¡Hola chicos! Esta historia que están a punto de lleer tiene ya 5 años... tal vez más de alguno la haya leído en aquel año del 2018, pero decidí volver a comenzar de cero. Fueron años duros, y escribir de vez en cuando me trae la paz que necesito para desconectarme de vez en cuando. Tengo tantas historias por contar que no aguanté decidí volver a este maravilloso mundo de los Fanfic.

Amo One Piece, amo a Luffy y amo a Nami. Solo quiero que sean felices, y en mi mente ambos lo son juntos.

Espero que disfruten de este nuevo comienzo (dejaré la versión antigua de todas formas para aquellos que quieran repasarla jaja, pero tomen esta versión como la versión "remasterizada"), en estos 5 años muchos personajes, paisajes he historias se unieron a One Piece, por ende también lo harán aquí :)

Esta historia era un colección de One-Shots, por tanto los capitulos serán independientes entre sí y en distintos tiempos de la historia.

¡Disfruten!

Época: Año 5 de la Nueva Era, 5 años luego de la Gran Guerra por el One Piece.

Llanto y ¿Canto?

Pasada la media noche, los ronquidos quejumbrosos de cierta tripulación se veían apaciguados por el suave cantar de las olas en medio del East Blue. El balanceo suave del barco meciéndose en las olas era el perfecto acuno para dormir en paz y silencio mientras la flamante bandera de Los Sombreros de Paja se movía al compás.

La noche estrellada se veía resplandeciente y el caluroso día de verano mantenía a todos atontadamente dormidos.

Todo era paz y armonía… excepto para una primeriza pareja.

— ¿Qué te sucede cariño? — La joven madre mecía con amor en sus brazos a un pequeño bebé.

El recién nacido, haciendo pucheritos, lloraba desenfrenadamente con llantos suaves y tristes. Su rostro permanecía arrugado mientras se ahogaba en lágrimas de angustia, apretando sus tiernos puños con fuerza. Su madre permanecía sentada contra el respaldo de la cama, intentando calmarlo sin éxito alguno.

—Seguramente tiene hambre. —El padre dijo, cansado y frustrado, mientras sacaba la almohada debajo de su cabeza para tapar su rostro y apaciguar el sonido.

—Pero si le di leche hace menos de una hora, Luffy…— Su esposa lo miró cansadamente, después de todo, el bebé los había despertado del pacífico sueño que no había podido conciliar hace días. Se acomodó con el bebé aun llorando entre las grandes almohadas y cerró los ojos momentáneamente, meciendo al bebé de derecha a izquierda.

—Es un Monkey, Nami… —Luffy sacó la almohada de su rostro tirándola a sus piernas y mirando al techo. Pasó sus brazos cruzados por detrás de la cabeza y miró a la mujer a su lado, como si sus palabras fueran la respuesta más obvia.

Nami le devolvió la mirada un par de segundos con el ceño fruncido y luego suspiró derrotada.

—Maldita sea tu genética… —Graznó entre dientes y deslizó la correa de su sedoso camisón por su hombro. Con delicadeza, acercó al pequeño bebé a su desnudo pecho del cual comenzó a beber silenciándose de inmediato.

Con una suave sonrisa de suficiencia y ante la molesta mirada de su esposa, Luffy se levantó de su posición y recostó su cabeza en el desvestido hombro de la navegante. Cerró los ojos lentamente mientras la madre alimentaba al pequeño, suspirando pacíficamente en un gesto de compañía. Luego de unos minutos el bebé se retiró satisfecho, y tras ser masajeado rítmicamente en su pequeña espalda, el pequeño sucumbió al mundo de los sueños.

Nami lo acomodó delicadamente a su lado y se recostó de espalda a su esposo, quien la recibió envolviendo sus brazos alrededor de su estrecha cintura no sin antes acariciar la barriguita de su pequeño. El capitán escondió su rostro en el cuello de su esposa apretándola contra su cuerpo y respiró su dulce aroma antes de cerrar los ojos y volver a dormir. Nami se dejó abrazar, escuchando los suaves ronquitos de Luffy, y con una divertida sonrisa, cerró también los ojos para volver a dormir.

No pasó ni un minuto cuando los fuertes llantos de su bebé volvieron a despertar a los primerizos padres. Los ojos de pelinegro se abrieron del susto y pudo jurar que casi se le salieron del rostro como un efecto de su Gear 5th. Nami volvió a tomar al pequeño entre sus brazos y con cara de confusión, examinó al infante.

