Disclaimer: Los personajes le pertenecen a JK Rowlin y a Stephenie Meyer.
La trama es mía.
No gano beneficio económico al escribir esto.
Capítulo 22.
Cada día era más duro que el anterior. Su lazo se había roto y aunque supiera que estaba aún por ahí, transformado en vampiro, eso no ayudaba a calmar el dolor que sentía.
Se preguntaba lo que pasaría con él. No podía entrar en fase cuando los demás estaban en su forma de lobos porque su dolor les afectaba a ellos también.
Sentía un enorme vacío en el pecho que dudaba que se pudiera llenar.
Ver a los vampiros volver sin Sirius había apagado cualquier esperanza que tuviera al respecto. Seguramente su pareja no querría saber nada de él. Sirius era un vampiro y él un lobo. Sus especies se repelían por naturaleza. Había sido así desde siempre y por mucho que ahora los Cullen y los metamorfos se llevaran bien, era debido a las circunstancias.
Cuatro, ahora tres miembros de la manada se habían imprimado de familiares de los vampiros así que habían tenido que aprender a convivir juntos sí o sí.
¿Pero qué esperaba? ¿Que Sirius volvería a él?
-Papi. -Blaise se acercó.
Había comenzado a llamarlo así hacía tres años y Sam no se había opuesto ni Sirius tampoco. A decir verdad, el lobo alfa quería al pequeño como si fuera su cachorro.
-¿Qué ocurre, Cachorrito?
El niño se encaramó a su regazo.
-No estés triste. Papá no nos ha abandonado. -La convicción con la que hablaba el pequeño le hizo levantar la vista.
-Claro que no lo ha hecho. -Se apresuró a decir el mayor. No quería hacerle daño al niño.
-Lo dices pero no lo sientes de verdad. Y tienes que sentirlo. Yo sé que te duele aquí. -Señaló su pecho. -Pero también sé que papá no nos ha abandonado. Solo necesita tiempo para ponerse bien.
-¿Tus tíos te han dicho eso? -Quiso saber.
-Sí. Pero yo ya sabía eso. Papá me dijo que nunca iba a dejarme solo y le creo. Él nos quiere a los dos.
-¿Sabes, Cachorrito? Eres un niño muy bueno y listo.
-Y tú no lo eres tanto. O lo sabes, pero tu dolor no te deja verlo. -Se acurrucó en sus grandes brazos. -Pero no te preocupes papi. Yo voy a cuidarte mucho.
-¿No debería ser al revés?
-Yo tengo a muchos que me cuidan. Pero tú no. -Contestó. -Así que yo voy a hacerlo porque eso es lo que hacen las familias.
Sam le abrazó y le besó el pelo.
-Eres el hijo que todo padre quisiera. -Murmuró.
Desde esa conversación habían pasado seis meses y Sam se había dado cuenta de algunas cosas.
La primera era que Blaise no perdía la esperanza y que todos los días le recordaba al lobo que Sirius volvería.
Uley no estaba tan seguro, pero se juró a sí mismo que si el vampiro no lo hacía, iría a buscarlo para que al pequeño no se le rompiera el corazón.
Lo segundo de lo que se había enterado, tenía como locos a los ancianos del consejo pero de una manera casi infantil.
Había estado vomitando y mareándose durante semanas pero no quería darle importancia. Sin embargo su hijo sí y pronto, Carlisle lo estaba examinando y al no encontrar nada, James y Regulus realizaron algunos hechizos sobre él.
Todos los magos presentes habían palidecido al ver las luces que habían aparecido rodeando al metamorfo y al final, se lo habían dicho fuera de la mansión.
Estaba esperando a un pequeño de Sirius y él y no sabía bien como se sentía al respecto.
No lo rechazaba, pero llevar un bebé dentro era algo que no se había imaginado.
Era consciente de que los magos podían quedar en estado, pero no sabía que él también pudiera.
La teoría del viejo Quil, era que debido a que los lobos tenían algo de magia ancestral en su interior, porque de alguna manera podían convertirse en lobos, había entrado en contacto con la de Sirius propiciando que pudiera crearse una vida en Sam.
