CAPÍTULO 5: DULCE PECADO.

Desde que hizo las paces con Sango, se dio cuenta de dos cosas sobre Inuyasha: Que puso distancia en su relación, y que ya nada sería igual entre ellos. Kagome lo amaba, pero su lejanía la hacia pensar en no continuar su relación.

Al existir ese desapego, parecía que Sesshomaru había colarse en su ser. Ella no lo invito, simplemente se filtró y parecía no querer irse.

Un día, él se sentó detrás suyo en una clase de Economía, mandando al diablo al pobre de Amari Nobunaga quien tenía su asiento designado allí. Cuando finalizó la sesión, solo le susurro: –Parece que ya estas mejor–. Asi como lo dijo se fue. Ahora, se sentaba allí siempre durante esa clase.

Por su parte ella estaba haciendo lo posible por volver a ser la antigua y renovada versión de sí misma. Dejo atrás muchas cosas, pero fue para su crecimiento emocional. Poco a poco se sintió mejor, la gente a su alrededor lo notaba, incluso hizo las pases con su madre. Todo estaba cambiando, haciéndola dudar si el mundo era un lugar más feliz.

Se percató que cada día que pasaba le afectaba menos el comportamiento desinteresado de Inuyasha.

Pronto llego octubre y no se hizo esperar las votaciones en la sociedad de alumnos sobre el próximo evento: la mascarada anual de Halloween.

Kagome se sintió muy emocionada, le encantaban los bailes; pero ya tenía su agenda a reventar y su cuerpo le exigió descanso. En esa ocasión estaba en las bancas de la escuela trabajando con el listado de cosas que harían para el evento, y durante un minuto se quedó dormida, con su cabeza apoyada sobre su mano, como si estuviera pensando en algo muy importante.

Sesshomaru se acercó, le dio un vaso de café con mucha crema, como a ella le gusta, y se sentó a su lado. Eso la hizo dudar de cuanto tiempo en verdad se quedo dormida, y en vista que el no le dijo, no toco el tema.

– Estoy un poco estresada, si la escuela decidiera darme más dinero, no me dolería tanto la cabeza.

Él le dio su celular, con el contacto de su padre ya en la pantalla. –Estoy seguro de que te ayudaré. Dile que es una donación libre de impuestos.

Basto una llamada y todos sus problemas se solucionaron.

Kagome no podía negar que la cercanía le gustaba, estaban volviendo a convivir como antes. Lo extraño, es que delante de otros, ellos aparecerán a raya su comportamiento, pero cuando lograron tener minutos a solas, pareció que él se volvía una persona más relajada, como si quisiera hablar de todo con ella. Incluso los momentos de silencio no eran incomodos, como si no fuera necesaria la comunicacion verbal para saber que estaban bien.

¿Eso era algo bueno?

– ¡Higurashi! –. Grito su entrenador de Lacrosse.

Kagome reaccionó justo en el momento en que la pelota golpeó contra su frente. Sintió que cayó de sentón, y una de sus compañeras la ayudo a levantarse.

Escucho el pitido del entrenador para detener la practica. –Vete a la enfermería, Higurashi.

En verdad no le dolía mucho, sabía que el entrenador prefería perder a una de sus jugadoras durante la práctica en lugar de una demanda. Sin cambiarse de uniforme, se dirigió a la enfermería, donde le dieron unas pastillas para el dolor y un compresor con hielos. Se recostó en la camilla, quedando inclinada y solo espero a que la enfermera le diera instrucciones, pero esta salió del lugar sin decir nada.

– Eso te pasa por ser una despreciada.

Giro para ver como Sesshomaru caminaba hacia ella, traía una manzana roja y agua embotellada en sus manos. También venia de practicar, su uniforme de tenis le sentaba de maravilla y su cabello platinado estaba suelto.

– ¿Qué haces aquí? –Pregunto. Estaba toda sudada, olía muy mal y él se veía mucho más limpio.

– Inuyasha y yo vimos tu nula capacidad de reflejos, su entrenador lo dejo recogiendo el equipo, me pidió que viniera a verte–. Él le dio el agua y la manzana. –Te lo manda.

Kagome sintió decepción en eso, sus cejas lo evidenciaron. –Estaba distraída–. Le dio un gran trago al agua, tenia mucha sed, y enseguida comenzo a comer la fruta. –Gracias, no había desayunado.

– Últimamente te ves mejor–. Dijo sin despegarle ni un momento los ojos dorados de encima.

Parpadeo un par de veces y le sonrió. –Después de lo que hice con Sango, decidí cambiar, quiero decir, ser yo–. Una risa salió de su boca de forma involuntaria, estaba poniéndose nerviosa. –Agradezco mucho tu ayuda.

Él solo le obsequio una ligera sonrisa ladina. –Ojalá puedas resolver todo lo que te aqueja.

Kagome le sonrió como respuesta.

Pensó en su hermano, a quien le estaba siendo desleal con todas sus acciones y palabras. Cada vez que la vio, la tocaba, la incitaba... en todas esas ocasiones le nacía ese sentimiento de posesividad, como si ella fuera suya, como si exponerse ante Kagome lo hiciera sintiéndose libre. Pero la sensación de traición no desaparecería.

Se dio cuenta que ella estaba feliz mientras le daba una mordida a su manzana. Un gesto que lo hacia caer suavemente en la perdición.

Quería odiarla por volver a tener esa aura tranquila que tuvo desde que la conoció, una simple sonrisa y él solo podía fantasear en como la hacía suya sin remordimiento. Porque ella era demasiado buena para todas las cosas perversas que en su mente se reproducían cada vez que la tenía cerca.

Si ella era virgen o no, eso era lo que menos le importaba, solo quería romperla para que no mirara a otro que no fuera él, Sesshomaru Taisho, quien se doblegaba ante esos tiernos ojos.

"Ella es de Inuyasha."

En verdad intentaba no caer ante la tentación, pero deseaba con todo su ser tener oportunidad de escuchar sus gemidos cuando la confinara entre sus brazos dispuesto a desgarrarla de placer. Él quería llenarla por todos los orificios hasta hacerla desfallecer de puro excitación. Sus labios le servirían de forma lujuriosa solo para envolver su miembro duro que esperaba por ella.

"Maldita seas."

– ¿Qué sucede? –Pregunto porque él solo la observaba con ojos dorados llenos de algo que no sabía bien que era.

En un rápido movimiento tomo con su mano izquierda la derecha de ella, apretándola sobre el colchón, y con su mano derecha sujeto de la misma manera la femenina mano libre. La manzana cayó al piso, pero a ninguno le importo. Él tenía su torso inclinado hacia ella y tan cerca que vio la inseguridad formándose en sus ojos.

Kagome exhalo un gritito de susto. –¡Que pasa!

Su silencio se apodero de todo el ambiente, y más cuando Sesshomaru decidió acercarse otro tramo.

¿Qué sucedería si se subía completamente sobre ella? ¿Ella abriría sus piernas para recibirlo?

La miraba fijamente, intentando penetrar sus ojos azules y su alma entera, porque ella se veía tan bien con su uniforme, que le daban ganas de saltarle encima y tomar todo lo que pudiera ofrecerle. Sus hormonas parecían dominarlo cuando la veía así de frágil, le daban ganas incluso de destrozar su ropa solo con la intención de hacerle saber que era él quien debía ser el dueño de sus pensamientos, y solo él quien debería probar sus labios.

Las cosas nunca serian tan fáciles con ella.

Kagome quiso tener el poder de atravesar la materia, para poder traspasar las almohadas que estaban en su espalda, pero no pudo. Como tampoco pudo hacer nada con las manos apresadas. Sesshomaru siguió avanzando, pero ella no se movió de su posición, no quería y no podía hacerlo.

Dirigió su boca hacia su mejilla, haciendo que quedaran sus rostros en contacto, y susurro: –Kagome...–. No pudo hablar más porque su respiración era demasiado pesada. Aquello era lo que trataba de evitar, los sentimientos impulsivos que ella le generaba.

La soltó porque tenía que hacerlo, y coloco sus manos sobre el colchón, para sujetarse de algún lugar antes de hacer una locura. Si estuvieran en su habitación la habría hecho suya hasta que gritara su nombre y se olvidara de Inuyasha para siempre. Se separó oliendo toda la piel que alcanzo a rosar con su nariz, pero su rostro se detuvo a unos cuantos centímetros.

Kagome vio los ojos dorados tan intensos, que parecían hipnotizarla, porque en un movimiento que ni siquiera se esperó hacer, levanto su mano y la hueco en la mejilla masculina.

– ¿Estas bien...? –Pregunto sintiendo por primera vez duda en sus ojos fríos. Y sin pensarlo, susurro su nombre: –Sesshomaru.

Precisamente esas acciones tiernas de ella eran las que no quería sentir, porque inmediatamente cedía ante el poder que tenía sobre él. Sintió un nudo en su estómago que subió y bajo tan rápido, que lo hicieron temblar. Debía que alejarse, tenía que irse o su poca capacidad de control se iría al carajo para no regresar nunca más.

"Es de mi hermano."

Se irguió y salió sin decir nada.

Su comportamiento dejo muy desconcertada a Kagome, quien solo podía pensar lo mucho que deseaba que Sesshomaru se quedara con ella.

