Disclaimer:

Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling y a Stephenie Meyer.

Solo la historia me pertenece así como los personajes desconocidos.


Capítulo 36.

Harry estaba descansando en su habitación tras su fiesta de cumpleaños.

Había sido solo con la familia porque sus padres aún estaban un tanto paranoicos y no sabían en quién podrían confiar.

A Harry no le importó tanto porque sus amigos más cercanos eran sus primos y habría otras fiestas para pasar con los amigos.

Además había un baby bum y si alguien decía algo al respecto delante de magos y brujas que no fuesen tíos Severus y Lily... Bueno, ese era otro conflicto que no deseaban tener en la fiesta de Harry.

Así que fue un día divertido familiar en el que fueron a un parque acuático, suerte que existían hechizos para ocultar la luminosidad vampírica, y Sirius se subió doce veces en una misma atracción... Que era para niños... Y no llevaba a ninguno consigo nueve de esas once veces.

El cumpleañero estaba agotado pero no iba a poder dormir de inmediato.

Cuando estaba preparado para acostarse, un chasquido extraño le sobresaltó.

Quizá era uno de sus primos que venían a hablar por la noche. A veces pasaba.

Pero resultó ser un elfo desconocido que vestía una sucia funda de almohada.

Lo primero que Harry pensó fue que el elfo venía a llevárselo y estaba listo para luchar. Ya buscaba su colgante para estar preparado.

-Harry Potter. -Dijo con voz aguda y chirriante.

Se preguntó por qué nadie había ido a ver qué pasaba.

Sus padres y tíos ya estarían allí al escuchar a alguien desconocido.

-No iré contigo. Así que ni lo intentes. -Gruñó.

-No, Señor Harry Potter Señor. Vengo a advertirte.

Genial, iba a amenazarlo. Lo que le faltaba.

A James no le gustó no escuchar nada desde el cuarto de su hijo. Ni una respiración se oía.

Así que se presentó en el cuarto y le enfadó no poder abrir la puerta.

¿Y qué hizo? Romperla con su fuerza vampírica.

Si le hubiera pasado algo a Harry...

-¿Qué pretendes, elfo? -Gruñó.

En pocos segundos dejó de ser el único allí.

-Es inofensivo. -Harry dijo rápidamente.

Le daba un poco de pena el elfo. Parecía traumatizado y asustado.

-Pues que se explique. No me gustan los intrusos en mi casa. -James se cruzó de brazos.

Dobbi, que así era cómo se llamaba el pequeño elfo, les dijo poco. Era muy críptico y sin nada concreto no podían asegurar que lo que les decía fuera real o una broma de mal gusto hacia su familia por ser vampiros.

El elfo se fue disgustado porque Harry no le prometió que dejaría la escuela y su intento de arruinar las cosas no le fue bien porque Kreacher lo echó por orden de Regulus.

-No sé si deberíamos hacerle caso. -James comenzó.

-No de nuevo, papá. -Harry suspiró.

Ya no tenía sueño y si su padre seguía insistiendo se pondría de mal humor.

Entendía su inquietud, él también la sentía, pero no podía vivir en una burbuja el resto de su vida. No lo toleraría.

Así que tras aceptar una leve poción para dormir de su tío Remus, vio cómo los adultos se iban, seguramente a hablar de lo que había ocurrido y a pensar en algo.

"Cosas malas pasarán este año en Hogwarts, Harry Potter." -La voz del elfo Dobbi fue lo último en lo que pensó antes de dormirse.

Tenía muchas preguntas y apenas respuestas.

Nada claro.

Eso no le gustaba.

A los adultos no les fue mejor. No sabían qué hacer. ¿Y por qué siempre se olvidaban de los elfos domésticos en sus preocupaciones de seguridad? -Jasper inquirió. -Ese elfo ha pasado a la habitación de Harry sin dificultad y hemos tenido suerte de que no quisiera llevárselo.

-Tienes toda la razón. -Sirius murmuró. -Nunca pensamos en los elfos.

Regulus le pidió a Kreacher que hiciera algo para que otros elfos no pudieran entrar en sus casas.

El viejo gruñón se fue refunfuñando pero confiaban en que cumpliría.

Adoraba al menor de los Black.

Sirius se preguntaba cómo su hermano toleraba a ese viejo decrépito pero sus indagaciones siempre acababan en un: "Madura, Sirius."

Tras la primera vez que acompañaron a los niños a un parque de atracciones, Sirius, James, Regulus y Remus habían estado pensando en hacer algo similar para el mundo mágico.

Así que durante años estuvieron pidiendo permisos al ministerio porque utilizarían muchas cosas muggles adaptadas con magia.

El ministro había sido un idiota total. Como eran tres vampiros y un licántropo, no les había otorgado los permisos.

Pero sí lo hicieron en América del norte. Y como Fudge no quería quedar como un tonto delante de otro ministerio, accedió.

Dumbledore tuvo algo que ver con eso, pero no era algo que iba a mencionar.

Los cuatro estaban muy contentos. Habían estado trabajando junto con Severus y Lily en pequeños prototipos y cuando recibieron los permisos, ya sabían qué harían, dónde construirían y qué hechizos colocarían.

Abrirían dos. Uno en Gales y otro en Siattle. Si era un éxito, se plantearían abrir más.

Iban a contratar a criaturas mágicas para que tuvieran oportunidades de empleo ya que no se les ofrecía en muchos lugares.

Empezarían el proyecto en septiembre, cuando los niños fueran a la escuela.

No verían a los menores en varios meses, y no querían perderse ni un momento con ellos. Y menos después de que un loco se llevara a Harry.

Licaios de casi cuatro años podría quedarse con Sam o con algún otro que no participara en la construcción del parque.

