CAPÍTULO 6: DIECIOCHO VELAS
1RA PARTE. VIERNES.
(Advertencia: +18)
Autoras: Marzeline F. y Elizabeth S.
Sus lenguas se entrelazaban de forma indecente. Sus manos se perdían más allá de la ropa. Sus piernas resistirían mantenerla en pie, aunque estaban un poco de doblarse. Su cuerpo femenino se frotaba tan sensualmente contra él que no importaba nada más que sentir la sublime fricción de sus pezones cubiertos contra sus pectorales.
Aquel acto le provoco una excitación tan grande, que hundió todavía más su lengua en la pequeña boca de Sango que se abría húmeda para recibirlo. Miroku era quien manejaba la velocidad acelerada de ese momento retorcido.
Sango soltó un gemido al estar demasiado excitado, su intimidad desbordaba de fluidos; quería y necesitaba sentirlo dentro. Se separó despacio solo para sonreírle con satisfacción, mientras que con su pierna rozo el miembro duro debajo de la maldita tela de su pantalón escolar.
Los ojos azules se abrieron de sorpresa ante ese atrevimiento, una sonrisa bastante lujuriosa apareció en su rostro; no dejaría pasar eso. Decidió contraatacar poniendo sus manos sobre sus glúteos redondos, apretándolos. La falda de tablones era su única barrera para no sentir su suave piel.
Fue tan firme el agarre que Sango cerro los ojos al sentir que todo su cuerpo sufría un leve espasmo, advirtiéndole que pronto culminaría. Con desesperación tomo la mano masculina y la llevo debajo de su falda.
-Sango...
La voz de Miroku fue un susurro cuando ella lo encamino a su vagina. Sintió el roce de la ropa interior mojada contra su mano y le deslizó los dedos despacio de arriba hacia abajo sobre la tela de algodón. Movió la prenda para tocar su clítoris, y así, la mismísima gloria.
Lo besó percibiendo la exquisita sensación de un orgasmo que se avecinaba.
- ¿Por qué no van a un motel?
La voz femenina junto a un montón de risas obligó a Sango ya Miroku a separarse.
Quito su mano de donde la tenia y solo pudo abrazar a su novia por la cintura. Ambos estaban rojos, en cuanto levantaron la vista se toparon con las amigas de Kagome quienes se carcajeaban por lo que veían. Se encontraban escondidos aun al lado de las escaleras que daban a los laboratorios, pensando que ahí sería casi imposible ser descubierto.
- Métanse en sus asuntos-. Dijo molesta. Su cuerpo resintió la frustrante interrupción, tanto que hasta la voz le salió ronca.
Miroku pudo ver el descaro total con la que Sara le guiñaba un ojo, de manera insinuante. Desde donde se encontraron, justo al lado del barandal, era muy fácil para ella dejar que él viese su ropa interior.
Sango empujó a su novio, y lo movió de lugar, posicionándolo contra la pared, solo para besarlo y dejar en claro a quién le pertenecía. -Podríamos encontrar un lugar más privado-. Susurro en su oído, mientras que le mordía el lóbulo de la oreja. -Nuestros padres no siempre están en casa.
Él cerró los ojos al sentir la caricia. - ¿Por qué? Aquí es realmente cómodo-. Bromeó. -Tenemos acogedores ladrillos que nos soban la espalda y un montón de camarógrafos para cuando queramos lanzar un filme para adultos-. Refiriéndose a las tres chicas que les tomaban video.
- ¡Váyanse! -. Despidió Sango con un gesto de la mano. Ellas se alejaron riendo. -Podría ser en mi casa. Mi mamá nunca esta.
- ¿Y si nos escondemos en el cuarto de limpieza? De seguro ahí solo nos vería el conserje-. Volvió a bromear antes de inclinarse a besar de nuevo a Sango.
Dispuesta a seguir con aquello, quiso meter sus manos debajo de su suéter, él enseguida se apartó.
-Me tengo que ir, tengo clase-. Dijo cuando sonó la campana. Con un fugaz beso se despidió.
Sango suspiró cubriéndose el pecho con la bufanda, ya casi terminaba noviembre, el aire se sentía frío.
Demasiado tiempo sin tener sexo le provocaba hacer esas cosas. Sabía que la deseaba aún más de lo que ella a él, pero... ¿Por qué retrasar tanto el encuentro?
Miro su agenda en el celular, ese día tenía una hora libre, así que busco a su mejor amiga. La encontró en las bancas con un café en las manos mientras ella sonreía de algo que vio en el celular. Se veía tan bonita, con un sonrojo en las mejillas y sus ojos llenos de ilusión, que Sango conocía de sobra porque era eso.
- ¡Hola! ¿Qué estás viendo?
Kagome levanto su mirada azul del celular y bloqueo la pantalla. -Nada... solo, un mensaje que me mandaron.
Sabía que era lo que pasaba, quien le había mandado el mensaje y porque su amiga estaba tan feliz. -No tienes que esconderme lo de Sesshomaru, estoy aceptando que estes saliendo con él, así que deja de ocultarme cosas.
- No es eso.
Sango hizo un gesto lleno de molestia. -Esto entre ustedes es tan raro. En serio, Kagome, no sé por qué no te da miedo que te pegue el herpes cada que te besa.
La risa le salió de la boca tan esplendorosamente que sorprendió a la castaña, jamás en toda su larga amistad la escuchó así de feliz.
- ¿Almorzamos? Serán chocolates-. Dijo Kagome sacando de su bolso una caja de finos chocolates importados que llevaban un lazo color azul señalando que eran nuevos.
Sango se asombró, eran los que su amiga siempre le pedía a Inuyasha cada vez que él iba a Francia. -Kagome, no me digas que...
Ella asintió, abriéndolos. -Sí, me los regalo junto a una tarjeta-. Dijo simplemente restándole importancia al alzarse de hombros. -Decía solamente: Lo siento.
Sango observaba como ella poco a poco iba agarrando los que ya sabían que eran rellenos de cereza y los aventaba al bote de basura.
- Tantos años y no sabe que odio las cerezas, como si no me conociera-. Rápido se metió uno que era de sabor amargo y saboreo. -Desearía comer esto eternamente. Los amo.
- ¿Crees que Sesshomaru te conoce?
Kagome se mostró muy segura. -Pienso que falta mucho que debemos descubrir uno del otro. Algunas veces, me es difícil interpretar sus respuestas ambiguas, pero él hace su esfuerzo para decirme lo que quiere y hacer la comunicación más sencilla. Yo también me esfuerzo.
No podía creer lo que escuchaba. Su tierna amiga estaba perdidamente enamorada. Se veía radiante, como si su sola presencia bastara para iluminar toda una habitación oscura.
- ¿Y ya se aprovechó de ti?
Sus mejillas se enrojecieron de golpe. -No, Sango.
Era cierto, parecía que cada vez que se veían, Sesshomaru hacia lo posible para no pasarse de la raya. Algunas veces, Kagome quería que se atreviera a tocarla, ella recibiría cualquier caricia con gusto. Pronto cumpliría dieciocho años y era bastante aceptable que quisiera tener algún tipo de encuentro con él.
Para ese momento ya habían tenido algunas citas, y él prefería reservase delante de otros. No es que fueran novios precisamente, Kagome entendía que en medio se encontraba Inuyasha. Intuía que Sesshomaru buscaba como decirle a su hermano, y ella lo esperaría.
- ¿Rin ya lo sabe?
Kagome negó. -Ella está ilusionada, pronto lo superará.
- Te escuchaste como si estuvieras celosa.
Era cierto estaba celosa, aún no se le olvidaba lo que Rin le comento aquella noche en su casa.
- A él le gusta, por eso le pregunto su nombre-. Comentó como si hablara del clima.
Kagome levanto una ceja en señal de molestia y le lanzo su mirada más afilada. -Si le gustara, ¿Por qué está conmigo? Rin fácilmente lo recibiría sin protestar.
Sango frunció el ceño y formulo en sus labios un gesto de desagrado. -Deberías ser tú la que te negaras a estar con él. Sabes mejor que yo que Sesshomaru nunca se acuerda del nombre de sus conquistas; pregúntale si sabe el de ella. Estoy segura, te lo dirá.
- Se sabe el mío y es lo que me interesa-. Era cierto, a ella le gustaba como sonaba su nombre en sus labios, como si él tuviera placer al decírselo-. No pienso cometer los mismos errores. Si él decide hacer algo indebido, de ninguna manera lo voy a aceptar de regreso.
- Espero que te mantengas firme con todas las veces que eso ocurra-. Sango quería que ella se quitara la venda de los ojos.
De repente, la invadieron las náuseas por los chocolates, ya no quiso seguir comiendo. Pensar que él fuera a estar con otra mujer era tan doloroso que se le hacía insoportable.
- No te entiendo, Sango. Apoyas que regrese con Inuyasha, cuando él es quien realmente me ha herido-. Su voz se cortó, tuvo que dar un fuerte trago a su café para que el nudo se deshiciera. -Y no lo digo por la infidelidad, lo digo por su indiferencia y su indecisión.
