Esta historia se desarrolla poco después de que Andra rescatará a su hijo de Lizzie y quemada su guarida y lo dejara al borde de la muerte, y sigue al mismísimo Lizzie, quien de pudo milagro logro llegar a un asentamiento en dónde trataron sus heridas.
Mientras estaba recostado en la cama de un hospital repleto de vendajes empezó a pensar acerca de las decisiones de su vida que lo habían llevado a este punto, cosa que fue un incordio para el el tener que recordar el día de la muerte de su padre.
El recibir una carta amarilla detallando como tú padre encontró la muerte de una forma tan horrible a manos de una Mantícora y luego ver lo que había quedado de el dentro de un ataúd durante su velorio es algo que ha nadie le tendría que ocurrir.
Desde ese día había culpado a los Amos del Universo y a la Corona de Eternos con odio y pasión por creer que lo mandaron como carne de cañón contra el enemigo. Pero si resultaba ser verdad lo que le había dicho Andra, entonces significaría que el habría estado pisteando y escupiendo en todo lo que su padre hizo solo por no detenerse a escuchar.
Dándose cuenta de que tendría que encontrar un modo de descubrir si lo que le dijo era cierto, Lizzie decidió que tan pronto se recuperara de sus heridas iría a buscar respuestas. Realmente no esperaba que le tomaría dos meses recuperarse.
Una vez recuperado se fue directo a la Zona Fría, el reino de los Reptones, la especie de su padre, para ver si podía obtener una audiencia con el Rey Pythos. Al llegar entendió el porque le decían la Zona Fría, pues el sitio era una tundra a temperaturas bajo cero con prácticamente todo lo que estaba afuera del sistema de cavernas en dónde viven los Reptones estando congelado, y el mismo solo seguía vivo por una piedra mágica de fuego que lo mantenía a una temperatura idónea para un reptil. Que una raza reptiloide viva en un lugar así no tiene sentido, razón por la cual en las Arenas del Tiempo, los Hombres Reptil, la especie de su madre, se inventaba un montón de historia sobre cómo sobreviven, aunque Lizzie sabía la razón.
Tras entrar a las cavernas y para su fortuna, el rey le concedió la audiencia y pudo reunirse con el en la sala en dónde se encontraba la sagrada Llama Eterna que impedía que las heladas temperaturas de sus tierras congelarán a su gente hasta la muerte.
— Seguro que sabes el porque estoy aquí, por lo que lo preguntaré de una vez, ¿Es cierto que mi padre se ofreció voluntario para ir a una misión suicida, aún sabiendo que dejaría a su hijo huérfano? —Pregunto Lizzie.
— Tampoco es como si hubiéramos tenido más opciones, solo Gayn era capaz de llegar hasta el portal creado por Skeletor y cerrarlo —Explico Pythos—. Pero tampoco quería dejarte solo después de lo que le pasó a tu madre, por eso me pidió que te acogiera en el palacio y te criará como a un hijo.
— Si, pues, mira que bien te salió, fracasaste estrepitosamente —Dijo Lizzie mostrando como su piel se había vuelto marrón a causa de los métodos para tratar las quemaduras infligidas por Andra—. Fracasaste tan rotundamente en eso que mi padre se ha de estar revolcando en su tumba.
— Lo sé, y también pienso lo mismo. Fracasé contigo y escupi en el último deseo de tu padre, por eso pido perdón —Dijo Pythos arrodillándose en vergüenza para sorpresa de Lizzie—. Se que esto no solucionará nada, pero déjame compensarte por todos mis fallos.
— No hace falta, me conformo con tener un techo donde vivir —Dijo Lizzie antes de proceder a irse.
Lizzie decidió quedarse un tiempo en la Zona Fría para comprender el por qué su padre estaba dispuesto a sacrificar su vida por la misma.
En los meses que siguieron, Lizzie recupero lentamente su tono de piel original y poco a poco fue familiarizándose con el reino y sus habitantes, conociendo su día a día, sus problemas, sus visiones del mundo, oyendo las historias de los ancianos que estos habían oído de niños sobre cómo sus ancestros traicionaron a los Hombres Serpiente a favor de convivir con la gente de Eternia. Al final la experiencia fue mejor de lo pensado, muy distinto a lo que decían los Hombres Reptil en las Arenas del Tiempo debido a la tundra en la que viven los Reptones, la Llama Eterna tenía mucho que ver con eso.
Viendo que realmente no era un mal lugar para vivir decidió hacer borrón y cuenta nueva a su vida e intentar remediar sus errores del pasado. Y esa oportunidad llego unos cuantos años después cuando Keyle libero a los Hombres Serpiente.
La liberación de sus infames ancestros provocó el temor y la incertidumbre entre los Reptones, los cuales comprensivamente se preocupaban de lo que les podría pasar. Afortunadamente Pythos fue inteligente y mantuvo en secreto los planes de Zodak si no se remediaba de los Hombres Serpiente, así no se esparcirá el caos entre la población. Y tras todos los acontecimientos que culminaron con la Horda del Mal y los Hombres Serpiente entablando combate, y con Dare y Finn aún inconscientes, Pythos fue llamado por Adam para ver que ocurrió en la Zona Fría con los Reptones cuando Malkyn lanzó el Hechizo de Separación.
