Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish!
27 - CHICAGO EN DICIEMBRE
BPOV
"¿Qué es esto?" Pregunté, mirando todas las bolsas sobre la cama.
Cuando me desperté esta mañana, encontré una nota de Edward... donde me decía que tenía que reunirse con la mano derecha de Conn sobre nuestra seguridad. Después de leer la nota, volví a ducharme y me di cuenta de que no tenía absolutamente nada que ponerme. Y no en el sentido de "Dios mío, solo tengo catorce pantalones, el mundo se acaba". No, realmente no tenía nada. Ni siquiera ropa interior.
Por suerte, Kate e Irina iban muy por delante de mí, y para cuando salí de la ducha, las oí aporrear la puerta. Y ahora estaba mirando una... tres... seiiiiiis... carajo, once bolsas.
"No necesitaré todo esto, chicas", dije, echando un vistazo a una bolsa rosa de Victoria's Secret. "Bueno, esto sí lo necesito". Me reí entre dientes y miré a dos señoritas sonrientes. "Para alguien que piensa que Whistler es un grano en el culo, seguro que les gusta asegurarse de que luzco sexy para él".
"Oye, nos despertó al amanecer, nos dio su tarjeta de crédito... y dijo: Bella necesitará ropa, y si hacen esto, también podrán comprarse cosas. Vuélvanse locas". Irina se encogió de hombros. "Así que... aprovechamos".
"Y te volviste loca", me reí entre dientes.
Kate sonrió y asintió. "Sí. Fuimos a lo loco".
Muy bien.
"Entonces, ¿qué llevaba Edward?" Le pregunté. "Porque tampoco tiene ropa".
"No te preocupes por él", dijo Kate desdeñosamente. "Hicimos una cita para él en Prada". Consultó su reloj. "Y son las diez y cincuenta. Debería estar allí en diez minutos para que le den un traje".
"¿Eso no lleva tiempo?" pregunté, confuso.
Nos llevó cuatro días conseguir sus trajes, los de Emmett y los de Alec para nuestra boda.
"No cuando tienes dinero", cacareó Irina mientras me entregaba un bolso de Dior. "Estará aquí dentro de dos horas para la primera reunión, trajeado y listo. Ahora, ve a embellecerte. Kate y yo vamos a pedirnos un brunch".
*O*O*O*
Cuarenta y cinco minutos después, llevaba una falda lápiz negra, un inocente top en color nude, zapatos a juego con el top, y yo estaba
embellecida". Cuando me reuní con Kate e Irina para almorzar, se quedaron mirando mi atuendo durante unos dos segundos antes de comprender por qué había elegido llevar lo que llevaba ahora.
"Tú también vas a estar presente, ¿verdad?" Kate preguntó con incredulidad.
A lo que asentí.
No sabía mucho de mi nueva vida en lo que a negocios se refiere, pero sí sabía que las mujeres, aunque eran amadas y queridas, eran accesorios. Debían estar exquisitas, ser las anfitrionas, las caras bonitas. Así que, sí, tenía toda la intención de hacer precisamente eso: ser la anfitriona. Hasta que Edward anunciara que era la hora de la reunión, yo estaría allí y haría mi papel de esposa que apoya.
Se lo dije a Kate y a Irina y rápidamente se lanzaron, dándome indicaciones y consejos sobre lo que se esperaba de mí y cómo me tratarán los "socios" de Edward. Ni siquiera había pensado en eso porque la única vez que había visto a Masen o a los asociados de los Cullen había sido en las dos bodas. Había sido una ocasión alegre, sin embargo, y rápidamente aprendí que hoy no habría sonrisas. Los hombres que vendrían pronto serían completamente diferentes. Serían trajeados, hombres de negocios de corazón frío.
"Entonces, ¿todos estaremos actuando?". Había bromeado cuando Irina me lo había explicado.
"No", habían respondido ambos, frunciendo el ceño. Y luego explicaron que solo un puñado de los asistentes a la primera reunión de hoy se consideraban lo bastante allegados como para ser invitados a la boda. En otras palabras; la mayoría de los que llegarán pronto... son solamente hombres de negocios. Contratados y bien entrenados. Hombres con ojos solo para el dinero y el poder.
"Para ser franca, Bella... todos los hombres que vendrán hoy son delincuentes, y no estoy hablando de robar coches", había dicho Kate.
Había dejado las palabras colgando... mientras caía en la cuenta.
Esta era la Familia Masen. Toda otra liga de jodidos y peligrosos.
Asesinos, ladrones, secuestradores. Esa era la gente con la que que Edward se reuniría hoy. Se escondían detrás de títulos elegantes y trajes caros pero, aunque fueran abogados, comisionistas o lo que fuera, seguían siendo criminales, ayudando y trabajando con los Masen, recibiendo órdenes de Ed. O en este caso, de mi esposo.
"¿De verdad estás dispuesta, cielo?" Kate me preguntó, poniendo su mano sobre la mía.
No.
Pero sí. Por el bien de Whistler.
"Sí", dije con firmeza, dando un sorbo a mi zumo de naranja a pesar de que se me revolvió el estómago. Pero lo necesitaba. Necesitaba parecer segura y fuerte. "Vamos a hacer esta mierda", suspiré, comprobando la hora. "Whistler debería estar aquí en cualquier momento".
Era casi una misión imposible.
Piénsalo.
Yo. Una chica de dieciocho años del jodido Forks. Sin estudios, una una maldita desertora de la escuela secundaria. Una chica sin experiencia ni conocimiento del mundo.
¿Se supone que debo parecer una esposa de mafioso, lista y segura de sí misma? Sí, claro. Buena suerte con eso.
¡Maldita sea! ¡Basta ya!
Cuadré los hombros y levanté la barbilla. Porque puedo hacerlo, carajo. Puede que no sepa mucho, pero maldita sea, puedo fingir.
"Enséñenme", dije, asintiendo con firmeza.
Kate también asintió. "Está bien."
