Bueno, ¿Que puedo decir?, me encontré con un post viejo en Tumblr sobre HiccelsaWeek, y me encanto. Me gustaría poder dibujar, pero como no soy muy buena en eso, me conforme con llenar este espacio de historias aleatorias.

Las primeras serán con la temática de aquella semana, para después seguir con one-shots independientes. Todas aquellas ideas Random que no son del todo largas o suficientes para crear un fic, pero que se merecen su espacio.

Y si han leído algo de mis trabajos anteriores en los diferentes fandom, sabrán que no miento cuando digo que lo que aquí acontecerá sera muy variado.

Sin más, espero que les guste.


Tema: Día 7 : Frozen in the time

Etiqueta: T

Categoría: Supernatural- Drama

Sinopsis: . Tiene cinco años cuando descubre que lo que esta viendo es un fantasma. A los quince la encuentra a ella, y es acosado los últimos cinco años por un ideal injustificado.

Advertencia: No me hago responsable por lo que aquí acontece, son solo divagaciones extrañas y melancólicas de una escritora que siente la necesidad de continuar con esto, por lo que si sienten inconclusa esta historia es por eso.


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La primera vez que entiende que lo que está viendo es un fantasma tiene cinco años, y esta mayoritariamente confundido.

Contrario a su actitud tímida y tranquila, no llora o grita cuando el cuerpo de una mujer mayor deambula por la sala de su casa vistiendo un camisón manchado en sangre. No llama a su papá porque sabe que está muy cansado por el turno extra en el trabajo y, de todas formas, la mujer no parece notar que él sabe que está ahí.

Simplemente se mueve entre los muebles viendo los porta retratos recién desempacados con una mirada melancólica, en completo mutismo.

No parece amenazante, y casi pudo aparentar ser una de las abuelas que se sentaban a fuera de sus porches por las tardes a beber algo de té, aquellas que lo saludan al pasar y ofrecen pan o dulces a su padre y a él, los vecinos nuevos. Casi perfectamente normal si no fuera por la gran cantidad de sangre que pintaba la tela blanca, manchando todo el frente de su cuerpo, goteando hasta las puntas de sus difuminados pies.

Es mucha sangre y sabe que nadie que sangrara así podría andar por una casa ajena con tanta facilidad. Por lo que simplemente se queda escondido tras el marco de la puerta sosteniendo el vaso de agua que fue a buscar, muy confundido con la mujer que irrumpió en su casa y no hace ruido al andar, sin saber cómo fue que entro.

Se queda ahí hasta que la extraña deja de rondar en círculos y va directo a una de las paredes que dan a otra habitación, atravesándola como si nada solido estuviera ahí, desapareciendo de inmediato.

Aprieta entonces el vidrio entre sus manos, tratando de contener la ansiedad que emergía de su pecho al saber que su padre y él no estaban solos en esa nueva casa. La que se supone, sería un nuevo inicio luego de que su mamá tuvo que irse a un hospital porque está muy enferma.

Tanto, que no podría salir del hospital nunca más.

Fue algo muy duro, verla irse peleando y gritando, negándose a dejarlo ir. Apenas liberándose el tiempo suficiente para poder tomarlo muy fuerte del brazo y rogarle que, no importa lo que viera, no abriera la boca, que no dijera nada.

Que era por su bien.

El recuerdo es fresco y amargo. Vuelve sencillo para su mente infantil ceder ante el ruego de su madre. Mantiene cerrada la boca sin demostrar que algo extraño ha pasado y continua su camino por el pasillo hacia su habitación, en completo silencio. Sabiendo muy bien, que esa mujer que acababa de ver desaparecer como el aire, no era algo que su papá o alguien más pudiera ver.

Entra a la habitación llena de cajas con ropa desempacada abandonada en el suelo y deja el vaso al que apenas le dio un par de sorbos sobre un buro, a un lado de unos cuantos dibujos y juguetes, para después disponerse a subir a su cama y cubrirse con sus cobijas.

Se recuesta, pero no mucho tiempo después puede sentir como alguien o algo lo observa. La sensación es fría e inquietante y no quiere voltear a ver, pero el sonido de un gorgoteo dificultoso no lo deja tranquilo.

Es entonces cuando se arma de valor y gira en dirección a la esquina de su habitación, donde puede ver entre la amalgama de las sombras y la luz proveniente de la calle, a la mujer mayor viéndolo fijamente. Con sus cabellos grises desordenados, permitiéndole ver como de su boca salían burbujas de sangre espesa que se corría por su garganta y manchaba su ropa, recorriendo todo el frente como una cascada viva y goteando hasta el final de la tela que parecía desvanecerse en humo.

Vista de frente, era mucho más aterradora. En especial por la mirada fija que mantenía en él, completamente quieta aparentando estarse ahogando con la sangre que salía a borbotones de su boca.

Y probablemente fue eso, su inquietante atención en él, que se dio cuenta del miedo que crecía en sus ojos. Aquellos perfectamente enfocados en ella.

Fue entonces cuando avanzo con dirección a su cama, y que en respuesta se cubriera rápidamente con su cobija intentando alejarla de él. Esperando infantilmente que al desaparecer de su vista aquella demacrada pesadilla terminara por desaparecer tal como había hecho antes.

Pero eso, claro, no funciono.

No la detuvo de avanzar para tocarlo sobre la cobija, sintiendo el pequeño peso de unos dedos que rosaban la tela que lo cubría. Tampoco de preguntarle con voz estrangulada y moribunda.

-¿Puedes verme?-

Él solo tiene cinco años cuando comprende que es en realidad un fantasma, y esta mayoritariamente aterrado.


Claro que puede verlos.

Y muy por el contrario de sus más fervientes deseos, ver y oír a los fantasmas no se desvanece con el paso del tiempo. A diferencia de los libros y fuentes que consulto en cuanto aprendió a leer, en los que decían que los niños con el "don" eventualmente lo perdían al pasar los años e ir desconectándose del mundo espiritual.

Nadie sabía porque pasaba eso, así como él tampoco comprendía porque su conexión no se diluía como con los otros. Suponiendo, claro, que esos libros no fueran pura charlatanería y él fuera uno de los pocos con el verdadero don. Cosa que, era francamente aterradora.