Lizzie acompaño a Pythos a Ciudad Grayskull, ahí de forma algo incómoda hizo todo lo posible para no toparse con Andra y Andras mientras Adam y Pythos hablaban.
— ¿Entonces no sintieron algo malo al momento de lanzarse el Hechizo de Separación? —Quería saber Adam.
— Sentimos una pequeña punzada, pero nada de lo que alarmarse, a diferencia de los Hombres Serpiente que según entiendo se empezaron a retorcer de dolor, menos mal que milenios de mestizaje nos ha salvado de sufrir lo que ellos —Contesto Pythos.
— Me alegra oír eso, un problema menos de lo que preocuparse —Dijo Adam procediendo a ver a Lizzie—. Si no me equivoco tu eres el hijo de Gayn, ¿Verdad?
— Tiene razón, su Majestad —Respondió bastante incómodo Lizzie.
— Veo que aún te inquieta lo que pasó ese día, tu lenguaje corporal te delata —Noto Adam.
— ¿Si sabe lo que pasó por qué no he sido detenido y ejecutado nada más entrar? —Quiso saber Lizzie.
— Porque, uno, no soy tan despiadado como mi padre, yo prefiero la cadena perpetua y el trabajo forzado antes que una ejecución, lo cual mucha gente, incluido mi sobrino, no parecen darse cuenta y siguen creyendo que se siguen ejecutando criminales por crímenes menores. Y dos, porque realmente necesito toda la ayuda posible en estos momentos —Explico Adam.
— ¿Y que quieres que haga? —Quiso saber Lizzie.
— Quiero que te infiltres en los Hombres Serpiente y cumplas el papel de doble agente para nosotros —Respondió Adam con toda la seriedad posible.
Si Lizzie hubiera estado bebiendo sin duda habría escupido su bebida al oír eso, y no era menos, prácticamente le estaba pidiendo que se metiera en la boca del Dylinx.
— Mira, se que lo que pido es una locura, pero tampoco es como que tenga muchas opciones, difícilmente alguien sin ascendencia Reptona sería capaz de infiltrarse en los Hombres Serpiente, sin mencionar que aún no sé cómo meter a un topo dentro de la Horda del Mal, por eso te pido que me ayudes con lo primero, por favor, te lo suplico, ayúdame —Pidió Adam.
— ¿Pero como me voy a infiltrar sin que sospechen de mí? —Quería saber Lizzie.
— Dándoles esto —Contesto Adam entregándole un proyector holográfico con los planos de una base militar en donde parecían guardarse varios vehículos militares—. Esta base ha sido diseñada para servir de cebo para los Hombres Serpiente en caso de que buscarán robar equipamiento y tecnología, pues todo aquí es equipo experimental que fue rechazado por ser poco predecible o seguro, pero como llevan milenios atrapados en el vacío no tienen forma de saber esto y pueden ser fácilmente engañados para creer que son equipo destinado a eventualmente implementarse, además, todos los "Guardias Reales" custodiando la zona son en realidad criminales con delitos atroces que nadie extrañará si mueren.
— Me acabas de decir que no eres tan despiadado como tú padre, y sin embargo estas condenando a un montón de personas a una muerte segura —Le hacia ver Lizzie.
— ¿Enserio vas a defender a violadores, asesinos y pederastas? —Pregunto Adam.
— Tienes razón, nadie los extrañará si mueren —Se retracto Lizzie al instante.
— Pues me alegra saber que cuento contigo, nuevo Lizard-Man —Expreso Adam extendiendo su mano a Lizzie.
— Espero poder honrar ese nombre —Dijo Lizard-Man extendiendo su mano y tomando la de Adam en un apretón.
— Bien, con eso un problema menos, aunque aún falta la Horda del Mal —Decía Pythos.
— Descuida, ya se me ocurrirá algo —Afirmaba Adam mientras recibía un mensaje de Man-At-Arms sobre la prueba de ADN en Finn—. Si me disculpan, caballeros, tengo que atender un nuevo asunto que me surgió entre manos.
Y tras despedirse los Reptones hicieron lo mismo y se fueron de ahí, con Lizard-Man separándose de Pythos para ir a buscar a los Hombres Serpiente.
— Buen viaje, Lizzie, y que Serpos te cuide —Se despedía Pythos.
— Lo mismo digo para ti —Dijo Lizard-Man montado en un caballo mecánico y listo para marchar.
Tras separarse, Lizard-Man fue directo a la Montaña Serpiente con la esperanza de poder entrar, cosa que esperaba. Más durante el camino se puso a rezar a Serpos por el perdón anticipado de sus futuros pecados que sentía que cometería para ganarse la confianza de los Hombres Serpiente, pero era un sacrificio que estaba dispuesto a tomar para honrar a su padre como el nuevo Lizard-Man, y nada le impediría lograrlo.
