Bueno, ¿Que puedo decir?, esto lo tenia que publicar. (Quieran o no).
A seguir con esos one-shots independientes. Todas aquellas ideas Random que no son del todo largas o suficientes para crear un fic, pero que se merecen su espacio.
Y que si han leído algo de mis trabajos anteriores en los diferentes fandom, sabrán que no miento cuando digo que lo que aquí acontecerá sera muy variado.
Sin más, espero que les guste.
Tema: Fire and ice 2.0
Etiqueta: T
Categoría: Drama
Sinopsis: La profecía auto cumplida que implica un amor verdadero, pero no un final feliz.
Advertencia: Un sólo PVO y muchos versos algo rebuscados. Cabe aclara que esto es, literalmente, otra versión del Día 1 que simplemente tenia que publicar. Así que no se si clasificar todo esto como un UA por si mismo, o un UA del UA (¿Eso se puede?) por lo que decido que ustedes decidan.
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Cuando era pequeña, recuerda, el mundo aún no era tocado por el mal.
No su mundo, al menos.
En ese entonces, era sólo una pequeña princesa de un pequeño reino cuya única preocupación era atender los deberes de sus tutores, pasando su tiempo libre jugando con su hermana menor por los pasillos, o robando chocolates de la cocina mientras portaban coronas de flores. Sus manos eran pequeñas y tersas, sus mejillas sonrosadas, su risa burbujeante.
No había nada a lo que le temiera o creyera imposible.
Para ella, el mundo exterior era igual de mágico que los cuentos que su madre les leía antes de ir a la cama, esos que hablaban de travesías épicas, caballeros nobles y amor verdadero. Esa clase de magia, y no la literal que corría en sus venas o libremente por toda esa tierra.
Probablemente mucha de esa influencia hacia la creencia de destinos y cruzadas, viniera incluso antes de su propio nacimiento, cuando los Trolls de la montaña profetizaron sobre la reina con el poder del invierno y su lucha.
(No fue hasta mucho tiempo después, que se enteró de lo que realmente significaba aparecer en las profecías de un Troll)
Su vida, en ese entonces, era como un cuento de hadas. Amando a su familia y siendo amada.
Y luego, como un brusco despertar, los bárbaros del norte llegaron y lo destruyeron todo.
Ella no recuerda como, ni cuando, pero los vikingos habían domado a los dragones que asolaban su tierra y decidieron dejar sus congelados paramos para tomar a la fuerza lo que quisieran.
Arrasaron la noche con una lluvia de fuego y espadas intrusas que cortaban y apuñalaban mientras hacían su camino dentro del castillo.
(Y gritos, y sangre.
Dios, tanta sangre)
Después de ese punto, todo se vuelve un borrón lamentable de sucesos en su vida. Donde solo quedaron restos de su reino, hay un funeral doble y una nevada que parece congelada en el tiempo.
(También hay sollozos, muchos de ellos)
Y de repente, ya no es más una niña pequeña, pero tampoco es una adulta. Su tiempo es ocupado en salas de guerra y apenas come.
Es coronada en las montañas como sus ancestros antes que ella, en una ceremonia sin invitados en la cual no fue bendecida con la protección mágica del sabio Troll. En cambio, fue coronada entre advertencias y luces de cristales, miradas tristes, consolada por un abrazo rápido de su hermana cuando todo eso termino.
Y así, de pronto, sobre su cabeza ya no había un halo de flores pequeñas de los jardines, en su lugar estaba una corona que pesaba una tonelada y representaba el poder sobre cientos de vidas inocentes que dependían de ella en tantas maneras, que era francamente admirable que no se desmallara con esa auto realización cada mañana.
(Porque se viste, se peina y finge que está lo suficientemente bien como para salir de la habitación, a un mundo tan frio como sus poderes)
Sus manos pasaron a estar constantemente heladas, cubiertas con guantes para evitar congelar todo lo que tocara. Una cara pálida, ligeras bolsas bajo sus parpados y una boca roja que nunca se eleva lo suficiente para dejar ver sus dientes.
(Una pequeña mujercita escuálida hasta los huesos)
Era lo que aún se mantenía de pie mientras todo lo demás se desmoronaba.
Ese mundo una vez mágico no era más que un campo de guerra fresco, donde si no morías en el campo de batalla, morías de hambre.
