II
Cuando pudo recobrar la conciencia lo hizo dándose cuenta de que se encontraba atada de pies y de manos, y fuertemente amarrada a un poste que habían clavado en el suelo específicamente para ella "Vaya que considerados" pensó con sarcasmo. Sin levantar mucho la mirada y con los ojos entrecerrados inspeccionó el campamento en el cual se encontraba, lo primero que notó es que aquellos extraños sujetos no parecían soldados comunes por el contrario no portaban ningún estandarte como los anteriores. También se dio cuenta de que había cuatro hombres alrededor del fuego cada uno sin armas, por lo menos no a la vista. Eso la desanimó la superaban por mucho en número, ahora no sabía si sería buena idea tratar de hablar con ellos o seguir fingiendo su inconsciencia para ver si obtenía información alguna.
De pronto todos dejaron de lado su postura relajada al ver llegar a dos sujetos más, uno de ellos se veía sumamente extravagante no podía definir si se trataba de un hombre o una mujer, mientras que el otro a pesar de ser muy joven parecía imponer sumo respeto, ese debía tratarse de su líder. Aquellos ojos turquesa eran algo muy inusual.
—Se que estás despierta, anda levanta la mirada.
"Maldición" pensó para sus adentros, ese hombre era demasiado listo, se la iba a ver complicada. Sin embargo, no le quedo de otra más que obedecer y alzar una fiera mirada hacia su captor, sin decir ni una sola palabra, algo aparentemente lo hizo muy feliz, pues desplego una abrumadora sonrisa de satisfacción.
—¡Estoy seguro que eres tú! No puedo equivocarme tienes esa misma mirada. Anda dime tu nombre. —le cuestionó al tiempo que se acercaba demasiado a ella para mirar de cerca los rasgos de aquella sacerdotisa.
Kagome tuvo que pensar muy rápido, lo más probable era que esos hombres buscarán a su hermana, si se delataba y les decía quién era una cosa era absoluta irían en busca de ella y no la dejarían en paz hasta encontrarla, lo que pasara consigo misma no era tan importante. Decir que ella era Kikyou era la apuesta más segura para ambas.
—¿Por qué debería decírtelo? —siseo con sorna, tratando de mantener una postura neutral.
—Pero mira nada más tenemos una invitada muy interesante esta noche, tienes agallas niña ¿acaso no has oído hablar de mí? —preguntó el moreno con una sonrisa maliciosa.
—¡Vaya manera de tratar a tus invitados! La comodidad no es uno de sus puntos fuertes, tus amigos y tu dejan mucho que desear como anfitriones. —señaló de manera artera tratando de tocar algún punto que lo hiciese confiarse y soltar alguna pista.
Pero el joven de larga tranza no pareció inmutarse al contrario se acercó aún más tomando un largo mechón de la cabellera azabache de la chica frente a él y con tono zorruno articuló—Mis disculpas señorita, pero tratándose de alguien tan poderoso como tú, decidimos tomar ciertas precauciones, nada personal, siéntete especial.
Aquellas palabras desconcertaron a Kagome por un momento, sin embargo, la confusión pronto se disipó al darse cuenta de lo que en realidad había querido decirle. —"No hay duda, en verdad cree que ha capturado a Kikyou, bien sino lo contradigo podré sostener esta farsa por un poco más de tiempo, Inuyasha cuida de mi hermana". —sentimientos agridulces se mezclaron en sus pensamientos, el creía que era poderosa, pero sólo porque pensaba que se trataba de su hermana.
—Si fueras un demonio o un espíritu ya te habría enviado al otro mundo con mis propias manos. Pero eres solamente un humano, todos ustedes lo son ¿no es así? Aunque me llama la atención aquel hombre de allá, con tantos artilugios metálicos en su cuerpo, no parece humano del todo ¿qué le pasó? —sentenció embustera.