Al salir de la enfermería le marco a Inuyasha, él ni siquiera contesto su teléfono y tampoco contesto los mensajes. Entonces... recordó algo, Inuyasha no tenía practica de futbol los martes. ¿Por qué Sesshomaru le había dicho otra cosa?

Al día siguiente, cuando casi todos sus compañeros habían salido del aula, sintió la voz de Sesshomaru chocando con su nuca: –Kagome... Hueles muy bien.

Eso era lo que había intentado decirle el día anterior. Ella sintió una sacudida de emoción al momento en que él enredo uno de sus dedos entre su cabello. Sin más la soltó y se fue.

Si Kagome pudiera explicar el efecto que Sesshomaru le producían, lo haría de forma escrita a través de una lista interminable que comenzaba desde confusión, hasta finalizarla con una palabra que ella no sabía cómo describirla.

Durante todo ese día no pensó ni un poco en Inuyasha.

S:S:S:S:S:

Rin estaba almorzando sola.

Sentada en una de las bancas de la escuela observaba con desanimo como sus compañeros iban y venían por todos lados sin fijarse siquiera en ella. Su grupo de "amigas" le aplicaban la ley del hielo debido a que por accidente le quebró un cristal a una pulsera de oro propiedad de Sara. Tuvo que pagar una suma enorme que Kagome le presto.

Rin a la primera que tuvo oportunidad le intento dar el dinero de su mesada, pero ella lo rechazo.

– Deja de hacer eso, te dije que yo me haría cargo–. Fue lo que dijo mientras le sonreía. –Y por Sara ni te preocupes, yo me entiendo con ella.

Kagome le explico que para Sara esa joya no valía nada; era una chica muy rica, su padre era militar de alto rango y su madre heredera de una de las familias más influyentes del país.

Ante eso, Sara decidió ponerle a Rin el apodo de Cenicienta. Se lo decía abierta y sin vergüenza delante de todos para humillarla. ¿Qué hicieron los demás? Seguir el ejemplo y cuando finalizo ese día, todos se lo decían en su cara.

Se sentía triste, dejo de lado a sus verdaderas amigas por querer ser como esas arpías. Todas eran horribles, menos Sango y Kagome, y aunque esta ultima la trato mal al principio del ciclo, de repente tuvo un cambio de actitud, haciéndola ser una persona mas amable.

– ¡Hola! –. Saludo Sango con un beso en la mejilla. –Justo la hermana que deseaba ver.

– ¿Cómo esta Kohaku? –. Pregunto cuando la castaña se sentó a su lado.

– Bien, gracias. Decidió volver a la clínica, así que esperamos que para diciembre quiera volver a la escuela.

Ella deseaba que sí, porque él le agradaba mucho. –Cuando lo veas, podrías dejarle mi número. Quiero que sepa que tiene una amiga afuera que espera que se recupere pronto.

Sango le dio un ligero abrazo. – ¡Claro que sí! Por cierto, necesito respuestas, y las quiero ahora.

Parpadeo un par de veces. – ¿Sobre qué?

– Tu hermano me dijo que sería bueno que fuéramos a la fiesta de Halloween, pero yo pensé que a él no le gustaba, ya sabes... las fiestas–. La sonrisa de Sango estaba más amplia que nunca, cada vez que pensaba en Miroku sentía que su día se volvía más feliz.

– Miroku está loco por ti, cualquier cosa que le pidas él lo hará. Excepto tal vez ir a la playa porque le da miedo el mar desde que era niño.

Sango se sonrojo, porque a ella le encantaba el mar, y la noche que estuvieron juntos hacia años fue allí. –Sabes... Últimamente no he salido a fiestas, tengo ganas de ir donde no se burlen de mi haciéndome señas que soy una adicta. Eso se siente horrible.

A pesar de lo que pensaba Sango, si sabía lo que se sentía que se burlaran de ella. Mientras Sango seguía ensimismada en platicas sobre sus planes, Rin miraba de forma triste el suelo. Ella deseaba ser popular, tener un novio guapo y rico, y si algún ser celestial la escuchaba, por lo menos que le diera a Sesshomaru como regalo por todo lo mal que la estaban tratando todos.

– Hola, Sango–. Sara se acercó con su caminar bastante seductor, junto con las otras chicas: Eri, Ayumi y Yuka. Todas tomaron asiento.

– Hola, ¿Ya tienen disfraz?

– Si, compre un vestido increíble con una abertura en la pierna que causara furor.–. Dijo Sara con una mirada picara. –Sera de fácil acceso–. Todas rieron ante el comentario, excepto Rin. –Por cierto, Cenicienta. ¿Pudiste llevar mi falda a la tintorería?

– Si, mañana paso a recogerla.

Eso no le gusto a Sango. –¿Por qué la mandaste a la tintorería?

– Es parte del trabajo que tiene que hacer para pertenecer a nuestro grupo. Todas tuvimos que hacer también muchas cosas, ¿Cierto? –. Pregunto. Todas asistieron. –¿No recuerdas que Kikyo nos hizo lo mismo?

– ¿Y piensas seguir por ese camino? ¿No recuerdas que todas odiábamos ese trato? –. Sango se acordaba, por eso se puso de pie molesta. –¿Y tú qué opinas de eso? –. Pregunto a Rin.

– Yo...

– Ella no opina nada–. Dijo con ojos llenos de molestia. –Cenicienta, ¿quieres asistir al baile? –. De repente sonrió con toda su dentadura.

El momento se puso tenso cuando las dos castañas se miraron fijamente. Sango sabía que lo hacía para demostrar lo manipulable que podía ser la más joven, a partir de ese momento Sara entraría a su lista de personas en las cuales no confiar.

– ¡SI!–. Grito Rin emocionada. –¡Gracias, Sara!

Sango giro los ojos molesta. Había perdido por que Rin decidió jugar en su contra. Así era el mundo del grupo más popular de la escuela, un montón de chicas dispuestas a pelear por su lugar.

Ayumi intervino dirigiéndose hacia Sara. –¿Y a ti quien te nombro líder del grupo?. – Estaba molesta por cómo se estaba llevando la discusión.

Sara rio, sabía que algo así pasaría. –Un momento. Solo pregunté que, si querías asistir, nunca dije que podía hacerlo.

Todas menos Sango rieron a carcajadas. Rin no supo que decir.

– Pobre ingenua. Los de primer año nunca van a las fiestas, es la tradición–. Fue Eri quien lo dijo.

Rin quiso golpearse por ser tan tonta.

– Te hacemos un favor, Cenicienta. No durarías ni cinco minutos en una fiesta donde Sesshomaru estará buscando solo ver a quien puede quitarle la virginidad–. Fue Yuka quien hablo, su voz estaba llena de resentimiento. Tenia varias semanas intentando volver acostarse con él, pero fue rechazada.

A Sango nada de eso le gusto, por lo que intervino nuevamente. –¿Qué les pasa? Vamos Rin, no les hagas caso–. Dijo tomándole la mano. –Esto lo veré con Kagome.

Sara hablo alto mientras reía. –No seas así, fue una broma.

Volvió solo la cabeza. –Pues ella no se está riendo–. Y siguió su camino junto a Rin.

Todas reían. Sara solo levanto sus hombros mientras el gesto burlón no desaparecía de su rostro. –Creo que la adicta se enojó–. Las risas continuaron.

S:S:S:S:S:

Debido a lo acontecido en la tarde, Kagome invito a Sango y a Rin a cenar en su casa. Se hicieron manicura, pedicura y facial, Kagome estaba de tan buen humor que Rin se sentía muy diferente a la última vez que estuvo ahí. Los ojos azules se veían diferentes, más felices, y eso le gusto. –Escuche que el gimnasio está quedando increíble.

Kagome se acostó en la cama donde estaban también las otras chicas. –Si, está quedando maravilloso. Espero que confíes que no puedes ir por reglas de la escuela–. Dijo con su mirada azul perdida en algún punto.

Ella asintió. Se había dado cuenta de que últimamente Kagome se perdía en sus pensamientos, como si estuviera enamorada. Se veía realmente bonita con esa calma en su rostro.

– Estoy pensando para la mascarada usar el vestido negro, ¿Qué opinan? –. Kagome se levantó de un brinco de la cama y se encamino al montón de ropa que ya habían revisado. Saco uno que tenia forma de sirena y que era muy escotado.

Sango abrió la boca de sorpresa, jamás se imagino que su amiga lo fuese a escoger. –Me encanta esa idea. Te veras muy sexy, hay que poner joyas en tu mascara para que llames más la atención. Tiene que ser en color plateado y brillo labial.

Las dos se miraron cómplices, siempre había sido así, una decía la idea y la otra la complementaba. Ambas comenzaron a hablar de lo fabuloso que quedaría todo el conjunto.

– Sango, ¿ya tienes tu vestido? –. Pregunto Rin.

Negó con cierta melancolía. Le daba cierta tristeza que Miroku no pudiera costearse algo estrafalario, por lo que ella se acomodaría para no verse disparejos. –¿Qué tienes planeado para ese día? –. Pregunto a su mejor amiga para cambiar de tema.

