CAPÍTULO 6 (II): DIECIOCHO VELAS
PARTE 2: SÁBADO.
(Advertencia + 18)
El vaivén de sus caderas era lento y profundo. Los gemidos salían de forma suave de su boca para evitar ser escuchada. La humedad entre sus piernas reflejaba lo excitado que se sentía ante la fricción de su punto de placer con el cuerpo bajo el suyo. El miembro grande que la penetraba se hacia paso entre sus labios vaginales inflamados y mojados, desgarrándola mortalmente delicioso.
Se sintió adolorida, pero valía lo satisfactorio que era. Estaba cansada, pero no quería detenerse, quería continuar con el cosquilleo entre sus piernas y el choque de su amante en la profundidad de su interior.
¿Por qué se negó tanto tiempo a sentir un placer como ese?
Sus ojos azules entrecerrados la dejaban apreciar como Sesshomaru se encontraba debajo de ella, sintiendo los movimientos que hacía con su cadera, a su ritmo, a su propio disfrute, gozando de la oscuridad que los rodeaba, siendo solo iluminados por los pequeños destellos que brillaban from luces de la ciudad. Olvidaron por completo cerrar las persianas, pero era lo que menos les importaba.
Desde que conseguimos por la tarde no se detuvieron; sus cuerpos calientes cubiertos de fluidos, saliva y pasión se ondeaban junto con las manecillas del reloj que marcaba ya las una veinte de la madrugada.
Kagome decidió recostar su cuerpo sobre el bien fornido de Sesshomaru, mientras despacio seguía con el movimiento.
Ya lo habían hecho de varias formas, pero tenerla sobre él era exquisito, se sintió jodidamente bien verle la cara llena de sensualidad y sus labios diciendo su nombre. Los gemidos, aunque eran susurros, no dejaban de sonar en la habitación haciendo el momento más erótico, estimulando a Sesshomaru de formas que jamás imaginé.
Sin una señal de aviso, Kagome se meneó más rápido, lo besó y restregó sus pezones contra sus pectorales. En sus labios se escondían fuertes gimoteos que trataron de disimular.
Se vio preciosa toda bañada en sudor, y eso le basto para perder el poco control que le quedara.
- Quiero, que te vean... conmigo.
Ella se incorporó, para hacer más rítmica la acción que cometía. -Dilo... dilo de nuevo-. Por demás entusiasmada, no era capaz de comprender nada, así que siguió de manera más fuerte.
Ante tan sublime invitación, por inercia, Sesshomaru abrió más sus piernas y por el calor del momento le sujeto el trasero para incitar la fricción de manera más caótica, con los redondos glúteos golpeando con sus testículos.
Los jadeos no se hicieron esperar, ya ni siquiera intentaban ser discretos porque no podían, los gritos de Kagome se escucharon y desesperadamente se cubrió la boca.
Ese simple acto sirvió para que él se incorporara, quedando sentado con ella aún sobre su miembro, y la besó, sujetándola de su trasero.
Kagome se aferró de sus hombros, deleitándose con los cosquilleos, subiendo sus muslos de un próximo orgasmo, no quería que la sensación terminara. Entre más enérgicas eran las embestidas, más deprisa la hacían perder la cordura, ni siquiera podía ya seguir el ritmo de las penetraciones aceleradas, solo permitió que Sesshomaru la guiara mientras la apretaba entre sus brazos.
Toco las estrellas y al universo entero cuando el mejor orgasmo hasta ese momento la hizo gritar.
Sesshomaru sintió como ella apretaba su pene de forma espectacular, mientras los espasmos la hacían gemir una y otra vez. Fue un deleite mirarla tratando de recuperarse, aún y cuando él seguía metiéndosela de forma frenética. No tardo mucho cuando se corrió dentro de ella.
Se quedaron en esa posición durante unos minutos, acariciándose. Kagome le toco el rostro y solo atino a abrazarlo rodeando sus brazos contra su cuello.
- Estoy muy cansada-. Le dijo soltando una ligera risita, todo su cuerpo vibró
Sesshomaru con cuidado la separó, notando como todos los fluidos escurrían desde ella, era demasiado placentera la sensación y no se cansaría de repetirlo. La acostó con cuidado en la cama, y se hizo a su lado, mirándola de frente mientras la acariciaba.
- Me dijiste algo, no comprendí que era-. Dijo acurrucándose en sus brazos.
Sesshomaru la acepto sin protestar. Era un completo idiota, casi le decía sobre la fiesta que le organizaba su madre. -Nada.
- ¿Seguro?
Él se percató como los ojos azules se iban cerrando, un segundo después, Kagome se encontraba dormida. Le gustaba verla así de relajada, sin problemas que atender, sin una vida llena de cosas que requirieran su atención. Poco a poco fue pasando sus manos de forma delicada sobre las femeninas curvas. Su piel era maravillosamente tibia. No quería soltarla.
Un ruidito salió de sus labios, como un suspiro, roncaba. Aquello le dio gracia, porque no era escandaloso, era tierna la forma en que dormía.
Se dedicó a vagar por sus recuerdos, dándose cuenta de que casi tuvo que pasar un año para tenerla entre sus brazos y poderla poseer como siempre quiso. No pasaron ni cinco minutos, y también se quedó dormido.
- ¡Sesshomaru!-. La voz de Inuyasha se escuchó atreves de la puerta. -¡Maldito holgazán! ¡Abre la puerta!
Ante los gritos ambos se despertaron, dándose cuenta que eran casi las nueve de la mañana, rápido Kagome se puso de pie, jalando la sabana para cubrir su desnudes, sin saber qué hacer ante la voz de su exnovio que se encontraba al otro lado de la puerta.
Él pudo darse cuenta de la reacción de miedo en su cara. Le hizo un gesto de silencio y hablo: -¡Lárgate, imbécil!
- ¡Idiota!, estamos esperándote papá y yo.
¡Mierda!
Se puso de pie y camino hacia Kagome, a la que tomo de la mano y dirigió al baño junto a él. Fue una ducha rápida, pero llena de caricias y besos. La cubrió con su bata de baño y él salió completamente desnudo hacia su armario.
Un cuerpo hermoso quedaba poco, era como un dios que llego a vivir entre los mortales; ¿qué más podía pedir ella?, si ese hombre era todo un monumento que dejaría boquiabierto a cualquiera.
Kagome se sentó en la cama, esperando que él terminase de vestirse, escucho la secadora, sonar y apagarse. Cuando lo vio, se quedó sin habla. ¿Cómo en tan pocos minutos podía verse tan bien? Llevaba zapatos color negros, un pantalón de mezclilla azul oscuro, una camisa blanca bien ceñida al cuerpo y un saco color café grisáceo con un elegante pañuelo color azul en el bolsillo del pecho, y colocándose en su mano derecha un reloj Cartier. Olía exquisito.
Se volteo a ver a si misma, y le dio pena, pero la olvido enseguida en el momento en que se acercó a ella.
- Pediré que te traigan de desayunar y al chofer que te lleve a tu casa-. Sesshomaru se percató de como las mejillas se cubrían todas de rojo. -Te llevaría, pero tengo que irme.
- No es eso, es que rompiste mi ropa interior.
Sesshomaru parpadeo, para luego decirle en forma sensual: -¿Y no te gustó?
Kagome se echó a reír. -Tendré que ponerme tu bóxer.
Él le regalo una sonrisa lujuriosa por imaginársela con su ropa puesta. Se dio media vuelta, pero antes de salir, la mano femenina de Kagome lo sujeto del brazo.
- Suerte-. Dijo jalándolo a su altura para darle un beso.
Sesshomaru respondió sintiéndose extraño, jamás alguna chica lo besaba después del sexo; sin embargo, ese pequeño gesto le dio una sensación de un calor que lo invadía. Se separaron y él le dio una última mirada antes de irse.
Kagome estaba tan contenta, tan feliz y tan plena que dio una vuelta sobre su propio eje y se aventó en la cama. Habían pasado tantas cosas esa noche, que parecía como si nada en el pasado importará.
Con un poco de tristeza se recordó desnuda en la cama con Inuyasha, él también era muy guapo, y su cuerpo también era increíble, pero era diferente: delgado, fuerte, de cierta manera tosca, y su miembro si era grande, pero Sesshomaru era como la versión carnal de lo magistral.
Busco su celular y se dio cuenta de un montón de llamadas perdidas de Sango, sin pensarlo le marco.
- ¿Dónde diablos estás?
Escucho el grito desde lejos del auricular sin necesidad de pegar el oído.
- Le dije a tu madre que te quedaste a dormir conmigo. ¡Me volví loca! ¿Estás con Sesshomaru?
Kagome soltó una carcajada. -Ve para mi casa, y te cuento- Colgó sin decir más.
Se apresuró a buscar su ropa, la cual iba poniendo poco a poco, las medias también tuvo que ponérselas, porque en algún momento, Sesshomaru se las quito para besarle las piernas.
Al llegar a su edificio, Sango la esperaba en el lobby con cara de enfado, brazos cruzados y ceño fruncido; al verla, solo atino a reír a carcajadas provocando un escándalo. Fue hacia su amiga y la abrazó por el hombro, dándole un suave apretón. Era más que obvio que Kagome estuvo fuera de su casa, su cabello no se veía tan peinado, no llevaba nada de maquillaje en su rostro y uniforme en sábado.