Sango pudo apreciar el cambio de ánimo, dándose cuenta de que solo la lastimaba con sus comentarios. - Lo siento. ¡Soy una completa imbécil! Te juro que no lo hago con afán de hacerte sentir mal. Solo que me da miedo como valla acabar todo para ti.
Intento sonreír, pero el daño ya estaba hecho. -Es solo que siento que puedo confiar en lo que me dice. Lo que haya hecho en el pasado, ya quedo atrás.
Se impresionó por la forma tan madura con la que Kagome se tomaba las cosas, pero no dejaba de creer que era manipulación de parte de Sesshomaru. Lo conocía, era un tipo de cuidado. Ni siquiera ella siendo sexualmente activa se le ocurrió meterse en su camino. Todas las chicas que se dejaban seducir acababan con el corazón roto o su reputación en el suelo.
En verdad comprendía que su amiga quisiera estar con él, era algo natural, el hombre es guapísimo, pero no era buena persona y siempre movería los hilos a su favor.
- Te gusta mucho, ¿verdad?
El rostro de Kagome enseguida volvió a brillar.
Sango la consolaría con chocolates cuando Sesshomaru la defraudara. -Como te veo muy emocionada con él, haré una tregua secreta para ya no decirle cosas, ¿Está bien?
Kagome le sonrió con todo su esplendor por eso.
Ambas se agarraron de la mano.
De pronto, el ruido de su celular se escuchó, lo prendió y se dio cuenta de cinco mensajes de Sara, al abrirlos vio los videos de Sango y Miroku. La risa no se hizo esperar. -¡Pero si se están comiendo! ¿Te subió así la falda?
Sango abrió los ojos ante lo que vio, el color rojo inundo su cara y respiro profundamente para no avergonzarse. -Que perra tan maldita es Sara. ¡Odio a tu amiga!
Kagome no dejaba de reírse por el video y por las expresiones de la castaña. - ¿Es bueno besando? -. Pregunto en referencia a Miroku. -Me da la impresión de que sí.
La pregunta la hizo sonreír nerviosa. -Es bueno en todo lo que hacemos.
- ¿En todo? -. Una risa coqueta emergió.
- Siéntete libre de preguntar sobre mi intimidad-. Mencionó con sarcasmo. Luego se puso modo seria. -Si te soy sincera, es como si él quisiera llevar las cosas muy despacio.
Aquello la emociono. -Sango, todos sabemos que Miroku es un seductor muy lindo. Créeme, si yo no hubiese estado con Inuyasha, abría desfallecido en sus brazos por su peculiar forma de ser.
Sango sonrió. -Sí, es muy encantador.
- Es tu primer novio, relájate.
- Es que tenemos tanto tiempo sin acción, que estoy volviéndome loca-. Dijo tomándose la cara con pesar.
Kagome le acaricio el castaño cabello. -Si quieres hacer el amor, háblalo. La comunicación es muy importante.
Sango volvió a reírse. -Sí, mamá-. Al ver que Kagome no decía nada, también se puso seria. - ¿Y si no quiere hacerlo por otra razón?
- ¡Bromeas! Sango, te lo he dicho mil veces, él te ama. Y si quiere que vallan despacio es porque quiere hacer las cosas bien. No lo presiones-. Kagome no pudo evitar recordar las veces que intento hacer el amor con Inuyasha, y como es que siempre sucedía algo que lo impedía. Le dio un poco de tristeza pensar que, si eso hubiera pasado, tal vez estarían juntos todavía. Lo cual no era bueno, porque Sesshomaru le gustaba demasiado.
S:S:S:S:S:
Miroku, Sesshomaru e Inuyasha se encontraba fumando en las bancas en el instante que Kagome pasaba platicando con Ayame rumbo a su siguiente clase.
Ellas no los vieron, pero Inuyasha pudo percatarse que Sesshomaru las seguía con la mirada, seguramente viendo a la rara de Ayame.
Tenía que aceptarlo, el cuerpo de la pelirroja era aceptable, pero se vestía tan feo, que ni daban ganas de posar sus ojos sobre ella. Aparte era terriblemente insoportable, se creía tan lista que lo fastidiaba en clase levantando su mano ante todas las preguntas de sus profesores, y cuando eran niños, ella solía robarle los emparedados de crema de cacahuate que su mamá le hacía.
A la que si le gustaba mirar era a su... exnovia, y su hermoso cuerpo. - ¿Se han dado cuenta de lo bien que se ve Kagome?
Ante la pregunta, Sesshomaru sintió como sus labios temblaron de furia y el cigarrillo casi se cae. ¿Escuchó bien?
- La veo más alegre con más brillo-. Inuyasha inconscientemente sonreía, y enseguida dejo de hacerlo. - ¿Estará saliendo con alguien?
Miroku se alzó de hombros. -Sango me dijo que un tal Koga se veía bastante interesado.
Aquello sorprendió a Sesshomaru, tendría que preguntarle si aquella información era cierta. De ningún modo permitiría que ese malnacido se le acercara. A Koga se le daba muy bien eso de hacerse pasar por amigo leal de las mujeres, solo para luego aprovecharse de ellas. Aunque, en la fiesta de Halloween se veía bastante afectado cuando los vio bailando.
- ¡Ese maldito! -. Gruño Inuyasha apretando los puños, el cigarro se calló de su mano y ni se percató de eso. - ¡Juro que no dejaré que se le aproxime!
- Tranquilo, Inuyasha-. Dijo Miroku dándole una ligera palmada en el hombro. -Ella ahora es libre de estar con quien quiera.
Lo miró de forma fiera, a lo que Miroku solo sonrió nerviosamente. -Eso no me ayuda.
- No lo arruines-. La voz de Sesshomaru provoco que ambos lo miraron sorprendidos. -Está mejor sin ti-. Dijo apagando su cigarrillo en la superficie de la mesa, pero en verdad le paso por su mente hacerlo en la cara de su hermano.
Los ojos de Inuyasha se posaron un segundo en el piso. -La extraño.
Sesshomaru lo observo. Se veía desalineado, con la barba crecida y el cabello rebelde. Kagome hacia a Inuyasha un hombre, que ellos no estuvieran juntos lo hacía ver como un niño desesperado. Quiso decirle la verdad, decirle que ella ahora era suya. Lo tenía merecido, él la dejo ir y no se la devolvería.
¿Qué no se supone que Kikyo lo quería? ¿Por qué tardaba tanto en meterlo entre sus piernas? Tal vez con sexo abandonaría su estúpido encaprichamiento. Ella era bastante atractiva, mucho más que la zorra de Sango sería fácil para Inuyasha descubrir su obsesión hacia ella, porque todos se daban cuenta menos él.
Un dolor de cabeza se avecinaba, así que decidió mejor irse. Tenía planes para esa tarde con su Kagome, y no los arruinaría por culpa de ese imbécil.
Al ver como se alejaba, Miroku frunció el ceño. -Tu hermano tiene razón.
Inuyasha solo refunfuño. -No me fastidies, es solo que no quiero estar solo.
Los ojos azules rodaron con impaciencia. -Eres un completo tonto, Inuyasha.
Se quedaron en silencio. Miroku observó a su amigo y sus ojos dorados. Desde que lo conocía, Inuyasha era indeciso e impulsivo. Kagome lograba controlar esos arrebatos que le nacían y por eso ellos eran perfectos el uno para el otro. Sin embargo; desde que no estaban juntos, Kagome se veía mucho más feliz e Inuyasha no paraba de hablar de Kikyo, parecía como si rezara para que alguien la trajera al tema.
Así que le dio el gusto: -¿Tienes planes esta noche con Kikyo?
De siempre tener ojos rebeldes, Inuyasha pasó a tener ojos llenos de alegría. -Si, iremos a cenar.
Miroku capto eso. - ¿Y qué harán después?
- No lo sé, probablemente vallamos al cine-. Inuyasha arrugo las cejas y se cruzó de brazos. - ¿Por qué lo preguntas?
Miroku le sonrió cerrando los ojos por reflejo. -No crees ella y tú...
- ¡No, nunca! -. Un sonrojo subió desde su cuello hasta las mejillas. -Es mi mejor amiga.
- ¿De qué hablan? -. Pregunto Rin acercándose.
- Nada-. Se apresuraron a decir los dos.
Inuyasha saco su cajetilla de cigarros, la cual estaba toda arrugada por el mal trato que le daba guardarlo en sus pantalones, y les ofreció.
Miroku le arrebato a Rin el suyo antes de que lo pusiera en sus labios y se lo quedo.
- Sango me acaba de invitar a la fiesta de cumpleaños de Kagome-. Su emoción casi era palpable; poco a poco se volvía a integrar después de que Sara la dejó de fastidiar.
Los dos se rieron ante la alegría que mostrada la chica.
- Es sorpresa, su madre se la está organizando. Será el sábado y ese día mamá tiene una venta nocturna y quiere que vayamos... los dos. - Enfatizo dejándole muy claro que no iría a la fiesta.
Ella miró al piso, de forma triste.
S:S:S:S:S:
"Te veo en la salida en esta dirección".
Ese fue exactamente el mensaje que Sesshomaru le escribió en la mañana a Kagome justo cuando Sango se sentó a su lado.