—No sé qué es lo que quiere… ¿Debería llevarlo con Chopper? ¡¿Tal vez le pasa algo?! —Dispuesta a levantarse rápidamente, sintió ronquidos a su lado.

Nami levantó su mano echa puño, y tras golpear la cabeza de su esposo, este se levantó de un salto. Si bien muchas cosas habían cambiado entre los dos, algunos permanecían como el primer día.

— ¡¿Qué rayos te sucede?! — Se acarició el chichón, reclamando y provocando nuevos llantos del bebé más intensificados.

— ¡Solo ayúdame! Yo también tengo sueño, pero no sé qué es lo que le pasa a Ed… —Luffy acercó el rostro a su pequeño hijo, rosando su mejilla con sus azabaches cabellos y chocando frente con frente. Se alejó y lo miró con molestia, cansado.

—No estás afiebrado… ya para el lloriqueo Ed, tu papá y mamá quieren dormir… —Como si no fuera lo suficiente insensible, abrió la boca. —O si no, Nami te dejará solo en la cubierta para que aprendas a no llorar como niñit-

— ¡¿De qué estás hablando idiota?! — La mujer apretó el agarre en su bebé y miró asesinamente a Luffy.

— ¡Era una broma, Nami! —Soltó una juguetona risa, sobando su cabeza torpemente.

Su esposa tendía a ser exageradamente sobreprotectora con el hijo que recientemente tuvieron, llegando a ser un tanto agresiva, pero por suerte, no tanto como antes.

Los llantos del pequeño seguían y ninguno de los primerizos padres sabía qué hacer. Luego de minutos en que intentaron hablarle, darle de comer, mudarlo y mimarlo, ninguno de los dos pudo lograr apaciguar su pena. Nami le mostraba coloridos y tintineantes juguetes para llamar su atención, mientras que Luffy moldeaba y estiraba su cara a su antojo para divertirlo, pero nada lograba calmarlo. Dando un suspiro cansado, la colorina vio de reojo como su esposo empezaba a tambalearse del sueño, y sin saber qué hacer con el ahora fuerte y quejumbroso llanto del pequeño, se levantó con él en brazos.

— ¿A dónde van? —La adormilada y preocupada voz de Luffy preguntó en la oscura habitación.

—Lo llevaré afuera para que puedas dormir un poco… sé lo cansado que estás. Solo duerme un poco, volveremos luego. —Le sonrió con cariño, besó rápidamente su mejilla y tomando una manta se alejó por la puerta con el pequeño Edward.

El padre se quedó en silencio escuchando como los llantos y la dulce voz de Nami consolando a su hijo se hacía cada vez más lejanos. Con el ceño fruncido, se acostó de golpe rebotando en el colchón. Un escalofrío recorrió su cuerpo al estirar su brazo y sentir el frío de la cama que dejaron ambos al irse. Intentando conciliar el sueño, giró y giró entre las sábanas completamente en vano. Sin la compañía de su esposa y su hijo, definitivamente no podría dormir aunque el sueño lo estuviera matando.


Nami caminaba de un lado al otro por la silenciosa cubierta de césped del Sunny. A pesar de que el llanto no había parado, este se había convertido en un quejido más bajo y angustioso, siento el bebé un mar de lágrimas y tristes pucheros. Honestamente, si seguía así, Nami se largaría a llorar con él. La frustración de ver a su bebito así le estaba destrozando el corazón, era la primera vez desde el nacimiento de Edward hace unas semanas que el bebé lloraba de aquella manera.

— ¿Qué pasa contigo hoy cariño? Tal vez tuviste una pesadilla, aunque Chopper dijo que los bebés no tienen pesadillas hasta después… ¿Tal vez te duele algo? Debería llevarte con Chopper. —Llegó a la barandilla del barco y contempló el mar con calma.

Era una noche calurosa, pero la brisa marítima era un aire refrescante. Su largo cabello anaranjado se elevaba en sintonía con el viento mientras seguía observando a su bebé con sumo cuidado acunado en sus brazos. El viento pareció calmar al pequeñito, quien por un par de segundos apaciguó su llanto y abrió sus ojitos para encontrarse con los de Nami. Avellana con avellana chocaron mágicamente y el bebé se silenció completamente bajo la amorosa mirada de su madre.

—Hola mi amor… —Sonrió cosquilleando su pancita. El bebé soltó un sonido de regocijo y la colorina al fin sonrió un poco más tranquila. —Parece que querías tomar un poco de aire fresco… ¿Eh? No asustes así a mamá.

