DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Pertenecen a Neil Gaiman y Terry Pratchett. Esto es universo alternativo en el que es Aziraphale quién cayó y busca proteger a Raphael (crowley) a toda costa para que no sufra lo mismo que él tras su caída.

Dusfrutad y si os gusta seguiré subiendo.

Cuando se conocieron él jamás se preguntó, pero Aziraphale lo recordaba, recordaba sus ojos llenos de ilusión.

-Que se haga la luz- dijo el ángel pelirrojo.

Recordaba sus pequeños sonidos de ilusión mientras que la, hasta ese momento oscuridad, se convertía en un mar de colores, explosiones, humo y chispas. Una fábrica de estrellas había dicho el contrario. También recordaba a la perfección la decepción en sus ojos. En ese momento no sabía quién era aquel ángel, ni si quiera se había molestado en presentarse. Tan ingenuo, tan alejado del resto, solo estaba centrado en aquella maravilla a la que llamaba "nébula". Sin embargo, sí que recordaba a aquel ángel en las reuniones iniciales acerca de la tierra y los humanos además lo recordaba sentado en una de las tribunas destinadas a gente importante. En primer lugar, le había llamado la atención su cabello rojo, destacando entre todos los ángeles allí reunidos y luego su falta de atención a las palabras de Gabriel. Parecía estar en otro mundo, probablemente construyendo aquel nuevo fragmento de universo.

-No me gustaría verte en problemas…

- Gracias por la ayuda, y por el consejo, pero yo no me preocuparía. ¿En que problemas me puedo meter por hacer un par de preguntas? - Sincero e ingenuo ángel…

Caminaba por los inmensos pasillos del cielo cuando escucho a Gabriel y Michael discutir.

- Hace demasiadas preguntas, Ella se está comenzando a enfadar. No le gusta ser cuestionada, no debería ser cuestionada- dijo Michael entre dientes.

- Es joven y aún no hemos podido darle su propósito. Tiene inquietudes porque Ella aún no le ha dado su misión- dijo Gabriel en tono calmado y ligeramente condescendiente, como siempre.

- Si sigue así no tardará en juntarse con Lucifer y su grupo de revolucionarios. No podemos permitirnos una rebelión. La todo poderosa no debe ser cuestionada. - Respondió Michael con expresión visiblemente molesta.

- No lo hará, está entretenido con su juguete nuevo, la jefa ha sido inteligente dándole algo que hacer mientras terminamos de cerrar el proyecto de la Tierra. Y, si se une a los revolucionarios, tendrá su castigo, simple. - Gabriel sonrió mostrando todos sus dientes.

Por su puesto Aziraphale sabía de las dudas del ángel respecto a los planes de Dios. También había escuchado rumores de rebelión, aunque Lucifer nunca le había hablado directamente pues solo trataba con ángeles de mayor rango o mejores capacidades bélicas en caso de alzamiento. Precisamente por esa razón cuando vio a la entonces mano derecha de Dios hablar con su ángel favorito tuvo que intervenir.

-Ven esta tarde, estoy seguro de que estarás de acuerdo en muchas cosas y que…- Lucifer calló en cuanto vio al ángel de cabello rubio. - ¿Qué? - dijo con desprecio.

-¡Aziraphale! ¿Cómo estás? - dijo el de cabellos rojos con una sonrisa sincera.

-Bien… quería hablar contigo, sobre la posición de la Tierra, ¿recuerdas? - se aclaró la garganta tratando de no mostrar la incomodidad debida a la mirada de desprecio que le brindaba Lucifer- Quiero asegurarme de que la posición es la mejor para contemplar a la perfección todas tus nebulosas.

-Oh. - La cara del ángel se iluminó, sonriendo y mostrando todos sus dientes- Entonces vamos. Lucifer, te dije que las sugerencias funcionarían. - Se mostraba tan orgulloso que Aziraphale tuvo que sonreír, era contagioso, generaba un sentimiento tan cálido.

- Raphael.

