Enemigo mío

Hogar del Dios Bills. Saga del Torneo de los dioses.

Vegeta se levantó molesto de la cama. Aunque lo intentó, no podía conciliar el sueño. No sabiendo que a solo unos cuantos metros estaba ese idiota inoportuno. Él estaba perfectamente bien solo, haciendo méritos para ser entrenado por Wish y a ese maldito imbécil se le ocurría aparecerse.

¡Como lo odiaba!

- ¡Tsk! – hizo, volteando su vista nuevamente al frente, mientras pateaba su cama para alejarla de su compañero de cuarto.

Desde la primera vez que lo vio lo detestó. Era el sujeto más insufriblemente amable que hubiera conocido. Siempre sonriente, siempre confiado, pero, sobre todo, siempre siendo más fuerte que él. Sin embargo, allí estaba ahora, durmiendo plácidamente en la cama de junto y para colmo roncando. Por un momento pensó que sería tan sencillo arrebatarle la vida, pero desestimó aquello de inmediato, ya que él ya no era de esa clase de sujeto, sin contar que seguramente pagaría con su existencia si Bills se llegaba a enterar de aquello y, para terminar de joderle la vida, necesitaba a ese idiota para poder superarse a sí mismo. Pero la tentación era enorme. Sería tan sencillo como reventar su odioso rostro con una silenciosa esfera de ki, o tomarlo de la mandíbula y la nuca para, de un solo movimiento, oír ese glorioso crujir con el que se exterminaba una vida. O mejor aun, atravesar su pecho con la mano y sacar su corazón aun latiendo para enseguida pisotearlo.

Sacudió su cabeza alejando cualquier impulso de hacerle daño. No era momento de pensar en tonterías, debía aumentar sus horas de entrenamiento para que ese tonto no volviese a burlarse de él.

Recordó su primer encuentro. ¡Como se había deleitado haciéndolo sufrir! En esa oportunidad consiguió romperle casi todos sus malditos huesos, demostrando su superioridad. De no haber sido por los entrometidos de sus imbéciles amigos, hubiera acabado con él. Pero enseguida frunció profundamente, al venírsele a la mente la vez que le había suplicado que derrotara a Freezer. "¡Que patético!" se dijo a sí mismo, mientras sentía un sabor en su boca.

Avanzó hasta una de las ventanas y cerró sus ojos momentáneamente. Ese idiota, años después, lo había humillado nuevamente, sacrificándose por sus seres queridos, y no solo fue eso, sino que también su hijo lo había dejado en ridículo. Abrió sus ojos y una mueca de desagrado se formó en sus labios "Me da asco de solo pensar en que le pedí perdón al mocoso por mis actos… Sin embargo, nobleza obliga, y era algo que debía hacer" pensó, tratando de no sentirse tan miserable.

Miró por encima de su hombro, comprobando que su rival continuaba durmiendo como si nada. Frunció nuevamente, continuando con su diatriba "Luego volvió a la vida y se burló de mí cuando luchamos, haciéndome creer que estábamos al mismo nivel… ¡Argg, maldito! Solo buscabas calmar mis ansias de hacerte pedazos…"

Dio media vuelta y avanzó hasta quedar a un paso de la durmiente figura "Hmn… Sin embargo, esa pelea me demostró que yo era capaz de mucho más…Debo admitir que me ayudaste a conocerme a mí mismo y a aceptar que las cosas no funcionaban de la forma que yo pensaba… ¡Pero eso solo me hace detestarte aún más, idiota descerebrado!"

-Maldito Kakaroto… - susurró, dándole una última mirada a su rival.

Salió del cuarto y una vez en el exterior buscó aquellas pesas que les había entregado Wish. Tenía planeado ejercitarse tanto de día como de noche con tal de sobrepasar a ese idiota. No necesitaba dormir tanto, después de todo, recordó que cuando entrenaba en la Tierra para lo de los androides, con suerte dormía un par de horas y esta vez no sería diferente.

-¡No perderé ante Kakaroto!... Les demostraré que soy el saiyajin más fuerte del universo - exclamó, comenzando con su entrenamiento nocturno, usando como ritmo los ronquidos de su enemigo.

Fin.


Nota: Me encanta la película de la que saqué el nombre para este corto... Aquí entre nos, siempre he pensado que Toriyama se inspiró en ella para la creación de Pikkoro (je,je)