"Este pequeño fic fue escrito para el Matsuri Místico de la página facebook Shikatema: hojas de arena, el cual está inspirado entre la enemistad de los dioses Vanir y Æsir perteneciente a la mitología nórdica.

Los personajes usados para esta historia no me pertenecen, pertenecen a sus respectivos autores, lo único que me pertenece es en sí la historia. Espero que disfruten del one-shot.


Ajustó el cinturón que llevaba colgada su espada en la espalda, estaba agotado pero tenía que seguir caminando hasta encontrar una presa, odiaba tener que cazar, era mucho esfuerzo y consumía tanto tiempo, tiempo que hubiera deseado usarlo para acostarse en el pasto y ver el pasar suave de las nubes. Podía simplemente cazar un conejo que vio pasar, pero su madre le había exigido un jabalí, suponía que ella estaba cansada que su hijo sea el único entre los muchachos que no lograba cazar algo más grande, a él no le importaba la competencia y su madre lo sabía por eso le ordenó volver con un jabalí o nunca pisar la casa, era muy temerario esa decisión pero justo.

Ser un Aesir era bastante complicado para él, tenía que si o sí cumplir con algunos parámetros exigentes o sería la burla de su familia, aunque para ser sincero para él no sería ningún problema ignorarlo, no tenía ningún problema ser tachado como una basura Asgardiana, sin embargo, eso solo era de boca, porque por dentro su orgullo de guerrero no podía permitirse ser derrotado fácilmente, y sus amigos más cercano lo sabía.

— Esto es un fastidio. — Soltó con resignación dejando de caminar, se sentó en una raíz sobresaliente de un enorme roble, desató el seguro de la cantimplora que lo hacía colgar en su cadera, bebió un gran trago. — No debí ignorar las clases de cazas. — Murmuró con los ojos entrecerrados, pero no podía echar toda la culpa, esa clase le era tan aburrida desde que el profesor se había roto la pierna por un accidente travieso por uno de sus amigos.

Al final se recargó en el árbol y cerró los ojos, solo se tomaría una siesta para recargar su energía y volver a buscar un jabalí para de una vez cerrar la boca de su madre.

El ruido ligero de la sacudida de los árboles, de los insectos, ardillas y aves provocaron que su mal genio se diluyera como agua, suspira encantado por la magia del bosque. De pronto su oído capta una melodía que no podía provenir de una ave, o tal vez sí. Curioso escucha con atención, era un canturreo sin monosílabo ni palabra, una entonación que sus amigas hacían cuando estaban afilando la hoja de su espada. Aunque era más agradable, reconoció. Empero, la bella melodía fue interrumpida por una orden femenina.

— ¡Soltarme! — Escuchó la fuerte amenaza. — ¡O les devolveré a sus familias en pedazos!

La carcajada masculina provocó que se levantará y corriera hacia donde se encontraba el meollo del problema en que estaba la encantadora femenina. Al llegar hasta ellos, se oculto entre los arbustos, antes de atacar debía buscar un plan, no podría con los seis que estaban molestando a la muchacha.

— ¿Tú? — Pregunta con sorna un musculoso asgardiano, lo supo al notar el medallón que tenía en el pecho. — No me hagas reír vaniarna. — Recién pudo notar que la rubia muchacha tenía el escudo de los Vanir, estaba algo desconcertado, no podía entender que hacía una vaniarna en territorio de los Aesir. — Estás en territorio enemigo y deberías estar agradecida, antes de matarte conocerás lo que es estar con un asgardiano. — Soltó con una enorme prepotencia que provocó la risa de la rubia.

— No me digas que las mujeres de su pueblo los rechaza como si tuviera lepra. — Burló. — O es que no son tan agraciadas que deben buscar a una vaniarna. — Miró con una sonrisa de superioridad que enojó a los Aesir.

— Estúpida, haré que te trague tus palabras. — Ella llevó sus manos a su arco y ellos estaban a punto de sacar sus espadas, tuvo que salirse de su escondite para terminar esta pelea inútil pero que provocaría un caos irreversible, después de todo uno de los Aesir era el hijo de un guerrero importante.

— Guarden sus armas. — Ordena en un tono de voz decisivo, sacude sin importancia un par de hojas que estaba en su hombro. — Al menos que quieran iniciar una batalla real. — Advierte.

— Estamos más que preparados para eso. — Indica la femenina, tensa su arco apuntando a uno de los seis muchachos.