"De acuerdo", dijo Irina, también con firmeza. "Primer paso; parecer elegante, y eso ya lo haces".
"Sí, ese conjunto es perfecto", dijo Kate. "Lo siguiente; tienes que ser educada y arrogante. Piensa en Liz. Es simpática y todo eso, pero también es muy elegante".
Ladeé una ceja. "¿Cortés y arrogante?" dije secamente. "Siempre podría pensar en ustedes dos. Aunque no sé si educadas...". Me interrumpí.
Así es, señoras. Lo dije.
No vayas a retirarlo.
Saben que no han sido más que unas zorras con mi hombre.
.
.
.
"Touché", concedió Kate con un suspiro.
Arqueé de nuevo la puta ceja, esta vez hacia Irina.
"¡Bien!", exclamó. "¡Lo admito!"
"¿Admites qué?" Y era una voz suave y aterciopelada.
Pareciendo un Dios, Edward estaba de pie, apoyado en la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho y los tobillos cruzados, rezumando confianza y sexo, y santa madre de... demonios. El traje.
El traje, gente. Oh, Dios...
Jódanme.
En serio.
Jódeme. A mí.
Su pelo estaba en su normal y sexy desorden, pero todo lo demás era simplemente... Sin palabras, ya sabes. El traje negro, reluciente y caro. Camisa blanca. Corbata negra. Reloj caro. Zapatos elegantes. Recién afeitado. Jesús, esa mandíbula suya.
Parecía mayor, pero no en el mal sentido. No, parecía un jodido puto director general, listo para acabar con el diablo.
De repente me lo imaginé detrás de mí, susurrándome al oído lo mala que había sido y cómo me castigaría con su cinturón.
Me mordí el labio para contener el gemido.
Fue entonces cuando me di cuenta de que Kate e Irina estaban hablando con él, y él les respondía manteniendo su oscura mirada fija en mí. Dios, qué calor hace aquí, ¿o qué?
"Maldición, estás muy sexy", solté haciéndolos callar.
Mierda.
Tres pares de ojos puestos en mí. Whistler estaba divertido, Kate simplemente arqueó una ceja, e Irina observaba mi cara mientras se ruborizaba. Entonces soltó una carcajada. Encantadora.
"Bueno", Whistler dijo en voz baja y lentamente mientras se acercaba a mí. "Puedo decir lo mismo de ti, Isabella".
Dios, se fue con Isabella.
Creo que necesito cambiar de bragas.
"Hoooomina". Sí, esa fue mi inteligente respuesta.
Sacudí la cabeza, porque esto tenía que acabar. Ridículo, mierda.
Después de respirar hondo, me levanté y, para ganar algo de maldita ventaja, me aseguré de menear un poco las caderas al encontrarme con él en medio de la habitación. Incluso añadí la sonrisa tímida que sabía que le encantaba, y los ojos inocentes que lo volvieron loco. Una chica tiene que hacer lo que tiene que hacer. Así que deslicé las manos por su pecho, agarrándome a las solapas de su chaqueta, y lo miré inocentemente mientras me mordía el labio.
"Maldición", susurró en voz baja, seguido de sus manos en mis caderas. "Bella". Sacudió ligeramente la cabeza, por un segundo cerró los ojos, y yo sabía que lo tenía como él me tenía a mí. "Eres el pecado", dijo finalmente, mirándome con esos ojos ardientes. "El puto pecado. Y tú también lo sabes".
Hmm, tal vez.
"Pero yo soy su pecado, señor Cullen", susurré en voz baja, leyendo de puntillas para besar su mandíbula. "Solo suyo".
"Claro que sí", murmuró antes de agarrarme la barbilla. Luego besó me besó. Duro y profundo.
"Ejem."
"Ejem."
Mierda.
"Maldita sea", gruñó Whistler por lo bajo, poniendo fin a nuestro beso de mala gana.
"Pueden seguir con eso más tarde", dijo Kate. "Irina y yo tenemos que preparar a Bella para la reunión".
Esto me valió una mirada incrédula de Edward. "Nena, no tienes que estar aquí".
"Pero quiero", dije con firmeza, dirigiéndome de nuevo a la mesa. "Estaré aquí para saludar a los cabrones y ya está".
Era fácil ver que Edward tenía un conflicto. Una gran parte de él obviamente me quería allí, pero luego estaba la otra parte, la parte que temía que yo pensara que su vida era demasiado. Y sabía que me dejaría ir si yo quería irme. Lo sabía. No me obligaría a quedarme -no es que pudiera, ya que había firmado por mi consentimiento pleno-, pero ni siquiera intentaría impedírmelo si sabía que realmente no quería nada de esto. Así que, obviamente, no le gustaba acercarme demasiado a los aspectos verdaderamente malos de su vida. Pero estábamos hablando de Edward Ryan Cullen, un hombre que creía saber lo que era mejor para mí. Por suerte, yo no era un felpudo y nunca dudé en demostrarlo.
"¿Me quieres aquí hoy?" le pregunté, arqueando una ceja.
"Sabes que sí, princesa, pero esto no es una cena ni una reunión informal", dijo, pellizcándose el puente de la nariz. "Mira... Ya sabes cómo es la sociedad, y por mucho que la odie, no puedo hacer una mierda al respecto". Se rio sin gracia. "Si supieras cómo te tratarán los hombres, mírate, no querrías esto. Así que..." Se encaró con Kate e Irina. "Por favor, háganme el favor de decirle a mi mujer lo que puede esperar hoy". Luego miró su reloj. "Tengo que bajar a ver a Kellan. Acaba de llegar".
No dije nada.
Edward se me acercó, me besó en la frente, me dijo que me amaba... y se fue. Pensó que yo no estaría aquí cuando regresara. Pensó que me iría con Kate e Irina mientras él celebraba la reunión.
Está equivocado.
Estaré aquí.
Me dirigí a las damas y solo dije una cosa. "Prepárenme, pónganme al corriente".
Vieron mi determinación.