- Ten, de seguro la vas a ocupar-. Le dijo sacando una cajita de cartón de su bolso ya cuando llegaron a su habitación. Eran pastillas de emergencia.
- Gracias. ¿Cómo sabías...?
Sango se levantó de hombros. -Imagine que estarían como conejos por la forma en que te desapareciste.
Se tomó la píldora, se puso ropa cómoda y se aventó en la cama donde Sango la esperaba, quería que le contara todo. Así lo hizo, poco a poco Kagome le fue platicando como fue su tarde junto a Sesshomaru.
- ¿Y te gustó?
Kagome asintió con la cara roja de la vergüenza.
- Espero que te haya tratado bien-. Sango tenía miedo de lo contrario. Ella podía recordar como fue su primera vez y lo agresivo que podía ser un hombre que solo sabe satisfacerse.
Los ojos azules resplandecieron.
- ¿Quién lo diría? Sesshomaru tierno. ¿Qué más sorpresas nos traerá ese maldito?
- Sango, me regalo esto-. Se paró de un brinco y fue a su bolso, saco la pieza.
Los ojos castaños brillaron al ver el collar. -Es muy bello.
Kagome se perdió un momento en sus recuerdos. -Cuando me lo puso en el cuello, lo supe. Para hacer el amor no era una fecha ni un lugar especial, era la persona. No tuve dudas-. Soltó una risita. -Aunque si me dolió.
Sango decoró su cara, una sonrisa bastante pícara. - ¿Y es tan grande como dicen?
Kagome solo rio cubriéndose la cara con una almohada. Sango jugando se la quiso quitar de la cara, pero la pelinegra solo se aferró feliz como nunca antes, por lo que le empezó a hacer cosquillas.
A los pocos minutos después de tranquilizarse de las carcajadas, Kagome se quedó dormida.
Sango la observaba descansar sin evitar preocuparse; tal vez, Sesshomaru era un soberano malnacido, pero no lo creía capaz de ser tan despreciable como para querer comprar la virginidad de su mejor amiga por un collar... ¿O sí?
Se fijó en la hora, pronto sería medio día y ella debía asistir a una cita para comer a la cual no podía faltar, se acercó a la cabellera negra y le dio un suave beso.
S:S:S:S:S:
Bankotsu Kusao se encontraba en ese preciso instante almorzando junto a los tres hombres de la familia Taisho. A sus apenas veintisiete años era el principal analista de inversiones de su jefe Toga, y era tan confiado de sus propias capacidades que esperaba pronto un nuevo asenso. A pesar de su apariencia atractiva y sus curiosos ojos azul oscuro, no era difícil imaginar que algunas personas quisieran pasar sobre su autoridad, pero él no permitía que nadie lo pisoteara, era demasiado orgulloso como para consentir un insulto así.
Ser el menor de siete hijos, se le daba muy bien relacionarse con gente importante, además de un buen líder, capaz de tomar decisiones sin titubear.
Sabía reconocer que su peor debilidad era que se le daba muy mal leer la personalidad de las gente, pero era bueno escuchando sus instintos, y en ese preciso instante en el que se encontraba desayunando con Toga Taisho y sus hijos, solo se dejó guiar por sus sentidos: Sesshomaru es el hijo listo, Inuyasha es el hijo rebelde. Los tratos se harán con el mayor, siempre.
- Bueno, ya vimos todo, checamos los números, ¿Qué nos sugieres, Bankotsu?-. Toga le preguntó mientras bebía café.
- Tengo que decir, Sr. Taisho, que la luz del día no le hace justicia al lugar. Cuando opera de noche es increíble-. Contestó mientras sonreía. Iba seguido ahí para ver bailar a las chicas, ahora tenía curiosidad como sería con nuevas remodelaciones.
Así como le era fácil a Bankotsu seguir su intuición, a Sesshomaru se le daba perfecto ver su forma de ser con sus expresiones corporales, la forma en que tomaba su café, como se agarraba su corbata, la sonrisa soberbia en su rostro y los ojos reflejando terquedad; incluso sus cejas arqueadas dejaban ver un temperamento bastante fuerte. Hizo una nota mental sobre el hombre frente a él: Consérvalo cerca.
- Como sugería, en el reporte, haré unos cambios, pero el concepto quiero que quede prácticamente igual-. Comento Sesshomaru dirigiéndose hacia él.
Ese examen visual que desprendían los ojos dorados le provocó a Bankotsu varios escalofríos, pero no los dejo reflejar y solo sostuvo la mirada junto con una sonrisa que portaba seguridad.
Inuyasha soltó una risita, haciendo que todos lo voltearan a ver. -No lo entiendo, ¿Por qué quieres invertir millones en un lugar donde solo hay chicas desnudas por doquier?
Los tres lo miraron como si fuese un tonto. Toga solo resoplo pasándose la mano entre las arrugas del ceño para tener paciencia a su hijo. -No importa cuál sea el giro, Inuyasha. Lo importante son las ganancias.
- Será una nueva oportunidad de hacer negocio, señores-. Comentó Bankotsu, ignorando magistralmente el comentario estúpido del menor de los Taisho, quien le provocaba ciertas ganas de soltarle un puñetazo en la cara. -El lunes a primera hora solicitaré la reunión con el dueño, y podremos dar inicio el trámite de compra, ¿les parece?
Sesshomaru asintió. Definitivamente, esa noche celebraría con Kagome.
Toga le dio la mano en forma de gracias, sé volteo a su hijo mayor y le dio una pequeña palmada en la espalda, y a Inuyasha le dio una mirada llena de enojo. -Por cierto, Bankotsu. Me gustaría invitarte a la fiesta de la novia de mi hijo la celebraremos en mi hotel. Empieza a las ocho.
Bankotsu se impresionó, jamás el señor Taisho lo había invitado a un evento privado, eso lo hizo sentirse orgulloso de si mismo. -Claro.
Al salir del restaurante, Toga se alejó junto con Bankotsu para darle algunas indicaciones, momento que Inuyasha aprovechó en tomar del hombro a Sesshomaru para hacerle una señal de que quería hablar con él.
Sesshomaru saco un cigarro y le ofreció a su hermano, ambos empezaron a fumar de forma tranquila.
- Oye, no se a quien invitaste anoche, pero por tu maldita culpa tuve que usar tapones en los oídos, no me dejaban dormir.
Eso le dio gracia. - ¿Te gustó lo que escuchaste?
- Eres un idiota.
Sesshomaru quiso reír ante eso, quiso decirle que la mujer que hizo todos esos ruidos era Kagome, pero todavía no era el momento.
Siguió fumando, lenta y pausadamente, disfrutando del sabor. Desde que salía con ella no solía fumar a su lado, no le decía nada por su vicio, pero a ella no le gustaba que apestara a tabaco.
Inuyasha solo le dio unas cuantas bocanadas más a su cigarrillo y lo aventó. -Papá me dio el anillo de mamá para dárselo a Kagome.
Fue tanto el impacto de sus palabras, que su reacción fue intentar decir algo, pero el humo se le atoró de cierta forma en la garganta que le provocó un ataque de tos. - ¡Que...!-. Logro articular.
Metió sus manos en los bolsillos de forma nerviosa. - ¡Feh! -. Bufó. - ¿Te imaginas yo como reaccione? La extraño, solo quiero que sea mi novia, no que sea mi prometida.
Una de sus cejar tembló. -No. No la extrañas-. Dijo intentando recomponerse. -Hermano...-. Carraspeo, pero su voz no se escuchará ronca. -Solo te diré una cosa: No lo hagas.
El menor soltó una carcajada. - ¡Que te pasó!, siempre decías: ¡Has tuya a Kagome! -. Y la risa siguió presente.
Sesshomaru se molestó. -Entonces, has lo que se te pegue la gana.
- ¿De qué están hablando? -. Preguntó Toga acercándose a ellos. En sus labios una satisfactoria sonrisa triunfal se reflejaba.
- Nada-. Dijo rápidamente Inuyasha.
Sesshomaru lo miro primero a él y después a su padre. - ¿Podemos hablar?
Si era cierto lo que decía Inuyasha, estaba jodido. Ese anillo era el más caro que en su maldita vida vio, opacaba el collar que le regaló a Kagome.
- Sí, por supuesto. Inuyasha, súbete a la limusina, en un momento vamos.
Y así obedeció.
- ¿Es cierto que le diste a Inuyasha el anillo de mamá?
Toga intentó penetrar esa mirada fría llena de oro macizo, pero no pudo, era demasiado dura su coraza. -Estoy intentando hacer lo mejor para ti y para Inuyasha. Decidí apoyarte con este proyecto, ahora quiero ayudar a tu hermano, por eso se lo di.
Soltó una risa sínica. -Lo estás obligándolo a comprometerse.
- No lo entiendes, Sesshomaru. Inuyasha no es como tú. Él espera que las cosas se resuelvan por si solas-. Hizo una pausa. -Él ni siquiera sabe a qué escuela ir.
No quería comprender que su padre no tenía malas intenciones; porque para Sesshomaru, su padre prefería a su hijo menor.
