku Fujitaka.

Casi dejo caer el celular por la impresión. –¿Sabes que tu hijo sale con mi hija?

La pelinegra levanto los hombros. –Es un joven apuesto, creo que puede salir con quien quiera.

S:S:S:S:S

Kagome caminaba animadamente por la acera. La tarde de ese día estaba tan increíble, el sol radiante, los pájaros cantaba, y no podía ser más feliz en ese momento.

La sesión se llevaría a cabo en la terraza de uno de los hoteles del padre de Inuyasha. Ella no comprendía porque la habían citado una hora más tarde, pero estaba tan contenta… que esas pequeñeces no le importaron.

Cuando llego su sueño fue aventado en caída libre hasta el piso cero. Había una chica a la cual fotografiaban y claro que no era ella… era Sango.

– ¡Que mierda! –. Grito de repente.

Todos voltearon a verla ante el insulto soltado.

–¡Kagome! –. Sango la llamo con una sonrisa. –Ven–. Dijo mientras le hacía señas para que fuera a su lado.

Pero ella sintió su corazón romperse. Kagome busco con la mirada a su madre entre toda la gente, y Naomi comenzó a acercarse apresuradamente. Sabía lo que paso, su madre había contratado a Sango para reemplazarla.

Se giro dispuesta a irse, no por el elevador, que en ese momento estaba lleno de gente que salía y entraba, sino por las escaleras de incendios. Nada le importo, ni siquiera chocar de lleno contra Miroku, su único propósito era salir de ahí.

– ¡Kagome! ¿A dónde vas? –. Grito Sango quien la alcanzo en las escaleras y tomándola del brazo la detuvo. –¿Qué pasa?

Kagome giro de forma brusca para encararla, zafándose del agarre con ímpetu. –¡Estoy furiosa! –. Grito apretando ambas manos hasta volverlas puño. –¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás aquí? ¿Pensaste que al aliarte con mi madre podría perdonarte?

– Pero…–. Sango estaba impresionada por su actitud.

– Sango, te acostaste con mi novio–. Su voz se comenzó a romper, pero su cara mostraba toda la frustración albergaba en ese momento. –¿Me quieres quitar todo? Primero Inuyasha, y no contenta con eso, ¿también a mi madre? –. Suspiro. Con toda la fuerza de voluntad que tenia se tranquilizó solo para no echarse a llorar.

– Kagome, lo que pasó con Inuyasha fue un error y te lo juro, jamás volverá a pasar–. El dolor se reflejaba en su rostro. –Lo de tu madre es una confusión.

– Tú eras mi mejor amiga–. La sensación de debilidad le llego al cuerpo, sentía que se desmayaría, los dientes empezaron a dolerle. –Me traicionaste–. Se agarro de la barandilla de la escalera porque sentía que iba a colapsar.

Sango sintió su pecho llenarse de culpabilidad, las lágrimas comenzaron a salir de su cuerpo como escape a todas las emociones que Kagome le estaba causando.

Kagome agacho un segundo la mirada y volvió a levantarla convertida en puro desprecio.

Sango negó. –Esto está mal–. Su voz se atoro en su garganta durante un minuto. –Tu madre fue la que me llamo. Le explique nuestra situación. Le dije que tu no querías verme. Ayer me marco y dijo que tu no querías hacerlo sin mí.

– ¿Le creíste?

Esa pregunta dejo muda a Sango. –¿Por qué dudaría de tu madre?

Kagome se pasó los dedos por la ceja derecha. –Si no te hubieras ido, habrías sabido que mi madre no es la misma desde que mi papa murió.

Sango intento tomarle la mano, pero Kagome la quito. –¡No me toques!

Y con la dignidad que se creía capaz de portar, se fue. Sintió que la envidia, los celos, la ira, y todo lo que últimamente invadía su corazón la corrompieron… La perra de Kagome cobraba más vida en su interior.

Sango la vio partir. Camino de nuevo hasta donde se encontraba Naomi, quien no se había inmutado ante la desaparición de su hija. Aquello la enojo, y ante la expectación de todos, la tomo del brazo y la hizo mirarla a la cara. –¡Me voy! –. Grito.

Naomi casi dejo caer la taza de café que tenía en su mano. –¡Porqué! ¿Por Kagome? Lo siento, ella me dijo que no se hablaban, pero era la única manera que tenía para que asistieras, lo siento.

Ya había comenzado a alejarse. Desilusionada, colérica, dolida. Pero lo que más le atormentó fueron las palabras que alcanzo a escuchar de parte de la madre de su mejor amiga:

– Es tu encanto. Te mereces ser el centro de atención. ¡No hay nada de malo en eso!

