Disclaimer: Naruto no me pertenece, pero esta historia sí.

Esta vez toca conocer los pensamientos de Sakura.

No olviden dejar sus comentarios.


Tres

Los Sintomas

Sakura se miró al espejo que se encontraba en el pasillo, ultimando los detalles antes de irse, observo su rostro cansado. Las ojeras bajo sus ojos eran profundas, y las marcas de las mascarillas aún estaban visibles en su piel. Se había vuelto ligeramente más delgada, y su cuerpo mostraba signos de fatiga. La cuarentena la estaba agotando, y no solo físicamente.

Desvió la mirada hacia la sala, donde Sasuke estaba trabajando, completamente inmerso en sus tareas. No debería importarle, se recordó. Siempre había discutido con él, siempre se había sentido frustrada por su actitud. No había razón para que las cosas fueran diferentes ahora.

Pero no podía evitar que su mente volviera a su último encuentro, a las palabras y acciones que la habían dejado desconcertada. Se reprendió a sí misma, convenciéndose de que solo estaba sorprendida por su comportamiento; recordaba perfectamente la imagen de Sasuke, sus ojos oscuros llenos de deseo y desafío, su agarre fuerte pero delicado, su aroma, todo eso la atormentaba, sobre todo la forma en que su propio cuerpo había reaccionado a sus palabras, a su presencia, la dejaba sintiéndose expuesta y vulnerable. No quería sentirse así, no con Sasuke.

Sakura intentó no darle más vueltas a la situación; debía mantenerse concentrada, especialmente porque las últimas noches habían sido demasiado complicadas en el hospital. Guardó cuidadosamente sus pertenencias en la pequeña mochila y decidió tomar un breve refrigerio antes de irse. Optó por servirse un tazón de cereal, pensando que era lo más rápido y sencillo.

Observó de reojo a Sasuke, quien estaba inmerso en una reunión virtual con un cliente. Su expresión estaba seria y profesional, y Sakura no pudo evitar notar cómo ajustaba los detalles de su apariencia antes de empezar la llamada. Sus ojos negros se levantaron para encontrarse con los suyos. La tensión era palpable, como una carga eléctrica en el aire que ninguno de los dos parecía dispuesto a romper. Le hizo un gesto con la cabeza, y Sakura asintió en silencio mientras continuaba preparando su comida.

"Señor Uchiha, los términos y condiciones que acordamos..." escuchó decir al cliente de Sasuke en un tono firme y seguro.

Sakura se centró en su plato de cereal, pero no podía evitar prestar atención a los pequeños detalles de la conversación de Sasuke. La forma en que hablaba con confianza y autoridad, cómo sus ojos negros se mantenían fijos en la pantalla mientras escuchaba atentamente las inquietudes del cliente. Era una faceta de Sasuke que rara vez veía, y le sorprendió lo bien que se desenvolvía en ese ambiente profesional.

"Entiendo su preocupación, pero le aseguro que tenemos todo bajo control", continuó Sasuke, su tono suavizándose ligeramente mientras abordaba las inquietudes del cliente.

Sakura sonrió para sí misma, sintiendo un orgullo silencioso por la habilidad de Sasuke para manejar cualquier situación. Aunque su relación con él era complicada y llena de desacuerdos, no podía admirar su entereza en cada situación.

Terminó su comer y limpió rápidamente los utensilios, tratando de no interrumpir la conversación, él parecía inmutable a su presencia, algo que la descolocaba de cierta forma, la indiferencia entre ellos parecía una sombra en la habitación.

La relación entre ellos siempre había sido distante, pero ahora se sentía diferente, más fría, más desconectada. Sakura no podía evitar sentir una mezcla de alivio y tristeza. Al menos no tenía que enfrentarlo, no tenía que lidiar con su presencia constante. Pero también se sentía sola, perdida en sus propios pensamientos y sentimientos.

