Disclaimer: Los personajes les pertenecen a Stephenie Meyer y a Cassandra Clare.

Yo solo escribo para divertirme.

Nota:

Espero que os guste.

Capítulo 10.

-Tal vez te parezca una estupidez, o lo tomes como una escusa, pero en ese momento me pareció lo mejor. -Comenzó a decir James.

Edward le escuchaba con atención.

-Estábamos en guerra y los mortífagos no se cortaban a la hora de asesinar y torturar. La orden perdía terreno y Voldemort se estaba haciendo más poderoso.

El mago estaba de espaldas a su compañero mirando por la ventana.

-Mis padres habían muerto. Fueron torturados durante días. ¿Y sabes qué me dijo Lestrange cuando le pregunté que por qué lo había hecho?

El ojidorado se sentía frustrado porque no podía leerle la mente a James.

-Me dijo que no tenían un motivo. Simplemente les había apetecido jugar con ellos.

Cornamenta se estremeció. Edward supo que si pudiera, el mago estaría llorando.

-Cuando me fui dejándote aquella nota… Hacía dos días que me había enterado de que esperábamos un hijo. Tal vez debí decírtelo, o tal vez pudimos haber huido juntos.

-Pues sí. -Dijo el otro chico con brusquedad. -Podrías haverme dicho algo. Tenía derecho a saberlo. ¿No te parece?

James se dio la vuelta y le miró directamente a los ojos.

-¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no me costó dejarte atrás? ¿Piensas que me gustó fingir que amaba a otra persona? Mis padres habían muerto y me preocupé de que tú fueras el siguiente.

Cullen no pudo evitar resoplar.

James respiró hondo tratando de calmarse.

-La mansión Potter no permitía el paso a NO humanos. No podía quitar esas barreras debido al embarazo. Pero como Harry resultó ser mitad vampiro, las barreras acabaron aceptándolo. Cuando parí, pude controlar las barreras a mi voluntad pero el sin nariz estaba detrás de mí y por eso no te busqué.

El otro vampiro le miraba con duda.

-¡Por Merlín Edward! ¡Por muy rápido, fuerte y lector de mentes que seas, eres fácil de matar! Tal vez un Avada no habría acabado contigo, pero un Incendio sí. Los mortífagos acababan con los vampiros que no se quisieron unir al Caraserpiente. Y ellos eran vampiros mágicos. Por eso te dejé atrás. No quería que tú o tu familia fuéseis perseguidos como animales.

-Lo pensé ¿sabes? Imaginé que te habías ido por algo como eso. Pero cuando me enteré de que te casaste con Lily Evans… Y no me escribías… Simplemente comencé a pensar que ya no querías saber nada de mí.

-Fue una tapadera para ambos. -Explicó el mago. -Yo necesitaba explicar de donde venía Harry, y ella necesitaba a alguien para cubrirla en caso de que se descubriera que Snape era un espía.

-Creía que habías dejado de amarme.

-¿Bromeas? ¿Crees que me pasé casi un año persiguiéndote para nada?

Pasó solo un segundo cuando Edward se colocó delante de su compañero.

Le tomó entre sus brazos e hizo que le mirara a los ojos.

-Ahora estás aquí. -Susurró.

-Sí. -musitó James.

-prométeme que no volverás a irte sin mí.

-Lo juro.

Ambos se besaron con desesperación.

Durante toda la noche y parte del día siguiente, los labios de los dos vampiros no se separaron de la piel del contrario.

Durante esas horas, hicieron el amor demostrándose cuanto se habían echado de menos.

*Al día siguiente.*

Sam estaba de mal humor.

Había una estúpida vampiresa pelirroja rondando el pueblo y no habían logrado atraparla.

Además, ese día tenía que conocer a tres sanguijuelas, un licántropo, un humano adulto y dos niños. Resultaba que uno de esos niños era mitad vampiro.

Jacob, Paul y él se habían reunido en el bosque y se encaminaron a la frontera con el territorio de los Cullen en su forma de lobos.

Los demás lobos, iban unos metros por detrás.

