Bueno, ¿Que puedo decir?, esto lo tenia que publicar. (Quieran o no).
A seguir con esos one-shots independientes. Todas aquellas ideas Random que no son del todo largas o suficientes para crear un fic, pero que se merecen su espacio.
Y que si han leído algo de mis trabajos anteriores en los diferentes fandom, sabrán que no miento cuando digo que lo que aquí acontecerá sera muy variado.
Sin más, espero que les guste.
Etiqueta: T
Categoría: Romance - Agust
Sinopsis: (UA "All is found") "Porque la naturaleza del desechado es buscar un lugar al cual pertenecer."
Where the northwind meets the sea
There's a river full of memory
Sleep, my darling, safe and sound
For in this river all is found
El traqueteo de la carreta sobre las pequeñas rocas sueltas del camino disminuye rápidamente. Sin querer permanecer mucho más tiempo a las faldas de la apartada colina, Brand no dudó en sujetar las cuerdas de su mercancía y trotar lejos con la mayor dignidad posible.
Al menos esta vez no arrojo los paquetes frágiles al suelo antes de partir apresuradamente.
En su lugar, amontono el par de cajas una sobre la otra y recargo a los costados los pliegos de tela y lana. Con cuidado de que no tocaran el resto de la mercancía, los frascos de vidrio y paquetes de hierba seca descansaban a medio metro de la carga principal. Como si temiera que contaminaran la comida y las herramientas, el curtido comerciante se aseguró de no tocar los medicamentos por los que su maestra pago tanto.
Tal parece que la plática que la frágil anciana le dio luego de la última visita surtió efecto.
-Aún tienes la chispa –
Le habían dicho ya que la pequeña mujer fue una fuerza de la naturaleza en su juventud, con corazones rotos a sus pies como si fueran cascaras de nuez y peleas salvajes en caballos indómitos. Gothi marco su huella tan a fondo, que incluso en su vejes los ecos de sus mejores años aún resonaban con fuerza.
Todavía podía hacer que grandes y molestos hombres de mar cuidaran sus modales y salieran corriendo montados en sus carretas sin mirar atrás.
Y ni siquiera estaba presente.
-Solo puedo soñar con tener tu toque –
Dando un último vistazo al comerciante que se alejaba por el camino, se sintió lo suficientemente valiente para levantar su mano y despedirse con una sonrisa. Segura de que incluso si la veía desde la distancia, no se atrevería a volver sobre sus pasos para darle alguna represalia.
Brand podía ser muchas cosas, pero suicida no era una de ellas.
-Ahora, espero que realmente este el pedido completo esta vez -Sin rastro de la sonrisa burlona de hace un momento, se cruzó de brazos para ver el encargo con sospecha y cansancio.
Porque ser mezquino, es algo que ese molesto sujeto, si haría.
Con cuidado tomo el pincel impregnado en tinta negra y espesa. Algunos grumos volvieron pesada la punta del pincel, pero recordó quitar el exceso dentro del cuenco antes de escribir en el pergamino.
Los trazos eran ligeros y siempre terminaban en una curva sutil, como infinitos bucles. Nunca podía dejar de curvar su muñeca hacia arriba cada vez que escribía. Era un movimiento involuntario que manchaba el papel y estorbaba cuando escribía oraciones largas.
Esta vez, sin embargo, se las arregló para mantener los trazos rectos a costa de que las líneas de la tinta fueran toscas y gruesas. Probablemente un niño pequeño podía usar mejor un pincel, o escribir con mayor claridad, pero al menos sus runas eran legibles y eso era suficiente para ella.
Satisfecha con el fruto de su trabajo que le llevo buena parte del día, sostuvo la botella entre sus manos manchadas, viendo como el pergamino cortado de forma irregular se mantenía mayoritariamente adherido a su lugar.
Era sin dudas, una mejora notable.
El tiempo que tardo en hacer todo se redujo a la mitad, y ni siquiera se corto con la navaja esta vez.
Manteniendo la sensación cálida dentro de su pecho por eso, se levantó de su asiento en la mesa y soplo suavemente sobre la tinta fresca mientras avanzaba hasta la repisa cercana al fogón, donde la mitad de los frascos, cajas y botellas de la casa descansaban. Encontró un pequeño espacio libre y coloco la última botella que faltaba por guardar del nuevo cargamento. Al hacerlo, su mano se detuvo un momento en el aire al ver la diferencia de la calígrafa entre un frasco y otro.
Todo sentimiento de logro se fue igual que un soplo al viento, y un suspiro cansado tomo el lugar de su pequeña sonrisa.
Algunas veces olvidaba cuan grandes podían ser las pequeñas diferencias, y cuan minúsculos podían ser sus esfuerzos.
Pero antes de que se sumiera en nuevos pensamientos negativos, el sonido de pasos resonó en la vieja madera de la entrada. Eran lentos y no muy pesados, por lo que fue fácil identificarlos antes de que llegaran a la puerta.
Se giro a tiempo para sonreír y esconder sus manos manchadas de tinta mal hecha tras su espalda antes de que Gothi entrara. Lamentablemente, su postura lejos de ser casual causo que la sabia anciana de la aldea se detuviera en la puerta, dejara una bolsa de tela desgatada que tenía su tamaño a un lado y la viera con una ceja levantada.
No dijo una palabra o hizo algún sonido, pero la forma en que entrecerró los ojos y se curvo en si misma con sospecha fue suficiente para que el nerviosismo la rompiera ahí mismo.
-Termine mis deberes – Sin dar un saludo, comenzó a avanzar hacia atrás, con cuidado de no apartar sus manos lejos de su espalda. -Ahora voy a darle de comer a las gallinas y a las cabras, así que si me disculpas…-
Rápida como una serpiente, el bastón de la anciana cayo como un rayo golpeando muy cerca de su costado derecho, donde estaba la puerta trasera. Asustada hasta el alma, chillo mientras cubría su cabeza por acto reflejo, buscando cubrir a toda costa uno de sus puntos vitales.
Pero cuando el golpe letal no llego, las ganas de llorar si lo hicieron. Porque frente a ella, su maestra, la mujer que la acogió, le enseña los caminos de la sanación y la sabiduría druida, la alimenta y protege, esa mujer de linaje antiguo y caminos misteriosos veía directamente las puntas de sus dedos manchados.
Manchados con su costosa tinta exportada que no sabe prepara adecuadamente y no debería de estar siquiera tocando. La que le dijo, expresamente, que no usara si no estaba ella cerca para poder usar con moderación y cuidado.
-Puedo explicarlo -O al menos quería intentarlo, pero no pudo. Porque el siguiente golpe llego como un castigo de Thor sobre ella de forma implacable.
Su único consuelo era que no había nadie en metros a la redonda que pudiera oírla suplicar por piedad.
Los rayos de sol calentaban el aire de manera agradable, haciendo que el estado de ánimo general fuera bueno.
Muy pocas veces se tenía la bendición de un día sin nubes o tormentas, especialmente tan al norte de cualquier tierra o mapa conocido. Por lo que los ciudadanos de Berk estaban perfectamente complacidos con la pequeña bendición.
Las calles del mercado estaban llenas, y los caminos secundarios completamente abiertos para dejar pasar la mayor afluencia de personas, carretas y ganado. Sin ningún minuto que perder, todos se movieron en una animada masa de aldeanos dispuestos a comerciar y mover vienes.
Había gritos, por supuesto, porque esto no seria una aldea vikinga si sus habitantes no mostraran de que estaban hechos sus pulmones. Pero lejos de ser intimidante o caótico, las voces altas, los saludos estruendosos y las maldiciones amistosas acompletaban el ambiente del día.
Y vaya que era un buen día.
La mayoría de las personas sonreían, contentas con alguna cosa u otra. Y como el buen humor era contagioso, hoy todos fueron amables.
Asgeir le pregunto cómo iba su día cuando paso frente a su casa. La mujer de cabello color cobre con unas cuantas canas adornando su edad mostro las arrugas en los costados de sus ojos al sonreírle. Incluso detuvo su marcha, puso su canasto con ropa seca en su cadera y escucho su respuesta con buen humor.
Se despidió casualmente cuando uno de sus hijos rompió algo adentro de la casa, no sin antes mandar saludos a su maestra.
Helgar paso a su lado no mucho tiempo después. Cargaba una caja pesada, pero fue rápido al evitarla para no golpearla accidentalmente con ella. Le grito una apresura disculpa sobre su hombro antes de perderse entre la gente que estaba haciendo algo similar.
Gudrun la detuvo directamente en la calle, cuando dejo el puesto de verdura donde compraba los ingredientes para la cena. El hombre de su edad, pero con el doble de su altura y ancho la llamo por su nombre y pregunto si podía ir a su casa cuando tuviera un tiempo libre pronto. No era de vida o muerte, pero su hijo pequeño tenia fiebre y no importa cuanto lo intentaba, su temperatura no bajaba.
También se despidió y mando saludos a su mentora, sin ninguna sonrisa, pero tampoco con un ceño fruncido. Y en el estándar personal que tenía para ese hombre en particular, cualquier expresión en su cara que no fueran molestia o asco, era una muy buena señal.
La hizo sonreír y acomodar mejor su bolsa llena de comida fresca mientras seguía con sus mandados del día.
Podía contar con los dedos de sus manos las veces en que alguno de ellos fue abiertamente amable con ella, y ese día en particular, estaba haciendo que ese triste numero incrementara casi al doble. Hacia que su pecho se sintiera ligero y que quisiera tararear una canción sin nombre mientras caminaba.
Era encantador.
El día soleado y alegre, con las personas a su alrededor incluyéndola en pequeños fragmentos amistosos de su día sin ninguna otra razón más que ser amables, era absolutamente encantador.
-¿Aina?-
El llamado firme y claro la hicieron detenerse en el momento y girar a su izquierda de forma automática. No había forma de no hacerlo, cualquiera que viviera en la isla estaba igualmente condicionado para detenerse y escuchar cuando la jefa hablaba. Y ella así lo hizo.
Se quedo en su lugar, aún llena del sentimiento agradable y ligero que mantenía la pequeña sonrisa en su rostro. Dejo que la mujer de más alto rango en la tribu avanzara hasta ella desde su lugar al otro lado del ajetreado camino, viendo la forma en que su trenza se sacude suavemente de un lado al otro con cada paso firme que da.
Era impresionante. La jefa Astrid era impresionante en todos los aspectos que importaban, y aun así, ella no podía dejar de notar la forma en que sus hombros se encorvaban por el peso de una vida cargando armas pesadas, o como su caminata siempre era demasiado rápida. No había nada delicado en ella, pero siempre exudaba gracia y dignidad.
Siempre que la veía reaccionaba de la misma forma. Se plantaba derecha, alzaba los hombros y sonreía plácidamente.
Algunas personas se atrevieron a decirle que siempre enfrentaba a la jefa como si fueran iguales, y que eso estaba muy fuera de lugar.
Ella también lo creía, pero no podía evitar que su cuerpo reaccionara como lo hacía. Así como su escritura siempre era innecesariamente complicada, su sonrisa era antinaturalmente amable y su voz siempre era tan clara y cantarina. Era inevitable que sintiera la necesidad de confrontar a la jefa buscando cualquier imperfección y debilidad.
No estaba bien, pero por su vida, no podía evitarlo.
Y esa vez, claramente no era la excepción.
La jefa avanzo hasta ella sin ningún rastro de disgusto o molestia, y eso no tenia nada que ver con el buen día. Por algún motivo que desconoce, las únicas personas que no tomaban a mal su reflejo involuntario de altanería eran el jefe y la jefa.
Ellos siempre eran amables sin distinción, amenos claro que alguien hiciera algo particularmente estúpido, los lideres de Berk eran razonables y atentos.
Astrid fue así, cuando llego hasta ella y la vio directamente a la cara sin tomarse a pecho la forma en que su sonrisa feliz cambio a una de cortesía practicada. No se veía molesta o incomoda, y se tomo un momento para saludarla como era debido antes de decirle porque la llamaba.
-Quería hablar contigo, pero no había tenido tiempo -Moviéndose a un lado con unos reflejos envidiables, la jefa de Berk evito que una carreta llena la golpeara en el hombro. -Es mejor que nos movamos de aquí antes de que alguien nos pase encima –
Y para probar el punto, el costado de alguien la empujo a ella haciendo que sujetara su bolsa contra su pecho para evitar que todo callera al suelo.
El golpe había dolido, pero por suerte la otra mujer rubia la pudo sujetar de su brazo para evitar que se hiciera más daño. Fue un poco vergonzoso, pero se animó a sonreír y agradecerle por su ayuda antes de enderezarse y acomodar la correa sobre su hombro.
-Si, yo iba al puesto de Agathe, si usted quiere podemos hablar de camino allá –
Señalo en la dirección de su costado, donde el puesto de la tejedora local se encontraba. No era una caminata larga, y con algo de suerte, la plática no duraría mucho de todas formas. Había pocas cosas o temas que necesitaran la interacción entre ellas dos, y dudaba que fuera algo particularmente importante. Si fuera así, la jefa buscaría a Gothi, quien es la única curandera de Berk y la última anciana druida que queda.
Aina era solo una aprendiz, y raramente se inmiscuía en los temas importantes.
Algún día lo haría, por supuesto. Cuando su maestra muriera o fuera demasiado senil para cumplir sus funciones, pero hasta que ese día llegue, ella solo era una ayuda secundaria dentro de la tribu.
Apenas tenia voz en las decisiones y tenía nula incumbencia en las votaciones, esto era en buena parte la razón por la que la gente del pueblo se tomaba tan mal su actitud fuera de lugar. Para ellos, estaba siendo irrespetuosa y grosera sin ninguna buena razón, y si algo tenia que ser admirado del pueblo vikingo, es su respeto a la jerarquía.
Ellos creen que cada puesto es ganado, y que irrespetar ese derecho obtenido con esfuerzo y justicia era extremadamente ofensivo.
En especial porque ella era una adición nueva a la tribu.
Mientras todos ahí tenían generaciones de ancestros viviendo en el archipiélago, respaldados por un clan y su apellido, ella misma era una completa desconocida que sin venir a cuento tomo uno de los lugares más importantes y respetados dentro de su jerarquía.
Ninguno de ellos cree que merezca ser la próxima sanadora, pero como Gothi nunca tuvo familia, su sangre moriría con ella. Pero no así su legado. No les ha quedado de otra más que aceptar la voluntad de la anciana, porque como ya se a dejado claro, ella era un hueso duro de roer y no había nadie con el valor para ir en contra de su deseo y voluntad.
Claro que eso no quiere decir que no fueran mezquinos cuando la mujer mayor no estaba viendo, pero incluso ella, tan aversiva a la violencia como era, podía defenderse sola. Y claro está, podía poner de su parte para intentar ser aceptada por la tribu.
