28- JUEGOS
–Taichou, por fin llegamos– Suspiró Koji mientras se detenía un segundo en el árbol. Y se inclinaba apoyando las manos en sus rodillas tomando un par de respiraciones intentando calmar la agitación tras la carrera.
La lluvia estaba arreciando, hacía frío y estaban agotados. El capitán era implacable y parecía que no sintiera el agotamiento. Nakao saltó del árbol y se apoyó en su tronco, igual de cansado que Koji, sus piernas trémulas y agarrotadas.
–Vamos.– Ordenó impasible empezando a correr hacía la puerta de entrada a Konoha.
Koji saltó al suelo y estiró su brazo para ofrecerle un soporte a Nakao, tirando de él y ayudándole a que se incorporara. Ambos corrieron tras su capitán. Y ambos respiraron aliviados al cruzar las puertas de la aldea. Por fin estaban en casa.
–Id a descansar. Yo informaré a Niidaime-sama.
–Hai, taichou.– Alivio es lo que sintieron de no tener que ocuparse de esa tarea, deseaban llegar a su hogar y descansar.
–Aaaah, en cuanto llegue me daré una ducha de agua caliente.
–Pues yo estoy tan agotado que me tiraré sobre cualquier superficie y dormiré hasta hartarme.
–No Nakao, si haces eso vas a enfermar. Debes darte un baño con agua caliente.– Aleccionó Koji al otro.
Izuna escuchó a esos dos hombres a los que habían colocado en su escuadrón y negó… ¿En serio alguien estaba pensando en dejar que esos dos formaran parte de un escuadrón de élite? Tendría que hablar muy seriamente con quien hiciera las nominaciones, esos dos novatos que habían colocado con él para esa misión eran unos quejicas, vagos y debiluchos. Tenía claro que en su informe los iba a rechazar para el puesto en la unidad anbu, les faltaba experiencia y mejorar sus capacidades en todos los niveles.
Entró en el despacho de su líder por la ventana. Todo y lo tarde que era el Hokage aun permanecía en la oficina. Lo vio sentado en su silla, leyendo con atención unos pergaminos a la luz de varias velas.
–¿Hajime y Kano?– Peguntó de primeras. Sabía que su esposo sabía que estaba en la aldea en el momento que puso un pie en el bosque que la rodeaba, el Senju era un experto sensor.
–Los he dejado con Kagami. Iba a dejarlos con mi hermano y Mito, pero Madara sigue de misión, Hashirama estaba de guardia en el hospital y Mito tiene suficiente para su estado avanzado con sus propios hijos. Kagami se ha ofrecido a cuidarlos.– Miró a su compañero y frunció el entrecejo. Izuna estaba empapado y hacía demasiado frío como para que se paseara de esa guisa.– Quítate la ropa, Izuna.
Levantó una ceja a su esposo.
–Pensaba que no querías mezclar nuestra vida privada con la profesional, Ho-ka-ge-sa-ma.– Deletreó divertido y burlón. Si, estaba malinterpretando a propósito a su pareja.
–Uchiha.– Mientras le miraba con seriedad.– ¿Qué tal la misión? ¿Y que opinas de los novatos?
Pero aunque había reaccionado con frialdad ante ese intento de Izuna por bromearle sobre ese tema intimo en concreto… La semilla ya estaba plantada. Tobirama mostraba un semblante estoico y profesional, pero no podía dejar de observar a su doncel y como ese uniforme de anbu se le pegaba al cuerpo de esa forma tan sugerente. Esas piernas delgadas y fibrosas, llenas de músculos elásticos y elegantes… Ese trasero firme tan sexy y delicioso, un culito que reconocía como perfecto a sus manos y muy acogedor y húmedo… Ese torso con esos abdominales y oblicuos que le gustaba reseguir con sus manos… Esos brazos que aunque delgados poseían una fuerza escondida; unos brazos que adoraba tener rodeando su cuello mientras tenía a su amado encima, montándole… Oh, joder… Se estaba poniendo cachondo. Carraspeó intentando centrarse en los pergaminos encima de su mesa y en escuchar a su esposo y como le informaba de la misión. Se removió incomodo al notar su polla erecta presionarse dolorosamente contra la molesta ropa.
