Esta historia se situa durante el Periodo Sengoku del Japón Feudal en la Tierra, y sigue a Hiroki Nakagawa, también conocido como el Shinigami Blanco y posteriormente Slamurai, quien estaba regresando con los suyos de una batalla victoriosa para su Daimyō.

— Lo hicieron excelente, muchachos —Felicitaba Slamurai a sus soldados.

— No lo habríamos logrado sin usted Señor Nakagawa —Afirmaba uno de ellos.

— Tampoco deberías minimizarte tanto, Kurogane —Pedía Slamurai—. Bueno, es hora de contarle nuestra victoria al Señor Yamaguchi.

Pero justo cuando se acercaban al castillo del Daimyō Yamaguchi, rápidamente notaron que algo andaba mal por lo silencioso que estaba todo el sitio, pues no sé oía nada proveniente del castillo, cosa que nunca era así con lo bullicioso que era el Daimyō.

Debido a eso todos sacaron sus espadas y avanzaron precavidamente esperando un ataque en cualquier dirección.

— No se separen, sea lo que sea que esté ocurriendo aquí puede ser peligroso —Ordeno Slamurai.

Sus hombres obedecieron y se quedaron pegados los unos a los otros cubriéndose las espaldas en todas las direcciones.

Al entrar al castillo vieron horrorizados un montón de cadáveres por todo el lugar, cadáveres de los sirvientes, cortesanos y nobles, así como de los Samurái que se quedaron para defender al Daimyō.

Slamurai al ver esto fue corriendo junto a sus hombres directo a la sala del Daimyō, solo para encontrarse con el sentado en su cojín con la garganta cortada.

— ¡Dioses! ¿Que acaba de pasar aquí? —Se preguntaba Slamurai.

— ¡Aiko! —Exclamo uno de los suyos.

— ¡¿Que pasa Kogane?! —Quiso saber Slamurai llegando a donde estaba Kogane.

— Es Aiko, ella también —Contesto Kogane entre lágrimas apuntando al cadáver de su esposa.

— No es la única, ahí está la esposa de Kurusu —Señalo Kurogane.

— ¡Saki! —Exclamo Kurusu corriendo hacía el cadáver de su esposa

— ¿Pero que significa esto, quien lo hizo? —Pregunto Kogane abrazando el cuerpo de su esposa.

— ¿Será que acaso… ¡Haruka! —Exclamo Slamurai corriendo hacia su casa.

La casa de Slamurai estaba bastante cerca del castillo, por lo que no le tomó casi nada llegar a ella, pero durante el camino siguió encontrándose con más cadáveres de sirvientes, cortesanos y nobles, cosa que le hacía temer lo peor.

Al llegar a su casa vio como la puerta estaba abierta, o mejor dicho, destrozada, cosa que le hizo preocuparse y entrar lo más rápido posible, solo para encontrar una estatua de su amada Haruka.

— ¿Haruka? —Dijo extrañado Slamurai al ver a su esposa en ese estado—, ¿Pero que te paso, que les pasó a todos?

Y de pronto oyó unos gritos provenientes del castillo, los gritos de sus hombres, cosa que lo hizo tener que dejar a su esposa con el dolor de su corazón, pero si sus hombres estaban en peligro debía ir a ayudarlos.

Al volver al castillo vio con horror como sus hombres habían sido asesinados, cosa que lo asustó, pues sus hombres eran duros guerreros curtidos en cientos de campos de batalla, y sin embargo algo los mató en segundos.

— ¡Quien haya hecho esto muestrese y muera con honor! —Exclamo Slamurai empuñando la Katana de Kuron.

— Como siempre, tan exagerado, Hiroki —Dijo alguien entre las sombras.

— Esa voz —Noto Slamurai—, ¿¡Genji!?

Y de entre las sombras emergió un Ninja de negros ropajes con toques de rojo y el símbolo de un Dragón enrollandose alrededor de un cuchillo en el pecho.

— Tus hombres no representaron un reto para mí, sin duda su fama estaba muy exagerada —Afirmo Ninjor.