Kagome tenia muchos planes, pero su tonto novio ni siquiera se tomaba la molestia de invitarla al baile. Ella era de la vieja costumbre que el hombre debía hacer la propuesta. –Estoy pensado un juego, donde Inuyasha me busque, y si me encuentra pueda reclamar su premio.

Rin se sintió confundida. –¿Cuál premio?

Ambas chicas mayores rieron.

Al entender hizo un gesto desagradable. –Sí, claro. Lo siento.

– Soy virgen, Rin. Quiero que mi primera vez sea muy especial–. Se le subieron los colores al rostro. No sabía si era por vergüenza o por malestar. En su cabeza escuchaba su propia conciencia diciéndole que no era la mejor idea.

Sango la miro de forma tierna, sintiéndose culpable, porque si no fuese por ella, Inuyasha también seria virgen solo para su mejor amiga. Se mordió el labio inferior y susurro. –Kagome, si sientes que es mejor que no valla...

– ¿Por qué dices eso? –. Ella rápidamente se acercó y tomo su mano. –Esto es para volver a empezar. Quiero que estemos siempre juntas–. Y le dio un suave abrazo.

Rin las miro sin entender de que hablaban mientas se paseaba por la alcoba. Era muy bonita la decoración del lugar, y todo estaba perfectamente acomodado. Se quedó de pie justo frente a la pared que tenía el espejo entero y vio su reflejo. Si ella fuera igual de rica que Kagome, seguramente tendría uno igual en su recamara.

– ¿Ira Miroku? –Pregunto Kagome.

– Si, pero ya casi es sábado, y ni siquiera a rentado un traje o un disfraz.

Kagome estaba segura de que Inuyasha tampoco, ¿Por qué tenia que ser ella la que le estuviera recordando que fuera a la sastrería? –Sango, es clarísimo que está enamorado. Usará un vestido de mi madre con tal de estar cinco minutos contigo–. Ambas chicas rieron por su comentario. Miro a Rin quien tenía sus bonitos ojos sobre su reflejo en el espejo y se acercó a ella. Le sujeto el cabello, largo y negro, y le puso una pinza para dejarlo en alto. –Eres realmente linda. Podrías pasar por alguien de segundo si te maquilláramos.

Ante sus palabras, Rin quiso brincar de felicidad. –¿Podre ir?

– Si, agregare tu nombre, pero no le digas a nadie. Escoge un vestido, el que más te guste y tendrás que usar antifaz.

Rin la abrazo. –¡Gracias! –Cuando la soltó, rápido fue por un vestido amarillo que dejaba a descubierto sus hombros y no lo dejo para nada.

Sango comenzó a reírse por la felicidad que desbordaba la pequeña Rin. –¿Alguien con quien ir?

Ella asintió con la cara tan roja como un tomate. –Estoy esperando que Sesshomaru Taisho me invite. Creo que le gusto. El otro día se me cayeron unos libros, me ayudo a recogerlos, me guiño un ojo y me preguntó mi nombre.

La sonrisa que Kagome tenia en su rostro se borro completamente. Esas palabras le cayeron como agua fría en la espalda. Ya lo sabía, confiar en que Sesshomaru pudiera dejar de coquetear con mujeres era algo impensable. ¿Por qué se hacía ilusiones creyendo que ella era especial?

– ¡Que! –. Grito Sango, sorprendida y molesta. –¡Estás loca!, es un libertino, no se tentará el corazón para tener sexo contigo y hacerte a un lado. Pregúntaselo a cualquiera.

– Menos a nosotras–. Kagome rio con una carcajada muy extraña. –No. Nunca. Jamás–. Y la risa siguió en sus labios. –¿Te imaginas?

Sango arrugo las cejas, su amiga se estaba comportando raro, pero lo dejo pasar. –Somos inmunes a sus "encantos".

Rin suspiro más tranquila. –Él me gusta, se me hace muy misterioso y guapo. Siento que podría hacerlo cambiar.

– Si, es mas guapo que todas nosotras juntas–. Una carcajada salió de la boca de Sango. –Pero nunca va a cambiar. A él solo le interesa el sexo, las mujeres, la escuela... y el sexo. Definitivamente no te acerques.

– ¿Por qué te cae tan mal?

Sango alzo sus hombros. –No lo se, ¿recuerdas desde cuando lo odio?

Kagome negó, en ese momento su cabeza estaba en shock. No sabía porque seguía riendo de esa forma tan extraña. –Iré a hacer pipi.

Sango y Rin se miraron entre si cuando ella decidió casi volar hasta meterse al baño.

Al entrar se puso la mano en la boca porque sintió que su corazón se saldría. Se agarró el pecho para tranquilizarse. ¿Qué le pasaba? Porque el hecho que a la pequeña Rin le gustara Sesshomaru la hacía sentir tan incómoda. Ya lo había visto intentando coquetear con ella, y ella se veía tan ilusionada por esa interacción, que Kagome no tuvo el valor de decirle que no se atreviese a mirarlo porque él era suyo.

"Nunca voy en serio con nadie".

Esas fueron sus palabras en navidad, dejando en claro que jamás podría estar en una relación porque él era libre.

Tuvo miedo porque se estaba enamorando de él o tal vez ya lo amaba desde antes, pero lo que no quería es que le rompiese el corazón engañándola. Kagome no quería sufrir eso de nuevo, Inuyasha casi la mataba con lo que hizo con Sango.

– Inuyasha–. Susurro con asombro, porque solo pensó en él por su infidelidad, pero no por su amor.

Era muy claro que su propia mente le estaba jugando mal, ¿enamorada de Sesshomaru?, claro que no.

Cuando salió del baño solo pudo fingir una sonrisa, deseando estar sola.

"Me guiño un ojo." Las palabras se repitieron una y otra vez en su mente durante toda la noche.

S:S:S:S:S:

Izayoi había estado observando las hileras de números de aquellos libros contables. Las cosas no estaban del todo bien en la galería, las ventas iban disminuyendo poco a poco y, si todo seguía igual... ella tendría que buscar un nuevo empleo.

Con un fuerte suspiro cerro el grueso libro y miro a los escasos clientes de esa noche. Solo dos, una mujer de labios rojos, y un hombre que le daba la espalda. Ella miro su cabello platinado, pero no presto demasiada atención.

Se estiro un poco detrás del mostrador, y preparándose para abordar a los clientes, se inspiró de confianza. Su primera opción, la mujer. Se acerco con cautela y con una sonrisa, pero la mujer solo sonrió, dio las gracias y salió de la galería sin una sola pieza.

No era exactamente las ventas su pasión, lo de ella era la pintura y la fotografía, eso era lo que la emocionaba y hacía que se levantara cada mañana a tener ese aburrido y monótono trabajo. Aunque ella deseaba poder dedicarse a la fotografía de paisajes.

Dispuesta a conseguir un cliente potencial; se acercó al hombre y pudo percibir su loción masculina a unos dos metros de distancia así como el costoso traje gris que portaba.

– Enigmática, ¿Cierto? –. Pregunto preparando su mejor sonrisa, y enseguida murió en sus labios. – Toga...–. Murmuro.

Toga Taisho estaba ahí, con sus manos metidos en los bolsillos del pantalón y con una sonrisa. –Izayoi, no sabía que trabajabas aquí–. Fingió sorpresa, porque lo sabía, incluso tuvo que llamar a su detective privado para buscarla.

– Si, desde hace muchos años. Me encanta seguir el arte–. No podía salir de su asombro, en veinte años no lo había visto, y ahora en un mes se lo topaba dos veces. –¿Qué te trae hasta el otro lado de la ciudad?

– He estado todo el día buscando un cuadro que me guste para un regalo, y me ha gustado esta.

Izayoi miro la pintura. Levanto una ceja de forma interrogativa hacia él, y este seguía con su sonrisa arrogante en el rostro. –¿El obsequio es para Keiko?

Toga asintió.

Izayoi rio y negó con la cabeza al mismo tiempo que lo hacía con las manos. –Keiko me odia, ella lo reconoce, y no creo que quieras regalarle un cuadro que compraste de la galería donde trabajo. Y en caso de que no lo quiera, no existen devoluciones. O no lo compras o mejor regálaselo a Irasue, ella no me odia tanto.

– Han pasado veinte años.

– Y parece que no conoces a las mujeres que te rodean–. Guardo silencio un momento. –Tu novia me desprecia, y tu exesposa prefiere pensar que no existo–. Murmuró.

– Irasue murió.

Izayoi no supo que decir. La historia de ellos dos había terminado hacia muchísimo tiempo, y el simplemente hecho de verlo ahí, frente a ella, con esa sonrisa, y esa mirada profunda, la hacían recordar su juventud a su lado.

– Lo siento, Toga. Aunque sigo pensando que tienes que ir con Keiko y preguntar si desea que le regales este cuadro, algún día se enterara y será peor.

Él asintió, sin decir nada, se dirigió a la salida, pero una extraña fuerza lo motivo a regresar.

– Me alegra volver a verte–. Dijo y sin más se fue.

Conmocionada y sonrojada, con una sola neurona funcionando en su cerebro, simplemente atinó a decir adiós con su mano mientras el aroma de Toga se perdía con cada segundo que pasaba.