Raphael Repitió Aziraphale en su cabeza. No era un ángel, era un arcángel de alto nivel, todo tenía más sentido ahora. Pero, entonces, ¿por qué caminaba junto a un ángel común como él con aquella inmensa sonrisa.

- ¡Raphael! - repitió Lucifer con tono tajante mientras comenzaban a alejarse.

- Otro día, ¿de acuerdo? - respondió con tono calmado-

- No habrá otro día Raphael, es ahora o nunca. - Tajante, frío, molesto.

- Si Ella, a pesar de todo, ha decidido escuchar mis sugerencias quiere decir que no hay necesidad de reuniones secretas, solo necesitamos planteamientos directos y algo de tiempo de reflexión. - Respondió el pelirrojo con una sonrisa sincera antes de dar media vuelta e indicarle a Aziraphale que lo siguiese.

A decir verdad, el rubio sentía como se le encogía el pecho pues lo veía tan emocionado… La culpa era un precio digno por el pecado de la mentira. Y, aunque sentía culpa, jamás se arrepintió pues la guerra entre ángeles y demonios comenzó aquella noche, tras la reunión de los ángeles descontentos liderados por Lucifer. Lucharon codo con codo. Cuando todo terminó Aziraphale no podía estar más que feliz, ¿qué hubiese pasado si no hubiese intervenido? ¿Qué sería del arcángel ahora?

-¡Aziraphale!- casi gritó el de cabellos rojos- ¡Tu ala! Ven, deja que te vea.

-¿Cómo?- Antes de darse cuenta estaba sentado. Quizás la alegría o la adrenalina no le habían dejado darse cuenta de la flecha que tenía clavada entre sus plumas, pero sin duda dolió cuando Raphael la retiró. - Auch…

-No te preocupes… Solo será un instante…-susurró con voz tranquila posicionando sus manos sobre la herida.

Solo fueron segundos y un fuerte e intenso brillo… Tuvo que cerrar los ojos para no quedar ciego pero la sensación… Fue como sentir los rallos de sol sobre aquella zona… Tan cálido, tan suave, tan placentero.

Estaba guardando la integridad de la primera pareja de humanos cuando vio movimiento entre unos arbustos. Con cuidado se acercó, ¿otra nueva criatura? Quería descubrir con qué lo maravillaría Dios en esta ocasión, el pavo real había sido todo un espectáculo… Esta sorpresa le gustó más a pesar de no ser un nuevo diseño. Un ángel arrodillado recogía plantas y una especie de amapolas moradas. Los largos rizos rojos le impedían ver la cara del recolector, pero no le hacía falta para saber de quién se trataba.

-Raphael…- casi suspiró. El susodicho se giró al escuchar su nombre y su cara se iluminó al darse cuenta de quién era- ¿Qué haces aquí?

-¡Aziraphale!- contestó con aquel tono risueño- Ella- señaló a Eva, la mujer a la que el ángel vigilaba- Pronto traerá un humano más al mundo, como anunciaste- se acordaba-. Así que trato de recolectar algunas plantas y hiervas que harán el proceso más fácil.

Conversaron, Raphael permanecía en el cielo y Aziraphale había sido destinado al Paraíso, hacía tiempo que no coincidían, debían ponerse al día. Lamentablemente mientras esto sucedía un demonio lograba que Eva y Adán comiesen el fruto prohibido. Fueron expulsados del paraíso, pero antes de salir Aziraphale consiguió darles su espada y por eso fue castigado. El ángel cayó.

Dolor, eso es todo cuanto recordaba. Sus alas, su cuerpo, un grito desgarrador por parte de una voz conocida. Todo quemaba, sentía como su piel ardía y se desprendía de su cuerpo. Entonces despertó. El lugar era oscuro, húmedo y maloliente. Sus oídos zumbaban y no sabía si era a causa del dolor o debido a los centenares de moscas que rodeaban al ser que ahora se sentaba en un trono.