Este día en particular, toma todas las buenas cosas que pasaron a lo largo de la mañana para bajar la guardia y dejar que la jefa dirija la marcha. Se asegura de no caminar ni un centímetro delante de ella, o hablar fuera de lugar. Toma la decisión consciente de no mirarla a los ojos y de responder solo cuando le hace una pregunta.
Se esfuerza mucho, y parece que da resultados cuando unos cuantos transeúntes y comerciantes les sonríen al pasar o asienten en un saludo rápido reconociéndolas a las dos.
A diferencia de cualquier otro día, de cualquier otra semana. Nadie la ve con una mirada de reproche o murmura que está haciendo algo mal.
La jefa Astrid incluso sonríe y su postura general cambia. Quizás siente la diferencia en su interacción, o el buen día al fin la alcanza. Sea como sea, la curva de su cuello se inclina y con ella deja ver unos cuantos mechones sueltos de su trenza. Le da una apariencia relajada y juvenil, casi como una joven mujer que camina por el mercado con una amiga.
Hace que Aina sonría, porque esa es la idea más ingenua que a tenido en mucho tiempo.
-Lo eh estado pensado por un tiempo -La mujer Haddock sonríe. Es una mueca pequeña, pero es sincera y ella la imita. -Zephyr ya está en edad de aprender una profesión, y se que tu misma aún eres una estudiante, pero me gustaría que la tomaras como aprendiz. –
Es directo, es imprevisto y no puede evitarlo, ella se detiene de golpe. Alguien choca con otro alguien por eso, pero al ver que es la jefa quien esta en medio del tráfico, nadie se atreve a decir algo.
Eso no evita que Aina se tome un momento para acomodar sus ideas. Pero cuando al fin lo hace, se las arregla para tranquilizarse y sonreír de nuevo.
-Claro que puedo hablar con Gothi -Le dice, muy segura de entender lo que quiso decir. -Se que ella dijo que solo me enseñaría a mí, pero eso fue hace años, cuando estaba molesta y no pensó a futuro. –
Aquella vez todo había salido mal.
La querían fuera de la tribu. Y la única opción que se le ocurrió a la anciana druida para evitar que la arrojaran al mar para morir de hambre era tomarla como su única heredera. Así nadie podía decir una sola palabra en contra de su integridad nunca más.
Claro que, al hacerlo, comenzó un caos en la jerarquía de herederos. Todas aquellas familias que habían querido que alguna de sus hijas fuera la aprendiz de Gothi se habían quedado sin nada, y eso incluía a la hija mayor del jefe de la tribu.
La niña tuvo la mala suerte de quedar relegada de la línea de sucesión cuando su hermano menor nació. De haberse quedado como hija única, o como una hermana mayor de otra niña, la pequeña Zephyr pudo ser la jefa de Berk. En lugar de eso, fue elegida como una de las posibles herederas de la segunda mujer más poderosa del archipiélago.
Pero al final, incluso eso fue quitado de sus manos.
Y ahora su madre estaba pidiéndole, de una manera muy amable, que se lo devolviera.
No era inaudito, y una parte de ella siempre lo había estado esperando. Que la pequeña heredera tomara su lugar como la siguiente curandera era lo natural. Y si hablaba con su maestra, podrían encontrar una forma de usar lo aprendido hasta el momento de otra forma.
Podría incluso irse a otra tribu aliada para empezar de cero.
No tenia porque quedarse ahora que podía valerse por si misma. Hace años, el camino que tomo Gothi era el único que había, pero ahora, podían tomar cualquier otro.
-¿Qué?, no, no -Pero claramente ella era la única que pensaba eso, porque la jefa la miro directamente como si tuviera algo obstruyendo sus oídos. Se inclino más cerca y hablo más fuerte. -Quiero que tú enseñes a mi hija. -Entonces le señalo el pecho, puntuando lo que siguió diciendo. -No Gothi, si no tú-
-¿Yo? –
-Si, eres la siguiente sanadora y me gustaría que mi hija aprendiera de la próxima generación. -Y siguió sonriendo, como si se conocieran de toda la vida y solo estuviera siguiendo el camino natural de las cosas al pedirle eso. -Zephyr necesita una vocación, independientemente de si esa vocación tiene poder o no. Eres amable, diligente y muy inteligente, son cualidades que me gustaría que mi hija aprendiera para ejercer cuando sea una adulta. –
-…¿Yo? -Sin poder salir de ese ultimo punto, se señala a si misma. Con las manchas de tinta desvanecida todavía en las puntas de sus dedos, el chichón punzante en su cabeza que sigue doliendo y los labios resecos porque se a olvidado de comer y tomar agua esa mañana.
Esta lejos de ser alguien confiable, o un miembro completamente integrado de la sociedad vikinga, pero de alguna forma, de algún modo, su jefa estaba ahí pidiéndole que enseñe a su hija.
-Si, tú Aina -Divertida por su incredulidad, Astrid gira los ojos y se aparta medio paso. -Pero si no quieres puedo entenderlo –
Eso la saca de su estupor.
La hace parpadear y negar con la cabeza rápidamente asustada. -No, no, esta bien. -Se acerca el medio paso que la mujer rubia se alejo y trata de corregirse. -Solo…es muy inesperado. –
Porque nunca jamás, en sus más locos sueños, pudo imaginar que la jefa cuya relación es tensa la mayoría de los días la tenga en tan alta estima como para quererla como la maestra de su hija. No solo le dio un reconocimiento a su trabajo, si no que afianzo su estatus para el futuro.
Si aceptaba, tendría un puesto reconocido por la mujer con mayor poder del lugar. Un trabajo ganado por su esfuerzo, no un regalo ni un acto de piedad desesperado. Si no un reconocimiento obtenido por lo que había estado haciendo cada día por cinco años.
Nadie en la Isla podría tratarla como desmerecedora de su lugar dentro de la tribu nunca más. Y cuando el tiempo de sustituir a su maestra llegue, ya tendría un legado construido por sus propios medios.
La hace querer llorar.
Y no sabe que otra cosa hacer más que agradecer a la mujer frente a ella.
Murmura una cadena de gracias mientras intenta evitar llorar. No se inclina, aunque quiere hacerlo. Hay una parte de ella que siente que esta oportunidad y reconocimiento a su valor como persona necesita ser reverenciado. Pero es un impulso tonto, y lejos de ser bien visto cualquier vikingo que se precie vería de mala forma tanta debilidad expresada en un solo momento.
Así que se levanta, cuadra los hombros y sorbe su nariz con toda la dignidad posible.
Su jefa sonríe, y le da una palmadita en el hombro.
Las pieles y el cuero se funden en su trenza y Aina no puede evitar pensar que Astrid es una buena jefa que se preocupa por su gente. Por cada uno de ellos.
Todavía no puede evitar ver todas las pequeñas imperfecciones en su postura y expresiones, pero por primera vez, no siente que tiene que estar a la defensiva. Es extraño, pero la sensación de verla como un igual sigue ahí, solo que no como una amenaza, si no como una genuina posible amiga.
Es extraño, y encantador.
Un camino que había estado bloqueado se abre ante sus ojos.
Hay una mujer y una canción.
En sus sueños.
Supone que es una canción, a pesar de que la letra se pierde en algún lugar de la voz poderosa y dulce. No tiene ningún sentido, pero las palabras que no entiende siempre la consuelan.
Las notas se mueven como la marea, como el viento cálido del verano. No hay una explicación para lo que quiere decir, solo un sentimiento impregnado en su tono.
Es hermoso en todo momento y siempre despierta sintiendo que a perdido algo. A pesar de que la mujer nunca se deja ver, danzando en la niebla gris de su sueño, a veces piensa que puede ver ojos azules como los suyos, cabellos castaños oscuros o trenzas rojizas.
Hay risas de campana y gritos de jubilo que se mezclan con la canción sin letra. Siente que puede saborear algo dulce y cálido en la punta de su lenga mientras intenta acercarse más a la mujer desconocida, pero no puede saber que es. Nunca a probado algo así, y cree que bien puede ser solo una de esas cosas sin sentido que pasan en los sueños irreales como ese. Como las visiones de luces entre la nieve y el olor de la tierra húmeda de octubre.
Pero no importa que tan extraño y difuso es el sueño donde la mujer que canta aparece, Aina siempre se sumerge en él con gusto.
Persigue la figura entre la niebla como una niña que juega a las escondidas. Las puntas de sus dedos a veces parecen alcanzar la tela esmeralda pero siempre se desvanece antes de si quiera poder tirar de ella para sacarla de la niebla hacia ella. Imita las notas de la canción y ríe cuando el eco de risas traviesas resuenan a su alrededor como truenos en la lluvia.
Es feliz y no sabe por que.
Pero para ella, eso es suficiente. No cuestiona nada del sueño y de las cosas extrañas que pasan en el, no pretende buscar mayores respuestas de las que puede tener cuando es particularmente valiente y le pregunta a su maestra por el posible significado de cosas particulares.
El sueño es hermoso, pero no tiene lugar en el mundo real. Y en su mundo real, no hay mujeres de risas que le calientan el corazón y canciones que le cosquillean el alma. Ni telas que parecen hechas con la aurora boreal o castillos hechos de hielo de colores.
Pero oh, que maravilloso es cuando se sumerge en un pequeño mundo donde si.
Las lecturas de las runas eran una cuestión delicada, y por lo general se requería de una preparación previa para las Vitkis. Al consultante también se le pedían unos cuantos requisitos, como no portar armas, beber del té que se le ofrecerá y tener solo una pregunta que consultar.
Dependiendo de que tipo de lectura, será la preparación que se tendrá que tomar por parte de las lectoras. El resto de los requisitos se mantienen igual, por lo que los consultantes rara vez se tienen que preocupar por hacer otra cosa diferente a lo que se les pide.
Esta vez, sin embargo, la lectura que se tenia que dar era una de seis runas, y por lo tanto, la preparación era mucho más meticulosa de lo que sería normalmente.
Aina ayudo, lejos de estar lista para una lectura tan extensa, simplemente asistió mientras todo se preparaba. Lo había hecho solo un par de veces, por lo que estaba nerviosa asegurándose de que todo estuviera en orden.
Por lo general, la gente en Berk no era particularmente supersticiosa. Las lecturas solían hacerse para los nacimientos de los bebés, esperando ver su suerte en la vida. O cuando alguien pasaba un momento particularmente oscuro y necesitaba la ayuda de los dioses para saber que hacer.
Las lecturas eran escasas y no mayores a tres runas, por lo que su experiencia practica sobre el tema era en extremo limitada. Solamente había visto dos lecturas de tantos caminos
a la vez a lo largo de su vida en la isla, y en ambas ocasiones eran visitantes extranjeros que vinieron desde sus islas exclusivamente para ser atendidos por Gothi.
Ninguno de ellos obtuvo lo que venían buscando, dada la forma en que le gritaron al cuenco donde descansaban los antiguos huesos tallados y a su maestra con tanta fuerza. Sus rostros completamente rojos parecía que estallarían en cualquier momento por la colera. Era solo una muestra de le experiencia y autocontrol de la mujer lectora de caminos la forma en que se quedo quieta, sin parpadear, mientras estos extraños le gritaban furiosos porque no les dijo lo que querían oír.
Sus caminos habían sido tan trágicos, que casi sintió lastima por ellos. Pero al ver su reacción, cualquier amparo que tuvo por su desdicha se fue volando por la ventana. Y cuando se fueron, no quedo ni un solo rastro de ellos.
Tan probable como era que sucumbieron a sus trágicos destinos, Aina no supo nada de ellos hasta el momento. Eran simplemente un mal augurio y un ejemplo de lo que pasaba cuando el destino llegaba a un puerto indeseable a pesar de la desesperación de los involucrados. Y por lo general, las dos únicas lecturas de seis runas que había presenciado hablaban por si solas sobre porque era un pedido excepcional y potencial mente peligroso.
No fue extraño entonces, que se tomara tan en serio su asistencia durante la preparación.
Rezo junto con Gothi, y purifico el aire de la cabaña con sumo cuidado. Tomo la sal de la mesa y creo un círculo seguro alrededor de donde se sentarían. Tomo la vela negra, y la encendido con el fuego de la antorcha del patio delantero. Cerro cada una de las ventanas y untó aceite de mandrágora en cada una de ellas.
Preparo, con atención y algo de miedo, el té de menta. No se separó del fuego en ningún momento. Mientras el nerviosismo comenzaba a escalar por su espalda con sus frías garras y el crepitar de la madera consumiéndose le recordaba el tiempo pasar, se aseguro de que la olla se calentara como era debido.
Era, después de todo, el vínculo que abriría las puertas a los caminos para alguien que no nació con magia.
Si esto fallaba, la lectura seria inútil, y el miedo de que algo saliera menos que perfecto era demasiado para que pudiera manejarlo por si sola. Si no hacia esto bien, no esperaría a que su maestra intentara defenderla de los aldeanos furiosos, porque ella misma se arrojaría al mar con solo su ropa puesta.
Ni siquiera esperaría a hundirse, ella sola nadaría hasta el fondo.
- Tu nerviosismo atraerá a los malos espíritus –
Materializándose de la nada, la pequeña figura de su maestra avanzo desde su espalda hasta el fogón. Habría saltado en su lugar como un gato asustado si la negatividad de sus pensamientos no fuera tan densa. No pudo ni dar un hipido sorprendido, en su lugar, se mantuvo mordiéndose la uña de su dedo pulgar con ansiedad.
Pero se detuvo a la fuerza, cuando Gothi uso su infame bastón para golpear su mano. A ella nunca le gusto ese gesto en particular, decía que dañarse a si misma, por más pequeño e insignificante que sea el gesto, iba en contra de la naturaleza.
La última druida decía que todo tenia un orden de prioridad en el mundo, y ellas dos, como seres conectados directamente con la naturaleza, eran lo más cercano a la voluntad de los dioses que pisaban la tierra. Sus cuerpos eran sagrados, y por lo tanto, tenían que ser cuidados y preservados.
En parte, el miedo inherente a esa antigua regla es lo que hace que la anciana se salga con la suya con tanta facilidad. En especial cuando se trataba de asegurar la integridad de la propia Aina. Porque puede que a la mayoría de la gente en Berk no le guste, pero ella era un puente con la naturaleza y la espiritualidad. Y como tal, tenía que ser respetada.
Al menos le gustaría tener esa certeza también.
En su lugar, lo único que mantiene es una altanería que viene de algún lugar desconocido y que tantos problemas le trae. Si tan solo confiara tanto en su propio poder y capacidad no tendría que cuidar cada paso que da alrededor de los pobladores de la isla y su ferviente deseo de verla dar un paso en falso para poder sacarla a patadas de su hogar.