S:S:S:S:S

Kagome necesitaba de Inuyasha. Quería estar con él para que fuese su sostén y pilar en ese momento. Estaba afligida, dolida, furiosa, perdida en un mar de confusiones. Deseaba en ese momento que las cosas fueran diferentes empezando con que su padre no hubiera muerto. Si él estuviera vivo, habría sido su mejor consejero.

Se presentó al penthouse de su novio, pero Inuyasha no estaba. Ella quiso reír, siempre que lo necesitaba parecía que el destino se encaprichaba en desaparecerlo de su camino. Quien sí estaba era Sesshomaru. Espero por él en la biblioteca, dispuesta a verlo. Se sentó en uno de los sofás que decoraban el lugar y solo se dedicó a mirar por la ventana los edificios y el cielo.

– ¿A que viniste?

Sesshomaru había estado haciendo ejercicio cuando el sirviente le dijo de Kagome. Estaba enojado con ella desde que prefirió defender a su estúpido hermano. Quiso negarse a atenderla, pero ahí estaba, dispuesto a dejarle en claro que no lo volviera a buscar; pero al verla pareciendo una gatita temerosa, no pudo hacerlo.

Parecía recién salido de la ducha, el olor a jabón y colonia masculina se mezclaban invadiendo por donde él pasaba; llevaba una camisa blanca y pantalón de mezclilla. Kagome no podía dejar de mirarlo, se veía terriblemente apuesto, tanto que le dolía verlo. Se puso de pie y despacio se acercó.

Sesshomaru también lo hizo. Ella se veía muy hermosa, con un vestido color celeste bien ceñido al cuerpo, y tan corto que le dejaban ver sus largas piernas. El escote no era tan pronunciado, aun así, dejaban en la imaginación la forma de sus redondos pechos. Llevaba el cabello negro despeinado con glamur y maquillaje ligero, en lugar del característico labial rojo que le conocía, ese día usaba brillo labial que le hacían ver los labios aún más apetecibles.

Ante su sucios pensamientos, medito que podría hacer con esos labios, y los detuvo antes de arrepentirse de una locura, pero no pudo evitar pensar porque su hermano había preferido en acostarse con Sango antes de con la mujer que tenía frente suyo.

– Siento lo del otro día–. Dijo agachando su rostro al piso. –Fuiste el único que me apoyo, y yo ni siquiera te di las gracias por ello.

Él no quería pensar ya en eso. –¿Qué te paso? –. Pregunto al ver sus ojos llenarse de lágrimas.

Kagome negó mientras intentaba controlar los sollozos. Solo se intentó cubrir con el dorso de la mano su rostro. Había en verdad intentando no sentirse así, pero cada vez que estaba frente a él, se sentía tan vulnerable.

Sesshomaru le tomo la mano y solo la sujeto con cuidado, sintiendo como ella entrelazo sus dedos con los suyos.

– ¿Crees que soy tan mala como Kikyo?

Él quiso reír ante eso, pero no lo hizo. Conocía a Kikyo desde que eran niños y aunque podría decirse que eran parecida físicamente, su personalidad ni siquiera se asemejaban. –No.

– ¿Y porque me siento como ella?

– Kagome…

– Últimamente pienso que no somos tan diferentes, porque mis inclinaciones solo van dirigidas a querer vengarme y hacerle daño a Sango–. Apretó a tal punto los dientes que sintió un firme dolor recorriendo las pequeñas fibras nerviosas des encías.

Sus ojos fríos y serios estaban completamente puestos en ella. Soltó su mano, y ella lo miro en forma de protesta. –Sango no es la principal responsable de tus problemas.

– Ella me quita todo.

– Kagome…

– Es lo que digo, no comprendo porque mi odio va dirigido solo a ella.

– Basta–. Pidió.

Kagome dejó su discurso cuando sintió la fuerte mano masculina detrás de su espalda. –¿Q-que haces?

Con la mano libre, Sesshomaru atrapó su barbilla, obligándola a no apartar sus ojos de los suyos. –Si el tonto de mi hermano te amara, no te había engañado.

– Pero, ella…

– Tu indiferencia es peor castigo que una venganza estudiantil.

Kagome se sonrojo, claro que él sabía de lo que hablaba.

– ¿Por qué te aferras a él? –. Ante su silencio, Sesshomaru se inclinó ligeramente más sobre ella.

Kagome puso sus manos sobre su pecho para impedir el avance, pero poco pudo hacer cuando Sesshomaru la atrajo aún más hacia su cuerpo provocando que ella se pusiera derecha y ella solo se sujetó de su camisa.

Pudo observar el alma triste y solo dijo: –Lo que sea que te aflija, creo que debes de decírselo a la persona que te lo hizo.

– ¿Cambiara algo?

–No–. Confeso. –Pero ya no te sentirás así.

– Es por mi madre, Sango, es… por todo–. Evito decir Inuyasha.

