Disclaimer: los personajes le pertenece Rowli y a Stephenie Meyern.

Capítulo 08.

-¿Y la dejaste ir sin más? -Preguntó Lily incrédula.

Hacía una hora que habían llegado a casa de la pelirroja, y entre los cuatro hombres, les habían contado lo sucedido a ella, a Remus y a Snape.

Harry, había cogido a Blaise de la mano nada mas verle, y ambos estaban sentados en medio del salón jugando con varios animales de juguete.

-Pelirroja, parece que no me conoces. -Rió Sirius. -Mientras no se quite el brazalete, ningún hombre o mujer querrá ser pareja de esa arpía.

-Y no podrá ni querrá quitárselo, porque tiene un hechizo que hace que no quiera hacerlo. -Añadió Regulus.

-¿Como el Anilllo del Hobbit? -Quiso saber Alec.

-No sé que es eso. -Refunfuñó el menor de los Black. -Estás otra vez con cosas muggles que no comprendo.

El Volturi abrazó a su novio mientras reía.

-No me hace gracia.

-Eres adorable cuando haces pucheros.

-Un Black jamás, repito. Jamás hace pucheros.

-Sirius sí los hace. -Intervino James.

-Pero él no cuenta.

-Mi pobre corazón… -Dijo Canuto llevándose ambas manos al pecho.

-Mi pobe coazón. -Le imitó Blaise.

-E mío tamén. -Dijo Harry.

Y ambos niños se tiraron al suelo.

Todos los adultos se reían tanto, que acabaron frotándose el estómago porque les dolía.

-Lo que estaba diciendo, es que Sirius no cuenta, porque es la oveja blanca de la familia.

-A mucha honrra.

-Además, es un Gryffintonto.

-Mejor que ser un Slitheridiota…

-papá, o tedo se u Fflepuff. -Dijo Blaise.

Regulus miró al niño como si le hubiesen salido cuernos de Carnero.

-Sobrinito. los Huffies son…

El morenito miró a su tío con curiosidad.

Regulus iba a decir que eran estúpidos, pero la última vez que dijo una palabrota delante de Harry, James le aplicó un fregotego en la boca.

-Papá, ¿Qué es Fflepuff? -Quiso saber Blaise.

-¿Si no sabes qué es, por qué has dicho que querías ser uno? -Preguntó Regulus.

-Tío James. -Contestó el pequeño.

El menor de los Black le dedicó su peor mirada al Potter adulto.

Un rato después, todos se despidieron de Lily y de Severus y se marcharon a la casa Marauder.

-Solo vamos a estar aquí dos o tres días. -Comentó Sirius. -Así que Harry y tú compartiréis habitación.

Blaise asintió de acuerdo.

-Pero en la nueva casa, tendrás la tuya propia. -Agregó James.

El morenito volvió a asentir.

*Al día siguiente.*

Sirius y Remus decidieron levantarse temprano. No sabían cuánto tiempo les llevaría al mayor de los Black y a su hijo recoger las pertenencias del pequeño de la mansión Zabini así que a las seis y media, ya estaban despiertos y desayunando.

James y Regulus llevaron a los niños a la cocina un cuarto de hora más tarde.

Habían decidido que solo Sirius y Blaise irían a la mansión Zabini porque no sabían qué tipo de protecciones tenía, y por tanto, no querían arriesgarse con el licántropo y los vampiros.

-Sois criaturas oscuras. Bichos malignos y todo eso. -les había dicho Sirius el día anterior.

-Eres realmente tonto. -Rió James.

-las cosas son como son. Los Black somos partidarios del "señor tenebroso," los Slytherin son malvados, las criaturas oscuras son peligrosas…

-Lo hemos pillado Canuto.

Cuando acabaron de desayunar, Blaise y su padre se marcharon.

No querían llevar al niño, pero los adultos no podrían entrar por sí mismos en la mansión.

El mayor de los hermanos Black, recordaba donde estaba la enorme casa, así que se apareció allí.

Ambos pudieron atravesar las barreras sin problemas.

Al entrar, les recibieron tres elfos domésticos muy preocupados.

-Estábamos muy asustados porque el amito Blaise no volvió a la mansión. Creímos que lo habían llevado otra vez con el señor horrible.

El pequeño se echó a temblar.

Sirius le abrazó y dijo:

-¿Dónde está tu habitación? Vamos a recoger tus cosas.

Llegaron al enorme cuarto, y Blaise escogió todo lo que quería llevarse.

Cuando acabaron, el niño llevó a su padre por una serie de pasadizos hasta una pequeña salita en la que había una silla, una mesa y un retrato.

El hombre del cuadro estaba dormido.

-¿Angelo?

El mencionado se sobresaltó al escuchar aquella voz tan familiar.

-¿Sirius?

-No, soy el coco.

-Me alegro de que estés aquí.

-¿Papá, pomos devanos e cuado?

-Claro que sí Cachorro.

-¿Dónde? -Quiso saber Angelo.

-A Tenedor papi.

-¿Tenedor?

-Forks. -Aclaró Sirius.

Canuto descolgó el cuadro, lo envolvió en una tela para que no se estropeara, y lo metió en el baúl.

después de encoger las cosas que se llevarían, salieron de la mansión y se aparecieron en la casa Marauder justo a tiempo para comer.

-¡Mañana nos vamos a Tenedor! -Chilló Sirius.

James, que estaba muy nervioso, casi deja caer su vaso a causa del temblor de sus manos.

Habían decidido, que cuando ya estuviesen bien instalados en la ciudad, Lily iría a hablar con Dumbledore.

El hombre estaba como una cabra, pero era buena persona.

James le había comprado una bolsa de cinco kilos llena de caramelos de limón y entre todos ellos, había escondido uno de fresa. Era una especie de broma entre él y Dumby.

*Forks.*

Alice estaba frenética.

Había llegado Capuccino hacía unas horas para informarles de que se había unido un nuevo miembro a la familia de James. Se trataba del hijo de Sirius Black.

El niño tenía la edad de Harry y las vampiresas no veían la hora de que llegaran al pueblo.

Jasper estaba resplandeciente, como si el sol le bañase, esto se debía a que como todos estaban muy contentos, la felicidad le afectaba y él se embebía en ella.

Emmett y Carlisle se habían llevado a Edward de caza porque no dejaba de dar vueltas por la casa muy nervioso.

Tenía ganas de gritar de la emoción.

Hacía tres días que habían avisado a los lobos de que vendrían tres vampiros, un licántropo de los que solo se transformaban en luna llena y dos humanos.

Luego, cuando había llegado la carta diciendo que vendría otro niño más, Carlisle se había apresurado a decírselo a Sam.

Los lobos no estaban para nada contentos de que tres vampiros más vinieran al pueblo, pero si no causaban problemas, ellos no podían decir nada.

Además, los ancianos sentían curiosidad por ese licántropo que se transformaba solo durante la luna llena.

Habían oído hablar de ellos, pero nunca habían conocido a ninguno.

Pero cuando los metamorfos conocieran a los nuevos, tendrían ganas de darse de cabezazos contra las paredes. Y no precisamente porque fueran malas personas, pero más de uno se encontraría una sorpresita. Tendrían que replantearse sus preferencias sexuales.