(O de tristeza, lo que primero te acabe)
Y ella, una vez feliz princesa, era una reina prematura similar a una hoja al viento.
Si soplaran demasiado fuerte, ella se desmoronaría.
Para su sorpresa y la de todos, eso no sucede.
(No sucumbe, no pierde su temple)
En su lugar, se sienta en su trono dentro de una habitación solitaria y con un mando firme manda a su hermana lejos. A donde nadie llegue a ella y la atraviese de lado a lado, extinguiendo lo único que le queda de aquellos recuerdos que no duelen.
Pero Anna llora, y le ruega que no la deje sola. Que alejarla de su vida es lo mismo que la muerte, que no era tan fuerte como ella y...
("Por favor, por favor, no me alejes. Eres todo lo que tengo")
Así que ordena su partida inmediatamente en medio de la noche rumbo a Corona, por temor a cambiar de opinión y sucumbir a lo que realmente desea.
Porque esto es una guerra, y el acto más grande de amor que puede darle a su hermana es alejarla y brindarle una oportunidad, un refugio, un futuro.
Y lo hace sin culpa, pero con todo el dolor de su corazón.
Entonces, luego de apartar de tajo lo único que realmente temía perder, toma asiento y no vuelve a temblar jamás.
(Oye en murmullos, que tiene un corazón congelado.
Lo cree muy cierto)
Se forma de una reputación.
Ya no es la reina niña, ni una tragedia andante.
Su reino sobre vive, resiste, prospera.
(Ella ahora es conocida como la reina de las nieves)
Y su ejército solo crece.
La primera vez que pisa un campo de batalla, es también cuando lo conoce.
Estaban del otro lado de las montañas del norte, y había cientos de dragones volando sobre ellos, escuadrones enfrentándose y arqueros derribando todo lo que pueden. El aire tenía aroma a humo y sangre, los gritos de guerra se fundían con el sonido del metal chocando y francamente todo era un pandemónium.
Ambos ejércitos se enfrentaban sin tregua, pero era el suyo el que dependía enteramente de ella para poder sobre vivir.
(Tras su ejército, su reino aguarda)
Es así que mientras construye barreras, crea soldados de hielo y nieve, y lucha contra las flamas que amenazan con tocarla, es que lo ve.
Primero, fue un silbido del viendo sobre su cabeza, y luego...
Y luego simplemente un cuerpo cayó desde arriba derribándola y apuñalándola en el proceso. A un lado de ella, una explosión de tono purpura los manda a volar lejos a ambos y tan fácilmente como eso, están rodando cuesta abajo de un pequeño acantilado lejos del enfrentamiento.
Naturalmente, quiere empujar el cuerpo que rueda con ella y aun sostiene firmemente el puñal en su costado, pero es mayor el miedo a saberse caer sola al vació.
(Así que lo sujeta fuerte)
Todo es blanco y negro, rocas y nieve, aterrador y reconfortante.
(Está cayendo a su posible muerte, pero no lo hará sola)
Cuando, de golpe
(Literal y metafórico)
Todo el aire sale de sus pulmones, se golpea la nuca, su herida sangra aún más y la boca le sabe a oxido.
Se da cuenta entonces que la nieve y su cuerpo mismo atajaron el mayor daño de la caída para su atacante. Quien se mueve, se aleja y en el proceso retira la afilada hoja del puñal de su carne.
Abre los ojos y un par de color verde le devuelve la mirada.
("Cuidado con el espíritu del fuego" Recuerda las palabras de un viejo y sabio Troll. "El miedo y el fuego son tu perdición")
Entonces todo se vuelve demasiado borroso y sofocante, así que se desmaya mientras piensa que nunca había visto fuego verde antes.
Cuando despierta, está dentro de una carpa medica mientras oye el sonido de los cascos y las marchas de pies cansados.
El costado le arde, pero antes de si quiera poder levantar una mano para verificar su herida y el vendaje, uno de sus hombres ya está a su lado preguntando como se sentía e instándola a descansar.
El hombre apenas mayor que ella se asegura de que esté cómoda y bien atendida antes de dar su reporte. Se sienta y con seriedad y honestidad le cuenta como después de la explosión que la aparto del resto, de pronto los jinetes de dragón ya no estaban tan coordinados.