"Gracias por su comprensión, señor Hozuki", escuchó a Sasuke decir con un tono de alivio. "Estoy seguro de que quedará satisfecho con los resultados."

Sakura recogió su mochila y se acercó a él, que había finalizado la llamada y estaba revisando algunos documentos en su computadora.

—Me voy al hospital —dijo, su voz intentando ser cordial.

Sasuke levantó la vista, pero no había calidez en su mirada, solo una frialdad calculada.

—Está bien —respondió simplemente, volviendo a su trabajo.

Sakura apretó los labios, la indiferencia de Sasuke dejándola con una sensación de vacío. Se dirigió hacia la puerta, su mente revoloteando con pensamientos confusos. Pero justo antes de salir, la voz de Sasuke la detuvo.

—Hay un pequeño refrigerio en la cocina. Lo preparé para que lo lleves al trabajo.

Sakura se quedó inmóvil, sus ojos agrandándose. Miró hacia atrás, encontrándose con la mirada de Sasuke, que aún permanecía fría e indiferente.

—Gracias —balbuceó, la sorpresa haciendo que las palabras le costaran salir.

Él asintió, volviendo nuevamente a su tarea, como si no hubiera pasado nada.

Sakura se apresuró a la cocina, encontrando una pequeña caja con una nota simple: "Ten cuidado". Se quedó mirándola un momento, una mezcla de gratitud y confusión inundándola.

Tomó el refrigerio y salió del penthouse, la puerta cerrándose detrás de ella con un clic suave. Caminó hacia el estacionamiento para tomar su bicicleta, sus pensamientos enredados, su corazón luchando con emociones contradictorias.

El gesto de Sasuke, aunque pequeño, había dejado una huella. Pero no podía dejar que eso la afectara. No podía permitirse sentir algo por él nuevamente.

Con el refrigerio en su bolso y la bicicleta en mano, Sakura salió del penthouse. Las calles estaban silenciosas, una quietud inusual en la ciudad debido a la cuarentena. Las luces de los edificios parecían más tenues, como si la ciudad misma estuviera cansada.

Subió a su bicicleta, y con un último vistazo al edificio que compartía con Sasuke, comenzó a pedalear. La noche era fría, y un viento cortante le azotaba el rostro. Pero Sakura estaba acostumbrada, su cuerpo moviéndose con una fuerza nacida de la determinación y el compromiso.

Las calles vacías ofrecían un paisaje melancólico, los semáforos parpadeando en intersecciones desiertas, las sombras proyectadas por los faroles creando formas fantasmagóricas. La soledad del camino le daba tiempo para pensar, y sus pensamientos volvían, una y otra vez, a Sasuke.

Su relación siempre había sido distante, incluso tensa. Pero algo había cambiado en él, algo que ella no podía entender del todo. La indiferencia habitual de Sasuke había sido brevemente interrumpida por un gesto de cuidado. Era algo tan fuera de lugar, tan inesperado, que la dejaba con una sensación de desconcierto. ¿Qué significaba todo eso? Y a pesar de que intentaba convencerse de que no le importaba, sabía en fondo de su corazón que eso no era cierto.

Las luces del hospital comenzaron a vislumbrarse en la distancia, su resplandor atrayendo a Sakura como un faro. La fatiga estaba empezando a asentarse en sus huesos, pero la tenía controlada, sabiendo que una noche larga y ardua la esperaba.

Aparcó la bicicleta y se dirigió a la entrada del hospital, su mente aún enredada con sus pensamientos. Pero al cruzar las puertas, dejó todo eso atrás, enfocando su atención en los pacientes y en el trabajo que debía hacer. Se dirigió rápidamente a la sala de personal. La rutina ya le era familiar: colgó su abrigo, se puso una bata limpia y comenzó el laborioso proceso de ponerse el equipo de protección personal. La máscara, los guantes, la pantalla facial, todo tenía que estar en su lugar y bien ajustado. La pandemia no dejaba margen para el error.