Saberse completamente sólo no lo ayudaba a encontrar o comprender su lugar en el mundo, completamente consciente de que no era como los otros niños y probablemente nunca lo seria. Ser el único que podía ver los dedos sin piel salir de debajo de las escaleras, oír los lamentos de otros niños en los baños o a las personas que caminaban por las calles sangrando o con huesos rotos, lo hacía aislarse y comportarse de manera nerviosa alrededor de otros, que aunado con su torpeza natural lo volvía automáticamente impopular con otros niños.

Y por más que intentara cambiar las cosas siguiendo los rituales o portando los amuletos que aconsejaban los libros, nada se detenía. Seguía siendo acosado por la visión de espectros en lugares públicos e inesperados que lo incomodaban, pidiéndole ayuda desesperadamente o, por el contrario, llamándolo demonio completamente enloquecidos ante su consternación.

El rechazo tan vehemente lo sacude.

Porque una cosa es que otros niños y adultos lo llamaran fenómeno por su extraño comportamiento, y otra cosa completamente distinta era que los mismos fantasmas lo vieran con ojos fúricos o asustados mientras lo maldecían. Acusándolo de no ser humano, diciéndole, con diferentes grados de agresión, que nada que tuviera ojos capases de poder verlos era algo bueno.

Le decían que tenía ojos malditos, y maldito se quedaría.

Inmediatamente después huían o se desvanecían dejándolo con un nudo en la garganta y lágrimas que no se permitía dejar caer.

Tenía diez años cuando comprendido que ninguno de los dos mundos era su lugar.


Finge que no puede verlos.

Es lo más tonto e infantil que pudo a vérsele ocurrido en la vida, pero funciona y no deja de hacerlo.

Su padre ya no parece preocupado por que la locura de su madre lo haya alcanzado. Se detiene de ir a revisarlo por las noches para asegurarse de que no esté teniendo lo que él llama pesadillas, o preguntándole a donde o que está viendo tan nervioso. Ahora lo único por lo que parece preocuparse son cosas normales como su falta de amigos o de aptitud física.

Sus otros compañeros también parecen más interesados en eso, en lugar de verlo como el extraño chico asustadizo que a veces decía cosas inquietantes. Ahora lo conocían como el flacucho socialmente torpe al que era divertido arrojarlo al basurero de vez en cuando.

Incluso sus maestros parecían mucho menos tensos a su alrededor una vez demostró ser bueno en clases. Todavía torpe, pero menos disperso y sombrío que antes.

En conclusión, sólo se metían con él por ser un pescado sin espinas en lugar del fenómeno que ponía nerviosos a todos. Lo que, sinceramente, estaba bien con Hiccup.

Comenzar a pretender que todos los espíritus deambulantes no estaban ahí también termino por alejarlos, aparentemente no era interesante para atormentar día y noche si no podía verlos. Por lo que supone, incluso los fantasmas eran egoístas y sádicos aun después de la muerte.

Y aunque en un principio podía sonar como el despecho de alguien que era impopular entre vivos y muertos, en realidad podía ser un hecho cuantificable cuando tenias el tiempo y las ganas de prestarles atención. Porque la incomoda verdad era, que en todo el tiempo que pudo verlos libremente, los únicos fantasmas que interactuaban con otros humanos eran los que se encargaban de atormentar a dicho mortal día y noche.

Nunca, ni una sola vez, vio a un espíritu resguardando a una persona. Siempre era un caso de venganza de un alma en pena, aquel que alguna vez fue una persona, pero que el dolor por su muerte lo retuvo en un plano al que no pertenecía en busca de venganza.

Los volvía un saco de huesos cuerpos con piel pálida y fina como el papel, con ojos hundidos rodeados de negro, y con forme el tiempo y el rencor avanzara peor se volverían. Y si algo sabia, era que no se detenían.

Al parecer, el rencor y el odio no tienen límites.

A diferencia del amor que todo lo perdona y todo lo libera, los malos sentimientos no trascienden al más haya, por lo que el espíritu se vuelve pesado y denso. Incapaz de cruzar el umbral por tener tanta carga emocional, terminan volviéndose locos hasta convertirse en criaturas humanoides, de dientes y uñas podridas de un color gris oscuro, casi negro.

Quizás es por eso que les gusta salir en las noches, y también por lo que es más fácil fingir que no están ahí. Rondando por las calles sin memoria de quien fueron alguna vez o porque se quedaron atorados en ese plano, condenados a rondar con hambre, mucha de ella.

Verlos tan esqueléticos y demacrados hace que casi les tenga lastima, pero cualquier sentimiento de empatía que pudiera tener por ellos se extingue cuando queda claro que no son humanos. Se pierde todo rastro de ello cuando ve que cazan despiadadamente a otros espíritus errantes y desprevenidos. Como animales salvajes, los despedazan hasta que no queda nada de la confundida alma en pena que no pudo cruzar su propio umbral. Sin la oportunidad de redimirse, se desvanecen en el olvido.

Le gusta pensar que simplemente van al limbo, en lugar de que un alma fue borrada de la faz de la existencia por los dientes y garras de alguien que simplemente no pudo perdonar alguna vez.

Es lo que se dice cuando mantiene su paso y finge que no ve ni oye como una de esas cosas atrapa a un hombre con un disparo en el pecho, cuando caminaba de regreso a su casa luego de pasar un tiempo en la biblioteca estudiando para un examen. Pasa de largo y dobla la esquina sin titubear cuando comienza a oír los gritos de ayuda del hombre que sólo había estado vagando por la calle una semana, luego de que su asalto saliera mal.

Es crudo, y le recuerda a la lucha feroz que alguna vez tuvo su madre por tratar de evitar ser arrojada a un pozo para pudrirse en el olvido. Hay gritos y suplicas, ruegos a dios y quejidos que sólo un ser vivo debería ser capaz de hacer. Ni sus pasos ni esa cosa se detienen, simplemente la distancia es tan grande que bien, los gritos ya no llegan a sus oídos, o esa cosa era rápida en comer.

Al final, cuando llega a casa es recibido por el olor a comida recalentada y la voz de su padre que lo saluda. Pero él se mantiene en automático y sigue avanzando hasta cruzar la sala de estar donde el gran hombre salió al no recibir respuesta.