—Tienes una lengua muy larga sacerdotisa, y una vista muy buena. —acto seguido se acercó a su oído susurrante, —Me a…gra…das…—confesó arrastrando cada sílaba.
—Y tú me agradarías más si me soltarás ¿sabes? Estoy realmente incómoda. —sonrío tratando de parecer astuta y confiada, siguiéndole el juego.
—Buen intento, pero no creo que eso vaya a suceder pronto, al menos no hasta estar seguros de quién eres, pequeña bribona.
Los ojos de la joven se achicaron ante aquel sobrenombre demasiado íntimo para su gusto. —Me han quitado todas mis armas, y apuesto que todos ustedes están muy bien armados y aun así ¿le temes a una humilde y "pequeña" sacerdotisa? No me sorprende que no haya escuchado de ti antes.
Ese último golpe conecto directo y certero en el ego del de los ojos turquesa. —Bien, ¿te crees muy astuta eh sacerdotisa? Te desataré. —acordó acercándose a ella para comenzar a desatarla de pies y manos, asombrándola por la rapidez con la que había accedido, no debía confiarse, algo se traía entre manos.
Todos los presentes se desconcertaron de la actitud de su hermano y líder, no obstante, nadie se atrevió a decir nada, aunque la sorpresa era legible en sus rostros. Simplemente se limitaron a observar cautelosos y a tener a la vista sus armas, si lo que su hermano les había dicho era verdad, esa joven era famosa por acabar con sus enemigos de manera fulminante ya fuesen humanos o demonios.
Kagome estaba expectante a los movimientos de su enemigo, en cuanto tuviera oportunidad podría ahorcarlo con el trozo de soga que siempre portaba entre su kimono interior y su traje de sacerdotisa, si lograba someterlo podría fácilmente encargarse de los demás; comenzó a buscar con su mirada su arco y flechas, su mente funcionaba a gran velocidad, y estaba tan ensimismada que no notó la mirada inquisidora del moreno sobre ella. De pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió sus manos intrusos abrir su camisa blanca, dejando al descubierto su blanco kimono interior, una furia roja se apoderó de su rostro "¡Maldito pervertido!" fue lo que le transmitió cuando conectaron miradas.
—¡Pero qué diablos haces maldito pervertido! —esta vez sus insultos cobraron vida cuando el invasor desato la prenda roja y tiro de ella para dejarla únicamente con su ropa interior.
—Me llevaré esto. —con una sonrisa triunfante y llena de satisfacción tomo el trozo de cuerda delgado y resistente que cayo de entre sus ropas, y acercándose una vez más le advirtió. —Veo que no has notado a él más llamativo de mis hermanos, supongo que lo habrás confundido con alguna presencia del bosque ¡Kyokotsu! —gritó despreocupado, al momento que de entre los altos arboles se movía una sombra del tamaño de una montaña.
—Sí hermano mayor. —contestó con voz grave y rasposa aquella montaña humana que respondía con obediencia a aquel joven desgraciado.
—Si intenta algo, cómetela. —sentenció mientras la miraba sonriente.
—Sí hermano. —después volvió a su lugar sentado entre los árboles.
—Cómo puedes ver te superamos en número, por mucho, ahora sino sabes quienes somos te lo diré ahora, somos un grupo de mercenarios a sueldo que trabajan para el mejor postor, somos el escuadrón de los siete guerreros, mi nombre es Bankotsu el líder y estos son mis hermanos, perfectos asesinos cada uno a su peculiar manera, ahora te lo volveré a preguntar una última vez con amabilidad ¿cuál es tu nombre?
Acorralada, humillada y sin poder negárselo a sí misma ni un minuto más, asustada hasta los huesos, Kagome cayó en la cuenta por primera vez que estaba en serios problemas. Pero a pesar de ello no se rendiría aquí, pelearía hasta el final y la libraría, tenía que hacerlo.
—¿Por qué motivo deseas saber mi nombre joven Bankotsu? —pronuncio conteniendo su rabia, tenía que ser cuidadosa.