Al salir de la sala, fue recibida por el ajetreo habitual del turno de noche en urgencias. Salas de espera estaban llenas de rostros cansados y ojos asustados, y el aire estaba cargado con una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Las máquinas pitaban, los médicos daban órdenes, y las enfermeras corrían, todo en un esfuerzo concertado para salvar vidas, incluso en ese caos, había una estructura, una coreografía bien ensayada.

Shizune, su compañera de trabajo y amiga cercana, se le acercó con una lista de pacientes. La seriedad en sus ojos le dijo a Sakura que iba a ser una noche dura.

—¡Sakura! ¡Necesitamos tus manos en la sala tres!— gritó Tsunade, y Sakura corrió para atender a un paciente grave.

Dentro de la sala, encontró a Hinata, otra enfermera, luchando por mantener estable a un hombre mayor. Sus ojos reflejaban el miedo y la desesperación que todos sentían.

—Se está deteriorando rápidamente, — dijo Hinata con voz temblorosa. —No sé cuánto tiempo más podemos mantenerlo.

—Necesitamos intubarlo ya —ordeno Sakura, mientras se preparaba para realizar el procedimiento. Sus manos trabajaban con destreza, siguiendo los protocolos establecidos para la atención de los pacientes con el virus. Su corazón latía con fuerza mientras observaba los ojos del hombre, llenos de miedo y dolor. —Hinata, necesito que sostengas la mascarilla.

La aludida asintió, tomando la mascarilla y colocándola sobre la cara del paciente. Después de unos minutos, el paciente parecía estabilizarse lentamente ahora teniendo la ayuda de un respirador artificial, sin embargo no era garantía de nada.

Antes de que pasara la mitad de su turno, Sakura ya había realizado la intubación en cuatro pacientes. Extrañaba profundamente sus turnos nocturnos previos a la pandemia. En esos tiempos, se enfrentaba a fracturas expuestas de manera ocasional, dolores de estómago que culminaban en apendicitis y, en el peor de los casos, trataba a algún ebrio que había chocado su coche contra un poste. Ahora, la tranquilidad era solo un recuerdo lejano. El ritmo implacable de la pandemia no le daba tregua, apenas tenía tiempo para recuperarse del esfuerzo de estabilizar a un paciente cuando otro empezaba a deteriorarse. El cansancio y la fatiga afectaban a todos en su equipo. Sin embargo, después de un momento particularmente crítico en el que un anciano había fallecido, Tsunade finalmente le otorgó una pausa de 30 minutos.

Sakura se dejó caer en una silla en la sala de descanso, su respiración agitada y el sudor empapando su frente. Sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía una taza de café, sintiendo cómo su cuerpo pedía desesperadamente un respiro. Miró a su alrededor, viendo a sus colegas médicos en un estado similar de agotamiento. Algunos estaban sentados en silencio, mientras que otros compartían palabras de ánimo y apoyo.

Ino se sentó a su lado, con una taza de té en la mano. Le dirigió una sonrisa de solidaridad.

—Sakura, esto es una locura. Pero estamos en esto juntas, ¿verdad?

Sakura asintió, agradecida por el apoyo de su amiga. La camaradería entre sus colegas le daba la fuerza necesaria para seguir adelante.

Antes de que su breve pausa terminara, Sakura se levantó y se dirigió a su casillero para sacar algo de su mochila. Había olvidado que Sasuke le había preparado un refrigerio. Lo tomó con curiosidad y lo abrió, encontrándose con un sencillo sándwich de pollo y una pequeña ensalada. Un nudo de sorpresa y gratitud se formó en su garganta al ver el gesto de Sasuke. No podía evitar sentirse reconfortada por su atención.

Mientras daba el primer bocado al sándwich, Sakura se permitió saborear el momento y sintió cómo su cuerpo se relajaba ante el reconfortante alimento. Por un momento, el caos que la rodeaba pareció desvanecerse.