-¿Estas bien, que paso?-

Pero él no respondió, dispuesto a mantener el deseo de su madre. Así que mantuvo la boca cerrada y fingió, de nuevo, que nada pasaba.


Tiene catorce años, con la pubertad en pleno apogeo y con sólo un amigo para poder hacerle frente.

Es sólo el doble de triste que el chico sea un fantasma. O, al menos, está a un paso de serlo.

Jack Overlan siempre fue tanto en muerte como en vida, un chico risueño y muy popular, un verdadero chico problema de esas novelas para adolescentes al que todo le sale bien y todos admiran. No se llevaban mal, pero tampoco bien. En realidad, nunca hablo con él otra cosa que no fuera un saludo casual cuando coincidían o les tocaba trabajar juntos en un proyecto, cuando se tenían que hablar por simple educación.

Al verlo, recuerda que alguna vez oyó la letra de una canción, que decía: "Es irónico que cuando mueres todos comienzan a escucharte".

Fue verdaderamente irónico entonces, que teniendo casi una vida conociéndolo y yendo a la escuela juntos, que sólo comenzara a charlar verdaderamente con Jack después de que cayó por el lago congelado un día de invierno, donde casi pudo haber murto si uno de los vecinos no hubiera llegado a tiempo y saltado al agua helada para sacarlo en un punto de hipotermia.

El chico no despertó, y nadie sabía a ciencia cierta si algún día lo haría, pero su madre aun tenía esperanza y lo mantenía atendido en el hospital local, endeudándose cada vez más tratando de poder costear los cuidados de su hijo.

Así que, para Jack, cada día contaba, plenamente consciente de que un buen día su madre ya no tendría como luchar contra lo inevitable y tendría que irse.

Él siempre decía eso, hablaba de irse y encontrarse con su abuela y todo lo que haría en el más haya, al igual que hablaba de muchas cosas, en realidad. Al parecer, la casi muerte no le quitaba lo parlanchín al chico, que siempre lo rondaba contando chistes a su alrededor o instigándolo a romper las reglas.

Su faceta ante lo que era su realidad en verdad era muy admirable.

Casi creíble.

Supone que esa capacidad de actuación y compromiso con el papel deriva de una vida de fingir constantemente que todo está bien. Que no hay ningún problema viviendo al día con el único sueldo de su madre soltera, mientras él es el responsable de cuidar la casa y a su hermana menor. Teniendo responsabilidades de un adulto cuando lo único que quisiera hacer es divertirse como un adolescente más.

Pero está bien, porque en la escuela, fuera de esa casa donde era el hombre de la casa, él era el alma de la fiesta. El chico genial al que no le importaba que toda la atención que recibía era a costa de detenciones o castigos. Ni que la vida de popularidad tenía un costo mayor, donde nadie era tu amigo realmente.

Quienes hablaban a las espaldas, inventaban chismes, y ni siquiera tuvieron la decencia de ir a ver a un amigo en desgracia ni una sola vez al hospital o preguntar cómo podían ayudar.

Para Jack, eso estaba bien. No tenía ningún problema con ello, siempre tenía una justificación lista, o en su defecto, una desestimación.

En verdad, casi parecería un santo que todo lo perdona. Con esa sonrisa de grandes dientes y frases sobre el perdón y la paz.

Pero para bien o para mal, Hiccup sabe mejor.

Sabe que, de no ser por el accidente, Jack jamás le habría hablado y mucho menos vuelto su amigo. Es consciente de que el único lazo que los une es simplemente porque él es el único que puede verlo, hacerle compañía, distraerlo de ver a su madre trabajando sin descanso o llorándole a su cuerpo dormito otro tanto. Jack vive a través de él, rondando por los pasillos de la escuela, instándolo a hacer lo que él haría, siendo un intento de personaje virtual para vivir otra vida.

Lo sabe.

También sabe que el rencor por ser tan fácilmente olvidado sigue ahí, junto con la frustración de dejar la vida demasiado pronto.

Jack siempre fue un foco de mil vatios, un muñeco que se movía con aplausos, y sin ellos, se marchitaba lentamente.

Podía verlo cada día, como se volvía pálido y sus ojos se hundían.

Por lo que no le es una sorpresa lo que pasara después, pero se caya.

Hiccup sabe muchas cosas- unas que simplemente quisiera desconocer- pero como dejar ir al único amigo que ha tenido, es algo que simplemente no sabe cómo hacer.

Por lo que sigue manteniendo la boca cerrada.


Un día la madre de Jack estaba muy cansada, por lo que no ve al auto venir y termina siendo arrollada sin poder evitarlo.

La sangre salpico el pavimento como un tétrico picazo, y sus brazos se doblaron en un ángulo antinatural. Su cabeza se rompió contra el suelo y un halo de sangre espesa comenzó a rodearla oscureciendo su cabello, volviéndola casi la caricatura de un ángel con alas rotas.

Puede ver que fue una muerte casi instantánea, porque todavía es capaz de notar el par de intentos por respirar que hace antes de detenerse por completo. Escupe sangre una vez, y, aun a unos cantos metros de él puede sentir la mirada que da en su dirección.

No a él -claro que nunca él- si no al chico pálido estupefacto a su lado.

Fue un instante, un último suspiro, la imagen final antes de irse para no volver jamás.

Y luego nada.

-¿Qué? -Oye a su lado. Inquieto y nervioso, puede sentir a Jack buscando a su alrededor, sin éxito alguno. -¿Dónde está ella?- Le pregunta. -¿Por qué no aparece? –

No hay nada.

Después de que un pequeño grupo de gente intenta ayudar y llama a una ambulancia, incluso después de que estos se dispersan cuando los oficiales llegan y se llevan el cuerpo y al conductor, aun entonces, nada.

Nada.

No hay un alma, y no la habrá.

Porque el amor es libre y todo lo perdona, es un corazón ligero. No hay deuda ni pecado, no, al menos, para la pobre mujer que probablemente pensó que el joven a su lado era el guardián que la llevaría al otro lado. Por lo que no le debió ser difícil irse y trascender.

-No lo puedo creer -Jack, a su lado, claramente no comprende eso. Sonaba y se veía enojado. -¡Ella se fue! -Acuso. -Se fue sin importarle Emma-

Emma, obviamente, era su hermana pequeña quien ahora estaría sola sin su madre y hermano mayor para cuidarla.