Cuando termino su clase de Economía, miro como él le guiñaba un ojo de forma disimulada, gesto que la hizo sonrojar. Ambos se fueron por rutas separadas, y en menos de veinte minutos Kagome se encontraba cerca de los bares más lujosos de la ciudad.
A la luz del día, se veía como cualquier local, pero lo que realmente llamo su atención fue la cantidad de mujeres hermosas que entraban y salían del establecimiento. Por un minuto se quedó parada en la entrada, viendo a través de las amplias puertas de cristal.
Aspiro profundamente y entro.
- Kagome-. Escucho la voz fría y masculina de Sesshomaru que se acercaba a ella.
Ella lo miro con una ceja levantada y lo cuestiono sin decir nada. En la vida estuvo a un lugar así; se sentía incómoda de como las chicas vestían, en su mayoría llevaba solo alguna prenda que las cubría para no estar completamente desnudas.
- Ven conmigo-. Dijo tomándola de la mano. -Quise que fueras la primera en verlo.
En todo el camino, Sesshomaru no la soltó.
Por donde pasaban, las chicas lo miraban, dedicándole provocativas sonrisas. Ella no dijo nada, sabía de sobra lo guapo que era. Kagome tenía mucho miedo de que Sango tuviera razón, porque confió ciegamente antes y le pagaron mal. Lo observo, descubriendo que su vista estaba fija al lugar donde se dirigían, él no miraba a ninguna otra mujer.
Atravesando la recepción, se encontraba un lujoso bar lleno de diferentes tipos de bebidas y varias mesas en las que seguramente se llevarían juegos de apuestas. También otro salón lleno de mesas y sillones decorados con exquisito refinamiento, y al fondo un escenario, donde seguramente se daría el espectáculo.
- ¿Por qué me citaste aquí? -. Pregunto sin entender.
- Quiero que veas lo que será mi primera compra.
Kagome vio en los ojos dorados un brillo de emoción, y una diminuta sonrisa.
- Tengo planeado la remodelación de varias áreas, se podrán hacer todo tipo de espectáculos.
Kagome rara vez podía apreciar el entusiasmo en su voz. -¿Qué tipo de espectáculos?
- De todo. Será con pase vip, aquí tendrán la fantasía que podrán hacer lo que quieran-. Menciono acercándose, la tomo del mentón y le deposito un beso.
Ella disfrutó de ese gesto, porque era la primera vez delante de otras personas.
Sesshomaru se dio cuenta de cómo las mejillas femeninas se ruborizaban, le gustaba mucho verla así. - ¿Qué te parece? -. Pregunto notando que los ojos azules recorrían el lugar. -Quería saber tú opinión antes de mandarle la propuesta a mi padre.
La invito por infinidad de razones y excusas, pero la principal es que la quería hacer parte de su primer gran movimiento como futuro empresario.
Kagome le sonrió ampliamente. -Tiene potencial. Te sugiero que hagas todo un solo lugar, quites ese escenario y pongas algo más moderno; las mesas y sillones colocados alrededor, dejando libre el pasillo central por si quieren bailar-. Hizo una pausa mientras se mordía el labio de forma inconsciente. -Sesshomaru Taisho, estoy muy orgullosa de ti.
Él la tomo de la cintura rodeándola con ambos brazos y la besó. No le importo nadie más que ella y sus labios.
Al separarse, ella susurró: - Me encanta que seas tan arriesgado-. Dijo eso y volvió a unir sus bocas pasando sus manos hasta enredarlos en su cuello. Él subió sus manos por la delgada espalda para poder hacerlo más apasionado.
Sin soltarla, Sesshomaru le murmuro de forma seductora. -Si logro convencer a mi padre, celebraremos mañana en la noche. Reservaré la mejor mesa para los dos.
Ella asintió. Con suavidad paso su mano por su mejilla acariciándolo. -Estaré aquí para ti.
Eso lo volvía loco, la sujeto con firmeza mientras elevaba un poco del piso disfrutando de tenerla. Ella soltó una risita contra sus labios, y cuando la bajo, pudo apreciar ojos azules repletos de felicidad. -Ven, vamos a mi casa. Le presentaré el proyecto al viejo y quiero que estés conmigo.
Aprovechando le daría su regalo por adelantado, sabía que ella cumpliría años el domingo y quería vérselo puesto.
Ya tenía todos los planes listos, el sábado será la fiesta sorpresa que le hará Naomi en el hotel de su padre, por la noche celebrarán su inversión, y el domingo la llevará a desayunar a su restaurante favorito, así tendría la tarde para irse con la promiscua de Sango si ella así lo quería.
Al salir de ese lugar se separaron para caminar el auto que los esperaba. Él abrió la puerta para que ella subiera primero y dio indicaciones a su chofer. En el trayecto se tomaron de la mano, Kagome podía darse cuenta de que Sesshomaru estaba de muy buen humor, así que simplemente recargo su cabeza sobre su hombro y gozo de estar a su lado.
Le encantaba su actitud y su confianza en sí mismo, no le importaba si algo salía mal, Sesshomaru estaría bien con sus decisiones; por más audaces que fuesen. Kagome no pudo evitar compararlo con Inuyasha, él también le gustaban los riesgos, pero a veces las cosas se le salían de las manos.
- ¿Sucede algo?
Ella levantó los hombros mientras negaba. -Solo pienso que sería interesante verte no solo como empresario, sino como inversionista.
- Eso es lo que quiero.
- ¿Y la constructora? ¿Y los negocios de tú padre?
Sesshomaru la miraba fijamente. -Inuyasha podrá con ello. Quiero hacer dinero por mi cuenta. Solo ocupo el primer capital.
En la superficie él parecía un mezquino hombre con ningún interés. Frío sin sentimientos ni consideraciones hacia los demás, sobre todo ventajoso con las mujeres. Que poco sabía el mundo sobre él, y a Kagome le gustaba descifrar que existía en su corazón.
Ella sentía por él cosas que en cinco años no pudo por Inuyasha, los percibía tan diferentes que le era imposible comparar el sentimiento. Eso no era normal, por lo general creía que se debía tener un periodo para sanar las viejas heridas que deja una relación, pero al estar con Sesshomaru, era como si estás nunca hubieran existido.
S:S:S:S:S:
La música sonaba a todo volumen en sus oídos, mientras su pie se movía rítmicamente con cada cambio del compás. Inuyasha extrañamente se sentía relajado e incomprensiblemente dichoso.
Extrañaba mucho a Kagome, pero permitiría que ella se tomara su tiempo en regresar a él. Siempre lo hacía. Confiaba que ella jamás correspondería a Koga.
El domingo sería su cumpleaños e intuía que ella ya habría elegido meses antes alguna pieza de su joyería favorita para que él se la obsequiara. Esa era su costumbre, así que no tenía prisa. Mañana pasaría por a la joyería y por la tarde se la daría como obsequio en la fiesta.
Ella al verlo lo perdonaría, estaba más que seguro y tal vez podrían hacer el amor. Ya tenía reservada la mejor suite del hotel de su padre, a la media noche, después de que apagará las velas de su pastel, la llevaría para sorprenderla con la habitación llena de rosas rojas y una botella del mejor vino tinto.
Por lo pronto, esa noche cenaría con Kikyo, como solían hacer cada viernes; así que, mando un rápido mensaje de su celular. Cuando termino se dio cuenta de que su padre lo miraba enfadado desde la puerta del cuarto.
- ¿Qué pasa? -. Pregunto Inuyasha quitándose los auriculares.
- Acabo de hablar con Naomi Higurashi y me comentó algo curioso, me dijo que su hija ya no era tu novia-. Dijo acercándose. -Quiso cancelar la fiesta porque pensó que eso podría ser incómodo, pero le dije que era un malentendido.
- Es cierto-. Dijo incorporándose. -Termine con ella hace unas semanas.
Toga frunció el ceño. - ¿Debería preocuparme?
Inuyasha simplemente negó alzándose de brazos. -No, simplemente tuvimos una pelea.
Toga le extendió una mano e Inuyasha agarro lo que le estaba dando. Era una elegante cajita de terciopelo en color rojo. Lo abrió pensando que serían unos aretes, que equivocado estaba.
-Esto, es...
- Si, el anillo de tu madre-. Era una pieza exclusiva diseñada por Paloma Picasso a solicitud del padre de Irasue, quien al ver el anillo de compromiso que Toga le dio, pensó que era indigno de su princesa. -Se lo darás a Kagome.
Inuyasha quiso hablar, pero su propia voz murió durante un segundo. - ¡No le voy a proponer matrimonio! -. Grito con una combinación entre desesperación, miedo y enojo.
Tranquilo, Toga le sonrió. -Solo estamos asegurando un futuro, hijo.
- ¡No quiero casarme con ella! -. Inuyasha estaba terriblemente asustado. Tanto que estaba blanco de la impresión y dudaba si se desmayaría. -¡Soy muy joven para un compromiso así!
- ¡Las cosas no se harán como a ti te plazca! ¿has entendido? No volverás a recibir un centavo de mí hasta que busques como obtener tus propios medios de sustento-. Toga quiso golpearlo. -No me importa si te vas de rodillas hasta la fiesta. Le llevarás como obsequio el anillo y espero que ella acepte.
