Está historia se desarrolla durante la Gran Agitación, en un tiempo en dónde Adam ya era el nuevo He-Man, y sigue al al nuevo rey de Vaderia, Dakon, quien estaba luchando por no llorar en el funeral de su padre, el Rey Karron, quien junto a sus Guardias Reales se habían sacrificado para salvar a Vaderia de una horda Orca dirigida por el infame Caudillo Grognar Aplastacraneos.
— Y así esperamos que las almas de estos valientes guerreros hallen la paz junto a la Diosa en la Eternidad —Terminaba de hablar el sacerdote para luego enterrar a los muertos.
Una vez acabado el funeral, Dakon entraba furioso a su palacio, dispuesto a usar todos los medios necesarios para encontrar a Grognar y traer su cabeza decapitada a Vaderia.
— ¡Dakon, por favor detente, tu padre no habría querido que sacrifiques tu vida de esta manera! —Le suplicaba su novia Maran.
— ¡Mi padre está muerto por culpa de ese hijo de puta! ¿¡Cómo quieres que me detenga sabiendo que sigue vivo!? —Demando saber Dakon solo para ver lo asustada que estaba su novia por su arrebato—. Lo, lo siento, es solo que, es solo que no sé cómo sentirme, mi padre murió cargando contra ese maldito y ahora tengo que heredar todo un reino mientras su asesino vaga libre, no sé que hacer y no sé a quién acudir, tan solo deseo saber que debo hacer ahora —Decía mientras se derrumbaba sobre sus rodillas y se cubría la cara.
— No estás solo, Dakon —Afirmo Maran acercándose y abrazándolo—, siempre puedes contar con mi padre y conmigo. También tienes a Adam y su familia, por lo que ayuda no te faltará. Por eso te pido que no malgastes tu vida persiguiendo a esa bestia, Vaderia necesita a su rey, y yo necesito a mi hombre conmigo.
— Eres una bendición, Maran —Dijo Dakon procediendo a darle un tierno beso en los labios a su novia—. Ahora mismo necesito pensar que debo hacer, y necesito estar a solas con mis pensamientos un rato.
— Estaré con mi padre por si necesitas algo, por favor, cuídate y no hagas nada tonto —Pidío Maran.
Dakon se fue a su habitación y se quedó divagando sobre que hacer durante horas. Pero al final sabía que por mucho que lo pidiera Maran, el nunca podría estar tranquilo con Grognar vivo, por lo que decidió escabullirse de noche sin que nadie lo viera, pero justo cuando abrió la puerta de su habitación se encontró con Adam al otro lado esperándolo.
— Dakon, tenemos que hablar —Decía Adam.
— Ni te molestes en tratar de convencerme de lo contrario, que no voy a dejar pasar esta ofensa —Afirmo Dakon.
— ¿Quien dijo que trababa de detenerte? —Le corregía Adam dándole un mapa holográfico con la ubicación actual de Grognar—. Tu padre era básicamente mi tío en todo menos en lo sanguíneo, y ese desgraciado lo mato, yo también estoy con ansias de hacer justicia.
— Entonces vamos por ese hijo de puta —Dijo Dakon más motivado que nunca.
Al salir del palacio Dakon noto como un escuadrón de Guardias Reales los estaban esperando afuera, todos eran de Vaderia, por lo que Dakon no tuvo dudas de porque estaban aquí.
— Estamos listos, solo esperamos sus órdenes —Dijo el Capitán a cargo del escuadrón.
— Adelante, vamos por Grognar —Ordeno Dakon.
Cuando por fin llegaron al sitio a la mañana siguiente, se recostaron sobre una elevación de tierra para vigilar el campamento Orco sin ser detectados. Ahí vieron a los Orcos, critsturas tontas y enormes de piel azúl y rostros con rasgos porcinos que vestían armaduras y cascos rojos con cuernos, iban acompañados de los Torcs parientes de piel gris más pequeños y aún más estúpidos al punto de ni poder hablar. Estás criaturas eran excesivamente violentas, estallaban en rabia homicida ante la menor provocación y siempre traían consigo hachas del tamaño de torsos Humanos y cuchillos que en las manos de cualquier No-Orco sería para todo efecto práctico una espada de una sola mano.
— Trajeron las bombas y cañones de plasma, ¿Verdad? —Preguntaba Dakon.
— Por supuesto, su Majestad, no podíamos dejarlas olvidadas —Respondía el capitán mostrando una bomba de plasma.
— Bien, es hora de quemar este sitio —Dijo Dakon.
— Cuidado, Dakon, esas cosas son muy peligrosas e inestables —Le advertía Adam.
— Oh, lo sé, cuento con ello —Explico Dakon.
— Okay, tengo curiosidad, ¿Que planeas hacer? —Quiso saber Adam.
— Pues verás…
Quince minutos después una granada de plasma fue arrojada hacia el campamento Orco, provocando una explosión y vaporizo a los Orcos que se encontraban en el centro de la explosión y advirtió al resto, los cuales agarraron sus armas y corrieron en la dirección en donde dicha granada fue arrojada, solo para ser vaporizados por la mitad de los Guardias Reales liderados por Dakon, armados con los cañones de plasma, y como los haces de energía de estos duraban poco y tenían un rango de efectividad bastante bajo comparable al de una escopeta recortada, los Guardias Reales tuvieron que formarse en tres files horizontales, una detrás de otra, con la línea del frente tumbada en el suelo, la del medio de rodillas y la tercera en pie, todas disparando una después de la otra en rápida sucesión consiguiendo acabar con varios Orcos y Torcs antes de retroceder cuando el número de enemigos aumento fuera de su control.