Bajo su mirada azul al piso, y por inercia intento desviar su rostro, pero Sesshomaru la sujeto fuerte de la barbilla, y la pego completamente a él. Se quedo anonadada porque no había una forma de describir el increíble guapo rostro que estaba frente al suyo.

Estaban tan cerca y tan tibios que Sesshomaru podía sentir la pasión en aquellas pupilas azules. –¿Por qué te alejaste de mí?

Su poderosa voz era tan sensual que le erizaron todos los vellos del cuerpo, él se dio cuenta de su reacción. – Sesshomaru… –Ahí estaba de nuevo, el sentimiento que la mareaba y confundía. Cada vez que lo sentía su corazón parecía saltar como loco.

Él la soltó de su barbilla, tomo la femenina mano izquierda y la hizo que se sujetara de su cuello, lo mismo hizo con otra mano. Era mucho más alto que ella y sus fuertes brazos rodearon su diminuta cintura.

Kagome comenzó a temblar, se encontraba abrazándolo con total plenitud, sintiendo su duro torso contra sus senos. Para lograr esa posición necesitaba estar de puntillas, apresar de sus tacones altos.

Aquello lo hizo sonreír. –Me gusta como muestras tus emociones–. Susurro. La confesión salió de su boca sin que pudiera evitarlo.

Su aliento olía a menta. El recuerdo de un año atrás asalto su mente, cuando estuvieron abrazándose mientras compartían un momento solos. Sintió como el vapor que despedía entraba por su boca, ella se descubrió con los labios abiertos.

Subió su mano derecha por la espalda femenina, ella sintió una corriente eléctrica recorriendo su columna vertebral, y él no se detuvo hasta que llego a enterrar sus dedos en su cabellera negra, acariciando su nuca en el proceso. –Extrañaba tocar tu cabello.

Kagome se sorprendió cuando de su boca salió un ligero gemido al sentir ese rose. Definitivamente Sesshomaru la hacía sentir de manera muy extraño, su cuerpo reaccionaba a su contacto, sus pezones se endurecieron y su zona intima se humedeció. Ella solo atino a sujetarlo fuerte de la camisa, porque no sabía que otra cosa hacer. Estaba tan cerca que ambas narices estaban a punto de tocarse.

– ¿Por qué te alejaste? –Susurro con una voz cargada de deseo sin apartar su mirada dorada sobre ella. –¿Por qué? –. Quería que hablara, que le dijera la verdad.

– Yo…

Sus ojos fríos mostraban un brillo muy diferente, y Kagome se sentía que estaría cayendo ante tentación pura. Porque si ella le decía la verdad, no habrá vuelta atrás. Estaba asustada porque él es Sesshomaru, pero este hombre que la miraba fijamente esperando su respuesta, era otro, era el mismo que la apoyo en la muerte de su padre.

– Sesshomaru… –Susurro cerrando sus ojos esperando el momento en que sus labios se unieran.

– ¡Kagome!

El grito de Inuyasha provino desde la escalera.

Sesshomaru la soltó, con un ágil movimiento se giro para darle la espalda.

Kagome estaba pasmada, sonrojada, y confundida. Habían estado a punto de besarse. ¡Ella y él!, Sesshomaru Taisho había estado a dos centímetros de sus labios, y aun así de sorprendida, vio cómo se encaminaba hacia uno de los sillones y se sentaba. Sin saber que hacer, se sentó con rapidez en donde anteriormente estuvo esperando, justo en el momento en que Inuyasha entraba.

Él venía sudado, con ropa deportiva pegada al cuerpo y pantalones negros. –¿Qué te sucedió? ¿Estás bien? –. Pregunto tomándole las manos. Se arrodillo y miro fijamente los ojos azules. –Estas temblando.

Kagome solo atino a mirar aquellos ojos dorados tan parecidos a los de Sesshomaru. –Estoy bien–. Dijo más para sí misma que para él. Le tomo la cara entre sus femeninas manos, sintiendo el sudor entre los dedos.

– Vamos–. Le dijo, tomándola de la mano. La llevaría a su habitación para consolarla. –Gracias por quedarte con ella, Sesshomaru.

Kagome antes de salir vio como él la miraba fijamente.

Sesshomaru apretó con fuerza sus manos, sintiendo impotencia y frustración. Había pasado un año para tener una oportunidad así, y ahora, ¿Cuánto tiempo tendría que esperar de nuevo?

Abrió los ojos sorprendido por sus pensamientos. ¿Qué estaba esperando de ella?

Todo estaba muy mal, para empezar, ella no era suya, era de su hermano; Kagome no lo dejaría y Sesshomaru no la pretendía compartir. Odiaba que ella lo confundiera de esa forma.

S:S:S:S:S:

Sara Asano se encontraba por recibir su última terapia. Recientemente le diagnosticaron hiper sexualidad, pero ella solo se presentó por el alta.