-¡Es increíble!, aun ahora se va sin que le interese como esta ella –

Eso era algo cruel, las almas que trascienden tan rápido son afortunadas. Una muerte rápida, una dulce despedida, un descanso merecido.

Quiere decírselo, que no pensara mal de su madre, que, a su manera, había luchado con todo lo que tenía pero que a veces eso no era suficiente, y que no era malo dejarse ir.

Pero no es bueno consolando a personas y mucho menos a espíritus enojados, por lo que no dice nada y simplemente lo ve arremeter con furia a un basurero que vuelca casi como lo haría si estuviera vivo. Algo relativamente normal si un fantasma está lo suficientemente enojado y conectado a un ser vivo, en ese caso él era esa batería que alimentaba al pequeño poltergeist que se volvió Jack.

Es inquietante saberse así de conectado a un espíritu, y sinceramente hay una parte de él que quiere detener ese apego con la misma ansiedad que tiene de correr cuando lo ve patear un gato y seguir gritando.

No estaba bien. Ese enojo, lo pálido y delgado que se volvía día con día, la forma en que dejaba de bromear o sonreír y se quedaba cada vez más tiempo viendo a la nada, perdido en sus pensamientos. Habiendo días incluso, en los que olvida los nombres de sus compañeros.

Se perdía, la esencia de Jack se diluía, y no sabía que le daba más miedo: El inevitable fin, o que seguiría sin decir nada.


Tiene quince años cuando la ve por primera vez.

Fue durante un viaje a la playa que su salón de clases organizo antes de las vacaciones de verano, y al que fue simplemente porque su nombre aparecía en la lista de alumnos. Sabía que si no fuera por eso ninguno de los chicos recordarían su nombre o quién diablos era, un factor cómico, dependiendo de quien lo viera.

En lo personal, el decidió tomarlo con humor, por lo que cuando Snotlud, su primo, pregunto qué estaba haciendo él ahí, simplemente le respondió con "Yo solo vengo en el paquete"…y cuando nadie respondió, agrego: "Es que era una promoción".

Claro que nadie se rio, y rápidamente se dieron la espalda dejándolo solo. O al menos creía estarlo cuando escucho una pequeña risa acallada sus espaldas.

Fue realmente inesperado por dos buenas razones. Uno, absolutamente nadie creía que fuera simpático o gracioso, y dos, detrás de él simplemente habían rocas, rocas muy grandes y nada emocionantes para estar. Fue por eso por lo que decidió pasar el rato en ese lugar, lejos de interacciones incomodas.

La extrañes de la situación y el susto repentino no impidieron que diera la vuelta en busca de la persona que reía, dividido entre la vergüenza y un mal presentimiento.

Cosa que fue completamente justificada cuando estuvo frente a frente con una chica de su edad, que vestía ropa de invierno a inicios de verano…en medio de la playa.

Eso debió de encender los focos rojos de alarma, hacerlo darse la vuelta y pretender que no oyó nada habiendo ya aprendido la lección sobre qué es lo que pasa cuando se interactúa con un fantasma de aparentemente su edad.

Pero la verdad, ella era muy bonita. Por lo que su cerebro adolescente hace corto circuito y se queda completamente pasmado frete a ella, viendo como su pequeña nariz de arrugaba y cubría su risa con su delicada mano, viéndolo con diversión mientras se encontraba sentada sobre una de las rocas.

Su cabello rubio se confundía con los rayos del sol que eran demasiado claros y sus hombros se mecían suavemente mientras reía. Su piel era tan pálida como la espuma y sus ojos tan azules como el mar. Era, ante sus impresionables ojos, una hija del viento como la que leyó en un cuento cuando era niño.

Lo decía, sobre todo, por el sonido de campanitas que era su risa, las mismas que terminaron por extinguirse eventualmente, cundo ella noto que la veía fijamente.

A ella, no atrás vez.

En su sorpresa, le tomo un momento para ver sobre su hombro, por si acaso veía algo atrás de ella, probablemente sobre las olas. Lo que le dio una vista clara de su cuello, y de las feas marcas que podían verse sobre la línea de su suéter azul celeste. Las que eran, sin duda, las marcas de dedos grandes y fuertes que fácilmente rodeaban toda la extensión de su piel.

Entonces, después de ese efímero momento ella volteo a verlo, y con grandes y sorprendidos ojos le pregunto mientras se señalaba con un dedo.

-¿Puedes verme?-

Completamente quieto, tratando de asimilar que era lo que estaba frente a él mientras oía el sonido de las olas y de las charlas de sus compañeros, se encontró respondiendo sin aire.

-Si

Ella ni siquiera pretende, simplemente salta de la roca y le sonríe abiertamente.

Está claro que no lo dejara ir.


Lo sigue a casa, y básicamente, a todos lados.

Al supermercado, al parque, mientras prepara la cena o ve la televisión, incluso cuando juega video juegos.

Se sienta a su lado en el comedor de la cocina, teniendo la decencia de pedir permiso para hacerlo y moverse entre los pasillos y las habitaciones. Ella incluso toca la puerta o la pared antes de entrar y nunca intenta hurgar en sus cosas.

Se presenta como Elsa y le pide ayuda para encontrar al hombre que la mato.

Se podría pensar que todo eso era algo chocante, demasiado apresurado o demandante, pero cuando tienes una vida rodeado de muertos aprendes a valorar el tiempo y a no querer perderlo. Los espíritus tampoco quieren hacerlo -obviamente ellos son los que menos lo quieren -En especial si se habla de lo necesario para poder trascender.

Algunas veces es un pendiente, algo que no tuvo tiempo de decirse o de arreglarse, otras, sin embargo, son deseos de venganza.

Y este parecía ser uno de esos casos, con el fantasma de una chica en busca de quien le quito la vida y desecho su cuerpo en algún lugar, dejando a su familia, y por consiguiente a ella, sin un cierre adecuado.

En realidad, nada que no haya visto antes.

Un espíritu con una muerte violenta y repentina siempre se quedaba atascado, y si le agregabas injustificada a la ecuación, pues se volvía menos probable que pudiera perdonar y trascender. Muchos de ellos nunca entendían ni aceptaban haber muerto como lo hicieron sólo porque sí.