Sakura observó la nota que acompañaba el refrigerio. "Ten cuidado", decía. La simpleza de esas dos palabras resonó en su mente. ¿Por qué Sasuke había tomado la molestia de prepararle un refrigerio y enviarle esa nota? No tenía sentido. Pero enseguida, un sentimiento de culpa la invadió. Se reprendió por pensar demasiado en Sasuke. Después de todo, no debería estar interesada en él de ninguna manera.

No debería estar pensando tanto en eso.

Mientras observaba la anotación, Sasori entró en la sala. Alto, seguro de sí mismo, con una mirada intensa, Sasori había sido su distracción durante los últimos meses, una relación casual sin compromisos.

—¿Disfrutando de tu comida, Sakura? —preguntó, con una sonrisa.

Sakura se sobresaltó, guardando rápidamente la nota. —Sí, sí, está bien.

Sasori se acercó, su presencia llena de confianza. —¿Solo bien? Esperaba que tuvieras un gusto más refinado.

Sakura rió nerviosamente, pero mientras Sasori la tocaba un escalofrío recorrió su columna vertebral, y ella se apartó, alarmada por su propia reacción.

—¿Estás bien? —preguntó Sasori, frunciendo el ceño.

Sakura se forzó a sonreír. —Sí, solo cansada. Ha sido una noche larga.

Sasori asintió, pero su mirada penetrante le decía que no estaba completamente convencido

—¿Has visto a Sasuke hoy? —preguntó Sasori, apoyándose en una de los sillones del descanso. Su mirada era burlona, y su sonrisa juguetona.

—No, no lo he visto —mintió Sakura con frialdad sin entender porque lo estaba haciendo—. Y no veo por qué importaría.

—Oh, solo pensé que se veía un poco perturbado después de nuestro último... encuentro —se burló Sasori, mirándola directamente a los ojos.

Sakura sintió su rostro enrojecer. —No le veo la gracia.

—Vamos, Sakura, no seas tan seria —respondió Sasori, acercándose lentamente. Sus ojos se clavaron en su boca, y su mano encontró su cintura, tirando de ella suavemente hacia él. La mirada de Sasori era intensa, sus dedos apretaban ligeramente, transmitiendo una promesa silenciosa.

Sakura se estremeció al contacto, sintiendo cómo su cuerpo respondía a la proximidad de Sasori. Pero, extrañamente, su mente se desvió hacia Sasuke y cómo se había acercado a ella hacía unos días. La forma en que Sasuke la había mirado, cómo había sentido su presencia incluso antes de que él hablara. Había una intensidad en sus ojos que nunca había visto antes, una pasión reprimida que casi la había hecho perder el aliento.

—Es solo un poco de diversión. Tal vez Sasuke solo necesita encontrar algo de diversión también. ya sabes... —dijo Sasori interrumpiendo sus pensamientos

La insinuación era clara, y Sakura se sintió invadida por una ola de celos que no pudo explicar. ¿Por qué debería importarle lo que Sasuke hiciera? Trató de reprimir el sentimiento, pero estaba allí, ardiente y confuso.

—Lo que Sasuke haga o deje de hacer no me incumbe —dijo Sakura, tratando de concentrarse en Sasori, su voz temblaba ligeramente. Pero incluso mientras hablaba, no podía evitar comparar el toque de Sasori con su recuerdo de Sasuke. Había una diferencia, algo que no podía definir, pero que la hacía sentir incómoda y extrañamente emocionada al mismo tiempo.

Sasori se inclinó hacia ella, sus labios rozando los de ella, la sensación era agradable, familiar, y sin embargo, incompleta de alguna manera.

—Parece que te importa más de lo que quieres admitir —murmuró Sasori antes de besarla suavemente.