— Y pensar que los Vanir son considerados más inteligentes. — Soltó con sorna molestando a la rubia. — Les recuerdo que están en mi territorio, y no creo que el padre de todo quiera escuchar un debate cansador sobre la interrupción de los terrenos de mi padre y que lo han manchado de sangre. Mi madre no se conformará con una simple disculpa, le gustará tener de adorno sus cabezas. — Dibujo una sonrisa de lado, los muchachos se miraron indecisos, no era rumor que la madre de Shikamaru era alguien temeraria y su padre era un sabio con una labia envidiable.

— Vámonos, no vale la pena. — Soltó uno que estaba al lado del que parecía ser líder del grupo, lo reconocía como uno de los mejores y prometedores guerreros.

— Shikamaru. — El líder del grupo lo mira con amenaza, luego sonríe con malicia. — Me preguntó que dirá tu madre al saber que has defendido a una lacra como ella.

— Cuida tu palabra asgardiano. — La rubia deseaba volver a tensar el arco y dejar que la flecha adorne la frente del Aesir.

Los muchachos guardaron sus espadas, el líder miró a la rubia y luego a Shikamaru, en sus ojos grises se notaba que esto no se iba a quedar así, sin embargo, al moreno poco le importó. La rubia miraba entre rato al moreno que había detenido un baño de sangre que en sí provocaría una batalla más grande, y al grupo de muchachos que no había sabido cuando se acercaron, había estado distraída buscando algunas flores. Tuvo un momentáneo relajación al estar sola con el moreno que parecía más tranquilo que ella a pesar que ambos eran enemigos. Aún tenía el arco y la flecha en sus manos.

— Bien. — Shikamaru giró a verla. — ¿Qué haces en territorio Aesir? — Le pregunta directamente. — acaso, te ordenaron a buscar la manera de introducirte para buscar información que les ayude a ganarnos en su próxima emboscadas, o, no sabía que fueran tan cobardes como para usar una estrategia tan ruin, y los pocos preparados que están sus guerreros para el camuflaje. — Burló sin importar que eso provocaría el enojo de la vaniarna.

— Imbécil. — Crujió furiosa, el enojo y la vergüenza se estaban mezclando al punto de irritarla. — Nadie me mandó, he venido por mi cuenta y me largo. — Tuvo que esforzarse en aclarar la situación, guardó su arco y giró sobre sus talones.

Shikamaru lo miró irse con sorna, aunque luego bajó su mirada al pasto, debía buscar si es que la vaniarna no puso alguna trampa. Su confusión fue notable cuando observó una corona de flores. Subió la mirada, notando que la muchacha se perdía entre los arbustos. Agarró la corona de flores que solo le faltaba un par de flores por acabar, flores que estaban descansando al lado.

— No me lo puedo creer. — Murmuró atando las pruebas para saber lo que había pasado.

…..

— ¿Explícame por última vez por qué tengo que hacerte una estúpida corona de flores? — Pregunta su rubia amiga que lo miraba molesta, a ella no le gustaba recibir órdenes de él, ni de nadie, solo de chicos guapos, se recordó. Torció los ojos, pudo escuchar a su amigo reír, esperaba que se atore con el pedazo de jamón que se estaba comiendo.

— Ino no te estoy pidiendo que me hagas una, solo que termines una que solo le falta dos o tres flores, ¿Es mucho pedir eso? — Pregunta con enojo.

— Y yo quiero una respuesta, es mucho pedir eso. — Le saca la lengua, sin ceder.

— Yo también tengo curiosidad porque estás tan empeñado en una corona de flores. — Por fin habló Chouji, aunque su curiosidad estaba pintada con diversión.

— Ustedes son unos problemáticos. — Murmuró molesto, aunque sabía que si continuaba con su resistencia, no iba a llegar a nada, cansado comentó. — Una niña dejó está cosa cuando escuchó mis pisadas, supongo que se asustó y creyó que era un enemigo. — Decidió no contarle la verdad, sería bastante problemático responder a sus preguntas.

— Oh, entonces quieres devolverle para que no se sienta una tonta por asustarse por un bueno para nada como tú. — Burló la rubia y soltó una carcajada, Shikamaru solo la miró con enojo, a su amiga le gustaba mofarse de él.

— Me parece un acto noble. — Interrumpe el muchacho enorme. — Yo lo terminaré. — Chouji con mucho cuidado agarró la corona de flores y luego las flores sueltas, ante la mirada de ambos, trenzas las flores hasta que pueda estar terminada. — Listo.

— No sabía que los gor— un codazo la interrumpe, mira molesta al moreno pero este también tenía un fruncido, ambos tenía una discusión interna, pero Ino cedió, al menos que quiera luchar y estaba agotada por el arduo entrenamiento que había tenido con las chicas. — tuvieras una gran destreza con tus dedos. — Soltó mirando los dedos gordos de su amigo de infancia.