Bueno…no tendrían que espera mucho si sus nervios alterados seguían dándole un mal momento.
Oh dioses.
Ella arruinara esto, ¿no es así?.
Le dará la razón a Dag y sus incesantes acusaciones de que todo lo malo que pasa en la isla es por culpa suya. Ingrid gritaría que siempre supo que ella era una desgracia esperando ocurrir, y Eret la miraría con decepción después de que le prometió no provocar la molestia de ninguno de ellos nuevamente.
Ni siquiera tuvo la oportunidad de usar su titulo de maestra antes de quemar todo hasta los cimientos.
Y eso es quizás, lo más triste de todo.
Tuvo la oportunidad de acercarse a todos ellos medio paso a la vez, y ahora estaba en el inicio. Bueno, no realmente. En el inicio de todo ni siquiera tenia un nombre que llamar suyo o algún conocimiento que pudiera usar para sobrevivir, quizás….
Quizás podría retomar el plan de escapar de la isla en medio de la oscuridad de la noche y tomar una nueva identidad en otro lugar. Tal vez en el continente, donde ningún vikingo particularmente vengativo vaya tras ella por maldecir a su amado jefe.
-Te dije que dejaras eso ya –
Molesta y tan indignada como debía estar, Gothi la golpeo de nuevo. El bastón de madera antigua se sacudió con las cuencas y plumas que colgaban de su punta superior cuando el grupo de talismanes y artilugios varios conectaron con su carne. Solo fue suerte pura que su labio no de hubiera roto cuando mordía su uña.
-Lo siento -Con cuidado, aparto su mano de su cara y la guardo tras su espalda. Era un acto reflejo que aprendió luego de tantos golpes por hacer algo mal. Era mejor apartar los objetivos de la vista de su maestra, quien siempre golpeaba las manos para disciplinar y la cabeza para castigar. -Ya no lo hare –
Lo intentaría, al menos. Y eso pareció ser suficiente para la pequeña mujer frente a ella porque dejo de intentar golpearla de nuevo y en su lugar giro en dirección a la olla donde el té seguía calentándose.
Por lo general, su maestra no era una mujer cálida o atenta. Con una vida plenamente vivida en una aldea vikinga cuando las guerras eran comunes y las tribus estaba aisladas, no se podía esperar que fuera paciente y cariñosa.
Ella aprendió a golpes, con dolor e implacable seguridad para tomar acciones.
Y era claro que esperaba qua Aina aprendiera de la misma forma. La frustraba que no fuera así, y si bien no despreciaba por completo sus formas tan diferentes de hacer las cosas, siempre se aseguraba de que en su presencia se hicieran las cosas de la manera "correcta". Y si eso implicaba que su aprendiz fuera apaleada a golpes porque no podía manejar hacer un té sagrado como era debido, entonces que así sea.
Ella no lo tomaba de manera personal.
Convivía con la mujer a diario, y aprendió a leerla conforme el tiempo pasaba. Y en esta ocasión podía decir lo que la mujer mayor estaba pensando mientras veía el fuego lamer el fondo de la olla.
Gothi estaba pensando si la dejaba quedarse para la lectura o no.
La clara duda en su rostro y postura era un puñal en el corazón. Hasta ese momento, la carga de la incompetencia y la duda era solo suya, pero ver que alguien a quien respetaba mucho también compartía ese escepticismo era un dolor completamente diferente.
Aina no tenía a muchas personas de su lado, y el apoyo de la mujer frente a ella era una de las pocas cosas constantes y fiables de su vida. El esfuerzo que ponía día a día en sus lecciones y actividades diarias era una forma de agradecer ese apoyo fiero y duro que su mentora tenia en ella. Saber que la duda navegaba sus ojos cansados por la edad se sentía como un puñal en sus entrañas.
La hace agachar la mirada e inclinar la barbilla.
No muerde ninguna de sus uñas, pero pasa de un lado a otro el filo irregular de su cutícula por el costado de su dedo índice. La piel escuece, pero no se corta o se magulla y eso es suficiente.
Se esfuerza en recordarse que ella es una mujer sagrada, su cuerpo en bendito y la única otra alma en este mundo tan pequeño, distante y frio que puede tocarla y manejarla como un igual en pleno derecho es la anciana a su costado.
Y ella es la que la guía y reprende para que sea adecuada, no perfecta, porque nada en el mundo lo es. Pero si dura y soberbia para que sea intocable e incuestionable. La única persona que duda de si misma es ella, y Gothi se pregunta frente al fuego y Aina si esta haciendo algo mal y todavía no esta lista para ser la próxima guía espiritual de su tribu.
Es doloroso, pero se da cuenta de que la incertidumbre que crece como mala hierba dentro de ella se está extendiendo a las pocas personas que están a su lado.
Algo en su pecho se retuerce, le quita el aire y termina por apartarse del fuego.
Da un par de pasos aferrándose a la sensación de su uña masticada presionando sobre su piel. Las sombras cálidas bailan sobre la pared atrás de ellas, las ventanas cerradas apenas dejan entras la luz del atardecer y su vista llega sin quererlo a los recipientes etiquetados con diferentes caligrafías.
Hay una clara diferencia entre una y otra. El pergamino es nuevo y mal cortado, pero correctamente alineado sin ninguna mancha o error ortográfico. Duraran mucho tiempo, tanto como los viejos frascos que la misma curandera de la tribu hizo en su juventud y que todavía se mantenían en su lugar sobre la repisa.
Era una tontería, la forma en que la vista de dos cosas completamente diferentes funcionando para lo mismo la hicieron sentir.
Las lagrimas llegan a sus ojos, pero a diferencia de la tarde pasada en compañía de su jefa, esta vez no encontraba una buena razón para detenerlas. Las deja fluir, suavemente sobre sus mejillas al igual que las pequeñas gotas de una llovizna de primavera. Son pesadas y calientes. El llanto llega fácilmente a ella y lo deja ir.
Lo deja ir.
Porque el miedo era una cosa tan fea, y la certeza era escasa durante los buenos días. Y ella no quería que su único hogar dudara de ella nunca más.
Tenia un lugar al cual pertenecer, justo ahí, entre fuego, hierbas y magia. Sobre una colina siempre verde y una casa tan antigua como Berk mismo.
Lo único que le impedía pertenecer en ese pequeño pedacito de mundo, era ella misma y …
Las diferencias eran pequeñas y monumentales a la vez. Pero de todas formas puede apreciar que esas cosas pueden no importar en el lugar correcto. Mientras Aina puede nunca pertenecer a Berk, si puede pertenecer ahí.
Y la esperanza duele tanto que el nudo en su pecho escala hasta su garganta. Las lagrimas manchan el suelo y sus ojos apenas pueden leer las etiquetas. Ante su vista todo se desdibuja y la presión en su piel termina por estallar, donde los caminos se tejen y las líneas son difusas.
La sangre fluye de forma lenta y cálida, no muy diferente a su llanto. La sensación le asusta y se apresura a hacer un puño rápidamente con su mano para esconderla detrás de ella.
No puede verlo, pero afuera la nieve comienza a caer suavemente. Se acumula en el alfil de la ventana y en las escaleras de la entrada.
Acalla los pasos de quien llega a su cita, por lo que cuento el toquido suena en medio del silencio de la madera quemándose la sorpresa rompe los hilos de pensamiento dentro de la casa.
Gothi aparta del fuego la olla con la punta de su bastón, da unos cuentos pasos agiles y precisos. Llega a la mesa incluso antes de que Aina pueda secarse las lagrimas y se encarga de mirarla contemplativamente un momento antes de tomar su decisión.
-Toma la taza y trae el cuenco con las runas-
No la mira para confirmar si lo hace o no, ha dado una orden y su pupila la seguirá sin chistar. Es una de esas cosas que su maestra no sabe si catalogar como algo bueno o como algo malo. Solía decirle a Aina que siempre parecía inclinada a seguir ordenes, y de alguna forma, siempre se paraba perfectamente erguida mientras hacia algo que no quería hacer.
La miraba con los mismos ojos contemplativos y sabios mientras le decía que eso sería una cualidad que la haría confiable y temible a partes iguales si tomaba las riendas de su vida, o por el contrario sería su condena si permanencia dudando de si misma a cada paso que daba.
Esta vez, ella no sabe que parte de esas viejas declaraciones servirían para etiquetarla hoy.
Se inclina a creer en la parte que la hace aprender de si misma mientras se limpia las lagrimas con su mano limpia. Se las arregla para hacerlo mientras Gothi avanza a la puerta a un paso notoriamente lento. Rápidamente toma un paño limpio y lo sujeta esperando que absorba la sangre, la madera sede ante el peso de la mujer que camina resueltamente a la entrada.
No es sutil, no para ella al menos.
Vive en esa casa, conoce los movimientos y gestos de la guía espiritual de la isla y la forma en que le da tiempo extra para calmarse y limpiarse antes de empezar es tan descarado como podía ser.
La vieja mujer dura y correosa hasta los huesos, piadosa y valiente, misteriosa y conspirativa. Le da la espalda y cojea dramáticamente hasta la puerta. No cuestiona ni una sola de las cosas que la habían estado atormentando hasta el momento.
Dudo de Aina por un momento, corto y difuso. Se fue incluso antes de que ella se diera cuenta de que la incertidumbre ya no estaba ahí y ahora se encontraba de pie en medio de la cocina tan nerviosa como siempre.
Las lagrimas aún no se secaban del todo, y la herida todavía goteaba. La incertidumbre seguía ahí, latiendo con cada impulso de su corazón desbocado. Pero había algo nuevo que despejaba su garganta y hacia más fácil respirar.
No se atreve a llamarlo esperanza, pero se acerca mucho.
Al final del corto camino, la Vitkis sacude su bastón dejando sonar sus baratijas. Un saludo, un aviso y todo lo que hay en el medio.
Del otro lado un ultimo golpe suena y sin otra cosa por hacer la puerta se abre.
Hay un pequeño chillido de bisagras que tendrá que ser reparado después, cuando los espíritus buenos y malos dejen la casa. Pero es solo un pensamiento difuso que Aina tiene a ultima hora. Esa distracción tampoco dura cuando el jefe de Berk entra a la casa y se sacude la capa de nieve sobre su ropa antes de entrar del todo.
Hay un saludo rápido y adecuado, primero a su maestra y luego a ella.
No hay mucho más después de eso, porque no seria adecuado. En su lugar Aina avanza hasta la entrada dejando que su maestra guie a su jefe hasta la mesa donde todo estaba preparado. Sostiene la taza vacía y se asegura de no tocarla con su mano herida. A diferencia de Gothi, ella no se toma su tiempo y llega rápidamente a la puerta, donde arroja el paño directamente al fuego de la entrada.
Las llamas danzan mientras devoran la tela. Da una disculpa rápida a los dioses y los espíritus por derramar su sangre en vano y se apresura para cerrar la puerta.
Se detiene, sin embargo, para ver la nevada caer.
Pequeños copos de nieve se entretejen entre si, caen como una caricia sobre su cabello y en la tierra.
Hay una familiaridad perdida. Algo se siente tirando desde su pecho hacia la nieve y se encuentra queriendo llorar de nuevo.
Es extraño como lucha con uñas y dientes para encontrar su lugar dentro de pieles, fuego y madera, pero siente que algo que no puede alcanzar la llama desde el invierno.
Algo que tampoco puede ser suyo.
Es de noche cuando la primera nevada del invierno llega.
Ella no lo recuerda, no importa cuanto lo intente, pero su mentora siempre es abierta para responder sus preguntas por lo que cada detalle de esa noche es repetido constantemente.
Era de noche, el viento y el mar se sacudían como si estuvieran en una batalla y la nieve caía como cenizas del cielo.
No era una noche extraña ni inusual, por lo que nadie en la isla se molesto en tener mayor cuidado del que tendría normalmente. Fue, sin embargo, el llamado de la magia lo que tiro de las entrañas de la vieja bruja sobre la colina.
A Gothi no le gustaba que la llamaran así, ella siempre decía que su conexión con el mundo era mucho más que una simple palabra manchada por el desprecio y el miedo. Pero incluso así, la sabia mujer que tejía secretos y leía los caminos del destino con sus runas tenia que admitir que el titulo de bruja era adecuado en contadas ocasiones.
Esa noche en particular, la mujer siempre aceptara ser llamada de esa forma.
¿Por qué?, porque solo una bruja podía meterse en medio del camino del destino y tomar lo que no estaba destinado a ser suyo.
Su maestra no guarda secretos, y siempre fue clara al decirle que decidió enfrentar al destino cuando salió de su casa para sortear la primera tormenta de invierno. Podía sentir su magia tirar en una dirección especifica, así que escucho al llamado aún sabiendo que no debería.
Porque la magia que la guiaba a ella se sentía mal.
La anciana siempre dice que la magia suena a música, y que la suya en particular, era una que no se oía bien. Siempre la describe como un canto sin letra, un ritmo sin dirección o una canción olvidada.
Para el oído experto de un ser afín a la magia, el llamado que sorteaba la tormenta desde el mar hasta la colina no era un pedido de ayuda. No, era un canto moribundo.
La naturaleza no es amable con la muerte, todos los animales tenían señales que advertían a otros para alejarse cuando el fin de la vida acechaba cerca. La magia en si misma no era la excepción. Pero Gothi nunca fue del tipo de mujer que se quedaba de brazos cruzados, en especial, cuando había dedicado toda su vida a cuidar y sanar enfermos.
Dejarla morir, cuando eran tan pocas hechiceras en el mundo, era un acto cruel y sin sentido.
Así que en lugar de escuchar lo que su propia naturaleza tenia que decir, tomo sus cosas y salió directamente al mar embravecido con solo su convicción para hacerle compañía.
Por si sola, la pequeña mujer llego lejos. Con una existencia invertida en cada pedazo de tierra, en cada roca y cada casa de madera en Berk, llegar de forma rápida y segura a la costa fue sencillo. El problema sin embargo vino cuando la encontró, y no podía sacarla del agua.
La vieja druida le dijo que ella estaba medio flotando entre las rocas. La mitad de su cuerpo boca arriba y la otra parte completamente hundida entre la marea.
No había ni un rastro de madera que delatara un naufragio, o alguna cuerda que la señalara como una esclava en fuga. Todo lo que tenia con ella era un conjunto blanco adornado con cristales que flotaba como la espuma del mar con cada sacudida de una nueva ola en la orilla.
Sin duda parecía muerta por la palidez de su piel y lo completamente inconsciente que estaba. Pero su pecho subía y baja, su magia agonizaba y de algún modo se las había arreglado para sostener una estructura de hielo improvisada.
Fue esto ultimo lo que sin dudas la había salvado.
