Disclaimer: Todo lo que reconozcáis les pertenece a Stephenie Meye Rowling.
La historia es mía.
No obtengo ningún beneficio económico al escribir este fanfic.
Capítulo 28.
Cuando llegó el día de ir a Hogwarts, el día comenzó bien temprano.
Sam y Jacob maldijeron a los niños por su entusiasmo pero Paul y Seth estaban de lo más contentos de seguirlos en su felicidad... Aunque eso significara que tendrían que pasar meses sin verlos.
La perspectiva les aterraba a ambos lobos pero lo ocultaron porque no deseaban entristecer a los niños.
James se rió por la desgracia de Sam y Jacob y también de Remus que parecía un panda con esas ojeras.
Y es que los niños estaban despiertos desde las 06:00 de la mañana demasiado ansiosos como para dormir más tiempo.
Ya lo habían preparado todo y Edward se aseguró de que su hijo lo llevara todo. Pero aún así, no hubo caso con los impacientes niños que revotaban por toda la casa deseando irse.
-Parece que no nos echaréis de menos por lo que veo. -Sirius sonrió.
Tenía a Cai en sus brazos y lo mecía suavemente.
-No digas eso, padrino. Pero es que vamos a ir a Hogwarts. ¿Quién no estaría ansioso? Magia, bromas, bosque prohibido... -Harry sonrió.
A Edward le iba a dar un ataque. Recordaba más de una broma que los niños junto con Emmett le habían gastado a varios miembros de la familia. Incluídas las Denali cuando fueron de visita en una ocasión.
Harry aseguraba que ella estaba demasiado pegada a Edward para su gusto, y Paul, quien lo seguía en cada travesura, le ayudó a preparar una buena jugarreta.
Edward debía reconocer que ver el pelo y la piel teñida de la vampiresa le divirtió y que no fue capaz de castigar a su hijo porque la risa se le escapaba cada pocos segundos provocando la ira supina de la mujer voluptuosa.
Ella se había indignado y cuando enseñó los dientes hacia Edward, Paul lo vio como una amenaza hacia su imprimado y... Bueno. Las cosas no acabaron muy bien...
Llegaron a la estación a las 10:30 de la mañana. Ya había varias personas allí.
-¿Pero estás seguro de que no nos vamos a chocar? -Blaise parecía escéptico.
-Eso. -Harry secundó. -¿Estás seguro de que no te ríes de nosotros por haberle echado a tu tupper de sangre algo de picante?
Ambos niños miraron sospechosamente a James.
-No. No me río. Y ya os cobraré esa. Niños.
-Pues si es verdad, entonces pasa tú primero. -Teddy se cruzó de brazos.
-Qué poca fe. -El Potter mayor fingió dolor.
-Yo probaré. -Paul ofreció haciendo que Harry sonriera y que por ello James quisiera gruñir.
Estúpido lobo... Quería llevarse a su bebé de él. Pero no señor. Él no iba a permitir esa locura.
Paul se acercó a la barrera y después desapareció.
Los niños se entusiasmaron y cogiendo sus carritos echaron a correr casi atropellando a un par de turistas por el camino.
Se disculparon pero siguieron corriendo.
Ya en el andén del Expreso de Hogwarts, los tres chocaron las manos y vitorearon.
Paul y Seth los ayudaron a acomodar las jaulas y baúles en el portaequipajes de uno de los compartimentos y después todos hicieron tiempo hasta que el tren dio el pitido de salida.
Los adultos esperaron a que el tren se perdiera de vista para dejar entrever su tristeza por la partida.
Se alegraban por ellos, pero al mismo tiempo...
-Volvamos a casa. Esperaremos noticias en Inglaterra. A ver en qué casa han quedado. -James suspiró.
Los demás asintieron y les siguieron.
Ronald Weasley estaba asustado de no quedar en la misma casa que sus padres y hermanos. ¿Y si quedaba en otra casa? ¿Y si esa casa fuese Slytherin? Solo de pensarlo se le ponía la piel de gallina y se le revolvía el estómago.
Buscaba algún lugar donde se pudiera sentar. Sus hermanos estaban cada cual a lo suyo y si bien a él no le importaba, se sentía algo solo en un lugar desconocido.
Entró en uno en el que había tres chicos hablando animadamente. Uno de ellos cambiaba su color de pelo a voluntad.
Ron vio tres colores diferentes antes de que se presentara.
-Hola. ¿Podría sentarme aquí? Los demás compartimentos están llenos.
Los tres chicos aceptaron y durante el viaje compartieron impresiones acerca de lo que estaban sintiendo hasta ahora.
Cuando un chico rubio de ojos grises entró, Blaise sonrió. El niño era como su tía Rosalie. Esperaba que pudieran llevarse bien... A pesar de que a su primo Harry no parecía haberle causado una buena impresión.
Los vampiros y metamorfos estaban esperando noticias sobre la selección de casas. Había varias apuestas en curso. Quienes más ansiosos estaban eran los magos y junto con Lily y sus dos hijos, habían pensado bien en el carácter y las personalidades de Teddy, Harry y Blaise para tratar de adivinar a qué casa irían.
Había algunas variables interesantes pero fue Remus quien acertó junto con Lily siendo ambos normalmente los más imparciales.
Ellos habían declarado que Blaise sería sorteado en Slytherin, cosa que había horrorizado a Sirius y alegrado a Angelo y Regulus, que Teddy iría a Ravenclaw y que Harry sería un Gryffindor.
Y cuando la lechuza de Teddy llegó, sus congeturas se vieron confirmadas.
-Ahora yo obtendré todos estos galeones junto con Lily porque vosotros sois idiotas. -Remus sonrió.
Sirius y James le lanzaron miradas asesinas que el licántropo ignoró en favor de seguir molestándolos.
Si había algo que alegraba al director Albus Dumbledore, era que a pesar de las rivalidades entre casas, a Harry y sus primos no parecía afectarles en nada. De hecho, sus respectivos amigos se unían a ellos creando el grupo más extraño que se había visto en mucho tiempo.
-No sé que le ves a ese rubio presuntuoso y arrogante. -Harry gruñó. -Es muy desagradable e inaguantable.
-Es simpático. -Blaise replicó enseguida.
-Pero... ¿No viste lo que le hizo a Neville Longbottom? Y me retó a un duelo falso en el que esa gata maligna casi me pilla.
-No seas exagerado, primo. Gracias al incidente de la recordadora te hicieron buscador. El más joven del siglo...
-Y gracias al duelo falso descubrí un perro de tres cabezas. -Potter refunfuñó entre dientes.
-¿Y no te pareció la experiencia más educativa del mundo? -El italiano sonrió.
-¡No! ¡Fue aterrador! Ese bicho quiso comernos, Blaise Zabini.
-Aún así, Draco es muy simpático.
-No lo es. -Harry declaró. -¿Verdad que no, Teddy?
El chico, que estaba descansando apoyado contra el tronco de un árbol mientras leía, levantó la vista.
-No me metáis en esto. A mí Malfoy me da realmente igual. Sin contar que la carta que tío Edward le escribió a Harry fue bastante...
-Casi me mata. -Potter atajó. -Su carta estaba llena de tantas advertencias que me sorprende que no hablara.
-Eso sería un Vociferador, Harry. Y no querrías uno, créeme. Tía Lily le envió uno a tío James una vez y fue escalofriante. -Teddy comentó.
Blaise tuvo que estar de acuerdo con eso. Aún así, seguía pensando que Draco era una agradable e irritante... Persona.
