CAPÍTULO 19

Apenas pude respirar que el tercer hombre había atacado a mis dos captores, cogiéndoles con la guardia baja. Al de mi derecha le clavó la daga en la garganta y todavía oyéndose el sonido del gorgoteo de la sangre, se giró hacia el de mi izquierda, quién no le dio tiempo a tirar de mi brazo para usarme como escudo. Un segundo después, tenía la misma pequeña daga clavada entre los ojos.

El silencio inundó el lúgubre pasillo cuando dos cuerpos cayeron a mis lados como dos sacos de harina.

Lo único que se oía era mi respiración frenética; el latir de un corazón que estaba a punto de escaparse de mi cuerpo.

—¿Estás bien?— me preguntó el hombre... ¿mi salvador?, acercándose rápidamente hacia mí.

Mi primer impulso fue dar un paso hacia atrás para evitar que me tocara, pero mi cuerpo no reaccionaba a las órdenes que le daba, así que allí me quedé, mirándolo fijamente, mientras el hombre acortaba la distancia que nos separaba.

Gracias a Dios, no me tocó; sino que se quedó a unos centímetros de mí. Sus ojos azules me miraban con un tinte de preocupación. Y yo sabía que estaba hablando, veía su boca moverse, pero mi mente no era capaz de registrar ese hecho; lo único que oía era el gorgoteo de la sangre, el golpe de los cuerpos cayendo una y otra y otra vez.

—... asha...

Reaccioné, instintivamente.

—¿InuYasha?— susurré buscando su mirada.

Él sonrió suavemente y un mechón de cabello oscuro se soltó y cayó sobre sus ojos.

—Sí, InuYasha. Él me envía.

Sus palabras me golpearon con mas fuerza que la bofetada que me dieron hace unos minutos. Mis piernas empezaron a temblar y la respiración volvió a fallarme.

Él me envía...

—¿Está...?

—¿Vivo? Sí. De milagro, pero sí. Y si nosotros queremos correr la misma suerte, debemos ponernos en marcha ya. Pronto se darán cuenta de lo que ha pasado— dijo él mirando a los dos hombres a mi espalda. Me sorteó por un momento y cuando volvió a aparecer a mi lado segundos después tenía su daga de vuelta— Tenemos que irnos.

—Pero... pero...

Tenía tantísimas preguntas... y, mierda, mi cuerpo seguía sin funcionar correctamente.

—Kagome. Kagome, ¿verdad?— me sonrió cuando yo asentí levemente— Te tengo. InuYasha me ha mandado a sacarte de aquí porque él mismo no podía venir. Perdón por hacerte esperar, pero tenía que aguardar al momento oportuno.

¿Momento oportuno?

—Ya lo verás— afirmó, seguramente leyendo la confusión en mi mirada. Extendió una mano y la sostuvo delante de mí— ¿Vienes, entonces? Estoy seguro que hay alguien que se está volviendo maníaco perdido esperando volver a verte.

Sus palabras fueron como sentir el calor de sol en mi pecho, una sensación que llevaba tantísimo tiempo sin percibir que casi se me había olvidado ya; las lágrimas de dolor y alivio se acumularon en mis ojos, pero negué a dejarlas escapar.

—Sí— susurré por encima del nudo de mi garganta.

—Estupendo. Por cierto, mi nombre es Miroku, bella dama, y cuando salgamos me gustaría hacerte una pregunta muy importante— dijo antes de tirar de mí para que ambos empezáramos a correr.

—¿Cuál es?

Giró la cabeza y me guiñó un ojo por encima del hombro.

Seguimos corriendo hacia a la salida... hacia mi libertad...

Directos a InuYasha.

·

0-0-0

·

Cuando salimos hacia los pasillos por los que me llevaron para ver al señor, no tardé en descubrir que una vez más era de noche. Y que, aun así, hacía muchísima calor. Y que había muchísima iluminación para la hora en la que estábamos. Y que se oía el sonido de una batalla.

Entendí dos cosas:

La casa estaba ardiendo.

Estaban asaltando el castillo.

Pronto, no quedaría más que cenizas y cadáveres en aquel espantoso lugar.

—¡Hemos dejado al otro preso atrás!— grité mientras corríamos por los vacíos pasillos. Debía conocerse el lugar porque no dudaba a la hora de girar.

—¡Otro de mis compañeros vendrá a por él! No podemos llevarlo con nosotros. Si le han administrado la droga, nuestra prioridad es alejarle de cualquier mujer.

Tenía sentido, así que acepté sus palabras, confiando en él.

Conforme íbamos avanzando, el sonido de las peleas y los gritos fue en aumento. Poco después, emergimos a un largo pasillo donde algunos soldados uniformados luchaban con hombres... con campesinos que se defendían o atacaban con utensilios de labranza.

Miroku se detuvo para analizar la situación y me colocó a su espalda.

—¿Qué hacemos?— jadeé.

—Tenemos que pasar por aquí para salir al patio de atrás. Ten cuidado y no dejes de mirar hacia delante; puede ser peligroso que te descuides— me ordenó.

Apenas tuve tiempo a comprender sus palabras que estaba tirando de mi mano para hacerme correr. Nos metimos en medio de la batalla y si no fuera por los rápidos reflejos de Miorku, que me tiraba de un lado hacia otro, me habría chocado con algún cuerpo y me habría interpuesto en el camino de alguna de las armas que por allí había.

Por gracia divina, salí sin ningún rasguño.

Emergimos al patio de atrás, y contrario a lo que creí, no estaba desierto. En él, otros hombres y soldados estaban luchando en una ardua pelea.

—¡Eh, tú!— gritó una voz a mi espalda. Rápidamente me giré para descubrir a uno de los soldados que me llevó hacia su amo, unas lunas atrás— ¡¿Adónde crees que vas?!

—Maldita sea— susurró Miroku, apretándome la mano con fuerzas. Me pegó un tirón para colocarme a su espalda y se interpuso entre el soldado y yo.

—Devuélveme a la puta y puede que te deje vivir cuando todo esto acabe.

No podía verle la cara, pero la voz de Miroku me hizo saber que sonreía:

—Te digo lo mismo: déjanos marchar y te dejaré vivir si sobrevives a vuestra derrota.

Sin más palabras, comenzaron a pelear.

·

·

Palabras: 998


Bueno bueno bueno... ¿Os esperabais la identidad del recién llegado? ¿Y dónde estará InuYasha?

No os preocupéis que esta apuntito-apuntito de aparecer. ¡Qué nervios!