Sesshomaru Taisho siempre le había dicho que era una ninfómana, y siempre tuvo razón. Él le gustaba más que los demás, porque nunca se enamoraría de ella, y si se acostaba con él, solo era casual, además era divertido.

A sus dieciocho años, al menos había tenido sexo con más de… bueno, no recordaba el número, pero si sabía que eran demasiados. Le encantaba y no se arrepentía de nada. Le fascinaba saber que podía controlar su entorno con el poder de su vagina, claro siempre con responsabilidad, obviamente un embarazo adolescente no estaba en sus planes.

Mientras el director del instituto Shimizu le firmaba su pronta recuperación, ella daba gracias con sexo compensatorio. Ella no se sentía mal por ser como era, no entendía porque sus padres la obligaban a tomar terapia, al menos ahora tenía ya sus tardes libres

A punto de abandonar el lugar, se detuvo al ver a Sango caminando tranquilamente por uno de los pasillos.

Con la intención de saber que, hacia su antigua amiga, la observó hasta que se detuvo en el pasillo que daba a las sesiones terapéuticas.

– Esto no puede ser–. Se llevó las manos a la boca debido a la impresión. Era el área donde atendían a los jóvenes que atentaban contra su vida y a los adictos Acaso… ¿Sango era una adicta? –¡Esto es demasiado bueno! –. Grito tomando una foto.

Se lo mandaría a Kagome, estaba más que segura que le agradecería por eso.

S:S:S:S:S:

– Díselo a mama. Dile que quieres salir un poco de este lugar–. Comento Sango tomándole la mano a su hermano.

Él está en recuperación, Sango–. Intervino Keiko, malhumorada.

Kohaku miraba primero a su madre a quien tenía a su derecha, después a la psicóloga a quien tenía enfrente y de la cual ni siquiera notaba su presencia debido a que no hablaba, y estaba su hermana a su izquierda.

– ¡Deja de esconderlo!

– ¡No lo estoy escondiendo!

Kohaku rodo los ojos fastidiado, y los fijo en la psicóloga; la cual en ese instante había sacado su celular del bolsillo y no ponía atención a la enfurecida discusión entre las dos mujeres.

– ¿Por qué no lo entiendes?

Keiko se tomó el lóbulo de su oreja, nerviosa. –Él no está preparado.

Sango se cruzó de brazos. –¿Él o tu?

Kohaku no despego sus ojos de la psicóloga, hasta que se dio cuenta que era observada y escondió su celular enseguida.

– Respiren–. Pidió tranquilamente, simulando que había estado escuchando.

Sango respiro, pero solo para poder seguir alegando. –Pienso que Kohaku debería tomar la decisión de si quiere salir un momento o seguir aquí.

– ¿Quieres decir algo? –. Pregunto la psicóloga.

Kohaku pensó que ella era una sin vergüenza. –Gracias por tomarme en cuenta–. Murmuro con sarcasmo. Excepto que nadie lo entendió así. –La verdad quiero salir de aquí, pero no estoy listo.

Sango sintió traición de parte de su hermano pequeño.

– Gracias–. Dijo Keiko con una sonrisa.

Sango no se daría por vencida. –¿Quieres ir conmigo el sábado? Es un evento importante para mí y me gustaría que estuvieses allí.

Keiko torció su delgada boca. –No. Lo prohíbo completamente. Sango, esta fiesta tiene que estar bien para ti, no puede ir Kohaku porque él esta…

Él levanto una ceja esperando el término que le daría su madre.

– Delicado–. Murmuro simplemente.

– Suena increíble–. Dijo sin ganas. –Estaré rodeado de gente y me la pasare bien–. Al menos tenía que intentarlo, se dijo a sí mismo.

– Bien. Problema resuelto–. Dijo la psicóloga con un ademan de milagro y se puso en pie.

– Yo me voy–. Miro a la psicóloga. –Soy jefa del comité de padres, y una madre responsable.

La psicóloga observo con detalle a los dos jóvenes felices sentados en el sofá sin prestarle ni un poco de atención a Keiko cuando salía.

"Definitivamente, ni por todo el dinero del mundo querría tener una madre como esa." Pensó al salir dándoles privacidad.

S:S:S:S:S:

Izayoi fotografiaba tranquilamente a los presentes del evento. Trajes y vestidos de todos tipo desfilaron ante la lente de su cámara como pasarela de gala. Estaba cumpliendo cabalmente su parte del trato a Keiko quien parecía no quitarle la vista ni un segundo. Era incómodo, no entendía en qué momento se le había ocurrido en su juventud que esa mujer fuese su mejor amiga.

–Señorita–. La llamaron. Ella estaba enfocando a un grupo de chicos que le habían pedido ser fotografiados. –Me puede tomar unas cuantas a mí y a mis hijos.

