Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Asesinato para principiantes" de Holly Jackson, yo solo busco entretener y que más personas conozcan este libro.


Capítulo 1

Bella sabía dónde vivían.

Todos los vecinos de Little Kilton lo sabían.

La casa era algo así como la mansión encantada de la ciudad, la gente aceleraba cuando pasaba por delante y cortaba sus conversaciones. En ocasiones, las pandillas de chavales que se dejaban caer por allí a la vuelta del colegio se retaban entre sí a acercarse corriendo y tocar la verja.

Pero quienes habitaban aquella casa encantada no eran fantasmas, sino tres personas tristes que intentaban continuar con sus vidas. No había luces que se encendiesen y se apagasen solas, ni sillas que se cayesen al suelo sin que nadie las tocase; lo terrorífico de la casa eran las pintadas que decoraban los muros, «escoria», y las ventanas rotas a pedradas. Bella no entendía que no se hubiesen mudado. No es que tuvieran que hacerlo, claro, no eran culpables de nada. Pero no sabía cómo eran capaces de seguir allí.

Bella sabía unas cuantas cosas; sabía que «hipopotomonstrosesquipedaliofobia» era el término técnico para el miedo a las palabras largas, o que los bebés nacían sin rótula; podía recitar las mejores frases de Platón y Catón sin equivocarse en una coma y sabía que existían más de cuatro mil clases de patata. Pero no sabía cómo la familia Cullen era capaz de permanecer aquí, en Kilton, bajo el peso de las miradas de asombro, de los comentarios susurrados pero que se oyen igual, de los educados saludos de los vecinos que ya nunca se convertían en conversaciones reales.

Para colmo de sus males, la casa estaba muy cerca del instituto de Little Kilton, donde habían estudiado Sid Prescott y Billy Cullen, y adonde Bella volvería en un par de semanas para cursar el último año, en cuanto el sol de agosto dejara paso a septiembre.

Bella se detuvo y apoyó la mano en la verja, demostrando más valor que la mitad de los chavales de la ciudad. Con la mirada recorrió el camino que llevaba hasta la puerta de la casa.

Aunque no eran más que unos cuantos metros, para ella se abría un abismo entre el lugar donde se encontraba en ese momento y la puerta de entrada. A lo mejor era una mala idea, eso ya se le había pasado por la cabeza. La mañana era soleada y Bella sintió que el sudor le resbalaba por la parte posterior de las rodillas debajo de los jeans. Bueno, tal vez solo fuese demasiado arriesgada...

Y los grandes sabios y pensadores de la historia siempre recomendaban arriesgarse y abandonar la zona de confort. Claro que estas palabras justificaban incluso las peores ideas...

Desafiando ese abismo con paso firme, caminó hasta la puerta y, tras una pequeña pausa, que utilizó para reafirmar su resolución, golpeó tres veces con los nudillos. Su reflejo le devolvió la mirada: el pelo oscuro que el sol había aclarado un poco en las puntas, la cara pálida a pesar de la semana de vacaciones en el sur de Francia, los penetrantes ojos de un café chocolate preparados para el impacto.

Tras el sonido de descorrer una cadena y abrir las dos vueltas de la cerradura, la puerta se abrió solo un poco.

—¿Hola? —dijo él, con una mano en el quicio.

Bella parpadeó en un intento de que su mirada no pareciera tan asombrada, pero le costaba evitarlo. El chico se parecía muchísimo a Billy, al que ella conocía de los reportajes de la televisión y las fotos de los periódicos. El mismo cuya imagen empezaba a borrarse de su memoria adolescente. Edward tenía el pelo igual que su hermano, alborotado y peinado hacia un lado, las mismas cejas espesas y arqueadas, los mismos ojos verdes.

—¿Hola? —insistió él.

—Estooo... —Bella reaccionó tarde. Su cerebro estaba ocupado procesando que, a diferencia de Billy, él tenía un hoyuelo en la barbilla, igual que ella. Y que estaba aún más alto que la última vez que lo había visto—. Sí, perdona, hola. —Hizo un movimiento raro con la mano, como un saludo que se quedara a medias, algo que inmediatamente lamentó.

—Hola.

—Hola, Edward —saludó ella—. Claro, tú no me conoces... Soy Isabella Swan-Black. Voy al mismo instituto al que ibas tú, tengo dos años menos.

—Ah.

—Me preguntaba si podría robarte un poco de tiempo. Solo será un instante. Bueno, uno no... ¿Sabías que la palabra «instante» viene del verbo latín instare, que, como intransitivo, significa «mantenerse sobre algo»? Te preguntarás cómo pasó a significar «breve intervalo de tiempo». La explicación viene de la expresión tempus instans, es decir el momento exacto en el que el tiempo está sobre ti, y de ahí, omitiendo la palabra tempus, instans pasó a significar «breve momento del presente» y, por extensión, cualquier momento fugaz. Así que, en realidad, no será solo un instante, serán varios. ¿Puedo molestarte varios instantes?

Madre mía, esto es lo que le pasaba cuando se ponía nerviosa o estaba en una situación complicada; empezaba a soltar datos y luego encima trataba de bromear con ellos. Y la cosa no acababa ahí: la Bella nerviosa se convertía en una especie de superpija, ya que pasaba de su habitual acento de clase media a una triste imitación del de clase alta. «Solo será un instante», ¿en serio? ¿Qué tipo de persona normal habla así?

—¿Qué? —preguntó Edward con expresión confusa.

—Nada, no me hagas caso —dijo Bella, de vuelta a su acento normal—. Estoy haciendo el PC y...

—¿Qué es un PC?

—Proyecto Complementario.* Es un trabajo que haces de forma individual para complementar los exámenes y subir nota en el curso anterior a la selectividad. Puedes elegir cualquier tema que te guste.

—Ah, es que no llegué a ese curso —dijo él—. Dejé el instituto en cuanto pude.

—Ya, bueno. Quería saber si podría entrevistarte para este proyecto.

—¿De qué trata? —El chico frunció las oscuras cejas.

—Pues... es sobre lo que pasó hace cinco años.

Edward resopló y el labio se le torció en un gesto que presagiaba enfado.

—¿Por qué? —preguntó.

—Porque no creo que tu hermano sea culpable, y voy a tratar de demostrarlo.