Después de tanto tiempo
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Lo último que Mikasa recordaba antes de partir fue la expresión escéptica de Eren al enterarse de que se casaría ese mismo mes con uno de sus mejores amigos, Jean. No podía interpretar completamente su mirada; había destellos de sorpresa, una felicidad mezclada con nerviosismo y un rastro de tristeza depositado en lo profundo de sus ojos.
En lo más recóndito de su ser, Eren maldecía al tiempo, el cual fue suficiente para conformar un amistad, pero poco para transparentar los sentimientos que siempre había sentido por ella, pero que sin embargo, no se había percatado hasta que la perdió, cuando vió que estaba tomada de la mano, ni más ni nada menos que con su fiel amigo Jean. - Ya veo… no pensé que todo iba tan en serio.- comentó Eren.- Tampoco nosotros, solo surgió…- Mikasa extendió nuevamente la invitación de la boda, con una sonrisa desasosegada.- Puedes ir con Historia. Eren recibió la invitación de la boda, la cual consistía en un sobre blanco, el que tenía escrito con dorado su nombre ''Eren Jaeger''. Mientras lo miraba, lo inundó una gran desolación y una amargura en su estómago, debido a su mal de amor, pero debía apoyar a su mejor amigo, y también a la mujer que tanto amaba.
Eren terminó por darle un último beso a Historia, entre su respiración agitada y los rastros de sudor gracias al polvo que se echaron. La rubia estaba sonrojada y aún le quedaban gemidos leves en su cuerpo.
- Como siempre, me sorprendes Eren.- dijo, mientras el moreno se levantaba de la cama a buscar sus pertenencias. - Quédate a dormir. - musitó Historia, a la vez que se sentaba en la cama y se cubría el pecho con las sábanas blancas.
- No vamos a tener la misma conversación de siempre, Historia. - espetó Eren, abrochando los botones de su camisa azul.
Historia sabía con gran certeza que Eren jamás la iba a amar como ella quería, o como ella lo quería a él… tenía una actitud un poco masoquista al esperar algo que nunca iba a ocurrir, al esperar que Eren la quisiese tanto como a Mikasa. A pesar de todo eso, ella seguía ahí, no podía borrar de su cuerpo y de su mente la sensación única que sentía al esta con Eren, sus besos, sus caricias, su cuerpo esbelto y musculoso, tenerlo dentro, para ella, era un ritual que compensaba toda la indiferencia que Eren sentía hacia ella.
Eso era lo que ella pensaba, pero la verdad de las cosas es que Eren si se preocupaba de ella y también le tenía afecto, pero no estaba dispuesto a amarla, él sabía que ella lo amaba más de lo que él la quería.
- Nos vemos mañana a la misma hora. - dijo Eren mientras se disponía a abrir la puerta.
- Espera. - dijo Historia, mientras se mordía el labio inferior, sabiendo que lo que diría ahora podría arruinar todo lo que quizás algún día avanzó.- ¿Supiste Mikasa y Jean están en la ciudad?
Un punto de fugaz luz se cruzó en los ojos verdes de Eren, su pecho se detuvo por un instante, su cara de sorpresa fue evidente, pero eso solo fue cosa de un segundo, porque después volvió a su cara indiferente de siempre.
- Ah…que bien por ellos. - comentó saliendo del loft de Historia, dejando rastros de su perfume detrás de él.
La verdad es que esa frase había logrado desestabilizar todas sus emociones en cuestión de segundos, la imagen de la azabache cruzó por la mente de Eren y redujo toda su indiferencia a nada. Al salir del edificio, unas gotas de lluvia lo esperaban, se apoyó contra la pared de concreto, mirando pero a la misma vez no, a la gente que pasaba con su paraguas, pensando en las ganas que tenía de ver a Mikasa, pero sabiendo que no podría tenerla como él quisiese.
Al otro día, Eren fue a su taller a proseguir con la misma rutina de siempre. Era un exitoso mecánico que gracias a sus esfuerzos, constancia y capacidad de ahorro logró hacer un pequeño taller de mecánica automotriz en el centro de la ciudad de Shinganshina, el cual era muy conocido por su buena reputación.
Estaba en overol azul marino, cuando sintió la llegada de su mejor amigo, Armin, se le veía agitado y con esa expresión que muy bien conocía Eren, llena de entusiasmo.
- ¡Eren! - exclamó al verlo. - ¡Están acá!
Eren se dispuso a cerrar el capot del auto, quitando unas gotas de sudor en su rostro y dibujando una línea negra en la frente, gracias a la grasa del automóvil que tenía en sus dedos.
- ¿Ah? - dijo, claramente sabiendo lo que quería decir el rubio. - ¿A qué te refieres?
- ¡Mikasa y Jean! - Armin abrazó con fuerzas a Eren, ignorando que podría mancharse su traje caro. - ¡Están acá!
- ¡Oye! - Eren, sonrojado, lo empujó. - ¡Te vas a ensuciar tu traje!
- Eso es lo de menos, Eren… al fin, después de tanto tiempo, podremos estar los tres juntos. - murmuró, tal cual un niño pequeño al ver su juguete nuevo.
Eren evitó con todo su ser poner los ojos blancos, con el fin de esconder el hecho de que la noche anterior había averiguado los motivos de la visita del joven matrimonio a la ciudad. En cierto modo, el moreno había eludido cualquier tipo de información de Mikasa y Jean, para el cuidado de su salud mental, un tipo de contacto cero que le había funcionado muy bien durante estos años, pero que sin embargo, las circunstancias cambiaron cualquier tipo de estrategia para olvidarla.