*O*O*O*
Poco después oí voces que venían del vestíbulo.
Kate e Irina estaban conmigo en el dormitorio y habían... bueno, habían sido sigilosas, y al parecer sabían alguna mierda. Algo de tecnología, lo que se puede explicar viendo que Garrett es su padre. De todos modos, yo estaba preparada. Pareciendo arrogante y todo eso.
"¿Estás lista, cariño?" preguntó Kate, mirándome preocupada.
Respira profundo.
La mierda que me habían dicho...
Respira profundo.
"Sí", dije.
"¿Y tú tienes el micrófono?" preguntó Irina.
Asentí. Lo tengo.
"¿Estarán aquí todo el tiempo?" pregunté.
"No", respondió Kate. "No se nos permite escuchar". Sonrió malvadamente. "Tampoco es que tú puedas, pero Edward no se enfadará contigo. Conmigo e Irina en cambio..."
Sí, se pondría furioso si supiera que sus primas estaban escuchando. No es que no confiara en Kate e Irina, pero... aun así, no eran lo bastante cercanas a él.
Nunca lo permitiría.
"Bien", me reí entre dientes. "Bueno, pongamos este espectáculo en marcha."
"Tengo fe en ti", Irina me dijo enlazando nuestros brazos mientras salíamos del dormitorio. "Eres fuerte. Puedes hacerlo".
Eso espero.
Cuando llegamos a la sala de estar, una parte de mí quería dar la vuelta e irse... volver al dormitorio, pero no. Me negué. En lugar de eso, seguí caminando. Caminando hacia los numerosos hombres reunidos en la gran sala. Todos con trajes de negocios.
"¿Isabella?" Oí decir a Edward, y al instante lo encontré entrando en el salón con Kellan. Ambos se sorprendieron de verme allí.
Empieza el juego.
Sonreí y me acerqué a él, asegurándome de caminar con decisión mientras los demás hombres me miraban con lascivia. También miraron lascivamente a Kate e Irina, pero estaban acostumbradas y no dudaron en mezclarse brevemente antes de marcharse.
Después de todo, eran las esposas de dos ladrones de coches y, al parecer, no importaba que Demitri y Félix estuvieran en la cárcel. Kate e Irina aún tenían papeles que interpretar.
"Me alegro de volver a verte, Kellan", dije amablemente al llegar junto a los dos. "¿Tuviste un vuelo agradable?"
Sentía los ojos de Edward clavados en mí, leyéndome, estudiándome, y esperaba que pronto comprendiera que yo también sabía actuar.
Puedo interpretar el papel. Puedo hacer las preguntas que a nadie le importan, puedo ser un accesorio. Puedo ser la cara bonita que mi marido muestra mientras hace negocios.
"¿Sí, Sra. Cullen?" Kellan preguntó en lugar de afirmar, los ojos parpadeando entre Whistler y yo.
"Bien", dije simplemente, enlazando los brazos con Edward mientras le miraba.
"¿Alguna noticia de Conn, querido?"
Se aclaró la garganta, aparentemente entendiendo que yo no me iba a ir a otro lugar. Por fin.
"Todavía no, amor", dijo antes de volverse hacia Kellan. "Si me disculpas, iré a presentar a mi esposa".
Sí, lo sabía.
Bien.
"Por supuesto", respondió Kellan asintiendo con la cabeza.
Había entre diez y quince hombres reunidos en el salón. Todos charlando en pequeños grupos.
"Gracias", murmuró Whistler en voz baja, dirigiéndome hacia el primer grupo de mí.
"Quiero cada parte de ti, Edward", le dije. "No importa qué. Estaré a tu lado".
Me dio un apretón, en señal de agradecimiento silencioso, pero no se intercambiaron más palabras porque habíamos llegado al primer grupo de cabrones lascivos.
Las palabras de Kate resonaron en mi mente. "Te verán como una propiedad de Edward. No te sorprendas si hablan de ti como si no estuvieras presente".
Y las de Irina. "La forma más fácil para ellos de evaluar a Edward es a través de ti. Si Edward les permite hablar libremente contigo, pensarán que Edward es débil. En otras palabras, esto es para conocer la forma en que Edward gobierna la organización".
"Eso está jodido", les había dicho.
Kate se había limitado a encogerse de hombros y decir: "No obstante, es cierto. Lo juzgarán por el marido que es. Si es protector contigo y amenazante con ellos, lo respetarán".
Vi la lógica... Supongo... pero seguía siendo jodido.
De todos modos, estaba preparada. Así que mantuve la cabeza alta mientras dos de los tres hombres me miraban hambrientos.
"Isabella", dijo Edward secamente. "Estos son James Hunter y Laurent Adams, dos de los mejores rastreadores de Ed. James, Laurent, esta es mi esposa, Isabella."
"Encantada de conocerlos", mentí, haciendo una pequeña reverencia, que fue más bien un movimiento de cabeza.
"El placer es todo mío, Isabella", dijo James mientras sus ojos me recorrían.
Edward se aclaró la garganta, enarcando una ceja a James en señal de advertencia, y pude ver lo difícil que era esto para él. Ya sabía lo posesivo que podía llegar a ser Edward, por no hablar de protector, y aunque esta era una forma fácil de que los hombres obtuvieran una buena imagen de Edward, seguía sabiendo que Edward habría pensado que era más fácil si yo estuviera ahora en la suite de Kate e Irina.
Porque ahora mismo sabía que a Edward no le importaría darle un puñetazo a James.
Pero en su lugar me presentó al tercer hombre. "Y este es Benjamin Cheney. Estoy seguro que lo recuerdas de la boda, amor". No fue tan brusco con Benjamin, y sí, lo recordaba de la boda. Parecía bastante agradable. "A menudo trabaja con Garrett, siempre dispuesto a
mejorar nuestra seguridad".
"Me alegro de volver a verte, Benjamin", dije en voz baja, esta vez alcanzando minmano, porque recuerdo haber hablado brevemente con su esposa en la boda, y era ciertamente agradable. "¿Espero que Angela esté bien?"
