Capítulo 94.
Y cuando finalizó la presentación, alguien más fue a contar quién era.
Una columna de fuego pareció aparecer de la nada, dividiéndose en dos, cuatro, ocho, dieciséis... Columnas más pequeñas.
Giraban y giraban en espiral, formando colores naranja, amarillo, rojo, negro y púrpura.
Era bastante fascinante de presenciar.
El fuego no quemaba. El calor que despedía se sentía reconfortante, como un abrazo maternal, como el recuerdo más feliz que uno poseía.
Las columnas aterrizaron en el escenario.
Se disolvieron en chispas de calidez y hogar.
Hestia contemplaba con interés.
En la tarima había dos adolescentes.
Ambos de pelo rojo que parecía llamas, ropa ajustada, altos, atléticos y con ojos color amatista.
Parecían dulces y amables.
Buenas tardes. Somos Phoenix y Drake. Hijos de Hestia.
A Zeus, naturalmente, se le fue la mente al sexo. ¿Porque cómo si no podría haber tenido hijos Hestia?
Obviando, por supuesto, que Atenea nunca había roto sus votos de castidad y no tenía descendencia de forma tradicional.
-¿Rompiste tus votos? -El rey del Olimpo tronó.
Hestia se ofendió, con razón.
¿Cómo se le ocurría acusarla de algo así.
Y ella, que nunca se metía en peleas familiares, se encaró con su hermano pequeño.
Ningún otro dios se atrevió a meter baza, porque Hestia era imponente si quería y Zeus demasiado dramático y lo tomaría como un desafío a su autoridad.
-¿Crees que me deshonraría así? No soy un promiscuo que incumple sus votos matrimoniales cada vez que puede. Que tú lo hagas, no quiere decir que los demás seamos tan laxos con nuestras promesas.
El fuego de la hoguera se elevó hasta el techo.
Los semidioses estaban protegidos por un escudo blanco y azul.
La discusión continuó varios minutos. Zeus era demasiado orgulloso y no se disculpó. Hestia amenazó con marcharse.
Todos guardaron silencio. Y es que, sin ella el Olimpo se vendría abajo. Era quien unía a la familia de dioses.
El rey lo sabía así que se apresuró a pedir perdón.
Algo que solo ella escuchó porque él no iba a permitir que nadie más se metiera en sus asuntos.
-Entonces... -Hermes dijo incómodamente. -Phoenix y Drake. Nombres épicos, esos.
-Sí, ¿verdad? También lo pensé. -Leo acordó.
Los gemelos sonrieron agradablemente.
Nico se preguntó si se sacarían galletas horneadas de alguna parte y las repartirían.
O si si al tirarse un pedo, olería a felicidad. O la sentirías. Lo que fuera.
-Somos hijos de Hestia y Leo Valdez. -Drake prosiguió.
-Veréis. Cuando Caos robó las esencias de algunos semidioses...
-Esperma, quieres decir. -Malcolm interrumpió a Phoenix.
El joven pelirrojo se ruborizó.
-Sí, eso. -Carraspeó incómodo.
-Cuando eso pasó, tomó esencias de todos los dioses e hizo un montón de embriones que crecieron y crecieron en su interior y nacimos.
Durante nueve días y nueve noches crecimos aceleradamente hasta que aquí nos tenéis. Dos gemelos.
-¿Y dónde Benévolas se va a meter a tanta gente? -Jason preguntó.
-En Alaska. Hay un campamento... Ciudad... Específica para eso. -Drake respondió.
Y Zeus tuvo que tragarse sus ácidas réplicas, porque Caos era primordial y sí que podría destronarlo y joderlos a todos bien.
-¿Y por qué hizo eso? -Leo quiso saber.
No sabía cómo sentirse, la verdad.
-Eso... Eso es más complicado y no nos corresponde a nosotros contarlo. Phoenix murmuró pesaroso.
-Miedo me da saberlo. -Percy dijo.
Lo que se le ocurría... No le gustaba mucho... O nada, para ser más exactos.
-¿Poderes? ¿Habilidades? -Piper quiso saber.
-El fuego del hogar. Nos gusta hacer sentir bien a las personas.
-Y tallar madera. Tenemos muy buenas piezas. -Drake sonrió.
-¿Y cuánto tiempo lleváis viéndoos así? -Annabeth preguntó.
-Seis años. -Drake informó. -Aparentamos como dieciocho y nos quedaremos así hasta que los cumplamos... Luego envejeceremos... Supongo.
-¿Y tenéis la madurez emocional y mental acorde con vuestro desarrollo físico?
-Eh... -Phoenix se quedó un poco perplejo. -Oh, sí, sí. Eso es al menos algo bueno porque aparentar esta edad y pensar como un niño pequeño... -Se estremeció.
Caos observó en silencio.
Sabía por qué hizo lo que los chicos contaron, pero no era hora de rebelarlo. Necesitaban tener todo listo antes de hacerlo... Aunque sería mejor acabar antes de treinta años.
La ciencia avanzaba rápido y los humanos eran peligrosos para los semidioses... Y para los dioses.
Caos solo estaba tomando las debidas precauciones.
Y mientras el primordial pensaba, Drake y Phoenix escapaban de las preguntas sobre su vida sentimental.
Preferían no hablar de ello.