El rencor les pesaba y los aislaba, haciendo que fuera más fácil mantener dentro de ellos la emoción dominante al momento de su muerte, que obviamente eran el miedo, el terror o el enojo. Los volvía locos y paranoicos, seguros de que los acechaban para terminar el trabajo y borrarlos de una buena vez.

Eran esos tipos de espíritus los que lo veían con miedo, acusándolo de ser un cómplice de "esas cosas". Al parecer, para ellos, él era como algún tipo de ubicador. Capaz de rastrearlos para que los responsables de hacer el trabajo sucio vinieran y los destrozaran.

Lo habían atacado por eso, física o verbalmente y no estaba muy emocionado con la idea de que esa chica, aparentemente tranquila, lo hiciera eventualmente cuando fuera consumida por el tiempo y el olvido.

Por lo que simplemente se niega a su pedido de ayuda y vuelve a su vieja táctica de fingir que ella no existe. Ignora cuando le hace preguntas o le habla directamente, pretende, incluso, que no escucha cuando canta en el alfiz de la ventana por las noches o le grita alcanzada por la desesperación de ser ignorada.

Él es el único que puede verla, quien pude hacer algo -cualquier cosa- para resolver un caso que aparentemente a nadie le importo resolver. Saberse así de responsable por el destino de un alma le aprieta el corazón. En especial cuando voltea y la ve de reojo, tan joven, con una vida completa por delante y, sin embargo, todo ese potencial se le fue arrebatado para terminar condenada a vivir por siempre en el peor momento de su existencia.

Y mientras más lo ve, mientras más trata de encajar las piezas y de justificar su inacción, más difícil se vuelve. Es acosado por la culpa y el miedo. Culpa, porque las heridas aún estaban frescas, siente que estaba cometiendo el mismo error que tuvo con Jack al permanecer callado y sin hacer nada a un sabiendo lo que podría pasar después. Miedo, ante la idea de intentar romper un estilo de vida que lo ha mantenido seguro y alejado de la posibilidad de una habitación blanca de la que no podrá salir jamás, sólo para terminar fracasando monumentalmente y sin poder impedir que nada pasará.

No le parece justo, ¿Por qué tenía que ser él el responsable de perturbar su apenas estable vida simplemente porque nadie parecía importarle una chica desaparecida?. Todo esto tendría una simple solución que no lo involucraría, y es en ese momento, cuando entra por su mente la suposición de una oportuna intervención de la policía como lo haría en cualquier caso normal, que se da cuenta de algo.

¿Por qué nadie la buscaba?.

Lo piensa fríamente unos días, mientras la ignora y trata de vivir su vida tal y como lo haría sin una linda chica por sobre su hombro. Y no encuentra una razón para que eso pasara, sin importar cuanta experiencia hubiera tenido casos fantasmales de asesinatos o cuerpos desaparecidos, jamás había sabido de uno en el que absolutamente nadie buscara o en su defecto, se hablara de una misteriosa y repentina desaparición.

Sin embargo, ahí estaba ella, rondando a su alrededor como una prueba intangible de algo imposible. Se percata entonces de que nunca había visto su cara en algún panfleto o periódico, ninguna nota en el noticiero local o por redes sociales. No había oído hablar sobre el caso de desaparición de ninguna joven, ni ese año ni el anterior.

Es muy extraño, así que presta atención a su ropa esperando tal vez que ella sea un fantasma de larga data, lo que explicaría porque nadie la estaría buscando. Quizás era un caso viejo y olvidado y ella simplemente se aferraba a permanecer.

Pero nota que su ropa es relativamente nueva, de buena calidad y en un buen estado. Toda ella aparenta ser una chica normal, sin marcas de lucha; no sangra ni tiene huesos rotos o esta desvanecida de alguna parte de su cuerpo denotando que, de hecho, ese miembro ya no existe terrenalmente. Está en un buen estado general, con ropa que puede identificar como actual y se da cuenda de que eso no es para nada normal.

Por lo que un buen día, cuando está lloviendo a fuera y su padre se encuentra en el trabajo se arma de valor y rompe por segunda vez su regla de seguridad, la que le demostró, una y otra vez que era fiable. Que su madre no estaba equivocada.

Aun así, habla.

-¿Cuánto tiempo llevas muerta?- Rompe el silencio entre ambos con una pregunta repentina y puede que hasta cruel, para nada lo que alguien usaría como un intento de primera interacción. Casi espera que ella se moleste o lo mire mal, pero en lugar de eso deja el marco de la ventana donde había estado intentado sentir la lluvia caer, sólo para ver como la traspasaba como al viento.

Voltea a verlo con una mirada melancólica, pero de alguna forma extraña que no entiende, ella encuentra la forma de hacerlo con una pequeña sonrisa. -Año y medio. -Le dice. -Gracias por preguntar –

Su agradecimiento es inquietante y lo pone nervioso, le recuerda al que alguna vez llamo amigo y que termino por desaparecer en algún punto -Literalmente – y volverse su gran error.

Así que lucha contra el impulso de permanecer en silencio y se las arregla para habla a través de una mandíbula tensa. -¿Por qué agradeces? -

-Porque eres la primera persona que se preocupa por saber que me paso – Y eso termino por volverse un clavo en su ataúd, no lo sabía entonces, pero lo sabe ahora.

Lo sabe ahora…


El tiempo pasa y es gracioso como sus clases de física tienen razón y muestran que este es verdaderamente relativo.

Mientras él crecía y dejaba la vergonzosa adolescencia atrás, ella se mantenía como la misma muñeca de porcelana, permaneciendo congelada en un eterno invierno.

Andaba por ahí sonriendo con labios blancos y cara pálida, pareciendo respirar entre copos de nieve ligeros. Es raro y no sabe cómo explicarlo, pero verla siempre lo hace sentir cálido, por lo que trata de hacerlo muy a menudo.

Atrás quedo fingir que ella no existía, ahora muy por el contrario Elsa era una compañía constante, una confidente compañera de bromas y ¿Por qué no? de vida. Ella simplemente estaba ahí, todo el tiempo, rondando por su casa mientras aun insistía en tocar antes de entrar y permanecer mayoritariamente sobre su hombro. Ayudándolo con los fantasmas que han vuelto a acosarlo y luego de pedirle perdón por atraerlos de nueva cuenta a su vida.

