LIX – APTX4869 (Antídoto)

Semanas después…

–¿Estás embarazada?

Gin realizó la pregunta, fríamente y con total indiferencia, exhalando el humo del cigarro muy cerca de ella... provocando que el humo rozara las mejillas de la chica. Shiho tragó saliva, sin saber muy bien que decir u hacer ante el hombre que no dejaba de examinarla tras una fría y penetrante mirada esmeralda.

–Gin, yo…

Un fuerte quejido salió de sus labios interrumpiendo la respuesta, acompañado por un intenso y punzante dolor en la zona del vientre. Al bajar el rostro, con temor, se encontró con la cruel estampa de que Gin le había asestado un puñetazo. El dolor se intensificaba mientras la chica se agachaba para sobrellevar mejor la agonía, percibiendo como un extraño calor de color escarlata se deslizaba entre sus pálidos muslos.

–Solucionado.

Sherry se despertó bajo una fuerte exhalación, escuchando el tenue sonido del ordenador que se encontraba frente a ella. Con una mano en la boca controlaba la respiración junto con el miedo de la pesadilla que acababa de presenciar; nuevamente era una advertencia de su futuro si la noticia se daba a conocer ante el alto cargo de cabellos plateados.

El laboratorio se encontraba vacío, tranquilo, una noche más se había quedado allí para poder avanzar el antídoto, alejada de las miradas curiosas. Al principio Bourbon era reacio en dejarla a solas en las instalaciones, aunque estuviera con la escolta, pero por suerte con el paso de los días y por alguna extraña razón éste comenzó a permitírselo más fácilmente.

Apretó sus parpados levemente oscurecidos a causa del cansancio que le acarreaba las horas extras, tenía que admitir que echaba de menos la compañía de Bourbon y de Haro… pero, sobre todo, echaba muy en falta la cálida y cómoda cama donde antes descansaba.

Un leve pitido captó su atención: unas letras en verde parpadeaban en la pantalla del ordenador.

No, no podía ser…

100% compatible.

¿Lo tenía?


–¡Hasta mañana!

Conan alzó la mano como respuesta, despidiéndose de sus compañeros de clase mientras éstos se marchaban por la calle opuesta a la suya. Suspiró, observando la palma de la mano que había usado para decir adiós… ¿Cuánto más seguiría con esa situación? ¿Cuándo sería la despedida definitiva?

Según lo último que sabía por parte de Amuro es que Shiho se pasaba las noches investigando, encerrada sola en el laboratorio. Nada cambiaba tanto siendo Sherry como Ai Haibara… toda su vida había sido programada para vivir para y por la APTX4869 y conociéndola ahora estaría dándolo todo para emendar sus errores, sintetizando el antídoto.

La primera vez que la vio la llamó asesina,

Cuando ella era la primera víctima de ésta.

–Ah, vaya.

La calle se encontraba cortada por las obras, suspiró, sólo le quedaba la opción de tirar por los callejones estrechos de al lado. Desconocía que seguía una ruta elaborada milimétricamente para él… siendo asaltado a los pocos metros por una sombra a la vez que los cuervos alzaban el vuelo a causa del fuerte sonido al chocar contra el frío suelo, inconsciente.

¿Por qué le dolía tanto la cabeza?

¿Q-Qué había pasado?

Intentaba recordar pero eso sólo empeoraba su estado, el dolor retumbaba una y otra vez. Apenas podía abrir los ojos y lo poco que lograba discernir estaba levemente borroso... por el tamaño de la sala y el mobiliario se encontraba en una especie de hotel. Poco a poco comenzó a incorporarse, con dificultad, ya que una de sus manos se hallaba esposada en el cabeza de la cama; fuese quien fuese su atacante éste no quería que el pequeño detective tuviera libertad dentro de la estancia.

–¿S-seguro que es buena idea que haya salido así como así? –Conan reconoció al instante aquella voz femenina que traspasaba la puerta de la habitación –. ¿Seguro que no nos ha visto nadie?

–No hay camaradas de seguridad en ese laboratorio y Bourbon piensa que estás pasando la noche allí.

–¿Y el escolta?

–Trabaja para mí, sabe que le puede pasar si se va de la boca.

–Gin, creo que esto no es una buena idea –la imagen de los niños aparecían en su mente –. ¿Y si Rum...?

–Cállate y entra.

La puerta sonó y se abrió para dejar pasar a la joven científica, encontrándose cara a cara con el pequeño detective. Estaba exactamente como Akai la describió, los ojos de la chica mostraban estrés, cansancio, miedo… no quedaba rastro alguno de aquella Shiho que vio en la cafetería, comiendo con una sonrisa de felicidad un trozo de tarta de fresa antes de que sus caminos se separasen.

–Kudo…

–H-Haibara…

La científica había recreado una y otra vez como sería el reencuentro; cómo le acusaría por cada una de sus mentiras, como le golpearía el pecho sin cesar y con angustia por romper la confianza que ella tuvo en él… pero por alguna insólita razón toda la esa rabia acumulada se desvaneció al ver aquellos ojos azules.

Tiró la maleta para fundirse en un abrazo, estaba ahí, su vida pasada no era una ilusión… una vez tuvo una vida feliz y junto a él. Shiho cerró los ojos, disfrutando de cada segundo a su lado; como su olor y su calidez era exactamente igual que sus antiguos y borrosos recuerdos.

–Haz ya lo que tengas que hacer.

Ambos miraron hacia Gin que custodiaba la puerta, cruzándose de brazos con superioridad.

–Veamos la magia de tu antídoto –sonreía con desdén –, es tu única oportunidad.

–¿La tienes?

Miró atónito hacia Shiho que afirmaba con la cabeza, la joven miraba con seriedad la herida que Gin le había propinado al niño para dejarle inconsciente, por suerte no se trataba de nada grave y no necesitaba puntos. Finalmente, con cariño tomó la mano que él tenía libre, intentando que no le temblara el pulso por la emoción de volverle a ver.

–C-creo que sí, pero no te voy a obligar si no quieres.

–Sabes que confió en ti –sonrió para calmarla, intentando no llamarla nuevamente Haibara –. Si me la das la tomaré, siempre me tendrás para lo que necesites y… –apretó la mano –, lo siento.

–Kudo…

Agachó la mirada ante esa sincera disculpa que únicamente ellos dos entenderían... sin soltarle de la mano permitió que los segundos pasasen, ignorando como el hombre de negro pasaba por su lado para liberarlo.

–He rebajado la duración del primer antídoto que creé –explicaba de manera pausada y tranquila para que el detective entendiese el procedimiento –. Dura una hora, luego te inyectaré el definitivo… si en una hora te mantienes igual todo habrá terminado pero si… –no quería ni imaginárselo –, notas que algo no va bien o te sientes mal dímelo, yo estaré atenta a tus constantes vitales.

–De acuerdo.

–Déjame prepararte la ropa en el baño y comenzaremos.