Si los Cullen iban a ir todos juntos, él también llevaría a toda su manada.

Paul estaba refunfuñando en su mente.

-(Tendré el olor de esos chupasangres en la nariz durante días.) -Se quejó.

Seth iba dando saltitos al final del grupo.

-No sé por qué estás tan contento. -Gruñó Embri.

Llegaron a la frontera y esperaron.

Segundos después, los siete Cullen, tres vampiros, un licántropo, un híbrido y dos humanos aparecieron y se acomodaron delante de ellos.

-Eso no son lobos. ¡Son caballos! -Se impresionó James.

-¿No van a cambiar de forma? -Preguntó Sirius.

Uno de los lobos gruñó.

-No. Yo hago de intérprete.

Sam se adelantó unos pasos con Jacob a su derecha.

Carlisle y Edward hicieron lo mismo.

-¡Papi no! -Chilló Harry asustado.

De un momento a otro se echaría a llorar.

-¿Qué pasa cariño? -Preguntó James.

-Va a pome a papi. -Sollozó el ojiverde.

Seth quería acercarse a saludar a los niños pero se quedó quieto.

-No va a comerme. -Explicó Edward.

-(No estés tan seguro sanguijuela.) -Pensó Jared.

Harry había estado en brazos de Rosalie pero cuando se había alterado, James le había acomodado entre los suyos.

-No estamos contentos de que vengan más vampiros al pueblo. -Tradujo Edward.

Regulus bufó.

Un lobo rojizo le gruñó.

-Cuidado que el cachorrito enseña los dientes. -Dijo Rosalie.

-(Anda mira. Una rubia que habla.) -Pensó Jacob.

Edward lo tradujo.

Un gruñido del lobo negro hizo que todos los demás miembros de la manada dejaran de armar jaleo.

-Yo soy Sam. -Dijo Edward.

Todos los lobos se presentaron a regañadientes.

-Al acabar, se presentaron los recién llegados.

Los metamorfos fueron olfateándolos para quedarse con los olores de los nuevos vampiros y no confundirlos.

Después, Jacob se acercó a Remus y le miró a los ojos.

Entonces, pasó algo muy extraño:

Una corriente pasó entre ellos y sintieron que se unían.

-Mi compañero. -Susurró Remus. -He encontrado a mi pareja.

Los lobos se habían quedado estáticos.

-(Jake acababa de imprimarse de un hombre?) -Era lo que se preguntaban.

Debido a la impresión, el lobo rojizo cambió de forma.

Remus le miró de arriba a abajo embelesado.

Quería que ese fornido metamorfo le hiciera suyo ahí mismo.

Pero las sorpresas de los lobos no acabaron.

Sirius estaba viendo al que supuso que era el alfa.

A pesar de que estaba en su forma lobuna, podía ver su incredulidad.

Jake volvió a transformarse en lobo desilusionando un poco al excitado Remus.

-No te herices lobito. nosotros los magos, podemos quedar embarazados. -Dijo Sirius como quien habla del clima.

Se acercó a él y le dio una palmada en el pecho.

Sam le gruñó y le miró a los ojos esperando intimidarle.

Pero lo único que consiguió, fue…

-(Acabo de imprimar.) -Pensó. -(He imprimado en un hombre.) -(Esto debe de ser algún tipo de broma.)

-¿Qué pasa? ¿Por qué el lobo me está mirando como un cachorrito mojado? -Quiso saber Sirius.

-Ha imprimado en ti. -Dijo Edward.

-¿Eso quiere decir que soy su compañero?

Carlisle asintió.

James vio que Sirius se estaba poniendo un poco nervioso.

Hacía relativamente poco que había salido de Azcaban, había encontrado a un hijo que no sabía que tenía y ahora le decían que era el compañero de un metamorfo.

Se acercó a él y le abrazó por los hombros.

Sam se alteró, porque no soportaba que una sanguijuela se acercara a su compañero y gruñó.

Paul se agazapó enseñando los dientes en dirección a James.

iba a saltar sin importarle mucho que el niño estubiese sujeto a la espalda del chupasangres, cuando unos preciosos ojos verdes se clavaron en los suyos.

