Le veía pelear, con una gran sonrisa la mayoría del tiempo, con una facilidad que en verdad le sorprendía, lo rápido que aprendía, lo rápido que mejoraba, lo rápido que parecía alcanzarlo cada vez más.

Aunque sabía que estaba exagerando.

Pero de alguna forma admiraba a aquel joven chico de cabellos color vino y ojos violeta, a aquel aprendiz cazador de demonios que no dejaba de sorprenderlo.

—Tanjiro...

Ese era su nombre, lo repetía mientras se veía en aquel espejo en su habitación, aquel joven chico de cabellos negros y puntas azules suspiraba mientras lo decía... Una y otra vez, ¿parecía un loco? Tal vez. Pero no podía evitarlo.

Al mismo tiempo, cepillaba su larga cabellera, Muichiro Tokito estaba agotado. Al mismo tiempo, su cabello húmedo dejaba caer gotas por su rostro, tan frías que lo devolvían por un momento a la realidad.

Pero luego volvía a fantasear.

Su corazón latía rápido cada que pensaba en él, cada que una imagen aparecía en su mente, ¿la única explicación razonable? Claro que era admiración hacía él.

Hacía Tanjiro Kamado, el chico que demostró alcanzar lo inalcanzable.

Quería acercarse, quería charlar, quería aprender más de él...

Pero joder, Tokito era lo suficientemente tímido como para mandarlo muy lejos con solo la mirada cada que se acercaba.

No era él, ¡Aquel era su rostro!

¿Cómo explicaba el hecho de solo no saber cómo convivir?

No había forma...

Tokito terminó de cepillar su cabello aún húmedo, decidió dejarlo así, luego procedió a recostarse listo para descansar aquella noche.

Cerró un momento sus ojos, pero el universo parecía conspirar en su contra.

Porque incluso el solo hecho de cerrar sus ojos parecía indicar una alarma para que apareciera aquel muchacho de cabello color vino con una gran sonrisa en su mente.

Por un momento pensó que podía estar enloqueciendo. Aunque sabía que no era así.

Aún pensaba, aún podía enlazar ideas, durante el día mantenía su cabeza ocupada mientras entraba sin descansar, mientras sudaba y sentía sus piernas caer y sus brazos salirse de su cuerpo por tantas horas de práctica, de esa forma podría evitar... Ciertos pensamientos.

Pero era la noche en dónde todo se volvía un caos, sin algo en qué enfocarse, sin algo con que distraerse, sin algo a lo cual voltear a ver, nada más que a él.

Entonces... ¿qué?

Sus sentimientos eran un laberinto sin salida, uno que en cuanto más trataba de salir, más se envolvía sin poder encontrar una salida o una explicación.

Dió vueltas y vueltas en su futón, se destapó, sentía frío y volvía a cubrir su cuerpo, daba una vuelta más, suspiraba, volvía boca arriba, hacía el mismo procedimiento anterior una vez más, luego cerraba sus ojos... Y él aparecía.

De pronto, llegó a su cabeza la primera vez en qué conoció a Tanjiro, tan tranquilo, tan lleno de serenidad, como si nada en el mundo estuviera mal, lo recibió con una cálida sonrisa aún sin conocerlo. Pero luego recordó que eso hacía con todos.

Tanjiro era demasiado gentil. Y eso de alguna forma le molestaba.

Pero no lo negaba, la paz que sentía estando a su lado era sencillamente indescriptible, hasta cierto punto entendía el porque la mayoría quería estar a su lado...

¡Mierda!

Sabía que no iba a poder dormir en un buen rato, pues aquel intruso de negaba a dejarlo descansar en paz.

Miro los tenues rayos de luz atravesando una pequeña rejilla de su ventana, no parecía ser tan noche...

Por lo que, algo atolondrado y estresado por las dos horas que había pasado dando vueltas en su futón, decidió levantarse, sacudir sus ropas, amarró su cabello con una delgada liga y decidió salir en una aventura en la cuál, su objetivo era aclarar sus pensamientos. Así como sus sentimientos.

Cuando cruzó el umbral de la puerta, un viento helado caló sus huesos, los hizo doler un poco de forma interna.

Miro al rededor, todo estaba en total tranquilidad, la escasez de luz de luna era suficiente para alumbrar un camino el cuál decidió seguir por mero instinto, no era exacto, de hecho... Se perdía entre las ramas y pasto, pero decidió seguir caminando sin un rumbo exacto.

Los grillos de fondo eran su única compañía, aunque no lo suficientemente como para poder distraerlo totalmente.

"Ni siquiera yo sé qué siento, días enteros preguntándome sin ser certero...

...Perdiéndome en una batalla que ni siquiera sé cuándo ha empezado.

O si quiera sé si es una batalla...

¿Qué es?

¿Qué es pará mí?

