Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.
Thetis había estado sumamente concentrada en su trabajo. Frente a su computadora, no dejó de teclear con gran velocidad, sin ni siquiera prestarle atención a las teclas, sino a la pantalla y cómo se redactaba su informe mensual, hasta que pudo ponerle el punto final. Al principio había creído que la señora Solo había aceptado su contratación para poder molestarla con las visitas mensuales de la prometida, o prometidas, de Julián, ahora creía que sólo la habían contratado para convertirla en la esclava de todos los jefes de la corporación. No sólo tenía que encargarse de su trabajo normal, que se completaba con el informe que había escrito y que se suponía debía llevar con su superior, sino ayudar a algunas de las asistentes a acomodar papeles, llevar cafés, organizar notas…
—... y por si eso no fuera poco, prácticamente soy la segunda asistente de la señora Solo… es en serio, Kanon, esa mujer me tiene en su oficina por horas, parada como tonta, sólo para que me atrase con mi trabajo normal.
—Thetis…
—... Y cuando no estoy parada, me manda por sus papeles, hace que escriba reportes una y otra vez, me obliga a escoltar a "la señorita Kido" por todo el edificio…
—Thetis…
—... Estoy segura de que tenías razón. Se alimenta del sufrimiento ajeno, le gusta ver a la gente enloquecer por la desesperación…
—¡Thetis!
Sosteniéndola de los brazos, Kanon la agitó un poco o para evitar que continuara con su exagerado discurso. La susodicha rápidamente se quedó en silencio, mirando a su amigo con sorpresa, puesto que él nunca la interrumpía, y menos si estaba en medio de uno de sus episodios de máxima preocupación. Kanon venía actuando extraño casi desde inicios de año; parecía más serio, más indiferente hacia la asuntos de otros, como si sólo le importaran sus propios problemas y su trabajo. Ya ni siquiera se juntaba con ellos, y que ella supiera, tampoco con sus otros amigos.
—Habla con recursos humanos —determinó.
Ambos se habían encontrado por casualidad en uno de los elevadores de la compañía y tan pronto como se vieron frente a frente, Thetis comenzó a hablar sobre sus peripecias en el trabajo, al menos hasta que Kanon la interrumpió tan groseramente.
—Pero…
—Thetis, no soy esa clase de abogado. Ve con recursos humanos.
—¿Recursos… humanos?
—O deja de quejarte —sentenció él, justo cuando el elevador se detuvo y las puertas se abrieron. Dedicándole solo una mirada de reojo, Kanon se detuvo antes de salir por completo—. Al menos deja de hacerlo conmigo; estoy ocupado trabajando.
Al escucharlo, Thetis parpadeó varias veces y se quedó quieta al interior del elevador, sin saber por qué Kanon se estaba comportando de esa forma.
Decepcionada por la falta de oyente, Thetis se quedó en el elevador, esperando a que la llevara hasta el último piso del edificio. Antes de encontrarse con su amigo, la joven había recibido el recado de que la solicitaban en el piso más alto, donde estaban los dueños. Ya podía imaginar las razones por las que la señora Solo la solicitaba; tal vez quería que fuera por su café o a recoger alguna de sus compras, tal vez quería que volviera a acomodar todos sus documentos en orden de importancia para después acomodarlos mejor en orden alfabético, tal vez ya había decidido subirla a un barco de investigación y hacer que se fuera lejos de Grecia, a donde nadie puedes contactarla.
Cuando las puertas del elevador volvieron a abrirse, Thetis se encontró frente a frente con el asistente de Julián, quien mantuvo una fría expresión cuando sus miradas se encontraron. El joven había sido contratado poco antes de que Julián decidiera poner en marcha su plan de escape del matrimonio, así que en realidad apenas estaba trabajando con Julián, y era más que evidente que quería impresionar a su ahora relajado jefe.
—El señor Solo la está esperando, por aquí, por favor.
Murmuró el joven, dándose la vuelta y comenzando a caminar hacia la oficina. Thetis rodó los ojos y siguió al chico, recorriendo el camino que se sabía de memoria como si no supiera en dónde estaba. Al llegar a la puerta, el joven la golpeó ceremonialmente y después la abrió, sólo lo suficiente como para asomar la cabeza; a pesar de estar detrás de él, Thetis alcanzó a ver qué su jefe, el imponente Julián Solo, dueño y señor de los mares, principal empresario en Grecia, adinerado desde antes de nacer, socio comercial de un montón de países, estaba sentado en el suelo de su oficina, frente a la mesa ratonera que tenía casi como pieza decoración, coloreando un cuaderno para niños con una enorme caja de crayones.
El joven se había congelado en su lugar al ver a su imponente jefe actuando como un niño pequeño; Thetis, detrás de él, intentó no reír ante la impactante escena.