- Me he pasado la vida intentando impresionarte, y lo único que he ganado es que quieras resolverle todo al inepto de tu hijo.
Sus palabras en verdad le dolieron a Toga, y sin intensión, contraatacó duramente. -¿En verdad quieres impresionarme? Escoge ya una buena universidad, deja de avergonzar mi apellido con tus borracheras y escoge una chica decente, que a tu cita ayer la escuchamos todos.
Sesshomaru mostró en su rostro verdadero enfado. -Inuyasha no es idiota, no sabe lo que quiere porque le has dado todo. Deja de tratarlo como a un niño. Lo has vuelto tan inmaduro que ni siquiera puede darse cuenta de que no quiere a Kagome. Incluso, ella me ha dicho que no quiere volver con él-. Eso lo delato, lo sabía.
Toga entrecerró sus maduras pupilas. - ¿Ella es el problema? -. Ante su silencio, comprendió todo. Le puso la mano en un hombro, y se lo apretó con mucha fuerza. -No permitiré que cometas una locura intentando aprovecharte de ella.
Sesshomaru no hablaba, solo podía mirarlo.
- ¿Qué crees que piense si se entera de que quieres meterte entre sus piernas? Has sido un completo descuidado. ¿Qué crees que diría Inuyasha?
Sesshomaru en verdad quería confesarle todo.
- No te quiero cerca de ella y si pones un pie en la fiesta, olvídate de tu negocio-. Dijo simplemente y se subió a la limusina. Había sido un tonto en confiar así en su hijo, pero era lo mejor, Sesshomaru solo la lastimaría.
Sesshomaru no lo siguió, se fue caminando tratando de analizar lo que sucedía. Debía advertirle a Kagome, decirle los planes de su padre, ella ya era suya, se lo dejo en claro todas las veces que eyaculó en su interior.
¿Y si ella seguía amando a Inuyasha? Se aferró a él con uñas y dientes antes. Si le pedía regresar, delante de todos, ¿Se negaría? ¡Maldita sea! Era su jodida culpa, debió de haberle dicho a su hermano todo desde un principio.
Sesshomaru por dentro era una batalla de culpas contra enojos tratando de lidiar con todos los problemas en los que se metió solo por haber sido un idiota, pero por fuera, solo era un apuesto hombre caminando tratando de hacer una simple llamada.
S:S:S:S:S:
Sango fue recibida con la sonrisa de Miroku quien la llevó tomada de la mano hasta el comedor donde tenía la mesa llena de comida. Solo ver lo que hacía por ella la llenaba de felicidad, así que le dio besos en la comisura de sus labios mientras daba las gracias.
Si algo le encantaba de Miroku, eran sus detalles.
- Gracias por aceptar venir-. Le comentó respondiéndole las atenciones. La invitación se la hizo cuando ella sugirió ir a comer a un restaurante, pero Miroku al ver que no tenía más dinero en su cuenta de ahorros, la preparo mejor una buena y sabrosa comida.
- Sabes que me encanta estar contigo-. Dijo dándole un abrazo. Lo conocía tanto que entendía su situación, y a pesar de que en otras ocasiones ella intentó pagar, su novio siempre se mostraba bastante molesto por eso.
Dándole un beso prolongado, Miroku le sonrió. -Espero que sepas que quisiera ir contigo a la fiesta de Kagome, pero necesito acompañar a mi mamá. De hecho, en un rato tengo que estar con ella en la galería.
- Prometo que hoy no aceptaré bailar con nadie.
- Por supuesto que bailaras y te divertirás, confió en ti.
Si ella quería bailar con alguien, él no se pondría celoso, era suya entre sus brazos o fuera de ellos, y eso era lo mejor en el mundo. Amaba a Sango, amaba como se acomodaba su cabello suelto sobre sus hombros, amaba como sus ojos cafés lo miraban con alegría, amaba como su delgada figura se contoneaba al caminar, y sobre todo amaba que muchos hombres quisieran tenerla así de radiante y feliz.
Sango le acomodo el cabello negro detrás de la oreja.
Ambos se miraron fijamente por unos segundos antes de comenzar a besarse como dos locos desesperados.
Lenguas bailaron impúdicamente antes de que Sango dejara escapar un gemido contra su boca, le encantaba como él la besaba, así que con toda la intención de hacer más íntimo el momento, juntó su delgado cuerpo, mientras Miroku con toda la lujuria acumulada le agarro de tal manera la espalda que la sintió temblar.
Él la sujeto con fuerza de la cintura y la levantó levemente del suelo, la apoyó en la orilla de la mesa, hasta dejarla sentada y acto seguido se quitó la playera. Sin el permiso de su novia, hizo la misma con la blusa de ella. Un brasier liso color salmón lo recibió. Con desesperación se lo quitó solo para ir pasando despacio su lengua y labios desde el hombro hacia el escote. Con sus manos rozó ambos pezones. Sango gemía por el tacto.
La temperatura del comedor no podía ser más alta, Sango solo podía concentrarse en sujetarlo de la cintura con sus largas piernas para nunca dejarlo ir.
En ningún momento Miroku dejo de besarle el cuello, olía a rosas, ese sería su fragancia femenina favorita. Una ligera mordida entre el cuello y la clavícula provocaron en él una sensación realmente placentera. Como respuesta, sujetó del rostro a Sango con ambas manos y le devoró la boca con rudos besos llenos de pasión.
Los gemidos empezaron a hacerse cada vez más sonoros cuando Sango le enredo los dedos en el cabello negro ébano.
Un grito los saco de su ensoñación.
- ¡Lo siento!
Miroku dejó de besar a Sango y la intentó abrazar para que Rin no viera su desnudes; pero Sango dio un brinco tan rápido para bajarse de la mesa que trastabilló y cayó hasta el suelo, golpeándose las rodillas; pero eso no le importo, lo único que quería era ocultar su cuerpo ante su muy sonrojada cuñada.
- ¡Les juro que no quería ver!
Sango rápido se puso su ropa interior y su blusa. Cuando estuvo lista, con toda la vergüenza del mundo, se levantó. -Hola, Rin.
Con la cara llena de desilusión, también se colocó su playera. Tantas ganas de estar con Sango que olvidó por completo a su hermanita.
- Lo siento, no quiero ver, en serio solo vine por una soda-. Con toda la vergüenza del mundo, se pasó directo al refrigerador y sacó una bebida. -Ahorita me meteré a mi habitación y me pondré los audífonos-. Dijo guiñándoles un ojo.
Miroku solo le contesto de la misma manera. Aunque sabía que no sería posible poder hacer nada ahí, su madre se fue a la galería desde hacía buen rato, pero no quería que Rin escuchara lo escandalosa que era Sango en la intimidad.
Enseguida, Rin se encaminó hacia su habitación.
- Me duelen las rodillas.
Miroku y Sango se miraron y comenzaron a reírse. Ella se acercó y le acarició los labios con los dedos. En broma él se los mordió y solo se abrazaron.
- Sango, hay algo que me gustaría platicar contigo-. Le ofreció asiento en una de las sillas. La mirada seductora y la sonrisa coqueta dejo paso a un serio Miroku que la veía fijamente.
Ella se sorprendió de su cambio. - ¿Sucede algo malo?
Él negó con una ligera sonrisa. -Es que ayer Rin llegó llorando diciendo un montón de cosas sin sentido, pero luego comentó que a ella le gustaba Sesshomaru. Tú lo conoces de más tiempo y su reputación. Me inquieta.
Sango bajo los ojos a sus manos, las cuales puso de forma inconsciente sobre sus piernas. -Si te soy sincera, no creo que él esté muy interesado en ella. Probablemente, le parezca atractiva, es que es muy bonita.
- Sí, lo es.
- Tú sabes que lo odio y jamás lo defendería, pero creo que él ahorita está con los ojos puestos en alguien-. Dijo de forma nerviosa.
Eso no le gusto a Miroku. -Lo mataré si se fija en ti.
La risa melodiosa de Sango se hizo sonar, imaginándose un posible enfrentamiento entre Sesshomaru, y su novio. -Nunca le voy a gustar, no te preocupes. Además, a él le gustan otra clase de chicas...
Sabía de sobra el historial de su novia y sabía que entre Sesshomaru y ella no había ocurrido nada, pero entonces... ¿Qué clase de chicas le gustaba? -No entiendo.
Ella le tomó la mano y le susurró. -Confió en que no le contaras a nadie... Sesshomaru y Kagome están saliendo.
- ¡Que! -. Eso no se lo esperaba.
- ¡Baja la voz! No es juego. Me da algo de desconfianza, porque es como si él tuviese una fuerza extraña sobre ella que la hace cometer locuras. Hasta he pensado que le dio un obsequio para poder acostarse con ella, pero Kagome se ve tan ilusionada, que no tengo el valor de decirle.
Miroku no podía salir de su impresión. -Kagome... y Sesshomaru. Sesshomaru y Kagome. ¿Qué está pasando?
Ambos se rieron.
- Inuyasha no lo sabe. Nadie se lo ha dicho todavía, y hasta que esos dos decidan, él no deberá saberlo.
Él la abrazó para transmitirle su apoyo.
- En verdad me preocupo por Kagome, no me gustaría que él la hiciera sufrir.
