Narra Duo
Ya terminaron tus 5 minutos felices, Trowa. Pienso mientras salgo del centro de control corriendo, es hora de ir por la princesa.
Tal y como nos dijo Lady Une, un grupo de nacionalistas jodidos, intentaron atacarla en la dichosa conferencia, pero como tan pronto lo supusimos, estuvo segura con mi compañero de labores y por demás, amigo personal, Trowa.
No voy a negarlo, era la persona adecuada para la misión. Su conocimientos, talento y perfección, además de conocer al enemigo y el campo nos redujo enormemente el margen de error, pero ya cumplió su misión y ahora es mi turno.
Tu belleza me ciega, es lo primero que pienso cuando la veo sentada, con esas maravillosas piernas cruzadas al descubierto debido a su elegante traje de dos piezas que ha sido un poco estropeado por las acciones que tuvo que hacer para escapar. Se encontraba bebiendo un vaso de café perdida en sus pensamientos. Seguramente puedo adivinar lo que piensa, porque a ese punto he llegado, a saber que es lo que piensa, que es lo que le afecta, la seguridad de las personas es lo que más la atormenta.
Voy a enloquecer contigo, mujer.
Sus enormes ojos celestes se posan en mis violetas y siento como mi corazón da un respingo al verla.
—Duo, ¿los demás se encuentran bien, verdad?— Lo sé, siempre lo sé. Siempre se lo que me dirá, y nunca es algo relacionado a ella misma, porque su principal preocupación es el resto, las personas.
— Todos evacuados y bien, princesa— Le digo mientras me arrodilló ante ella, sosteniéndole la mirada porque entiendo que eso le brinda la seguridad de que le estoy diciendo la verdad. Sus rasgos preocupados se relajan al escucharme decir eso.
— Que alivio— Me susurra desde el fondo de su corazón. Su preocupación genuina por su gente me enloquece, todo ella, desde su exterior hasta su interior me encantan.
— Pero hay algo más importante. ¿Que hay de ti, princesa?— Sinceramente, lo único que me importa es que ella se encuentre bien. Aprovecho de repasarla rápidamente, se ve fisicamente bien, sus ropas algo desaliñadas debido a que tuvo que correr junto con Trowa para refugiarse. Los terroristas colocaron una bomba en el salón principal, pero gracias al trabajo de nuestro equipo pudimos evacuar y minimizar los riesgos para que nadie saliera herido, aunque no contamos con que uno de ellos la tomara como rehén. Suerte y Trowa estaba con ella para recuperarla de inmediato, lo que no quita que el infeliz haya rasgado su ropa intentando humillarla.
— Estoy bien— Me dice colocando de pie a lo que yo la sostengo debido a lo cansada que estaba. Se desplomó un poco, por la que la sujeté entre mis brazos. Su blusa estaba casi totalmente abierta debido a que el mal nacido se la abrió con un cuchillo dejando ver su brasier. No, no es momento para distraerme con tremenda vista de la parte superior de su cuerpo.
— A mi me parece que te he visto en mejores condiciones— Digo conduciéndola a una camilla a la espera que llegue Sally a revisarla. Me acerco a su rostro examinando con cautela sus ojos y rostro a ver si no dañaron su hermosa cara. Mala idea, su perfume inunda mis sentidos y vuelvo a fijar mi vista no debo. Rápidamente, sabiendo que no es correcto, me quito mi chaqueta y la coloco sobre ella para que sienta mas gusto y cómoda. Ella me agradece y se abrocha la chaqueta que le queda claramente grande, se ve aún más hermosa.
— Oh, seguramente. Estoy hecha un desastre— Me dice algo cansada, pero intentando forzar una sonrisa.
— Para nada, me encanta tu outfit de mmm... ¿cómo llamarlo?— Intento relajarla con mis bromas, pero sin perder el foco que es revisarla— ¿Te duele algo?— Le pregunto mientras muevo su rostro para revisar algún rasguño. Ella niega cooperando. — Oufit de rehén— Le digo volviendo a la conversación para distraerla.
Sentí como surtió efecto mi broma y logré hacerla reír, pero de pronto se quejó.
—¿Qué te duele princesa?— Le digo preocupado intentando descubrir que esta herido en su cuerpo. Voy a matar a quién la hirió.
— Creo que tengo algo en el pecho— Menciona incomoda. — Creo que no lo había notado
— Llamaré a Sally. Es necesario que venga rápido— Digo sacando mi comunicador de emergencias, Sally se encontraba atendiendo a los heridos, pero me importa un carajo, Relena es mi prioridad.
— ¡No!— Me dice tomando mis manos, acercándome a ella. . . No Relena, por favor, no me acerques tanto. — Estoy bien, deja que vea a las demás personas— Me pide con sus ojitos llenos de suplica. ¿por qué siempre el resto es más importante que ella?.
— No princesa, tu seguridad es lo más importante— Le digo con seriedad, sus descuidos y poca preocupación en si misma es algo que constantemente daña su salud.
— No Duo, no lo es. Esas personas están heridas por mi culpa—
— Eso no es cierto— Nuestros rostros están cada vez más cerca porque ella cambió su agarre a mi chaqueta. Creo que a ella no le perturba nuestra cercanía, pero a mi me esta sofocando.
¿Cómo puede ser tan bella y provocarme tan cosas sin saberlo?
Duo, la misión, concentrate. Me reprocho.
—Llamaré a Sally— Vuelvo a insistir cortando nuestra cercanía asfixiante, dándole la espalda mientras acomodo mi cabello, intentado respirar. De pronto escucho algo que me dejó petrificado.