- ¿Es una amenaza?
- ¡Si! -. Y con eso salió de la recámara dando un portazo.
Todos los actos de Toga Taisho eran mero reflejo de su propio pasado. Desde niño tuvo que aprender a luchar por lo que quería. Cuando era joven, su padre lo encamino a una carrera política, como todos en la familia, pero en secreto creo la visión de abrir su negocio. Su padre no lo apoyó, negándole una herencia. Para lograr ser uno de los hombres más ricos del país, tuvo que elegir entre sus sueños y el amor de su vida. Así de simple se casó con Irasue, quien venía de una familia de sociedad y cuya muerte lo inundo en dinero, el cual logro invertir muy bien.
No era un mal persona, amo a su difunta esposa todo lo que un hombre puede amar a una mujer y su muerte lo dejo devastado. Pero ni su corazón ni su mente dejaron jamás de recordar a Izayoi.
Amaba a sus hijos e intentaba apoyarlos lo mejor que podía; sin embargo, temía por su hijo menor, quien parecía solo aspiraba a conformarse con lo que le daban.
Inuyasha al ver salir a su padre, apretó los puños. Necesitaba hablar con Kikyo y contárselo.
Amaba a Kagome, pero no quería casarse con ella. Quería tenerla, para que nadie más se atreviera a ponerle las manos encima, porque solo debía ser suya, de Inuyasha quien pensaba que era más correcto contarle a su mejor amiga todo, antes que a la persona involucrada.
Sin que su padre se diera cuenta, salió del penthouse y se dirigió al departamento de Kikyo.
- ¡Ya voy! -. Grito ella ante los golpes en su puerta. - ¿Qué diablos quieres? -. Sus ojos se abrieron sorprendidos al verlo. -Inuyasha...
Su cara afligida la asusto tanto que lo dejo pasar, aun y cuando se encontraba todavía en bata de baño por la reciente ducha que tomó.
Él la abrazo, con tanta efusividad que una de sus manos paro en su espalda y otra en su cintura, mostrándole con su lenguaje corporal la dualidad que en su mente existía cuando se trataba ella.
Inuyasha no quería aceptar lo mucho que amaba a Kikyo, por eso la abrazaba de forma tosca, porque la delicadeza solo existía en ella, haciendo de ellos la combinación perfecta. Al tocar su nariz con su blanca piel, percibió el característico olor de jazmín, y ante tan exquisito aroma que solo pudo esconder su rostro en su cuello, para poder aspirar todo de ella, porque en su inmadura mente, Kikyo jamás podrá ser suya por el miedo que le daba perderla.
Eso era exactamente por lo que dejar ir a Kagome no era opción, porque para Inuyasha, era mejor tratar de llenar el vacío que le produce no tener a su verdadero amor.
- Inuyasha, me iré a cambiar, se me está abriendo la bata de baño.
Abrió los ojos, los cuales tenía cerrados de forma inconsciente, y la soltó, viendo como ella le sonreía mientras se ajustaba la prenda.
S:S:S:S:S:
Rin realmente quería asistir a la fiesta de Kagome por muchas razones, pero la más especial es que estará allí Sesshomaru. Desde antes de Halloween que no tenían ningún tipo de contacto con él, eso la hacía sentir muy triste. Sabía de sobra su reputación, pero no le importaba, él era demasiado guapo y rico, y ella lo quería todo.
Después de que él preguntase su nombre, se lo topo varias veces por los pasillos, pero él parecía no darse cuenta de su presencia, hasta que empezó a usar labial en tonos rojos y su cabello negro amarrado en una coleta de lado.
Él le dedico una ligera sonrisa de aprobación, pero los ojos seductores no aparecieron.
Para Rin eso fue el motor necesario para hacer lo máximo posible por verse mejor, incluso le pidió a su mamá unas zapatillas para la escuela. Ahora con el frío, empezaría a usar medias blancas debajo de la falda sustituyendo sus calcetas, solo que aún no encontraba algunas que imitaran el tipo de tela que solía usar Kagome.
Por la tarde, al ver a su madre en la cocina preparando la cena, decidió tocar el tema.
- Mami, una de mis mejores amigas celebrará su cumpleaños en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, y me invitaron -. Rin extendió su sonrisa de oreja a oreja. -¿No es maravilloso?
Mientras revolvía la ensalada, le dedico una hermosa sonrisa. - ¡Es genial! -. Se alegraba por ella. Últimamente se veía muy triste, que se integrará a chicas de su edad era en verdad una buena noticia. -¿Cuándo es? ¿Será en la noche? ¿Irá Miroku?
Rin tenía ventaja ante todas las preguntas. -El sábado. A las ocho. No lo sé.
Izayoi dejo un momento todo lo que hacía para mirarla. -Ese día tenemos compromisos.
- Sé que es la venta, pero me gustaría ir-. La mirada de borrego a medio morir se adueñó de sus ojos. -Por favor, quisiera pasar un rato con mis amigas.
Su madre negó con la cabeza y frunció los labios. -Lo siento, Rin. Necesitaré de mucha ayuda ese día. Te prometo que la próxima, si te dejare.
Quiso llorar. Con frustración apretó las mangas de su suéter. Odiaba la estúpida venta, ser pobre y no tener la vida que quería. Sus pensamientos negativos la llevaron a meterse una de sus manos a su boca para morderse las falanges, un maldito hábito que tuvo de niña y que en algún momento de su vida le destrozó la piel sobre las coyunturas.
Izayoi no percibió eso. Camino hacia la sala y saco una caja de zapatos. -Mira lo que he encontrado en internet, justo las que me dijiste que querías-. Le mostro unas preciosas zapatillas negras con tacón alto. -Son de segunda, pero se ven muy nuevos.
Rin miro primero las zapatillas y, como en cámara lenta, a su madre. No supo por qué, pero algo dentro de ella explotó. Repudiando ser quien era y no tener absolutamente nada.
- No los quiero-. Sabía que después lloraría y se sentiría realmente mal por eso. -Mis compañeras compran en París, y yo... me tengo que conformar con lo que usó otra persona.
Se quedó impactada. No creía lo que su hija le decía. Le acaricio con suavidad el rostro. -Sé que es duro para ti. Pero no dejaré que creas que puedes tener una vida de lujos sin pagar las consecuencias. Nada es gratis, Rin. Siempre será duro y muy difícil; si no aprendes a dejar de pensar en que el dinero es todo, no lograras nada.
El llanto apareció enseguida. -Si tan solo... las cosas fueran diferentes-. Una tras otra lágrima fueron deslizándose por su rostro.
Decidió llorar sola en su habitación.
Izayoi no sabía ni que pensar. Rin era dulce, amable, tierna; y en serio la comprendía, ella también tuvo una adolescencia difícil al lado de sus ricos compañeros de escuela, al lado de Toga Taisho con sus millones y su horrible familia.
Rin entró al cuarto de Miroku hecha un mar de lágrimas, con todo el dramatismo que podía tener un adolescente, se aventó a su pecho para seguir llorando.
Miroku al verla el abrazo. Su primera reacción fue de miedo, por si alguien se hubiera esforzado más con ella; pero al escuchar la historia suspiro aliviado.
- Rin, me preocupa que en verdad tengas en un pedestal a todas esas chicas de la escuela. Ellas son unas malditas.
- Tú novia se junta con ellas.
- Pero ella es diferente. Me gustaría que no solo te fijaras en sus ropas o lo bien que lucen.
- Y... ¿Qué opinas de Sesshomaru?
Miroku la tomo por los hombros y la miro sorprendido. -¿Qué hay con él? ¿Se ha superado contigo? -. Conocía a Sesshomaru, lo vio en algunas fiestas y su comportamiento con las mujeres. Le agradaba por ser listo y directo, pero lo mataría si se metía con su hermana.
Ella negó. -Me gusta mucho.
- No, Rin. Eso nunca lo voy a consentir. No tienes idea de la persona que es, ni de lo que pasa con las mujeres que se enredan con él-. No permitiría que su hermana se enamorara de él. -Si es necesario, hablaré con Sesshomaru para saber si tiene intenciones contigo.
Aquello la puso tan molesta que se soltó del agarre que su hermano tenía sobre ella. -¡Tú nunca me entiendes! -. Salió corriendo de la habitación dando un portazo.
Derrotado, Miroku escucho como ella se metía a su cuarto y empezaba a mover cosas.
Rin solo buscaba la manera de sacar de su casa su máquina de coser y el vestido amarillo que Kagome le presto para poderlos vender; no era una ladrona, pero su amiga tenía un armario con vestidos nuevos, no lo echaría de menos. Con el dinero compraría un precioso vestido rosa dorado que vio en una tienda de segundo uso y el sábado se iría a la fiesta a la hora que su madre estuviera en la galería.
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- Kagome, que sorpresa-. Dijo Toga tomando su mano. -Inuyasha está en su habitación, dame un minuto para que le hable, ¿o prefieres subir?
Ella le sonrió, el señor Taisho le agradaba mucho, pero era extraño como le apretó uno de sus dedos justo antes de soltarla. -Siento no haber avisado, es que...