— ¿¡Por qué has hecho esto, por qué traicionaste a nuestro señor!? —Demando saber Slamurai.

— La respuesta es fácil, porque ahora tengo un señor aún más poderoso, tan poderoso que me ha otorgado con esto —Contesto Ninjor mostrando brevemente un medallón antes de arrojarlo hacia atrás—. Con esa belleza volví a esa perra en una estatua por haberse osado a elegirte a ti, lastima que solo sea de un solo uso, me hubiera encantado tenerlos a los dos como adornos en mi jardín.

— ¡Maldito! ¿Cómo te atreviste a hacerle eso a Haruka solo por haberte rechazado? ¡Eres escoria, escupo en todo lo que representas! —Exclamo Slamurai escupiendo al suelo—. ¡Levanta tu arma, maldito, al menos dignate a morir con honor!

— Si, no —Y desapareció en una nube de humo.

— ¡Genji, da igual a dónde huyas, te encontraré y te mataré como el perro que eres! —Prometío Slamurai.

Y así Slamurai se convirtió en un Ronin y paso meses buscando por todo Japón a Ninjor, visitando cada aldea, cada ciudad, cada sitio frecuentado por la peor escoria de la sociedad, cada base de Daimyōs rivales a su fallecido señor, hasta que ocurrió todo lo de Monteeg y termino descubriendo el paradero de Ninjor, Eternia.

Habían pasado casi dos años desde que llegó a Eternia y se había vuelto un Amo del Universo, y ahora había descubierto la ubicación actual de Ninjor, por lo que fue a cazarlo acompañado de varios Guardias Reales a su mando.

— Recuerden, no se separen de mi y podrán salir vivos —Decía Slamurai dispuesto a no cometer el mismo error que acabó con la vida de sus hombres.

— ¡Si, señor! —Contestaron al unísono los Guardias Reales.

Slamurai junto a Cy-Klone habían entrenado a estos Guardias Reales en las artes marciales de Japón y Anwat Gar específicamente para cazar a Ninjor, y realmente estaba esperando mucho de ellos.

— No me gusta este sitio, dicen que aquí está resguardada una espada maldita que atrapa el alma de sus víctimas —Contaba uno de ellos.

«Considerando todo lo que he visto desde que llegué aquí, bien puede que sea verdad», pensó Slamurai—. Por eso mismo no se separen, no sea que Ninjor haya conseguido la espada y este intentando emboscarnos.

— ¿Se puede saber que llevo a Ninjor a traicionar a su señor y convertir a su mujer en piedra? —Quería saber uno de los Guardias Reales.

— De lo primero no se, nunca encontré las respuestas a su traición, y de lo segundo, el mismo infeliz reconoció que lo hizo por haberme escogido a mi sobre el —Contesto Slamurai.

— ¿Entonces volvió a una mujer inocente en una estatua porqué lo rechazo? ¡Menudo poco hombre! —Exclamo uno de ellos.

— Sin duda, Genji es poco hombre en todo, no me extraña que aceptara unirse a alguien como Skeletor a cambio de poder, solo alguien tan bajo como el haría eso —Afirmo Slamurai.

— Te estoy escuchando —Revelo Ninjor saliendo de las sombras y atacando a un Guardia Real.

Slamurai por suerte reaccionó a tiempo y salvo a dicho Guardia Real del ataque, logrando acertar una patada en Ninjor y empujándolo hacia atrás. Sin embargo Ninjor no sintió la patada y solo se puso a reír.

— Buenos reflejos, si tan solo los hubieras mostrado ese día, quizás tus hombres seguirían vivos de haber sido el caso —Se burlaba Ninjor.

— ¡Di lo que quieras, pero eso no quita que fuiste lo suficientemente estúpido como para revelar tu posición! —Le hizo ver Slamurai.

— ¿Estas seguro de eso? —Pregunto Ninjor desvaneciéndose—. Ahora estamos igualados en el tema de poderes, suerte encontrándome entre tanto clon.

Y al decir eso docenas de clones de sombra de manifestaron alrededor de ellos, todos listos para atacar. Slamurai invoco a sus clones para igualar el terreno y así cubrir mejor a sus hombres.