¿Qué se supone que es este rápido latir?

No me pesa verlo, no me pesa una charla tranquila con él.

¿Pero por qué la noche parece atormentarme como si fuese una droga o una pesadilla?"

Tokito no tenía ni la más mínima idea de cómo fue que empezó todo aquello... Sólo... Lo hizo... Tanjiro se introdujo en su cabeza como una pequeña piedra, aunque no resultaba molesto en lo absoluto.

Poco a poco se fue haciendo dueño de sus pensamientos día y noche, al despertar, al dormir e incluso antes de.

Con el ruido de la ramas bajo sus pies al pisarlas, de pronto pudo salir de su pequeño gran trance. Pues había escuchado una romperse con un ruido más alto de lo normal.

Se detuvo en seco, pero aquel ruido volvió a resonar junto con un corte de aire. Sabía lo que eso significaba.

Alguien, por alguna razón, estaba entrenando a esas horas de la noche.

Pero... ¿Quién?

Tokito siguió el ruido de aquellos cortes y ramas siendo destrozadas ante cada movimiento.

Ante cada ruptura del viento.

De vez en cuando ramas salían hacia su rostro conforme se acercaba, sin embargo, las esquivaba por mero instinto.

A pesar de todo, era un buen ejemplo de pilar.

Eso era indudable.

Poco a poco se abrió paso entre el abundante pasto, y cuando menos lo imagino, se hallaba frente aquel muchacho que tanto lo había atosigado durante todo este tiempo.

—Tanjiro... ¿Qué haces aquí?

Habló, casi en un susurro, sus ojos brillaron, combinándose con el cielo azul marino y estrellas junto a la media luna, y Tanjiro lo notó.

No hizo más que sonreír mientras bajaba su katana, dando un saludo en un profundo suspiro que demostró lo cansado que estaba.

—Buenas noches, Tokito.— Hizo una breve pausa, tomó otra gran bocanada de aire y dijo: — Perdóname, ¿He hecho mucho ruido?

—No... No... Nada de eso, yo he salido a caminar por mi cuenta.

—Oh, eso es bueno, ¿No podías dormir?

—Exacto.

Y así, ambos se quedaron en silencio por un par de segundos, a veces Tokito se maldecia por ser una persona tan tranquila, tan introvertida... Pues de ser como Kanroji muy probablemente ya hubiese proclamado lo que sentía a los cuatro vientos.

Pero no, estaba ahí, de pie mirando a la nada con un leve ataque de pánico por buscar un nuevo tema de conversación, o Tanjiro se iría. Y no quería eso.

—¿Qué hacías entrenando tan tarde?— Soltó de repente, sorprendiendo un poco al chico de cabellera rojiza.

—Oh... Eso... Zenitsu me mantuvo lo suficientemente ocupado en el día... Por lo que tomé este horario para hacer mi entrenamiento. ¿Está mal o algo así?— Aquello último lo menciono con un toque de terror, pues temía ser castigado.

—Para nada, mientras no lo sepa el patrón creo que todo está bien, no sería muy agradable ver un demonio ahora.

—Sí... Tienes razón, Tokito.

Tanjiro finalmente calmado se dejó caer en el pasto y ramas que había cortado tan solo unos minutos antes, era como un colchón muy cómodo hecho por la naturaleza con un poco de su ayuda, Tokito optó por sentarse a su lado, no acostarse como Tanjiro había hecho.

Mirándolo de reojo, hizo todo lo posible por no sonreír.

—El cielo hoy es hermoso.— Dijo el joven de cabello rojizo, mientras aquel de puntas azules lo volteaba a ver, y fue entonces que pudo visualizar el cómo en los ojos de Tanjiro se veían aquellas estrellas reflejadas con un leve destello por la admiración con la cuál él las observaba.

"Es hermoso"

Mencionó para sí mismo, muy, muy en el fondo. Y con ello, sabía que no se refería a las estrellas en aquellos ojos. Era algo más.

—Es extraño que esté así de tranquilo.— Dijo Muichiro.

—¿Qué?

—En realidad, no salgo mucho, no miro al cielo y mucho menos a las cosas o personas a mi alrededor, es extraño que algo pueda llamar mi atención...

Tanjiro quedó sin saber que decir, pues a decir verdad, ni siquiera sabía que era lo que Tokito trataba de decir, sin embargo, se veía tan concentrado en lo que decía que prefirió no interrumpirlo.

De pronto, en sus mejillas se pinto un bello color carmín muy claro, pero visible ante la mirada analizadora.

—...Hay veces en las cuales volteo, pero cuando me percató de las cosas, no me parecen relevantes, no hay algo que tomé mi atención por más de cinco minutos, pero... Hay algo...

Y fue entonces que guardó un momento de silencio, analizando de forma interna las siguientes palabras que podría decir.