Siguieron abrazados durante unos minutos, siendo ignorantes de que Rin se encontraba en el pasillo escuchando sus palabras y con la boca tapada con ambas manos aguantando el llanto.
¿Qué haría ahora?, ya el vestido de Kagome y su máquina de coser no los tenía. El hermoso vestido rosa dorado esperaba colgado en el perchero.
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Kagome durmió todo el día, recuperándose de todo el "ejercicio" que hizo. Solo recordar a Sesshomaru le daba hormigueos en todo el cuerpo, se sentía tan plena que se sonreía a si misma en el espejo mientras su mamá le cepillaba el cabello.
-Este es mi regalo para ti.
Pudo ver la hermosa y fina tela de un elegante vestido color azul oscuro cruzado con color blanco. Era una prenda Herve Leger que aún no llegaba a su país. -Mamá es... precioso.
- Hice unas llamadas a Francia, y mis contactos lograron conseguirme uno a tu medida-. La sonrisa en Naomi era hermosa. Tomó a su hija del brazo y la ayudo a ponerse de pie, solo para ponerle el vestido delante y que la joven viese su reflejo. -Toga Taisho vino a mí el otro día. ¿Sabes que me mostró?
Kagome negó.
- El precioso anillo diseñado por Paloma Picasso. Es el anillo más hermoso que he visto en mi vida. Él no paraba de hablar de cómo aquella joya pararía algún día en tu dedo.
Kagome dejo de poner atención a su aspecto, y se enfocó en lo su mamá le acababa de decir. Con asombro se le quedo viendo como si acabase de ver un fantasma. -¿Inuyasha...?
Naomi asintió. -Pidió el anillo para ti, hija.
No sabía si reír o llorar... ¿Qué demonios pasaba?, ¿Por qué Inuyasha pedía la joya de su difunta madre para ella? Internamente, maldijo a todos, en especial a Sesshomaru, porque si él hubiese hablado con su hermano, no estaría ahora ella pensando en romperle el corazón.
- ¿Te sucede algo?
Ella negó con la cabeza y tratando de fingir una sonrisa. -Es que me sorprendí, porque Inuyasha y yo no somos novios.
Naomi le acaricio el cabello. -Cada vez que te veía con él, siempre me decía: Ellos dos deberían casarse, fueron hechos el uno para el otro. Confió que él te amé y este tiempo separados les sirva para darse cuenta de que se necesitan.
Quiso que la tierra se la tragara en ese momento. -Mamá, es que yo... -. Kagome quería ser sincera. - ¿Y si ya no quiero estar con él?
Los ojos cafés de Naomi la miraron de forma sorprendida. Respiró y exhaló antes de dar una opinión. - ¿Por qué no intentas hablar con él y ya decides?
Le sonrió y asintió.
- Te dejo para que termines de arreglarte. No te olvides que reserve a las ocho.
En cuanto su madre salió de su habitación le marco a su... ¿Qué era Sesshomaru de ella?, no recibió respuesta. A los segundos después volvió a marcar, y sonó apagado.
Tenía que relajarse, su mente no funcionaba cuando se ponía en un punto de casi caer en la histeria.
¿Ella qué quería?
Definitivamente, no regresar con Inuyasha. Sesshomaru, le gustaba, lo quería, su voz, su cuerpo, su forma de tratarla, su mirada. Tenía que detener sus pensamientos porque se volvería loca.
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El aire frío empezaba a calarle. Su saco era insuficiente ante el aire. Con lentitud y elegancia fumó un cigarrillo para ver si con el cálido humo podía controlar la temperatura de su cuerpo.
Miró su celular, y vio el reloj, definitivamente el tiempo caminaba muy veloz ese día. Tuvo que sentarse durante buen rato, intentando despejar su mente, intentando no concentrarse en nada más que en sus pensamientos.
La llamada de Kagome lo tomo por sorpresa, pero decidió no contestar y apagar su celular. Tenía ganas de ir con ella, y por lo general él no solía negarse sus deseos. Por eso se encontraba sentado justamente afuera del bar de la esquina del edificio donde ella vive, tomando un buen trago de coñac que tenía un sabor exquisitamente a nada.
Cavilaba sobre las posibles reacciones que tendría Kagome cuando subiera a decirle que no volverían a verse. Sabía que ella no lo tomaría a bien, y menos por lo que pasó.
Se estaba volviendo loco. Todo el tiempo pensaba en sus ojos azules y no podía sacarla de sus pensamientos. Sesshomaru nunca sintió nada por nadie, y ahí se encontraba, desesperado, por verla y tomarla entre sus brazos para que supiera a quién le pertenecía. No conforme con enloquecerlo, ella lo hacía un celoso sin remedio. Jamás le preocupo nadie de esa manera, pero cualquier cosa que tuviera que ver con la idea de otro hombre a su lado, lo hacían enfurecer.
Todo era culpa de Kagome. Ella lo hizo vicioso de sus besos, a su olor, a sus piernas, a su maldita forma de ser tan testaruda. Le encantaba verla enojada y dándole pelea. Y cuando él se portaba lindo con ella, Kagome se encargaba de tratarlo con dulzura, bastaba con una caricia en su rostro para que él perdiera el hilo de sus pensamientos.
Así era ella, un terremoto de emociones que paso sobre él dejando estragos.
- Mierda-. Susurró.
¿Por qué Inuyasha se aferraba tanto a ella? Ellos terminaron, tal vez unos días antes, pero ella no le debía luto, Inuyasha no estaba muerto. Inuyasha dejo de quererla desde hacía mucho tiempo atrás.
La migraña hizo que le latiera con dolor la cabeza.
¿Ella valía la pena para perder su proyecto de negocio?
No era ningún idiota, él siempre supo lo que quería... antes de dejarla entrar a su vida. Y ahora que la tenía, no la quería dejar ir.
Esa era su verdad. No había necesidad de seguir perdiendo el tiempo.
Cometió el error de dejarla cuando ella se volvió retraída, la dejo sola cuando necesitaba del apoyo de alguien, la dulce de Kagome se escondió detrás de la amargura y el dolor, y él solo fue capaz de mirar hacia otro lado, intentando fingir junto a ella que se odiaban, pero ya no más. Ella se entregó a él ciegamente y lo mínimo que podía hacer era no salir huyendo.
Inuyasha se podía ir al infierno y su padre junto con él.
Siendo ahora capaz de soportar la idea, el siguiente paso era pensar en una disculpa para Inuyasha. Al final él era su hermano y comprendía que se comportó como un cretino traicionero, le mintió en su cara y ocultado muchas cosas.
Decidido se dirigió a su hogar, dispuesto a hablar con Inuyasha y con su padre, pero al llegar, ellos ya se habían ido a la fiesta.
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Peinó su cabello negro de cierta manera para que se viese esponjado y con pequeños bucles en las puntas, delineo sus parpados con tinta negra y sus labios de un muy sensual rojo brillante. Al mirarse al espejo se sonrojó, se veía muy bonita.
Colocó el collar que Sesshomaru le dio y se puso el vestido que se amoldo prácticamente como una segunda piel, le llegaba arriba de la rodilla haciéndola ver más alta y delgada, sus caderas lucían redondas y la forma del strapless le hacía ver el inicio de sus senos de forma llamativo, sin caer en lo vulgar.
No pudo evitar pensar en Inuyasha, si él la hubiera visto así, hubiera pasado de largo, porque cualquier muchacho podría morir por ella menos él.
Con una sonrisa se despidió de su reflejo, porque a partir de ese instante, Inuyasha ya no tendría cabida en sus pensamientos negativos, le dejaba la puerta libre para que cualquier cosa, buena o mala, pasaran de largo sin detenerse ante su presencia.
Tomó de su armario un abrigo en color dorado y se encaminó hacia su madre y Kaede que la esperaban junto al elevador. Las dos señoras se arreglaron para la ocasión y cuando ambas vieron a Kagome acercarse, la miraron como si fuera una escultura en movimiento.
- Kagome... te ves divina-. Dijo Kaede tomándole una foto con una cámara digital que parecía del siglo pasado.
Ella le sonrió. -Gracias-. Esperaría al cumpleaños de la anciana para regalarle un celular con una mejor cámara para que guardase ahí todas las fotos que quisiera.
- Hija, estoy sin palabras-. Dijo Naomi sonriéndole. Le dio un ligero abrazo, pero no pudo evitar ver el collar. - ¿Y esto?
- ¿No se ve bien?
Su madre parecía sorprendida. -Es precioso, pero se ve muy costoso.
Kagome le restó importancia con un gesto en la mano. -Me lo regalaron-. Problemas gratuitos en los que se metía. No agregó nada.
Naomi no la cuestiono.
Cuando subieron a la limusina, se permitió perderse en sus pensamientos, tanto así que cuando llegaron al hotel del señor Taisho se dio por enterada ya muy tarde.
- ¿Qué hacemos aquí? ¿No se supone que iríamos a mi restaurante favorito?
Naomi le sonrió. -Cenaremos aquí, la comida es grandiosa.
La forma en que su madre se expresaba no le dio a Kagome la intensión de romperle el corazón. Veía que ella se esforzaba mucho en dejar atrás la sombra de amargura que las invadió por mucho tiempo, así que solo le tomo la mano.