Debido a la impresión de saber que había imprimado, retrocedió y cayó patas arriba. Hizo una especie de voltereta y se puso en pie tembloroso.

Retrocedió varios pasos hasta quedar detrás de Leah.

En ese momento, Seth no aguantó más su curiosidad y se acercó a los vampiros.

Algunos tomaron posturas defensivas de manera instintiva pero le dejaron acercarse.

Alec había cogido en brazos a Harry y Regulus tenía a Blaise.

El lobo color arena se acercó a ellos y gimoteó suplicante.

Harry muy osado, acercó una mano al lobo y le acarició uno de sus flancos.

Blaise le miró con la boca abierta.

pero como no quería quedarse atrás, porque él no era ningún cobarde, tocó la cabeza del animal.

Seth meneaba la cola contento.

El metamorfo y el morenito se miraron a los ojos y Seth casi salta de alegría.

La imprimación fue tal y como se la habían explicado e igual que como la habían vivido Sam, Jacob y Paul.

-Hoda obito. -Rió Blaise.

Leah enseñaba los dientes a Alec y a Regulus. no se movía, pero estaba alerta por si uno de los vampiros se atrevía a tocarle un solo pelo a su hermanito.

Blaise estiró los bracitos en dirección al lobo.

Regulus no quería dejarlo ir, así que Seth le gruñó.

Embri gruñó también haciendo que los niños retrocedieran.

Seth se dio la vuelta y le devolvió el gruñido.

Sam aulló. Un aullido corto y demandante que hizo que todos los lobos se apiñaran a su alrededor.

El alfa dio una orden más y se perdió en la espesura del bosque con su manada.

-Ha dicho que esperemos aquí. -Dijo Edward.

Sam, Jacob y Paul estaban conmocionados.

-(¿Tú por qué no estás tan inquieto como ellos?) -le preguntó Leah a su hermano.

Seth se encogió de hombros mentalmente.

-(Es mi imprimado. ¿Qué mas da que sea femenino o masculino? Además, yo no lo veo como pareja. Ahora es como un hermanito pequeño al que cuidar y con el que jugar.)

-(Yo siento lo mismo con respecto a Harry.) -Intervino Paul después de un rato.

-(Bien.) -Habló Sam. -(Nosotros cuatro, retomaremos nuestra forma humana. Los demás permaneceréis como lobos por si acaso.)

Algunos iban a protestar, pero una mirada por parte del alfa los disuadió.

Los vampiros estaban reunidos en un círculo.

A ninguno les había hecho gracia enterarse de que Paul y Seth habían imprimado en Harry y Blaise.

Pero Edward les había explicado que ellos no veían a los niños como pareja. Si no como a hermanitos pequeños con los que jugar.

Aún así, James no estaba feliz.

Un lobo temperamental quería llevarse a su retoño y él no lo permitiría.

Escucharon como los lobos se acercaban y se colocaron en fila.

les sorprendió ver a cuatro hombres entre ellos.

Enseguida, Jacob y Remus se alejaron del resto para conversar.

Sirius dejó a Blaise en brazos de Seth el cual, si pudiera, menearía la cola.

Tras lanzarle una mirada Black al lobo adolescente, el mayor de los hermanos se alejó con Sam.

Paul estaba allí sintiéndose bastante perdido.

Tenía ganas de sujetar al pequeño entre sus brazos pero debido a las miradas que le lanzaba el vampiro de ojos color abellana, tuvo claro que no podría hacerlo.

Seth y Blaise jugaban bajo la atenta mirada de Alec y Regulus.

Minutos después, James se acercó a Paul y Harry le permitió cogerle en brazos.

le había dado un poco de miedo el lobo gris, pero su papá le había explicado que estaba ayudando a uno de sus hermanos de manada.

Paul no sabía qué hacer. Nunca había tenido niños a su cargo y se sentía perdido.

Se sentó con el niño en el suelo cerca de Quil, y se quedó allí pensando en qué decir o hacer.