Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.


Mii miró a su alrededor, buscando cualquier mirada indiscreta que estuviera sobre ella. Al no encontrarla, caminó un poco más tranquila, pero con prisa, por el campo de la escuela, hasta que llegó a la zona detrás de las gradas, dónde vio a Isaac enfrascado en su teléfono. Con una sonrisa tímida y un ligero rubor en las mejillas, Mii se acercó lentamente, intentando no hacer ningún ruido que llamara la atención de su novio.

Su novio.

Todavía no podía creer que ella e Isaac dieran un paso más en su relación.

Todavía no podía creer que sus sentimientos hubieran evolucionado de esa forma y que él le correspondiera.

Con Isaac aún distraído, Mii aprovechó para agacharse y saludarlo con un beso inesperado en la mejilla que logró que el joven dejara por completo su teléfono.

—¡Hola! —saludó ella mientras se acomodaba a su lado.

—Hola, ¿dónde estabas? Comenzaba a creer que el maestro de física había decidido secuestrar todo el salón después de que medio grupo reprobara —Isaac sonrió de lado ante su broma, logrando que Mii también sonriera un poco antes de ponerse sería.

—Estaba con Saori.

Todavía no podía creer que Saori aún no supiera nada.

Isaac tampoco lo creía. Como un chico con amistades masculinas en su mayoría, había tenido que consultar con Thetis sobre ese pequeño asunto. Apenas había comenzado su romance con Mii se había enfrentado al primer obstáculo: que su novia no quería decirle a su mejor amiga. Thetis lo había escuchado con atención, sin interrumpirlo, sólo golpeando ocasionalmente a Baian o Kaza cuando estos se burlaban de él.

—Bienvenido al mundo de las relaciones con mujeres —le había dicho Baian al terminar su historia—. A partir de ahora pasarás por malas miradas, órdenes contradictorias, revisadas de teléfono, quejas por lo mínimo y la permanente necesidad de colgarte del edificio más alto.

—Tú nunca has tenido una relación con una mujer, ¿cómo puedes decir todo eso? —se había quejado Thetis con los brazos cruzados.

—En efecto, no salgo con mujeres, pero tengo amigos que sí lo hacen y sólo necesito verlos para saberlo.

—Él tiene un punto —afirmaron Kaza y Sorrento, a su lado Julián pareció meditar la respuesta antes de asentir.

—Por eso yo siempre establezco que no quiero una relación a largo plazo o que hay cierto compromiso de mi parte —también concordó Krishna, recordando vagamente a sus amantes pasadas. Ninguna permanecía un largo tiempo.

—¿Eso qué tiene que ver con mi problema?

Isaac no había encontrado las respuestas en sus amigos, pero Thetis se encargó de iluminarlo un poco al explicarle que probablemente este se debía a que él y Saori no se llevaban bien. Revelar su relación sería como obligar a Mii a definir con quién iba a pasar más su tiempo, considerando que de por sí Mii tenía que establecer un horario bastante riguroso para que tanto él como Saori se vieran el menos tiempo posible mientras.

—... tiene que encontrar la mejor forma de decirle a su mejor amiga de toda la vida que está saliendo con el tipo que tanto detesta, no es algo sencillo —había terminado Thetis, mirándolo con una ceja levantada—. Y a todo esto, ¿qué ocurre contigo y Saori Kido? ¿por qué se llevaban tan mal?

—¿Nunca has odiado a alguien por el simple hecho de odiarlo? Simplemente lo haces, te nace de lo más profundo de tu ser, cada vez que lo miras sientes como las náuseas se hacen presente, cuando escuchas su voz mueres por arrancarte los oídos y el simple hecho de escuchar su nombre es como si te estuvieran pateando bajo. Lo detestas desde el más profundo de tu ser.

—Si estuvieras diciendo lo contrario pensaría que está profundamente enamorado —señaló Sorrento con una ceja levantada.

—¡Nunca digas eso, Sorrento! Prefiero que me aten a unas vías de tren sobre un cañón de 1857 kilómetros de profundidad, que en el fondo tiene un estanque lleno de pirañas y anguilas eléctricas.

Isaac levantó la cabeza, ofendido. Se hubiera ido sino fuera porque necesitaba que alguien lo ayudara a comprender que Mii no estaba intentando ocultarlo porque le diera vergüenza que lo vieran con él, sino porque Saori estaba loca.

Así habían establecido su horario.