La formación de hielo en forma de una columna irregular que evitaba que fuera arrastrada mar adentro de nueva cuenta. Se aferraba a ella con un agarre mortal, sus dedos ni siquiera tenían color, pero de alguna forma sus apéndices lograron mantenerse sujetos a pesar de la inclemencia del clima.
Podría estarse muriendo, pero claramente una parte de ella quería seguir con vida.
Gothi no lo dudo, se aseguro de sujetar su muñeca con una soga antes de alejarse para pedir ayuda. Nunca fue una cuestión de pensar bien las cosas, la mujer mayor siempre se lo dice cada vez que pregunta:
"Te arrojaron al mar, claramente no te querían. Pero yo si."
Fue un momento, y todo cambio.
La decisión de esa solitaria mujer fue tomar algo que fue desechado para morir, a pesar de no ser su destino.
Porque eso tampoco era un secreto.
Se supone que tenía que morir.
No tiene ningún camino a su espalda, ni ninguno enfrente de ella. Todo ser vivo lo tiene, pero ella no.
No importaba cuantas veces su maestra hizo una lectura, o cuanto consulto con otros sabios de tribus lejanas, nadie podía ver de donde venia ni a donde iba. Era como si surgiera del éter mismo. Una criatura que nació de la nieve y la espuma de mar, con el toque del invierno en su corazón.
No era humana, y no era alguien.
Sin embargo, Gothi la quería.
Lucho por ella con uñas y dientes con toda la saña que su pequeño y desgastado cuerpo podía reunir. Y triunfo sobre todos, humanos o no. Con un fuego que reverbera en las entrañas, la tomo como suya y desde entonces no ha soltado su mano ni un segundo.
Si tuviera la forma, la llamaría su madre.
Pero solo tiene el suficiente derecho para cargar con su legado y transmitirlo cuando sea el momento adecuado. Por lo que aprende diligentemente, toma con sus frías manos las hierbas secas y los morteros de piedra con cuidado. Lee los viejos textos hasta que sus ojos duelen y bebe ese agrio y desabrido té marrón que guarda en el único estante que no puede alcanzar sin su ayuda.
Hace lo que Gothi dice, no por obligación o miedo, si no por cariño y agradecimiento.
En medio de una isla en la que apenas esta encajando, esa vieja cabaña que comparte con esa misteriosa y respetable mujer es el único lugar que genuinamente puede llamar hogar.
Quizás no tenga un destino, y no debería de estar ahí, pero la idea de sortear las probabilidades en medio de una tormenta suena muy adecuada para ella.
Después de todo, Aina también es una bruja.
El fuego de la vela negra se alza como una espada llameante, hace que salte en su lugar y muerda su labio inferior con fuerza.
Eso no es bueno.
Piensa con preocupación.
El fuego había estado actuando extraño desde que Gothi y el jefe Hiccup se sentaron para comenzar la lectura de las runas. Las llamas se alzaban y caía de forma dramática en cada parte de la casa, pero sin duda no de una forma tan agresiva y claramente antinatural como hasta ahora.
El hombre castaño no había dado más que un trago al té sagrado y la vela de las almas ya se había activado de forma defensiva y con mucha fuerza. Por lo general, la reacción de dicha vela solía ser esa. Con el objetivo de proteger, la vela de las almas se alzaría para señalar las malas energías, específicamente las que querían dañar. Pero nunca se había manifestado con tanta fuerza ni con tata durabilidad.
El pequeño pilar de fuego seguía ardiendo con fuerza en medio de ellos. Incluso Gothi, con una experiencia tan larga como podía tener, se enderezo en su lugar y sujeto con fuerza su bastón. La mirada de sus ojos era cruda y alerta, sea lo que sea que significara la forma en que la vela estaba actuando era tan malo como Aina se temía.
Se apresura a ver la reacción de su jefe, segura de que también estaría preocupado con la demostración de un acto antinatural tan claramente frente a él. Las personas solían hacer eso, gritarían o se pondrían de rodillas para pedir piedad a los dioses, temerosos de lo que no podían entender o controlar. Pero la sorpresa fue grande al ver que el hombre sentado en la silla no veía asustado o sorprendido al fuego ardiendo a escasos centímetros de él.
Su ceja estaba alzada, curioso y ligeramente sorprendido. Sus manos ni siquiera se movieron de su lugar y sus hombros nunca se separaron del respaldo de la silla.
Antinatural o no, el jefe Hiccup claramente no estaba intimidado en lo absoluto.
Se fuerza a seguir su ejemplo, creyendo que si él no estaba preocupado por una mala señal tan pronto estaban empezando, ella tampoco tenia porque hacerlo. Las cosas no estaban escritas en piedra, cada lectura era diferente, y si algo malo estaba asechando al líder de la isla con tanta fuerza que su primera barrera de defensa se alzó con dureza, entonces la persona adecuada para ayudarlo era su maestra.
Estaría bien.
Lo repite con cuidado, viendo la forma en que Gothi alza sus manos en dirección al fuego de la vela. Con cuidado, la magia se infunde para calmar el fuego. No hay luces o vientos sagrados como muchos creen, en su lugar, los labios de la anciana se elevan lo suficiente para soltar un susurro. Apenas un soplo de aire caliente, apenas suficiente para hacer un ruido.
Hay una canción ahí. Es antigua y primitiva en su naturaleza. El tipo de magia que se transmite por generaciones y surgió al inicio de todos los tiempos, cuando las palabras ni siquiera existían.
Su maestra la canta, y espera a que el fuego baje como le pidió que hiciera. Pero no lo hace.
La llama se mantiene altiva y agresiva, hace que las dos mujeres se pongan nerviosas y que su mentora deje de ver a la vela para ver a su jefe.
Él se mantiene sentado en su lugar, indiferente al ambiente preocupado que surge de las dos. El fuego apenas parece sorprenderlo, y una parte de Aina se pregunta porque. Sabe que su jefe trabaja de vez en cuando en la fragua, pero un hombre que ha visto lo que el fuego puede hacer, debería de tener un respeto saludable con el elemento indómito. Pero no lo hace.
No hay miedo o precaución, solamente una curiosidad apenas presente.
Es extraño, pero es la menor de las preocupaciones, porque al parecer las energías alrededor de su jefe son tan fuertes que alimentan el fuego protector.
La mirada en la mujer mayor se mantiene en él, y por primera vez, Aina no sabe leer su expresión. El color azul de sus ojos es más gris que otra cosa, los años pasaron factura, pero ella sabia mejor que dejarse encañar por el desgaste aparente.
Los ojos de Gothi eran agudos y de ellos pocas cosas se escapaban. Claramente podían ver que algo andaba mal, pero al parecer no sabia que. Eso la ponía alerta, y se aseguro de mantenerse atenta por si algo pasaba y necesitaban de su ayuda.
Por ahora, su mentora pensó que la flama de unos 15 centímetros de altura podía ser dejada de lado en favor de seguir con la lectura. Tomo el cuenco con su mano derecha, mientras la izquierda le indicaba a su consultante que dejara la taza de té a un lado por el momento.
Cuando su jefe lo hizo, la Vitkis comenzó a sacudir el cuenco de madera. Las runas saltaban y se mezclaban con precisión. Ni una sola de ellas salió por el borde del cuenco o siquiera se separo de las otras. Todos los huesos se mantuvieron juntos mientras otra canción salía la antigua druida.
A diferencia de la anterior, esta era una cacofonía clara y audible. Salía directamente del pecho y subia por su garganta en un torrente de exclamaciones que a veces eran jadeos y otros chasquidos. Era casi animal, y la joven aprendiz se preguntaba si la magia antigua provino de la naturaleza primitiva tanto como parecía o solamente se intentaba imitarla para tratar de conectar con lo espiritual de la misma forma en que los animales lo hacían.
Era un pensamiento superfluo para tener en medio de un momento como ese, pero la curiosidad siempre iba y venia en oleadas para ella.
Sin entender del todo el mundo que la rodeaba, las dudas y cuestionamientos siempre venían mucho más fácil de lo que lo harían para cualquier otra persona en la isla. Ellos no cuestionaban nada, simplemente vivían con ello.
Era envidiable.
Se detiene de su divagación cuando un grito final se escucha. Es tan profundo como intimidatorio, y termina en el momento en que un último tirón al cuenco sacude las runas de forma violenta haciendo que salgan disparadas sobre la mesa.
El choque con la madera es sordo. Los huesos no son muy pesados y son inclusos más viejos que la misma Gothi, pero el destino llama con suficiente fuerza y cuando las pequeñas piezas caen todos en la casa pueden escucharlas.
El fuego no deja de crepitar a pesar de que la madera se consume rápidamente, y por el rabillo del ojo Aina no puede dejar de ver como incluso las cenizas arden para alimentar un poco más de tiempo a las llamas que se alzan y caen en una danza extraña.
Es un segundo lo que se tarda en sentir el escalofrío recorrer su espalda, pero es suficiente para perderse la cara de su mentora a penas ve lo que el destino tiene para decir. Las facciones se endurecen, y el peso de los años llega a ella con tanta fuerza que sus hombros caen.
Su mirada pasa de una runa a otra, repasando lo que leyó pero intentando ver algo nuevo que ayude a poder entender que era lo que los caminos mostraban. Era…
Se gira hacia su aprendiz, y la mujer rubia se para derecha, dejando de lado el antinatural fuego para atender a lo que la mujer mayor necesitara que hiciera.
Con brusquedad, la mano de Gothi le pide que se acerque. No suelta su bastón, y la forma en que lo sujetaba la hicieron querer mantenerse alejada instintivamente. Parecía como si estuviera lista para darle una paliza a algo o a alguien, y el miedo infantil dentro de ella le decían que podría ser su temida victima.
Pero su mentora no la mira, esta atenta a las runas. Con rapidez, se anima a ver al hombre a su costado, todavía sentado y tan tranquilo como un lago. Estaba quieto, viendo las runas con mucha menos aprensión que la Vitkis frente a él, casi como si intentara leer lo que los dioses decían por si mismo.
Su cabeza se inclina, y sus cejas se juntan con concentración. Es un momento de genuina curiosidad antes de que levante la mirada de la mesa y la mire directamente a ella.
El fuego cubre la mitad de su rostro como una cortina, y el resplandor le da un brillo espeluznante al verde de sus ojos. Un brillo rojo y dorado nada en el verde del bosque. El escalofrío vuelve, pero esta vez no empieza en su espalda, si no directamente de su pecho, donde el tirón de la magia cosquillea con miedo.
Aparta la mirada tan rápido como se atreve a dirigirla a él, y se apresura a ver las runas.
Tan dispersas como cabria esperar, las marcas talladas se encontraban boca arriba perfectamente visibles. Los seis símbolos tan claros como la luna. Aina los lee con atención:
Rad, Ger, Ansur, Tyr, Eolh y Haegl.
-¿Cuál es su pregunta?-
No se molesta en sentirse alarmada por su grosería, Gothi no le dijo cuál era la razón de su consulta y ahora era importante saber para entender las runas. Una voz atrás de su cabeza le dice que tiene que ser malo. El tirón en su pecho está de acuerdo.
Decide dar un paso adelante en su espiral interminable de dudas y aparta su mirada de la mesa. La herida en su mano escuece al contacto con la sal que un quedaba en la madera, las alarmas en su cabeza resuenan con fuerza y su maestra no se mueve de su lugar.
Se mantiene viendo las runas, una por una.
Su jefe, por otro lado, se mueve por primera vez en la noche. Sus anchos hombros se mueven hacia atrás y su pierna de metal choca con el suelo de madera. Sigue sin verse preocupado a pesar de que todo da señales de estar mal, y Aina se concentra en pararse derecha y cuadrar los hombros por primera vez desde que conoce a Hiccup.
Entonces él le responde.
-Quiero saber si estoy en el camino correcto-
Su voz es clara, tan grave y amistosa como siempre. No hay nada fuera de lugar aparte de su desconexión al fuego amenazante en la mesa o los golpes del viento en la ventana. Los cristales que se sacuden como si algo quisiera entrar…o salir.
Es una pregunta sencilla, que pudo responderse con una lectura simple de una sola runa.
Un si, o un no.
Los dioses no suelen ser más complicados que eso para preguntas simples de consulta. Y sin embargo…
-Una búsqueda fundamental bajo el respaldo del fuego -Señala la runa correspondiente, sabiendo muy bien que habla del impulso y la acción. El fuego era así, lo consume todo. -Que dará sus frutos -Entonces le enseña la runa Ger, ligeramente similar a la runa del jefe. Y que representa la tierra, ligada a la construcción de proyectos. -Pero lo que obtendrás será complicado, Ansur es una runa que puede significar replantearse las relaciones de pareja o a presagios, es una runa del elemento aire y por lo tanto esta ligada a los pensamientos. –
Con esa runa en particular, no se puede esperar algo fácil. Puede ser una advertencia, o un cuestionamiento trascendental en tu vida. El viento era cambiante, eso era lo único seguro con ese elemento. Y las runas bajo su resguardo eran igual de ambivalentes.
Era el doble de preocupante que salieron dos en su lectura.
-Pero es una persona que cumple sus planes establecidos, con coraje y motivación. -La runa Tyr era todo lo contrario a Ansur. Mientras que la primera runa del aire era sobre la duda y los cambios, la segunda era sobre el logro de propósitos por sobre todas las cosas. Sea lo que sea que lo haga dudar de sus acciones, será momentáneo. -Al final lograra lo que se propuso. -Eso era más que seguro por la forma en que esa runa en particular se plantaba firme y orgullosa en medio de las otras.
-Algo noble, ¿quizás?- La runa del elemento agua era una particular. Representaba la protección y la defensa, generalmente, de un ideal puro. Y la palabra clave era esa: Generalmente. Algunas veces, los deseos de protección pueden ir dirigidos en muchas direcciones.
Y por lo que parece, sea cual sea el resultado estaba justo al final de la última runa.
Quizás la más preocupante que torcía todo para peor.
-Haegl -A su lado, el pequeño cuerpo de la anciana se estremeció, y ella apenas se contuvo de hacerlo. Decir el nombre de la runa de hielo era como pasar aserrín entre sus dientes. Si algo como un mal augurio existía en la adivinación, era esta runa. Simbolizando todo lo que no se podía controlar y eventos negativos, la última de las seis runas anunciaba lo que esta oculto más allá de su camino-Esta runa cambia todo, simboliza la perdida de algo material o espiritual. -En el peor de los casos, ambas cosas.
-El camino que escogió -Empieza diciendo mientras se endereza. -Traerá dificultades, obtendrá lo que quiere a base de su voluntad fuerte, pero perderá algo fundamental de si mismo a cambio –
Era un alto precio que pagar sin importar lo que sea. De todo corazón espera que el costo sea material. Sabe que podría manejar la miseria, e incluso la perdida de otra extremidad si el costo seguía siendo solo algo que el mundo terrenal pueda robar.