- No vino por Inuyasha-. Se apresuró a decir Sesshomaru. Kagome y Toga lo voltearon a ver, la primera sorprendida y el segundo con enfado. -Vino porque tengo una idea de inversión que me gustaría hablar contigo, y ella me ayudo a ver unas mejoras del lugar.
Toga chocó sus maduras pupilas con las frías de su hijo. -Claro, vamos a mi despacho-. Se dirigió a Kagome. -¿Nos disculpas unos minutos?
Ella asintió mientras le sonreía. Se sentó en la sala mientras veía como los dos Taisho se metían al recinto.
Enseguida llego un mensaje, era Sesshomaru: "Ve a mi cuarto." Y ella así lo hizo. Se encaminó apresurada para que nadie la viese y se metió, no quería ver a Inuyasha ni darle explicaciones.
Nunca había estado ahí. Era un lugar amplio con una gran vista que daba a la ciudad. Kagome se sentó en la cama mientras observaba el lugar privado de Sesshomaru. Todo perfectamente ordenado, como siempre se imaginó de él... un maniático del orden. Claro, tenía un minibar, no le sorprendió; una pantalla enorme, un sillón bastante cómodo, un escritorio con su laptop, en fin... Un vistazo a lo que era.
Se sentó en el sofá para esperarlo. La vista en verdad era increíble.
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Kikyo logro convencerlo de quedarse en su departamento para platicar, de nada servía salir a divertirse si la mente de Inuyasha estaba en otro lado.
- Pediré comida, ¿qué se te antoja? -. Le pregunto cuando salió de su habitación con unos cómodos jeans de mezclilla y una blusa roja de botones.
Inuyasha la miro, ella siempre se veía muy bonita a pesar de estar arreglada de forma tan sencilla. -Una hamburguesa con papas, ¿pedimos cervezas? -. Le sonrió.
Ella asintió. -Sabes que sí.
Al llegar la comida, se sentaron en la alfombra, y pusieron las cosas en la mesa de estar, sin querer sentarse en el sillón blanco para no mancharlo. Inuyasha rápidamente le quito a su hamburguesa la lechuga, la cebolla y el tomate, y se lo puso en el plato de ella. Así mismo, Kikyo le quito a su hamburguesa la carne y se la dio.
Siempre era así, se complementaban. Ambos se sonrieron, entusiasmados de pasar tiempo juntos.
- ¿Te dejarás la barba crecer? -. Preguntó intentando llegar al asunto que lo tenía así.
Inuyasha se acarició la mandíbula. -¿Crees que se me vea bien?
Kikyo vio los vellos platinados enmarcándole el rostro. -Tal vez en unos años te verás de lo más atractivo, ahorita es mejor que te afeites.
Así lo haría. Pronto comenzaron a rememorar todos los años de constantes fiestas, cenas y antros a los cuales solían escaparse cada fin de semana, riendo de lo mucho que disfrutaron antes de que ella se fuese a Estados Unidos.
- ¿Te acuerdas cuando fuimos a bailar a ese lugar cerca del centro?, donde tu bailaste con esa hermosa chica que no despegaba sus ojos de ti, y que yo baile con ese horrible chico que no paraba de mirarme los senos.
Inuyasha soltó casi el bocado de hamburguesa por la carcajada que dio. -¡Claro! De tan borracho que andaba tire a la chica de la silla cuando intentaba ayudarla a sentarse.
- Y yo terminé golpeando al idiota por querer agarrarme el trasero.
Las risas sonaron por todo del lugar haciendo eco ante tal escándalo, pero a ellos no les importaba.
- Fue tan incómodo, porque desde que nos levantamos a bailar, ya quería sobrepasarse-. Ella se reía, aunque en el momento no le dio nada de gracia.
Inuyasha capto la señal que sus papilas gustativas le enviaron a su cerebro advirtiéndole que su hamburguesa se volvió amarga, le restó importancia, y le tomo a su cerveza.
Kikyo dejo salir una sonrisa sin ánimo. -También, cuando fuimos a bailar con Sango y los vi besándose.
Sus palabras lo pusieron tenso. -Hice más que besarla cuando te fuiste-. Ya no hubo risas, solo miradas. Inuyasha sintiendo vergüenza por confesarle la verdad. -Lo siento.
Ella no quería ni necesitaba saber que habían hecho, y lo hizo notar al momento en que sus ojos se pusieron vidriosos.
- Fui una mierda de persona, y algunas veces desearía no haber cometido el error de acostarme con Sango, así no le habría mentido a Kagome.
Kikyo dejo de comer, porque ya su garganta no pudo pasar la comida, se cerró ante esa horrible información. Puso su hamburguesa en la mesa y se tomó más de la mitad de su cerveza para poder pasar el nudo que se atascó en su laringe impidiéndole que saliera el aire de sus pulmones.
- Tener sexo sin consecuencia alguna era algo que no estaba acostumbrado, que idiota soy. Descuide por completo a Kagome, la lastime y no contento le mentí, porque en cuanto Sango regreso... solo pude buscarla como loco.
Inuyasha parecía perdido mirando solamente al vacío que representaba la blanca pared frente a ellos.
- No es posible que estuvieras enamorado de Sango.
Inuyasha voltio a verla.
- Te conozco, ¿Te digo que vi en ese beso? Lujuria, fue lo único que existía entre ustedes. Te puedo asegurar que ella no tardo nada en olvidarte. Solíamos enamorar a los chicos; no es difícil pensar que quisiera domar al animal salvaje que eres.
El comentario le dio risa, y ella le dio un golpe juguetón en el brazo. Sonrió con melancolía. -Es cierto, ella ahora está feliz con su novio, y yo, estoy solo.
Kikyo sentía que su dolor era el suyo. -Creo que fuiste solo un reto intensificado por la emoción que Sango sintió ocultándole las cosas a Kagome.
Aquello le dolió, pero era verdad.
-Inuyasha, yo...- Hizo una pausa al sentir los ojos dorados fijamente sobre ella. -Tampoco he sido del todo sincera. He hecho cosas muy malas y no te las conté. ¿Quieres que lo haga?
- Si-. Sabiendo que le lastimaría escucharlo.
Ella tenía fama de perra; pero sentía que Inuyasha se cegaba a los chismes, por lo que en ese momento le confesó lo peor de sí misma: las aventuras con hombres inadecuados, la forma en que manipulaba a sus compañeras de escuela y la manera en que drogo a Sango.
Él solo escucho y espero a que terminara de contarle lo que pasó después de que las dejo esa noche. -¿Por qué hiciste eso?
- Me arrepiento. Porque esta es quien soy, no la mujer perfecta que crees. No soy una muñeca delicada-. Arrodillada se acercó a él, hasta quedar a solo unos centímetros de distancia, y le tomo la cara entre sus suaves manos. Le acaricio el rostro sin despegar ni un momento sus ojos de los dorados. -Soy como cualquier otra mujer, con deseos y sueños, y tengo mucho amor para darle al hombre que esté dispuesto a quererme tal y como soy.
Inuyasha se dejó acariciar sintiendo los delicados dedos pasar por su quijada, sus pómulos y masajearle suavemente su frente. Intento subir su mano para posarla sobre la cintura de Kikyo, pero titubeo.
Ella captó eso, así que tomo sus fuertes brazos y lo hizo rodearla. Su cuerpo estaba tan pegado al suyo, que su respiración la hacía moverse. -Estás tan lleno de miedos y desconfianza. Déjame ayudarte.
- Kikyo...-. Susurro cerrando sus ojos al sentir la exhalación caliente casi sobre sus labios.
- Te amo.
Inuyasha abrió los ojos asustados.
- Déjame quererte.
Él negó. -Lo siento, Kikyo. Yo no... no podría.
Ella le sonrió con toda su ternura. Lo sabía, él no podría verla jamás como una mujer. Se separó de él y le dio la espalda, quería reponerse del rechazo.
- Fui hecha para estar contigo, para escucharte, para aconsejarte y entenderte-. Era su confesión, por lo tanto, el momento más vulnerable de su vida entera. -Para mí, eres el hombre más perfecto que existe.
Inuyasha, le acaricio el cabello y la espalda.
- Kikyo... yo, contigo puedo ser quien soy, sin temor a que te lastime con mi forma de ser.
Ella sintió su corazón llenarse de ilusión, pero enseguida todo se arruinó.
- No soy el hombre que buscas, soy tu mejor amigo. Nos tendremos siempre y eso vale más que cualquier cosa.
Él prefería perderse mil veces a su mismo antes de perderla a ella, no dejaría que una relación se atravesará en su camino para después tener que terminar y mandar al carajo todo. Era mejor así.
Él pudo apreciar como Kikyo bajaba los hombros y la cabeza, estaba llorando en silencio. Quería confortarla, por eso acaricio los mechones de espesa melena negra tal cual la noche que fluye para perderse entre la eternidad que significaban sus dedos.
Sin que Kikyo se diera cuenta, Inuyasha se limpió una lágrima rebelde que escapo de uno de sus ojos. Porque él en verdad deseaba con todo su ser poder amarla tan libremente, pero simplemente no podía.
Se incorporó arrastrándose a gatas hasta quedar uno frente al otro. Tomo su mano derecha y la jalo hacia su cuerpo y la abrazo. -Siempre estaré aquí para ti, Kikyo.