—...Hay algo que ahora llama mi atención, y aunque pasen los días, no se detiene, está ahí... ¿Es acaso eso malo?

Tanjiro lo analizó por un instante, pues si era sincero, no tenía ni la más remota idea de lo que podía decir.

—Es bueno tener pasatiempos, supongo.

—No, no es un pasatiempo.

—¿Es acaso...?

—Una persona.

Y ahí Tanjiro lo supo, por lo que le siguió una sonrisa enternecida. Muy probablemente era el primer amor de Tokito Muichiro.

Si bien no era un experto en el amor, sabía que podía llegar a ser algo sumamente complicado, más aún en la edad en la cuál él pequeño chico se encontraba, pensaba en un buen consejo, algo que le pudiera ayudar.

—No puedo decir si es que serás correspondido o no, Tokito... Tampoco sé de quién se pueda tratar, pero puedo decirte algo que probablemente te ayudará...

—Es que... A decir verdad, es complicado.

—Nadie dijo que no lo fuera.

Tokito guardo silencio y miro de forma detenida a Tanjiro, y aunque no sabía que se trataba de él mismo, decidió escuchar, pues tampoco era tan confianzudo para lanzarse y robar un beso a su acompañante.

Aunque fuera lo que más deseaba.

—El amor es extraño, Tokito. Jamás he sentido algo así, lo ví con mis padres, hasta que mi padre falleció, pero jamás había visto una demostración tan pura como tal... Siempre pensé, desde entonces que si una vez me enamoraba, buscaría algo como aquello con lo cual crecí.

» Aún no puedes saber si esa persona te aceptará, pero tampoco des por sentado que no se logrará, el acercamiento es bueno, pero tampoco lo disfraces de una amistad, es bueno ser directo, pero no vayas tan recto... Es decir...

—¿A ti como te gustaría que llegarán a darte una señal?— Interrumpió Tokito de forma repentina, hacía pensar a Tanjiro aún más.

—Una flor, me gustan las flores, tienen un aroma muy suave y relajante.

Mirando hacía el frente, Muichiro sonrió de forma leve.

—Entonces, ¿Debo de dar algún tipo de atención sin disfrazarlo de amistad?

—Si quieres algo seguro, creo que sí.— Tanjiro río con nerviosismo.—. No soy un profesional es esto, desde que empecé a ser cazador de demonios ni siquiera me he dado tiempo de pensar en otras situaciones, lamento no poderte ayudar tanto como quisieras.

—No te preocupes.— De alguna forma, aquel chico de puntas azules se veía mas tranquilo ahora, si bien su corazón aún latía rápido, ahora también latía en paz.—. A decir verdad, me has ayudado más de lo que pensé.

—Me revolví mucho, no sirvo para dar consejos de esto.— Contestó apenado.

—Me has señalado cómo empezar, creo que eso sería un gran paso.

Tokito se levantó de golpe, con una amplia sonrisa que Tanjiro no pudo alcanzar a ver. No había hecho nada, solo intercambio un par de palabras, se abrió más de lo que quiso al momento de hablar... Pero no se sentía mal.

Eso era bueno, ¿Cierto?

—Me alegra que te sientas mejor, Tokito.— Ahora Tanjiro fue quien se sentó en la copia de colchón hecha de pasto.

—Gracias.— Tokito volteó, y fue en ese momento en el que Tanjiro vió aquella leve sonrisa colocada en los labios de Muichiro, además del brillo tan especial colocado en sus ojos, y no pudo evitar pensar en lo hermoso que se veía aquella imagen bajo la plena luz de luna, instantáneamente un sonrojo se colocó en sus mejillas.—. Creo que ahora podré descansar un poco. Tampoco tardes en ir a descansar, buenas noches.

Y vio como Tokito se daba la vuelta para comenzar a caminar de nuevo a su habitación. Si bien no sabía muy bien lo que había pasado, incluso él se sentía tranquilo de muchísimas formas.

"Es lindo."

Pensó como último antes de perderlo de vista, metiéndose entre todos aquellos árboles y maleza.

En la mañana siguiente, paso algo un tanto curioso... Tokito se levantó algo tarde, pero con más ánimo de lo normal, se preparó para todo lo que fuese necesario en aquel día, se miró en un espejo en su habitación y dió una leve sonrisa para si mismo.

Al salir dió los buenos días y procedió a salir al patio, dónde una vez ahí, comenzó a buscar a su alrededor, tomando una pequeña flor de color rosa, luego otra de un tono azul, las cuales fue variando hasta hacer un pequeño grupo.

Cuando tuvo al menos unas diez en un diminuto ramo mal improvisado caminó hasta buscar a aquel que era su objetivo; Tanjiro Kamado.

"Dijo que estaba bien empezar con algo así, ¿No?"