—Oh, señorita Strand, puede pasar — dijo Julián cuando se percató de que sus empleados estaban frente a él—. Gracias por traerla, Víctor Manuel, puedes retirarte.
El joven soltó un suspiro y se dio la vuelta, caminando cabizbajo hacia su escritorio.
Thetis lo miró retirarse con una expresión de pena. Después de cerrar la puerta detrás de si, caminó hacia donde estaba su jefe, deteniéndose justo frente a él mientras ponía las manos en su cintura.
—Ese pobre chico no se llama Víctor Manuel.
—Lo sé —admitió Julián, con una expresión de pena—. Es una maña del primo de Shijima que ayuda a dar una imagen despreocupada.
Thetis asintió. No conocía mucho de los nombrados, pero si Julián creía que eso lo ayudaría en su trabajo de deshacerse de su matrimonio, ella no lo cuestionaría… tanto. Al menos Julián sólo fingía que no se sabía su nombre y no que lo desconocía por completo.
—¿Para qué querías verme? —optó por preguntar.
Desde el suelo, Julián observó a Thetis en silencio, pensando cómo darle la noticia. Separar su trabajo de sus sentimientos por ella.
La quería tanto. La quería tanto y haber salido con ella sólo había agravado la profundidad de sus sentimientos.
Era complicado mantener un amor secreto, en especial cuando dicho amor había tenido que congelarse para regresar a la realidad. Cruel realidad, dónde no podían estar juntos, aún. Si había algo que Julián Solo extrañaba de su vida como Julián Ilyn era a su novia.
—Necesito revisar unos informes del mes pasado…
Murmuró por lo bajo, desviando la mirada, avergonzado. Sus sentimientos no tenían nada que ver con lo que estaba a punto de pedirle a su primer y probablemente único amor.
Sí había existido algo que Julián Ilyn había extraños de su vida como Julián Solo era el trabajo. Definitivamente el trabajo.
—...Pero debo mantener mi fachada de millonario despreocupado…
—¿Y yo como encajo en eso? —preguntó Thetis, haciéndose la desentendido. Ya intuyendo lo que él quería.
—¿Podrías terminar de iluminar este libro por mí? Para qué parezca que estuve ocupando haciendo eso —explicó, poniendo su mejor expresión de niño bueno.
—No me mires así, Julián, sabes que no puedo con eso…
Sólo bastaron ocho segundos de contacto visual para que la joven bióloga terminara por sentarse frente a su jefe-amigo-ex novio-amor eterno, y le quitara el cuaderno y los crayones para continuar con el trabajo que él había dejado inconcluso.
Al verla trabajar, Julián asintió, satisfecho de sí mismo y de su poder de convencimiento. Sin perder más tiempo, sacó los papeles que estaban debajo del sofá detrás de él, escondidos por si alguien llegaba, y comenzó a hacer su propio trabajo. Trabajo secreto, porque se suponía que estaba tratando de hacer que su madre se molestara con él al ver su desinterés en su trabajo.
La oficina no tardó en quedarse en silencio, un cálido silencio que sólo se veía interrumpido por el sonido de los cambios de página y los crayones contra el libro para niños. Ambos se mantuvieron así por varios minutos, disfrutando de la compañía del otro, en completa calma, al menos hasta que Julián se levantó de su lugar para sentarse al lado de Thetis, recostando su cabeza sobre el hombro de ella.
—Señor Solo, ¿debo recordarle que usted es mi jefe? —bromeó Thetis sin dejar de iluminar su camión de bomberos.
—Señorita Strand, esperaba apelar a su lado humanitario —Julián frunció el ceño ante algunos números que no lo convencieron del todo en el reporte, pero sin dejar el tono relajado de la conversación—. Apiádese de un pobre hombre que ha pasado tres días en vela, trabajando.
Julián había pasado tres noches enteras dedicándose por completo a revisar números, tomar decisiones, plantear estrategias para sus tratos con otras empresas, revisar números de otras sucursales y otros puntos que sólo él podía revisar. Tenía que hacerlo de noche para mantener su fachada tanto como le era posible, así, cualquiera que lo viera pensaría que su trabajo poco le importaba, por lo que se encontraba bastante agotado y con bastante sueño.
—De acuerdo, sólo porque lo pide tan dramáticamente —concedió Thetis, mirando de reojo a Julián—. Deberías descansar de verdad y no sólo fingir que lo haces.
—Descansaré cuando mi matrimonio se cancele.
—¿Es una meta a corto o mediano plazo?
Julián levantó la cabeza lentamente; había intentado mantenerse en tranquilidad, pero al escuchar a Thetis pensó en tomarse las cosas un poco más en serio. Ya habían pasado más de dos años desde que le habían avisado que estaba comprometido, en contra de su voluntad, por voluntad de su madre. Viéndolo de esa forma, había pasado demasiado tiempo y él aún no había hecho nada.