- Aziraphale, has sido condenado a convertirte en uno de nosotros. Como parte del castigo divino serás demonio de categoría inferior- sentenció Beelzebub- A partir de ahora tu nombre será Azaradel, estarás bajo el mando de Samael, Azazel y Samyaza.

Había caído Aziraphale ya no era un ángel, todo en él se había transformado. Sus alas, su nombre, sus ojos, sus poderes, sentía un profundo dolor, una sensación de vacío como si le hubiesen arrancado algo en lo más profundo de su ser… No sabía identificar el qué, pero estaba seguro de qué era, pero estaba seguro de que ya no estaba. Al menos su ángel favorito estaba bien… aunque no lo volviese a ver.

Cuando Aziraphale cayó Eva solo llevaba tres meses de embarazo, ahora estaba a punto de dar a luz. Aziraphale se negaba a aceptar el nombre impuesto, se negaba a aceptar a sus superiores y, gracias a su ingenio había conseguido que Samael lo mandase al mundo humano bajo la premisa de hundir la humanidad. Enseñó a los humanos como orientarse en la noche… la luna y las estrellas marcaban los caminos, había aprendido mucho de astros mientras conversaba con Raphael… tantos recuerdos atesorados que repasaba una y otra vez.

Eva gritaba… ¿se suponía que traer al mundo nuevos humanos debía doler o era parte del castigo divino? El demonio rubio observaba desde la distancia, no debía intervenir, su ropa negra le hacía fundirse con aquella noche estrellada. No debía haber nadie más… No existían más humanos pero una figura se acercaba a la pareja. Túnica de color gris cálido, se arrodilló junto a Eva, portaba un cesto con plantas y utensilios.

- No temas, nada ha de pasarte- dijo la extraña figura. Reconocería esa voz en cualquier parte. - Yo velaré por ti.

Un rizo rojo se escapó de su velo cuando tomó unas cuantas hojas, flores y una especie de frutos redondos y verdes machacándolos en un cuenco de madera. Coló la sustancia con un paño tendiéndole el cuenco a Eva.

- Bebe… Te sentirás mejor, todo pasará pronto- Eva miró a Adán y este asintió. Entonces la mujer bebió.

No hubo complicaciones. El niño lloró con la primera bocanada de aire, Adán y Eva rieron abrazando a su primogénito. El arcángel se alejaba cuando escuchó una voz a su espalda-

-No deberías estar aquí- voz fría, seca, contundente… Mucho le había costado ocultar la alegría de ver a Raphael. Este no trató de ocultarlo, se lanzó hacia el demonio rodeándolo.

-¡Aziraphale!- el demonio vestía una túnica negra con detalles en azul marino y el cabello más alborotado que de costumbre, sus ojos azules, más intensos que nunca brillaban en la parcial oscuridad, algunas canas grises turbaban su cabello rubio platino y una tupida barba subría parte de su rostro pero al arcángel no parecía importarle ya que enterraba el rostro en su cuello. Tuvo que hacer un esfuerzo terrible para apartar al arcángel empujando sus hombros. - ¿Oh? - murmuró sin comprender mirando a los ojos del ahora demonio.

-Ese ya no es mi nombre. Este no es tu lugar- trató de sonar frío- Vete antes de que alguien descubra que estas ayudando a los desterrados- oh, joder, cuanto lo había echado de menos. Cuanto había echado de menos esa expresión de cachorro, con las cejas ligeramente arqueadas hacia abajo. - ¿A qué esperas? Lárgate, no lo dejaré pasar dos veces.

- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó el arcángel mirándolo a los ojos, no se dejaba intimidar por el tono fío en su voz.

-Azaradel- contestó directo, sin poder negarle nada.

- ¿Te gusta? - Respuesta simpe, no. ¿Pero qué podía hacer? El arcángel lo miraba esperando su respuesta, pero no hizo falta. - No merecías caer, solo ayudaste a quién lo necesitaba… Para mí sigues siendo un ángel.

Muchas gracias por leer, espero vuestras respuestas.