Heero Yuy entró de golpe en la habitación. Ni Duo ni Relena lo esperaban. Él estaba en una misión ultra secreta de la que nadie sabía nada, hace 1 mes.

Al verlo, Relena pronunció su nombre con los ojos brillos llenos de sorpresa y de una expresión que Duo solo puede ver en ella cuando se trata del piloto del Gundam Wing.

Tanto el piloto como la política se miraron de una manera que Duo no podría describir.

No hay forma de competir con esto. Pensó Duo mirando el piso resignado.

— ¡Hola viejo! Pensamos que estabas muerto o algo así— Le dice el ex 02 alzando sus manos para luego meterlas en sus bolsillos de su pantalón. — Ya limpié la herida de la princesa, ahora solo estamos esperando a Sally, pero imagino que quieres comprobar por ti mismo el estado de la señorita. Después de todo, eres su guardaespaldas principal. — Duo se acerca al marco de la puerta pero antes de salir se despide de Relena y ella le da las gracias, quedando solo en la habitación.

Ella y él

Narra Heero

Tú y yo

Al fin puedo volver a ti, Relena. Pienso, mientras me acerco a ti.

— Déjame ver— Le digo mientras reviso su herida. Siento como ella tiembla ante mi mano posada en su cintura para tener mejor agarre y visión.

— Estoy bien. ¿Qué haces aquí? Creí que no volverías. . . — Me dice con la voz entre cortada, como si quisiera llorar.

— Siempre vuelvo— Le digo con simpleza. Nunca he sido de muchas palabras, pero ahora más me importa revisar su estado. A pesar de su herida, no veo más cosas en su piel. Reviso sus piernas, levanto un poco su falda, para ver sus muslos. Se tensa.

— ¡Pero no sabía nada de ti! — Me reclama. Subo mi mirada chocando con el celeste de sus ojos.

Sus pestañas tan embrujantes

— Estaba desinstalando la bomba— Me mira con cara de confusión.

— ¿Qué? — Me pregunta nuevamente.

— Mi misión fue seguir al grupo nacionalista en tu contra, por lo que descubrí su plan y desinstalé la bomba más grande que habían puesto. Fue muy tedioso porque estaba encriptada con un código que me tomó semanas descifrar. Por eso no podía decirle a nadie— Ella bajó su mirada procesando mis palabras. — Ahora dime, ¿Dónde esta el hijo de puta que te hizo esto?— Estaba demasiado enfadado para recordar mi promesa de no matar.

Relena se encontraba en una camilla, semi desnuda, desaliñada y temerosa.

Eso no se lo voy a perdonar a nadie.

— Estoy bien— Me dice ella, con un tono tranquilo.

— Yo no lo veo—. Le digo sin bajar mi guardia, sin aplacar mi ira.

— Me lo prometiste— Me dice. —Además, Duo me limpió la herida, estaré aún mejor— Me dice entre risas, como si eso me fuera a tranquilizar. Ajá, eso tampoco lo olvido. Me debes una Duo.

— No prometi anda que incluyera perdonar a alguien que te lastimara— De verdad me arde la sangre, a la mierda mi promesa.

De pronto, ella que sabe como hacer que baje la guardia, tomó los extremos de mi chaqueta y me acercó a ella, dejándome entre el hueco de sus piernas y apoyando su frente con la mía.

De pronto, mi irá comenzó a calmarse, porque su aroma a flores y vainilla inundó mis fosas nasales. Hace un mes no sentía ese bendito aroma.

— Te extrañé— Me dice bajito, con sus mejillas todas rojas, mientras me mira con esos enormes ojos celestes que hacen que mis sentidos se agiten.

No dije nada, porque la verdad, no soy bueno con las quiera hacerlo, las palabras no salen de mi boca. Tengo tanto que decirle, pero estoy harto de luchar con algo que no se me da.

Pero he aprendido otra forma de comunicarme con ella.

Tomó su rostro con mis manos y acaricio con mis pulgares sus mejillas, su barbilla, pasando por sus labios, mientras la miro de la forma más profunda y sincera que puedo tener.

Con mi corazón latiendo como solo ella provoca.

De pronto, tengo la necesidad de acercarme más a ella. Bajo mi rostro a la altura de sus labios, que están algo pálidos. Relena no ha descansando en días, debido a este maldito cargo que no quería tomar.

Odio a todos esos malditos viejos que le delegan la responsabilidad a ella.

Hace un mes que no la veo.

Hace un mes que no pruebo esos benditos labios.

De apoco vamos acercando nuestros labios mientras mis manos tienen con firmeza su rostro.

Por fin puedo unir mis labios con los de ella.

Al fin mi misión ha terminando y me permite volver a mi lugar feliz.

Ella.

Ya le di sus momentos felices a mis amigos y aunque suene pésimo, ya volví a reclamar lo que es mío.

De un momento a otro nuestro beso lento, termina en el acto de parecer que nos devoramos la vida.

Por fin puedo volverla a recorrer, jugando con malicia. Enredados, escondidos, indecentes, mis manos como garras se han prendido de su piel, prisioneros de la pasión, reinventándo la locura, entre gritos y dulzura, tú y yo, los momentos sin medida, devorando la vida, enredados tú y yo.

Qué mágico es saber que estás aquí.

Mía

Porque yo estoy rendido a tu belleza aunque no te lo pueda decir con palabras.

Embrujados, encendidos, indecentes, escondidos, tus labios insolentes y atrevidos piden más.

Aquí estamos, prisioneros de la luna, entre gritos y dulzura.

Tú y yo.

Aunque el resto no sepa.

Aunque no quieran verlo.

Aunque les pese.

Dame la sed que el agua no apaga.

Bebo de tu boca desesperado, bañándote con mi sudor. Deja tu perfume sobre mi piel. Enredados noche y día, sin que nadie sepa.