Benjamin sonrió. No era grande pero era sincera. Y me estrechó la mano. "Ella está bien, gracias. Ella y los niños están visitando a la familia en Arizona hasta que esto se calme".
"Bien", dije, recordando a sus dos hijos. "Salúdala de mi parte".
"Lo haré, Sra. Cullen."
Muy bien. Puedo hacerlo.
Edward nos acercó entonces al siguiente grupo, pero se detuvo cuando pasamos junto a James y se inclinó cerca de él. Hablaba en voz baja, pero yo podía oírlo.
"Vuelve a follarte a mi mujer con la mirada y te meteré una bala en la cabeza. ¿Está claro?"
Santa... mierda.
Una parte de mí temía que hablara en serio.
"Sí, señor", dijo James con los ojos muy abiertos.
Supongo que Edward tiene su respeto ahora.
Esto continuó. Sin más amenazas, por suerte, pero sí, Edward me presentó a todo el mundo. Una de las dos mujeres allí era Siobhan McKenna, y ella había volado esta mañana para dar su opinión sobre lo que sabían las autoridades. Entonces, por fin, los había conocido a todos, y Kate e Irina se habían marchado.
Así que, cuando Edward dijo a todos que tomaran asiento en el comedor, lo abracé por un segundo, tanto porque lo deseaba como para pegarle el micrófono. No fue difícil gracias al adhesivo, así que lo deslicé bajo su cinturón de cuero negro, resistiendo el impulso de agarrarle el culo, antes de soltarlo.
Qué, su culo es mordible, ya sabes. Todo apretado y de aspecto perfecto.
"Me quedaré en el dormitorio", dije en voz baja.
"De acuerdo. Te amo", suspiró, besándome castamente antes de alejarse. "¿Tienes todo lo que necesitas?"
Asentí con la cabeza. "Sí. Revistas, bebidas, aperitivos... lo que sea, lo tengo". Rio entre dientes. "Buena suerte."
Sonrió satisfecho. "No la necesito, nena."
Engreído, sexy... Dios.
"Ahora, entra ahí", dijo, señalando hacia el dormitorio. "Te contaría lo de la reunión más tarde, pero podría ser un poco repetitivo".
¿Eh?
No entendí, pero Edward me guiñó un ojo y se dirigió al comedor.
No me quedaba nada más que hacer, así que fui al dormitorio, me dejé caer en la cama y encendí el portátil que Kate había traído antes.
Tardó un poco en cargarse, pero después de tomar una Coca-Cola y una chocolatina de la mininevera, llegó la señal de audio y volví a tumbarme en la cama.
Cuando Kate e Irina me lo mencionaron por primera vez, me quedé mirándolas como si... estuvieran locas, pero... entonces me picó la curiosidad. Así que no tardaron mucho en venderme la idea.
"Siobhan, ¿por qué no empiezas?", oí decir a Edward. "¿Cuál es la situación con los federales?"
Le di un sorbo a mi Coca-Cola, asquerosamente intrigada por todo aquello. Pero no pude evitarlo.
"Black no tiene pruebas de nada", oí que respondía Siobhan con acento marcado. Realmente era irlandesa. "Después de la emboscada en el Fairmont de Seattle, intentan encontrar pruebas de la cercanía de los Avellino. Igualmente, está buscando rastros de nuestra participación - no tienen pruebas."
Fue un alivio. Me preocupaba que se filtraran imágenes de seguridad, pero supongo que mi familia sabía lo que hacía.
"Conseguimos las grabaciones del hotel." Ese era Benjamin. "Mi equipo y yo destruimos todas las pruebas después de hackear el sistema."
"¿Y la limpieza?" Edward continuó.
"Todo arreglado, señor", dijo Kellan, y Benjamin completó con su propio
'Sí'.
"Bien. Eso es todo. ¿Qué pasa con los medios de comunicación? ¿Pete?"
"Especulaciones. Obviamente lo están inflando".
"¿Pero hablan de nosotros y de los italianos?"
"Sí, señor. Los periódicos de Washington son los peores. Hablan de una guerra entre mafiosos".
Muchos se rieron... como si fuera gracioso. Idiotas.
"¿Han mencionados nombres en el Fairmont?" Edward preguntó, afortunadamente no sonando divertido en absoluto.
"Sí, señor", respondió Pete, sobrio. "Su hermano y su cuñada fueron
mencionados, por supuesto, ya que era su boda. Usted y su esposo aparecen brevemente en el Seattle Times, pero solo como familiares cercanos.
Desafortunadamente mencionaron a su padre y a la Sra. Masen como objetivos, y es algo en lo que estamos de acuerdo. Como aún no se sabe nada del Sr. Masen y no se ha hecho ningún anuncio público, los periódicos siguen firmes en lo del secuestro."
"Siguen creyendo que Ed ha sido secuestrado", afirmó Edward rotundamente.
"Sí. Y desde que el agente especial Black salió en público con tu expediente y el de tu hermano, a los medios les resulta más fácil incluir a los Cullen en sus teorías. En otras palabras, como el hijo del Sr. Masen está en prisión, creen que tu padre está a cargo ahora".
Mierda, los medios de comunicación están básicamente están acertando mientras adivinan. Claro, no hay pruebas, pero sus especulaciones siguen siendo correctas. Y si los medios lo creen, estoy jodidamente segura de que los federales han llegado a la misma conclusión.
"De acuerdo", Edward suspiró pesadamente. "Siobhan, ¿cuántos federales había el sábado?"
"Siete. Tres de ellos fueron asesinados en el acto cuando los Avellinos entraron en el edificio. Un cuarto murió ayer tras ser operado. No pudieron salvarlo, por suerte, porque fue él quien vio u oyó más".
¿Cómo? ¡Sigue hablando!
Me acerqué a la mesilla, cogí mis cigarrillos y encendí uno.
Sí, ahora fumo estando adentro.
Whistler no me va a dejar olvidar esto.