Ese lunes Mii logró obtener algo de tiempo libre después de dejar a Saori estudiando en la biblioteca; avergonzada por el silencio de Isaac, rápidamente lo sostuvo de la mano y aseguró, casi gritando:

—¡Estoy por decirle a Saori! Es sólo que con todo lo de Julian Solo y su matrimonio, y después el de Artemisa…

—No te estoy pidiendo explicaciones —Isaac la sostuvo con un poco de fuerza para llamar su atención y negó con la cabeza. Lo entendía, y no quería hablar sobre el tema—. ¿Entonces el profesor Antoniou no extendió su clase?

Mii sonrió de lado y decidió concentrarse en los hechos importantes, y disfrutar de un rato en compañía de Isaac sin duda era uno de ellos. Moviendo su mano para poder entrelazar los dedos, Mii procedió a contar que, de hecho, si se habían quedado diez minutos extras para anotar extensos ejercicios de conversiones térmicas.

Aunque en realidad no tenían que esconderse porque todos sabían que eran amigos, y que Saori e Isaac peleaban a cada oportunidad, con el paso de los meses encontraron divertido mantener su romance secreto. Los lunes se ocultaban en el lugar donde su relación había florecido entre planes para evitar una boda y ositos de goma; cualquiera que los viera a lo lejos y los conociera pensaría que sólo eran Mii e Isaac, la curiosa amistad, compartiendo un momento de fraternidad.

Los martes Mii se mantenía al lado de Saori, puesto que Isaac estaba inscrito en el equipo de fútbol de la escuela, y ella tenía taller de pintura, una actividad con la que ella y Saori buscaban desestresarse de sus duras vidas como adolescentes herederas de un gran imperio familiar. Ese martes, el tema de la pintura era el océano; apenas escuchó la temática, inmediatamente se puso manos a la obra y comenzó a trabajar en un kraken clásico del mito griego, una enorme bestia de tentáculos, que traga barcos completos, el temor de los mares.

—Interesante tema, señorita Benethol, ¿a qué se debe la selección? —preguntó su maestra de arte, viendo su pintura.

Ante la pregunta, Saori volteó a verla también, entrecerrando los ojos al ver al kraken.

—... Anoche vi Furia de Titanes y me pareció una obra de arte —contó la joven, ligeramente nerviosa.

La profesora pareció conforme con la premisa, pero apenas se fue, Saori se acercó a Mii para evaluar su arte de cerca.

—¿Qué no le dices a Isaac "Kraken"? —preguntó, suspicaz, mirando a su amiga con seriedad.

Mii se negó a mirar a Saori mientras respondía. A veces sentía que Saori podía verle el alma a cualquiera que la mirara en el rostro y descubrir todos sus secretos.

—¿Y tú no le dices "señor de los mares" a Julián? —preguntó, sólo desviando la mirada para observar la pintura de su amiga. Una especie de retrato del dios Poseidón, extrañamente parecido al magnate más grande de Grecia.

Saori también vió su pintura antes de agregar sin una pizca de vergüenza.

—Solo estoy agradecida con él por todo lo que ha hecho por nosotras. Ahora parece un vago, el abuelo comienza a dudar de nuestros compromisos.

Dicho eso, Saori no comentó nada más de ninguna de las dos pinturas, excepto para señalar que ninguna era particularmente talentosa.

El miércoles Mii logró pasar algo de tiempo con Isaac en medio de un par de clases. Estaban medio ocultos en un pasillo poco transitado, sólo hablando de sus planes de fin de semana, puesto que iban a salir en grupo junto con los chicos del orfanato. La charla se desarrolló de manera normal, siendo simplemente dos jóvenes hablando de cosas comunes, al menos hasta que Mii se percató de que Isaac la miraba de una forma diferente mientras ella le contaba de su clase de pintura; él la miraba con una pequeña sonrisa y un extraño brillo en los ojos que la hizo callar, ruborizada. Todo lo que Mii podía escuchar era el golpeteo veloz de su corazón resonando en sus oídos, sin decir nada, cerró los ojos con suavidad y levantó un poco el rostro, esperando a que Isaac se acercara a ella. Justo cuando sintió que la punta de la nariz de él rozaba la suya, la resonante voz de Saori al otro lado del pasillo la hizo alejarse con una velocidad inaudita, también empujando a su amado lejos de ella.

Saori no tardó en aparecer, mirando hacia todos lados antes de ubicar a su amiga cerca del adolescente que le causaba tanto disgusto.

—Mii, te he estado buscando desde hace horas, ¿qué estás haciendo aquí…? Wow, ¿estás bien? Estás toda roja.

Preocupada, Saori empujó aún más a Isaac y se acercó a su amiga, poniendo una mano sobre su frente para asegurarse de que Mii no estuviera enferma.