S:S:S:S:S:

Cuando Inuyasha conoció a Kikyo solo le basto una mirada para saber que ella era especial. Él tenía seis años y en su infantil mente se hizo la promesa de jamás dejar a ese ser de luz que hacía muy feliz su existencia. Conforme pasaron los años se volvió su mejor amiga y su mejor confidente. Inuyasha formó un pedestal solo para ella, donde nadie debió alcanzarla, ni siquiera él.

A la edad de doce años descubrió que no solo él podía ver la belleza de Kikyo, eso lo lleno de inseguridad y miedo a perderla. Le hizo la promesa de siempre protegerla ante cualquier persona que quisiera dañarla, y ante eso ella le hizo una pregunta que jamás olvidaría:

"¿Qué lugar ocupa en tu vida?".

Él nunca respondió, porque le dolía se dio cuenta de que Kikyo esperaba algo que no podría darle, tan solo porque no se creía digno de tenerla.

Cuando conocí a Kagome en la secundaria, le grababa a Kikyo. Ellas no eran familia, pero tenían rasgos parecidos que hasta pudieron confundirse con ser hermanas. Ambas de cabello negro, piel blanca, rasgos finos, pero sus ojos... aunque los azules eran llamativos, siempre creyó que los avellana eran muy enigmáticos.

En el cumpleaños número trece de Kikyo, le pidió como regalo un beso, e Inuyasha se lo dio. Fue un pequeño roce de sus labios y no pudo continuar. Decidió no seguirla atando, así que, al día siguiente, le pidió a Kagome que fuera su novia.

Conforme paso el tiempo, a Kikyo la dejo puesta en el pedestal que construyó años atrás. Sabía muy bien que no era una santa, le gustaba fumar, tomar y el sexo, pero aprendió a aceptarla siempre evitando saber quiénes eran los imbéciles con los que se aventuraba; aunque secretamente lo sabía, solo porque él se haría cargo si alguno de esos bastardos se atrevía a lastimarla.

Kikyo jamás lo juzgaba y desde su partida, se sentía muy solo, si bien hablaban todos los días, no era lo mismo, la extrañaba demasiado. Solían hablar de todos sus problemas y secretos, incluso le conto la situación que vivía con su novia, y ella le dijo algo que lo dejo pensando:

"No es justo lo que estás haciendo".

Era cierto, no era justo para Kagome la relación que tenían, la amaba pero aun los sentimientos hacia Sangon siguieron pendientes de resolverse.

La noche anterior, Kagome le escribió pidiendo verlo en el gimnasio de la escuela, y fue a la cita.

Ella se vio muy linda de lejos, estaba arriba de una escalera intentando alcanzar la marca que habían puesto como señal de que la telaraña que tenía en sus manos debía ser pegada ahí. A sus pies estaba Ayame, quien platicaba emocionada mientras se acomodaba los lentes en el puente de la nariz.

– ¿Qué tienes planeado? –. Le pregunto a Inuyasha acercándose a ellas.

Al escuchar la voz de su novio, lo miro desde su altura y le sonrió. Solo para volver a girar e intentar colocar de nuevo la telaraña falsa sin éxito. Odiaba no ser alta, definitivamente él tendrá que necesitar. Derrotada se bajó de la escalera. – ¿Me ayudas? –. Pregunto dando un pequeño beso en la mejilla.

Inuyasha mostro su más arrogante sonrisa llena de satisfacción. No lo diría, pero le encantaba que Kagome necesitara de él. Con rapidez se subió y coloco muy fácilmente lo que pidió; pero se dio cuenta de su error, al intentar bajar de ahí, ella le mostro una caja llena de objetos decorativos.

Ayame se despidió de ellos con una sonrisa llena de ilusión.

El gimnasio estaba repleto de alumnos, yendo y viniendo por todos lados. Kagome se felicitó mentalmente, ya tenían todo listo, solo faltaba las luces, el humo y alguna decoración.

– Inuyasha, tendrás que disfrazarte. Le dijo cuando él descendió para mover la escalera a otro punto.

– Sabes que no me gusta, Kagome–. Se quejó como si fuese un castigo enorme.

– No seas amargado. Además, estaba pensando que podríamos, después de la fiesta... Hacer el amor.

Inuyasha casi se cae por la impresión de sus palabras. Sujetándose bien, miro hacia ella que le sonreía mientras se mordía de forma tierna el labio inferior. Aquel gesto lo hizo sonrojar.

Kagome se sintió extraña por como él no decía nada. Pensativa se agacho para recoger unos moños que alguno de sus compañeros dejo tirados.

"¿Es correcto eso?" Se preguntó en el proceso de ponerse de pie.

Tenía días intentando hablar con él de la situación tan difícil que atravesaban. Primero la infidelidad, luego el engaño y después la decepción; pero al momento de estar frente a él, su mente no conectaba con su lengua y le era imposible poder decir algo relacionado al tema. Siempre que intentaba hablar de una ruptura, la imagen de un Inuyasha de doce años pidiéndole ser su novio se fugaba a sus pensamientos.

Ella en verdad lo quería, pero todo el tiempo pensaba en Sesshomaru. Kagome odiaba eso porque cada vez que se lo topaba por los pasillos, ella intentaba enfocar su mente en otra cosa para no sonrojarse, pero nunca pasaba. Su propio cerebro la traicionaba vaciando todo de ella solo para concentrarse en aquella sonrisa seductora y sus ojos fríos tal cual el oro.

Lo más extraño, es que nunca pensaba así de Inuyasha, su hermano era quien ocupaba todo el tiempo su mente. Igual que en esos momentos.

En total silencio siguió caminando sin darse cuenta de que Inuyasha volvía a bajar de la escalera, hasta que, con un rápido movimiento, él la tomo del brazo y la atrajo hacia su pecho, dándole un beso suave en la boca.

Al separarse, ella le acaricio el rostro. Si terminaban, se estaría perdiendo de esos besos tan únicos.

"Tonta, son los únicos que has probado." Ahí estaba, otra vez autosaboteándose. Maldijo a su conciencia mil veces. "Sesshomaru tiene lindos labios y su cuerpo parece perfecto". Recordó las veces que tuvieron algún acercamiento. Era cierto, él tenía musculoso su torso, espalda y brazos.

El problema es que él era un don juan, nada ni nadie haría que cambiara. Que la mirara de esa forma que la hacia temblar o que su voz fuera tan sexy que la estaba tentando, no significaba nada. Él no había tenido novias nunca, sumando a eso todas sus amigas habían pasado por su cama.

¿Qué la hacía diferente a ella?

Ella se negaba a ser solamente un algo casual. Kagome no era una mujer fácil, si ella no tenía todo de él, entonces no quería nada.

Mientras ella se perdía de nuevo en sus pensamientos, Inuyasha detallaba su perfil, tal vez ya no era la novia que amo con locura, pero pude superarlo, pudo volver a enamorarse, podrían...

– ¿Sabes qué?, vámonos a almorzar. Me duele mucho la cabeza–. Pensar en Sesshomaru le hacia que le doliera incluso el pecho.

Él asistió, le quito la caja de las manos y la coloco en el piso. Levanto la vista hacia su novia, recorriendo despacio sus ojos desde las zapatillas, sus largas y torneadas piernas, y al final su rostro. Para Inuyasha, ella era preciosa, pero... ¿Por qué no podía sentir lo mismo que antes? Al ponerse de pie, le dio una mano para guiarla a la salida.

Pronto llegué a la cafetería, Kagome se sentó, y espero que Inuyasha pidiera por ella un café. Por una extraña razón al verlo así, con la mirada perdida y con una de sus manos en los bolsillos dentro del uniforme de preparatoria, su mente lo confundió con una figura más alta... la de su maldito hermano.

Inuyasha no tardó en llegar a la mesa, y ella le sonrió. –Ayame me dijo algo curioso.

Él tomo de su café negro, no le gustó mucho, pero el clima empezaba a sentirse frio y se le antojaba. –¿Por eso es así de rara?

Le dio un golpe juguetón en el brazo. –No es rara, simplemente no tiene muchos amigos.

– Si no fuera rara los tengo, ¿porque se fue riendo como tonta cuando me acerque?

Kagome se mordió el labio un poco tensa. –Inuyasha, ella me dijo que Koga vendría a la fiesta de Halloween.

Casi se atraganta con el liquido que tenia en la boca. Tosió varias veces hasta que pudo recuperarse sintiendo la garganta irritada. Si algo podria desear es que Koga desapareciera de la faz de la tierra. Lo odiaba y detestaba, todo junto y al mismo tiempo. Sentía celos porque ese asqueroso decía estar enamorado de su novia y ni siquiera lo disimulaba.

Lo conocí por Sesshomaru, ellos parecían ser amigos, pero Koga se graduó y se fue muy lejos. Él espero nunca más volver a verlo, porque si algo tienen en común era el sentimiento de desprecio mutuo.

– Dile a ese imbécil que ni se le ordena, o le parto la cara–. Estaba totalmente enojado.

Kagome se rio, le dio mucha gracia que parecía que su novio estaba a punto de ladrar del coraje. –No tengo ese poder. Solo te aviso porque cada vez que se vez te pones todo violento. No me gustaría otra fiesta con otra pelea entre ustedes.