Con magia y fuerza sobrenatural, podía avanzar todo bastante rápido y eso era lo que querían.

pero en ese momento era mediados de agosto e iban con los niños al Callejón Diagon a por sus compras.

A nadie le había hecho ninguna gracia que los libros de Lockhart trataran sobre cómo se deshizo de las criaturas como vampiros o licántropos. No era ni siquiera real. Parecía ciencia ficción.

-Será una fanática del tipo. -Blaise resopló con desdén.

-O un fanático. -Harry replicó. -Los hombres también pueden serlo.

-Me gusta leer, pero estos libros me ofenden. -Teddy gruñó.

-¿Y los siete libros? ¿Para qué queremos tantos? -Jaden gimió.

-El tipo Lockhart va a conseguir un montón de galeones. Si todos los estudiantes de Hogwarts tienen que comprar los siete...

El humor se habría vuelto sombrío si no fuera porque Regulus y Alec iban a aprovechar para hablar con los duendes sobre su deseo de ser padres. Eso había inspirado a Rosalie, Esme y Alice, que aunque ellas mismas no pudieran llevar a sus hijos, sus esposos podrían facilitar muestras de su esperma para embarazar a alguien mágico que lo haría por ellas.

La idea de criar a bebés hasta su madurez les habría llenado los ojos de lágrimas si pudieran llorar.

Así que todos habían ido al callejón para que los Cullen también hablaran con los duendes.

-Espero les vaya bien. -Harry suspiró.

-Lo hará. -Mark aseguró. -Y algún día, inventaré alguna poción o hechizo que permita a mamá llevar sus propios bebés.

James abrazó a su sobrino por ello. Era el más tierno.

-Eso haría muy feliz a Rose. -Edward le sonrió.

James y él también pedirían a una bruja o mago que hiciera de vientres de alquiler, pues ambos eran vampiros ahora, y habían pedido a Regulus y Alec que se encargaran por ellos con los duendes, pues no querían perderse el ir de compras con su hijo.

El mago se alegró de no haber ido al banco porque vio a lucius Malfoy y Arthur Weasley pelearse a puñetazos en la librería. No habría querido perderse eso.

-Voy a meter el recuerdo en el pensadero para verlo cuanto quiera. -Sirius suspiró soñador.

-Creo que regulus lo disfrutará también. Malfoy está siempre tan compuesto... -James bufó.

En su opinión, debería relajarse un poco y dejar esa "secta" de la que formaba parte.

Quizá todo ese gel para cabello le había dejado agilipollado y por eso tomaba esas decisiones tan pésimas.

Se habían sentado para que los niños pudieran tomar un helado. A diferencia de ellos, los menores sí necesitaban sentarse a descansar.

Esperarían a Emmett y Rosalie para que pudieran acompañar a Mark y Jaden a comprar las demás cosas para su primer año. En especial las varitas y el animal que llevarían.

-Lockhart es el profesor de Defensa contra las artes oscuras. -Harry resopló.

Eso le hacía preguntarse a James En qué estaría pensando Dumbledore al contratar a ese fracasado.

¿Es que había tan pocos magos en el mundo? ¿No podían buscar a un mago o bruja de otro país?

La educación de su hijo y sobrinos este año iba a ser pésima. Así que como Remus tenía una maestría en esa asignatura, le habían pedido que buscara un libro decente para que los chicos lo estudiaran.

-Hijo de puta que se lucra con esto... -Sirius gruñó. -¿Cómo puede tener tanta cara?

Ese fue tema de discusión casi todo el viaje y más cuando vieron a chicos y chicas alabando la futura incorporación de ese idiota al profesorado.

-No me extraña que cualquiera pueda meter ideas en sus cabezas. Son demasiado maleables. ¿No tienen mente propia? -Alec inquirió.

-Difícilmente. -Remus suspiró.

Y llegó el día en el que partirían a la escuela.

Los chicos estaban molestos porque no sabrían cómo les iría a sus padres y tíos en busca de su sueño de tener bebés y además estaban muy misteriosos con un proyecto que iban a realizar mientras ellos languidecían en Hogwarts.

Les resultaba divertidísimo hablar de ello delante de los menores sin decir qué pasaría. Eran bromistas todavía.

-Nada de trols esta vez. Ni dragones, ni perros de tres cabezas... -Paul comentó a decir antes de que siquiera hubieran atravesado la barrera que separaba la estación nueve y tres cuartos.

Iban pasando por ella con cuidado de no ser notados por los turistas. Los Weasley se habían encontrado con ellos y también cruzaban.

Harry se quedó detrás con Sirius, Paul y los gemelos pelirrojos.

Cuando fue a cruzar, se dio un buen golpe y su lechuza habría caído al suelo en su jaula si Paul no la hubiera atrapado.

Igual la pobre se asustó y comenzó a ulular indignada.

Fred y George pensaron que era algo muy divertido cuando ellos no pudieron pasar tampoco a la estación y decidieron que irían volando en el coche de su padre pese a los intentos de Harry de que no lo hicieran.

Sirius también vetó esa idea, pero no con tanto fervor como debería.

Pero no accedió a acompañarlos en su loca travesía. Solo porque estaba con su ahijado y necesitaba entender por qué la estúpida barrera se había cerrado. Nunca había pasado.

¿Tendría que ver con esas cosas que "pasarían" en Hogwarts?

Se apareció en casa con Paul y Harry. Supuso que James y los demás no tardarían.

Estaba en lo cierto.

James y Edward creían que alguien se había llevado a su hijo de nuevo y ni siquiera les importó que fuera cosa de la barrera haciendo algo que no debería porque su Harry estaba bien y era lo que importaba.

Cuando se calmaron, fue cuando comenzaron las especulaciones.