Izayoi levanto la vista, y lo vio. Tan guapo como hacia veinte años, solo que ahora la madures le había pegado de lleno en el rostro; su cabello plateado estaba cortado perfectamente, ya no era despeinado, su cara antes lisa y brillante estaba llena de diminutas líneas de expresión y arrugas.

Toga fue quien la llamo primero. –Izayoi–. Susurro.

Ella respiro profundamente. –Toga Taisho, cuánto tiempo sin verte–. Dijo estirándole la mano para saludar.

Toga estaba tan impresionado que cuando la tomó, sintió un choque en su corazón. –¿Qué haces aquí?

Nerviosa, comenzó a moverle los aditamentos a su cámara, fingiendo que la limpiaba. –Me contrataron. De hecho, fue Keiko Kimura.

Levanto una ceja, un reflejo que solía tener desde que era niño. –Que extraño, no me lo dijo.

Ahora lo entendía, ellos eras cercanos, por eso los celos de la mujer.

– Ven, me gustaría que me fotografiaras con mis hijos.

Caminaron a la par en silencio, queriendo saber que había sido uno del otro después de tantos años. Izayoi quería preguntar por Irasue, mas no se atrevía. Toga quería preguntar que había sido del primer esposo de ella, mas no lo hizo.

– Muchachos, acomódense–. Pidió Toga a sus dos hijos.

Les saco tres fotografías, y cuando levanto su cámara, ambos se habían alejado.

– Son muy apuestos tus hijos. El mayor se parece tanto a Irasue–. Hizo una pausa. –El más joven… se parece tanto a ti–. E hizo una mueca de tristeza, viendo en el rostro del hijo la cara del padre.

Toga sonrió con orgullo. –Si, Inuyasha es más parecido a mí, en todos los sentidos.

Y allí, parados, mirándose, se quedaron en silencio.

S:S:S:S:S:

Kohaku estaba literalmente ocultándose de todas las personas de la fiesta. Sentado en una de las sillas incomodas que había en la bodega, encontró su escape a las preguntas sobre su desaparición, no tenía ganas de darle explicaciones ni a sus amigos, ni sus familiares, ni al novio de su madre.

– Por favor, abran. Tengo que sacar un paquete de hielo y refrescos–. Escucho gritar a una mujer.

Resoplo fastidiado y de un jalo abrió. La mujer que tenía el puño en alto era una linda joven aproximadamente de su edad, con largo cabello negro ébano y unos preciosos ojos chocolates. Kohaku creía haber visto a un ángel.

– Hola, mi hermano me mando por unas cosas. Dijo que estarías aquí, pero que te dijera que yo no le contaría a nadie si preguntan por ti.

Kohaku asistió sin apartar su mirada de ella. –Pasa–. Fue lo único que pudo decir.

Rin miro coquetamente a Kohaku, ella sabía quién era por supuesto, pero tener de frente al capitán del equipo de lucha era muy diferente. Con una sonrisa paso de largo a Kohaku y mientras que sacaba unas cuantas cosas vio que él se volvía a sentar en su silla y mantenía la mirada fija en el suelo.

–¿Qué sucede? –. Pregunto, sabiendo que no debía meterse en algo que no le importaba.

Kohaku le sonrió. –Tuve unas semanas muy largas–. Murmuro desacomodándose la corbata.

Rin tomo las cosas que le llevaría a Miroku, y cuando estaba a punto de salir, se quedó parada en la puerta. –Deberías estar en la fiesta, yo en realidad no fui invitada, pero vine a ayudar a mi hermano.

–Gracias–. Dijo negando.

Rin dejo las cosas a un lado.

– Si necesitas hablar con alguien… una persona que no conozcas, tal vez y puedo ayudarte.

Kohaku medito en silencio. Realmente necesitaba descargarse, hablar con alguien. Antes de hacerlo exhalo un fuerte suspiro relajante y resignado.

– Lo que te diré no se lo digas a nadie.

Rin asintió desacomodando su peinado. –Lo juro.

S:S:S:S:S:

Inuyasha miraba atentamente lo que era ese vil circo de apariencias. Notaba como todos parecían estar en un círculo infinito, donde claramente, Miroku y él parecían ser los únicos en no encajar. Dio media vuelta para mirar a amigo, quien iba de un lado al otro sirviendo bebidas.

– Hola–. Dijo acercándose despacio, con las manos metidas en su elegante pantalón.

Miroku contesto apresurado el saludo.

–Hola–. Saludo Sango acercándose a ellos.

Inuyasha, jurando la promesa hecha hacia su novia, la ignoro.

Miroku sintió pena por él.

– ¿Es real? ¿No me hablaras? –. Preguntó molesta. Solo se había acercado a saludar, y lo único que había ganado era la mirada rencorosa de Inuyasha, y una sonrisa seca de parte de Miroku, quien no había tenido oportunidad de hablar con ningún representante.