Al llegar al salón principal, se asustó tanto por el grito de feliz cumpleaños que recibió departe de sus amigos y conocidos, que casi también grita. Kagome no dejaba de sonreír por como se acercaban a darle un caluroso abrazo. Sara, Eri, Ayumi y Yuka también se encontraban, todas viéndose realmente lindas.
- Amiga, te ves bellísima-. Le dijo Sango que llevaba puesto un vestido corto color magenta que brillaba, haciéndole ver radiante.
Kagome la abrazó con toda su felicidad. - ¡Tú sabías! Malvada, no me dijiste.
- ¡Vamos a bailar! -. Gritó Sango levantando una copa mientras la música sonaba.
Ella también quiso un trago, así que se giró para encontrar algún mesero, y solo sintió que alguien le agarraba de forma juguetona la nariz.
- Hola, bonita-. Era Koga, quien iba con su mejor ropa, se veía sumamente atractivo con la camisa negra y un chaleco elegante en color café. - Feliz cumpleaños-. Le dijo para abrazarla con efusividad, tanta que prácticamente la oprimía contra su cuerpo.
- Koga, gracias-. Susurró intentando separase, pero él solo la sujetaba fuerte, era inevitable no darse cuenta que le olía el cabello y tocaba descaradamente la espalda.
- ¡Ya suéltala, Koga! ¡La estas asfixiando!
Kagome agradecería después a su amiga Ayame cuando lo comenzó a jalar de la mano.
Entonces, sin que lo esperara, ambos se empezaron a sumergirse en una pelea. Era de lo más normal eso, por lo general era Ayame quien le reclamaba por celos y su mal tacto. Ellos no eran novios, pero solían divertirse juntos y principalmente la pelirroja era quien perdía los estribos.
Dándose media vuelta para dejarlos enfrascados en sus problemas, se dirigió hacia un mesero que traía bebidas, tomo una, y le sonrió a su mejor amiga.
- ¿Qué te paso en las rodillas?
Sango soltó una carcajada a más no poder. -Nada.
- Si, claro. Ya me imagino que tanto hicieron hoy Miroku y tú.
- Eres una mal pensada-. Sango le platicó lo que pasó y ambas se atacaron de la risa.
- Mira, ahí está Rin...-. Dijo Kagome señalando con su copa.
Rin caminaba hacia ellas, se veía bastante bonita con un vestido rosa dorado corto de la marca Dolce & Gabbana. Eso la preocupó, ¿Qué estaría haciendo para conseguir una prenda así? El lunes hablaría con ella, lo menos que deseaba es que se metiera en problemas.
La menor les dirigió una sonrisa bastante extraña a las dos y solo atino a abrazar a Kagome, quien por su parte no supo bien como recibirla. Era un gesto muy tenso.
- Felicidades-. Le dijo dándole un beso en la mejilla.
Sin añadir más la soltó, cuando Kagome iba a preguntarle por qué de su actitud, Sango la interrumpió.
- ¿Rin, no deberías estar con tu madre en la galería?
Ella negó simplemente con la cabeza y con la sonrisa más rara que tenía se alejó de ambas.
Sango miró los ojos azules. -Rin debía estar con su madre en la galería, ella te quiere mucho y prefirió el regaño antes que otra cosa-. Hizo una pausa por si su amiga quería decir algo. -Deberías de avisarle que estás saliendo con el chico que le gusta. No está bien que le ocultes cosas.
Kagome no pudo evitar sentirse mal. -No es eso, simplemente no me gustaría que Inuyasha se enterara por terceras personas.
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Kikyo quiso que el mundo se la tragara cuando vio llegar a un muy arreglado Inuyasha a la puerta de su departamento. Él se veía de lo más guapo con su camiseta de manga larga y cuello alto en color negro y unos pantalones de vestir a juego. Casi era como ver a un ser de otro mundo sonriéndole con toda su galante sonrisa ladina mostrándole sus dientes.
Él prácticamente le rogó que lo acompañase a la fiesta de Kagome. Ella se negó, pero no pudo resistirse a él.
Pensó que lo odiaba en ese momento, cuando solo le dio media hora para arreglarse. El resultado no era tan malo, un sencillo vestido negro de tirantes cortó con un buen escote, unas zapatillas plateadas, poco maquillaje y una cola de caballo como peinado, dejando libre su característico fleco.
Cuando llegaron fue recibida por un montón de miradas, sobre todo de aquellas personas que lograban acordarse de todas las cosas que hizo. Se rio de como es que su fama la perseguía todavía después de casi un año.
El punto en donde más odio a Inuyasha, fue cuando la dejó justo en la barra para poderse ir a buscar a su "novia".
¿Por qué diablos la invitó si no pensaba estar a su lado? Malditos líos se metía por culpa de su Inuyasha.
Se sentía tan estúpida. Pidió un coctel fuerte, si no se iba a divertir, al menos se emborracharía. No estaba dispuesta a despegarse de la barra sin al menos sentirse mareada. Aunque en su bolso traía un cigarro con hierba de la buena. No era una adicta, pero le gustaba divertirse a veces.
Otro trago.
Se imaginó bailando con él toda la noche, dejándose conquistar por ella poco a poco, dándose un beso tenue en los labios como la noche anterior. En ningún momento pensó que estaría esperándolo a que fuese rechazado por Kagome para luego volver a su lado, arrepentido.
Kagome... odiaba hasta su nombre. Eran tan parecidas, que era doloroso ver que tan diferentes eran sus vidas. Ella tuvo un padre que la amó y su madre la quería tanto que le armo tremenda fiesta; en cambio, a Kikyo... a veces dudaba siquiera que su propia madre la quisiera, parecía solo en ver en su hija los rasgos de su exmarido.
Un shot doble llego a su lado sin ser pedido.
Miro al barman y le hizo señas hacia un hombre que la veía.
Una sensación extraña la invadió, sus ojos avellana se toparon con ojos azules oscuros. Era un tipo moreno con una sonrisa soberbia en los labios, era guapo, pero mayor que ella. Sin más decidió ignorarlo y a su trago.
Él se acercó quedando a unos pasos de distancia, iba con toda la disposición de presentarse.
- ¿Soy o me parezco? -. Kikyo se sabía muchas tácticas y podía darse cuenta de que le diría que la confundió de persona.
Bankotsu nunca era tratado de forma tan directa por las mujeres. Por lo general, le bastaba una sonrisa coqueta y unas cuantas palabras para que cayeran rendidas a sus pies, pero ella parecía bastante peculiar.
- Soy Bankotsu-. Le extendió la mano.
Kikyo solo le dirigió una mirada cargada de recelos. -Te felicito-. Se podía dar clara idea de como era ese hombre, lo podía ver en sus ojos temerarios. Ella ya tenía un rebelde en su vida, no quería a otro hombre que le complicara más la existencia.
Su actitud le llamo mucho la atención. -Estaba observándote, parece que no es tu ambiente.
Ella se giro hacia él para encararlo. - ¿Por qué no vuelves ahí y así me sigues acosando mejor de lejos?
- Directa, mordaz y sobre todo bonita... ¿Inuyasha es tu novio?
Aquello le calo en el orgullo. Kikyo solo rodó los ojos, se bajó del asiento dispuesta a irse.
- Que idiota es, si una chica como tú llegase conmigo a una fiesta, no dejaría que anduviese sola por ningún lado.
Sus palabras la hicieron sonreír casi de forma imperceptible. Bankotsu pudo darse cuenta de que a ella le gustaban los halagos. - ¿Me dejas invitarte la bebida que más te guste? -. Se percató que el encantador gesto de los labios carnosos se perdió.
Kikyo pensó en su mejor amigo. Un día antes le confesó su amor e Inuyasha la rechazo. ¿Qué más esperaba para darse cuenta de que nunca estaría con ella?
Se enfocó en las cejas oscuras y arqueadas de Bankotsu, su sonrisa peligrosa y sus ojos. Ya antes estuvo con hombres que no le convenían, ¿Qué podía perder con uno así de atractivo?
- ¿Por qué no le ofreces a tu novia ese coctel?
Bankotsu la miro de forma tan seductora que sabía que las mujeres por lo general respondían. -No tengo-. No le mentía.
Una tenue sonrisa apreció en su rostro. - Soy Kikyo.
Sin esperar más, le indico al barman que les sirviera un par de tragos.
Bankotsu se dio cuenta por qué Kikyo prefería estar sola, era una mujer bastante reservada y con un comportamiento a la defensiva. Siendo completamente honesto, eso no le interesaba, le gustaba, era bonita, con cuerpo sensual, y mirada inteligente. Sería afortunado si le daba acceso a su cama esa noche.
Después de ese trago, Kikyo decidió perderse en disfrutar de la noche. - ¿Quieres ir a mi departamento?
Le pregunto sin titubear y esperando una respuesta directa. Bankotsu claro que quería ir.
Al llegar a la habitación, rápidamente aprovecharon en conocerse y disfrutar lo que solo dos desconocidos pueden. Sin ataduras y consecuencias mientras se acariciaban y mordían.
Bankotsu era fuerte, no solo aprovecho en cargarla y demostrarle lo experimentado que era después de muchos años de soltería, la trato como mujer, y no una niña frágil como siempre pensaban todos que era.