– Solo no quiero que te acerques a él, suficiente tengo con que valla a ir como para que este oliéndote y queriéndote manosear–. La irritación se bajó de su garganta hasta su estómago produciéndole un severo ardor estomacal.

Kagome entorno los ojos. –Para empezar, yo nunca le he dado motivos para que él crea que yo seré su novia, y te recuerdo que él ira con Ayame.

– ¡Feh! Como si ella fuese su verdadero motivo–. Iba a seguir repelando, pero su celular sonó por la llegada de un mensaje. Distraído miro la pantalla y su sonrisa se hizo enorme. Todo el coraje que había sentido, desapareció.

– ¿Qué sucede? –. Pregunto sintiendo gusto de como su novio se veía realmente feliz. Le soplo a su café y le dio pequeños tragos.

– Es... Kikyo, volverá el sábado a la ciudad–. No podía estar más contento con esa noticia, la había extrañado mucho.

Sintió que se ahogaba. –¿Es cierto eso? –. Él le enseño el mensaje, y ella tuvo ganas de arrojar el celular dentro de su bebida.

Rápido contesto el mensaje, y al segundo recibió respuesta. –Quiere que valla al aeropuerto por ella. No te molesta... ¿verdad?

Kagome jamás le dijo a Inuyasha que ella aborrecía a Kikyo. –Te recuerdo que el sábado es el evento.

Él tenía un brillo especial en sus ojos. Definitivamente Koga ya se había alejado de sus pensamientos. –Lo sé, ¿te importa si esta vez no voy contigo? Tiene casi un año que no la veo y en verdad me gustaría pasar la noche con ella.

Eso la sorprendió. –Me importa, y mucho. No iras conmigo por irte a buscarla, ¿y nuestros planes? Se supone que estamos empezando de nuevo–. Bajo su voz casi a susurro. –Se supone que intentaríamos hacer el amor.

Una sonrisa bastante arrogante y molesta apareció en su boca. –No lo hemos hecho nunca, y de repente, quien sabe porque, especialmente quieres ese día.

– Quiero hacer las cosas bien–. Dijo levantando la voz, cada vez estaba mas irritada. –¡Al menos yo quiero hacerlas bien!

– ¿Y porque piensas que yo no? –. La sonrisa se borra de su rostro.

Kagome eleva sus hombros. –Tal vez sea porque te acostaste con otra, y casualmente cuando yo hablo de hacer el amor, prefieres irte con Kikyo.

Él abrió la boca sorprendido. –Pensé que ya habíamos superado eso. ¡Ya no sé cómo redimirme contigo!

– ¡Lo sabrías si estuvieras a mi lado! –. Los ademanes que hacia con las manos eran mas agresivos, parecia que cada vez mas gente la mirara. Siempre se cuidaba de que hablara de ella, pero en ese momento no le importo. –Nunca estas, siempre hay algo más importante que yo.

Se puso a la defensiva, odiaba las escenas. –Kagome, no quiero ir al baile, sabes que odio disfrazarme, ni siquiera tengo antifaz. ¿Qué sentido tiene que vaya?

– Tendrías uno si me hubieras escuchado. Te he estado escribiendo y grabándote a diario que lo consigas.

– Pudiste decírmelo en la cara.

– Lo hubiera hecho si no me estuviera impidiendo–. Kagome apretó los puños furiosos. Quiso golpéalo en ese momento. –Tienes razón, ni siquiera me has invitado, ¿porque tenemos que ir?

Se puso de pie, dispuesto a salir de ahí, pero Inuyasha también se levantó.

– Vamos a hacer esto: Después de recoger a Kikyo, paso por ti a la media noche, y no se, te llevo a algún lugar y lo hacemos–. Él en verdad no quiso que sonara así.

Eso la última vez, lo decía como si el hecho de perder su virginidad fuera algo casual. –Eres un...– Kagome intentó controlar, pero no pudo. –¡Tono!

Todos los estaban viendo, alumnos, cocineras e incluso unos cuantos profesores.

Se sorprendió, porque ella jamás le había gritado así. Tarde se dio cuenta de su error. –¡No quise...!

– Ni se te va a aparecer aparecerte a la media noche, ¡me escuchaste!

Inuyasha también levanto la voz ofendida y se cruzo de brazos. –¡Todos te escuchamos!

– ¡Espero que te diviertas con tu querida Kikyo!

– ¡Pues espero que disfruten la noche junto a Koga!

– ¿Y él que tiene que ver en esto?

– Esta tonta pelea que estas encaprichada en tener, pareciera que de seguro iras corriendo a los brazos de ese imbécil.

– ¡Él ni siquiera me gusta!

Inuyasha tomo su celular. –¡Haz lo que quieras! –. Se giro a la salida, pero inmediatamente regreso a ella. –No te ato mas, por mi, esto se acabo.

Abrió los ojos sintiendo que el pecho le dolió. Tomo aire por la impresión causada. –Inuyasha...–. Susurro viendo como él salía rápido golpeando con su hombro a cualquiera que se le cruzara por su camino.

Kagome se sintió extraña. ¿Cómo algo tan sencillo termino en esa discusión? Miro a su alrededor y todos la estaban viendo mientras susurraban sobre ella.

La noticia de que Inuyasha Taisho terminó a Kagome Higurashi en la cafetería, a dos días del baile de Halloween, se esparció como polvo en plena ventisca. Para la hora de salida, todos ya sabían de eso.

Al finalizar las clases, dejo su salón lo mas rápido que pudo, no quería volver a ver a Sesshomaru.

En ese instante, no le importa nada. Iría sola al baile, ella no se escondería, disfrutaría de la noche que tanto esfuerzo le costó. Sus amigas estarían allí, Sango, Rin, Koga y Ayame también, que Inuyasha o Sesshomaru se encontraron o no, pasaron a ultimo plano, el sábado se la pasaría increíble.

S:S:S:S:S:

Sango se entero de la noticia y enseguida fue a su casa. Al ver a Kagome que estaba entre enojada y triste la hicieron dudar si la noticia era cierta, y solo cuando le dijo, lo creyó. Ella se recargo en su regazo dejando que le acariciara el largo y sedoso cabello negro, pero las lágrimas no salieron, ninguna.

Kagome le conto todo y Sango se sorprendió al escuchar que Inuyasha estuvo evitándola e incluso esa discusión que habían tenido tan tonta, que no entendió porque él dio por finalizada una relación tan larga.

Por una parte, se sintió dolida, porque Kagome no le contó nada de eso en su momento, pero también logro darse cuenta de que ella le ocultaba algo más.

– Kagome, ¿no crees que ya no tenía ningún sentido que ustedes hayan tenido novios?

Se incorpora y la miro confundida. –¿Por qué dices eso?

Sango tomo su mano, lo que diria que no estaba segura de que tan bien lo recibiria. –Porque... es como si ambos hubieran deseado terminar con cualquier excusa, y tú, no te ves tan triste–. Los ojos azules bajaron al piso, confirmando su teoría. –¿Aun lo amas?

Kagome se quedó mirando a algún punto lejos porque ante esa pregunta quien se vino a colación en sus pensamientos fue Sesshomaru.

– Solo se me acabaron las lágrimas por él, Sango.

Pero eso no era, la conocía demasiado. –¿Estas enamorada de alguien más?

Kagome sintió todos sus músculos temblando por haber sido descubierto y se puso muy nerviosa.

Ella lo noto. –¿Quieres contarme quién es?

Kagome negó mientras reía. –¡Qué locura!, ¿Por qué dice eso?

– Porque te veo diferente; más contenta, más libre, más tú.

Rápido se puso de pie, dio la espalda a su amiga para que no viese la duda en su rostro. Se abrazo a si mismo intentando no manifestar lo que sintio.

– No entiendo porque no quieres decirme, pero creo que debo darle las gracias.

Ante esas palabras los ojos azules se posaron llenos de dudas sobre la castaña.

– Porque si te has enamorado de él, significa que hace mucho dejaste de amar a Inuyasha–. Sango camino hacia ella y el abrazo con cariño. –No te has dado cuenta, pero ya lo dejaste ir hace mucho, incluso desde antes de que yo volviera... ¿verdad?

Kagome negó, mintiendo, pero de nada servía, Sango la conocía. –Yo jamás podría enamorarme de alguien como él.

– ¿Y porque no?

– Porque nunca hemos tenido una relación–. Sintió que le dolían sus palabras, tanto que se le inflo el pecho porque se estaba sofocando.

Pestañeo varias veces intentando saber de quien hablaba. Soltó el abrazo y la miro fijamente.

¿Quién podría ser? Medito un momento tratando de recordar a alguien cercano a ella y nadie se le venia a la mente. La había visto platicando con algunos compañeros suyos y con el patán de Sesshomaru.

Entonces cara puso de espanto, tanto que casi grita de horror. –¿Es... Sesshomaru?

– ¡No claro que no! –. Kagome se cubrió el rostro por la vergüenza de haber sido descubierto.

La sorpresa impidió que respirara y solo tomo una bocanada de aire para seguir hablando. -¡Is true!

Rápido empezó a hacer ademanes para tranquilizar a su amiga. –¡Que dados! Por supuesto que no.