– Hola–. Se limitó a decir, mirándola a los ojos.

– ¡Así me gusta! –. Dijo ampliando una bella sonrisa. –Los dejo–. Y le dedico a Miroku una encantador guiño de un ojo.

– ¿Como esta todo?

– Bien. Excepto que tal vez, no tengo nada que hablar con nadie–. Confeso Inuyasha pasándose una mano por la cara.

– Al menos puedes hacerlo. Me dedique a servirle a todos las bebidas que no he tenido tiempo de hablar con ninguno.

Dispuesto a limar asperezas, le sonrió. –Sabes que, yo te cubro.

Miroku sonrió ampliamente. –Solo serán unos minutos. Inuyasha, gracias.

– Tomate tu tiempo, amigo.

Y Miroku se apresuró a alejarse.

Toga de lejos vio esto, se aproximó a toda prisa a su hijo menor, quien estaba sirviendo algunos vasos de ponche y refresco mientras su amigo, tomaba su lugar en el evento.

– ¿Qué estás haciendo? –. Pregunto tomándolo arriba del codo.

Inuyasha sintió el agarre, y por culpa de eso tiro dos vasos de cristal. –Déjame–. Susurro con advertencia a su padre. Ninguno de los dos quería hacer un alboroto.

– ¡Entonces, regresa a la reunión! –. Exigió.

– No lo haré–. Lo reto.

–¡Su atención por favor! –. Pidió, subiéndose a los escalones de piedra para poder tener mayor acceso a que pusieron sus ojos en ella. –Soy Kagome Higurashi, presidenta del comité de estudiantes.

Hubo aplausos de todos lados, Kohaku y Rin, quienes acababan de salir de la bodega, aplaudieron siguiendo a la multitud.

Toga e Inuyasha dejaron de discutir y Sesshomaru se acercó a ellos.

– Cada año, nuestra escuela elige un centro comunitario para dar su apoyo de forma monetaria–. Otra ola de aplausos, Kagome sonrió ampliamente mirando solamente a Sango. –Este año escogimos al centro de rehabilitación y terapia Shimizu.

Sango abrió los ojos, Keiko se llevó una mano a la boca tratando de aguantar llorar de angustia y Kohaku tomo la mano de Rin quien le brindo su apoyo.

– Este año nuestra elección es muy personal, debido a que el centro Shimizu ha ayudado a uno de nuestros más queridos compañeros. Gracias a su programa de ayuda a drogadictos y alcohólicos, muchos de los ciudadanos y jóvenes, pueden estar hoy en las calles libres de cualquier adicción. Puedes pasar, Sango, querida amiga. Nuestra estudiante que ahora, gracias a ustedes, centro Shimizu, puede estar con una vida tranquila.

Las piernas se le doblaron y casi cae de la fuerte impresión. Por un momento pensó que Kagome haría pasar a su hermano, pero se equivocó, a la que creía adicta era a ella. Con paso decidido, con la cabeza en alto, ignoro completamente la mirada de sorpresa de Miroku, y camino hacia donde Kagome aplaudía con una sonrisa llena de satisfacción.

–¿Qué está sucediendo? –. Pregunto Miroku acercándose a su hermana.

Rin miro a Kohaku. –Esto está muy mal, debes ayudarla.

–¡Hola! Soy Sango Kimura–. Un montón de aplausos se escuchó. Ella intento no desmayarse. –Quiero agradecer a mi mejor amiga Kagome y al centro Shimizu por hacer tantas cosas buenas por mi–. Se apretó las manos nerviosa. –Aprendí a darme cuenta de lo incorrecto de mis acciones, de saber que con cada acto habría una consecuencia, a no mentirle a la gente que amo, y sobre todo a perdonar…

–¡Gracias, Sango! –. Exclamo Kagome, aplaudiendo fuertemente, esperando que con eso los latidos de su corazón no se escuchasen. Entonces vio a Sesshomaru, quien la miro con desaprobación, se dio la vuelta y se retiró del lugar. Ante eso, Kagome se bajó de los escalones para hablar con él, pero fue detenida por los brazos musculosos de Kohaku, quien sujeto su antebrazo.

– Ella no es una adicta.

– No tienes que mentir por ella, Kohaku–. Dijo sintiéndose liberada por el agarre.

– Soy yo el que está en rehabilitación–. Se levanto su costosa camisa de marca la cual llevaba abotonada hasta el puño y le enseño las líneas casi victoriosas de un intento de suicidio.

La impresión la tenía atónita, tanto que cuando hablo no articulaba bien las palabras. Jamás imagino que él, siendo un muchacho tan noble y bondadoso quisiera acabar con su vida. Ella se sentía como una completa idiota. –Kohaku, yo… lo siento mucho. Sabes que no haría nada para lastimarte, enserio.