Pero la perdida de algo espiritual era lo peor que podría pasarle a alguien. Ni siquiera los desafortunados que se fueron para no volver las dos veces anteriores tuvieron frente a ellos al augurio de una perdida tan profunda e irreparable.
Al igual que el granizo que todo lo destruye, lo que lo espera al final de su búsqueda traerá tiempos duros.
-Probablemente debería replantearse su decisión -Recomienda con cuidado, viendo la forma en que su expresión cambia por primera vez en la noche. Se lleva su puño a la boca, sus ojos se entrecierran, pero el brillo extranjero sigue ahí. Esta pensando, y la duda sobre si debería o no correr en sentido contrario a tan terrible destino es una bofetada para ella. -Los caminos cambian, se cruzan con otros senderos y se crean las bifurcaciones. Una persona puede decidir cambiar su rumbo cuando eso pasa, o seguir por su propio sendero. –
El destino no esta escrito en piedra, pero algunas veces es difícil salir de él. Este no es el cazo, y se esta esforzando en dejarlo muy claro.
El jefe Hiccup tiene una hermosa familia, una vida bien establecida y un legado envidiable. Tiene opciones y por Thor, puede irse lejos de esa colina y del mal augurio.
Pero él no lo hace. Se queda en su asiento con la mirada puesta en las runas y el tirón en su pecho empieza a arder con fuerza. La magia lucha y escuece, o es la herida en su dedo, no lo entiende del todo.
A su lado Gothi se mueve, pasa su delgada mano sobre las runas y tan fácil como eso, las piezas de osamentas se han ido. El hombre se mueve sorprendido, sin esperar que la lectura termina tan abruptamente.
-Obtuviste tu respuesta, hazte responsable de las consecuencias si te atreves –
Siguiendo su reputación, la ultima sabia se planta firmemente sin dudar o titubear. El agarre en su bastón sigue siendo demasiado fuerte, pero el hierro en su mirada es impenetrable. No está ni la mitad de preocupada de lo que esta Aina, pero eso no quería decir que su recelo no se presentara con fuerza.
-Gracias -La firmeza que no estaba ahí antes la sacude. Es un cambio instantáneo, un momento estaba curioso y pensativo y al siguiente les dirigía una mirada defensiva. -Créame que lo tendré en cuenta-
Se levanta y comienza a irse, a su lado las ventanas siguen sacudiéndose con fuerza y la nevada es clara y densa. La vela arde con menos fuerza conforme el jefe de Berk se aleja de la mesa, pronto, los 15 centímetros disminuyen hasta ser 5.
Su maestra se mantiene en su lugar, sujetando las runas en un agarre codicioso. Sus ojos más grises que azules se mantienen viendo el cuento, luego el té y por ultimo la figura del hombre castaño alejándose con tranquilidad a la puerta.
Se detiene un momento antes de abrirla para irse, gira y se dirige a ella directamente. Es rápido para alguien de su altura con una pierna protésica, y en un instante ya está frente a Aina.
La serpiente ataca, y en un parpadeo el bastón de su guardiana estaba entre los dos.
Los reflejos adquiridos por una dura vida como aprendiz la hacen chillar y dar un pequeño salto hacia atrás. Levanta las manos buscando protección y piedad, pero ningún golpe viene.
Le toma un momento darse cuenta de que no esta bajo ataque, no hay una vieja bruja buscando su sangre por un error imperdonable, solo una anciana molesta mirando con advertencia a un hombre muy confundido. Quien aclara su garganta y tiene el instinto de auto preservación suficiente para temer la ira de la sanadora local.
Da un paso lejos de ella y lleva su mano a un costado de su ropa. Mete su mano en un bolsillo y saca un pequeño pedazo de tela que esta lejos de ser nuevo, al menos no esta sucio y es algo para tener en cuenta cuando se lo ofrece.
-Para tu herida -Le dice todavía vigilando los movimientos potencialmente letales de la anciana. -Esta sangrando – Entonces, como no puede ser de otra forma, presta atención a la sangre seca y parcialmente fresca que recorre su mano. En un tono rojo y podrido, los hilos rojos crean un camino hasta su muñeca. No se había dado cuenta, pero su herida era más profunda de lo que creyó y no la dejo sanar.
La sangre seca cayo en gotas, algunas en la mesa y otras en su ropa. Son diminutas, como pinceladas inconclusas. Estrellas muriendo, tal vez. Lo manchan todo y nada, no las notas hasta que no son lo único que tu vista puede ver.
La vergüenza llega a ella con más fuerza que su ataque te pánico. Toma rápidamente la tela y cubre su mano herida con ella. Da las gracias con sus mejillas calientes y no aparta su vista del suelo.
Pronto, él se ha ido y so maestra se levanta se la silla para comenzar a limpiar. Quiere ayudar, pero es detenida y mandada a desinfectar su herida como era debido.
Lo hace, porque no hay una razón para no hacerlo.
Y mientras pone el ungüento de hierbas para la cicatrización se asegura de guardar el pañuelo.
Eret la visita de vez en cuando.
Suele ser una charla rápida o una consulta de rutina. Era un hombre fuerte y sano que no tenia mucho para hacer en la casa de las sanadoras, por lo que nunca se quedaba mucho tiempo.
Algunas veces, sin embargo, se quedaba a tomar té o compartir una comida con ella después de terminar o completar la razón por la que fue ahí. Era agradable hablar con él, por muy esporádicas que fueran sus visitas sociales, Aina se encontraba feliz de pasar un poco de tiempo con alguien muy parecido a un amigo.
El hombre de cabello negro siempre fue educado, y a pesar de su cuerpo bien formado sin duda vikingo, la forma de hablar y manejar las situaciones sociales siempre lo delataban como un extranjero. Quizás esa era la razón por la que terminaban compartiendo un pequeño tiempo uno junto al otro.
Si bien Eret estaba mucho mejor integrado que ella entre la gente de la isla, las diferencias pequeñas pero abismales se mantenían ahí.
Donde Snotlout gritaba y fanfarroneaba sobre logros de su juventud que todos aplaudían o refutaban, él antiguo cazador solamente podía explicar a medias sus experiencias de juventud porque nadie conocía a las otras personas involucradas o no tenían ni la mínima idea del lugar del que hablaba.
Mientras Fishlegs preguntaba emocionado por las tierras lejanas que pocos han visto y que Eret pudo ver en su barco, él marinero tenia que reprimir sus propias preguntas sobre las otras tribus porque se ganaba miradas sospechosas de los más conservadores que no veían con buenos ojos compartir tanto con alguien de fuera.
Siempre tras una línea invisible, Eret hijo de Eret vivía su existencia donde su nombre no significaba nada.
Era solitario, y probablemente la lastima hacia ella por tener una situación tristemente similar lo hizo rondar por su alrededor de vez en cuando.
Aina no se quejaba.
Las platicas eran buenas y los modales del hombre siempre se sentían adecuados. Lo que nunca entendió de la sociedad en Berk, se sentía familiar viniendo de Eret.
Alguna vez se atrevió a pensar que venia de las mismas tierras que su compañero de soledad, pero por mucho que ambos lo intentaron, ninguna pieza encajo del todo. Siempre desfasada, su acento, modales y escritura eran extraños.
Familiares en cierta forma, pero lo suficientemente diferente como para que su lugar de origen sea un misterio.
Cuando dejo de intentarlo, y su compañero comprendió que la búsqueda estaba terminada, todo fue irónicamente más fácil. Simplemente ambos aceptaron que su nueva vida esta en Berk, donde nada de su pasado importaba realmente. Solamente lo diferente que eran al resto de ellos.
-¿No estas ocupada hoy?- Con el tacto de siempre, el caballero vikingo que vestía pieles y cuchillos se aseguro de preguntar antes de sentarse en la mesa. Hoy era uno de esos días que podía llamar una visita. Su chequeo de rutina había terminado y en lugar de irse se quedo de pie, sujetando su pecho, donde el dolor fantasma de una vieja cicatriz lo atacaba de vez en cuando.
Aina no pudo evitar sonreír. Señalo la mesa conforme se acercaba a la cocina y dejaba el ungüento de hierba buena a un lado. -Termine con las tareas de hoy, aparte de atenderte no tengo nada que hacer por el resto de la tarde. -Había pensado en practicar su costura o la caligrafía, pero no eran importantes.
Pasar el tiempo teniendo una comida caliente con alguien agradable era una mejor forma de invertir el día si le preguntabas.
-¿La anciana no esta embrujando la casa?- Sabiamente precavido, el pelinegro giro a los lados buscando en las esquinas la figura sombría de su maestra escurridiza y cruel, que siempre que lo veía en su casa se aseguraba de jugarle una travesura.
La ultima vez, fue perseguido por el misterioso espíritu de los estornudos. Un ente persistente e infantil que provocaba una irritación nasal constante a quien atormentara por el tiempo estipulado.
Eret estornudo por tres días seguidos, solamente porque a la sanadora no le gusto la forma en que el hombre se refirió a su profesión.
-No, hoy no está por aquí. -Fue llamada para una reunión importante en el gran comedor. El tipo de platicas secretas y misteriosas en las que solo un numero contado de personas importantes pueden ir.- Pero estarás bien siempre y cuando no la llames vieja bruja de nuevo.- La parte la edad era pasable, pero lo de bruja era imperdonable.
Él entendió eso, y asintió de acuerdo con mucha tranquilidad una vez se dio cuenta de que estaba fuera de peligro. Avanzo hasta la silla y comenzó a despejar la mesa teniendo cuidado de donde ponía las hojas y los paquetes. A su vez, Aina empezaba a servir el guisado de verduras que se había estado calentando a fuego bajo desde hace un tiempo.
-Podría tener un poco de consideración conmigo, de donde vengo, cualquier mujer con magia que pueda usarla para meterse con los espíritus es una bruja. -Enfatizo con un movimiento raro de sus dedos que se movían como pequeños gusanos. Era una forma en que algunas personas representaban la magia y que en lo personal no entendía. Pero era gracioso y siempre la hacía reír.
-Si, y según cuentas son ancianas de piel verde y verrugas en la cara- Con las espaldas encorvadas y los cabellos sin peinar. Eran la imagen de la locura y el caos por su poco cuidado corporal y si no fuera tan drásticamente diferente a la realidad, podría sentirse ofendida. -Que comen bebés y vuelan en escobas -Se rio, porque eso era lo más gracioso de todo. ¿Quién diablos monta en escobas?, se puede volar de al menos 5 formas diferentes y ninguna de ellas era tan inútil e incómoda como las escobas.
-Bueno, admitiré que los cuentos son viejos y de fuentes muy poco confiables, pero al menos la mitad de la lista de requerimientos para ser catalogada como bruja las cumple Gothi-
-Ella no es verde –Señala mientras pone un plato enfrente de su invitado. Él se levanta un poco para acomodar mejor los vasos y los cubiertos, no sin antes sonreír un poco por su réplica.
-Es diminuta, probablemente llega a mi cintura -Se toma un momento y señala el nivel de la mesa, donde el asiento lo hace quedar a la altura de su cadera – Y su nariz en puntiaguda -Su dedo de mueve a su propia nariz, y señala con fuerza. -Tiene una mirada extraña que me recuerda a un ave rapaz y siempre huele a huevo cocido –
No puede evitarlo, ríe abiertamente por la descripción detallada de su maestra sin vergüenza. Se lleva una mano a la cara para cubrir su risa antes de hablar.
-Eso es cierto, pero ninguna de esas cosas la hace una bruja –
En todo caso, solo vieja, y eso volvería a quid de la cuestión:
-Puede ser una anciana, pero no una "vieja bruja" –
No hay malicia en la forma de señalarlo con su cuchara, pero Eret frunce el ceño y la comisura de su boca baja. No esta ofendido, solo molesto y eso la hace sonreír con más fuerza.
-Es una vieja bruja cuando te golpea con ese viejo bastón que huele a Yak mojado –
La risa estalla como un trueno. Burbujea dentro de su pecho y sale a borbotones sin que pueda vitarlo. El hombre frente a ella se une inmediatamente después, con sus propias sacudidas fuertes pero educadas. La primera risa es escandalosa como todo vikingo debe de reír, pero todas las demás son iguales a guijarros que caen al agua: Mueren rápido, pero con su propio tipo de estruendo.
-En eso podemos estar de acuerdo-
Como compañeros de soledad, que tienen pequeñas platicas en la tarde sobre cosas tontas. Como las principales victimas de una anciana con carácter, y como algo parecido a los amigos.
Aina y Eret pueden estar de acuerdo.
El sol apenas calienta lo suficiente para que pueda sentirse en el ambiente. Las nevadas habían vuelto a ser un evento diario y las personas comenzaban a prepararse para los tiempos duros, cuando todo comenzaría a escasear y los hombres empezarían a ver la posibilidad de hacer redadas e incursiones a otros territorios.
Nunca la primera opción, pero siempre era una posibilidad real de que sucediera. Con el frio tan arraigado en la tierra hasta volverla infértil y los animales muriendo, las opciones para sobrevivir eran pocas. Esperaba que este invierno no pasara nada malo, se aseguraría de pedirle a los dioses que la necesidad de comida y sustento no fuera tan desesperada.
No quería que nadie más muriera buscando un poco de comida para su familia mientras le hacia daño a otras personas.
Era…
Todo lo contrario a la esperanza, y justo en ese momento Aina no podía enfrascarse en viejos miedos alimentados por malos tiempo. El pasado no se debe de olvidar, pero tampoco cargarse como un fantasma.
En su lugar se tenia que ver al frente, donde las cosas podían ser diferentes y mejores.
Se detiene frente a la puerta de madera, segura de que esto es algo bueno. Había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que tuvo que venir hasta ahí. Los recuerdos eran borrosos, pero lo importante era tan claro como el agua.
La sangre, los gritos, el pequeño bebé de cabello rubio que gritaba con pulmones sanos y fuertes. El segundo nacimiento en el que había ayudado desde que comenzaron sus estudios y de algún modo el único que la había hecho genuinamente feliz.
Ver la pequeña vida vulnerable y rosada luchar con tanta fuerza para sobrevivir fue conmovedor. La mano del pequeño sosteniendo tan fuertemente la de su madre a pesar de que pudo morir y ser humo al viento, la hicieron cuestionarse si el dolor, la esperanza y el coraje fue lo que Gothi sintió al verla sostenerse por su vida cuando la marea luchaba por hundirla.
El renacer era una cosa que podía marcar de por vida a quienes estuvieron presentes para verlo directamente.
Era una lucha directa contra el destino, e inevitablemente era un llamado fuerte que solo las brujas podían escuchar. Aina escucho el lamento de la muerte y decidió que la vida tenía que prevalecer a toda costa esa noche de invierno. Tomo al bebé y reto al destino, esa noche, ella se gano el derecho a ser llamada bruja.