Sango tuvo que sentarse porque se desmayaría en cualquier momento. –No puedo creerlo, Kagome, ¡eres una demente! ¿Cómo se te ocurre? ¿Por eso actuaste tan raro con lo de Rin la otra noche? ¡Lo sabía! Soy una idiota. Por eso ese hijo de perra me amenazó.

– ¿Te amenazó?

– ¡Si! Me dijo que, si yo no te decía que había pasado entre Inuyasha y yo, él te lo diría.

Se tapo la boca por la fuerte sorpresa. –¿Hizo eso? –. Ella le había reclamado por su actitud indiferente, sobre no haberla ayudado con el tema de Inuyasha y Sango.

– Kagome... ¿Por qué él? –. Sango sintió que el mundo no estaba igual que hacía unos minutos antes. –Mira, seamos claras, y quiero que me digas la verdad... ¿Te está seduciendo?

Kagome negó.

– ¡Dijimos que la verdad!

- ¡I don't know! Me confunde sus actitudes. Unos días se porta de lo más comprensivo conmigo y otros se pone en modo tan sensual que solo quiero que me bese hasta que se canse de hacerlo.

Sango no podía creer lo que escuchaba. –¿Desde cuándo?

Kagome guarda silencio un momento. –Desde la muerte de mi padre, después nos alejamos.

– ¿Ustedes han...?

- ¡No!

Sango intento calmarse. –Lo siento, disculpa mi reacción, pero no logro comprender como alguien como él te puede gustar.

– Simplemente me siento bien cuando estoy con él.

Los ojos castaños la miraron con mucha lastima. –A él no le importa nadie. ¿Comprende? Solo te lastimara y te quitara lo que tanto tienes cuidado. Se aprovechará de ti solo porque sabe que eres virgen y lo hará con toda la intención de molestar a Inuyasha. No vallas a cometer un error, él no te merece.

Kagome sintió que de manera involuntaria comenzó a llorar.

– Vales mucho Kagome, no tienes la idea de la cantidad de hombres que estarían dispuestos a recibir un beso de tu parte. Creo que deberías darte la oportunidad de conocer a alguien que valga la pena.

Esa noche Kagome lloro, tanto y tan profusamente que todo su ser lo resintió.

Lo que decía Sango era cierto, ¿Por qué se engañaba? Para él las mujeres solo eran un juego, y ella no quería conformarse en ser eso.

S:S:S:S:S:

Sango y Rin se alistaban en la habitación de la mayor, era tarde y Miroku no tardaría en llegar, y aun faltaba que se vistieran y terminaran de maquillarse.

Escucharon todos y ambas miraron a la puerta, dónde se encontraba Inuyasha observándolas con una sonrisa.

- ¡Hola! ¿Qué haces aquí? –. Sango sonrió al verlo.

Antes de contestar se dirigió hacia Rin. –Nos podría dar un minuto.

– Sí, claro–. Salió dirigiéndole una sincera sonrisa.

Fue a la casa de Sango porque tenia ganas de hablar con alguien. Kikyo tuvo un atraso en su vuelo, y Kagome se negó a contestar sus llamadas. Se sintió muy mal con su novia por lo que había pasado, y quería un consejo que lo ayudara. Tenia miedo de perder a Kagome, tanto como la había perdido a ella.

Sango por su parte se coloco un antifaz. –¿Cómo me veo?

- Muy bonita-. Inuyasha soltó una carcajada al ver como el antifaz se le deslizo por la mejilla y fue a parar a uno de sus senos.

Ella lo quito enseguida y empezó a reírse de igual manera.

– ¿Enlistándote para la fiesta?–. Pregunto él, sentándose en su cama, sin su permiso.

Sango sonrió por milésima vez ese día. –Estoy tan contenta, Miroku nunca va a fiestas, y quise que fuéramos.

No pude evitar sentir celos, Miroku era su mejor amigo y odiaba sentirse así. Se paso una mano por su cabello platinado y lo despeino sin intención. –Sango, tú...

Ella se sentó a su lado. Con amabilidad tomo su mano, y lo miro a sus ojos. Aquellas hermosas orbes doradas reflejaban con calidez el alma de su ahora amigo.

– Te quiero y quiero que seas feliz. Sabes... Kagome esta triste por lo que paso entre ustedes, ¿quieres decirme la verdad?

Inuyasha mira al piso. –Me siento terrible por lo que le dije, ella no se merece nada de lo que he hecho.

– Dile la verdad, Inuyasha. Tuviste el valor de confesarle sobre lo que paso entre nosotros, deberás tenerlo para disculparte. Ella te quiere.

Aquello era una verdad a medias, Sango era consciente de eso, pero no dejaría que Sesshomaru se llevara todo de Kagome solo por diversión. Ella no dejaría que nadie la volviera a lastimar.

– Le rompí el corazón una vez, y siento que ella no me volverá a perdonar–. Dijo cubriéndose el rostro con ambas manos.

– Inuyasha, si luchas por ella, estoy seguro de que te perdonara.

Sango le dio un ligero abrazo y él se aferró a ella.

Cuando se separaron, él la beso muy suavemente, pero fue tan sincero que a Sango le supo a despedida.

Inuyasha estaba dando por finalizado lo que tanto tiempo se negó a ver qué era imposible entre ellos.

Sango sujeto de nuevo su mano, miro sus ojos dorados y lo que menos sintió fue algún tipo de pasión.

Él simplemente quería que se diera cuenta que quería estar con Kagome.

– Pelea por recuperarla, Inuyasha. No permitas que se valla de tu lado por una simple pelea.

Él asintió. Sin decir nada salió del cuarto sin darse cuenta de que Rin había visto todo.

S:S:S:S:S

Sesshomaru enseguida percibió la mirada de todas las puestas sobre él. Había escogido como un traje completamente negro, en su rostro llevaba un antifaz del mismo color y de manera sumamente intrépida se había colocado una corona sobre su cabellera suelta.

El gimnasio se vio bien, al parecer Kagome puso mucho esmero en que quedara increíble. Largas cortinas blancas y negras cubrían todo el lugar, y cayendo sobre ellas como cascadas las luces y telarañas que le daban un toque sensual al ambiente. El humo artificial que salía daba un toque tétrico que le gusto. La música sonaba mientras ya muchos de sus compañeros estaban bailando.

Con la mirada la busco, había intentado hablar con ella y parecía que cada vez que se la topaba, ella huía de su lado. Eso le estaba empezando a molestar, la última vez habían dado un paso enorme y ahora se volvía alejar. Se estaba desesperando de ese juego, pero no perdería, él nunca lo hacía.

Se abrió paso entre la multitud primero vio a sus "amigas", las cuatro chicas con vestidos de colores pasteles, al igual que sus pelucas y mascaras. Todas se veían igual de simples.

– Un rey para una reina–. Le dijo Sara acercándosele, quiso agarrarlo del brazo, pero la esquivo.

–Claro que no–. Siguió su camino.

Si las cuatro estaban vestidas así... ¿Kagome que hubiera elegido?

Y entonces la vio, bailando con alguien a quien no logró identificar.

Ella lucía un vestido negro que se amoldaba a su figura, con un exuberante escote y un antifaz con pedrería. Siempre la había visto bonita, pero se veía sumamente sensual. Estaba realmente sorprendida de lo bien que se vio.

¿Quién diablos era ese? ¿Por qué ella se veía tan feliz? Se suponía que se había peleado con su hermano, y ahora estaba de lo mas contenta en los brazos de otro. Se vistió así de ridículo solo para bailar con ella toda la noche, y si no fuera porque ella estuvo huyendo de el, la habría invitado.

¿Por qué se sintió tan celoso? Queria hablar con ella, deberia hacerlo.

Dispuesto a dejar claro que era suyo, se acercó con paso decidido a la pareja en el momento justo en que Kagome soltaba una risita mientras sujetaba el brazo de esa idiota que también le sonreía.

– ¿Me permites? –. La exigencia hizo presencia en su voz.

Kagome al verlo se quedó petrificada, intento por todos los medios no topárselo, pero ahí estaba, frente a ella. Se vio demasiado guapo con esa pretenciosa corona en su cabeza y con esa sonrisa seductora decorándole el rostro. Eso la hizo sonrojar enseguida.

El acompañante de Kagome le dio una sonrisa bastante mordaz. –Valla, pensé que no me toparía a ningún Taisho hoy.

Sesshomaru lo miro fijamente queriéndole partir la cara, hasta que distinguió ojos altaneros en tonalidad azul detrás del antifaz, se dio cuenta quien era ese sujeto. –Tanto tiempo, Koga.

Koga Takeshi había sido compañero de parrandas y fiestas, hasta que se graduó, ahora estaba en la universidad. Su relación de cordialidad se podría ir al carajo porque Sesshomaru no estaba dispuesto a que él bailara con Kagome.

– ¿Bailamos? –. Dijo tomando la mano de pelinegra. Alejándola ante la mirada molesta de Koga.

Kagome solo sintió cuando Sesshomaru la pesco de su mano y la jalo con mas fuerza de la necesaria. –¿Qué estás haciendo? –. Pregunto irritada dejándose guiar.