Pero a él poco le importo, se dio media vuelta y se fue junto a su hermana.

Kagome había cometido un grave error, las cosas se le salieron por completo de las manos cuando Sara le había mandado las fotos, sumando a la inspiración de su parte para hacer público eso. Había sido una completa estúpida al dejarse manipular de esa forma. Dispuesta a intentar solucionar lo que había hecho se topó de lleno con Inuyasha, quien parecía realmente enojado con ella.

Ambos se miraron en silencio, pero Inuyasha solo frunció el ceño y se fue. No tenía caso discutir con su novia.

Para Sango las cosas no iban mejor, la frase "Soy una exadicta" no era la mejor para poder ingresar a la universidad. Ante la mirada acusatoria de todos los que se encontraban en esa fiesta y la revelación de su hermano a Kagome, camino para la salida.

– ¡Sango! –. Grito Miroku alcanzándola en las escaleras que conducían fuera del instituto.

– ¡Qué! –. Grito molesta. –¡Has venido a juzgarme!

Miroku negó. –Jamás. Venía a saber si estás bien, porque eso que hiciste por tu hermano, déjame decirte que ha sido lo más grandioso que he visto.

Sango tartamudeo. –¿Co–como lo…?

– No importa. Nadie lo sabrá por mí–. Tomo su mano con ternura

Sango, sin aguantar más, se abalanzo a sus brazos.

S:S:S:S:S

Su despampanante, hermosa y respetada madre arreglaba la ropa de la pasarela para llevarla a Estados Unidos. Se encontraba hablando por teléfono mientras acomodaba unos preciosos vestidos para empezar a empacarlos.

Kagome se acercó, tambaleando y con un fuerte suspiro se acomodó el elegante peinado que llevaba desde la tarde. La secretaria de su madre le impido el paso para que no interrumpiera aquella llamada tan importante, pero Kagome la pasó de largo sin ponerle un poco de atención a su voz quejumbrosa llena de miedo.

– ¿Preferiste escoger a Sango en vez de mí? –. Pregunto quitándole el teléfono de las manos y colgando aquella llamada.

– ¡Estas ebria! –. Estaba asombrada, su hija jamás bebía más de lo permitido.

Kagome soltó el celular sobre el sillón. –Pudiste haber escogido a quien quisieras, a una desconocida, alguna embarazada drogadicta; no a mi mejor amiga.

– Cariño, te lo iba a contar–. Intento explicar.

– ¿Cuándo?

La secretaria de Naomi salió de la recepción y se metió a la cocina, fingiendo no estar escuchando.

– Ese día, en la noche. Cenando en tu restaurant favorito. Tuve mucho trabajo porque Sango decidió desaparecer. Y claro, cuando tu desapareciste, fue todo más complicado. Demos gracias a dios que nos darán la oportunidad con las pocas fotos que mandaremos–. La sonrisa de Naomi era bastante confiada.

– ¿Quieres que de gracias porque mi madre prefiere a otros que a su propia hija? –. El claro sarcasmo y acides en sus palabras denotaban su enfado.

– No seas tonta. Es trabajo, Kagome. Me esforcé mucho por ello, siempre has sido mi apoyo, mi mejor fan, mi mejor modelo...

– ¡No! Soy tu hija–. Le dolía tener que recordárselo.

– Y como tal, sabría que con el tiempo me perdonarías.

Kagome sintió el llanto obstruyendo su garganta. Guardo silencio un momento y bajo la vista, sintiéndose completamente tonta. –Pudiste haberme dicho que no querías que lo hiciera, en verdad abría entendido, lo único que quería era hacer algo juntas–. Y cuando la miro lo hizo de tal manera que Naomi se quitó para dejarle un lugar a su muy molesta hija. –Deja de ocultarme las cosas.

Siguiendo el consejo de Sesshomaru, levanto la cabeza. –Se lo de papá.

Ante la impresión Naomi rápido dijo: –Tu papá planeaba dejarnos.

– A ti, no a mí. Él me amaba demasiado, y Jakotsu me dijo que tenían una habitación para mi cuando fuese a Francia a visitarlos en las vacaciones.

– Por favor, Jakotsu era un niño seducido por tu sucio padre.

– No hables así de él–. Ante el coraje, lo ebrio se le estaba quitando.

Naomi quiso gritar, pero se reprimió. –¿Cómo se le puede llamar a alguien así? A un hombre que fingió amarte por más de veinte años y que desde siempre te engañaba con tus modelos. Jakotsu solo era la punta del iceberg. Ni tu ni yo lo conocíamos en verdad. Toda la vida me engaño y regresaba a mi lado con esa hermosa sonrisa, pidiendo perdón y jurando nunca mas volver a hacerlo. No sabes ni remotamente que significo para mi vivir con un hombre así, Kagome.