- Si, si… - susurró Eren.
- ¿No estás feliz? ¡Han pasado cinco años!
- Lo estoy. - dijo Eren, dibujando una sonrisa falsa en su rostro. - Solo que… tu sabes Armin…
El rubio se encogió al darse cuenta que había ignorado los sentimientos que alguna vez le confesó Eren, la verdad es que lo había olvidado. Después de tanto tiempo no se imaginaba que Eren tenía los mismos sentimientos por Mikasa.
- ¿Aún sientes… - no alcanzó a preguntar Armin, cuando Eren lo interrumpió.
- ¡Claro que no! - espetó, cruzándose de brazos. - ¡Solo que…! - Eren hizo un puchero. - Solo que las cosas no terminaron muy bien…
- Debes verlo como una oportunidad para volver a generar lazos. - dijo Armin, nuevamente poniendo su cara de entusiasmo y tomándole las manos.
-Bueno… si tu lo dices. - respondió Eren, inseguro de su respuesta.
Mikasa salía de su vieja casa, en el barrio el cual se crio. El lugar le hacía retomar varios recuerdos que había dejado atrás al mudarse de ciudad con su esposo, Jean. Sentía demasiada nostalgia, su pecho se apretaba con fuerza al darse cuenta que nada podía volver a ser igual que hace diez años, cuando el centro del universo para ella, era Eren.
Sonrió y suspiró, se dispuso a caminar vagamente por las calles de su barrio, viendo como aún quedaban niños que se dedicaban a jugar, en esta era de la tecnología. De repente y sin darse cuenta, algo, o más bien, alguien chocó contra ella, interrumpiendo su tranquilidad.
- ¡Oh, lo siento! - dijo aquella persona, sacando su capucha que cubría su rostro.
- ¿Eren? - musitó Mikasa.
- Mikasa…
Fueron algunos segundos que sus ojos se plasmaron mutuamente, la temperatura subió y el nerviosismo surgió como si fueran adolescentes. Mikasa llevaba el pelo más largo de lo normal, como siempre se veía con una piel espléndida, sus ojos negros reflejaban a Eren, sus labios tenían ese color rosado que los hacia deseables, esos labios de aquella persona que era especial, que le brindó amor y esperanza de una manera única e inigualable.
Mikasa igualmente observó a Eren… y no podía mentir, joder, estaba magníficamente hermoso, su pelo largo lo hacía ver demasiado varonil y su musculatura había crecido en todo este tiempo. Mierda, pensó, no debería ver a Eren con esos ojos.
- No sabías que estabas acá… - dijo el moreno. Claramente sí lo sabía, incluso había ido esa misma tarde a la casa de su madre para poder toparse a Mikasa, haciéndolo pasar por casualidad.
- Si bueno… pocas personas lo sabían… - nuevamente hubo un silencio, pero un silencio cómodo. Ninguno de los dos sabía cómo entablar una conversación, especialmente por cómo había sido la última.
- ¿Viniste a ver a tu madre? - dijo Mikasa.
- Eh… si, me invitaron a pasar el dí… - apenas dijo eso, cuando sintió unas manos rodear su cuello. Inmediatamente se dio cuenta de quién se trataba.
- ¡Jean! - exclamó Eren, mientras se zafaba de su agarre.
- ¡Hey! - dijo Jean, con una gran sonrisa. - ¡Estás mucho más fuerte que antes!
Eren río, se sentía como un niño pequeño. - Pues he entrenado duro, no hay descanso para mi. - dijo, con cierta alevosía.
Se miraron, contemplando que el tiempo en verdad había pasado, ya eran todos unos adultos, las diferencias que tanto habían generado peleas entre ellos dos, se dejaron atrás y sellaron ese pacto con un abrazo fuerte y frondoso.
- Que gusto verte, man… - dijo Jean, golpeando la espalda de Eren.
- Ya era hora que vinieras. - respondió Eren, sin evitar poner sus cachetes rojos.
Su felicidad se opacó al ver que Jean tomaba de la mano de Mikasa, pero lo trató de ocultar, sonriendo aún más. La azabache igual parecía incómoda, a algo tan natural como lo era darse de manos.
- Estas invitado a ir a almorzar un día en nuestro apartamento, tenemos mucho de lo que ponernos al día. - dijo Jean, con una gran sonrisa dibujada en su rostro.
- C-claro. - añadió Mikasa. - Sería bueno también invitar a Armin… creo que aún es pareja con Annie, ¿cierto?
- S-si. - respondió Eren.- Ahí está la pareja de rubios. - río nerviosamente. - B-bueno, yo tengo que seguir con mi trote… no quiero que mi cuerpo se me enfríe, ¡estamos en contacto! - exclamó, corriendo con una energía de maratón.
- ¡Jajajajaja! - exclamó Jean, acto seguido le dio un gran beso en la mejilla a su amada. - Ese Eren… no cambia… - murmuró mientras su espalda desaparecía por las calles. - Bueno, ¿nos vamos mi amor?
- S-si. - dijo Mikasa, mientras colocaba un mechón detrás de su oreja, sonrojada, pero no por el beso que le había dado su esposo, sino, por los sentimientos que llevaba oculto en su corazón.
Fin del capítulo I.