– Las apariencias pueden ser engañosas; pero contigo lo que veo es lo que hay–. Dijo en su oído mientras la sujetaba entre sus brazos con firmeza. –Te vez hermosa.– Recorriendo su fría mirada sobre ella.

– Tu también te vez bien, ¿pero no crees que la corona es demasiado? –. No era cierto, se veía terriblemente apuesto.

En respuesta él solo le sonrió, tomo sus delicadas manos y las coloco detrás de su cuello. Sus cuerpos se pegaron y ella pudo sentir lo firme que eran sus piernas cuando su vestido se enredo contra él.

– ¿Tú invitaste a Koga? –. Pregunto, sujetándola aún más para que no se fuese a ir.

Ella negó. –Era la cita de Ayame, pero se fue porque se enfermo del estomago.

Sesshomaru soltó una risa burlona. –Dudo que haya sido de forma natural. Ha estado loco por ti desde el siglo pasado, que te viera aquí sola con ese lindo escote, ya me imagino que tan rápido voló su imaginación para deshacerse de la pelirroja.

– Pues no creo que él sea capaz de eso.

– Míralo, se ve tan enojado.

Kagome le dedico un solo segundo un vistazo y se dio cuenta que era cierto.

Acercándose a su rostro, lo suficiente para que su boca se pegara en su mejilla y ella pudiese escuchar, le susurro. –Imagínate lo bien que pasarías toda la noche entre mis brazos.

Sintió como si el mundo se hubiera detenido, ese comentario con doble sentido hizo que sintiera una calidez en su estomago que se propago hasta su zona íntima, solo con esas simples palabras Sesshomaru la había hecho desearlo.

Tuvo miedo, porque recordó lo que Sango le dijo: –¿Por qué estás así últimamente? No me gustan esos comentarios.

Sesshomaru sonrió de forma soberbia ante aquella mirada inocente que ella le lanzó. Algo en él se había enfurecido tanto en verla bailando con el imbécil de Koga, que le dejaría muy claro a cualquiera que ella era suya.

–¿Estuviste escondiéndote de mi?

– No, claro que no.

– ¿Y porque me ha estado impidiendo?

Ella solo se levanta en los hombros. –¿Teníamos que hablar de algo?

–Inuyasha.

Kagome le dirigió una mirada cargada de molestia, pero en el fondo quería que él trajese a flote el tema. –Termino conmigo.

Sesshomaru se detuvo, al igual que la pieza. Pronto Koga se acercó a ellos.

– Kagome, vamos a seguir bailando–. Prácticamente tomo su mano sin que Sesshomaru hubiera quitado todavía la suya.

Ella le regalo una bella sonrisa. – Si, pero dame un minuto.

Koga se quedó embobado ante ese gesto divino en su rostro, así que solo obedeció y se alejó un poco de ellos.

Siguió sonriendo cuando miro a Sesshomaru. –No sé qué pretendes, pero si es solo jugar conmigo, mejor no lo hagas.

Él no dijo nada, porque dentro de su mente se liberó una enorme batalla intentando descifrar que es lo que quería obtener de todas sus acciones.

– ¿Qué esperas de mí? –. Kagome en verdad se sintió muy desconsolada en esos momentos, porque quería que él le confirmara que ella jamás seria su pasatiempo, pero ante su mutismo y su falta de expresión, simplemente se dio media vuelta y se encamino hacia Koga.

S:S:S:S:S:

El vestido rojo que ella deshizo de usar le dejó perfecto a su silueta delgada y alta, las zapatillas de tacón de aguja no eran impedimento para que Miroku la hiciera girar una y otra vez con el ritmo de la música. En esos momentos Sango reía sin importarle a quien empujaba, solo se enfocaba en ser ella misma en los brazos de ese hombre que la hacia tremenda e irrefutablemente feliz.

Miroku había gastado todos sus ahorros en alquilar el traje azul oscuro que llevaba, también rento un auto para poderla llevar al baile, y nada de ese gasto era suficiente para el costo de verla sonreírle de esa forma.

Ella se olvido de todos, solo se concentro en la música y en Miroku. No se fijo que Kagome bailaba con Sesshomaru y con Koga, tampoco se dio cuenta de que Rin estaba sentada cerca de las bebidas porque nadie la invitaba a bailar.

Dentro de la mente de Miroku, se sintió un poco inseguro. Cada día amaba más a Sango, pero desconfío terriblemente de las intenciones de Inuyasha al verlo salir de la casa de ella. Su amigo le hacia dudar de cuan real fueron las paces que entre los dos se habia formado.

Al escuchar la carcajada que salió de la boca de Sango, concluyó que tenía que ponerle fin a todos los pensamientos negativos que se generaban. Así de simple la beso.

Fue el beso más increíble para ambos. Era húmedo, cálido y lleno de ilusión. Una combinación mortal para alguien que no había dejado de amar a una chica como la que tenía en sus brazos.

– Eso fue...–. Intento decir cuándo sus neuronas volvieron a recobrar vida.

Sango sonrió, y le dio otro. –Esta noche, ha sido la más increíble que he tenido. Y te agradezco de corazón que estes conmigo–. Era real, ella estaba perdidamente loca por él; y solo se dedicó a estar a su lado olvidándose de todos las demás personas en el mundo.

Él la abrazo solo para volverla a besar.

S:S:S:S:S:

Kikyo Saito había conocido a Sesshomaru a la edad de siete años cuando ambos cursaban el mismo grado de estudios. Cuando murió su madre, la señora Irasue, ella se presentó al funeral. Fue la primera vez que sintió ganas de abrazarlo, pero ese sentimiento solo duro minutos, pues su mirada avellana se perdió en otros ojos dorados, los de Inuyasha.

Aquello fue amor a primera vista.

Ella pensó que sería la única vez que vería a Inuyasha, pues su hermano dejo la escuela durante ese ciclo, pero se equivocó. Las visitas a la mansión Taisho se volvieron frecuentes, Y pronto entablo una relación bastante cercana a los dos hermanos. Conforme pasaban los años, el amor de Kikyo solo aumento; ella no entendía porque si compartía más carácter con Sesshomaru no pudo enamorarse de él. Simplemente no pudo evitar amar el carácter infantil y despreocupado de Inuyasha.

En secreto lo llamaba: la pieza perfecta para mi felicidad. Su sueño se terminó cuando él llego de la mano con Kagome Higurashi.

Kikyo lloro durante días, no comió ni quiso asistir a clases porque no quería que su corazón le doliera tanto. El más puro amor se volvió frustración, y aquellos sentimientos profundos se volvieron caóticos al intentarlos esconder.

A la edad de quince años, desesperada intento seducirlo. Inuyasha la rechazó diciéndole una frase que odiaría para siempre: "Eres mi mejor amiga".

Aquello la devasto, se sintió tan mal que se acostó con el primero que se le atravesó solo por despecho. Ella ni siquiera sintió algo especial esa ocasión, solo quería demostrarle a Inuyasha que no era la mujer perfecta que el creía. Él se enteró de ese encuentro, no dijo nada y no hacía falta, su mirada estaba llena de decepción.

Así eran todas sus relaciones sentimentales y sexuales, jamás sentía nada con nadie.

"Ya estoy aquí."

El mensaje que le llego a su celular la saco de sus recuerdos. Se encontraba en el aeropuerto internacional, viajando desde Estados Unidos con la intensión de ver a su amado Inuyasha. Para ella ese último año lejos de él fue horrible, aunque hablaban todos los días, necesitaba de su presencia.

Entre la multitud visualizo a un hombre joven con su cabello platinado despeinado corriendo hacia ella. Kikyo solo atino a soltar todo lo que tenia en sus manos para recibir el poderoso abrazo.

Inuyasha la cargo, le dio una vuelta y cuando la bajo, acaricio su cabello y beso su frente.

Kikyo solo atino a seguirlo abrazando. Estaba perdidamente enamorada de él. –Te extrañe, Inuyasha–. Dijo cerrando sus ojos intentando retener en su memoria lo increíblemente bien que olía.

Él se rio. –Yo también. Vamos, ya es tarde y hay que ir a dejarte a tu casa.

Le ayudo con sus maletas, era muy caballeroso, era lo que más le gustaba. En lo que iban caminando ella solo podía ver qué se había puesto más guapo. Cuando se subieron al auto, Kikyo le contó solo a él la verdad. Su querido Inuyasha era el único que no la criticaba ni la juzgada.

Ella lo amo por eso.

Mientras se perdía en sus pensamientos, sintió como él la acercaba para abrazarla. – Inuyasha–. Susurro. Ella estaba hecha para esos brazos, ¿Por qué no se daba cuenta? ¿Era tan fea que ni siquiera podía gustarle un poco?

– Tranquila, Kikyo. Yo estoy aquí para apoyarte, ya no tienes que sentirte triste.

Ella levanto su rostro para inmortalizar el momento, y se dio cuenta que él le sonreía de forma sincera, era un rostro que le brindaba su entera... amistad.

Aquello la hizo tener ganas de morirse.

Kikyo era hija del famoso Akane Saito, un pintor muy reconocido. Ella lo amaba con todo su corazón... hasta que descubrió que era un desgraciado.

Por años él tuvo por lo menos seis hijos, todos durante lo que duro de casado con su madre.