"¿El que vio más? ¿Qué quieres decir?" preguntó Edward.
"El agente especial Black me dijo que el agente herido estuvo divagando sobre un hombre apellidado Lettoni mientras los paramédicos trabajaban en él".
"Caius", espetó Edward. "¿Caius estaba?"
"No lo sabemos", suspiró Siobhan. "El agente murió antes de poder hablar más, pero lo bueno aquí es que Caius no es conocido en América. Black no sabía qué pensar del nombre".
Hubo entonces un largo silencio, y por un minuto pensé que había perdido la señal, pero Edward habló. Edward Cullen. No Whistler, no mi chico irlandés.
"Hunter y Adams, quiero que ambos rastreen la unidad de Caius", dijo con voz carente de emoción. "Tienen recursos ilimitados. Benjamin, Conn
me informó de la eliminación de nueve de los hombres de Avellino. ¿Las grabaciones de seguridad mostraban más?"
"Sí, señor. Doce."
"De acuerdo. Supongamos que Caius está ileso, ya que no era uno de los nueve. No sabemos cuánta gente tiene Caius, pero al menos nueve se han ido".
.
.
"¿Cuáles son su órdenes, señor?" Era James. "Una vez que hayamos encontrado a Lettoni y a sus hombres y demás".
Di una calada. Una profunda. Y aguanté.
.
.
"Elimínenlos".
"Cristo", exhalé.
"Considérelo hecho".
Estaba asustada. Asustada de que esto estuviera matando a mi marido. Acababa de dar su primera orden y era matar hombres.
Es la pura verdad de Dios cuando digo que no pienso mal de él, porque yo también quiero a Caius muerto. Sobre todo porque él es el responsable de la muerte de cuatro miembros de nuestra organización, y también... en realidad, principalmente... porque Caius no solo se acercó armado a mis seres queridos, se acercó jodidamente a Alec y Nessa, por no mencionar que uno de sus hombres le disparó a mi suegro. Así que, no, no pienso mal de Whistler. Casi que lo amo más, pero... No sé lo que es ser responsable de la muerte de alguien. Por más viles que sean esos Avellino... siguen siendo humanos. Algo así. Y espero con todo mi ser que esto no destruya a mi esposo.
La reunión continuó durante otras dos horas, y yo escuchaba atentamente, aprendí rápidamente las señales de Edward con solo oír su voz. Sabía cuándo estaba lívido, sabía cuándo estaba reacio y sabía cuándo estaba enfadado o frustrado. Al final de esas dos horas, se habían emitido órdenes y se habían formado planes completamente nuevos.
Además de ir tras Caius, también teníamos un equipo que se dirigía a Italia con una única tarea: conseguir información sobre Aro y sus hombres más cercanos. Edward exigió fotos y videos de todo. De todo lo relacionado con Aro. Nada debía obviarse. Quería aprender las rutinas de Aro. Quería nombres, fechas y lugares. Todo. Y de nuevo, el equipo tenía recursos ilimitados para encontrar lo que pudiera.
La siguiente fue Siobhan, y su tarea era mantenerse cerca de Black, y que incluía a su molesto hijo... y amigo. Así que, eso también incluía a Jasper. Siobhan también iba a hacer todo lo posible por ocultar todo lo relacionado con Italia para mantener a los federales a la expectativa.
A mitad de la reunión, Edward había llamado a Garrett, y con él al teléfono, Edward les había ordenado a Garrett y Benjamin que trabajaran en un nuevo plan de escape en caso de que se volviera a emitir un Código Negro. Los dos también debían preparar una rutina para cuando entrásemos en Código Rojo.
Me acordé del Código Rojo, por supuesto.
Código Rojo es hacerse cargo. Atacar. Lanzar. Lo que sea.
Lo que nos llevó a Kellan. Edward lo ascendió a jefe de seguridad porque pensaba que Conn era un maldito marica. Sus palabras, no las mías, pero sabía que la opinión de Conn sobre Liz y los niños pesaba mucho sobre los hombros de Edward. Pero divago. Kellan era ahora el jefe de seguridad y tenía a sus hombres a la espera mientras trabajaba con Benjamin y Garrett y su plan. Al fin y al cabo, eran los guardias de seguridad de Masen los que se encargarían de... cumplir la parte de Código Rojo.
Por último, pero no menos importante, Edward le ordenó a Pete que se ocupara de la esposa de Liam. Era sencillo. Como Edward no podía ocuparse él mismo de Liam, que era lo que le hubiera gustado, Edward pensó que lo mejor era enviar a alguien que hubiera estado cerca de Liam y de su mujer, y ese resultó ser Pete y su esposa Sandra. Así que, con todo solucionado, Edward anunció que la reunión había terminado.
Acababa de apagar el enésimo cigarrillo y de apagar el portátil cuando Edward entró en el dormitorio, con aspecto cansado por decir lo menos.
Pero al olfatear el aire, enarcó una ceja divertido.
"Aw, princesa, ¿estás fumando adentro?", jadeó con fingido horror.
Puse los ojos en blanco.
"Hola, tú", murmuré.
Soltó una risita cansada, se tiró de la corbata y se dejó caer en la cama.
"Entonces..." Le miré expectante, queriendo saber lo de la reunión... aunque ya lo sabía todo. Pero él no sabía que yo lo sabía. Lo sabía.
"¿Entonces...?", me regresó, apoyando la cabeza en mi regazo. Luego sacudió la cabeza, casi clavándome la cara en el estómago, y esta era la forma que tenía mi chico irlandés de decir: "Ráscame, mujer". Así que lo hice. Le pasé los dedos por el pelo y le rasqué el cuero cabelludo.
"Qué tierno", me reí entre dientes.
"Mmhmm," tarareó en mi estómago. "Sabes, este top tuyo... me pica. ¿No puedes... ya sabes... quitártelo?"
Buen intento.
"No hasta que me cuentes cómo ha ido la reunión", dije secamente.