De una forma inesperada y para nada usual, ella se había vuelto una amiga, su mejor amiga. Le da apoyo y comprensión, todo aquello que nadie había sabido darle ya sea por una razón u otra pero que ella le daba incondicionalmente.

Es genuino y sabe que de haberse conocido sin la muerte de por medio, no cambiaría nada. Hay una seguridad reconfortante en eso, que inevitablemente los anima a acercarse el uno al otro.

Ha llegado a contarle sobre su madre, sobre su vida antes de conocerla. Como era vivir con un padre que simplemente no sabe que hacer contigo porque eras exactamente todo lo que no era él, le comparte sus opiniones y uno que otro secreto que ni siquiera se había atrevido a decir en voz alta antes. Le cuenta sobre las partes de su vida, las tristes y las buenas, como Jack y Valka.

Elsa escucha atenta y genuinamente. A cambio de su sinceridad, le cuenta todo lo que puede remembrar de entre recuerdos borrosos de una vida inexacta: La risa de una niña pequeña de cabellos rojizos, el calor del chocolate caliente en sus labios, la sensación de pulmones quemados y un sabor amargo que anteceden a la extinción de la luz y el calor, que la adentran a noches largas.

Le dice, entre fragmentos, como recuerda su muerte. Aquello que el tiempo y el shock no le permitieron olvidar.

Recuerda, también, que ella no quería salir esa noche de casa; no entiende porque lo hizo.

Se han acercado y ha terminado por importarle tanto ella, que le rompe el corazón oírla hablar de la sensación de cambio suelto en sus bolsillos, y como pudo sentir el metal frio con la punta de sus dedos a través de su guante roto. Recuerda que vestía un impermeable rojo sobre su ropa de invierno, supone que lo perdió en algún momento del forcejeó donde intento nadar y mantenerse a flote. No recuerda el agua, pero si la sensación de ella entrando a sus pulmones y entumeciendo su cuerpo mientras era sometida por un fuerte agarre en su cabello que paso rápidamente a su cuello.

Después todo desaparece y se siente ascender al firmamento, sólo para bajar de golpe y despertar en una noche de invierno con el sonido de las olas chocando contra las rocas en una noche sin estrellas. Completamente sola, se siente desamparada y robada.

Le quitaron todo lo que tenía para dar y no sabe por qué. Le quitaron, incluso, la opción de trascender y poder irse en paz, condenándola a vagar sin razón.

El tiempo es relativo para los vivos y los muertos, separados por un velo que ve los años seguir su curso, pero sin que nada cambiara realmente. Porque él sigue siendo el mismo chico apartado por todos que tiene miedo de básicamente todo lo que los otros no pueden ver, mientras ella permanece.

-¿Crees que algún día me encuentres?- Le pregunta una fresca tarde de abril, mientras ven a los niños jugar en el parque envueltos en risas. Ignoran a la niña de vestido envejecido y cuello roto que se balancea en un columpio viéndolos divertirse, como lo ha hecho los últimos cincuenta años.

No le sorprende entonces, que Elsa haya preguntado su mayor miedo. Siempre era preocupante ser consciente de cuánto tiempo podía pasar un alma perdida para todos en el tiempo. Es un miedo legítimo, una duda constante. Pero por más que quisiera darle las palabras correctas no sabe que decirle ante un injustificado optimismo que aún se mantiene luego de años en lo que no han podido encontrar nada sobre su caso.

Pero de todas formas responde.

-Es solo cuestión de tiempo – Le sabe amargo mentirle, pero también darle falsas esperanzas. Así que aparta la vista de la pequeña muestra imperturbable del paso de las décadas y la mira sin decirle una mentira, pero tampoco la verdad absoluta.

El tiempo es relativo, una fuente ingobernable de un flujo constante, con sus propias reglas, en su propia dimensión. Lo que para él puede nunca pasar, puede ser algo eventual para ella.

Eventualmente, alguien la encontrara.


A los diecisiete lo encuentran.

Era de noche y el cielo parecía querer ahogar a la ciudad entera por la cantidad de agua que caía.

Había salido de su trabajo de medio tiempo en la tienda de conveniencia con Elsa siguiéndolo de cerca cuando lo escucho. Un chillido de ayuda consumido por la lluvia.

Es tan ligero que casi sigue de largo ignorándolo, pero se repite y el oído bien entrenado de su amiga no lo pierde. Lo hace detenerse en medio del torrente al que apenas puede hacerle frente con su sombrilla, ignorando que él podía contraer neumonía si no encontraba un lugar seco pronto.

-¿No lo oyes? -Le pregunta ignorando sus quejas por el frio. Lo cual era injusto, ella no podía sentirlo mientras él tenía que soportar los pinchazos sobre su piel.

Ella era tan cruel a veces.

-No –

Entonces, como burlándose de su patética persona congelada y empapada, sucede de nuevo.

-Viene de ahí -Señalo tras unos arbustos luego de una rápida búsqueda del origen del sonido. Se mantiene firme mientras lo ve fijamente, claramente esperando a que hiciera algo al respecto.

-¿Y si es un animal ponzoñoso?, ¿Qué tal y si me come la mano?- Dramatizo mostrando sus cinco dedos luchando con mantener la sombrilla en su lugar.

-¿Y que si no lo es? -Lo enfrenta molesta. -Suena pequeño y muy débil, ¿Qué tal si está en problemas? – No lo dice, pero su mirada es todo lo que sus palabras callan.

¿Y si está muriendo?.

Lo hace sentir mucho más culpable de lo que debería, de alguna forma perturbadora lo hace imaginar a una Elsa con pulso y color en su piel luchando por su vida entre la oscuridad y el agua, sin recibir ayuda. El frio pellizca su piel aumentando el nudo en su garganta y pecho, haciéndolo consiente de lo afortunado que era por poder sentir el dolor que sabe, será pasajero.

-Está bien -Sede patéticamente avanzando a los arbustos, sospechando que fue manipulado de alguna forma por Elsa y sus grandes ojos azules.

Piensa seriamente en eso mientras se agacha luchando con el mango de la sombrilla sobre su hombro para no quedar expuesto, sintiéndose patético por ser manejado por una chica que realmente no estaba ahí. Mueve las hojas pesadas y las ramas con espinas buscando entre la oscuridad, tratando de encontrar la fuente del quejido que apenas puede oír.