Ella escondió su rostro, no quería mirarlo, pero Inuyasha la tomo del mentón y la beso. Sujeto el frágil cuerpo femenino entre sus brazos, porque no quería soltarla. Y al cortar el contacto de sus labios, permanecieron abrazados.
- Siempre juntos.
S:S:S:S:S:
El despacho de Toga imponía respeto, todo estaba cubierto en acabados de madera y roble, símbolo de firmeza ante cualquier posible competidor que quisiera intervenir en sus negocios.
Él se sentó en el lugar principal, y le hizo un gesto a su hijo ofreciéndole que se sentara frente a él; dispuesto a tratarlo como igual, se quitó la máscara de padre para dejarle ver el rostro de hombre de negocios.
Sesshomaru no se dejaba intimidar por nadie.
- ¿Desde cuándo eres tan cercano a la novia de Inuyasha?
- Exnovia-. Toga lo miro muy duramente. Él no tenía que explicar lo que significaba Kagome. -Dijiste que debía convivir más con ella. ¿Lo recuerdas?
Toga sonrió, pensó absurdamente mal de su hijo. Como se le ocurre creer que Sesshomaru se involucraría con ella. -Lo siento, malinterprete tus acciones.
Le importaba un carajo si su padre se negaba a su relación. Le costó mucho tiempo tenerla, no la dejaría. -Me acompaño a ver mi idea de inversión. Es bastante perfeccionista, si a ella le gusta, sé que a ti también.
La aprobación apareció en el brillo de sus ojos. -Estoy impresionado, creí que nada te importaba más que beber, fumar y las mujeres-. Toga se levantó y camino hacia él. -De pie.
Sesshomaru obedeció, y su padre le dio un abrazo. Solo fueron unos segundos, pero fue demasiado extraño. Él no pudo corresponsal. Su padre nunca lo había abrazado. jamas.
Cuando lo soltó, Toga sonreía muy contento. -Cuéntame, en que quieres invertir.
- Es un lugar peculiar. Necesitaría que fuéramos a verlo para que tomes una decisión.
Toga miró su reloj. -Tengo una reunión pendiente. Pero mañana a las nueve iremos, ¿Te parece? Así me preparas un informe detallado de lo que quieres hacer.
Sesshomaru asintió. Tenía todo listo.
- Llevaremos a Inuyasha, quiero que vea lo que podría lograr si se esmera.
- Sí, señor.
Al salir del despacho, Toga se sintió de lo más orgulloso de su primogénito, precisamente esas decisiones eran la que quería que Inuyasha tomara, ¿Por qué sus hijos tenían que ser tan diferentes en todo?
-Despídeme de Kagome-. Se encaminó, pero se giró para verlo. -Me alegra que puedas por fin tener una amiga.
- Yo igual-. Susurro de forma sínica.
Sesshomaru solo pudo observarlo mientras se alejaba por la puerta principal. Subió rápido las escaleras y sin pedir permiso se metió a la habitación de Inuyasha, no estaba. Se alegró, no quería que viese a Kagome.
Al entrar a su cuarto la encontró sentada en su sofá con un jugo en las manos.
- Tome uno, espero que no te importe-. Dijo con una amplia sonrisa.
Ante la puesta de sol, ella se vio preciosa mientras la luz proyectaba en su piel blanca. Camino hacia su buro y saco una bolsa de regalo para artículos de lujo en tonalidad negra con astas de listón del mismo color.
-Toma-. Le dijo sentándose a su lado chocando sus rodillas con las de ella.
Kagome dejo su bebida en la mesa de estar y tomo lo que le daba. -¿Por qué?
- Es tu regalo.
Ella sonrió. -No es hoy mi cumpleaños.
- Perder.
- No tenías que hacerlo. -Lo dijo, pero en el fondo vibraba de emoción.
Su enorme sonrisa y su sonrojo le causaron gracia. -Si no quieres...-. Hizo un ademán de quitárselo, a lo que ella rápido lo sujeto contra su pecho.
-Ya es mío-. Dijo sacándole la lengua. Abrió la bolsa y saco una caja de terciopelo también en tonalidad oscura, notando las letras Erikson Beamon grabadas. La sonrisa se borro. -¡No es cierto! -. Exclamo sin poder creer lo que veía. Se tomo el pecho y se cubrió la boca con una mano para evitar soltar un grito de euforia.
- Ábrela.
Kagome lo miro con toda la ilusión reflejada en sus pupilas y lo hizo, la abrió, y su rostro se volvió un poema. -Sesshomaru, es...
El collar que ella escogió dos meses atrás, una fina pieza con pequeños diamantes incrustados en un pequeño corazón, decorando por pequeñas flores y pétalos que armonizaban perfecto su entorno.
Empezó a tiritar de la emoción contenida. -La escogí como broma-. Era cierto, fue a la joyería separando todo lo que le gustaba. Le iba a dar a elegir a Inuyasha, en su cumpleaños pasado fue un reloj, y creyó que este serían unos aretes o algo simple. -Yo, no puedo aceptarlo, es demasiado.
Al ver que ella no salía del shock, Sesshomaru le susurro: -Si puedes-. Saco la pieza, paso su brazo sobre el hombro de Kagome, y la coloco en su cuello, abrochándoselo.
Le acomodo los adornos sin tocar su piel; lo hacía de manera tan lenta que se regocijaba con una ligera sonrisa.
- Alguien tan hermosa debe ser visto con algo digno de su belleza.
Sus ojos se perdieron en algún punto, y solo se dio cuenta que no era en un sueño cuando toco el corazón con sumo cuidado. Pudo regresar a la realidad cuando los dedos de Sesshomaru tocaron los suyos.
Él se inclinó, puso su boca en su hombro, y le dio un pequeño beso.
Kagome lo miro al sentir el rose sobre su blusa. Las doradas orbes posaban fijas sobre ella.
Si las dudas sobre él existieron en la mañana, para ese punto de la tarde, casi siendo la puesta de sol, desaparecieron de su cabeza. La inseguridad se borró por completo porque con cada acción de su parte le demostraba que ella en verdad le interesaba.
Ya no tenía miedo, porque se sentía total, completa e irreversiblemente enamorada de él. Desde mucho antes de eso, pero era tan estúpida por cegarse y negarse tanto tiempo la oportunidad de estar a su lado.
Su respiración se hizo tan profunda que todo su pecho se movió con cada inhalación y exhalación.
- ¿Kagome? -. Pregunto al verla totalmente seria.
Sin siquiera pensarlo se abalanzo hacia él besándolo como nunca lo había hecho.
Sesshomaru por su parte, no se esperaba esa reacción tan efusiva, solo podía seguir los carnosos labios porque era experto, pero ella lo devoraba con entusiasmo.
Se inclinó sobre él, subiendo sus rodillas al sillón para tener como punto de apoyo la superficie y no se detuvo hasta que la cabeza de Sesshomaru quedo recargada por completo en el respaldo del sillón. Sus manos estaban tan vivas que lo sujetaron del rostro para que él no se atreviese por nada del mundo a despegar sus labios de los suyos, y con la pasión del momento enredo sus dedos en su cabello platinado sintiendo la sedosidad escurriéndole por las falanges.
Sin ninguna vergüenza se posesionó sobre su regazo, poniendo cada pierna de un lado, su falta escolar se abrió para darle oportunidad de sentarse sobre él, percibiendo el roce de la tela de su pantalón entre sus pliegues femeninos. Esa fricción la hizo abrir los ojos y romper la unión de sus lenguas, provocando que un pequeño hilo de saliva se deslizó hasta el mentón.
Sesshomaru lo lamió mientras la sujetaba de la cintura con ambos brazos, para que ella no se quitara de esa posición, en verdad le gustaba sentirla así, salvaje y ardiente. Los ojos azules lo miraban de forma entrecerrarla y supo leerlos: Deseo. Durante el tiempo que llevaban juntos, intento no pasar del límite usado todas sus fuerzas para no tocar más allá de lo permitido, pero ya no pudo. Su buen juicio se perdió al escuchar la respiración acelerada de Kagome.
Estiro su cuello para apresar de nuevo sus labios que se encontraban a unos cuantos centímetros, pero ella se hizo para atrás sonriéndole. Era la sonrisa más incitante que vio en toda su vida, los ojos azules inocentes se transformaron en cuencas de océano profundo.
Él sonrió con lascivia mostrando sus dientes. Eso la hizo temblar. Quiso de nuevo besarla, pero ella volvió a retirarse solo sacando su lengua para tocar con la punta los labios contrarios de modo sensual.
Elevo el brazo izquierdo para sujetar la melena negra que caía sobre su espalda, con algo de fuerza lo jalo hacia atrás, por inercia ella levantó la barbilla, dejando en descubierto su cuello, el cual beso.
Kagome se moría entre sus brazos, y cuando él le paso la lengua hasta su oreja, soltó un gemido.
Eso lo puso a mil, su sangre hervía por el apetito sexual que ella le generaba. Soltó su cabello y la tomo de la cintura de nuevo, pero con las manos, solo para sujetarla ante la suave mordida que le dio sobre la ropa en uno de sus senos.