Prevaleció, y la muestra de su triunfo vivía día a día con alegría y amor.
Pero la vida es impredecible, y a pesar de su importancia en el cambio del destino nunca más tuvo otra razón para volver a ver al pequeño o poner un pie en ese piso nunca más. No hasta el momento, y la razón de su regreso se sentía tan banal y sin propósito como podría ser.
De ser tan fácil volver, la razón de haberse ido sin mirar atrás era un absoluto sin sentido.
La hacían sentir mezquina y tonta, pero al mismo tiempo sabia que su vida estaba muy lejos de esa casa, de ese niño, de esa familia. El tirón de la magia la guía lejos, recordándole que hay lugares en los que nunca podría estar. Pero se esfuerza a no escuchar, a seguir con su camino para poner un pie delante del otro.
El futuro siempre puede ser bueno, sin importar la oscuridad del camino, si se tiene la voluntad suficiente lo que puede esperar más adelante puede ser maravilloso.
Solamente alguien tiene que intentarlo.
Toma una respiración y se para derecha. Sujeta la correa de su bolso y se atreve a golpear la puerta sintiendo que, de alguna forma, a encontrado la manera de enfrentarse al destino de cara para salvar a alguien. Solamente espera que al igual que la vez anterior, salga triunfante.
El silencio es la única respuesta que obtiene, pero no se rinde y toca de nuevo. Esta vez, puede escuchar pasos alejados que avanzan rápidamente hasta la puerta. Tienen prisa y son ligeros como un pequeño conejo.
La puerta se abre con un gran tirón, la fuerza del aire eleva unos pocos de sus cabellos que salen de su trenza y la hacen alejarse por precaución. Frente a ella una pequeña figura de cabello castaño la encara. No se ve asustada o molesta, la energía de su carrera hasta la puerta todavía hacia palpitar su corazón.
Sus mejillas estaban sonrojadas y en su mano hay una espada de madera. La pequeña primogénita de la jefa Astrid se para frente a ella con grandes ojos azules sorprendida muy seguramente de ver a la mujer ermitaña de las colinas llamando a su puerta.
Aina se detiene a verla con atención. Es pequeña, de no más de 8 años y con un peso adecuado. Su piel tiene buen color y su cabello brilla sin ser un producto de la grasa de pescado que mujeres como Ruffnut insisten en usar como un método de salud y belleza. Es una niña bien cuidada y debidamente educada por la forma en que se recupera rápidamente de su sorpresa al verla de pie frente a ella todavía con el puño alzado.
Se endereza y guarda la espada de juguete tras de ella rápidamente. Es brusca en sus modales, pero atenta y disciplinada. Hay potencial en ella, puede verlo. -Buenos días, ¿estaba buscando a alguien?-
Su voz es aguda y claramente está pretendiendo ser "refinada". Sus ojos tienen una mirada palana que se esconde detrás de sus pestañas mientras cuadra su espalda, y si no lo supiera mejor pensaría que la pequeña Haddock está intentando muy duro el imitarla. Tiene el temple de su madre, pero poco más.
Es tierno y la hace sonreír. -Buenos días joven señorita -Modula su tono de voz e inclina la cabeza. Nadie en Berk hace eso, pero se siente como una respuesta adecuada ante el buen humor. -Estoy buscando al Jefe Haddock, ¿se encuentra en casa?-
La pequeña parece sorprenderse por un instante, pero se recupera rápidamente. Su tono en el que estira las silabas se mantiene cuando le responde, pero su postura a penas puede quedarse en su lugar mientras comienza a caminar en reversa. -Así es señora, él se encuentra en casa -Y se detiene cuando se tropieza al no ver una pequeña pelota en el suelo. No se cae, pero se tambalea de forma notoria. -Si me permite un momento iré a traerlo –
Para su crédito, la niña espera a que Aina asienta antes de asentir ella también, dar un par de pasos todavía de espaldas antes de darse la vuelta y salir corriendo con la fuerza de un huracán. La espada de madera esta fuertemente agarrada en su mano, y un pensamiento fugas sobre la habilidad innata de la pequeña heredera con las armas cruza su mente.
Pero ese no es su asunto. Si su madre cree que es mejor que aprenda la curación en lugar de la lucha no es nadie para decir algo en contra. Simplemente tomara nota sobre la energía y el espíritu de aprender que la pequeña castaña mostro en tan pocos momentos.
Tiene potencial, sin duda.
La magia en ella era débil, pero pulsaba con vida. Probablemente no podría hacer lo que Gothi y ella por completo, pero los caminos de la sanación eran tan dignos como cualquier profesión ancestral. Aun si no podría contactar con los espíritus, leer runas o escuchar a la magia, el pequeño fulgor dentro de ella le serviría para sentir las malas y buenas energías, y con el entrenamiento suficiente, incluso lograría manejarlas para influencias conforme fuera necesario.
Pero era inusual. Que Aina supiera nadie en su familia tenía magia, no debería de tener ni una mínima chispa dentro de ella, y si por el contrario, alguien en los bastos arboles familiares de ambas partes de sus ancestros era un portador de la magia, entonces debería de ser mucho más fuerte al pequeño pulso que apenas si se puede sentir.
Tendría que preguntarle a su maestra sobre eso más tarde, cuando tuviera tiempo. Por el momento metió su mano dentro de su bolso y saco el recuadro de tela desgastada pero limpia. Le tomo algo de tiempo, pero pudo quitar por completo la sangre de las fibras, no sin antes asegurarse de que una oración fuera dicha.
No sabia si era suficiente para aplacar a los dioses, ya que no quemo la tela. Pero la sangre ya no estaba presente y uso agua hirviendo con sales especiales para la purificación. Sin poder consultar a su maestra que claramente desaprobaría que fuera ahí, simplemente podía esperar que nada malo pasara.
La sangre solía pagarse con sangre después de todo.
-Disculpa, estaba algo ocupado con un proyecto personal, ¿esperaste mucho?-
Directamente al fondo del pasillo, la figura alta de su jefe era escoltada por la más pequeña de su hija. No tenia la capa de oso que normalmente usaba cuando caminaba por Berk, en su lugar simplemente bestia con una sencilla camisa verde y pantalones de cuero. Lo que estuviera haciendo claramente involucraba metal y fuego, porque el olor del sudor y las brasas lo acompañaban como un manto.
Las mangas de su camisa estaban arremangadas y hasta sus codos, dejaba ver viejas heridas de quemaduras y cortes de diferentes profundidades. Alguna vez pregunto a su mentora de donde habían venido tantas heridas, pero su única respuesta fue que algunos accidentes y errores siempre nos acompañarían. Son recordatorios, no se tenía que tener vergüenza de ellos ni preocuparse inútilmente por lo que no puede ser cambiado.
Aina nunca se atrevió a preguntarle a su jefe directamente, temerosa de tocar algún tema sensible del que no debe hablar. Viéndolo ahora, viviendo su día como si ninguna de esas marcas importara siente que tuvo razón.
El pasado que no se puede alcanzar no debería de ser importante. Es el futuro, lo que debería ser lo principal a tener en cuenta.
-No hay problema, no tengo prisa –
Se aseguro de dejar todo listo y bien atendido para tener la tarde libre. Tomo la precaución extra de pedirle un favor a Eret, él le daría una coartada si la necesidad se presentaba. Lo cual le costaría un favor similar, pero no se preocuparía de lo que la mente maquiavélica de su compañero astuto podría conspirar y de lo que no podría escapar dado el momento.
Ese es un problema para la Aina del futuro.
La Aina del presente acepto la oferta de pasar adentro de la casa con una sonrisa y un asentimiento final a la pequeña que los acompaño hasta la sala de estar, donde dio un giro a la izquierda directamente a la habitación adyacente donde el sonido de risas y rugidos infantiles se escuchaban.
-Con todo el ruido en casa, fue una suerte que te escuchara – Tirando de su atención del otro cuarto, la sanadora se movió del marco de la puerta. Su jefe camino hasta una mesa amplia a un lado de la habitación, donde pequeñas cajas y piezas sueltas de metal se encontraban ocupando al menos la mitad del espacio. -Las visitas personales no suelen ser muy comunes, si alguien nos necesita por lo general nos llama en la calle o en el gran salón.– Se mueve hasta una silla apartada cerca de la chimenea, y la alza para ponerla frente a la mesa. -Para ser una visita sorpresa, fue bueno que no te quedaras esperando afuera con este frio –
Como si la baja temperatura realmente fuera un problema para ella, acompaña ese comentario dejando caer unos cuantos leños al fuego.
Se gira de cara a ella y hay un momento de silencio cuando no sabe que responder.
Se siente repentinamente abrumada con el calor dentro de la casa, el olor a metal y los ruidos de risas pequeñas y divertidas acalladas por una pared. Los movimientos casuales y cómodos del hombre frente a ella que actúa como si fuera una rutina perfectamente normal que ella entre a la sala de su casa, es simplemente mucho para asimilar de una sola vez.
Avanza con lentitud hasta la silla y se recarga en el respaldo con una mano, cuidando de que no se note lo abrumada que se sentía. Eso era lo ultimo que necesitaba ahora, sentirse como una verdadera mujer loca frente a una de las pocas personas que la ven directo a los ojos al hablar y nunca la ha tratado como algo menos que un ser humano que merece dignidad.
Pero la sensación de extrañeza es fuerte. Quiere darse la vuelta y volver al frio de la nevada que la lleno de copos de nieve, donde el aire es ligero y nadie espera una respuesta. Quiere irse muy lejos de ahí donde todo es calor, fuego y sentimientos incomodos que no entiende.
Se fuerza a respirar, una inhalación a la vez.
-¿Estas bien? – Con mucha más sutileza que ella, el jefe de la isla dirige la situación cuando se da cuenta de que le cuesta responder. Habla despacio y se asegura de no avanzar hasta Aina. No tiene porque, pero parece como si él fuera quien hace la situación incomoda y eso solo vuelve todo peor.
Esta es su casa, esta es su vida, y sin embargo él está incomodo porque ella no sabe manejar esos dos hechos.
-Estoy bien, es solo…-Levanta la vista solo para verlo acercarse a ella, su respuesta resultando todo el permiso que había estado buscando para acercarse. -El cambio de ambiente es solo algo brusco -Traga saliva y vuelve a bajar sus ojos incomoda por ser el centro de atención. -Estaré bien, solo necesito un momento para acostumbrarme al calor –
Él entiende, y asintiendo una vez en su dirección avanza más allá de ella hasta una ventana. La abre y se asegura de acomodar un pestillo para que no se cierre por las ráfagas de viento. El cambio es notorio, la mitad de la sala baja su temperatura de golpe y el frio que entra en sus pulmones la relajo rápidamente. Pronto, sus respiraciones de una a la vez funcionaron.
-Gracias –
-No hay problema –
-Yo…-Se detiene apenas empieza, insegura de como se supone que tiene que iniciar la pequeña intervención que la trajo hasta aquí. Trazo un discurso en su mente desde hace días, lo repaso de camino a esta casa, no debería de ser tan difícil poder hablar. -Yo quería…-
La mirada atenta del color del bosque se mantiene fija en ella. Es clara, abierta y completamente alejada de los ojos embrujados que la preocuparon tanto.
No hay fuego danzante o sombras extrañas, ni brillos entre la bruma de la magia. Solamente la luz del sol y el blanco del invierno contrastando como uno de los colores más brillantes y vivos que puede haber. Puede ver su cara por completo, y todo esta como debe de ser.
Las cejas gruesas, las pecas apenas perceptibles los labios siempre dispuestos a dar una sonrisa. No hay nada en este Hiccup frente a ella que la haga querer sujetarlos de los hombros y sacudirlo para que entre en razón. Simplemente un buen hombre atento y paciente que espera a que ella pueda hablar.
Casi la hace pedir perdón para retirarse rápidamente, esconderse en su colina y no volver a ser vista por al menos unas semanas. Es tentador, pero la vista de su pierna faltante y las cicatrices en sus brazos la hace pensar mejor las cosas.
El pasado no se cambia, pero el futuro sí.
Puede ayudar a que ninguna nueva cicatriz, física o emocional vuelva a surgir. Ella vino hasta ese lugar al que nunca debería de volver para que no pierda ninguna parte de él por algo que sin duda no vale la pena.
Aina era una bruja.
Inmiscuirse en los asuntos del destino era lo suyo.
Ayudar a que nadie salga lastimado, en especial alguien que le importa genuinamente, es algo que no se detendrá de hacer.
Ser valiente…es algo que podría hacer.
Se para derecha y de obliga a mirarlo a la cara. -Quería saber cómo están las cosas después de la lectura –No lo dice, pero su tono claro y firme dejan en claro que el tema es delicado. Muy raramente es confrontativa, especialmente con las decisiones de otros, así que no es de extrañar que él la mire con un brillo de sorpresa en sus ojos. -Se que no es de mi incumbencia, pero quería saber que al menos es plenamente consciente de lo que pasara si busca lo que espera al final del camino que está tomando –
Pasa un momento en que parece que el hombre frente a ella entiende en su plenitud lo que le ha dicho. Entonces simplemente se recarga en el marco de la ventana y se cruza los brazos. No se ve molesto, pero la energía amigable que había mantenido hasta el momento se fue junto con una ráfaga de frio viento que levanta un poco el cabello de ambos.
-¿Por qué?-Le pregunta curioso. Algunos copos de nieve caen en su cabello y si no le estuviera dando una mirada calculadora directamente de frente, encontraría divertida la forma en que algo tan pequeño y delicado estorba en la imagen del respetado jefe vikingo.
La distrae de la pregunta, pero se las arregla para concentrarse y responder.
-Porque es importante -Antes de que él pregunte algo más, se apresura a aclarar. -Es la integridad de toda una vida – Una buena vida, de una buena persona. -No se que es tan importante para que este dispuesto a perder algo intrínsicamente suyo para obtener lo que espera, pero las consecuencias son perdidas. –
-Aceptar las consecuencias de mis acciones no es algo que tema -Tranquilamente la interrumpe, todavía viéndola con esa mirada distante que la hace sentir incomoda. Los ojos son claros sin ninguna sombra, pero las intenciones detrás de ellos son desconocidas. -Si fuera así nunca lograría nada –
Las historias de juventud de la mayoría en Berk lo dejan en claro. Su jefe era un hombre audaz o problemático, dependía mucho de a quien le preguntaras. Pero todos coincidían en que los cambios grandes y prósperos que tuvieron lugar en la historia de su isla fueron en menos de 20 años en los que su jefe estuvo con vida.