"Muy bien", contestó, mirándome mientras parecía estar rascándose el culo. Solo que no lo estaba haciendo. Mierda. Ups. "¿En serio, princesa? ¿Me plantaste un maldito micrófono y pensaste que no me daría cuenta?"
Desvié los ojos hacia el techo y empecé a silbar.
Entonces, como un tren de mercancías, volvieron sus palabras de antes.
"Te contaría lo de la reunión más tarde, pero podría ser un poco repetitivo".
Repetitivo.
¿Cómo... demonios? ¡Lo sabía desde el principio! ¡Sabía que yo escucharía!
"Mierda, eres adorable", se rio. "En serio, Bella. ¿No crees que conozco a mis primas, por no hablar de quién es su padre? Por favor, dame algo de crédito".
Sí, me sonrojé.
Luego me abordó. Me hizo cosquillas, trompetillas y me besó hasta dejarme seca.
Me encantó. Realmente me encantó cómo el chico irlandés se recuperó, y más tarde, después de cenar, me enfrenté a él por haber ordenado matar a Caius. Pero Edward me calmó y me sentí inmensamente aliviada cuando me dijo que su único temor era que yo pensara mal de él por no sentirse mal por su decisión, porque no lo hacía. Solo pensaba en mí, en Alec y en Nessa, y en lo cerca que habíamos estado del peligro. Y, por supuesto, también en el hecho de que Aro tenía a su tío como rehén, y en que Caius había matado a cuatro guardias de la organización. Por eso, cuando Edward había entrado en el dormitorio después de la reunión, y yo no lucía alterada, empezó a relajarse.
Me alegré de que por fin viera lo devota que era a él.
*O*O*O*
Los dos días siguientes pasaron rápido y, por suerte, la reunión entre Pete y la esposa de Liam había ido bien. Ella no había perdido el tiempo y ayer visitó a Liam en la prisión. Solo unas horas más tarde, Liam había llamado a su madre y le había ordenado que sacara a su hermano y a su hermana de Portland. Se había puesto furioso con su madre y no podía creer cómo ella podría dejarlos solos, únicamente con un guardia. Y eso fue todo, la orden de Liam a Conn superó la de Liz, y ahora Alec y Nessa estaban volando a Chicago.
Tenían previsto llegar esta tarde, pero Edward y yo nos estábamos centrando primero en la llegada de otros dos.
De algún modo, Emmett se había enterado de la situación en casa, y anoche abandonaron el complejo después de haber pasado solamente tres noches. Nos sentíamos mal y Edward le había llamado para decirles que se quedaran unos días más, pero Emmett se había negado. Incluso Rose se negó, afirmando que no sería capaz de relajarse si las cosas en casa eran una locura.
Así fue como Edward y yo acabamos en una limusina, de camino a recoger a Em y Rose en el aeropuerto a dos horas de la ciudad, el mismo en el que Edward y yo habíamos aterrizado hacía apenas unos días. Lo que significaba que teníamos dos horas. Solos. En una limusina.
Adivina cómo pasamos esas dos horas.
*O*O*O*
"De acuerdo, princesa, ya basta", Edward se rio entre dientes y me apartó de Rose. "Llevan más de veinte minutos abrazándose y gritando, y tenemos mierda que hacer, ¿recuerdas?"
Sí, sí, lo recuerdo.
Edward y Em nos llevan a Rose y a mí a un campo de tiro clandestino... situado debajo de la mansión Masen.
Quieren que aprendamos a usar armas. Sí. Exactamente.
"Bien", dije con un mohín, que Edward interpretó como una invitación a chupármela.
"Basta", le dije, apartándolo de un manotazo. "Mierda que hacer, ¿recuerdas?"
El chico irlandés guiñó un ojo.
Suspiré y me abracé a Rose, y luego pasamos las dos horas siguientes oyendo hablar de su corta pero accidentada luna de miel en una pequeña isla griega. Bueno, después de que Emmett comentara que la limusina apestaba a sexo. Así que hacía un poco de frío en el camino de vuelta a la ciudad, porque llevábamos todas las ventanillas abajo.
Más tarde, cuando por fin llegamos a la mansión, nos dieron un pequeño tour antes de arrastrar a Rose conmigo para ir a cambiarnos, y ni siquiera mencionaré todas las cosas que vimos en la mansión donde Ed y Liz vivían con Alec y Nessa. Porque mierda... era tres veces más grande que la de los Cullen en Forks y cuatro veces más grande que nuestra casa en Bainbridge. Una locura es todo lo que digo.
"¿Qué estamos haciendo aquí?" Rose se rio cuando entramos en el enorme cuarto de baño.
Y... ¿qué estamos haciendo aquí? Vamos, Rose. Es hora de chismorrear, Rose.
"Bueno, primero", dije, levantando las dos bolsas. "Si vamos a usar armas, quiero parecer genial. Y segundo... en realidad solo traje la ropa como excusa para tenerte a solas", dije, encogiéndome de hombros. "Porque quiero los detalles, ya sabes".
"¿Detalles sobre qué?", preguntó inocentemente, cogiendo una de las bolsas.
"Zorra, por favor", resoplé. "Ni siquiera vayas por ahí. En la limusina estabas 'oh, fue tan romántico, B. Hubo cenas románticas, desayunos en la cama, velas, rosas, puestas de sol...' blablablá. Ahora, deja de ser tímida y habla sucio", exigí.
Las dos sabíamos lo perfectos que eran nuestros esposos y lo románticos que eran, pero lo que no sabía era cómo era Em... ya sabes. Tú me entiendes.
"Joder, B, ¿cuándo te volviste tan jodidamente grosera?" dijo Rose, arqueando una ceja. Yo arqueé una ceja en respuesta, y ella finalmente dejó caer la máscara. "¡De acuerdo, fue jodidamente increíble, perfecto! Es enorme, grueso y largo, tiene la resistencia de un chico de diecisiete años y una lengua mágica".
No me hizo ninguna gracia.