La penetro de forma casi salvaje, le preguntó que le gustaba, y cuando se lo dijo, él se cumplió. De igual forma no midió sus palabras para pedirle lo que le gustaba de las mujeres.
Era la primera vez que Kikyo se sentía tan desinhibida. Solo se dejó guiar por las manos experimentadas del hombre que la poseía en ese momento.
Cuando terminaron, Bankotsu se acostó a su lado y ella le dio del cigarrillo que guardaba en su bolso. Era un estuche de sorpresas, no solo era buena en el sexo, sino también una sin miedos.
Ambos fumaron cubriendo solamente su desnudes con una sábana.
Kikyo esperaba el momento a que le dijera que se iría. Siempre era así, ellos se iban después del acto y no le molestaba, le gustaba su soledad. Inhalo del cigarrillo y cuando aún tenía el humo en su boca, Bankotsu la besó. Fue tan exquisita la sensación, que sin querer soltó el cigarrillo, el cual cayó directo al piso de madera, dejando una quemadura que jamás se borraría.
Lamentablemente esa noche se vería interrumpida.
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Por cada minuto que pasaba más gente llegaba a la fiesta. Kagome; sin embargo, solo tenía la mente fija en la música y en Sesshomaru, quien seguía sin mostrar señales de vida. Sango bailaba justo a su lado en el momento en que escucho la voz de Inuyasha.
- Felicidades-. Le dijo dándole un beso en la mejilla y un cálido abrazo.
Kagome lo recibió, pero rápido se zafó del agarre. -Gracias.
Su ceño se frunció por su actitud. - ¿Podemos hablar?
Sango se alejó para darles privacidad, esperando que ellos decidieran regresar para que su amiga se olvidaba para siempre de Sesshomaru.
Kagome hizo una nota mental de pellizcarle las rodillas la siguiente vez que la viera. Se volvió a Inuyasha y le sonrió. -Claro.
Él puso su mano en su cintura y la escolto al balcón, para que ni la música ni nada los invitados los interrumpiera mientras conversaban. - ¿Sucede algo? -. Pregunto al notarla distraída, como si buscara a alguien entre la multitud.
Kagome solo negó. El aire frío les pego de lleno, ninguno traía abrigo, y solo se abrazó a sí misma, impidiendo que Inuyasha con sus manos intentara arrimarla contra su pecho.
Meses antes, ella hubiera dado su vida por un momento así de romántico con él, ahora solo quería que él dejase de tocarla. - Hace mucho frío-. Quería que todo acabase lo más pronto posible.
- ¿Estás contenta?
- Sí, es que me da tanto gusto que mucha gente viniera. Por cierto, no he visto a tu hermano.
- No creo que venga. Desde temprano no lo he visto.
Todos los ojos del cuerpo se erizaron. Sesshomaru le prometió que celebrarían juntos esa noche, ¿Por qué si sabía de su fiesta, no fue por ella?
Inuyasha la miro. - ¿Recuerdas cuando usarás catorce años y planeaste como sería nuestra graduación?
Ella se sonrojó. Claro que se acordaba, ella tenía una libreta escondida debajo de su cama donde dibujó la fiesta de su graduación, con el diseño de su vestido y siendo coronada como reina del baile, con una tiara y el brazo de Inuyasha.
- Si, pero eso fue hace mucho tiempo.
El tomo su mano. -Te extraño, mucho. He sido un tonto todo este tiempo-. Inuyasha llevaba en el pantalón la caja con el anillo, así que simplemente lo sacó de su bolsillo y lo abrió para que ella pudiese verlo.
Era cierto lo que todos decían, era un anillo espectacular que jamás vio en su vida. Se llevó una mano a la boca por la sorpresa, era una pieza increíblemente magnífica. La joyería de Tiffany & Co., era preciosa, pero definitivamente el trabajo de Paloma Picasso exclusivo era algo que excepcional.
- ¿Quieres que te lo ponga? -. Una parte de Inuyasha deseaba con su corazón que ella dijese que si, pero otra parte, la voz de su conciencia, le decía que guardase esa cosa y no lo sacara jamás de nuevo en su presencia.
Kagome le dedico una mirada llena de ternura, y lo supo: Inuyasha siempre seria su primer amor, su primera ilusion, su novio de la escuela, y su primer beso; pero solamente eso, ya no existió pasión entre ellos, solo un montón de años e ilusiones que se perdieron con el transcurso del tiempo.
Pensó que si tal vez él no se hubiera acostado con Sango, si tan solo ella no se hubiera enamorado de Sesshomaru, habría llenado de besos su cara hasta el hastió para dejarle en claro que su corazón le pertenecía... las cosas no volverían atrás .
Tomo la cara de Inuyasha con una de sus manos con toda la ternura que podía y solo le dio un muy pequeño beso en la mejilla. -No creo que deba ser yo quien use este anillo. Sé que tú tampoco quieres hacer esto. deberías decirle a tu padre.
Se quedó mudo y el abrazo. Sabía que en cuanto la soltara todo terminaba, cinco años de historia entre ellos finalizaría para dejar paso a un par de amigos que podrían haber sido en otro mundo una pareja perfecta.
Pasaron segundos eternos y lo único que pudo hacer Kagome fue retirarse. Las palabras se atravesaron en su garganta y le dio la espalda.
Las ganas de llorar lo invadieron, porque se dio cuenta de que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Inuyasha la tomó de los hombros y le dio un beso en la nuca, oliendo su cabello. Sin decir más, se metió al salón y fue directo a la barra, donde pidió unos buenos tragos de tequila para olvidar sus penas. Definitivamente extrañaría a Kagome.
Antes de llevarse el trago a los labios, vio a lo lejos a su padre que reía junto a Keiko y Naomi. Vio al grupo de amigas de Kagome que bailaban, diviso a Sango con una copa en su mano mientras se divertía con Ayame y Koga.
El contoneo del cuerpo de Kikyo capturo enseguida su atención, ella caminaba junto a un sujeto directo a la salida. Se bebió de un trago el shot doble, se encaminó dispuesto a ir tras ella, quería sorprenderla en su departamento junto con una botella para que los dos juntos se perdieran en sus penas, que ella lo consolara, que cubriera con sus manos el vacío que sentía en su pecho. Su adorada Kikyo, su mejor amiga y confidente, con la que pasaría la vida juntos para nunca abandonarse.
Sus pensamientos se detuvieron cuando una mano femenina le sujeto del codo. Era Rin quien le sonreía abiertamente.
- Hola, Rin. ¿Qué haces aquí?
- ¿Podemos hablar? -. Preguntó con su angelical y tierna voz.
- Sí, claro-. Dijo poniéndole atención.
- ¿Me puedes invitar un trago? Por favor, uno muy suave.
La sonrisa lo mató, se veía muy tierna. -Tu hermano se enojará, pero una piña colada no te hará ningún daño.
Ella le sonrió haciendo de sus ojos chocolates una delgada línea. Una piña colada le fue servida, mientras la probaba miro los ojos dorados que esperaban con ansias.
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Las luces de la ciudad brillaban especialmente para ella, el frío que le calaba la piel, pero no lo sentía. Estaba triste, no por Inuyasha, por Sesshomaru que seguía desaparecido. Tomó su celular e intento marcarle, pero seguía su teléfono apagado.
Un suspiro escapó de su pecho. ¿Se habría ido a celebrar solo? ¿Perdió el interés después del sexo? Ese último pensamiento casi la hace llorar. Distraídamente, se tocó el collar con los dedos, esperando que sus miedos solo fuesen prejuicios mal infundados. Todas sus esperanzas recaían en no pensar que la decepcionaría, le dolía y mucho.
Entonces, una voz susurró en su oído acompañado de una suave caricia en la espalda que la sorprendió, y su corazón dio un vuelco tan fuerte que pensó se desmayaría.
- Feliz cumpleaños-. La atrapó entre sus brazos con un suave movimiento, enganchando los femeninos brazos con sus manos para impedir su liberación.
Era él. Su voz, su respiración, sus manos tocándola, podía saber que era Sesshomaru solo con aspirar su aroma a través de los kilómetros de distancia que se multiplicaban entre los dos.
La giro despacio, asombrándose de lo hermosa que se veía, con sus labios rojos bien marcados y con todo el complemento que usaba esa noche. La luna, las estrellas y la ciudad reflejaban su luz contra ellos, haciéndolos ver más apuestos de lo que nunca fueron.
Kagome subió sus manos por su pecho, sintiendo la tela de su camisa azul entre sus dedos y se concentro en acariciarle la mejilla de forma lenta, casi torturándolo porque solo lo hacia con la punta de sus extremidades.
Él también quiso tocarla y coloco su pulgar derecho sobre el labio rojo, en el acto abriendo su boca y rosando su fina barbilla.
Con toda la pasión que los enloquecía se besaron. Fue un beso que les supo tan exquisitamente dulce, que parecía nunca haberse tocado las lenguas antes.
Al separarse, Kagome fijó sus ojos en los dorados, que solo parecían interesados en verla.
- Yo... siento no haber llegado antes.
Le sonrió con todo su esplendor. -No importa-. Kagome no pudo evitar sentir como si el mundo entero hubiese desaparecido y solo estuviesen ellos dos, abrazados.
- Inuyasha...