Ella no pudo evitar pensar en Inuyasha.

– La gente puede perdonar que mientas sobre lo que pasa en tu matrimonio, pero no perdona que te hayas casado con un homosexual porque no tenías otra opción.

Kagome pudo ver a Naomi por primera vez en mucho tiempo. –Mamá, había muchas opciones. Te hubieras divorciado, no tenías que haber sufrido todo eso.

– A mí edad… eso no era una opción–. Su voz sonaba realmente lastimada.

– Lo que haya pasado, hecho esta. Nadie lo va a poder cambiar. Papá está muerto, pero yo estoy aquí, contigo y no te dejare. Por favor, regresa. Vuelve a ser la misma que me amaba. Te necesite tanto cuando él murió–. Pidió mientras se cubría el rostro para poder llorar.

Naomi quería abrazar a su hija y consolarla por lo que pasó hacia un año, pero no lo hizo. Ella tampoco había colgado el luto. Entonces su celular sonó, y Naomi tenía que contestar, sin más se metió a la cocina con su secretaria.

Ante aquello, entendió lo que decía Sesshomaru. No era necesario que la otra persona entendiera tu dolor, solo con no retenerlo, con eso eras libre.

También comprendió que uno no podía elegir a sus padres, pero si a sus amigos, y Kagome decidió hacer lo que ella considero correcto. No se convertiría en una chica como Kikyo, ella haría nuevos recuerdos con las personas que amaba, tendría nuevas fotos de las cuales jamás se arrepentiría de tomar, y haría lo posible por ser feliz.

Ella se merecía ser feliz.

Esculco rápidamente la ropa y vio los dos hermosos vestidos que su madre estaba intentando acomodar, uno rosa y el otro verde, rápido los tomo, y salió para el elevador.

S:S:S:S:S:

Sango se encontraba sola mirando el lago, ya eran las nueve de la noche y comenzaba a hacer fresco, pero a ella no le importaba, se quedaría un rato más.

Escucho unos pasos acercándose, y giro para ver quien era el nuevo visitante del lugar. Era Kagome, quien llevaba en sus manos unas bolsas protectoras para ropa de lujo, pero a Sango volvió su vista de nuevo al agua.

– Si has venido a comprarme drogas, lamento decirte que ya me las terminé–. Dijo sin ánimos.

Kagome se sentó a su lado con tranquilidad. –Sabía que estarías aquí. Siempre que te sientes deprimida vienes a alimentar a los patos.

– ¿Viniste a seguir arruinándome la vida? o, ¿vienes a matar a los patos?

La pelinegra negó de forma tranquila. –Solo quería hablar contigo y decirte que me di cuenta de que me estaba transformando en una persona que no quiero ser. Yo… sentí que mi corazón se corrompía con cada mala decisión que tomaba.

– Te desconocí por completo. Era como ver a Kikyo en ti.

Kagome asistió con la cabeza. –No quiero ser así. Yo no era así, Sango. Si hace un año hubiera sabido lo que hicieron tu e Inuyasha, mi actitud habría sido por completo diferente. Esta persona que soy ya no me gusta. Me niego a destruir la vida de otros solo por vengarme de una tontería.

– Hoy fuiste hoy muy lejos–. Sango en verdad se veía dolida.

– Lo sé. Me cegué ante lo mucho que me dolió enterarme de tu traición. Te fuiste sin decirme nada. Me sentía tan sola, Inuyasha actuaba raro y, cuando mi papá murió, nos enteramos de que se casaría con un modelo, hombre, que trabajaba para mi mamá.

Sango lloro entendiendo perfectamente lo que le decía. –Kagome, en verdad no sabía cómo ser tu amiga después de lo que hice. Fui una idiota que no pensó en las consecuencias. Creí que amaba a Inuyasha, pero no es cierto, a la que amo es a ti. Yo no percibo mi vida sin mí mejor amiga. Sin mi hermana. ¿Podrías perdonarme?

Kagome también lloro, sintiendo como las lágrimas escurrían por sus labios y mejillas.

– Con una condición.

Sango asistió dispuesta a todo.

– Borre todas nuestras fotos, pero me gustaría tener nuevos recuerdo–. Y con una sonrisa le enseño el vestido rosa que le había robado a su madre.

Con la bandera blanca ondeando, ambas se abrazaron.

Decidieron cambiarse de ropa y recorrer sus lugares favoritos que encontraban por toda la ciudad. Cenaron, bebieron y rieron juntas mientras volvían a rememorar todos los años de amistad.

Ambas en silencio juraron que ni Inuyasha ni otra persona volvería a interferir entre ellas.

Kagome ya había hablado con su madre, con Sango, y ahora solo quedaba una persona en su lista.

CONTINUARA…

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