— Me gusta hacer corona de flores luego de un arduo entrenamiento. — Confiesa, entrega la corona a Shikamaru que desconocía ese dato de su amigo, y creía que él conocía muy bien al Akimichi.

— Gracias Chouji. — Se levanta con la corona en sus manos. — Recordé que debo ir a casa, mi problemática madre me espera.

— Oye, si no puedes cazar, ven a casa, papá tiene un jabalí extra y estoy harta de comer carne de cerdo salvaje. — Shikamaru asintió a la oferta de su amiga.

— Me has salvado. — Soltó mientras guarda la corona y salió corriendo antes que su amiga inicie con una conversación casual que lo pudiera retener.

….

Su plan era sencillo: dejar la corona de flores en el lugar donde la había encontrado, creía ingenuamente que ella volvería por la misma o buscaría las misma flores para hacer una nueva. Después de todo solo habían pasado un par de horas, y si se había arriesgado en cruzar territorio enemigo, era porque realmente le encantaban estas cosas y…

— Que mierda estoy haciendo. — Soltó frustrado al estar horas sentado en el mismo lugar, estaba en la zona donde la había encontrado y no había ni una pista que ella haya regresado. — Esto es una estupidez. — Miro el lugar donde recordaba que ella se fue. Un intenso pensamiento se cruzó por su cabeza. Su corazón late con fuerza, era una pésima idea pero, miró la corona.

Dió un paso dudoso y luego otro. Al final camino con seguridad, esperaba no encontrarse con un vaniarno, no tenía ganas de pelear ni menos iniciar una confrontación que podría acarrear vidas inocentes.

Sus dudas aumentaron cuando llegó al límite de su territorio, al otro lado estaba del enemigo.

— Esto es una estupidez, me voy a meter en muchos problemas por esta estúpida corona de flores. — Bajo la mirada hasta la corona. — ¿Por qué lo estoy haciendo? Malditos Vanir. — con enojo avanzó, aunque está vez con cautela.

El bosque no parecía tan diferente al que estaba dejando atrás, el mismo piar de los pájaros, en la lejanía noto un venado, un venado que reconoció con facilidad.

— Traidor. — Soltó mirando fijamente al venado que se quedó quieto al sentir los ojos marrones. — Vete. — Ordena y el venado obedece, veloz huye.

Shikamaru no pudo evitar reír suavemente, aunque su momentánea diversión fue cortada al escuchar un ruido, específicamente el crujir de varias ramas. Abrumado por ser encontrado, busco un lugar para ocultarse, estaba lejos para volver a su territorio.

Antes que pudiera correr, una soga en sus pies lo hace tropezar, provocando que caiga al suelo.

— ¡He cazado a uno gordo! — Burló el vaniarno.

— Tsk. Te vas a decepcionar si conoces a mi amigo, ese si está más grande. — Shikamaru no pudo evitar soltarlo.

— Por lo que veo tu presa tiene un buen sentido del humor. — Soltó una voz femenina. Cuando levantaron al muchacho, ella abrió los ojos. Igual que el resto. Shikamaru supo que habían notado su pequeño escudo de Aesir.

— Vaya, al parecer un conejo quiso sumarse a nuestro juego sin invitación. — Burló el que lo había atrapado.

— Oye, las cosas entre nuestro pueblo están tensas, será mejor que olvidemos esto, solo viene para dejar esto. — Mostró la corona que ahora le faltaba un par de flores.

Los muchachos soltaron una fuerte carcajada, ella se hubiera sumado pero tenía las mejillas rojas, era su corona, la cual había estado haciendo a ocultas de sus amigos y hermanos, miró al muchacho.

— ¿Crees que te vamos a dejar? — Uno de ellos pico al moreno con un palo.

— Para. — Ordenó. — Si quieres pelear, pide un combate y haz una fila, tomarás tu turno cuando llegue a tu número.

— Eh, pero miré. — Daimaru molesto le toma del cabello para jalarlo hacia atrás, con enojo escupe. — Quiere dar orden en lugar que no pertenece.

— Habrá que enseñarle educación, ya que en su tierra lo miman. — Kankuro sacó su cuchillo.

Shikamaru no tenía ganas de agrandar el problema, pero tampoco quería perder un ojo o lo que sea sin haber luchado, sería una vergüenza. Miró a la rubia, y supo que ella no lo iba a ayudar, maldijo por lo bajo. Tiro la flor hacia el que se acercaba con la daga, desconcertando por un segundo, segundo necesario para dar un codazo en el estómago que lo tenía sujeto.

— ¡Ah! — Se quejó por el dolor, llevando ambas manos a su estómago. Eso fue suficiente para que Shikamaru desnude su espada y corte la soga que lo retenía.