—Estoy bien… —murmuró Mii, sólo estaba avergonzada por estar a punto de ser vista in fraganti— ¿para qué me estabas buscando?

—La cafetería acaba de cambiar el menú del día —dijo Saori, tomando de inmediato la mano de su amiga para comenzar a alejarla de su lugarcito apartado de ojos curiosos—. Debemos darnos prisa, escuché que es mayormente vegetariano. Sabes que siempre he querido iniciar con una dieta vegetariana… sino fuera porque la carne es tan deliciosa… ¡Esta es mi oportunidad!

El jueves lo más interesante ocurrió en la clase de deportes, puesto que era una de las asignaturas que tomaban juntos. Ese día les habían avisado que la profesora se había ausentado por cuestiones personales; debido a eso la clase tuvo la oportunidad de pasar esa hora como mejor le pareciera. Mii se sentó en el césped junto con Saori, cerca de dónde algunos chicos, incluido Isaac, habían decidido jugar un poco de futbol.

A Mii le gustaba ver a Isaac jugar ese deporte desde incluso antes de que formalizaran su relación. Isaac era talentoso, pero además de eso, tenía buenas actitudes deportivas, si uno de los contrincantes caía al suelo, él era de los primeros en estar ahí para ayudar a levantarlo, siempre reconocía si cometía alguna falta y felicitaba con una sonrisa al equipo contrario cuando este le ganaba al suyo. Mientras charlaba con Saori, Mii le dedicaba algunas miradas a su novio, sólo para asegurarse de que todo estuviera en orden, hasta que un par de chicas se acercaron a ellas, iniciando una charla casi inmediata sobre sus compañeros de grupo.

Como en todas las charlas de esa naturaleza, con Saori a un lado, Mii negó sentirse atraída hacia alguno de sus compañeros, aludiendo la tapadera siempre confiable de que Camus era suficiente para opacar a cualquier otro, en especial en esos días, que había dejado su look de aburrido profesor de literatura para pasar a algo más progresivo, lleno de cuero, mezclilla y accesorios que lo hacían lucir aún más atractivo, si es que eso era posible.

—¡Es bueno saberlo! —dijo una de las chicas que se había unido, con una expresión visiblemente aliviada— Entonces tal vez puedas ayudarme a hablar con Isaac…

En cuanto su compañera pronunció esa segunda frase Mii borró su media sonrisa; sin palabras, sólo atinó a mirar a su compañera como si está hubiera perdido la cabeza. Por suerte, Saori pudo exteriorizar los pensamientos que tenía y que naturalmente no podía sacar a la luz.—¿Isaac? ¿Acaso perdiste la cabeza? Déjame decirte que tienes muy malos gustos, sin intención de ofender.

O más bien, Saori exteriorizó algunas de sus ideas.

—Sé que él no te agrada, Saori, pero eso no significa que todas debamos odiarlo también —se defendió la otra joven, mirando fijamente a su amiga—. Mira a Mii, por ejemplo, ella es amiga de Isaac.

—Una amistad es diferente a querer establecer una relación. Además, no lo entiendo, ¿qué tiene de especial comparado con cualquier otro chico?

—¡Isaac es maravilloso! Es atento, divertido, siempre está ayudando a otros…

Mii entrecerró los ojos conforme cada palabra dicha por su compañera acentuaba sus propias ideas sobre su novio. Hasta ese momento, nunca se había planteado que otras chicas pudieran sentirse atraídas hacia Isaac, pero tenía sentido, puesto que después de todo a ella también le gustaba por esas mismas características. Sin embargo, eso no la eximió de sentir los famosos y retorcidos celos. Celos porque esa chica hablaba de Isaac con tanta libertad y sotura que con cada palabra Saori aumentaba sus arcadas ficticias.

A esa chica, con la que Mii nunca antes había intercambiado palabras, le gusta Isaac y parecía estar dispuesta a hacer cualquier cosas para ir por él, como si fuera alguna clase de premio u objetivo.

—... Así que… Mii, ¿crees que podrías presentármelo?

Y lo que era peor, quería que ella fuera el puente por el que llegaría a Isaac. Su novio Isaac.

—Amm… no lo sé —murmuró cuando todas las jóvenes la miraron, esperando su respuesta—. No creo que sea un buena idea…

—¡¿Por qué no?! ¡Eres su amiga!

—Cuando no estás con Saori estás con él.

Tanto la joven aventada como su amiga la miraron con sorpresa, mientras que Saori, en silencio, sólo alzó una ceja, esperando las patéticas excusas que se le pudieran ocurrir al calor del momento.