- Sessho... maru.
Su nombre en su boca.
- Tendré que morderte si te niegas a besarme.
Kagome no había escuchado su voz así de intimidante e intensa. Fueron tantas cosas que le trasmitió con esas palabras, que logro percibir como le cosquilleaban las piernas. Era eso o el pene de Sesshomaru que le latía bajo la ropa.
Le abrió los botones de la blusa blanca, y en respuesta, ella se la quito; dejándole ver su encantadora ropa interior de encaje en color blanco. Bajo despacio los tirantes, para poder besar sus hombros desnudos. Mientras más piel recorría, más se excitaba. Su pantalón le calaba demasiado, quería penetrarla, pero debía esperar. Sus manos se posaron en la espalda de Kagome, para poder desabrochar el brasier, dejando libre sus senos.
Apenada quiso cubrirse, a lo que Sesshomaru se lo impidió sujetándola de las manos para que no fuese a interrumpirlo.
- Eres perfecta-. Le susurró mirándola a los ojos antes de abrir la boca y meterse uno de los pezones. Los probó, degustó, succionó y mordió, primero uno y enseguida el otro, deleitándose como Kagome gemía solo para él.
Decidió soltarla y enseguida ella enredó otra vez sus dedos en su cabello, solo para incitarlo a que continuara.
Con la punta de su lengua se dedicó a estimular su pezón derecho. Con desenfreno coloco sus manos sobre sus glúteos cubiertos por la estorbosa falda escolar. Así que las metió bajo la tela dándose cuenta de algo bastante peculiar. Necesitaba verlo, pero el pezón aún lo tenía en su boca, así que con delicadeza lo mordió antes de soltarlo. Miro hacia sus piernas, levantando la falda.
- ¿Liguero? -. Susurro al ver que sus medias blancas iban sujetadas a uno del mismo color.
Agitada, respondió. -Siempre lo uso con medios.
-Me sorprendes-. Dijo subiendo por completo la falda antes de dejarla arremangada sobre su cintura. -Te ves muy sexy.
Procedió con ambas manos a tomarla del trasero, en el acto empujándola más hacia su cuerpo. Sonrió al escuchar el quejido, pero lo volvió a hacer, apretándolos de manera fuerte, porque ella ya era suya. No habría vuelta atrás. Hizo lo mismo varias veces frotando descaradamente las piernas femeninas contra su miembro que latía desesperado.
Aguantaría solo para verla derritiéndose ante sus atenciones. Despacio metió la mano entre sus glúteos, sintiendo la tanga que cubría su intimidad.
-Esto me estorba-. Dijo haciendo tres intentos de estirar la prenda hasta romperla.
Lo hizo tan fuerte, que Kagome escucho romperse las fibras sobre su piel. -Espera...
La ignoro. Con su mano izquierda retiro la prenda sin necesidad de quitar el liguero, no pienso verla sin el puesto, y con la derecha le toco la cavidad anal. Pego un respingo, haciéndola pegar sus senos a su rostro. Al sentirlo, pesco uno para succionarlo, pero luego tocar hasta sentir los pliegues vaginales y la humedad que le resbalaban por los dedos.
- ¿Quieres que me detenga? -. Le pregunto haciendo vibrar el pezón. No se detendría jamás. Y se lo sobresale lamiéndola con total descaro desde sus pechos hasta su cuello. El collar no lo quitaría.
Kagome lo miro, él perdió la frialdad de sus ojos, ahora eran dorados como el sol, que quemaba todo.
Le estimulaba los labios vaginales con tres de sus dedos, que deslizaban de forma circular y de arriba hacia abajo. Ella empezó a gemir porque se sintió exquisitamente delicioso. Pegó su rostro al suyo y cerró los ojos para complacerse de como la tocaba.
Entonces, él se detuvo.
Confundida levanto su rostro para darse cuenta de la sonrisa perversa decorando sus labios; era sensual, bestial. El sujeto de nuevo por la cintura para poderla levantar al mismo tiempo que se ponía en pie, solo para poderle quitar la falda y verla con las medias blancas, el liguero y el collar como únicas prendas.
Kagome pretendió besarlo, para poder dar un respiro de todo lo que pasaba, pero Sesshomaru no dio tregua, la hizo dar media vuelta, para comenzar a besar su espalda. Degustó las pecas que tanto le gustaron, las mordió y probó toda la exquisitez de su piel.
Puso su barbilla sobre su hombro derecho, pegando su rostro justo al lado de su oreja. -Tienes el trasero mas hermoso que he visto-. Y se lo apretó con bastante rudeza.
Kagome no se enfadó, al contrario, se excita con sus palabras.
Con sus dedos siguió estimulando los pezones y contra el pliegue de sus glúteos rosaba su miembro que todavía no era liberado del pantalón. Los gemidos de Kagome eran cada vez más profundos, nerviosos y vibrantes, pero eso no se comparaba con lo que le haría sentir.
Le sujeto su mano y la alzó hasta su roja boca. -Chupa tus dedos.
Ella obedeció.
Ya lubricados, hizo que bajara hasta su intimidad. Él no tocó, pero hizo que ella se tocó.
- Mastúrbate para mí.
- No quiero.
- ¿Por qué?
-Porque no sé cómo-. Esa era la respuesta. Inuyasha era quien la estimulaba, quien la complacía. Ella creía que no tenía necesidad de tocarse si alguien más lo hacía. Ella logró también hacer que él se corriera, pero pensó que eso solo debería hacerse entre parejas.
- Te enseñaré.
Tomo los dedos femeninos y la hizo hacerlo, se los movió de forma tan precisa que Kagome se moría de placer. Eróticos ruidos sacaron a salir de su boca y la sensación se volvió mucho más placentera cuando con su mano libre él le froto el pezón izquierdo, le mordía la espalda, ya la vez la rozaba con su pene los glúteos.
- Gime más fuerte.
Le ordeno, pero ella apretó los labios en señal de plena desobediencia. Él quería escucharla gritar de placer y eso era lo que tenía. La llevo hasta su cama, donde se sentó en la orilla, dejándole a Kagome un espacio entre sus piernas. La sentó, cambió la espalda, con una mano le abrió las piernas y con la otra volvió a sujetar la femenina para que ella continuara.
Ella recargó su cabeza en su hombro y cerró los ojos.
- Mírame, Kagome.
Y ella lo hizo, giro su rostro hasta encontrar los dorados y depredadores ojos. Sus parpados querían cerrarse ante el orgasmo que se avecinaba, pero hizo el esfuerzo. Entonces llegó, una oleada de placer que la recorrió desde los pies hasta la cabeza, haciéndola temblar de puro éxtasis embriagador. Sesshomaru el beso sintiendo aun los gemidos en su boca.
Cuando los espasmos terminaron, él no soltó su mano, la levanto para que ambos pudieran ver todos los fluidos que por ella escurrían.
- Abre tu boca.
El erotismo la obligo a hacerlo, y él le metió los dedos. Sus negras pestañas cubrían sus cerrados ojos al momento de saborearse a sí mismo, y él la envidio, porque quería probarla. Así que la jalo hasta acostarla por completo en la cama, se levantó colocando sus rodillas sobre el colchón y se quitó la camisa.
Kagome quedo embobada viendo su torso marcado, sus pectorales definidos y sus oblicuos torneados; no existía ningún velo sobre su amplio pecho, y ella tocó, porque era más que hermoso. Su piel era nívea y perfecta. Todo sus rasgos, lo hacían ver como un ser portador de luz que la corrompía y llevando al infierno.
Se desabrochó el pantalón y se lo quito, arrojando todas las prendas al piso, quedo solo en bóxer, pero bien podría estar desnudo porque su miembro amenazó con salir sin siquiera tener la necesidad de hacer a un lado la tela.
Con nervios se cubrió el rostro, le daba pena ver cómo era; lo sabía, era algo muy ridículo a esas alturas sentir algún tipo de vergüenza.
- No te cubras, mírame-. Fue un susurro gutural cargado de lujuria.
Al hacerlo, él, ya se encontraba desnudo, con su gran pene y de rodillas ante ella en la cama. Un gran sonrojo se apoderó de su cara, y la temperatura le quemo la piel. Era cierto lo que decían siempre de Sesshomaru. Era exquisitamente perfecto.
Kagome se incorporó, quedó de rodillas frente a él y busco con desesperación sus labios. Mientras se besaban lo abrazo de forma anhelante, mientras sentía sus manos acariciando su espalda y su falo en su abdomen.
Sesshomaru bajo sus manos hasta sus glúteos y los masajeo desenfrenadamente, al mismo tiempo que mordía el cuello.
Ella se aferró a sus brazos musculosos, acariciando toda la piel que podía tocar, incluso enterrando sus uñas en su espalda. Aprovecho que él besaba su hombro, para deslizar su lengua en un pezón masculino justo cuando su mano rozaba levemente su pene.
- ¿Qué haces? -. Le pregunto. Porque nadie se atrevió a hacerle algo así.
Los ojos azules se volvieron traviesos y una sonrisa apareció en el rostro de Kagome cuando lo volvió a hacer.
- ¿No te gusta? -. Pregunto de forma tierra. Al no escuchar respuesta, se metió los dedos a la boca y con la humedad, empezó a masturbarlo.