—Creo que ha quedado claro que aquí el poder lo tengo yo, así que las preguntas las hago. —estipuló, tomando el escote de su kimono interior tirando de el sólo lo justo para que dejara al descubierto el nacimiento de sus senos.
—Creí que habías dicho que era tu invitada, y me parece que no estás siendo un buen anfitrión. —sentía la bilis subir ácida por su garganta, pero no podía perder el control.
—Bueno eso dependerá mucho de si eres quien creo que eres, sino podemos divertirnos largo y tendido sin preocupaciones te aseguro que lo disfrutarías. —se acercó a pocos centímetros de su rostro.
La azabache se rogaba así misma contener su lengua, podía arruinarlo todo sino se contenía, su hermana siempre se lo había dicho su temperamento podía ser su ruina, y por primera vez en su vida siguió aquel consejo. —¿Me estás diciendo que me vas a forzar a estar contigo? Vaya que debes estar desesperado por una mujer.
—Pequeña bribona—su aliento le rozó los labios, tanto que su aroma inundo sus fosas nasales haciéndolo cerrar sus ojos con excitación—Te aseguró que jamás he tenido que obligar a una mujer para yacer entre sus piernas y estoy seguro de que tú no serías la excepción. Ahora dime tu nombre… no lo preguntaré nuevamente—cuestiono con sus dedos índice y medio deslizándose por la apertura de su escote, en un movimiento hechizante y enigmático.
—Kikyou…—susurró encandilada a sus fulminantes turquesas.
Decepción. Si tan sólo hubiese dicho cualquier otro nombre, pero no, era ella, no podía equivocarse. Aquellos hombres que torturaron para sacarles información acerca de aquella poderosa sacerdotisa habían dicho que la misteriosa mujer llamada Kikyou vivía en la aldea escondida detrás del bosque al final del río, que debían de tener cuidado de no lastimar a sus aldeanos porque acabaría con ellos en un santiamén, debían tomarla desprevenida porque se sabía que nunca andaba sola. Aun así, se sentía tan incorrecto.
—Kikyou… es mi deber informarte que seremos tus "acompañantes" durante nuestra estadía juntos, ahora voy a mantenerte atada a este poste hasta que crea conveniente, pero afortunadamente para ti debo llevarte con bien hasta nuestro destino, así que te aconsejo que comas lo que Jakotsu te ofrezca y no intentes nada, porque te tenemos completamente rodeada.
Bankotsu le ajustó el kimono interior nuevamente y se puso de pie, le dio una última mirada, una mucho más seria y fría que las anteriores, y se dio la vuelta. —¡Jakotsu! Encárgate de alimentarla y de acompañarla si necesita hacer de sus necesidades. Los demás manténganse atentos y alerta, esta es la mujer que buscábamos, no podemos bajar la guardia.
—¡Hermano! ¿y tú a dónde irás? —le interrogó el recién nombrado y quien usualmente trataba con más libertad y confianza al de la larga trenza.
—Iré por ahí, tengo algunos asuntos inconclusos que resolver, volveré luego. ¡Estás a cargo Renkotsu! —vociferó alzando su mano derecha a modo de despedida y sin mirar atrás.
Tenía que darse un chapuzón de agua helada de inmediato, no muy lejos de ahí se encontraba el río que los había guiado hasta la aldea de aquella endemoniada mujer. ¡Maldita sea! Se sentía tan irritado, aquella joven no era una belleza extraordinaria ni por asomo, era guapa sí, pero había tenido bajo de si a mujeres más hermosas y voluptuosas, pero esa arrogancia, esa testarudez e increíble audacia lo tenían duro como una roca. Aunque era para Mamoru, aquella mujer era nada más ni menos que la sacerdotisa que tenía que secuestrar y llevar intacta ante Lord Satou, precisamente para ser la mujer de aquel estúpido sujeto.