Ella negó. -No digas nada, ya lo sé y lo he rechazado.
Sesshomaru le dio una pequeña sonrisa. La tomó con fuerza y la volvió a besar, pero con anhelo y desesperación. Los sentimientos dentro de su pecho estallaron para dejar paso a la felicidad pura ante lo mucho que ella le correspondía. Se sentía completamente libre.
Entonces, todo sucedió tan rápido que Sesshomaru no supo que lo golpeó tirándolo directo al piso. Kagome fue lanzada por impulso de forma tan salvaje que cayó en cuatro, golpeándose en las rodillas y la palma de las manos. Al girar para ver que pasó, solo pudo ver que Inuyasha se encontraba sobre Sesshomaru dándole una y otra vez con sus puños en el rostro.
- ¡Inuyasha! -. Gritó intentando hacer algo, pero su exnovio no escuchaba, ella se aventó sobre sus hombros pescándole del cuello, pero fue en vano, solo fue empujada, cayéndose de sentón. - ¡Déjalo!
Varias personas escucharon los gritos y todos salieron a ver que pasaba. La bola general se avivó cuando un fuerte golpe en pleno ojo hizo tambalear para atrás a Inuyasha, oportunidad que aprovecho Sesshomaru para quitárselo de encima, pero solo para arremeter contra su hermano.
Intentaron separarlos, pero ni su femenina voz, ni los brazos que los jalaban eran un impedimento en contra de la golpiza que Sesshomaru le ponía a Inuyasha.
Toga llegó corriendo y con ímpetu sujeto a su hijo mayor del brazo derecho, y lo jalo para quitarlo de encima de Inuyasha, cosa que no debió de haber hecho porque este último aprovecho para darle una patada en plenas costillas.
Eso le dolió como nunca nada, le sacó de tal forma el aire que seguro que le costaría dormir durante días.
Inuyasha al ponerse de pie fue sujetado por tres personas, intentando seguir pateando a su distante enemigo. Koga intento intervenir y se ganó un golpe en la mandíbula.
- ¡Era mi novia! -. Gritó enfurecido a su hermano. - ¡Lo sabías y no te importo!
Sesshomaru tenía los puños y dientes apretados dispuestos a seguir con la pelea, pero su padre lo empujo.
Inuyasha se giró hacia Kagome. - ¿Estuviste con él?
Ella solo lo miro. -Ya detente, por favor-. Verlo así le dolía, nunca esperó que las cosas fueran a salir tan mal.
Toga se dirigió a los que sujetaban a Inuyasha. -Llévenlo a la gerencia, en un momento los alcanzo-. Miro a Sesshomaru. - ¡Y tú! Tienes muchas explicaciones que darme.
Sin soltar el brazo de su hijo mayor, le dio un fuerte empujón para sacarlo del área.
Kagome lloró, las lágrimas le escurrían por su rostro, de repente miro a todos sus compañeros de escuela, y la veían raro. Busco con la mirada a Sango, ella inmediatamente se acercó a abrazarla.
Vio a Rin que también iba directo a ellas.
Rin miró a su amiga, se veía muy mal, sus rodillas estaban raspadas y la cara cubierta de lágrimas, así que la abrazó y en su oído, le habló: - ¿Cómo pudiste ocúltamelo?
A Kagome no le dolieron sus palabras, le dolió sus ojos chocolates llenos de decepción.
Sara y su sequito de amigas la abordaron. -Reina K, hablabas y decías tu manifiesto de la virginidad, cuando te revolcabas con ambos hermanos como una cualquiera. Hemos decidido que no estarás con nosotras hasta que resuelvas tus problemas.
Eso molestó mucho a Sango. -Son unas estúpidas, ¿cómo se les ocurre estar pensando en eso?
Sara con cara de satisfacción, vio la oportunidad de su vida en esos minutos. -Cállate, adicta. Hablamos con la zorra-. Diciendo eso, volteo hacia a Rin. -Iremos a terminar la noche al restaurante "Socialista", ¿vienes?
Ella les sonrió, y se alejaron para irse todas de la fiesta. Poco a poco el lugar se iba vaciando, quedando solo algunas cuantas personas, Sango sentó en una silla a Kagome y se quedó a su lado sujetando su mano como apoyo. Naomi y Kaede preparaban todo para irse.
Kagome pudo alcanzar a mirar a Koga que la veía con ojos cargados de decepción. Supo leerlos: No eres quien creía.
- Amiga, yo... debo confesarte algo.
Kagome solo la miro.
- Yo le conté a Miroku, y creo que Rin nos escucho. Vi como ella se acerco a hablar con Inuyasha, y después como él salía corriendo cuando Sesshomaru iba hacia donde tú te encontrabas. Lo siento, no pude reaccionar antes.
Le soltó la mano. Los ojos azules se llenaron de enojo. -¿Cómo pudiste, Sango? Mira lo que ocasionaste.
Eso la ofendió. -¿Yo?, Kagome... tengo semanas diciéndote que hables con Rin, que le contaras la verdad. Esas son las consecuencias de ocultar tu relación.
Kagome se puso de pie. - ¿Entonces, debo darte las gracias? Me has dejado como la zorra de toda la escuela.
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Intentar fumar en esos momentos era un problema. El dolor del labio partido y la inflamación de toda su boca harían que pronto se duplicara de tamaño y con ello su imposibilidad de fumar cómodamente. Aun así, siguió intentándolo con el cigarrillo colocado en un costado derecho.
El humo caliente le hizo que uno de sus ojos casi le llorara, pero lo resistió.
Odiaba a Inuyasha por haberle golpeado el rostro. Odiaba que lo hubiera golpeado también en las costillas y que ahora sentarse fuese doloroso. Odiaba a su hermanito por haberle hecho perder la oportunidad estar con Kagome; pero se odiaba mas a si mismo por haber perdido el control.
Tenía bien merecido ese puñetazo en la boca. Sabía que Inuyasha se enteraría algún día de su interés por Kagome, y aun así, no se arrepentía de nada.
Sonrió.
- ¿Lo que estoy diciendo te causa gracia?-. Pregunto Toga arqueando una ceja en el proceso. Se encontraba recargando su trasero en el escritorio y con las manos en los bolsillos, justo frente a sus dos hijos.
Lo miró, logrando poner atención a algo más que a sus propios pensamientos. -No, señor.
Sesshomaru e Inuyasha, se encontraba sentado a dos metros de distancia. Ambos negaban dirigirse una mirada siquiera.
El menor de los Taisho se encontraba con un ojo morado y un pómulo hinchado, la camiseta negra descosida de los brazos y completamente arruinada. No era su rostro o su ropa lo que dolía en esos momentos, era su orgullo.
Sesshomaru despacio se quitó el saco y lo dejo en la posadera de su asiento. Sin ánimos siguió con su tarea de fumar.
Toga suspiró cansado. Necesitaba ayuda psicológica para si mismo. No podía con eso. -Bien, como se niegan a hablar de eso...
- ¡Ese infeliz se acostó con mi novia! -Soltó de repente Inuyasha apretando los puños, dispuesto a levantarse de su silla para continuar con la pelea, y mirando con odio a su hermano. -Te borrare esa cara de arrogancia, maldito.
Sesshomaru se encogió de hombros. -Ella ya no era tu novia.
- ¿Cuánto tiempo? ¿tres semana?-. Gritó. Las encías le ardían al apretar los dientes con tanta fuerza. -¡Tres semanas te bastaron para aprovecharte de ella!
Los ojos fríos lo miraron y le dedico su más sínica sonrisa. -Desde que la dejaste-. Dijo saboreando cada palabra.
Inuyasha volvió a perder el control, con toda su energía se levanto de la silla con el propósito de ir contra su hermano y darle una paliza, pero Toga logro bloquearlo.
- ¡Contrólate! -Gritó Toga. Señalo la silla que ocupaba segundo antes su hijo menor y dio la indicación de sentarse.
Inuyasha se sintió frustrado. Quería en ese momento reventarle cada parte del rostro a su hermano para borrarle ese petulante gesto que llevaba como sonrisa.
Sesshomaru se puso de pie dispuesto a enfrentar a Inuyasha.
- ¡Ya basta!-. Ante el grito de su padre, ambos se quedaron quietos. -¡Sentados!
De mala gana ambos hermanos volvieron a su posición inicial. Definitivamente Toga necesitaría terapia. Con serenidad intento calmarse también. -Está bien, ahora que estamos tranquilos, hablemos...-. Miro a su hijo mayor. - ¿Es cierto? ¿Te acostaste con Kagome?-. Muy en el fondo deseaba que fuese mentira. Al ver que él asintió, dio un fuerte suspiro. -¿Por qué rayos hiciste eso? Te dije claramente que no lo hicieras, ¿para eso viniste? ¿Para demostrar lo que has hecho?
Sesshomaru no contestó, fingió mirar a algún punto detrás de su padre.
- ¿Piensas ignorarme?
Pero él no decía nada.
- Seguro la embriagaste-. Susurró Inuyasha, para después mirarlo con desprecio. -¡Ella debió sentir asco cada segundo!