Retrocedió y apuntó su filosa espada en el rostro de Daimaru.

— Dejarme ir y nadie saldrá lastimado. — Condiciona.

— Somos cinco contra uno, ¿Crees poder ganar?

Sintió un sudor frío al escuchar una nueva voz masculina, lo peor es que no sabía dónde estaba ubicado, el que tenía la daga le hace una señal para que mire atrás, lentamente lo hace, sin embargo, sintió un piquete en su cuello y pronto la vista se le nublo notando una mancha rojiza y marrón saltando de un árbol. Cayó al suelo como si se tratara de un costal de papas.

— Muy bien Matsuri. — Kankuro felicito guardando su daga. — Tenemos un nuevo rehén, sin duda alguna los asgardianos se están haciendo más estúpidos. — Ríe.

Daimaru se levanta, miro molesto al enemigo que había caído al suelo de forma estrepitosa, sin contener su enojo por haberlo golpeado y apuntado con su arma delante de su amada, le dió un fuerte puntapié que provocó la risa de Kankuro.

— ¡Quieres parar, imbécil ya está desmayado! — Temari sintió un nudo, no había podido defender al muchacho como él lo había hecho, aún recordó su mirada de decepción en espera que hiciera algo ante de que él lo hiciera. — Lo mejor será que lo dejemos en su territorio. — Murmuró en un hilo de voz que nadie escuchó.

— Papá se pondrá feliz. — Kankuro amarró los pies y manos del rehén.

— Su rostro me recuerda a alguien. — murmuró el pelirrojo.

— Puede que sea alguien importante. — Matsuri intentó ayudar en las conjeturas de Gaara. Y Temari parecía que estaba entrando en una crisis de culpa.

— Oye. — Kankuro la despertó. — Gracias por la ayuda. — Burló. — Al parecer deberías optar por servir en la cocina como mamá. — Su carcajada fue interrumpida por un fuerte golpe en el estómago que le quitó el aire.

— Te lo tenías merecido. — Gaara miró a su hermana que después del golpe se había retirado, pero había notado que llevaba algo entre sus manos.

Shikamaru despertó por algunos murmullos que luego se volvieron lamentos. Noto una luz que lastimó sus ojos, al notar las rejas, se espanto. Corrió hasta ellas pero algo lo detuvo, con fuerza lo jalaron hacia atrás, su cuerpo golpeó con el suelo de piedra lisa, todo el aire lo sintió salirse y los huesos crujieron.

Apretó la quijada con dolor y miró atrás, unas gruesas cadenas lo retenía, estaba pegada a la pared del fondo, y el otro extremo, sus dedos siguieron el recorrido hasta tocar en su cuello con un metal. Lo tenían como un perro.

— ¡Que fastidio! — Gruño molesto, molesto con su grandiosa idea de regresarle la corona de flor a aquella rubia. Ahora su condena sería esperar hasta un tratado de paz o hasta su muerte, lo segundo era más factible, después de todo la enemistad de los Vanir y Aesir era tanta qué el resto de los nueve mundo estaban al tanto. — Y yo de imbécil me dispuse de ser un caballero para esa cobarde vaniarna. — Apretó su quijada con enojo.

En el fondo de la oscuridad de la prisión, estaba la misma rubia, apretó la corona que ya no quedaba ni un solo pétalo, tenía un nudo en la garganta, ella no era una cobarde. Solo, solo que no sabía porque se había congelado al volver a verlo. Se sentía molesta consigo misma.

— Temari. — La voz de alguien conocido la vuelve a sacar de aquella sensación. — ¿Te encuentras bien?

— Matsuri todo fue mi culpa. — Temari miro los ojos de la castaña que no entendía nada, no quiso darle más información, tan solo quiso salir del calabozo donde mantenía a los enemigos, era una prisión subsuelo, en dónde la temperatura era alta por una pequeña fogata que siempre la mantenía encendido para que el aire sea más limitado y el calor los vuelva loco.

fin.


Nota: investigando sobre la mitología nórdica me encontré una enemistad por dos bandos: Æsir y los Vanir, el primero son los conocidos asgardianos y los segundos son dioses que viven en Vanaheim. Ambos bandos están en una constante tensión de enemistad (lo cual tome este punto para crear este fic), al punto en que al fin tuvieron una guerra que duró varios años (el motivo de la tensión y guerra fue que uno de los dos bandos quería gobernar sobre el otro y sobre el resto de los nueve mundo). Y al final, cuando notaron que muchos guerreros de ambos bandos habían perdido sus vidas, decidieron dar un tratado de paz: intercambio de rehenes y concertaron matrimonios entre ellos.