— Veamos quien cae primero, si yo o los tuyos —Dijo Ninjor entre las sombras.

— Da igual cuánto poder consigas o cuanto intentes igualarte a mi, nunca serás más que un gusano bajo el estrado de mis pies —Afirmaba Slamurai.

— ¿Quieres poner eso a prueba, o que? —Pregunto Ninjor.

— Con gusto —Contesto Slamurai poniéndose en posición de ataque.

Lo siguiente que ocurrió fue que todos los clones de los dos se lanzaron en combate, cosa que fue prácticamente un espectáculo para los Guardias Reales, ya que solo se veía haces de luz azúl y rojo chocando entre si produciendo un resplandor morado por todo el lugar, y si bien no lo podían ver, Slamurai atacaba con movimientos lentos y con ritmo en combinación de su arco mientras Ninjor atacaba con movimientos rápidos y ágiles en combinación de su nunchaku para desviar las flechas de luz de Slamurai, el cual aprovecho para hacer explotar una al impactar contra el nunchaku, cegando temporalmente a Ninjor y permitiéndole volver a acercarse y lograr acertar un tajo de su espada en su pecho, cosa a la que Ninjor reaccionó con furia y golpeó a Slamurai con su arco, alejándolo y permitiendo que Ninjor pudiera dispararle a el, a lo que Slamurai respondió de la misma forma con su arco, llenando todo el sitio de flechas lumínicas que parecían danzar en persecución de la luz.

Durante el combate algunos clones de Ninjor eran arrojados por los de Slamurai a los Guardias Reales, los cuales aprovechaban para matarlos y así reducir los número de Ninjor a favor de Slamurai.

O eso quisieran, pero Ninjor creaba dos clones por cada uno que mataban, lo que solo hacía que los clones de Slamurai fueran sobrepasados y eliminados uno a uno, lo que hacía que Slamurai creada dos clones por cada uno que los de Ninjor matarán.

Al final el sitio se volvió demasiado peligroso para los Guardias Reales, los cuales tuvieron que salir de ahí para salvar sus vidas.

— ¿¡El Señor Slamurai estará bien!? —Quería saber uno de ellos.

— Solo la Diosa sabrá —Contesto otro.

— Eh, chicos, creo que deberíamos seguir corriendo —Dijo un Guardia Real viendo cómo de a poco pequeños trozos de rocas caían desde el techo que se estaba agrietando por los múltiples impactos de flechas.

Ni lentos ni perezosos, los Guardias Reales salieron corriendo mientras el edificio se derrumbaba sobre ellos. Pero varios escombros habrían matado a varios de ellos si Slamurai no hubiera intervenido al mismo tiempo que seguía enfrascado en su lucha contra Ninjor. Gracias a ellos pudieron escapar a tiempo sin sufrir ni una baja, aunque Slamurai y Ninjor siguieron peleando adentro cuando el edificio se derrumbó, provocando miedo en los Guardias Reales de que su señor hubiese perecido ahí.

Afortunadamente unos instantes después vieron como Slamurai salía con algo de complicaciones de los escombros, así que fueron a ayudarle.

— ¡Descuide, señor, lo llevaremos a que sea curado! —Decía una de ellos viendo como su traje blanco estaba totalmente cubierto de sangre.

— No te creas, la mayoría es de Genji, pero aún así el maldito logro escapar, aunque suerte para el ahora que no tiene percepción de la profundidad —Revelaba Slamurai arrojando algo al suelo que los Guardias Reales identificaron como un ojo.

— ¡Joder, eso fue brutal e innecesario! —Exclamaba uno de ellos.

— Al contrario, fue muy satisfactorio —Dijo Slamurai entre risas—. Otro día será cuando tenga mi venganza, por ahora me alegro de haber podido salvar a mi equipo en esta ocasión. Volvamos a Ciudad Grayskull a celebrar eso.

Viendo que ya no tenían nada que hacer ahí se fueron de vuelta a casa, con suerte y Ninjor no asomaba su cara en mucho tiempo.