Disclaimer: Los personajes le pertenece Rowling y a Stephenie Meyer.

No obtengo beneficio económico al escribir esta historia.


Capítulo 23.


Sirius se mantuvo en silencio tanto tiempo que Sam comenzó a pensar que había sido un tonto por haber tenido la esperanza de que su pareja se quedaría.

Los demás lobos y vampiros también esperaban que el mayor de los Black hablara.

-Me quedaré. -Susurró. -Estoy cansado de solo correr y buscar a la maldita pelirroja. Siento no haber sido capaz de permanecer contigo durante todos estos meses. -Black hizo el amago de abrazarlo, pero no sabía si sería bienvenido así que retrocedió bajando los brazos.

-¿Tan gordo me he puesto o tu percepción de mí ha cambiado tanto que no soy merecedor de tus muestras de cariño?

Normalmente el alfa no se comportaba así, pero durante los meses que su compañero no había estado, le había dado tiemmpo a reflexionar.

Estaba triste de que Sirius se hubiese marchado sin mirar atrás, pero sabía que los neófitos no pensaban nada más que en su sed.

Le había tomado tiempo no sentirse abandonado y furioso y ahora lo único que quería era... Algo.

-Malditas hormonas... -Pensó.

-Pero Sam, yo... -Comenzó a decir.

-¿Así que te irás de nuevo? ¡Dijiste que te quedarías! ¿O el hecho de que te quedaras no implica que vayas a estar conmigo?

-No, Sam. Yo no...

-De acuerdo. Ya lo entiendo. -Murmuró el lobo. -¿Qué otra cosa esperaba? -Se preguntó. -¿Que correríamos a los brazos del otro como adolescentes? Absurdo.

-Escúchame. -Suspiró. -Te amo, más de lo que podría explicar jamás. Pero Sammy, me fui durante varios meses y no he vuelto hasta ahora y solo porque como perro fui capaz de pensar en otra cosa que no fuese en la vena. Soy un vampiro y los lobos no sois fans de nosotros. -Se frotó la frente. -por muy civilizados que hayamos sido por Blaise, Remus y Harry, no dejamos de ser especies opuestas.

-Tonterías. -Gruñó Uley.

Al segundo siguiente, se estaban besando como si no pasara nada mostrando su necesidad en ese gesto.

Una pulsación de magia salió de Sirius rodeándolos reemplazando la burbuja que el vampiro había creado para evitar que alguien se les acercara.

Sam suspiró contra los labios del animago relajándose entre sus brazos después de todo ese tiempo.

Se sentía completo de nuevo. Como si su lazo nunca se hubiera roto. El dolor de su imprimación perdida ya no estaba. Todo volvía a encajar como si la pieza del rompecabezas hubiera sido colocada en su sitio y para Sam, así había sido.

Un rato más tarde, con reticencia por parte de los otros lobos, Sirius pudo saludar a los niños.

Los pequeños se amontonaron en su regazo tirándolo al suelo y después le contaron todo lo que habían hecho todos aquellos meses.

-Yo sabía que no nos habías abandonado, que volverías. -Blaise susurró.

-Eres el mejor cachorro del mundo. Te quiero mucho.

-Yo también papá.

Pasaron un agradable rato fuera en el jardín contándole historias a Sirius. Él simplemente escuchaba disfrutando de tener cerca a su familia.

Mark y Jaden salieron unos minutos más tarde con un sandwich y un zumo. Se acurrucaron cerca del animao canino al ver a tantas personas juntas.

-Ellos son Blaise, Harry y Teddy. -Los presentó. -Seguro que os vais a llevar muy bien.

Los pequeños se acercaron más el uno al otro mirando a su alrededor con recelo.

Fue Teddy, quien viendo su indecisión, les prestó algunos de sus coches y pronto, los cinco niños hacían ruidos de coches mientras los hacían rodar por el suelo.


Sam y Sirius hablaban apartados en un rincón y fue Jake quien se dio cuenta de que entraban en la mansión Marauder.

Si él hubiera pasado tantos meses lejos de Remus, también querría pasar tiempo a solas con él tanto dentro como fuera de las sábanas.