Observando al bebé un par de segundos y después de darle suaves besos en sus regordetas mejillas, miró detalladamente al pequeño. Su cabello azabache claramente era producto de Luffy, pero sus ojos deletreaban su nombre como si se trataran de los mismos que ella. Acercó su dedo al pequeño y sintió su suave agarre aferrándose a ella.

Que fascinante eran los bebés.

— ¿Quieres escuchar una canción?


Luffy aún intentaba dormir. Giraba de derecha a izquierda y luego de izquierda a derecha. Se tapaba con las sabanas y luego las alejaba. Abrazaba la almohada y luego la tiraba. Miró al techo resignado y dio un bufido de resignación. Definitivamente no podía dormir por mucho que lo intentara hasta que Nami y Edward volvieran. Agarró la sabana nuevamente para taparse, cuando un suave tarareo llegó a sus oídos. Se sentó en la cama y miró a la puerta, prestando atención sin saber si era su mente adormilada o la realidad.

Una dulce canción sonaba a lo lejos. Casi como si fuera hipnóticamente llamativa, se levantó de la cama con curiosidad, su sombrero quedó sobre el pequeño velador de la cama y salió a paso lento de la habitación. La oscuridad invadía el barco y los fuertes ronquidos de sus Nakamas le indicaban que no habían despertado por los fuertes llantos de su hijo. El silencio era abrumante, pero se volvió cálido cuando la dulce melodía volvió. Asomándose al balcón que daba a la cubierta, la imagen que había debajo le sacó una sonrisa instantánea.

Su hermosa mujer estaba apoyada en la barandilla, con su pequeño bebé envuelto en una gruesa manta mientras lo sostenía contra su pecho. Sus labios se movían naturalmente con una melodiosa canción.

"Desde que era pequeño canto una canción

Que calienta mi corazón soñador

Juntos, cantábamos una melodía secreta

Me gustaría poder cantarla mejor esta vez"

El pecho de Luffy se llenó de una calidez indescriptible como Nami siempre lo hacía sentir. Se quedó de pie observándola con una boba sonrisa, apoyando sus codos en la barandilla y colocando su cabeza entre manos, mientras la voz de Nami seguía.

"Pero ahora, sigo suspirando

Incapaz de encontrar mis propios sueños

El largo cabello de Nami brillaba bajo las estrellas mientras sus ondas parecían bailar con el viento. Su sedoso camisón color perla se aferraba a su esbelta figura y sus achocolatados ojos permanecían en su hijo. Caminaba lento de un lado a otro con el ahora dormido bebé.

"Si pudiera retroceder el tiempo

Llévame al momento en que no conocía las lágrimas

Cuando no sabía del dolor

Así la soledad no podrá alcanzarme"

Mirando a su esposa e hijo, no pudo evitar pensar en lo afortunado que era al tenerlos.

Claro, desde que formó a la tripulación no podía dejar de pensarlo, pero Nami y Edward le daban un sentimiento completamente distinto.

Nami, la mujer que antes de ser la mujer que ama y su compañera de vida, siempre fue su mejor amiga y fiel Nakama. Ella era todo lo contrario a él: delicada, inteligente, ordenada y orgullosa. Pero era la razón del porqué era perfecta para él. Nami era quien lo hacía pisar tierra firme cuando lo necesitaba y quien lo había guiado a cumplir su sueño. Ahora, convertida en su esposa, Reina y amante, también era la madre de su pequeño.

Cuando parecía haber tenido todo lo que deseaba y ser completamente feliz, llegó a la vida de ambos Edward. Con solo un poco más de un mes, el pequeño tenía un obvio parecido a él en cuando apetito y energía. Edward había sido una noticia difícil de digerir, fue la alegría más grande que llegó a sus vidas, pero también el mayor temor que pudo recibir. Sabía lo difícil que se volvería todo y el cómo criarlo en la situación en que estaban, peor aun cuando se trataba del hijo del mismísimo Rey Pirata.

Edward era su más grande logro, y se prometió a sí mismo protegerlo a él y Nami aunque le costase la vida, porque ahora ellos eran los nombres de sus sueños. Después de todo, el pequeño llegó a su vida por obra del destino, el fruto del amor entre capitán y navegante y la señal de que el legado de los "D" continuará hasta el fin de los tiempos.

"Si el mundo llegara a cambiar

Llévame a la época en que no sabía nada

Llévame contigo

Para que mis recuerdos no se marchiten

Cuando no conocía el dolor

Así la soledad no podrá alcanzarme"

Nami, Edward y sus Nakamas eran su familia, eran todo lo que tenía y algunas veces se le olvidaba agradecer al destino por ponerlos en su camino.