Sakura correspondió al beso por un momento, perdiendo la noción del entorno mientras se dejaba llevar por la sensación. Pero luego se apartó bruscamente, su mente reviviendo cómo Sasuke había estado tan cerca de hacer lo mismo. Sasori era su "algo" alguien con quien había compartido muchas noches apasionadas, pero este beso se sentía vacío en comparación con un mero acercamiento de Sasuke.

—No es verdad —replicó, retrocediendo, su corazón latiendo con fuerza. Intentando negar lo que sentía, pero las emociones eran reales y desconcertantes.

La mirada de Sasori se endureció mientras se daba cuenta de que algo había cambiado en la dinámica entre él y Sakura. No estaba seguro de qué era exactamente, pero no le gustaba.

—Entonces, ¿qué dices? ¿Quieres venir a mi casa esta mañana? Podemos desayunar y luego... —Dejó la oración en el aire, su mirada lasciva dejando clara su intención.

Sakura lo miró, luchando con sus emociones y pensamientos. Sabía lo que Sasori quería, pero algo dentro de ella le decía que no era lo que ella quería, al menos no ahora.

—No puedo hoy… —dijo finalmente, su voz titubeante—. Y, en adelante, si vamos a estar en mi casa, tendrás que avisarme. Necesito hablar con Sasuke antes de que lleve a alguien allí.

La cara de Sasori se contrajo en una expresión de incredulidad.

—¿De verdad? ¿Desde cuándo tenemos que avisarle a Sasuke sobre lo que hacemos? —exclamó, su voz elevándose en irritación.

Sakura se encogió de hombros, sintiéndose defensiva.

—Es solo una cuestión de respeto. Vivimos juntos, y creo que es lo correcto.

Sasori frunció el ceño, claramente enojado.

—Esto es absurdo, Sakura. Lo nuestro es solo sexo, sin emociones ni compromisos. —exclamó, su voz elevándose en irritación.

Las palabras de Sasori resonaron en los oídos de Sakura, haciendo que recordara las palabras de Sasuke el día anterior: "¿Te gustaría verme con otra chica, Sakura?" La insinuación había sido clara, pero en ese momento no había entendido completamente lo que significaba. Ahora, enfrentando a Sasori, la comprensión se asentó en ella.

—Solo estoy tratando de hacer lo correcto —respondió, su voz bajando a un susurro.

Sasori la miró intensamente, luego sacudió la cabeza en disgusto.

—Si este es el camino que quieres tomar, adelante. Pero no esperes que juegue según tus nuevas reglas —dijo, su voz dura.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe, y Ino apareció, su rostro lleno de preocupación.

—¡Sakura! Corre…

Sasori la miró con una mirada fría y se dio la vuelta, saliendo de la sala, dejando a Sakura de pie, sintiéndose confundida y perdida.

—Voy enseguida, Ino —dijo Sakura, sacudiendo la cabeza para alejar los pensamientos confusos y siguiendo a su amiga.

La tensión en el aire era palpable, y Sakura se dio cuenta de que las cosas entre ella y Sasori nunca volverían a ser las mismas. La imagen de Sasuke flotó en su mente, y no pudo evitar preguntarse si él era la razón de este cambio.

—Ino, ¿Qué pasa? —preguntó Sakura, alarmada por la expresión en el rostro de su amiga.

—Es Shikamaru —respondió Ino, su voz temblorosa—. Ha dado positivo.

Sakura sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Shikamaru Nara, un médico meticuloso y cauteloso, había sido contagiado. La realidad golpeó a Sakura como un tren: nadie estaba a salvo.

Rápidamente, se dirigieron a la sala de aislamiento donde Shikamaru estaba siendo evaluado. A través del cristal, podían verlo, su rostro pálido y cansado, los ojos opacos. El médico que siempre había mostrado tanta compostura ahora parecía frágil.

—¿Cómo pudo suceder esto? —murmuró Sakura, su voz apenas audible.

—No lo sabemos. Seguía todas las precauciones —respondió Ino, luchando por contener las lágrimas.