–Y por esos motivos no creo que Koji Sasame y Nakao Mizuto estén preparados para ser integrantes de la unidad anbu. Mi valoración es no aptos.
Miró a su esposo, y líder, y levantó una ceja. ¿Le había escuchado? Dio un suave manotazo en la mesa, consiguiendo que saliera de esa especie de trance.
–Si, de acuerdo. No aptos. Lo trasladaré enseguida a personal.– Volvió a aclararse la garganta y se removió de nuevo.
–¿Qué te sucede? Te veo… Inquieto.
Ya no resistía más… Encima su sensual azabache se había deshecho de las armas y quitado el peto protector… Con lo cual el fino haori sin mangas se le pegaba al pecho y hacía resaltar los deliciosos pezones de su esposo de manera sugerente. Maldita sea… ¿Y así esperaban que se resistiera? Eso era demasiado incitador. Se levantó intempestivamente, llegando a sobresaltar a Izuna por el veloz movimiento que no se esperaba.
Frunció sus negras cejas de forma confusa al ver como estaba actuando Tobirama. Estaba acercándose a él con una mirada hambrienta y depredadora en esos intensos ojos rojos. Era tanto el fuego en esa expresión que el cosquilleó en su bajo vientre le hizo presionar su musculatura anal, joder iba a mojarse… Por suerte su esposo no era un Inuzuka, que esos eran capaces de oler cualquier cosa con su maldito fino olfato. Su marido no notaría si se mojaba de ahí detrás con el lubricante que segregase ya que estaba chorreando por culpa de la fuerte lluvia.
–¿Tobirama?– Preguntó cuando lo tuvo justo enfrente, obligándole a levantar la mirada por la diferencia de alturas.
–Llámame Senju, Uchiha.
–¿Es en serio? ¿Aquí?¿Ahora?
–Nadie va a entrar Izuna, estamos solos… Todos se han ido a casa… Además tu me estas tentando con esa ropa tan jodidamente ajustada y tu comentario anterior.
–Esta ropa es el uniforme reglamentario que todo anbu lleva y yo no tengo la culpa que este cayendo el diluvio ahí afuera… Tampoco que…
–Cállate y obedece, Uchiha.– Mientras lanzaba un brazo y sujetaba al azabache por el cuello, presionando con suavidad.– He dicho: quítate la ropa… Ahora mismo o serás castigado.
Vale… Compuso una mueca al ver que su pareja continuaba en sus trece… ¡Y luego le llamaba terco a él! Cuando a Tobirama se le metía algo entre ceja y ceja no había quien le hiciera desistir y él… Tampoco es que quisiera hacer nada para impedirlo. ¿Qué ? Esos juegos le gustaban y hoy parecía que nadie iba a interrumpirles y encima podían hacer todo el ruido que desearan sin despertar a los niños como podía suceder en casa. Miró a su pareja retándole y le dedicó una sonrisa torcida.
–Vete a la mierda, Senju.– Y si, le escupió un poco y todo.
–Te voy a demostrar quien manda, Uchiha.– Limpiándose un poco de la saliva expulsada por su amado.
Y la ropa anbu terminó rasgada por el varón albino… Por suerte Izuna tenía otro recambio ahí mismo y, además se ahorraría de tener que lavar ese uniforme ahora destruido.
Había aprendido a ser previsor pues a veces sus bebés eran llevados allí, si Tobirama no debía reunirse con nadie y su trabajo del día consistía en leer pergamino tras pergamino, así no abusaban de Mito o de sus alumnos y el Senju podía cuidar de los bebés. Entonces si él era el encargado de velar por la seguridad del Hokage, cuando a sus hijos les tocaba el pecho, porque aun tomaban leche una vez al día, podía darles de mamar ahí mismo. Y le había sucedido que alguna de esas veces, Hajime o Kano, le habían manchado el uniforme, ya sea por vomitar un poco o por algún otro motivo y no quedaba muy profesional llevar una mancha de leche, baba o de pipí en la ropa reglamentaria.
Fue lanzado contra la mesa con fuerza y sujetado contra ella, sacándole de sus pensamientos y soltando el aire por la brusquedad.