Cuando de repente su corazón se salta unos latidos al ver un par de ojos en rendija verdes mirándolo fijamente desde el suelo. Inmediatamente después siente el escozor de un zarpazo en su mano al acercarse demasiado y grita sin poder evitarlo.

-¡Es un demonio! –

Flacucho y empapado hasta los huesos, con la osadía suficiente para atacarlo y sisearle amenazadoramente.

-¿Qué? -Intentando ver sobre su hombro y la sombrilla, Elsa no paro de moverse hasta que pudo observar al pequeño Gremlin de ojos verdes. -¡Pero si es una lindura! – Chilla emocionada causando que la bola de pelos lanzara un zarpazo al aire, a donde se supone, estaría ella.

Ambos se detienen inmediatamente quedando en silencio, viendo atentamente al gato que temblaba de frio bajo la lluvia torrencial.

Entonces Elsa habla con una voz pequeña.

-¿Puede verme? –

Es tonto, pero ese hecho particularmente emotivo. A pesar de que era consciente de la afinidad espiritual que algunos animales tenían, nunca lo había presenciado de una forma tan directa. Los perros y los gatos siempre tendían a atacarlo en cuanto lo veían, por eso nunca se mantenía cerca de ellos por mucho tiempo ni le sorprendía que ese pequeño intentara sacarle un ojo con sus pequeñas garras a la primera oportunidad.

No sabía como sentirse de estar ante la presencia de otro ser vivo con la capacidad de ver a través del velo que separa a los vivos de los muertos. Mueve algo en sus entrañas a lo que no puede ponerle un nombre, y lo hace recordar a su madre sin poder evitarlo.

-Con que también hay otro par de ojos malditos -Lo acusa con voz queda mientras lo alza sacándolo de su pequeño refugio mojado de espinas y hojas. El gato negro como la brea se retuerce y le muestra los colmillos aun cuando no podía causarle ningún daño por su pequeño tamaño.

-Son iguales a los tuyos -Elsa le dice desde su lado, viendo con su propia mirada melancolía al otro ser vivo que puede verlos a ambos por igual. Se pregunta que pensamientos o recuerdos se encuentran tras aquellos ojos. -Creo que son hermosos –

El sentimiento que impregno aquellas palabras fue tan sincero y ligero que casi se los lleva el viento. Libera el nudo en su corazón y a las lágrimas que lleva una vida manteniendo en sus ojos.

Siente, bajo esa tormenta de verano, por primera vez en su vida, que alguien, en algún lugar, lo quiere.

Es particularmente tonto y cursi, pero de todas formas termina envuelto en si mismo abrazando a un gato callejero en busca de compartir su calor y cubrir la sonrisa húmeda en su rostro.


Toothless es un buen gato y un fiel compañero.

Se integra rápidamente a la dinámica familiar de una casa con dos hombres solitarios y un fantasma. Duerme bajo la ventana bañado por los rallos del sol y toma como meta personal romper todos los vasos de cristal que tienen la mala suerte de estar sobre una mesa.

Casi no inquieta a Stoic cuando se queda viendo fijamente a Elsa en momentos aleatorios del día, o sisea amenazador a cualquier otro fantasma que intente cruzar el umbral de la puerta sin permiso. Lo que es francamente sorprendente. Aparentemente adoptar un gato venia con un paquete de protección espiritual que incluían: Una alarma extrasensorial que maullaba ruidosamente sin importar la hora del día, un aparente escudo invisible que impedía el acceso libre a espíritus dentro de la casa si su gato no los aprobaba, junto con bolas de pelo en las almohadas y dentro de los zapatos. Pero bueno, no se podía tenerlo todo.

Es valiente, fiel y prácticamente infalible, por lo que cuando comienza a erizarse frente a la ventana de la sala se lo toma muy enserio.

Gira atrás de él para asegurarse que Elsa se mantenga entretenida viendo una película en blanco y negro, aquella que trata de una niña y su cachorro, la misma que ha visto cientos de veces y siempre la pone triste. La ve atentamente sin importar que sabe lo que pasara al final y es sólo así que se aventura a ir al lugar donde Toothless muestra sus colmillos con tanta ferocidad.

Se enfrenta con la oscuridad de la noche, con una vista periférica de la casa de alado y la calle de enfrente en completo silencio. La luz de la farola da un tono amarillento que imita vulgarmente la luz del sol, pero sin nada fuera de lo normal. Está a punto de dar la media vuelta cuando ve una sombra encorvada pasara por los tejados de las casas vecinas, al mismo tiempo que el gruñido de su amigo se volvía más amenazante.

No pierde el tiempo y cubre las ventanas con las cortinas bruscamente. Se aparta asustado de la ventana antes de voltear a su espalda para ver a la chica eterna de quince años completamente sumergida en una vieja película.

La calidez que siente al verla se mantiene, le devuelve color a su piel y las fuerzas para apartarse de su lugar. Para pretender que nada estaba mal.

Aunque sabe que lo que hace es simplemente estar luchando para mantener una ilusión muy frágil.


El poema de su clase de literatura dice así:

Mirando abajo desde el puente,
todavía hay fuentes ahí abajo.
Mirando abajo desde el puente,
todavía está lloviendo aquí arriba.

Todos parecen tan distantes de mí,
todo el mundo sólo quiere ser libre.

Aparta la mirada del cielo,
no es diferente cuando dejas tu casa.

No puedo ser lo mismo para ti ahora.
Me fui, sólo me fui.

¿Cómo podría decir adiós?.
¿Cómo podría decir adiós?.
Adiós.

Quizás solo ponga mis manos sobre ti,
y cierre mis ojos muy fuerte.

Hay una luz en tus ojos,
y lo sabes...si, lo sabes.

Hay una luz en tus ojos,
y lo sabes...si, lo sabes.

Elsa llora inconsolablemente después de que lo lee en voz alta al tener que practicar su oratoria. Quiere abrazarla, pero sabe que la traspasaría como cualquier objeto solido lo haría, así que aprieta sus manos y trata de que sus palabras de consuelo sean suficientes.