Poco a poco Kikyo descubrió que tenía una hermana casi de su misma edad. Ella se negaba a verla como tal, porque esa chica ni siquiera era consciente de quien era su padre. Después se enteró de tres niños a los que su padre pagaba una generosa pensión, los tenía viviendo en el centro de la ciudad. También descubrió otro niño y una nueva mujer a la que su querido padre le había obsequiado una casa en la playa para formar otra familia. Todos los hijos con unos ojos azules tan característicos como los de su padre. Solo ella heredó los ojos avellana de su madre.

La experiencia fue como si tuviera una vida antes y otra después de la noticia.

Sin poderlo evitar se volvió una persona diferente, la calidez se escapó por sus poros siendo sustituida por puro dolor. Se volvió una perra y se arrepentía, porque el único que merecía sus constantes ataques era su padre.

Solo conservando su amor al único hombre que ella sabía que lo merecía... su querido Inuyasha.

Cuando ella se graduó de la escuela, su padre huyo del país porque era adicto a las apuestas, y al estar inmerso en cantidades enormes de deudas, se fue. Ella lo busco, solo para que le diera lo que le correspondía de su fideicomiso. Y lo encontró, pero tenía a otra mujer con un niño de seis años en Estados Unidos.

"Te gustan las mujeres con clase." Le dijo al ver a su nueva mujer.

A su padre le hizo firmarle los papeles de la liberación del dinero, y al recibirlo, lo repartió entre los cinco niños en un fondo de ahorros. Ella no quería ese dinero sucio. La otra chica tenia mucho dinero, no valía la pena darle un quinto si ella era feliz ignorando quien era su verdadero progenitor.

Decidido dejar a un lado a su padre y seguir su vida al lado de su madre. Podían vivir con el dinero de ella, y cuando se graduase de la carrera de medicina podrían volver a tener todo lo que perdieron.

Mientras trazaba su plan de vida, decidió seguir disfrutando de lo confortable que era sentirse abrazada por su Inuyasha.

S:S:S:S:S:

Kagome estaba escondida detrás de los cortinajes, justo donde daba la puerta de la salida de emergencia. Estaba ahí porque huía de Koga, quien no quería soltarla ni para ir al baño, así que le dijo que fuese a traerle unas bebidas y se escabullo entre sus compañeros. Él era guapo y audaz, pero no podía verlo con otros ojos, claro que le gustaba que la cortejara y que siempre le decía las cosas que sentía.

Solo si Sesshomaru fuera capaz de decirle lo que quería con ella, tal vez estuviese ya en sus brazos sin estarse escondiendo en ese lugar. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué le gustaba tanto?

Se asomo solo un momento y vio a Sesshomaru pasar por donde ella se encontraba, rápido cubrió su presencia, no quería hablar en ese momento con él.

Que tonta era.

En un rápido movimiento él se introdujo, al verla solo atino a quitarse el antifaz y le sonrió. Rápido también le quito a ella el suyo. Quería hablar con ella directamente sin ningún impedimento.

Kagome solo sintió cuando Sesshomaru la pesco de su brazo derecho y la jalo hasta obligarla a seguirlo por la salida de emergencia.

El pasillo estaba mal iluminado y solo. Con tremenda fiesta nadie se le ocurriría ir a ese lugar.

– ¿Qué haces? –. Pregunto Kagome soltándose de la opresión de su brazo.

Sesshomaru solo podía mirarla. Entonces hablo, y cuando lo hizo su voz sonó profunda, tanto como si estuviera reprimiéndose. –¿Por qué estas huyendo de mi?

Kagome rio nerviosamente. –Claro que no lo hago.

Se dio la vuelta para salir de ahí, se iría a su casa, dormiría y se olvidaría de todo lo que estaba pasando.

Pero él no la dejaría irse así de fácil. Quería explicaciones y las tendría. La hizo girar, y la sujeto por la cintura para que ella no pudiera irse.

Kagome sintió el agarre y quiso pegar un grito, porque él tenia todo su cuerpo pegado al suyo, la tenía prácticamente de puntillas casi cargándola con un solo brazo, haciendo que toda ella vibrara, y no sabia si era de miedo o excitación, lo que si sabia es que solo podía colocar ambas manos sobre su torso para impedir tanto acercamiento.

– No te iras si no me dices la verdad–. Susurro en su oído.

Ella sintió todos sus vellos erizarse. –¡Deja de hacer eso!.

Entonces, Sesshomaru con su mano derecha libre, fue delineando con un simple rose la forma femenina, empezando por la pierna, subiendo despacio por la amplia cadera y terminando sobre su hombro desnudo. Tomo con cuidado la barbilla y la hizo mirarlo, sin posibilidad de que pudiera despegar sus ojos azules.

Kagome sintió que se moría al sentir el rose sobre su cuerpo, sus parpados se cerraron al sentir los dedos sobre su piel, y cuando los largos dedos tomaron su rostro, por poco un largo suspiro la delata. Recuperándose abrió los ojos para verlo con irritación. –¿Por qué haces esto?, ¿Qué no te das cuenta que me molesta?

Apretó aún más el agarre para acercarla hasta casi pegar sus labios con los suyos, oliendo el licor que desprendía la boca de Kagome, era vodka. –Si te molestara, no dejarías que me acercara tanto.

– Maldito arrogante –. Dijo cambiando un golpe ligero en el pecho.

Sesshomaru sonrió. Los senos de Kagome captan inmediatamente su atención. –Me encanta tu escote.

Ante eso ella intentando zafarse, porque grabó las palabras de Sango. –¡Basta! –. Pidió con una voz llena de tristeza. –Te dije que no quería que jugaras conmigo. No lo hagas Sesshomaru, por favor.

No entendió porque los ojos azules se veían tan opacos, él no quería verla así.

– Ya suéltame–. Pidió sin ganas ya de pelear.

Ante la suplica, él se quería negar. –¿Eso quieres?

Ella asintió, pero sus dedos sujetaron su elegante chaleco negro. –Yo me niego a ser pura diversión para ti, y si no tienes nada que ofrecerme mejor ya déjame...

Ya no dijo nada porque los labios de Sesshomaru atraparon los suyos y, aprovechando que ella tenia la boca abierta, metió de lleno su lengua para degustarla.

Kagome se retorció para liberarse, pero no pudo, porque inconscientemente le estaba correspondiendo, porque él sabía terriblemente delicioso y su pecho se inflo cuando una de sus manos cobro vida y lo sujeto del cuello para que el profundizara ese pecaminoso beso.

Ambas lenguas pelearon dentro de sus bocas para no dejarse vencer. Cada rosa simbolizaba una corriente llena de felicidad que los invadió haciéndolos gemir de puro disfrute.

Sesshomaru la sujetaba con una mano en la cintura y otra enredándola entre su cuello, sincronizando lo salvaje que descubrió que era Kagome. Y ella estaba completamente perdida entre las sensaciones que le producía el mejor beso que en toda su vida le habían dado.

Los ojos cerrados de ambos evidenciaban el goce de tenerse el uno al otro.

Sesshomaru había esperado por tanto tiempo probarla que se descubrió a si mismo saboreando mientras en su cabeza todo se borraba. Ella era una delicia mucho mejor de lo que se había imaginado, mejor que cualquier adicción que pudiera tener. Su pecho vibro junto a su hombría por reclamarla como suya.

Poco a poco se separaron, la falta de aire se hizo presente. Ambos estaban agitados, sintiendo el calor del otro recorriendo sobre su piel.

Sesshomaru pego su frente a la suya. –No eres diversión–. Hablo, tan bajo que se confundió con un simple susurro. –Y no quiero compartirte.

Ella entendió lo difícil que fue hacer esa declaración, porque sus acciones valían más que las palabras. Sin que el pasado desastroso lleno de mujeres que tenía la detuviera, Kagome lo beso apasionada, loca y desenfrenadamente para nunca sacarlo de su alma.

El acuerdo entre ambos se haría después, en ese momento disfrutarían de lo que tanto tiempo estuvieron deseando uno del otro.

Sesshomaru la acaricio, la apretó y quiso enseñarle en ese momento todo lo que sintió cuando ella estaba en sus brazos. Queria romperla y solo tenerla para el. Así que profundizo más el beso haciéndole saber que solo a él besaría a partir de ese momento.

Kagome se dejo tocar, porque ella tampoco dejaba de hacerlo, estar con Sesshomaru era fantástico. Ella se olvido de Inuyasha, él no estaba ahí, y jamás estaba cuando lo necesitaba. Se centro en besar a quien habia estado siempre a su lado, en silencio, en las sombras.

Cuando Sesshomaru dejo de besarla, la abrazo, apoyando su cabeza en su hombro el cual beso tiernamente. Sus brazos rodearon el cuerpo femenino y pequeño y así se quedó un momento, solo un segundo lo mucho que ella significó.

Kagome sintió que su corazón quería saltar como loco queriendo escapar de su pecho. Lo abrazo correspondiendo la intensidad y despacio tomo su rostro para continuar besándolo, dejando claro que no lo dejarlo ir.

Si ella era traición a su hermano y simbolizaba algo tan malo... ¿Por qué tenerla se sintió tan maravilloso?

Continuara...