–Quieto maldito Uchiha.
La situación habría sido muy excitante y caliente… Bueno caliente ya lo fue, porque se quemó el brazo, lo que le hizo sisear y mover la mano. Se había quemado con una de las velas que había sobre el escritorio de su pareja; vela que cayó al suelo y se apagó.
–¿Izuna?
–Estoy bien… Continúa.
Tobirama asintió y volvió a su papel. Empezó a desvestirse.
–Vas a aprender a obedecer, Uchiha. Te voy a enseñar quien es tu amo.– Una vez desnudo presionó su cuerpo contra el pequeño del azabache, frotándose. Estaba tan cachondo que deseaba enterrársela ahora mismo. Clavarse hasta el fondo.
Izuna gruñó, como si le molestase ser tratado de esta forma, cuando en realidad estaba muy cachondo y deseando que ese grueso pene le abriera y le llenara. Pero, aunque deseaba que Tobirama le penetrase de golpe y hasta el fondo, deseando ese delicioso dolor que le causaría, también le gustaba ponerse algo rebelde… Para eso jugaban a que eran enemigos. Se giró con fuerza, golpeando a Tobirama y con una llave le hizo caer de espaldas en la mesa y se le montó encima.
–Las tornas se han girado, Senj…
Pero la mueca de Tobirama era de cierto dolor y no de placer o de arrogancia. Le miró parpadeando sin comprender.
–La otra jodida vela… En mi espalda.
Izuna le ayudó a incorporarse, y quedar sentado en la mesa, y le miró en la espalda. Efectivamente, Tobirama había "apagado" la vela con su cuerpo… También la había aplastado.
–¿Quier…
–Continua.– Él no iba a ser menos que su doncel. Izuna se había quemado y había proseguido con el juego, él también haría eso… Seguía estando empalmado y deseoso de follar.– ¿Y que vas a hacerme tú, pequeño doncel?
De acuerdo… Su marido quería proseguir. Imaginaba que ambos estaban demasiado excitados para dejar ese juego de lado por unas pequeñas quemaduras… Aunque la del albino fuera algo más que pequeña. Sonrió, metiéndose en el papel y le sujetó del cuello antes de montarse y empalarse en ese miembro duro y erecto. Ambos gimieron extasiados, uno por ser presionado por esas paredes llenas de músculos y el otro, por ser obligado a abrirse ante el imponente tamaño de ese grueso pene. Izuna disfrutaba de ese doloroso placer, ser abierto de golpe y sin usar preámbulos le gustaba… Bueno también le gustaba de la otra forma, cuando eran dulces y suaves y se daban su tiempo antes de pasar a la penetración, pero ahora estaban urgidos y deseaban esos juegos duros. Empezó a montarle, sin dejar de mirarle sintiéndose poderoso y fuerte, él dominaba la profundidad y la velocidad. Izuna adoraba mandar… Pero también adoraba que Tobirama le obligase a ser sumiso, si lo conseguía claro.
Tobirama disfrutaba de cómo Izuna le montaba, poderoso y sensual Uchiha… Era divino y muy excitante y caliente verle moverse, ver esos músculos del doncel tensarse y ondularse ante sus movimientos. Se correría solo mirándole. Le gustaba cuando su gatito era dominante y actuaba como si le usase para conseguir su placer, como si luego se apiadase de él y le permitiera alcanzar también su culminación. Y gozaba de dominar a ese fiero, salvaje y arrogante doncel… Sonrió taimado y en superioridad, antes de girar, haciendo que la espalda de su pareja golpease con fuerza la mesa y su pene saliera de esa enrojecida entrada del doncel maltratada adrede. Izuna era fuerte y disfrutaba de ese trato cuando estaban con esos juegos, así que le sonrió arrogante.
–Te voy a follar tan duro que no podrás sentarte en semanas, pequeño gatito arrogante.
–Si puedes…– Le reto el azabache.
