Estar solo serviría para refrescar sus pensamientos, organizar sus ideas, calmar su sed por destruir a cualquiera que representara una amenaza para su compañera y sobre todas las cosas encontrar la tranquilidad que sabia que había perdido desde que se la habían llevado.

Kagome eventualmente se convirtió en su hogar, ella era su compañera de viajes, la mujer que le había prometido quedarse junto a el, la sacerdotisa que controlaba su estado youkai, la que aceptaba su lado humano y...

-Maldición! -dejó escapar parte de su cólera, sabía perfectamente que no estaba logrando nada con alejarse de todo y perderse en su soledad pero sentía que lo necesitaba.

El aroma del incienso era fascinante, amaba la mezcla de la vainilla y el bamboo en la habitación, sobre todo cuando correspondía meditar para purificar su energía. Para Harumi la energía de su cuerpo debía mantenerse pura ya que de esa forma mantendría en buen estado la barrera que garantizaba la seguridad de la aldea Shinto. Ella era muy necesaria, tan necesaria por los aldeanos que la querían y respetaban, para Yui que la protegía siempre pero al parecer "soy necesaria para un hanyou" tal pensamiento llegó como un rayo a su mente y no pudo evitar recordar la mirada herida del peliplata.

Cuando pensaba en la mirada ambarina un extraño sentimiento de añoranza la invadía o eso creía sentir sus emociones cuando se enloquecían con el simple roce delicado de la mano callosa y con garras, sonrió ignorando aquello, debía meditar.

Sentado en la copa del árbol el viento mecía las hebras plateadas, el hanyou conservaba su aspecto youkai aunque más sereno gracias a su concentración, intentando desviar la ira contenida. Las violetas marcas aún decoraban su rostro y sus garras eran más largas de lo que naturalmente eran.

Suspiró derrotado recargando la espalda en el tronco para abrir los ojos y detallar la luna. Intentaba contar las estrellas como Kagome una vez le enseño pero se daba cuenta que sin ella no podría hacer tal cosa así que sonrió con amargura, luego un pensamiento fugaz invadió sus pensamientos.

Yui

El joven que acompañaba a Kagome era extraño pero intentaba recordar algo más. En toda la búsqueda faltaba una pieza que podía ser clave y entonces abrió los ojos con sorpresa "la mujer de la aldea Hana" esa mujer también tenía cabello negro y le había arrebatado a Kagome sin ni si quiera mover su cuerpo.

Atando cabos por un instante e intentando mantener la cordura llegó a la conclusión de que la mujer y Yui eran hermanos o eran el mismo demonio "quizás deba viajar a esa aldea otra vez" pensó para sí mismo hasta que el extraño sonido de un chapoteo lo descoloco. "Un humano en el bosque? pero es media noche, es imposible" alerta y siguiendo su instinto se paseó por la copa de los árboles hasta que un pez se estrelló en su rostro.

-Lo siento! - escucho decir y por un segundo su respiración parecía haberse ido.

-Pero tú eres...

Ella lo miro sorprendida, la chica estaba hasta las rodillas metida en el riachuelo, tenía el rostro completamente sucio y su ropa mojada hasta el punto de adherirse a su figura. Ella intentaba pescar probablemente pero ahora lo miraba con sorpresa.

-Lo siento, no quería golpearte - susurro tímida regresando a su interrumpida tarea

-Me estás jodiendo Kagome - dijo enojado lanzando el pez de nuevo al agua, ella lo miro de reojo - ¿Qué clase de broma es esta mujer?

-Lo siento, no creí encontrarme con usted otra vez - dijo irguiéndose frente a él y haciendo una reverencia - Gracias por salvarme de aquel ogro gigante - su voz era suave, no parecía temerle a pesar de su aspecto semi youkai y no vestía su tradicional traje de sacerdotisa.

-Eres una jodida ilusión, eso es lo que eres - cuestionó tajante obteniendo el rostro confundido de la miko, estaba cansado de verla en todas partes.

-Creo que estas equivocado - intentó defenderse de tal acusación - y ya le dije que soy Harumi

-Me vale mil mierdas lo que seas...voy a destruirte y ahora - la expresión de terror en la mujer cuando se acercó velozmente a ella era casi una pesadilla para el, tomándola del kimono.

-No me mates...por favor! - dijo con lágrimas en sus ojos mirándolo con confusión y temor - suficiente tengo con soportar...que me odien en la aldea - dicho esto el hanyou la soltó y terminó cayendo de culo al agua, empapándose más de lo que estaba "genial, solo necesitaba esto"

-Explícate ahora... - exigió Inuyasha mirándola con desdén desde su postura frente a ella

-Que deseas saber? - pregunto herida la miko.

-Tú eres la sacerdotisa del pueblo, deja de mentir! - exclamó furioso alejándose - estoy cansado de esta mierda kagome...apenas ayer me pediste que no te tocara y te fuiste con ese tal Yui y ahora estás aquí, pescando como si nada hubiese sucedido - cuando giro para verla responder quedo estupefacto, ella no parecía recordar nada otra vez.

-Creo que estás confundido... -dijo

-Keh! - bufo y la vio levantarse en su posición para encararlo, sin salir del agua

-Ok chico albino escúchame bien, la sacerdotisa y yo poseemos el mismo nombre pero no somos la misma persona -comenzó a decir- y ya deja de llamarme Kagome! -dicho esto lanzó otro pescado recién capturado a la cara del hanyou molestándolo ella rio por un instante.

-Con que eres muy valiente ahora eh? -su voz sonaba enojada y ronca, ella tembló por un instante pudo percibirlo - cuando te rescate de ese ogro eras una completa inútil y soy un demonio para tu información - bufo enojado pero entendiendo algo inmediatamente - ¿Qué haces aquí?

-Eh?...

-Mira no tengo paciencia...Escuche que habías sido capturada, como es que estás aquí? - interrogo cargándola y dejándola en tierra firme - deja de ser descuidada - reprochó, estaba furioso de ver a Kagome en todos lados y no verla al mismo tiempo, pero aun así no ser gentil con ella le era imposible, la mujer frente a él era Kagome indudablemente "lo mismo que la sacerdotisa...creo que me empiezo a volver loco" suspiro dirigiendo hastiado la mirada a la mujer frente a él.

-Fui capturada por tener el mismo nombre de la sacerdotisa -dijo sin más abrazándose a si misma, evitando mirarlo- En este pueblo tener el mismo nombre de una sacerdotisa es un mal presagio, así que...digamos que estoy maldita -suspiro- cuando me tope contigo me había escapado de la celda, ellos no me alimentan y mienten diciendo que lo hacen, necesito comida y lo más cercano que tengo es este río...

-Es estúpido...

-Lo creas o no, es verdad... pregúntale a cualquiera sobre Harumi la aldeana y sabrás la verdad...

Ella finalizó cruzándose de brazos enojada, probablemente por su extraño cuestionamiento pero sucedían cosas sin sentido y como esperaba que reaccionara. Ahora debía volver con sus amigos que seguramente se habían adentrado a la aldea pero tampoco tenía el coraje suficiente para dejar a esta dichosa otra Harumi sola en un bosque sin ningún tipo de protección, así que se quedaría junto a ella esta noche y partiría por la mañana en búsqueda de respuestas.

Continuara!

Nota del autor: Gracias por el apoyo! espero seguir leyendo sus hermosos comentarios que me inspiran a continuar para ustedes.