Fue entonces que ellos los guiaron a una trampa en donde arrojaron granadas de humo para confundir a sus enemigos, los cuales fueron emboscados por la espalda por el resto de los Guardias Reales liderados por Adam, los cuales usando sus cañones de plasma en conjunto con sus compañeros de la línea del frente diezmaron a las fuerzas Orcoides con los pocos sobrevivientes muy mal heridos siendo rematados por los Vaderianos con sus machetes
— Me gusta cuando las cosas salen de acuerdo al plan —Admitía Dakon.
— ¡Se acercan los grandes! —Aviso Adam viendo llegar al Caudillo junto a sus guerreros de élite.
— Entonces es hora del siguiente paso —Dijo Dakon.
Al decir eso todos siguieron corriendo para molestia de Grognar, quien no toleraba a quienes según el corrían cobardemente y carecían de valor, más no sabía que en realidad lo estaban guiando a un campo minado. Cómo ellos habían colocado las bombas, Dakon, Adam y el resto sabían por donde cruzar para no detonar accidentalmente una de ellas, los Orcos no tuvieron esa suerte, y tan pronto como pisaron el campo minado la gran mayoría de guerreros perdieron extremidades o fueron reducidos a cenizas por los explosiones, excepto Grognar, quien era tan absurdamente resistente que las explotaciones, si bien lo lastimaron, no pudieron detener su avance y lo único que lograron fue enojarlo aún más.
— ¡Ze kreen muy liztoz al enfrentarze a mí, pero no zon máz que guzanos bajo miz botaz, ahora prepárenze para morir! —Exclamo Grognar a punto de llegar hacía ellos mientras blandía una hacha motosierra.
«¡Debí venir aquí como He-Man!», pensó Adam viendo lo estúpido de su decisión.
Incluso Dakon se había quedado sin ideas y ya no supo que hacer, y dándose cuenta de que era muy probable que muriera en ese mismo instante tan solo cerró los ojos y espero lo peor.
Entonces algo lo golpeó en la cabeza en la cabeza y lo dejo inconsciente. Había sido Adam, quien usando una habilidad de la Espada del Poder para levitar objetos había arrojado varias piedras a las cabezas de Dakon y los Guardias Reales cuando éstos no miraban y así noquearlos. Muy probablemente le provocaría una contunción cerebral a más de uno, pero era mejor que morir despedazado por un Orco.
— ¡¡¡¡POR EL PODER DE GRAYSKULL!!!! —Grito Adam transformándose en He-Man—. ¡¡¡¡YA TENGO EL PODER!!!!
Cuando Dakon recupero la conciencia se encontró con que Grognar se encontraba muertos con múltiples perforaciones en su cuerpo y todo el mundo sufriendo de fuertes dolores de cabeza.
— ¿Estás bien, amigo? —Preguntaba Adam ayudándolo a levantar mientras se sobaba una herida que el mismo se hizo para aparentar.
— ¿Que paso? —Quiso saber Dakon con fuerte palpitar en su cabeza.
— Una última bomba entre el y nosotros reventó una enorme piedra cuyos restos acribillaron a Grognar y nos noquearon —En realidad había apuñalado a Grognar hasta la muerte.
— De puro milagro seguimos vivos —Decía Dakon.
— Pero lo importante es que lo estamos y Grognar y los suyos no —Le hacía ver Adam—. Ahora volvamos a Vaderia.
— Maran me va a matar en cuanto vuelva —Ya lo veía venir.
— No lo hará, le mentí cuando llegue a Vaderia y le dije que te llevaría a cualquier sitio que mantuviera tu mente alejada de Grognar, incluso podemos justificar nuestras heridas como un accidente durante el viaje, tan solo es cuestión de que no vea a los Guardias Reales —Explico Adam.
— ¿En serio hiciste eso por mi? —Pregunto Dakon.
— Eres mi mejor amigo, Dakon, haría todo por ti, incluso si eso involucra algo tan odiado para mí como mentir —Juro Adam.
— Adam, gracias —Dijo Dakon entre lágrimas.
— Ya, ya —Le calmaba Adam abrazándolo y dándole unas palmadas en la espalda—. Volvamos a Vaderia.
Varios años después.
— Y esa es la historia de como vengamos a tu abuelo —Le terminaba de contar Dakon a Valen—. Por favor no se la cuentes a tu madre o me matará.
— ¡Asombroso! —Exclamo Valen con los ojos brillando de la emoción—. No me creo que el Rey Adam liderada un escuadrón contigo contra una horda Orca, con todo de que era un cobarde.
Valen sabía que no era el caso, pero no podía decírselo a su padre.
— En eso debo reconocerselo a Adam, para casi todo era un cobarde, pero siempre sacaba valor para ayudarme, siempre ha estado ahí para mí y es algo que no puedo dejar de agradecer. Excepto esa vez en la que fuiste capturado por Lord Masque, pero como dijo He-Ro, el también ya tiene un hijo que proteger, y para un padre su hijo es la primera y más importante prioridad —Dijo Dakon abrazando a su hijo.
— Te quiero, papá —Dijo Valen.
— Yo igual —Dijo Dakon antes de mirar la hora—. Que tarde se ha vuelto, será mejor ir terminando por hoy.
— Cuéntame otra de tus historias mañana —Pedía Valen mientras se iba.
— Lo haré —Prometío Dakon antes de mirar una pintura de su padre—. Ojalá estuvieras aquí para ver a tu nieto, te extraño, papá.
Lo único que lo consolaba era que su asesino ya no vivía, eso y su familia, quienes eran su más grande y bello tesoro, y haría lo que fuera con tal de protegerlos, a fin de cuentas eso fue lo que hizo su padre al dar su vida por su hijo y su pueblo, y es justo lo que el haría si llegase el caso, pero esperando que nunca llegue ese día Dakon aprovecharía cada segundo de su vida para disfrutarla con aquellos a los que ama.