Sus ataques certeros y precisos se volvieron erráticos y agresivos. Disparando y derribando puntos no relacionados con la línea de frente o escuadrones posicionados de arqueros que les disparaban, centrándose en su lugar en atacar a cualquiera que estuviera en el perímetro exterior, carruajes y cualquier gran almacén que tuvieran.
Era, como si de pronto, gran parte de la atención táctica ni siquiera estuviera en la batalla.
Como si estuvieran buscando algo.
Y por supuesto, también estaba el agresivo y aterrador dragón negro que corría por todo el lugar como un verdadero demonio, al menos hasta que desapareció de un momento a otro, y con él, un número indeterminado de jinetes.
Fue gracias a ese pequeño milagro que pudieron resistir, y al final de cuentas, terminar el enfrentamiento en un punto muerto.
(Muy muerto, en algún punto)
Sufrieron la mayoría de las bajas, con su ejército reducido casi a la mitad, pero gracias a los cristales curativos de Corona los heridos de gravedad podrían volver a casa y ella no tendría más que una in perceptible cicatriz.
(En su plática, de principio a fin, jamás menciono como y donde la encontraron)
No habían perdido, pero tampoco ganado.
Todos sabían que solo era cuestión de tiempo antes de que otro ataque se perpetrara, por lo que redoblaron esfuerzos.
Más armas, más soldados tomados de sus familias, una muralla de hielo dividiendo el límite norte siendo custodiada por hombre de nieve y hielo gigantes, además de formar un camino secreto de evacuación en el sur.
Cada hombre en el ejército, y cada mujer preparando suministros y materiales.
Los niños ya no eran del todo niños, las alianzas ya no del todo confiables.
(Primero Arendelle y después Arendelle)
Sentada en su trono rodeada del silencio y su propio hielo, no se siente ni siquiera un poco mal por eso.
(Los remordimientos se fueron con Anna)
Y la calidez también.
Sólo una vez duda de lo que está haciendo.
(Del camino que escogió tomar)
Cuando una niña llega hasta ella en su trono y le pide de rodillas, llorando, que por favor trajera a su hermano mayor de vuelta del campo de batalla.
La pequeña tenía el cabello jengibre y pecas por toda la cara, misma que estaba roja de tanto llorar. Bestia humilde y claramente había pasado hambre si sus ropas holgadas tenían algo que decir.
Parecía un pajarito y era dolorosamente parecida a su hermana y a ella misma hace ya mucho tiempo.
Ella lloro y rogó, y volvió a rogar.
("Por favor, tráigalo de vuelta. Él tenía mucho miedo cuando se fue, no quería dejarnos a mamá y a mi solas en casa" )
Pero a pesar de sus suplicas, se recordó a si misma que estaban en una guerra, y esa clase de sacrificios se tenían que hacer.
Unos por el bien de otros.
Así que la mando a casa con algo de comida, y unas cuantas palabras.
("Es obvio que él las ama. No las dejo por voluntad, pero volverá a ustedes si es que tiene la suficiente")
No importaba las lágrimas que provenían de alguien en sufrimiento y que las derramo a sus pies esperando consuelo, ni los comentarios a sus espaldas sobre su falta de tacto, o la realización de que en realidad no le importaba mucho.
Porque la realidad ahí afuera era que había un asentamiento vikingo a las afueras de su tierra, y se tenía que hacer algo al respecto.
La segunda vez que se cruzan en el camino del otro fue aún peor que la primera.
El ejercito bárbaro había llamado a una flota de barcos armados, y toda su estrategia se basó en el mar.
Tenían dragones que escupían agua hirviente, así que no importaba cuando hielo creaba o si arrojaba una ventisca sobre ellos, habían aprendido de su lección anterior y con ellos también llegaron dragones que escupían hielo y no se afectaban por la tempestad que había formado sobre todos ellos.
En esa ocasión, portaba una armadura de su propio hielo mientras trataba de luchar contra todo lo que la rodeaba en la orilla congelada del fiordo.
(Hombres, dragones, flechas y mucho miedo)
No podía evitar virar al cielo cada cierto tiempo esperando evitar otra sorpresa, lo que claramente era perjudicial para su concentración. Obtuvo cortes y golpes al apartar la vista de sus atacantes sorpresa, que como venían se iban, siguiendo su camino lleno de innumerables rivales.
En retrospectiva
(Una irónica)
Su exceso de atención a un ataque sorpresa, fue lo que evito que pudiera prevenir uno que le llego por la espalada.