Y le penetró golpeando duro contra esa piel, clavándose contra ese interior. El siseo de su doncel y como le calvó las uñas en la piel a su alcance le supo a gloria. Empezó a embestirle de nueva cuenta. Sabía que su amado disfrutaba del sexo duro cuando lo hacían de esa forma, que el dolor le excitaba y le daba morbo. Las penetraciones hacían temblar la mesa bajo sus cuerpos, la madera parecía que se quejara de lo salvajes que estaban siendo. Izuna gritaba ante cada profunda embestida, su pene golpeaba un punto en el interior del doncel que le volvía loco, lo más profundo que podía llegar. Las pieles chocando con fuerza creando un húmedo contacto que resonaba por ese cuarto junto con sus gemidos y gritos, el doncel arañando la piel de su espalda y brazos. La sujetó del cuello para retenerle, dominante, agresivo… Sabiendo como le gustaba a su Uchiha.
–Puto cabrón.– Soltó Izuna de forma ahogada.
–Aquí la putita eres tu, que me succionas para que no salga de tu mojado interior.– Le devolvió la pulla con morbo. Como les gustaba hablar sucio cuando tenían esos encuentros de sexo duro.
Y una nueva llave, le hizo terminar de espaldas en la mesa de nuevo. Izuna le cabalgó con una ardiente rabia y pasión. Y él gimió extasiado, casi sintiendo que los ojos se le iban hacía el interior de las cuencas de tanto placer. Como le presionaba ese mojado interior, era casi doloroso y le encantaba. La mesa bajo sus cuerpos rechinó con fuerza y se sacudió ante esas cabalgadas fieras.
–Estoy… Estoy llegando…– O mierda… Izuna le estaba haciendo llegar y ya no podía eludir más el orgasmo, se correría… Ya notaba sus testículos tensarse. No podía resistir más y… Con un gruñido se corrió…
En ese momento sucedieron varias cosas simultaneas… Izuna también se corrió en su abdomen, manchándole los abdominales de semen… La otra cosa que ocurrió fue que la mesa crujió y se desplomó. Y por ese movimiento brusco sintió algo como si se partiera ahí abajo; si, ahí abajo era en su polla que aun mantenía cierta importante dureza en el interior de Izuna.
Sujetó a Izuna por inercia, a su vez que este le miró entre asustado y sorprendido por su quejido y por estarse cayendo, era algo que ninguno esperaba que sucediera. Rodaron un poco por la superficie de la mesa, que también se había resquebrajado… Izuna también soltó un siseo adolorido y él terminó dando otro suave quejido.
¿Qué había pasado?
Era evidente que la mesa no había soportado el apasionado y duro ajetreo de los amantes y se había roto. Ahora había astillas de madera, de menor y mayor tamaño, por toda la espalda de Izuna, pues al rodar se las había clavado.
Y Tobirama… El pobre Senju era el que se había llevado la peor parte. Sangraba por su pene, resulta que la brusquedad del acto no había causado ningún daño, pero si que durante la caída había sufrido lo que llamaríamos rotura de frenillo y era muy doloroso, pero, para más inri… Al rodar por la mesa y caer al suelo, había tenido la mala suerte de hacerlo encima de la desechada bolsa de herramientas ninja de Izuna. Si, exacto, esa que se había quitado mientras hablaba con su esposo sobre la misión… Y en esa bolsa de herramientas iban los kunais y shurikens del Uchiha y ahora tenía un buen par de cortes en sus muslos y cadera.
Ambos se quedaron en el suelo, en shock, durante unos segundos. Aunque Tobirama fue el primero en reaccionar y llevó sus manos a su pene que sangraba.
–Joder…– Eso dolía mucho, tanto que los cortes ni los sentía.
–Mierda… Déjame ver.– Le apartó las manos. Eso era malo… Con ese lesión no podrían salvarse de tener que ir al hospital. Los cortes y astillas era algo con lo que podían lidiar en la intimidad de su hogar, para que así nadie descubriera lo sucedido, pero con ese sangrado abundante en el pene de su marido era mejor no arriesgarse.– Vamos al hospital.
Que vergüenza… Aunque siempre podía usar su sharingan para hacer olvidar a quien les atendiera. ¡Si, haría eso mismo!
Y quien les atendió era quien menos querían que les atendiera… ¿Qué habían hecho para tener tan mala suerte ese día?