No caería en la provocación. Ella no pudo sentir asco porque se la paso complaciéndola. Si bien el dolor de perder la virginidad estaba presente, Kagome le susurro el deseo que sentía entre sus brazos después del primer orgasmo. Él se encargó de hacerlo primero despacio y después como ella quería que le enseñase.
Él hizo que Kagome gritara su nombre cuando la rompió de placer, y cada vez que terminaba, hacia que volviera a despertar su libido solo por el goce de mirar todo lo que su cara podía expresar.
Sin embargo, Inuyasha metió leña al fuego. -¿Qué le dijiste de mi para convencerla? A ella nunca podrías gustarle-. Aquellas palabras salieron como un total insulto.
- Basta, Inuyasha-. Amenazó Toga.
- ¡Es la verdad! -Gritó. -Kagome me ama.
Eso él no pudo soportarlo. - ¡Cállate, idiota! -. Dijo fríamente poniéndose de pie.
Inuyasha nunca reconocería que se intimido al ver los ojos dorados observándolo con furia. Un escalofrió recorrió su columna vertebral y terminó hasta su cerebro, provocando que todos los vellos de su cuerpo se erizaran.
Toga solo miró sorprendido la reacción de su hijo mayor.
- Ella no te ama-. Las palabras salieron de Sesshomaru con tanta soltura, que de repente fue como si se hubiera quitado un peso de los hombros. -Ella es mía.
Toga tenia la boca y los ojos abiertos como platos. No supo que hacer ni que decir, simplemente siguió los movimientos de su hijo mayor quien se volvió a posar en la silla.
Sesshomaru se dio cuenta que su cigarrillo se consumió por completo en el cenicero y procedió a prender uno nuevo.
Inuyasha no sabía qué hacer con esa información. Entonces, una imagen asalto su mente, como su Kagome besaba a su hermano. Cuando Rin le dijo, no lo creyó, pero cuando los vio, la furia lo cegó, imaginando todas las cosas sucias que seguramente le hizo.
Con un nudo estrangulándolo en la garganta, se atrevió a preguntar. -¿hace cuanto...?
- Años-. Simplemente susurró, sínicamente y sin vergüenza. Sabía a qué se refería Inuyasha, era una pregunta que ocultaba la verdadera: ¿hace cuánto tiempo tenia sentimientos hacia ella?
La sorpresa volvió a invadir su rostro a tal punto que se mareo. -Infeliz, desgraciado. ¡Siempre me decías me acostara con ella!
- Mentí, era yo quien deseaba hacerlo-. Eso era totalmente cierto, las cosas que decía en contra de Kagome solo eran para intentar olvidar que sentía algo hacia ella. Pero entre mas intentaba negar esos sentimientos mas se negaban a irse, haciéndolo cometer locuras, como la vez que amenazó a Sango o cuando empujo a Inuyasha solo para defenderla.
Inuyasha tuvo deseos de vomitar. Era un maldito ciego que se negó a ver todas las actitudes de su hermano, se burlo de él y le mintió en su cara. Y eso no se lo perdonaría.
En cuanto a Kagome... ella también podía irse a la mierda.
- No se te ocurra pasarte por mi camino, o hare que lo pagues-. Dijo en un susurro mordaz, mientras se ponía en pie, y salía del lugar.
Toga miró a su hijo. Sesshomaru y Kagome... no se esperaba que ella fuera un corresponsal. Se sintió un reverendo idiota, si su primogénito quería a la chica, pues él estaría gustoso en recibirla con los brazos abiertos. La unión de los apellidos Toga-Higurashi le sonaba de lo mejor en su cabeza.
Tal vez ella era la indicada en mantener en límite a Sesshomaru, ya antes lo había logrado con Inuyasha.
En cuanto a los sentimientos de Inuyasha... los superaría.
- Si te soy sincero, me da gusto que ella te acepte, sé que es buena chica y juntos podrán ver un camino donde aprendan a ser responsable, a sacrificarse, a ser fieles y considerados.
Sesshomaru no lo golpeó porque era su padre. - ¿y mi proyecto?
Negué la toga. -Eso no pasara, que sea una lección por ocultárselo a tu hermano.
Bueno, eso se lo merece. Salió del hotel dispuesto a buscarla.
Kagome bajó con su pijama puesta cuando él llego a su casa. Naomi ya sabía todo, así que los dejo solos en la sala. Con una cubeta de hielos puso unos cuantos en un trapo y con cuidado lo paso sobre sus delgados labios. Él solo sintió la frialdad contra su piel.
Ella le dio un pequeño beso en la mejilla antes recostarle su cabeza en las piernas y se dedicó a mimarlo.
Definitivamente eso valía jodidamente la pena.
S:S:S:S:S:
Una y otra vez golpeó la puerta hasta que fue abierta.
-¡Inuyasha! ¿Qué te pasó? -. La preocupación se adueñó de sus facciones y su voz al verlo con la cara llena de moretones y la ropa rota. Lo dejó pasar y lo sentó en la mesa del comedor. -Espera, iré por hielos.
Él se percató de la apariencia de Kikyo, traía su bata mal ajustada de la cintura, y se vio claramente que no llevaba nada debajo. Era obvio que estaba desnuda. Su cabello despeinado y el olor a hierba delataban un poco porque ella se vio ligeramente más veloz de lo que era.
Furioso camino hacia ella y con nada de cuidado le jalo la bata por la parte del cuello para lograr ver una marca evidenciando un hematoma recién hecho justo en el principio del escote.
La acción apareció a Kikyo, quien en el estado de confusión en el que se encontró por los efectos de su cigarrillo, solo atino a cubrirse.
Con los puños apretados y se encamino hacia la habitación.
- ¿Qué haces...? -. Preguntó bloqueando su camino.
Él la quito de en medio sin ningún cuidado, y con toda la intención entro a la recamara solo para ver a Bankotsu abotonándose la camisa.
- ¡Hijo de perra! -. Gritó yendo hacia él con toda la intención de golpearlo, pero Kikyo se puso en su camino.
- ¿Qué te pasa, Inuyasha?
Bankotsu no comprendió que sucedió, solo pudo ver a Inuyasha haciendo una rabieta ya Kikyo intentando calmarlo. Solo se quedó parado sin saber cómo reaccionar. Ella definitivamente era sinónimo de problemas. -Dijiste que no era tu novio.
- ¡No lo es!
Sus palabras le dolieron. - ¿Te acostaste con él? -. Le preguntó ofendido y aun con la intención de partirle la cara al hombre que terminaba de ponerse la ropa.
Bankotsu no le agrado en nada que se dirigiera de esa manera a una mujer, él podía ser un canalla a veces, pero también era un caballero. - ¿Qué te pasa, Taisho?, no tienes que hablarle así a una dama.
- ¡No te metas!
- ¡Ya basta! -. Fue Kikyo la que hablo. -¿Qué te sucede?
Inuyasha soltó todo. -Primero me entero que Kagome se acuesta con Sesshomaru, y después vengo contigo y me doy cuenta que te estas acostando con un empleado de mi papá.
- ¿Y lo mío en que te afecta? ¡Tú me rechazaste! -. Le gritó más que harta. Le dio un fuerte empujón en el pecho, que no le hizo nada. -Lo único que siempre te ha importado es retenerme para que nadie más me vea.
Otro empujón, Kikyo sintió toda su frustración brotando de los poros.
- No soy tu premio de consolación. ¡Y no es mi culpa que Kagome quisiera acostarse con tu hermano solo porque tú no quisiste cogértela! -. Dijo jaloneándolo de la ropa para sacarlo de la habitación.
Sus palabras le dolieron peor que cualquier cosa que hubiera sentido nunca, ella tenía razón, ella siempre tuvo razón. Con la mirada en el piso dejo que cada empujón y jalón lo llevasen fuera.
- ¡Egoísta de mierda! Me llevaste a la fiesta de cumpleaños de Kagome y no conforme con dejarme sola, llegas a arruinarme la velada.
- ¡Tan mal no te la pasaste si terminaste acostándote con un desconocido!
Ella dejo de pegarle, porque la mirada dorada de su mejor amigo, era como la de todas las personas que la juzgaron durante toda su vida. -A ti no te debo nada. Eres solo mi amigo.
Inuyasha estaba decepcionado y dolido. -Ya no sé quién es peor, si Kagome o tú.
Ella le soltó una cachetada que no solo impactó contra su rostro también en su alma. Él sabía que la peor forma de insultarla, era comparándola con Kagome.
- Eres... ¡un maldito!, ¡ojala jamás te hubiera conocido! -. Él se dejó guiar mientras ella abría la puerta de la entrada para que se fuera. -Me da gusto que Kagome se decidiera por Sesshomaru, al menos él no está ciego como tú-. Y le cerro la puerta en la cara.
Kikyo se metió al baño, esperando que Bankotsu se fuera sin tener que despedirse. Tremendo escándalo haría que cualquiera huyese de la situación. Era solo sexo casual, no había necesidad de decir adiós.
Pasó bastante rato, y cuando salió, lo encontró fumando en la mesa del comedor con dos tazas de café ya frías.
- ¿Estas bien?
Ella sorprendida meneo la cabeza de forma afirmativa y se sentó.
Bankotsu la miró. Esa chica era un manojo de problemas, aun así le tendió una servilleta donde vino su teléfono. -Llámame-. Y sin más se fue.
Continuara...