"¿Por qué me citas, Rose?" pregunté mientras me ponía mis nuevos vaqueros. "¿Crees que no recuerdo lo que te dije después de volver de Costa Rica?"
Porque le había dicho a Rose precisamente eso. Sobre lo grueso y lo largo y lo enorme y la resistencia y la magia...
Genial, ahora estoy cachonda.
Rose se encogió de hombros. "Sé que te estaba citando. Pero esas palabras también se aplican a Em". Sonrió ladina. "En serio, Bella..." Suspiro soñador. "La primera noche fue... Dios, fue tan dulce... y luego continuó, ya sabes. Fue dulce y cuidadoso..."
Asentí, sabiendo exactamente a dónde quería llegar. Porque Edward solía ser así. "Entonces, ¿qué hiciste para que perdiera la cabeza?" Pregunté, sonriéndole. "Porque asumo que lo hiciste".
Ella asintió. "Sí. Después de nuestra escala en Londres ahora de regreso a casa, me senté a horcajadas sobre él y lo monté como a un maldito potro salvaje. Creo que entendió entonces que yo no estaba hecha de cristal, y que lo quería pervertido".
"¡Esa es mi chica!", le guiñé un ojo.
*O*O*O*
Después de nuestra tan necesaria charla de chicas, nos reunimos con los chicos en uno de los salones.
Edward soltó un silbido bajo al verme, y Emmett maldijo por lo bajo al ver a Rose, lo que mejoró aún más mi idea de cambiarnos. Ahora no llevábamos ropa elegante. No, yo llevaba unos vaqueros ajustados que me abrazaban el culo, una camiseta ajustada que ponía 'Keep Calm and Kill Zombies'. Añádele algo de joyería y un par tacones rojo brillante y ya tienes a un Whistler ajustándose. Lo mismo le pasaba a Emmett, que estaba mirando a Rose y sus vaqueros igual de ajustados, camiseta ceñida, joyas rosa chillón y tacones rosa fuerte. Teníamos a nuestros chicos donde queríamos.
"Así que ... vamos a disparar un poco de mierda", dijo Rose.
Síp.
*O*O*O*
"Son feas, Em", resopló Rose, intentando devolverle las gafas de seguridad. "Es decir... ¿naranja? ¿En serio?"
Puse los ojos en blanco y me puse mis propias gafas de color naranja.
Lo admito, ahora me encanta vestirme para Whistler, e ir de compras puede ser divertido, pero no soy tan mala como Rose. De ninguna manera.
"Tienes que usarlas, preciosa", dijo Em con firmeza mientras... hacía alguna mierda con una pistola. No sé.
"Muy bien, princesa, estamos aquí", murmuró Edward, conduciéndome a uno de los puestos. Había siete. No me preguntes por qué necesitaban tantos.
"Bien, nena, esto es práctica de tiro", dijo, entregándome un par de orejeras o... auriculares. "¿Ves el objetivo allí?" Señaló, lo vi. Estaba jodidamente lejos. Asentí y tragué con fuerza. "Sí, vas a dispararle. Apunta a la cabeza".
"Sí, no creo que eso pase, Whistler", dije, negando con la cabeza. Quiero decir, esa cosa-objetivo estaba al menos... a unos sesenta metros de distancia. Porque así de jodidamente enorme era este campo de tiro subterráneo. Como un puto estacionamiento de centro comercial. "Si tengo suerte, la bala dará en la pared de detrás". Porque no había nada más que pared. A eso sí podía darle. O... si estuviéramos en un bote... Yo... estoy bastante segura de que sería capaz de darle al agua. Bastante segura. Pero no estamos en el agua ahora.
"Aw, no dudes de ti misma, princesa", rio en voz baja, haciéndome señas para que me acercara. "Espero de todo corazón que nunca tengas que poner en práctica tus habilidades, pero es por precaución. Es para que tu marido pueda dormir por las noches. Ahora... Esta es una Glock 17,9 milímetros". Tomó la pistola de la mesa que teníamos delante. "Las usamos porque es una pistola común y muchas autoridades tanto en América como en Europa usan Glocks. En otras palabras, no usamos armas que puedan identificar fácilmente a su usuario".
Asentí en señal de comprensión.
"De acuerdo", suspiró, bajando de nuevo el arma. "Tómala, y hagas lo que hagas, no te apuntes a ti mismo... o a mí para el caso".
Qué gracioso es el chico irlandés. Es tan jodidamente gracioso.
"No está cargada, ¿verdad?", pregunté, mordiéndome el labio mientras la levantaba. "¿Eh? Es pesada".
"No está cargada, aún no. Pero que sea una regla. Siempre apunta el cañón hacia abajo", explicó. "Ahora, abre la corredera aquí". Hizo un gesto y yo obedecí, sin entender una mierda. Y entonces Edward agarró una parte que estaba suelta. "Este es el cargador. Vamos a cargarlo". Levantó la pieza. "Aquí tienes munición, princesa. Solo mírame, y luego repites, ¿de acuerdo?"
"Ajá". Intentaba concentrarme, de verdad, pero... mierda, eran muchas cosas por asimilar. "De acuerdo, no parece difícil", concedí aliviada mientras veía a Edward cargar el... como quiera que se llame. ¿Cargador? Sí, claro. Dudo que encuentre consejos de moda en ese tipo de revista (1). Y ahora sonaba como Kate e Irina. Impresionante.
Después de que Edward me enseñara, lo intenté, y era verdad. No era tan difícil cargar el arma.
"Bien", dijo. "Ahora, vuelve a colocar el cargador". Me dio la pistola y me indicó cómo debía hacerse. "Sí, suelta la corredera. Perfecto". Hizo clic.
"¿Y ahora?" pregunté, sosteniendo la pistola entre mis dedos.
Esto divirtió a Whistler.