De pronto, un golpe muy cerca de su nuca la desequilibro arrojándola al frente.
Fue un golpe seco en una parte que su armadura no cubría, y que sabía, sería un nuevo moretón que agregar a la lista. A ese golpe le siguió otro cuando su atacante se dio cuenta de que no la había noqueado, pero que fue atajado por su brazo cubierto con la armadura de hielo.
Un tercer golpe con la otra mano, seguido con un empujón de su parte, y en un instante ambos estaban frente a frente con las manos en alto sosteniendo armas afiladas.
(Un cuchillo y una estaca)
Ninguno se movió cuando se enfrentaron, aun con el sonido de una batalla dentro de una gran tormenta de nieve. Porque frente a ella estaba la mirada de ojos verdes que le recordaban al miedo y el fuego, mientras parecía por la sorpresa en esos mismos ojos, que ella era un hecho sorprendente e incómodo al mismo tiempo.
Las explosiones, los gritos, el caos a su alrededor.
Era, como si de pronto, todo eso no importara.
(Esa fue la revelación que la asusto)
Se dio la vuelta y corrió sin mirar atrás, perdiéndose entre la amalgama que formaban los hombres de ambos ejércitos.
(A la larga, se da cuenta, eso fue mucho, mucho peor)
Debió quedarse y luchar contra él.
Después de ello no puede dormir ni andar libre mente, a pesar de no salir del castillo ni una vez.
El cielo no es un lugar seguro, ni su espalda.
(Y de pronto)
Ningún lugar lo era.
Oía silbidos en el viento cuando andaba por sus pasillos, rugidos en la oscuridad y el dolor de un cuchillo fantasma en su piel.
(No teme, pero esta inquieta)
Y lo que era peor, sentía una ansiedad previa aun encuentro.
No podía evitar sentir que una situación así volvería a pasar, una y otra vez, manteniéndola en un estado de alerta constante francamente.
(Y si su corazón revolotea y no puede dejar de pensar en lo que paso cada noche antes de dormir, es por eso)
Pero para su infortunio, la sensación incomoda que no puede describir adecuadamente, no termina.
Naturalmente, va en busca de consejos de los Troll cuando se da cuenta que no puede pedir ayuda a su concejo o alguien más ante lo que siente en consecuencia de ese pasado encuentro.
(Muy incómodo y fuera de lugar)
Por lo que monto un caballo y se fue en medio de la noche asegurándose de no ser vista o cuestionada por ir en busca del concejo de viejas rocas. No después de la ruptura de ambas civilizaciones que habían cohabitado esa tierra por cientos de años, y que ahora apenas y se hablaban.
("-Ellos no son humanos"
"-Ellos no son Trolls")
Se habían formado bandos, y no podía culparos por eso.
(Un líder ve por su gente)
Pero para su desgracia, las soluciones no vinieron de ellos.
(Amables y distantes)
Sólo se le dijo el alcance de su profecía de nacimiento, y que su mal augurio ya había llegado. Aquel que se le había advertido el día de su coronación.
("No hay nada que hacer contra esto, me temo. Su corazón está prácticamente congelado, y aquel espíritu de dragón no puede ser contenido o apagado" )
Se fue, entonces, con unas últimas palabras tristes del sabio Troll que vio surgir el trato de convivencia, y vivió lo suficiente para verlo acabado.
("El fuego y el hielo no pueden mezclarse")
Le dijo.
("Tampoco se puede huir al destino")
Con eso, ella se fue.
Y ningún humano volvió a ver un Troll de roca, jamás.
Quiso encontrar un culpable.
Cuando las sensaciones relacionadas son demasiado raras y el recuerdo de su segundo encuentro no pudo ser suprimido en su mente como el anterior, causando que no se concentrara en su trabajo y estrategias porque había una parte de ella que recreaba cada instante de alguno de los dos recuerdos de las batallas. Lo cual era tonto y extraño porque no podías ser hipersensible a alguien que sólo has visto dos veces.
Pero luego recordaba que sin duda había algo mágico inmiscuido en todo ello haciendo que los escalofríos en su espalda fueran diez veces peor.
A su edad y con su experiencia le quedaba claro que la magia era una maldita que sólo empeoraba la vida de las personas y criaturas.
Nada de travesías épicas, caballeros nobles y amor verdadero que creía en su niñez. Sólo maldiciones, embrujos y todo tipo de ser con hambre de poder acechando ahí afuera.
