Masami caminaba por el parque cuando vio a Gumball sentado en un banco, dibujando en su cuaderno de bocetos. Masami siempre había admirado la creatividad de Gumball y estaba fascinada por sus dibujos.
Decidió acercarse a él y se sentó a su lado. Gumball levantó la vista y sonrió al verla. "Hola Masami, ¿cómo estás?"
"Eh, estoy bien", respondió, sonriendo tímidamente. "Sólo estaba dando un paseo y pensé que tal vez pudiera hacerte compañía un rato".
Gumball se sintió agradecido por la compañía de Masami. Había estado sintiéndose un poco solo últimamente, y su presencia le daba cierta tranquilidad. Comenzaron a platicar sobre sus respectivos días y sobre lo que habían estado haciendo últimamente. Masami disfrutaba mucho de hablar con Gumball, siempre encontraba una idea nueva, un comentario ingenioso o una broma divertida que la hacía reír.
En un momento, Gumball le mostró el dibujo que estaba haciendo. Era un esbozo de ella misma, un retrato muy detallado que resaltaba su belleza natural. "Guau, Gumball, es genial", se maravilló Masami. "¡Eres increíble!"
"Gracias", dijo Gumball, riendo un poco por esta gran respuesta de Masami. "Siempre he pensado que eres más que suficiente para ser una musa para mí. Estoy insatisfecho con mis dibujos cuando no te incluyo".
Masami se sonrojó y bajó la mirada, sintiéndose un poco cohibida por el cumplido. Luego, de manera impulsiva, puso su mano sobre la de Gumball y lo miró a los ojos. "Gumball, ¿alguna vez has pensado que podríamos ser más que amigos?"
Gumball quedó totalmente sorprendido por la pregunta, pero no tardó en reflexionar sobre ella. Por un lado, sentía un afecto enorme por Masami y disfrutaba mucho de su compañía. Por otro, no había contemplado nunca la idea de que pudieran ser algo más que amigos. Pero después de unos momentos de reflexión, se dio cuenta de que igual era algo que él quería. "La verdad, Masami, nunca había pensado en eso", admitió. "Pero ahora que lo mencionas... me gusta mucho la idea".
Masami se sonrojó aún más, pero no pudo evitar sonreír. Los dos estaban muy nerviosos, pero finalmente se acercaron uno al otro y se dieron un tierno beso. Por fin habían encontrado en el otro ese amor que habían buscado por tanto tiempo.
Desde aquel día, Gumball y Masami se convirtieron en una pareja, siempre juntos, siempre felices y apoyándose mutuamente. Hallaron ese amor verdadero que habían estado buscando por un tiempo, y no podían estar más contentos.