–¿Habéis peleado?– Era normal que las parejas formadas por ninjas, y más con tanto carácter y fuerza como ellos cuando peleaban se salieran de control. Los shinobis no se dedicaban solo a gritarse y ya, los ninjas se calentaban y llegaban a tener verdaderas trifulcas. Vamos que las discusiones de un shinobi se convertían en un "entrenamiento" fuera de control.
–Eeeeh…– La pareja se miró entre ellos y asintieron. Mejor una pelea que la verdad. –Si.
–Si.
–¿Y eso en la "cosita" de mi hermano?– Exacto, quien les atendía era Hashirama Senju y era mejor engañarle, pues sabían que luego le iría con el chisme a Madara y Mito.
–Eeh… – Eso era muy evidente, ¿qué le decía a su cuñado?
–Me ha dado una patada.– Saltó Tobirama, ignorando la mala mirada de Izuna, pues el azabache jamás golpearía en las partes nobles de otro guerrero. Sabía que el Uchiha encontraba hacer eso como algo muy deshonesto y carente de honor, después de todo Izuna era un shinobi, que tenía pene y testículos, aunque fuera doncel, y como tal no lo encontraba digno de hacer tal acción.
Y Hashirama, en su inocencia, les creyó… Así era de bueno el moreno, siempre dispuesto a creer en la palabra de los que le rodeaban.
–Bueno, lleváis días de mucha tensión y mucho trabajo. Espero que hayáis solucionado el problema y que para mañana ya puedan tener arreglado el despacho.– Porque una "discusión" entre su cuñado y su hermano no era cosa de broma y estaba seguro, y más por la descripción de las heridas que le habían hecho, que el despacho se había llevado la peor parte.– Bien, Izuna túmbate boca abajo para que pueda curarte y tú, Tobirama, boca arriba.
Y eso hicieron la pareja, uno en cada camilla, sin la ropa… O sin la que le estorbase para revisarles y empezar el proceso de curarles. Se acercó a Izuna, una quemadura en su brazo y, astillas por toda su espalda. Empezó a sacarlas minuciosamente, si quedaba alguna dentro podría infectarse. Pero entrecerró los ojos… Un momento… Necesitaba comprobar eso... Se acercó a su hermano con un paso veloz y lo analizó también: una quemadura en su espalda, que ya había visto, y cortes de arma blanca cerca de su cadera y en el muslo, además del dolor en su miembro que había sido lo primero en remediar, incluso antes de pedirles que se tumbasen, pero lo que le llamó la atención en ambos fue otra cosa…
–¡Menudo par de mentirosos!– Les señaló a los dos, molesto porque le hubieran mentido. Eso no se lo habían hecho en una pelea marital… Eso se lo habían hecho follando como salvajes, sexo duro en toda regla que se les había salido de control. Le hubieran engañado si no hubiera visto restos de "sustancias" en los muslos del doncel y en el abdomen de su hermano, además de esos arañazos que tenía su hermano en el brazo y espalda...– ¡Sois unos malditos cochinos! ¡Ese es tu lugar de trabajo hermano y le debes un respeto!
Izuna miró a su dramático cuñado con una ceja enarcada.
–Cierra el pico Senju… Como sino supiéramos que mi hermano "te iba a ayudar" por las noches a tu despacho…
–Y como te "ayudaba" contra la mesa, la silla, el suelo, la puerta, las paredes…– Continuó Tobirama.– Así que cállate porque fuiste el primero en no respetar para nada el lugar de trabajo de Hokage.
Hashirama se acurrucó deprimido en una esquina. Les habían pillado y él que creía que sólo Mito les descubrió*.
–Pero al menos nosotros no rompimos nada…– Añadió caprichoso queriendo tener la última palabra ante su cuñado y su hermano menor.
–Porque hasta para follar sois unos ineptos.– Se burló Izuna. ¿Qué? No le gustaba perder y ese había sido su golpe de gracia… Ahora Hashirama lloraba cómicamente contra esa misma esquina donde se había acurrucado.
CONTINUARÁ...
*Para conocer los hechos recomiendo leer mi fic: De profesión: vouyeur. 4 capítulos de suculencias y diversión jajajajaja (que voy a deciros, el fic es mío)