La posibilidad de contagio rondaba la mente de Sakura, su pensamiento fue interrumpido por una enfermera que se acercó rápidamente.

—Tienen que redoblar los esfuerzos de protección —dijo la enfermera, su voz urgente—. Todos deben revisar sus equipos de protección personal. No podemos arriesgarnos más.

El miedo se apoderó de Sakura. "¿Y si yo también...?" La idea la aterraba...

—Sakura, tienes que ser fuerte —Ino la tomó de los hombros, sacándola de su trance—. No podemos permitirnos caer ahora.

Toda la sala estaba en caos, con médicos y enfermeras corriendo, tomando medidas adicionales para protegerse y a los pacientes. La tensión era palpable. Cada pequeño sonido, cada paso apresurado, cada mirada preocupada, resonaba como un eco en la mente de Sakura.

Las horas siguientes fueron un torbellino. La noticia del contagio de Shikamaru se propagó rápidamente, y cada miembro del personal médico se movía con una cautela redoblada, la atmósfera cargada de una mezcla de determinación y temor.

Finalmente, Sakura se obligó a centrarse, recordando sus responsabilidades.

Pero en el fondo, una semilla de miedo había sido plantada. Ella y Sasuke compartían el mismo espacio, y si ella se contagiara, podría poner en peligro a Sasuke también. La idea de llevar el virus a casa, de ponerlo en riesgo, se aferraba a ella como una sombra, siguiéndola mientras continuaba con su turno, haciendo que cada movimiento, cada decisión, estuviera teñida de una nueva precaución, una nueva urgencia.

Los pacientes requerían su atención completa, y no podía permitirse dudar. Pero cada vez que se ponía un nuevo par de guantes, o ajustaba su mascarilla, el miedo estaba allí, recordándole que nadie estaba a salvo.

Las horas continuaron arrastrándose, cada una cargada con una tensión insoportable. Los pasillos del hospital, normalmente un hervidero de actividad, ahora parecían ominosos y llenos de una urgencia silenciada. Sakura, aunque acostumbrada a la presión, se sentía exhausta de una manera que nunca había experimentado antes. Su cuerpo estaba cansado, sí, pero era su mente la que estaba verdaderamente agotada.

La imagen de Shikamaru, débil y vulnerable, la acosaba. Y con esa imagen venía una corriente constante de pensamientos sobre Sasuke. Sasuke, que estaba en casa en su penthouse, probablemente durmiendo. Sasuke, que había estado tan cerca pero tan lejano en los últimos tiempos. Sasuke, que había preparado un pequeño refrigerio para ella antes de irse al trabajo.

Aunque Sakura intentaba convencerse de que no le importaba, que su relación con él era distante y fría, no podía evitar que su mente volviera una y otra vez a la preocupación por su bienestar.

Finalmente, el turno había acabado. Ya se había duchado y cambiado de ropa. A pesar del cansancio que la embargaba, Sakura sintió una urgencia inusual por llegar a casa. Necesitaba saber que Sasuke estaba bien.

Con las manos temblorosas, escribió un mensaje:

Sakura:

Sasuke, ¿hay algo para desayunar? Estoy pensando en comprar algo en el camino a casa si no.

Las palabras parecían triviales, pero en su corazón, había una urgencia subyacente, una necesidad de saber que él estaba bien. El tiempo pasó lentamente mientras esperaba una respuesta. Cada segundo que pasaba sin una respuesta de Sasuke aumentaba su inquietud.

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, su teléfono vibró con un mensaje de Sasuke:

Sasuke:

Si.

Eso era todo. Nada más. Pero, de alguna manera, fue suficiente, dejó escapar un suspiro de alivio, su cuerpo relajándose por un momento antes de que una nueva ola de fatiga la golpeara. Estaba bien. Sasuke estaba bien. Eso era todo lo que importaba.

