Disclaimer: Quien no sepa que Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y Harry Potter a JK Rowling, es que vive bajo una piedra.

Entonces, puesto que no soy ninguna de ellas, nada de esto es mío. Solo la historia y los OCs.

Tampoco obtengo beneficios económicos ni lucrativos al escribir esto.


Nota: Así que como todes sabemos qué pasó el primer año, no estoy explicando mucho. No me gusta hacer resúmenes así que los caps de los años escolares serán más amenos.


Capítulo 31.


-¿Y os extraña? -Blaise preguntó escéptico. -Tiene por mascota un perro de tres cabezas, por Merlín. ¿Por qué no se enamoraría de un Ridgebacck noruego?

-En eso tienes razón. -Estuvo de acuerdo Teddy. -¿Pero por qué no entiende que es peligroso? ¡Vive en una casa de madera! ¿Y si la cosa se prende fuego?

-Entonces los jamones que cuelgan de las paredes de la cabaña se asarán.

-¡No es gracioso, Harry!

-Hermione, no te pongas así.

La chica murmuró algo acerca de niños inmaduros y se alejó de ellos.

-Aún me pregunto por qué os lleváis bien con ella. Es molesta como la gata de Filch.

Ron le lanzó una mirada sucia a Zabini.

-Por la misma razón por la que a ti Malfoy te parece agradable. -Harry contestó.

-Draco tiene sentido del humor. -Replicó su primo.

-No importa. -Teddy intervino. Hay que hacer algo con ese dragón antes de que crezca. Y también con tu mano, Ron. Ya es del doble de su tamaño.

-Pero si voy, la enfermera sabrá la verdad y...

-Y si no vas, nadie sabe qué podría ocurrirle a tu mano. -Lupin le cortó. -Ve o te llevaré y créeme. Haré que Harry haga escándalo al respecto y ya sabes lo insoportable que se pone cuando le da por dramatizar.

-¿Yo? ¿Cómo puedes decir tal vileza? Hieres mi corazón con tus maliciosas palabras.


-Estoy preocupado. -Sam suspiró.

Mecía a Licaios en sus brazos para que se durmiera.

-¿Por qué? -Sirius levantó la vista de los pergaminos que estaba revisando.

-Paul y Seth. Están perdiendo peso y se comportan de manera extraña.

El vampiro le prestó toda su atención a su compañero.

-Creo que extrañan a Blaise y Harry más de lo que quieren admitir. Ellos no quieren impedirles ir a la escuela, pero estar lejos de ellos durante largos periodos de tiempo los está volviendo locos.

-Si tuvieran trece años, podrían ir a Hogsmeade. Pero aún quedan dos años para eso. Y no me gustaría que los niños salieran por uno de los pasadizos del colegio.

James se echó a reír en la planta baja.

-Joder, Canuto. Si nos hubieran dicho que seríamos padres preocupados y que temeríamos que nuestros hijos exploraran, habríamos mandado a la persona a San Mungo por atreverse a soltar tal locura.

Sirius estuvo de acuerdo.

Suponía que las perspectivas realmente cambiaban cuando uno crecía.

-Entonces... Podríamos hablar con Dumbledore. No sé si solo Paul y Seth están sintiendo la separación o si Blaise y Harry también la experimentan así. Pero no podemos permitir que empeore.

-Algo se nos ocurrirá. -James dijo desde abajo.

Sirius pensó que esto de ser vampiros tenía sus ventajas. No tenían que andar gritando.


-¿Asustado, Malfoy?

-Más quisieras, Potter.

Hermione miró preocupada a su amigo. Esperaba que el rubio y él no se distrajeran entre sí porque el bosque era muy peligroso.

Se maldijo por enésima vez por haberse olvidado en la torre de astronomía la capa de invisibilidad.

¿Cómo podían haberla olvidado? Claro que habían estado aliviados y alegres por haber dejado a Norberto en manos de Charlie Weasley, pero eso no era excusa para ese descuido.

Suspiró y siguió a Hagrid. Si tenía que cumplir un castigo, entonces...

¿Quién le iba a decir a ella que alguna vez la castigarían? Aún le costaba creérselo.


James no se calmó cuando el director le aseguró que Harry estaría bien.

Había tenido un problema en el bosque prohibido y estaba en la enfermería.

Eso no indicaba que estuviera bien en absoluto.

Iría a verlo y se aseguraría por sí mismo del estado de Harry.

No iba a conformarse con una carta y una tonta conversación por flu.


Paul iría con Edward y con James porque había sentido a Harry peligrar y aún no había podido calmarse desde entonces.

Lo bueno era que podría ver a su imprimado a pesar de que las condiciones no eran las más propicias para sentirse feliz.

¿Qué clase de escuela tenía criaturas peligrosas en el bosque cercano? Y si estaba prohibido, ¿Cómo permitían que unos alumnos se internaran en él de noche sabiendo que algo estaba asesinando a los unicornios?

Él no era James ni Edward, pero igualmente iba a tener una seria conversación con el director.

Estaba tan furioso que necesitó correr en forma de lobo antes de ir a la escuela Hogwarts.


-Hey, Paul. ¿Qué te trae por aquí? -Harry murmuró.

-He venido a verte, por supuesto. ¿Qué otra cosa iba a hacer?

El menor rió.

-Me gusta más el bosque de Forks. Allí no hay centauros ni unicornios, pero tampoco hay plantas que quieren comerte, cosas malditas que se arrastran y a saber qué otras cosas locas podríamos haber encontrado.

-Allí solo hay grandes lobos y de esos no tienes que preocuparte. -Paul sonrió un poco.

Le aliviaba muchísimo que su imprimado estuviese bien de verdad.

Enredó sus dedos en el cabello revuelto y masageó la cabeza del niño.

-Eso se siente bien. -Dijo. -Creo que podría dormirme.

-Duerme entonces, Harry. Me quedaré hasta que me echen.


-¿Cómo crees que se sentirá? -Embri le preguntó a su mejor amigo.

Quil negó con la cabeza.

-No tengo idea. Sé cómo paul, Sam, Jacob y Seth se sienten, pero me gustaría experimentarlo por mí mismo.

Embri estuvo de acuerdo.

-Me encantaría imprimar también.

Ambos estaban en forma humana tumbados en los acantilados.

-Parece el mejor sentimiento del mundo. -Ateara suspiró.

-Lo es.

Los dos metamorfos se sobresaltaron al escuchar a su alfa tras ellos y agradecieron no haber estado de pie en el borde del acantilado como dos verdaderos melancólicos.

Sam se rió.

-Venga, os toca patrulla. Seth y Leah están en casa con su madre hoy. Al parecer se enfermó durante la noche.

-¿Cómo está?

-¿Es grave?

-Calma. -El alfa ordenó. -Solo es un resfriado pero ellos quieren estar con su madre.

Quil fue el primero en cambiar y salió corriendo al bosque.

Agradecía que no hubiera ningún emparejado en fase porque escuchar sobre su felicidad le provocaba celos que le costaba contener.

Se alegraba por sus hermanos de manada, pero él quería lo que ellos tenían.