Pero no importan ninguna de sus buenas intenciones, ella no se detiene, se cubre su cara pálida y delgada en un intento de que las finas gotas de plasma sean contenidas, pero estas terminan cayendo al suelo manchándolo con humedad que se evapora rápidamente como si nada hubiera estado ahí en primer lugar.

Está apunto de intentar otra cosa cuando se detiene un momento y le dice.

-Sigo esperando ahí sin poder decir adiós – Se lamenta con la luz del atardecer como un manto que los cubre a ambos. Su abrumante tristeza agrieta el vínculo espiritual que ambos han establecido a lo largo del tiempo, causando que ni siquiera los tonos rojizos de la puesta del sol puedan evitar que se vea lo pálida que esta y como esa condición no ha hecho más que empeorar a lo largo de los años. Años en los que simplemente ha visto sin poder hacer nada como su piel deja de parecer porcelana y comienza a agrietarse mientras su cabello se vuelve blanco y sus ojos pierden brillo y color.

Comienza a desaparecer entre la tela gruesa que parece cada vez más grande para ella. Sus uñas se astillan en los bordes y empiezan a tomar un tono negro enfermizo, al igual que el contorno de sus ojos y las marcas en su cuello que con el paso del tiempo parecen haberse expandido por su piel, empezando a rozar con sarcillos oscuros el comienzo de su barbilla interna.

Ha sido alcanzada por la desolación y la perdida. El hechizo se rompe y no hay nada que evite la fea verdad. Como es que parece más una muñeca de trapo despojada de su lustro que la pequeña hija del viento que alguna vez fue. Y sin embargo, aun ante la esfinge de tristeza que luce claras grietas, le sigue pareciendo una criatura hermosa.

Por lo que claramente esta maldito, ahora lo entiende.

Sus ojos no deberían de ver belleza en la decadencia de la muerte, ni rastros de luz iridiscente en los bordes de su alma rota. Así como no debería de querer retenerla por más tiempo, sin importarle que eso la esté consumiendo. Porque piensa, se justifica, conque si ella ha podido mantenerse relativamente intacta con él por cinco años bien podría hacerlo un poco más.

No tiene ningún problema con ser una batería para ella.

-Está bien -Le dice, terminando por acerca su mano a un mechón de pelo intangible, jugando con esa luz traslucida en la punta de sus dedos.

Finge, por un momento, que el calor qué siente no provienen de los últimos rayos de esa tarde extinta, si no de ella.

Eso lo asusta, aparta rápidamente su mano y se aleja un poco de ella. -Te encontraremos. -Trata de prometer esta vez en serio.

Porque él bien podría hacer lo que dice el poema y dejarla ir, antes de que su egoísmo termine por consumirla.


Él está enamorado de la estatua de mármol decadente.
Él esta enamorado de la chica que el tiempo olvido.

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Me dan ganas de volver este tema un fic largo, pero a la vez ya tengo otro prospecto de UA Hiccelsa por lo que estoy indecisa...¿Ustedes que dicen?.

Si se preguntan como es que esto tiene algo que ver con el tema de "congelado en el tiempo", déjenme decirles que estuve muy tentada a dejar todo de una manera muy sencilla. Un fantasma eternamente joven atascado sin poder cruzar. Pero decidí ponerle más drama y jugar con la laguna legal del tema con todo eso del tiempo. Es relativo , y no algo de fácil comprensión. Quiebren sus cabezas con eso, yo los espero...

Pero pasando a algo menos ameno, me temo que estoy pensando seriamente en concluir todo aquí y dejar que este sea el ultimo capitulo de esta sección. No ha tenido el recibimiento que esperaba ( Y francamente, no era mucho así que...) a pesar de que me he divertido mucho escribiendo, volviendo este espacio mi lugar de procrastinacion predilecto, probablemente sea mejor dejarlo así.

Siete capítulos de una longitud considerable no están mal, considero esto todo un logro para mi persona aparente incapaz de terminar long fics ajajaja.
Espero que se hayan divertido leyendo mis ideas raras y puedan perdonar mis errores de escritora novata (fue sin querer queriendo).

Y ya saben, por si no lo sabían, aun tengo otra historia de larga data en mi perfil. Un Hiccelsa al que me estoy tomando muy enserio, y si han sabido perdonar o no les importa mi forma de escribir, los invito a echarle un vistaso. Se llama "El señor de la guerra" y espero pronto actualizar.

¡Nos vemos por haya!.

Notas para le Gente curiosa:

-La idea de las "criaturas" viene de esa vieja serie llamada "Death like me" o "Tan muertos como yo", donde una especie de gremlins causan las muertes de las personas. Me pareció interesante la perspectiva de todo un ciclo de trabajo sucio con criaturas que incluso las parcas no podían entender.
-Me base un poco mucho en esa serie, por lo que tome la esencia de las parcas para crear el papel de Hiccup en esta historia. De hecho, estuve muy tentada a basar este tema en un UA completo de la serie, pero al final me decidí por mi idea original.
-El poema es en realidad la letra de la canción "Look on dow from the bridge" de Mazzy star, y es una guiño a la muerte de Elsa en forma sutil y directa. No solo es una metáfora, en algunas partes es muy literal.
-Siguiendo el tema de las canciones, tome prestadas partes de la letra de "The A team" de Ed sheeran, y si ya la han escuchado podrán identificarlas fácilmente. También la ultima frase es cortesía de la canción "The girl" de Hellberg, de donde surgió la idea para este fic en primer lugar.
-En mi mente (tras bambalinas) Jack termina por sucumbir y se vuelve una de "esas cosas". En el borrador original su papel es tan importante que de hecho planeaba traerlo de vuelta para cazar por un rato a Elsa. Al final no lo hice porque considere muy extenso el One-shot y me prometí a mi misma dejar de hacer esas cosas.
-Y por si no quedo muy claro, la razón por la que nunca pudieron encontrar algo concreto en el caso de Elsa es porque ella casi no recuerda nada. En su mente solo hay fragmentos de cosas que en algún momento considero importantes, pero lamentablemente siguiendo las reglas de este UA un alma no esta hecha para mantenerse en este plano sin pudrirse y perderse. Ella solo se ha podido mantener virtualmente intacta tanto tiempo porque se a anclado a Hiccup, eh incluso eso no es infalible.