Sakura se permitió respirar un poco más fácilmente, aunque no pudo evitar sentir una punzada de decepción ante la brevedad de su respuesta. Pero, ¿qué esperaba? ¿Que él de repente mostrara preocupación o afecto? Sacudiendo la cabeza, se reprendió por permitirse esperar algo más.

Con un último vistazo a su estación de trabajo y una despedida rápida a Ino, Sakura se preparó para el viaje a casa. Montó en su bicicleta, sintiendo cómo el aire fresco le golpeaba la cara. La noche estaba tranquila mientras pedaleaba por las calles desiertas, pero su mente estaba lejos de estar en calma.

El penthouse la esperaba, y con él, Sasuke. Aunque le decía a sí misma que no le importaba, una parte de ella anhelaba la comodidad de saber que él estaba bien, que estaban a salvo en su burbuja de cuarentena.

Cuando Sakura se acercó a la puerta del penthouse, su corazón estaba pesado con el cansancio de un turno agotador. Pero antes de entrar, se tomó un momento para realizar su rutina de seguridad, consciente de la importancia de no traer el virus a casa. Se quitó los zapatos y los puso en una bolsa sellada, lavándose las manos y la cara con un desinfectante de bolsillo y haciendo lo mismo con sus pertenencias. Solo entonces se permitió entrar, pensando en ir directo a la cama.

Pero al abrir la puerta, el aroma cálido y acogedor la alcanzó, y su estómago rugió de hambre. Siguió el olor hasta la cocina y se encontró con Sasuke en pijama, su cuerpo inclinado sobre la estufa, volteando hot cakes con una gracia inesperada. Lo observó un momento, notando la tensión en sus hombros, la forma en que su cabello caía descuidadamente sobre su frente, las líneas de su rostro, tan apuesto incluso en la simplicidad de su atuendo casero. Notó detalles físicos que había estado omitiendo; sus manos fuertes, los músculos de su espalda visibles a través de la delgada tela de la pijama, las ojeras que delataban su cansancio.

—¿Hot cakes? —dijo, forzando una sonrisa—. Podría acostumbrarme a esto.

Sasuke la miró en medio de un bostezo.

—Son para mí —replicó—. Tú puedes hacerte los tuyos.

Sakura hizo una mueca, pero sabía que mentía. Sasuke nunca despertaba tan temprano, y había más de los que ambos podrían comer. Pero no lo presionó. En su lugar, se dirigió directamente a la ducha nuevamente, para lavarse con meticulosidad. La ducha fue un alivio para sus músculos cansados. El agua caliente le recorrió la piel, llevándose el estrés y el cansancio del turno.

Justo cuando estaba saliendo, envuelta en una toalla, escuchó un golpe en la puerta.

—Sakura, te hice hot cakes después de todo —dijo Sasuke, su voz un poco más suave.

La sorpresa la impulsó a abrir la puerta rápidamente, justo cuando Sasuke tocaba de nuevo desde el otro lado. En el forcejeo, la toalla cayó al suelo, y Sakura se quedó allí, completamente expuesta.

Sakura se quedó allí, totalmente desnuda, los ojos abiertos de par en par, su cuerpo inmóvil. Sasuke la miró, su expresión inescrutable, pero sus ojos ardían con una intensidad que nunca había visto antes.

El mundo se detuvo. La conexión entre ellos se volvió tangible, una chispa en el aire que parecía más fuerte que cualquier cosa que hubiera sentido antes.

Finalmente, Sasuke apartó la mirada y cerró la puerta, su voz tensa y apenas audible.

—Lo siento —murmuró, su voz inexplicablemente tensa.

Sakura se quedó allí, su corazón latiendo con fuerza, su mente girando. No había calor en las palabras de Sasuke, pero algo en su voz, en su mirada, le decía que esta conexión fría y distante entre ellos estaba comenzando a cambiar.

Y eso la asustaba más que cualquier cosa.

TBC


¿Les gusto?

Por favor díganme que les parece.

Nos leemos la próxima.

3/8