En cuanto se despojó de sus ropas y armadura, se introdujo con rápides en el agua. —Maldita sea. —Bankotsu juró al darse cuenta que el agua helada no iba a ser suficiente para bajar aquella firme erección, no tuvo más elección que darse así mismo placer para poder deshacerse de aquella molestia.
Trató de concentrarse en aquella castaña que había poseído en el castillo antes de partir en búsqueda de la sacerdotisa… ah esa pequeña bribona, tenía un carácter fiero y redomado, un inútil como Mamoru no podría aleccionarla correctamente. Lo que ella necesitaba era una buena montada para aprender a canalizar toda esa energía. Mientras sus pensamientos viajaban sin consciencia a la mujer de enigmáticos ojos marrones, su mano derecha se deslizaba con suavidad, presionando lo necesario con sus dedos alrededor de su falo, en un movimiento calculado de arriba hacia abajo. Estaba seguro de que no sería recatada ni tímida, al contrario, podía apostar que lo montaría como toda una amazona salvaje sin recato alguno. Los movimientos de su mano se volvieron cada vez más rápidos, recargo todo su cuerpo en la orilla del río, apretando con fuerza sus labios para evitar dejar escapar sonido alguno. Aquel rostro, la curvatura de sus senos, ¡dioses sería maravilloso acabar en aquellos pechos! Y sin más que esperar, llevo a cabo la liberación de su simiente ardiente en las aguas del río. Echo su cabeza hacia atrás y en su campo de visión apareció la oscuridad de la noche, este trabajo iba a resultar un completo fastidio.
De acuerdo, nada estaba saliendo como lo había planeado, pero no quería decir que no hubiera más oportunidades para escabullirse, por lo pronto sabía que no planeaban dañarla más de lo necesario, y que tenían como encomienda llevarla a algún lugar que tomaría al menos un tiempo, debía ganarse la confianza de al menos uno de ellos. En ese preciso momento el extravagante guerrero que portaba un kimono femenino y desgarbado se acercó con un pez empalado que acababan de asar.
—Toma, el hermano Bankotsu me ha ordenado que te alimente, así que come y no molestes. —aunque su tono fue indiferente, espero a que ella se decidiera a tomar el alimento en sus manos y se recostó a su lado despreocupadamente.
—Gracias. —comenzó a comer lentamente sin dejar de observarlo, ese sujeto parecía ser el indicado, pero debía actuar con cautela y no ser muy obvia o ¡adiós libertad! —¿Todos ustedes, en verdad son hermanos?
—¿Eh? —Jakotsu alzó apenas la mirada en su dirección—¿a qué te refieres?
"Perfecto" festejo para sí, aquel sujeto parecía ser de aquellos que hablan de más, aquel idiota que portaba una larga trenza no había sido muy astuto al dejarla a cargo de su peculiar "hermano".
—Veo que todos llaman a ese cre…—rápidamente la azabache se corrigió a sí misma un poco nerviosa—a Bankotsu hermano mayor, pero creo que es justo decir que se trata de el más joven de todos, y tú también te ves sumamente joven.
—¿Así lo crees? —aquel elogio hizo que Jakotsu se levantara de su lugar para acurrucarse junto a ella invadiendo sin problema alguno su espacio personal como si de viejas amigas se trataran—Eso es porque suelo cuidar mucho de mi piel, la lavo diariamente, uno nunca sabe cuándo va a encontrarse con algún apuesto joven por el camino—terminó de hablar de forma ensoñadora.
La sacerdotisa sonrió ampliamente en esos momentos y su ágil mente comenzó a hilar toda serie de preguntas que podrían sonar inocentes para su amigable carcelero, pero que a su vez le darían mucha información.
Nota de la autora: Y con esta nueva historia es que volvemos a encontrarnos, espero que les guste y me dejen sus comentarios, opiniones etc. Estoy muy entusiasmada porque es mi primera incursión en un formato más largo con la pareja Bankotsu X Kagome.
Besos y abrazos
Moon Skin