—Es sólo que… no creo que este interesado.

—Puede no estarlo ahora, lo haré cambiar de opinión.

Mii palideció al escuchar la seguridad de la chica. Parecía que estaba dispuesta a todo con tal de conseguir sus objetivos.

—Oye, Saori, a todo esto, ¿tu no estas interesada en tener novio? —mientras esperaban la respuesta, la amiga de la audaz miró a Saori con una media sonrisa.

—¿Novio? ¿Yo? ¡No! ¡Jamás! Los compromisos son para los adultos, somos jóvenes. Todavía tengo muchos sueños y esperanzas que no quiero interrumpir solo por un compromiso con otra persona.

Al ver su salida, indirectamente Mii motivó a Saori para que continuara despotricando contra las relaciones sentimentales y los acuerdos matrimoniales, todo lo que hiciera a Saori hablar y hablar sobre cualquier cosa que distrajera a las demás. Después de un par de segundos, el pequeño grupo estaba teniendo una acalorada discusión sobre los matrimonios en la actualidad y lo innecesarios que eran los romances a tan corta edad.

Algo aliviada, Mii desvió su mirada por un momento hacia dónde estaba Isaac, quien junto con sus compañeros estaba tomando un descanso de su partido, sólo para notar que él también la estaba mirando, con una expresión seria en su rostro.

—Es bastante atractivo cuando se ve tan serio… —Mii sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo al escuchar la voz de su compañera— ¿entonces sí me lo presentas?

El viernes Mii llegó a la escuela agotada. Había tenido una mala noche pensando en todas esas cosas que su compañera le había dicho y todo lo que había ocurrido desde febrero. La duda sobre si estaba llevando las cosas bien comenzó a carcomerle la cabeza, uniendo a eso la premisa de que otras chicas podrían acercarse a Isaac con intenciones poco honorables. Al llegar a la escuela, Mii miró a Saori caminar por el pasillo principal hacia su salón de clases con algo más de velocidad que de costumbre; era el final de la semana, Saori solía estar emocionada porque las clases terminaron y ella podía pasar su fin de semana con sus amigos, además de la salida grupal del sábado, tenían planes de una salida de chicas el domingo.

Ellas se conocían desde hacía varios años, habían tenido una conexión inmediata apenas fueron presentadas. Mii confiaba en Saori y siempre tomaba en cuenta todas y cada una de sus opiniones, de la misma forma que Saori lo hacía; en su momento más complicado, Mii le había dado todo su apoyo a Saori, estuvo ahí para ella de la misma forma que esperaba que Saori también lo estuviera. Y en ese sentido, por primera vez en casi medio año Mii se preguntó por qué temía tanto la reacción de Saori. Si se suponía que eran amigas tan incondicionales, Mii pensó que entonces su amiga no tendría por qué quejarse sobre sus decisiones, sino apoyarla.

Con una nueva y naciente idea desapareciendo su cansancio, Mii se apresuró a seguir a su amiga, preparada para darle una noticia impactante sin importar las consecuencias. Decidida, caminó sin detenerse, al menos hasta que sintió que la tomaban del brazo, deteniendo su caminata.

—Hola Mii —la saludó Isaac, sosteniéndola de una forma que la hizo dar una vuelta y comenzar a caminar hacia el lado contrario de su salón de clases.

—Isaac, la clase está por iniciar y tengo que hablar de algo urgente con Saori —se quejó Mii, mirando a su novio con los ojos entrecerrados—. Además, estoy molesta contigo.

Al escucharla y sentir cómo se detenía, Isaac miró a la rubia con desconcierto.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué hice? —preguntó con sorpresa. Todo parecía estar tan bien hasta ese momento, cuando Mii sólo cruzó los brazos y desvió la mirada, haciendo un pequeño puchero.

—No voy a decirte nada más. Sólo que estoy molesta contigo.

Isaac tuvo que parpadear varias veces, intentando comprender a su novia. Tal vez, pensó, eso era de lo que Kaza le había hablado cuando dijo "enfados sin sentido y peleas absurdas"; mirando a su alrededor, el joven agarró con suavidad a Mii de brazo y la guio hacia dónde había menos gente transitando, puesto que Mii no le había mentido, las clases estaban por comenzar.

—¿De verdad estás molesta? —le preguntó con suavidad, en un tenue susurró que provocó un temblor en el interior de la joven.

—... Sí… —respondió, no del todo convencida— y n-no intentes preguntarme, no voy a decirte por qué.