-Eres una atrevida-. Dijo con la poca capacidad de hablar al sentir las manos delicadas subiendo y bajando por su verga.
- Acuéstate-. Pidió.
Y él obedeció, porque ya también era suyo.
Kagome se posicionó entre sus fuertes piernas, y con su lengua empezó a estimular el glande. Despacio, percibiendo el liquido preseminal en su boca. Su sabor era delirantemente delicioso. Mejor que cualquier otra cosa que en su vida probó. Incluso mejor que sus chocolates favoritos.
Sesshomaru se perdió entre las sensaciones que le provocó la lengua que se movía de forma circular, así como la mano que subía y bajaba deslizándose por el largo de su miembro, y por un instante, se impresionó de un gemido que amenazó con salir de su garganta cuando los labios rojos se abren para meterlo a su boca.
No cabía definitivamente, era demasiado grande, ni siquiera podía con la mitad, pero con la práctica sabía que podía; todavía tienen mucho tiempo para conocerse. Mientras, se dedicó a seguir complaciéndolo al mismo tiempo que con su mano le agarraba los testículos. Su excitación era también la propia.
Un gruñido fue lo que expreso, cuando eyaculo en su boca. Ella lo recibió y lo trago sin problema. Al recuperarse, la jalo hacia él para besarla.
La respiración de ambos se hizo pesada, los dos tuvieron un orgasmo bastante satisfactorio, y aun así querían continuar. Embriagados por el olor, la pasión y el calor de sus cuerpos.
Ella se encontró sobre él, siendo acariciada mientras sus bocas no se separaban. No quería detenerse, el mejor cuerpo que había visto en su vida lo tenía en sus brazos, y no la dejaría irse sin que fueran completamente suyos.
Kagome le sujeto el mentón, y comenzó a esparcir tiernos besos por su cuello, recorriendo con su lengua desde la manzana de adán hasta la bien marcada clavícula, se colocó sobre él en cuatro y pego sus senos en su pecho, rosando piel con piel de forma estimulante. Soltó un tenue gemido al sentir sus pelos, aguantarse al momento de besar sus labios.
En un rápido movimiento, rodó sobre ella y la puso debajo de él. Empezó a recorrer con su lengua su cuerpo, hasta llegar a su vientre; con sus piernas abrió las femeninas, y continúo lamiendo por su monte de venus hasta llegar a su zona íntima.
- Sesshomaru, tú...
Pero él ya sabía, ella estaba completamente cerrada. No necesita ningún tipo de explicación de lo que ella pudo hacer antes de ese instante. Si ella sabía comérselo cómo lo hizo, dio gracias a Inuyasha de ser un completo estúpido y no retener una lengua y boca como la de Kagome.
Sin que la dejara terminar de hablar empezó a estimular el clítoris con su lengua. Su botón se inflamaba y sus fluidos le escurrían sin parar... eran exquisitos.
Kagome gimió, y quiso gritar cuando la metió dentro. No pudo protestar porque el placer la mataba.
Sesshomaru no se detuvo, con sus largos dedos la estimulo mientras seguía con su labor de probarla. Su verga despertó de nuevo, aún más dura que antes. Ella no se iría esa noche porque la haría suya una y otra vez. Para eso debió desflorarla y el primer paso fue con la lengua, continuaría con sus dedos. Metió uno, lo hizo despacio, tan lento que sintió que se correría solo sentirla tan apretada.
Kagome tuvo incomodidad, pero estaba tan lubricada que no tuvo mucho dolor. Él metió por completo su dedo, y ella empezó a gemir más alto porque era una emoción extraña que la invadía.
Durante unos minutos quiso que ella se acostumbrara, se incorporó hasta besarle la boca y complacerla, con toda intensión a metro empezó a masajear otro y con su pulgar su clítoris.
La espalda de Kagome se arqueó de forma maravillosa, inconscientemente recibiendo todo lo que fuera a meterse a su interior.
-Te deseo, Kagome-. Le susurro contra sus labios al ver que ella no podia tener los ojos abiertos. -Déjame entrar a ti, quiero que seas toda mía.
Y fue un sí, lo supo al ver sus ojos azules.
Saco su mano, mientras chupaba los jugos que escurrían, y con sus rodillas le abrió aún más las piernas. Sus rostros se juntaron uno frente al otro, cuando empezó a pasar su miembro entre el clítoris y los labios vaginales.
Kagome enloquecería ante como la provocaba, sintió que sus fluidos bañaban todos sus muslos internos. Ella lo deseaba tanto que le permitiría todo con tal de estar disfrutando siempre de él.
Se posiciono despacio en su entrada, nunca estuvo con una virgen, pero sabia que le doleria a ella. Tomo sus delicadas manos y las paso detras de su cuello, para que tuviera donde agarrarse. La besó, con una dulzura que ella jamás creyó de él, lo abrazó justo cuando empezó la intromisión.
Kagome cerró los ojos pues sus pupilas se desenfocaron por la presión y el dolor. Dio un grito ahogado cuando Sesshomaru siguió avanzando más dentro de su ser.
- Ya no... Ya no quiero-. Dijo mirándolo con súplica. Su voz se quebró y las lágrimas obtuvieron un brotar. Sus manos temblaban intentando soportar la pérdida de su virginidad.
Con su mano, le limpio las lágrimas. -Relájate... será despacio, lo promete-. Sesshomaru sintió que se hundía de manera espectacular, era tan apretada, que cuando logro introducirse, gimió sin intención.
Duro quieto unos instantes, antes del primer embiste.
Kagome quiso besarlo, jalarlo, arañarlo, todo con tal de que se distrajese de su labor, pero él no la dejaría ir nunca, porque ella era perfecta en todos los sentidos, que no encontraría a otra igual.
- Estás muy estrecha, Kagome. Te ciñes tanto... que me succionas-. Y la besó con furor, los gritos y gemidos llegaron a ahogarse su boca cuando poco a poco él empezó a avanzar más hacia su interior. Quería que se relajara, que confiara que no tenía ninguna intención de lastimarla.
Abrió los ojos para ver que ella se encontraba completamente sonrojada y con cara llena de lágrimas. Sus manos ya no lo sujetaban. Se incorporó, y sujetándola de la cintura, la siguió penetrando muy despacio, para que se acostumbrara a su tamaño. Con su dedo, empezó a masajear el clítoris.
Poco a poco los gemidos ya no se escuchaban tan agudos, eran más profundos y rítmicos. Ante las nuevas sensaciones, ella cerro los ojos.
- Mírame...
Y ella lo hizo, justo en el segundo donde él se volvió a recostar encima, y la besaba.
El calor, la fricción, los gemidos y las lenguas peleando, se volvieron tan deliciosas para Kagome en cuanto el dolor se convirtió en incomodidad, y este en amor. Amor por Sesshomaru, porque no tenía otra forma de demostrarlo que entregándole todo de ella.
Despacio, volvió a abrazarlo, cada vez menos adolorida; elevó sus piernas las cuales quedaron atrapadas por las manos expertas, para acomodarlas en la cintura y acompañar el ritmo.
La sentí más húmeda y accesible, todo lo exquisito que era ella por dentro, tan caliente y apretada que pronto perdería la cordura.
Ambos se corrompieron en el momento justo en que les llegó el orgasmo, cada uno vibrando para el otro. La más pura humedad sexual los baño por completo, hundiéndolos a gotas en el mar del deseo.
El exquisito temblor recorrió a Sesshomaru cuando eyaculo dentro, dándose cuenta muy tarde que no se puso condón. Siempre cuidaba sus asuntos, por muy borracho que pudiera estar... ¿Por qué no se puso uno?
Al salirse de su interior, Kagome sintió su caliente y espesa semilla escurriendo desde la vagina hasta las piernas.
Sesshomaru se puso nervioso, tanto que ella lo noto. Kagome sabía porque estaba así, ambos habían sido tan descuidados, no pudieron retroceder el tiempo, así que le dio una sonrisa. -Abrázame.
Y lo hizo, convirtió un beso en la mejilla y el hombro. -Quédate-. Susurro escondiendo su rostro entre su cuello, detectando su propio olor en toda la hermosa piel.
Kagome entendió eso, era la primera vez que lo pedía, por eso se ocultaba, para evitar demostrarlo. Así le hacía al mundo entero para no mostrarse como era, disimulando detrás de un cristal de frialdad para no dejar ver lo mucho que podía ofrecer.
A ella no le importaba tener que descubrir esos detalles. Le acaricio la espalda y el cabello: -Tendrás que enseñarme toda la noche-. Susurro en su oreja al momento de morder su lóbulo.
Si él era un ser corrupto y ella su víctima. ¿Por qué sintió que había sucumbido ante su presa?
Y con que facilidad, ella era quien decidió someterlo ante el vaivén de sus caderas haciéndolo gemir, dejando fluir no solo su semen dentro de su caliente y jugoso interior, sino todo lo que él representaba.
-Hazmelo de nuevo-. Le susurró cuando agotada cayó en su pecho, temblorosa y satisfecha.
Y su hombría latió de nuevo, dispuesto a continuar lo que estaban haciendo.
Continuara...