Nada de nada.
¿Algún día lograría el éxito?
—Es sólo una meta —terminó por decir, optando por dejar las preocupaciones a un lado, junto con los reportes que se suponía estaba supervisando.
Thetis no respondió, sólo asintió en silencio y continuó con su dibujo, tratando de ignorar la penetrante mirada de Julián sobre ella, al menos hasta que él habló de nuevo, proponiendo algo que la dejó sin palabras.
—Deberíamos huir.
Al escucharlo, Thetis lo miró rápidamente; con los ojos desorbitados, abrió y cerró la boca varias veces.
—¿Hu-huir?
Ante la declaración, Thetis volteó el cuerpo por completo hacia Julián, quien le tomó la manos con delicadeza.
—Huyamos, Thetis — afirmó, con más seguridad que antes.
—¿Huir? ¿Y a dónde iríamos?
—No lo sé… a América o Asia. Los Kido son de Japón, jamás sospecharían que me oculto en su propio territorio.
Al ver la seguridad de Julián, Thetis retrocedió un poco. Estaba abrumada por la impactante propuesta. Por supuesto, sin pensarlo ni por un momento su mente había aceptado, ya había comenzado a imagínese ocultos en las calles de Tokio o alguna ciudad vecina, trabajando para vivir cada día, los dos solos, pero la conciencia le llegó rápido y rompió toda la fantasía. No podía, no podían hacer eso.
—Es un locura, Julián —murmuró, apretando la manos del joven para enfatizar su punto—. No podemos hacerlo, ¿qué hay de nuestra vidas aquí?
—Podemos tener otras en otro lado, los dos, juntos.
—¿Y nuestras metas? ¿Nuestros sueños separados? ¿Nuestros amigos?
—Podemos llevarnos a Sorrento, los demás no son tan necesarios… no le digas a Baian que dije eso.
Julián suspiró por lo bajo. Él también había imaginado una vida ideal con Thetis, una vida tranquila como una persona normal, como sus tíos habían vivido al inicio de su relación.
—Julián —Thetis sostuvo a Julián del rostro, acariciándolo con delicadeza—. Sabes que no es una buena idea. Amas el legado de tu padre y yo mi trabajo, cuando me dedico a él —murmuró para sí—; además de que eres un adicto al trabajo, no podrías dejarlo ni aunque tu vida dependiera de ello.
—Eso no es verdad. Lo estoy dejando justo ahora.
—¿En serio?
Julián miró de reojo sus papeles sobre su mesa. Esos no eran los únicos pendientes; escondidos entre su montón de historietas en su escritorio había más papeles esperando ser leídos, al igual que en su hogar, auto, teléfono, computadora, Tablet. Incluso durante su tiempo viviendo con su tía y sus amigos no pudo lograr mantenerse alejado del trabajo, puesto que todas las mañanas, cuando él y Violate eran los únicos despiertos, leía religiosamente la sección de negocios de cada periódico disponible del país, y algunos internacionales.
Sí, se había relajado, conocido nuevas habilidades propias, divertido, pasado tiempo con sus amigos y novia, pero no había podido dejar el trabajo por completo. Lo habían criado para eso, estaba casi seguro que sólo existía para manejar, magistralmente, su legado, la STM. Además de que ese era su único talento, fuera de servir tragos a borrachos con una facilidad inigualable.
Al ver como la expresión de Julián poco a poco perdía el brillo de la esperanza, Thetis se removió algo culpable. No quería matar las ilusiones de Julián, pero tampoco se dejaría llevar por la desesperación; ya habían pasado por mucho y esperado demasiado como para echar todo por la borda.
—Además, señor Solo, debo comunicarle que tengo novio.
Al escucharla, Julián sonrió de lado, sentándose de nuevo frente a la mesa para recoger sus papeles.
—No me malinterprete, señorita Strand, yo también tengo novia —dijo—. Y planeo estar con ella por un largo, largo tiempo.
—Que curioso, yo también quiero estar con mi novio por mucho tiempo… aunque su madre me odie.
—Suerte de que estás con él y no con ella.
—¡Julián!
Julián rio al escuchar la queja de Thetis. Sin agregar nada más, levantó el brazo para pasarlo sobre los hombros de ella y acomodarla contra su pecho. Thetis no opuso resistencia, acomodó su cabeza justo donde podía escuchar los latidos del corazón del hombre que amaba y cerró los ojos.
Tenían poco tiempo, en cualquier momento regresaría el asistente de Julián o peor, su madre, lo que los haría regresar a la realidad.
Lo peor de un amor oculto es eso, que es secreto.