—Entiendo —Isaac inclinó la cabeza hacia la derecha y dio un paso hacia adelante, estirando la mano para sostener la de Mii—. Entonces debo decirte que no puedo disculparme por algo que desconozco, pero sí podría preguntarte si puedo hacer algo para arreglarlo. ¿Puedo?

Isaac alzó las cejas. Lentamente, temiendo asustarla, acercó su rostro al de ella, quien poco a poco comenzaba a sonrojarse.

Escuchar su honestidad la hizo molestarse consigo misma, puesto que se había dejado llevar por sus celos y el revoltijo de pensamientos que no la habían dejado dormir en toda la noche. Estaba molesta con él por atraer a otras chicas, algo tonto e infantil.

—Sólo estoy agotada, no pude dormir bien en la noche —se sinceró, recibiendo de inmediato un fuerte y cálido abrazo de su novio, quien le acarició el cabello y recargó su cabeza sobre la coronilla de ella. Al sentir su entrega, Mii se sintió culpable por obligarlo a ocultar su amor, tanto que no pudo evitar que sus ojos se humedecieran un poco—. Yo debería disculparme por ser tan intransigente contigo.

—¿Intransigente? ¿Te refieres a lo de Saori? —Isaac resopló, sin soltar a Mii— No me molesta, esto me mantiene alejado de ella, además, creo que es divertido y extrañamente emocionante.

—¿Emocionante?

—Sí —contestó el joven, alejándose de su novia con un ligero sonrojo—. No tener que decirle a nadie, escondiéndonos de miradas indiscretas. Es sólo un secreto entre nosotros, sin involucrar a nadie más —aseguró, omitiendo deliberadamente que sus amigos mayores lo sabían, confiando en que ninguno diría nada—. Y no tengo que ver a Saori todo el tiempo sólo para estar contigo.

—Eso ya lo habías dicho —se quejó Mii, entrecerrando los ojos.

—Es una de las grandes ventajas —alzando los hombros, Isaac volvió a acercarse a Mii para abrazarla de nuevo—. Esta fue una decisión con la que también estuve de acuerdo, y no tengo problemas en esperar a que te sientas segura. Sé que Saori es tu mejor amiga y la mujer que más detesto en el mundo, debemos pensar en la mejor forma de decirle para no causarle un malestar contigo.

Si fuera por él, pensó, no tendría problema incluso en causarle un infarto.

Al escucharlo, tan atento, tan comprensivo y cariñoso, el corazón de Mii se hinchó de amor. Podría ser demasiado joven para comprender por completo la intensidad de sus sentimientos, pero sabía que en ese momento, se alegraba de haber dado un paso más en su relación con él, ese pequeño paso que la hizo tan feliz como pocas veces había sido. Con una pequeña sonrisa como agradecimiento, Mii levantó el rostro y buscó los labios de su novio, encontrándolos de inmediato a medio camino. Sin perder el tiempo, Isaac la sostuvo de los brazos, acariciándolos tiernamente, y la acercó a él, buscando alargar el encuentro entre dos jóvenes e inexpertos amantes.

—¿Estás seguro de que…? —intentó preguntar Mii al separase, soltando un suave suspiro. Isaac la interrumpió con un rápido beso sobre los labios y después un pequeño y ligero en la punta de la nariz.

Antes de que el peliverde pudiera decir algo, una tos fingida los hizo voltear hace la derecha, dónde la protagonista de su dilema más grande los miraba con los brazos cruzados y una expresión en blanco.

—¡Saori! —gritó Mii, sin saber qué más decir.

Rápidamente Saori levantó la mano, pidiendo en silencio que no dijera nada.

—Tú y yo tendremos una charla muy larga después de la clase de gramática —le dijo a Mii, acercándose para agarrarla de la mano y separarla del peliverde. Estuvo a punto de darse la vuelta y dejar abandonado a Isaac, pero cambió de opinión y optó por voltear a verlo—. Y tú, si te atreves a hacerle algo o si le hiciste algo en contra de su voluntad, voy a castrarte.

Tenía varias semanas sospechando que algo ocurría entre esos dos, y no podía creer que su mejor amiga no le hubiera comentado nada. Estaba sumamente ofendida, y sobre todo curiosa por saber qué estaba ocurriendo.

A veces el romance oculto no permanece oculto por mucho tiempo.


Comentarios:

¡He vuelto!

¡Gracias por leer!

Siempre por estos meses me desaparezco por varios, varios días, debería de determinar que son mis días de vacaciones (vacaciones de escritura, son días de largo, largo trabajo sin descanso).

Hay muchos pendientes, intentaré volver al ritmo anterior y publicar cada semana al menos. Esta historia tiene tres partes, un adelanto por lo mientras.