Más de 300 años de vikingos en Berk, y solo un chico problemático fue necesario para cambiar las cosas de tal forma que hay una marcada diferencia entre las generaciones de la isla, hasta antes homogéneas. Y todo eso porque ese chico nunca tuvo miedo de lo que pasaría si lograba lo que quería.
Admirable y preocupante a partes iguales.
Hace que Aina cierre los ojos y apriete sus labios con preocupación. -Se de eso -Toma aire y continua. -Pero es fácil subestimar el alcance de nuestras habilidades. -Los copos de nieve entran y caen en el pequeño pedazo de piso en medio de los dos. Debería de ser fácil respirar, pero el frio no esta ayudando en nada. -Creemos que podemos aceptar lo que pasara, que estamos listos para lo malo que esta por venir, pero la verdad es que muy raramente podemos manejar el dolor y la perdida con tanto temple y dignidad –
Las personas enloquecen por la perdida.
Algo que era parte de ti es arrebatado y es inevitable que el vacío llame para ser llenado, y cuando no es así, entonces esa oscuridad solitaria y fría comienza a comerte a ti.
Es algo horrible que no puede expresar en su advertencia, las palabras que le vienen a la mente no le hacen justicia al miedo inherente de que algo tan cruel como eso pase. Sin embargo, su falta de aptitudes de convencimiento llega a ella en la forma de una cara en blanco que no puede leer.
La duda de la otra noche no está, su jefe no parece cuestionarse nada, incluida su advertencia plenamente directa. Seria tranquilizador si la apacible actitud de a quien quiere advertir estuviera acompañada de algunas palabras. Algo que le dijera que tenía razón y no haría algo tan peligroso, que daría la media vuelta y se olvidaría del camino lleno de invierno.
Pero nada de eso pasa.
Hiccup suspira y se aleja de su lugar en la ventana. Aparta sus brazos y los pone a sus costados con un aire casual, de pronto, una ráfaga de viento particularmente fuerte entra y sacude la sala. Los papeles vuelan, sus cabellos se enredan y el fuego se apaga.
Entonces su jefe habla.
-Entiendo -Le dice. Es tan tranquilo, tan resuelto. -Puedes creerlo o no, pero entiendo lo que tú y Gothi quisieron decirme -Entonces sonríe. Una sonrisa pequeña y con un ligero fruncido en la comisura, el tipo de mueca que alguien da cuando esta cansado de explicar algo, pero no todavía tiene la suficiente paciencia para repetirlo todo una vez más. La hace sentir pequeña y avergonzada. -También sé que no tiene mucho sentido arriesgar tanto -Se acerca y una de sus manos se posa en su hombro. El tacto es pesado, y casi desea poder sentir el calor de su palma a través de las pieles de su abrigo. -Pero estará bien, siempre supe que lo que quería hacer era arriesgado, incluso antes de que los dioses me lo dijeran-
-¿Entonces porque querías saber tus caminos?- Sorprendida y preocupada, no se detiene a pensar en la cercanía cuando ella misma avanza un paso hacia él. -Si sabía que no podía terminar bien, ¿Por qué preguntar sobre si era una buena idea o no?-
Él le sonríe, todo dientes y hoyuelos. Aina siente que el aire se esfuma de sus pulmones.
-No pregunte para saber si era una buena idea o no, solo quería estar seguro de que lograría lo que quería al final –
-No lo entiendo -Se anima a cuestionarlo a pesar de todas las razones que se le ocurren para no inmiscuirse tanto en este tema en particular. -Lo que se obtendrá solo será una perdida irrecuperable-
Y eso no puede ser algo que una persona busque con intención.
-Las grandes cosas requieren grandes sacrificios -Dice tranquilo, con la sonrisa aún en su cara. – No te preocupes, las consecuencias de mis acciones serán mías para cargar con ella, te lo prometo -Entonces aprieta su hombro de forma reconfortante.
No se aparta y es ella misma la que tiene que encontrar el sentido común para dar un paso hacia atrás. Vuelven a quedar a una distancia normal, y se envuelven en silencio.
-No me refería a eso -Con una voz pequeña, la joven sanadora sujeta su bolso. Se contiene de llevarse su pulgar entre los dientes, pero no encuentra la fuerza suficiente para no morder su labio. -No me preocupa que alguien más salga lastimado -Valiente. Tiene que ser valiente, en especial cuando esta viendo que el desastre sigue en camino de ocurrir. -Me preocupa que usted…que tú salgas lastimado. Eres el único que perderá algo irrecuperable. -Los caminos son solitarios, pueden tener intersecciones con los senderos de otras personas, pero las acciones que una persona pueda tomar, serán pagas por la misma persona. Ya sea en esta vida o en la siguiente.
El problema nunca a sido lo que esto pueda traerles a otros. Es lo que pasara con él lo que la altera tanto.
Solamente quiere detenerlo de lastimarse a sí mismo.
-Oh -Sorprendido, parpadea viéndola. Su boca se abre por un momento con desconcierto, muy seguramente sin esperar que sus preocupaciones sean tan especificas y poco altruistas. Aina no era alguien conocida por pensar individualmente, siempre se ha inclinado a pensar en el bienestar de otras personas, no importa que indiferentes o abiertamente agresivos sean con ella, era normal entonces que él pensara que estuviera preocupada por otros. Debe ser genuinamente inesperado que la idea de que inocentes paguen por el deseo personal de otro este muy lejos de sus preocupaciones. -Oh -Asiente aparentemente entendido esta vez lo que ella quería decir. -Ya entiendo –
Se lleva entonces la mano a su barbilla y la ve con concentración. Aina espera que diga algo, pero se toma su tiempo antes de volver a hablar.
Entonces, mientras la habitación que está a oscuras y tan fría como el exterior esta en silencio, un golpe sordo acompañado de risas estridentes hace que ella aparte su mirada preocupada por la integridad de los niños.
Es una sanadora, y el impulso de ver si todo estaba bien es fuerte.
Pero es una bruja, una valiente. Así que se queda hasta que su jefe deja de mirarla como un tablero de Hnefatafl y continua con lo que quería decir.
-Es inevitable que pague con algo- La negación de cambiar su camino la hacen apretar sus labios hasta que sean una línea recta. Sus puños se cierran y las ganas de gritar son grandes. -Pero creo que puedo prometer terminar con el menor daño posible –
No es suficiente.
La promesa de no herirse tanto no es lo que quería.
La frustra hasta niveles que apenas puede entender, tanto que es un esfuerzo consciente mantener sus brazos a un costado para no sacudirlo con todas sus fuerzas o abofetearlo para hacerlo entrar en razón. La ventisca aumenta con fuerza, y los copos de nieve ahora eran grandes y pesados. Apenas pueden verse el uno al otro a través de la cortina que la nieve formaba.
-No te detendrás –
A pesar de que ella esta sucumbiendo a la desesperación de que lo haga.
Él solo sonríe sin alegría, tan fácilmente. Como si ella no estuviera siendo consumida por tirones de magia que la halan en diferentes direcciones, todas a la vez.
-No, no me detendré –
Entonces ella suspira. Mete su mano en su bolsa y saca el paño que la había estado acompañando todo este tiempo y que la animaba a confrontar al destino. No dice una palabra cuando lo extiende hasta él y lo obliga a tomarlo cuando no tiene la intención de recuperarlo.
Aina, la bruja, la sanadora, la aprendiz, la extranjera, la hija de la nada se va como un torbellino de nieve sin mirar atrás a la habitación vacía y oscura donde dejo al hombre con mayor poder en su aldea y probablemente en el archipiélago de pie con una pregunta sin respuesta.
En su camino afuera se encuentra con una mirada azul de ojos curiosos que la espían desde una abertura de la puerta entreabierta. Aparta la mirada y no se detiene en su caminata, se las arregla para no llorar hasta que cierra la puerta detrás de ella y está muy lejos de la casa.
Cuando al fin puede llorar el dolor de su vergüenza y perdida, el tirón dentro de su pecho resuena con una canción que nunca había escuchado antes.
"Si, ella cantará a los que escuchen
Y en su canción, toda magia fluye
¿Pero puedes desafiar a lo que más temes?
¿Puedes enfrentar lo que el río sabe?"
Llora y canta, mientras la tormenta se abre a su paso.
Le pregunta a Gothi por la canción, pero ella no sabe de donde viene o que significa.
Espera que la melodía inconclusa llegue tan fácilmente como lo hizo ese pedazo de magia, pero nada pasa. Ni siquiera en sus sueños de niebla y magia, donde la mujer canta y los espectros danzan, llega alguna respuesta a ella.
Se atreve a escribir la letra en un cuaderno con sus runas llenas de florituras y tinta mal hecha, esperando que un buen día el resto complete la magia que nadie conoce.
Los días llegaban y se iban, hasta que el futuro llego a su puerta.
Zephyr era una buena estudiante.
Probablemente podría ser una mejor niña, pero ese era el camino para recorrer conforme crecías. Se tiene que madurar y ser mejor a la versión infantil que dejaste atrás. Y por lo que podía ver en sus lecciones, la pequeña castaña sería una gran mujer.
Tenía una creatividad envidiable que iba mucho más allá de la que los niños de su edad podían manejar. Y una voluntad que rayaba en la terquedad o una cabezadura, depende a quien le preguntes. Pero era amable y aprendía con facilidad lo que los adultos le enseñaban y nunca la vio quejarse por ser dirigida a las mejoras constantes.
Era competitiva eso también era obvio, pero sabia detenerse antes de dañar a alguien. En general, la pequeña Haddock era una estudiante modelo, y no tenía ninguna queja de ella.
Su hermano pequeño, por otro lado…
Era un torbellino creador de caos y destrucción. Sería muy fácil estar molesta con él si lo hiciera a propósito, pero el pequeño futuro jefe de la isla era un completo encanto que tenía muy mala coordinación.
No lo veía mucho, pero los escasos minutos en los que estaba adentro de su casa cuando venía acompañado de alguno de sus padres a dejar o recoger a su hermana eran más que suficientes para hacer que algo que no debía explotar, explotara.
Era un incordio el tener que evitar que los tres murieran por un accidente botánico cada tres días. No tendría nunca una explicación para darles a sus padres si sus hijos volvían a casa sin sus cejas de nuevo, y esa era la única razón por la que tenía un protocolo de seguridad estrictamente impuesto.
Era sencillo, especialmente pensado para que los niños los recordaran y no se saltaran ningún paso.
Primero, se toca la puerta. No se abrirá hasta que Aina lo haga personalmente, y esto es solo para evitar que alguno entre sin advertencia a la casa de nuevo, y arroje algo al fuego, de nuevo.
Lo segundo es que nunca, bajo ningún motivo, se tomara algo sin pedir permiso antes. La última vez Nuffink termino con una reacción alérgica cuando abrió y toco un paquete con lavanda seca.
Y por último, pero no me nos importante, no se llevaran nada a casa. Si bien la mayoría de los ingredientes eran inofensivos los pequeños niños que se los llevan a escondida de sus padres, no lo eran del todo.
Eran solo tres indicaciones, fáciles de recordad y de seguir, habían estado funcionando muy bien los últimos cuatro meses, pero por algún motivo que desconoce ese día en particular después de que la clase del día llegara a su fin y comenzara a acomodar las cosas, se dio cuenta de que uno de sus frascos faltaba. Por suerte para todos, no era alguno de los mortalmente peligrosos. Esos fueron rápidamente confinados a los estantes más altos de la casa, aquellos en lo que incluso ella necesita la ayuda de una silla para alcanzarlos.
Pero el frasco que faltaba era uno muy peculiar, y por ende, muy importante.
Eran del cargamento traído desde el continente, por lo que tenía al menos un año almacenado con cuidado sobre la repisa cercana a la ventana. Particularmente, el frasco faltante era uno de un juego de tres. Casi no eran usados, y no tendrían porque, dado que eran ingredientes inútiles ahora.
Después de todo, ya no hay dragones.
Los remedios para sus venenos fueron rápidamente descontinuados, y solo algunos seguían siendo útiles para dolencias y malestares completamente diferentes.
Las cosas como la sabia de olmo para las quemaduras de los clase fuego, Aristolochia grandiflora para los que tenían espinas, aguijones o alas afiladas. Aceite de ricino para el contacto de gases tóxicos o quemaduras por agua hirviendo.
Esos eran remedios que todavía se mantenían porque las quemaduras, mordidas de animales venenosos y accidentes con las plantas venenosas seguían pasando.
El muérdago, por el contrario, no era un remedio para evitar una intoxicación por una mordida de algún dragón particularmente peligroso.
No.
Era un repelente.
No era letal, pero por sí solo los frutos sí que podían ser peligroso si se consumían sin cuidado. Gothi y ella los utilizaban en tés para ayudar con la presión sanguínea de los adultos o atender los problemas en sus riñones. Pero la dosis siempre era cuidadosa, un solo descuido, y lo que tendría que ayudarte te mataría.
Era un remedio antiguo, y aunque peligroso, seguía siendo mayoritariamente funcional. Los días en lo que era usado diariamente se fueron junto con las bestias que asolaban las tierras del norte. Ahora era un tratamiento escaso, y por lo tanto, fácilmente olvidado en un estante que casi no tocaba porque todo lo que se guardaba ahí era solo una gran cripta de un mundo viejo y obsoleto.
Ya nadie necesita pelear con dragones, y aun así….
No se arriesga, y avanza hasta la entrada donde su abrigo de piel cuelga seco por las llamas del fuego a medio consumir. Cuando se lo pone puede oler la hierba seca y la nieve derretida en las hebras. Sabe que es un aroma que esta lejos de ser agradable, y que en buena parte es una de las razones por las que la llaman bruja de esa forma despectiva que siempre duele. Pero es ella.
La nueva ermitaña que teje secretos y sabe leer las señales del destino, por sutiles y aleatorias que sean.
Cierra su abrigo y cubre su cabeza con la capucha de piel, dejando solo expuestos sus ojos azules y su nariz. La piel de lobo acaricia el marco de su cara y juega a esconderse entre los mechones de su cabello rubio platino.
El aire es frio al salir, contrastando con la cabaña cálida que está dejando atrás. Eso no la detiene ni un poco. Para ella cuyo núcleo es hielo puro, el frio nunca le molesto. El problema, sin embargo, es el tirón mágico que le dice que de la vuelta y cierra la puerta sin mirar atrás.
El pequeño canto tras su nuca que no la deja en paz con la alineación de detalle sin sentido:
Zephyr era una buena estudiante. Seguía las reglas y cuidaba que su hermano menor las siguiera también.
Nuffink es un caos bien intencionado. Por su vida, no pida ser sutil o cuidadoso. Con él siempre era fácil saber dónde estaba en la casa porque el sonido de algo rompiéndose al tropezar lo delataba.
