Disclaimer: Todos los personajes y lo que reconozcáis le pertenece a JK Rowling y a Stephenie Meyer.
Yo solo escribo porque me gusta y porque adoro leer los comentarios de los lectores.
Capítulo 18.
Los pequeños de la casa ya tenían siete años.
Durante los últimos cuatro años habían sido muy felices en Forks pero necesitaban cambiar de ciudad.
Algunos habitantes del pueblo comenzaban a especular sobre el por qué el doctor Cullen seguía pareciendo tan joven si supuestamente estaba cerca de los cuarenta.
Habían barajado varias posibilidades de donde establecerse cosa que tenía como locos a los lobos.
Ellos se habían negado rotundamente a separarse de sus imprimados y los adultos discutían a diario sobre el tema.
Uno de esos días, harto de tanto griterío, pues desde que Sirius había abandonado la casa de su familia odiaba los gritos y las discusiones, salió a dar un paseo por el pueblo.
Sabía que en los bosques los lobos le estarían vigilando pero no le dio importancia.
Necesitaba tiempo a solas.
Tal vez se acercaría al supermercado para comprar un refresco o algo.
Iba tan ensimismado pensando en sus cosas que antes de darse cuenta, estaba volando a través del bosque.
No pudo pedir ayuda porque le habían apresado la garganta y su varita estaba en el bolsillo de sus pantalones y cuando trató de alcanzarla, fue bruscamente zarandeado haciendo que algunos huesos de su cuerpo se quebraran.
Ese día, Sirius Black supo con certeza que iba a morir.
***HP/T***
Los Cullen habían disminuido la vigilancia en Victoria.
La vampira no había hecho ningún movimiento contra ellos y como ya habían pasado varios años desde el incidente con Bella y la pelirroja no había tomado represalias, pensaron que se había olvidado de ello o que había enfocado su atención en otros asuntos.
Y ese fue su error.
Por la noche, Cuando Sirius no volvió a casa, todos se preocuparon.
Siempre volvía antes de las diez para darle un beso de buenas noches a su hijo y a sus sobrinos.
En ese momento, Embri entró en la casa Cullen sin importarle estar desnudo.
Llevaba un trozo de tela ensangrentada en las manos.
-Es de mi estrella. -Dijo Sam exaltado. -Y ese rastro… Ese rastro…
-Es de la vampira pelirroja que acechaba a Isabella. -Finalizó Paul.
Un silencio pesado cayó en la sala.
Por suerte, los niños se habían quedado dormidos.
Les había costado a los mayores que lo hicieran porque estaban acostumbrados a recibir las buenas noches por parte del animago, pero al final lo lograron.
***HP/T***
Sirius Black no había sentido tanto dolor en su vida y eso que su madre acostumbraba a torturarlo con la Cruciatus.
Había dos vampiros.
Una pelirroja, Victoria, y un castaño, Riley. Ambos se divertían mordiéndolo pero sin permitir que la ponzoña entrara en su sistema, romperle los huesos uno por uno y desgarrarle la piel. Pero siempre asegurándose de que no perdiera gran cantidad de sangre.
Cuando se desmayaba a causa del dolor, ellos se aseguraban de despertarlo.
Además, el vampiro varón había abusado de él y no solo por su ano, si no su boca también.
***HP/T***
Esa misma noche comenzaron la búsqueda.
Lo buscaron durante días y noches sin descanso.
No habían querido decirles nada a los niños para no preocuparlos pero eran muy inteligentes y se daban cuenta de que algo no iba bien.
Al final, fueron Esme y Carlisle quienes les explicaron la situación.
Bastante tristes, los pequeños se aferraron a los vampiros.
Blaise era el más afectado de los tres.
Durante el tiempo que duró la búsqueda, los pequeños no se separaban de sus imprimados. En caso de Teddy, se aferraba a Leah.
Pero a la mañana del quinto día, Sam Uley sintió el peor dolor de su vida.
El lazo con su compañero se había roto. Eso significaba que había muerto.
Cayó fulminado debido al dolor el cual sintió toda la manada.