"Ahora está cargada, nena, así que tenlo en cuenta y no me apuntes con el cañón, ¿de acuerdo?". Se rio. Luego me quitó la pistola. "Mira cómo la agarro". Y lo hice. Observé cómo sus largos dedos agarraban la pistola y cómo su índice evitaba el gatillo. "Primero apuntas". Lo hizo, muy sexy. "Y usas la mira en la parte superior del cañón. ¿La ves?" Asentí. "Muy bien. Ahora, con la Glock, el seguro está en el gatillo. Así que, solamente aprietas el gatillo. Nada más". No entendí, pero claro, está bien, da igual. "Ponte los auriculares, princesa, y mírame disparar un par de veces."
Antes de que pudiera ponérmelos, gritó a Em y Rose que estaban ocupando otro puesto. "¡¿Están listos?!"
"¡Listo, hermano!" Em gritó.
Me puse los auriculares y observé a Edward atentamente.
Con un movimiento lento y firme, apretó el gatillo y sonó un disparo. Luego otra vez, y otra vez. Mierda, él es sexy. Sus músculos eran... homina, homina, homina... Dios, creo que me estoy enfocando en la cosa equivocada aquí. Aun así, gracias a Dios que decidió ponerse esa camiseta negra, porque... sus brazos. Jesús.
Cuando terminó, apretó un botón y vimos cómo el objetivo se acercaba más y más en un extraño artilugio deslizante. Sí, soy tan jodidamente técnica que duele.
"¡Mierda!" Exclamé al ver el objetivo. Whistler había hecho cinco agujeros justo en la cara. En la frente, más correctamente.
Edward se encogió de hombros como si nada, mientras yo me quedaba boquiabierta como Nemo. Ah, y apretando los muslos.
"¡Tu turno, princesa!" Edward gritó para que yo pudiera oírlo. Mierda, ahora sonreía como un tonto. Estaba claro que disfrutaba de esta parte de nuestra vida. Yo también. Mientras pudiera observarlo. "¡Solo asegúrate de no tocar el gatillo hasta que tengas tu puntería!"
"Ok, ok", murmuré.
Respiración profunda.
Sujeté la pistola con firmeza, sin tocar el gatillo.
Edward estaba de pie detrás de mí, pero lo bastante cerca como para que pudiera verle en mi periferia, y tenía un aspecto jodidamente sexy. Apoyado contra la pared, con los tobillos cruzados, los brazos cruzados, gafas negras de protección y tapones para los oídos. Y esa sonrisa. Jesús, realmente estaba en su propia versión de un parque infantil.
En fin.
Otra respiración profunda. Aguanté.
Apunté. Creo.
Apreté el gatillo.
¡Mierda!
No me lo esperaba. Joder, sentí cómo me ondulaba.
Una hora después, seguía cabreada.
No solo no le he dado a la cara... No le he dado a la hoja.
"Sin presiones, nena", dijo Edward después de que me hubiera quitado los auriculares. "Vamos otra vez, y por favor recuerda no aguantar la respiración. Tienes que exhalar antes de disparar".
Sí, sí. Lo había oído durante la última hora. Pero, por alguna razón, respiraba profundo y contenía la respiración antes de apretar el gatillo. No sabía por qué, simplemente lo hacía.
"Vuelve a ponerte los auriculares", murmuró después de cargarme la pistola... otra vez.
Suspiré y me los puse.
No estaba enojada. No del todo.
De acuerdo, lo estaba, pero mierda, Rose lo estaba haciendo genial. Ella siempre le daba en la cabeza a su objetivo.
Con el arma de nuevo en mi mano, apunté. Y disparé. Una y otra vez, no lo conseguía, joder. Y ahora tenía un maldito público. Em, Rose y Whistler estaban detrás de mí, fumando y sonriendo.
Cabrones.
Disparé un poco más. Estaba... tan... harta.
Y entonces el cargador estaba vacío. Otra vez. Y sentí que Whistler se acercaba detrás de mí, así que volví a quitarme los auriculares.
"Lo siento, princesa", se rio. "Pero no puedes disparar para salvar tu vida. Creo que la práctica ha terminado".
Me di la vuelta, apuntándole accidentalmente con la pistola, pero no te preocupes, la bajé antes de que pudiera mearse en los pantalones. Pero espera... ¿por qué no parecía asustado? Ni siquiera se inmutó.
Como si yo hubiera hecho la pregunta en voz alta, respondió. "Apunta todo lo que quieras. Apuesto a que el lugar más seguro en tu caso es en línea directa de fuego, ¡porque no le darás!". Y ahora estaba carcajeándose.
Muy divertido, el chico irlandés es un comediante.
O no, así que me salí de mi tacón de 15 centímetros y se lo lancé, dándole justo en la cara.
¡Sí, toma eso, Whistler! Los únicos que se reían ahora eran Emmett y Rose. Edward, por su parte, se agarraba la cabeza y ouch.
"¡Mierda, Bella!", gimió, aún palpándose la cara. "Maldita sea, ¡sí que le pusiste fuerza a esa mierda! Demonios".
Me sentía mal. De verdad. Pero también me hizo sentir bien.
"Maldita sea", murmuró. "Tan pronto como este dolor desaparezca, te entrenaremos con cuchillos arrojadizos, porque maldita sea... lo que no puedes hacer con un arma, estoy jodidamente seguro de que puedes hacerlo con cuchillos".
Me alegré de nuevo, y aún más cuando Emmett nos dijo que su tío Ed tenía cuchillos arrojadizos. Así que nos trasladamos a otro puesto, y los chicos colocaron una cosa rara de madera, no tan lejos, pero... un poco lejos. Y lancé cuchillos. Una y otra vez. Con una puta sonrisa en la cara, porque los clavé. Les pateé el culo tanto a Emmett como a Edward mientras Rose me animaba.
Sí.
Edward estaba radiante de orgullo, pero seguía siendo un Cullen. En otras palabras, muy competitivo. Por lo tanto, frunció el ceño un par de veces cuando le gané.
Al menos soy buena en algo.
¿Verdad?
(1) En inglés el cargador se llama "magazine" que también significa revista, de ahí el pensamiento de Bella sobre el tipo de contenido que encontraría ahí.