Y Astrid es una buena jefa. Cuidaba de todos en la isla las 24 horas del día, si alguien la necesitaba, ahí estaría. Por lo que era la encargada de dejar a los niños, no de recogerlos.
Hiccup por otro lado…
"Los caminos del destino son complicados"
"Se necesita valor y sabiduría para poder enfrentarlos"
La primera vez que entendió esas palabras tenía un año en la isla. Todavía no podía leer, ni escribir, pero aprender las palabras era algo mucho más fácil de hacer. Siempre fue más sencillo para ella las entonaciones y las melodías, así que aprendió con canciones de cuna y folclóricas.
No entendía las oraciones largas, o acentos marcados, pero con suficiente paciencia, podía hablar conversaciones completas con otra persona. Y si bien ella misma tenía un acento curioso para la mayoría de la gente en Berk, seguía siendo entendible.
Lamentablemente, en esos días pocos tenían la paciencia para enseñarle. La mayoría de las personas en la tribu ni siquiera sabían leer o escribir, así que solo podía practicar con ellos su entonación de las palabras.
Algunas amas de casa particularmente amistosas lo intentaron primero, pero siempre tenían que priorizar a sus hijos y esposos cuando se trataba de gastar su tiempo. Luego vinieron los comerciantes, los que se tomaron como reto personal tratar de averiguar de donde era. Pero incluso ellos, tan curiosos y experimentados en otras lenguas, no pudieron descubrir nada.
Después fueron los cabezas de los clanes. Los miembros con mayor edad de cada familia fundadora de la isla. Eran de las pocas personas que sabían leer y escribir como era debido, pero no tenían mucho interés en ayudar a una extranjera.
Para ellos bastaba con que supiera hablar el idioma para poder comunicarse, así que su ayuda no fue mucha ni duro tanto tiempo.
Oh bueno, al menos el interés de una persona sí.
El jefe de Berk fue el único que se tomó enserio la misión de ayudarla a adaptarse cuando nadie más estaba interesado en darle una oportunidad. Después de Gothi, él era el único que practicaba con ella en los pocos tiempos libres que tenía.
Traía libretas, tinta y carboncillo durante cada una de sus visitas. Se sentaba cerca de la ventana y acomodaba las cosas para que fueran fáciles de usar. Nunca se molestó cuando manchaba las cosas sin querer y tenía la paciencia suficiente para repetir lo que estaba diciendo cada vez que ella no lograba comprender lo que estaban hablando.
Él también solía leerle.
Tomaba los viejos libros de Gothi y abría algún capitulo al azar. Nunca se molestó en seguir un orden, pero tampoco lo necesitaba, ambos sabían que solo era una pequeña practica entre los dos. Así que simplemente se sentaba frente a ella, con las hojas nuevas y gastada sin ningún orden entre ellos y leía en voz alta párrafos sin mucho sentido.
Fue así como se dio cuenta de que ella aprendía mejor con el sonido. Lo que fue un camino infructuoso para todas las personas antes que él, fue tan fácil como un paseo por la playa después de un tiempo. No le tomo más que medio año lograr que hablara de forma fluida sobre temas completos, y que empezara a dar los primeros pasos en su lectura y escritura.
Aún con las pocas veces que se veían, con tiempo tan limitado, aprender de Hiccup era la cosa más fácil que había hecho.
En realidad, todo era fácil con él.
Tenía la seguridad de hacer preguntas, aquellas que eran demasiado controvertidas incluso para su maestra. Podía quejarse sin miedo a ser castigada o repudiada de alguna manera, y por sobre todas las cosas podría dar sugerencias que eran escuchadas y tomadas enserio. Aprender de Berk siempre fue complicado porque siempre había algo que no la dejaba encajar del todo, como si simplemente todo se resumiera a que no pertenencia ahí. Tan vacío y doloroso como eso.
Intentarlo constantemente todos los días era cansado y difícil. La hacía sentir culpable de que la mujer mayor sacrificara tanto y se enfrentara a tantos problemas en su nombre sin ninguna buena razón aparente. Porque mientras Gothi intentaba lograr que la aceptaran a la fuerza, Aina era la que no sentía que podía aceptar a Berk.
Y lo intentaba. Para llevar una vida cómoda con todos ellos, lo intentaba con fuerza.
Pero ella misma se encontraba con la dificultad de no poder entender los chistes, de no comprender el papel de todos en el esquema de las cosas, o no poder ver el mundo de la misma forma en que todos lo hacen. Ella siempre encontraba algo que la hacía fruncir el ceño, o ver como se podía hacer de una mejor forma.
Eran las pequeñas cosas las que la separaban de todos en Berk.
De todos, excepto de Hiccup.
Muy por el contrario, su forma de ver las cosas de modo tan diferente le parecía interesante. Le alegraba cuando tenía preguntas sobre cómo era que funcionaba la vida en el archipiélago y escuchaba lo que ella creía que era una mejora. Hiccup nunca la hizo sentir rara o despreciada, en su lugar, él siempre se aseguraba de hacerla sentir cómoda.
Era una lástima que, a pesar de sus mejores esfuerzos, eso solo funcionara dentro de la casa de su maestra.
Afuera de esas paredes, lejos de esa colina, las cosas eran muy diferentes.
Mucho más duras de lo que era justo, complicadas hasta el extremo de ser aterradoras, y tan crueles como el mar en tormenta. Algunas veces, ella ni siquiera se atreve a dar un paso afuera por temor a todo lo hostil que aguarda en la luz del día.
Prefiere quedarse ahí, donde el fogón es cálido, el aire huele a flores secas y las únicas dos personas que comparten su mundo nunca le harían daño.
Pero si la vida fuera tan fácil, no se aferraría a cada minuto que el jefe de su tribu tiene para compartir con ella. Porque mientras respirar, sonreír y atreverse a bromear es fácil con Hiccup, el resto de las cosas no lo son, y siempre terminan mal.
Lo sabe, de algún modo, en su núcleo, sabe que las cosas buenas no duran mucho. Es como si en sus huesos estuviera gravada esa verdad. Quizás era por las estaciones, cuando las flores se marchitan y todo muere, quizás era por las sesiones cada vez más distantes y cortas en las que su inesperado amigo podía leerle y platicar con ella.
Quizás es porque todo es tan fácil con él que para equilibrar las cosas todo lo demás tiene que ser tan dolorosamente difícil.
No lo sabe, pero se atreve a recordar por siempre la última lección que leyó en voz alta para ella antes de que la vida tirara de él en sentido contrario.
Ese día se recostó en su asiento, todavía con los labios húmedos del té que sabe a hierro, pero tiene que tomar para cuidar su salud. La luz entraba por la venta desde su costado y las sombras jugaban con su rostro. La juventud seguía en su piel, pero la caída de sus ojos era demasiado oscura para alguien que sonríe con los dientes.
"Los caminos del destino son complicados. Tan misteriosos como indómitos, la naturaleza no puede ser comprendida por simples mentes mortales. Para poder recorrerlos se necesita valor y sabiduría para poder enfrentarlos"
No puede dejar de preguntarse, si el destino fue quien la puso en una encrucijada donde tenía que usar las únicas dos cosas que no posee.
Realmente lo piensa mientras ve al hombre frente a ella sentado a medio comedor de distancia. La forma de sus cejas, el color exacto de sus ojos aún indómitos y la forma en que su cabeza se inclina cuando lee algo particularmente complicado.
Sabe que es fácil amarlo, ya lo estaba haciendo incluso hace tantos años.
La cosa es… no cree que él sea su camino.
Nunca se atrevió a codiciarlo de ninguna forma, nada estaba en su destino y, por lo tanto, no podía atreverse a espera algo para ser llamado suyo. Cualquier cosa que entre en contacto con ella se unirá al vórtice que todo lo consume. Caerá en la oscuridad de la nada al ir en contra del destino naturalmente trazado.
Y es verdad que siempre quiso ser parte de Berk, porque la naturaleza del desechado es buscar un lugar al cual pertenecer. Pero por un buen motivo nunca lo intento activamente. Se conformo con saludos de cortesía, un cómodo lugar robado por una anciana que no tiene ningún problema en ser consumida por el caos, y una vida solitaria en una colina embrujada.
Aina no pertenencia a Berk, solo a Gothi.
Ella era una hija del vacio que fue tomada por una vida en extinción.
Su maestra no tenía nada que perder por tenerla en su vida, pero Hiccup…
¿En qué momento negó su propio camino y comenzó a seguirla a ella?
¿Sabe siquiera sobre qué tipo de hielo delicado está caminando?, ¿es verdaderamente consciente de lo que está perdiendo?, ¿Pensó esto con cuidado o simplemente improvisa según le dicte la locura?.
No tiene idea de lo que está pasando en su mente, y el no saber la está asustando mucho.
Pero al final, se da cuenta, mientras la nieve cae a su espalda y el aire se queda atascado en sus pulmones, que lo que fuera a pasar, ya no dependía de ella.
Pero siempre fue así, ¿verdad?.
Sin un camino, sin destino, su vida siempre estuvo a merced de las decisiones de otras personas.
Fue Gothi quien le salvo la vida, fue Astrid quien le dio un lugar en Berk, y será Hiccup quien decida si ambos están en el mismo camino o no.
El mismo hombre que nunca se fue de su vida cuando tuvo muchas razones para hacerlo. Quien siempre se aseguró de no olvidarla y volver, cada vez. El mismo que todavía hoy, se funde entre las sombras del fuego. Con una sonrisa mesurada, de dientes que apenas se asoman se sus labios.
La taza en su mano no se levanta de la mesa, pero el libro que se asienta frente a él sí. Lo alza hasta sus ojos y vuelve a ver el texto con una mirada extrañada como si no pudiera entender lo que estaba leyendo en voz alta. En la mesa, todos ríen mientras beben sorbos de su infusión caliente.
El invierno es parte de ella, pero incluso con eso, el tirón de magia en su pecho se retuerce y crece como la escarcha. Desde adentro hacia afuera, puede sentirlo.
La magia agoniza, y ella solamente mira como el interior del gran comedor resuena entre platicas y calor del fogón. Dentro de paredes cálidas y olores de la comida caliente, ella solamente puede mirar desde la puerta abierta con la nieve a su alrededor y el eco de su destino robado a cuestas.
Entonces el par de ojos color verde que se esconden en las sombras, se encuentran con ella y la punta de las comisuras se elevan, perdiéndose en su cabello castaño antes de que el jefe de Berk alce su taza en un saludo para ella.
Si ella es una bruja, ¿entonces que es él?.
La duda que nunca estuvo ahí, la golpea con fuerza con los recuerdos de los malos y buenos tiempos. Las dudas y las certezas vuelan por los aires y todo lo que puede ver es la colisión de caminos que jamás debieron cruzarse. La magia tira con todas sus fuerzas mientras sus oídos zumban.
Aina podría hacer algo, por muy pequeño e inútil que sea, pero se encuentra plantada en su lugar. Los frascos completamente diferentes uno del otro, las telas llenas de sangre y runas de hielo aplastan cualquier pensamiento que tiene.
La esperanza, plena y vergonzosamente feliz golpea su pecho con más fuerza que el miedo y la culpa.
La nieve cae atrás de ella, como siempre lo hace, y las luces juegan con las sombras en las paredes desde la chimenea.
Todo es tan fácil con él, incluso las cosas que no deberían de serlo.
.
:.
:
Es demasiado frio y no puede sostener su peso, así que al final, el hielo termina cediendo.
Las grietas avanzan como la nevada, de forma dura e implacable. Primero hay una, y luego dos. Pronto, una constelación de cuarteaduras tan profundas como una puñalada resuenan con un estruendo y lo inevitable pasa.
Ella cae directamente al vacío oscuro y estéril.
Demasiado lejos para ser alcanzada por algo nunca más, la oscuridad del olvido se la traga.
Sin embargo, el agua es fresca y abundante en su memoria.
Vaya, esto fue LARGO.
Creo que es el One-shot más largo que e escrito hasta la fecha y estoy impresionada. Se supone que tenia que aprender a condensar mis hitarías, no expandirlas jajaja.
Por si alguien sigue por aquí, o le interesa, si, volví... O algo parecido.
Como estuve mucho tiempo inactiva, voy a estar haciendo trabajos cortos para aflojar los músculos de la escritura. Y si creen que un trabajo de unas 20,000 es suficiente para que lo haya hecho, les diré que no. Escribir esto fue muy difícil, tanto para encontrar el ritmo de narración, como para decidirme a donde quería ir con la historia, y por cierto, cambio drásticamente de la idea original que tenia jajaja.
Yo quería que esto fuera una especie de UA, del tipo: "Ups, creo que me enamore la maestra de mi hija", pero en lugar de eso resulto en un UA oscuro. Que cosas jajaja.
Pero para eso esta Fanfiction, para experimentar con la escritura y los personajes. Esta vez, cambie mi tipo de escritura para variar, aunque creo que de vez en cuando se escapa mi forma natural de escribir, toda adornada y metafórica jaja. Espero que lo hayan disfrutado, o al menos no lo odien.
Volveré por aquí...eventualmente. Y a paso lento pero seguro, retomare mi Hiccelsa principal, no se preocupen.
Notas para la gente curiosa:
-En este UA Elsa llega como un disco en blanco, por lo tanto, al recogerla Gothi le da un nombre. Aina significa "para siempre", y se lo puso como una forma de ver como algo lindo y hermoso lo que de otro modo seria trágico.
-¡La magia es música!, y si, culpen a Frozen 2 por mi interpretación. Esto es porque Athohalan llamo a Elsa con la canción de su madre, al menos como yo lo entiendo, la magia misma llamo al quinto espíritu, así que me pareció interesante ver a la magia como música en lugar de bueno...brillos mágicos o hechizos.
-Según las reglas que me invente, al viajar al pasado Elsa rompió el cause natural del agua. El tiempo fluye como un rio, y al ir al pasado lo destruyo, al menos para ella. Lo que seria su camino ahora no es nada. Es mas fácil si lo imaginan como algo que esta en un lugar al que no pertenece, por eso por mucho que ella lo intente, no encontrara nunca su lugar. Ese es el precio a pagar por "ir demasiado lejos".
-De hecho la letra de la canción misterios es "All is found" en su versión original, porque la letra en ingles me parece mucho más apta para una advertencia, Básicamente todo este UA viene de la idea de que pasaría si el agua se puede usar para ir al pasado y no solo verlo.
-Y nop, no hay forma de volver. Elsa se quedo ahí para siempre amigos.
-Si realmente les interesa, me inspire en dos canciones de Taylor Swift para escribir esta historia. Al principio es "Snow on the beach" cuando la historia era más Soft. Pero el ambiente y la "trama" surgió de "Carolina". Si las mezclan y le ponen un poco de un Kdrama llamado "The Glory" entonces ya estarán entendiendo un poco de la idea detrás de este UA.