— ¿Luffy? —La voz de la navegante lo sacó de sus pensamientos. Parpadeó un par de veces antes de enfocarse completamente en ella. La luna seguía brillando intensamente dándole un luminoso y bello color al curioso rostro de su esposa, quien lo miraba desde la cubierta. — ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías durmiendo…

—No podía dormir si no estaban ahí… —Le respondió despreocupadamente. Nami le sonrió tiernamente mientras se sentaba bajo el mástil central. Palmeó suavemente a su lado, indicándole a su marido que la acompañara.

Estirando los brazos, Luffy envolvió los brazos la parte alta del mástil y se impulsó a él. Antes de chocar, apoyó los pies en la madera y se deslizó silenciosamente hasta abajo, cayendo sentado al lado de su esposa. Bajó la vista al pequeño Edward y abrió la boca sorprendido al percatarse de lo pacífico que ahora lucía al dormir bajo el arrullo de Nami. Pasó su brazo por el hombro de la colorina y la acercó a su cuerpo, envolviendo a la vez al pequeño bebé en un fuerte abrazo.

—Bellemere me enseño esa canción cuando era una niña… —Escuchó a Nami susurrar bajo su cuerpo nostálgicamente. —Cuando me uní a… a Arlong… solía recordar esa canción para sentir que ella seguía a mi lado en aquel cuarto de mapas…

Recordando al maldito pescado, Luffy apretó suavemente el agarre sobre ambos protectoramente. Miró a su hijo por sobre el hombro de Nami y habló por lo bajo al oído de su esposa.

—Bueno… veo que logró calmarlo a él también. —Sintió una suave risita de Nami y lo llenó de tranquilidad. —Aunque lo que dice es un poco triste…

La colorina lo golpeó juguetonamente con el codo y se rio lo más silencioso posible fingiendo dolor. El bebé se movió suavemente entre sueños y ambos se quedaron estáticos con miedo a que volviera a despertar. Luego de unos minutos en que nada pasó, soltaron al mismo tiempo un suspiro de alivio.

—Nami… ¿Podrías volver a cantar?

— ¿Quieres escucharla de nuevo?

—Sip.

— ¿Aunque no cante muy bien?

—Aunque no cantes muy bien…

— ¿No es esta la parte en que deberías decir que tengo una hermosa voz?

—Siempre dices que no debo mentir.

Otro codazo. Luffy volvió a reír y besó su mejilla juguetonamente.

—Sabes que me gusta escucharte, Nami… —Sin que la viera, la colorina se sonrojó levemente sonriendo con suficiencia.

—Bien… si lo dices así…

Con un último suspiro, comenzó con la dulce melodía a petición de su molesto capitán. Varios minutos estuvo cantando, sintiendo el cálido cuerpo de Luffy a su alrededor y los recuerdos de su adoptiva madre volvieron a su mente.

Bellemere fue su madre, una espectacular madre.

Esperaba con toda su alma lograr seguir su ejemplo y ser la madre que Edward merecía.

Tan esmerada estaba, que no fue hasta que escuchó un fuerte y divertido ronquido de Luffy rosando su oído, sacándola de toda paz.

Con una risa dejó de cantar y se tiró levemente hacia atrás, recostándose contra su pecho tirando al bebé con ella. Movió la manta suavemente para envolverse con ellos y sonrió cómodamente. Miró a ambos con amor y en ese instante pensó lo que cada día pasaba por su cabeza al despertar y mirar a su alrededor.

"¿Qué sería de mí sin ellos a mi lado?"


Sin que ellos lo notaran, desde el puesto de vigía Zoro sonrió levemente a la pequeña familia recostada en el mástil, recordando nuevamente como había visto poco a poco la loca historia de amor de sus Nakamas más cercanos.

Bueno, ese es el primer capítulo. Para algunos será raro que Luffy esté un poquito fuera de personaje, pero hay que recordar que ya está más adulto y que maduró un poco más a lo que estamos acostumbrados... solo un poco. Es un hombre adulto, esposo enamorado y ahora un despreocupado padre protector.

Algunos se preguntarán porqué el nombre de Edward... en mi historia original su nombre era Alphonse, pero decidí cambiarlo en honor a Kaoru, otro creador de Fanfics que representó una gran inspiración cuando me inicié en este mundillo.

Trataré de actualizar lo más pronto posible. MarigrinLuna fuera :)