Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, Twilight. Y J. K. Rowlin, Harry Potter.

Yo solo me divierto con ellos.

Capítulo 03.

Gritos, risas desquiciadas y más gritos, era lo que Sirius Black escuchaba a diario desde su celda.

La mayoría de los que estaban allí encerrados ya habían perdido la razón, (Si es que alguna vez la habían tenido.)

A Sirius no podían quitarle sus recuerdos, porque todos ellos le hacían sentir culpable y miserable y por eso no se había vuelto loco.

Se transformó en Canuto, y se acurrucó en una esquina.

Todos los días se preguntaba cómo estarían Harry y Remus.

Echaba de menos a James, y también a Regulus.

-Esto es escalofriante. -Dijo Regulus.

-Menos mal que Harry se ha quedado con Remus. -Comentó James.

-Podría beberme a estos presos, y nadie les echaría de menos. -Aportó Alec.

Regulus y James se quedaron pensativos.

-¿En serio os lo estáis planteando? -Quiso saber Alec.

-Yo no me bebería la sangre de esta escoria. Solo de pensarlo me da grima.

-Pues yo no voy a privarme. -Comentó Alec.

-Como quieras. Pero no dejes evidencias. -Dijo James.

-Si te los bebes, asegúrate después de lavarte bien la boca. Porque si no, no te besaré en una larga temporada.

-Oye James. ¿Tu amigo perro es considerado un animal?

-¡Si te comes a mi hermano…! ¡Sabrás lo que es un crucio! -Gritaron James y Regulus al unísono.

-Cuánta agresividad. Solo bromeaba.

James gruñó.

-venga vamos. Este sitio no me gusta. Y quiero volver con mi hijo lo más pronto posible.

Alec soltó su niebla dejando dormidos a todos los que había en la prisión. Incluso a los dementores les dejó incapacitados.

Siguieron el rastro del olor de Sirius hasta encontrarlo en la parte más oscura de Azcaban junto con los peores criminales del mundo mágico.

Alec retiró la niebla de Sirius.

El joven seguía en su forma animaga.

Los vampiros abrieron la celda rompiendo los barrotes.

-¿Canuto?

Aquella voz hizo que el animago recuperara su forma humana.

-¿James? ¿Ya me he muerto? ¿O es que me he vuelto loco?

-No te has muerto. Y no sé si te habrás vuelto loco o no. -Contestó su amigo.

-¿Estás aquí de verdad, o estoy alucinando.

-Estoy aquí realmente.

-Eso sería lo que diría una alucinación.

-Tan idiota como siempre.

-Ahora sí estoy seguro de estar alucinando. Porque no es posible que mis dos hermanos, uno de sangre y el otro por elección, estén aquí juntos por su propia voluntad.

-Si no fuera por lo delgado que está, estoy seguro de que a Demetri le encantaría.

-A Demetri le gusta todo el mundo. -Dijo James.

-Tienes razón.

-¿Y quién eres tú?

-Soy Alec. El compañero de Regulus.

-¿Y quién es Demetri?

-Un idiota. -Contestó James.

-Bien. Pues… si no estoy alucinando, ¿Cómo es que estáis aquí?

-¿Mientras le contáis la historia, puedo ir a comer?

-¿Comer? -Quiso saber Sirius.

-Soy un vampiro. -Explicó Alec.

-Ah. En ese caso, dos celdas más a la derecha, está mi prima Bellatrix. Puedes drenarla.

Alec miró a Regulus.

El joven asintió y el vampiro rubio se alejó más feliz que un niño en navidad. Se daría un gran festín.

Mientras tanto, James y Regulus le contaban a Sirius la historia.

-Cuando Voldemort me pidió a Kreacher para realizar un trabajo, yo acepté y le dije que volviera vivo a casa. Él ovedeció y volvió muy débil.

Sirius escuchaba atento.

-Le pedí que me llevara a la cueva, porque sospechaba lo que había escondido.

-¿Qué escondió? -Quiso saber Sirius.

-Un horrocrux. -Susurró James.

Canuto palideció.

-Bien. Conseguí el objeto pero estaba muy débil. Iba a tirarme al lago lleno de inferi para dejarme morir, pero Kreacher me llevó a una vieja cabaña. Allí fue donde me encontró Alec. Él venía buscando alimento y me encontró.

-Pero no te mató. -Dijo Sirius.

-No. Decidió convertirme. Había descubierto que yo era su compañero.

-Sigue.

-Después, cuando me transformé, te garantizo que es peor que mil crucios, Alec me llevó a Volterra. Al principio me alimentaba de muggles, pero ya había visto demasiada muerte por parte de los mortífagos, así que no qise hacerlo más.

-¿Y qué comes?

-Bebo sangre animal.

-¿Y cómo llegó James a ser un vampiro?

-Volví a inglaterra con la casualidad de que aparecí en los alrededores de la casa de Potter. El fidelio no me afectó, no sé por qué, y entré.

Sirius estaba atónito.

-Vi a Poter sangrando por la cabeza y no pude resistirme. Le mordí y bebí de él.

-Es que estoy buenísimo.

Regulus le dio una colleja al ciervo.

-Pero no le maté porque escuché el ruido de gente apareciéndose. Así que me fui con James.

-Pero yo le vi. Estaba muerto en las escaleras.

-No. Era yo fingiendo ser él. Puedo transformarme en quien desee.

-¿Y por qué no dijisteis la verdad?

-Porque los vampiros son repudiados en el mundo mágico. Además, James tenía que aprender a controlar su sed antes de poder acercarse a su hijo.

-Hace unos meses lo conseguí, y hace dos semanas que tengo a Harry conmigo. Remus también está con nosotros.

Sirius sonrió.

-Es hora de irnos. -Dijo Alec.

No tenía ni una pequeña mancha de sangre. Estaba como si nada hubiese pasado.

-Pero si sois vampiros, ¿Por qué no tenéis los ojos rojos? -Quiso saber Sirius mientras le sacaban de la celda.

-Porque somos magos y nos alimentamos de sangre animal. Si nos alimentásemos de humanos, tendríamos los ojos rojos. -Explicó Regulus.

-Entiendo.

-Canuto súbete a mi espalda. Vamos a correr a velocidad vampírica.

El animago ovedeció.

Media hora más tarde, los cuatro estaban en casa.

Harry ya estaba dormido con la cabecita en el pecho de Remus.

-¿Cuántos te has comido? -Le preguntó Regulus a su novio.

-Bastantes. -Admitió Alec.

Ambos rieron.

-¿Cómo estás Canuto? -Preguntó Remus.

-Aún asimilándolo todo.

-Ve a descansar. Mañana Harry querrá hacerte un montón de preguntas. -Dijo James.

Sirius aceptó y se dirigió a una de las habitaciones.

Se duchó, se puso ropa limpia y se metió en la cama.

Nota: ¿Tenéis alguna idea para mí?

Graaaaciiiaaas.