(No había amigos ni lealtades, solo magia podrida y una guerra)
Por lo cual, encontrar un culpable per se era infructuoso y francamente frustrante.
Ella no controla lo que siente y como lo siente, y obviamente no había nadie responsable directamente de ello, como no lo había del aparente destino que regía su vida y que parece vincularla con algo más grande y difícil que enfrentar tiempos de guerra.
Por lo que, tal vez demasiado fácilmente, decide culparlo a él.
Después de todo, fueron los vikingos los que iniciaron todo esto. Es él quien choca contra ella, y es solo su culpa que fuera a buscar respuestas que sólo empeoraron las cosas y su mente.
Así que tacha su anterior lista de culpables que incluía a su madre y su planteamiento irreal de romance, junto con Kai por su presión cada vez mayor de casarse y conseguir una alianza para mantener el reino fuerte y seguro, para ponerlo a él.
(Aunque no sabe su nombre, decide llamarlo simplemente "Ojos verdes")
En algún punto, recuerda, entre sus reuniones con el consejo sobre el asentamiento vikingo cerca de sus fronteras y noches en vela organizando un nuevo enfrentamiento, es que recibe una carta anónima.
Una carta corta y concisa que cambia las cosas completamente.
"No prometo la paz, pero si un camino nuevo. Nos vemos en el bosque a media noche.
-H."
Lo piensa un momento, y luego la lanza al fuego.
Contra toda la racionalidad que le ha dado una vida difícil, se calla cualquier duda mientras pretende saber que es lo que está haciendo cuando se escabulle entre las sombras de su castillo durante la noche, para ir a donde fue citada. A pesar de que sabe que podría morir esa noche al ser llevada a una trampa.
Aún así, lo hace.
Se quita la corona de una tonelada que ha descansado sobre su cabeza por demasiados años ya, y avanza con la frente en alto todo el camino. Dispuesta a acabar de una vez por todas, con el cansancio que sentía luego de todo ese tiempo con la sensación de la muerte en su espalda. Ese molesto nerviosismo y la anticipación que siempre la acompañaban desde que el impetuoso fuego verde se había interpuesto en su camino, cambiando su vida.
(Lo que se teme, siempre había estado ahí. A la sombra de su existencia, esperando suceder).
Ya había alcanzado su limite con todo eso, estaba exhausta
(De profecías, malos augurios, la calamidad de una guerra)
Es demasiado para ella, quien pensó que podría sortear la adversidad. Se ve tristemente, vergonzosamente, superada. Insegura, sin saber si seria capaz de poder mantener a su reino soberano mucho más tiempo por si sola.
(Sin amigos, ni aliados, todos se comen a si mismos)
No esperara a ver que sucede.
Así que, por primera vez en mucho tiempo, toma todo lo que le queda dentro del pecho y se propone gastarlo de una buena vez, antes de que termine por comérsela de adentro hacía afuera. Y tal vez, sólo tal vez, así pueda detener la agonizante esperar de que algo malo suceda en cualquier momento sin importar cuanto haya hecho para evitarlo.
Lo que la mantiene al borde, pensando en fuego liquido.
(Teme a lo que pueda pasar una vez que haga eso.
Pero está cansada de pretender que puede luchar contra lo inevitable.)
Se encuentran en medio de la noche, y ambos se quedan.
(Nadie muere y eso parece suficiente)
No hay pretensiones ni bandos contrarios, simplemente dos personas muy cansadas que quieren otra cosa muy distinta a esa interminable guerra que viven.
(Es la primera vez que hablan, pero ciertamente no se siente como la última).
Con el tercer encuentro, le queda bastante claro porque no es bueno estar en el camino del otro.
Le queda claro la razón de tantas advertencias proféticas, y lo que es peor.
No le importa.
Porque "ojos verdes", cuenta con comentarios inteligentes y, en realidad, estaba perfectamente dispuesto al diálogo.
Además de tener una linda sonrisa y un sarcasmo más bien impertinente.
Estaba segura, mientras sonreía de verdad por primera vez en mucho tiempo, que esto sería su infierno personal.
Su trágico destino.
(Y estaba perfectamente bien con eso)
Siempre que él esté ahí con ella.
Y él estuvo.
Hasta la inevitable caída.
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Dejare esto por aquí y me iré lentamente...