Carlisle lo examinaba cada día y Remus había ido a comprar cualquier libro de medimagia que pudiera servir y como los vampiros tenían memoria fotográfica, y Remus aprendía cualquier cosa que llegara a sus manos, se James, Regulus y él se pusieron a estudiar para averiguar lo máximo que pudieran y así ayudar a Sam en todo lo necesario.
Uley aún podía transformarse en lobo a pesar del embarazo, cosa que según habían comprobado, fortalecía al cachorro.
El pecho aún le dolía, pero su lobo sentía que había una prioridad. Su cachorro lo necesitaba y eso junto con Blaise, le daban la fuerza que necesitaba.
En cuanto a los pequeños de la casa, todos estaban ansiosos por que naciera el hermanito del moreno.
Todos los días los niños le hablaban al vientre del metamorfo cosa que Jasper aseguraba hacía feliz al feto.
El alfa no había querido saber lo que era el pequeño. Prefería que fuera sorpresa.
Una mañana, seis meses después de la partida de Sirius, Alice obligó a todo el mundo a que se montara en los coches. Irían de compras quisieran o no.
Alec se había resistido, pero nadie contrariaba a Alice Cullen sin sufrir las consecuencias.
Rosalie había ido a por unos aperitivos para los niños cuando sonó su teléfono.
Al hablar con la persona al otro lado, corrió todo lo rápido que pudo sin resultar sospechosa, y les dio la noticia a los demás.
Por alguna razón, en la tienda en la que estaban no había cobertura pero al salir, todos pudieron ver que tenían llamadas perdidas.
Enseguida condujeron a casa.
James y Remus se habían negado a irse de Forks sin Sirius y los Cullen habían estado de acuerdo. Sabían que James, Regulus y Remus no se moverían de allí y por tanto los pequeños se quedarían con ellos. Alec no se iría sin Regulus, Edward no dejaría a James y los Cullen les habían cogido cariño a todos. Incluidos los lobos.
Al llegar a casa y bajar de los coches, vieron como Sirius aterrizaba con dos niños en el jardín.
Los adultos se quedaron quietos y fueron los pequeños quienes corrieron hacia el neófito.
James, Alec y Emmett atinaron a sujetarlos antes de que se acercaran.
Al fin y al cabo, Black era un vampiro prácticamente recién nacido.
-Huele a perro mojado. -Dijo arrugando la cara.
-¿En serio? ¿Llevas seis meses fuera y lo primero que dices que huele a perro mojado? -James le amenazó con la varita.
-Pero es que huele a...
-¿Y ellos quiénes son? -Preguntó Regulus.
-Son Jaden y Mark. Son magos.
Rosalie se acercó a ellos y les ofreció algo de comer.
Los pequeños miraron a Sirius y cuando él asintió, la siguieron.
-¡Por Merlín! No voy a comerme a los niños. -Gruñó. -Teddy huele a lobo, Harry no huele a comida y Blaise no me resulta apetecible.
Paul y Seth se tensaron cuando los pequeños se revolvieron queriendo ir con Canuto.
-Huele a... -El neófito inspiró profundamente y antes de que nadie pudiera moverse, Sirius estaba frente a Sam olfateando su cuello.
Rugió cuando sintió que alguien pretendía acercarse.
De manera instintiva, creó una burbuja a su alrededor.
-Hola Sirius. -El metamorfo le miraba tenso. Su lobo quería alejarse de la amenaza que suponía el frío hacia él y su cachorro.
-Hueles diferente a los otros lobos. ¿Por...? -Su vista se detuvo en el vientre del metamorfo.
-¿Es mío? Espera. No me respondas a eso. Claro que lo es.
-¿Vas a drenarme ya? ¿O te gusta jugar con tu comida?
-¡No voy a...! ¡Sammy! Hueles diferente pero no me apeteces.
-¿Estás diciendo que no estoy bueno?
-Vas a tener un hijo mío. -Susurró de repente. -Y no he estado aquí para ti. -Acarició su vientre.
-No has estado, eso es verdad. Y nuestro lazo se ha roto y es el peor de los dolores...
-Lo siento. -Si pudiese llorar lo habría hecho.
-Quiero saber si te irás de nuevo. Porque si es así... -Sam le miró a la espera de su respuesta.