— Ayudame a revisarme— Arqueo una ceja sin entender lo que me dice, pero lo que vi después no se si llamarlo el paraíso o el infierno. Procedo a explicarme.
Acto seguido ella se abrió la chaqueta que cerró hasta un momento así como también su blusa rota, mostrándome su torso cubierto solo por su brasier. En ese momento, me sentí en el paraíso al ver el cuerpo más increíble que he visto en mi vida, pero en el mismísimo infierno por culpa de mi cuerpo que no entendió que es algo totalmente profesional.
— Princesa. . . ¿Qu-¿Qué estas haciendo?— Dije tartamudeando como imbecil mientras ella, miraba donde le dolía.
Ayuda.
No
puedo
con
esto.
Mi cabeza dejó de pensar por un momento, hasta que un leve quejido por su parte me sacó de mi patético estado.
—¿Qué pasa?— Le pregunté volviendo a acercarme, mirándola a los ojos.
Ella levantó su mirada e hizo una especie de puchero.
—Aquí— Me dice, mirando nuevamente hacía abajo, la seguí con la mirada y entendí. Relena tenía un corte justo en el centro de sus pechos. La rabia me invadió al ver su nívea piel herida, teñida por el rojo de su sangre. Apreté mis puños, ese maldito hijo de puta me las va a pagar.
— Voy por Sally— Digo nuevamente, pero ella jala de mi nuevamente.
— Duo, puedes hacerlo— Me dice, con sus ojos suplicantes.
—No soy doctor— Le digo,
— Estoy segura que sabes mucho de manejo de heridas— Me dice. Tiene un punto. — Solo necesito que me revises y me limpies la herida, estoy segura que un tu mochila debes traer algo de primeros auxilios— Suspiro resignado, ella siempre gana.
Asiento y me giro para buscar mi mochila.
— Recuestate— Le pido mientras busco los implementos. Desinfecto mis manos con alcohol y me coloco guantes quirijucos para no infectar nada. Necesito asegurarme de que el corte no es profundo. Me volteo para verla y ya se encontraba recostada en la camilla con la ropa abierta.
Me acerque a ella y trague saliva, intentando no distraerme con tremenda vista.
Revisé su herida con cuidado al parecer no era profunda, era un corte limpio, pero no veía donde empezaba, con una buena limpieza podía esperar a Sally. Entonces descubrí que aunque fuera superficial, era largo, el corte seguía por debajo de su brasier.
— Relena, necesito que te sientes— Ella me obedeció y me miró.— Necesito que te quites el brasier. . . — Dije en voz más baja. Un silencio se formo en la habitación. — Me giraré para que te lo quites— Le dije a la vez que le di mi espalda para que lo hiciera tranquilamente. — Ponte la chaqueta para cubrirte. . . ya sabes. . . — Le dije con las manos sudandome. Joder, esta no era la manera en la que imaginé tocar ese paraíso. Rasqué mi nuca, nervioso, muy nervioso.
A. Pensé.
No hubo respuesta, estaba comenzando a inquietarme.
— Ya puedes votearte— Me dice, con temor me giré y vi la imagen más increíblemente tierna y seductora que vi en mi vida.
Ella estaba nuevamente sentada en la camilla, mirando hacia abajo, con la chaqueta cubriendo sus pechos, dejando al descubierto la zona de en medio donde se veía la herida. Sus mejillas sonrojadas intentando no mirarme.
Volví a tragar saliva y me acerqué a ella.
Vacilé al principio en tocarla, solo en mi sueños había estado tan cerca de verla así. Mi respiración comenzó a agitarse y no quería que lo notara.
¿Estará bien tocarla con mis sucias manos? ¿Se sentirá muy incomoda?
— Esta bien Duo, confío en ti—. Me susurró bajito, sorprendiéndome. La miré y ella me dedico su tierna sonrisa, para darme a entender que confía en mi.
Asentí y con cuidado acerqué la gasa con suero fisiológico para limpiar la herida. Al limpiarla de la sangre pude comprobar que no era profunda, pero si de cuidado. Luego puse algo de desinfectante donde se quejó un poquito.
—¿Estás bien?— Le pregunté.
— Si.— Me dijo bajito, aún con sus mejillas rojas.
Mientras la limpiaba pude sentir el tacto de su piel por sobre los guantes, aunque fuera un poco, Era blanca y suave. Estar haciendo esto es una maldita tortura.
Ahora no quería alejar mis manos de su cuerpo.
Es totalmente proporcionada y perfecta.
Al terminar de limpiar, me acerque a ella suspirando.
— Esta listo. . . — Le digo, aun nervioso por nuestro acercamiento que inicie yo. He tocado a muchas mujeres de mil maneras, y aquí estoy temblando ante una que no me corresponde.
— Gracias Duo— Me dice, mirando mis ojos.
Si tan solo pudiera decirle.
Si tan solo me dejara llevar por mis deseos.
Pero se que nada sin consentimiento esta bien
Y dentro mío lo se.
Se que soy un necio, porque se que no soy a quien ama.
Me alejo de ella y vuelvo a mi semblante poco serio de siempre.
Por que este sentimiento me esta matando.
— Bien princesa, esperemos a Sally ¿ De acuerdo? — Le digo, cuando de pronto se abre la puerta de la habitación. — Mira, ya esta aquí.
— Relena, ¿Estás bien?— La persona que entró no era Sally. . .
Y así como entró tan repentinamente, un balde de agua fría me llevo a mi triste realidad. Por que yo jamás causaré el brillo en los ojos que pone la princesa cuando se trata de él.
— ¡Heero!
