¡Muchísimas gracias a maite24d por ser la primera seguidora de este fic! 3
Seguimos con el segundo capítulo. Por fin podemos ver el lado de Ash bb y Shorter, también Skipper. ¡Y aparece Griffin, la primera víctima del Banana Fish en la historia original! Recuerden que en este fic la droga no existe.
¡Espero que la historia les guste!
Capítulo 2
Huyendo de la calle
El tipo al lado de Eiji estaba leyendo un libro, lo que no sería raro si tal vez no echara pequeñas risitas cada tanto. Al principio, Eiji lo encontró divertido, pues le parecía interesante que una persona disfrutara de su lectura de esa manera. Sin embargo, conforme pasaban las horas, el tipo no dejaba de reírse. Al final, cuando Eiji estaba harto, dirigió una mirada de molestia al desconocido y este, con un tono de diversión, le dijo en inglés:
—¿No es esto tan divertido? Por un momento piensas que el tipo es un pedófilo que engaña a su esposa y al final va y se mata, ja, ja, ja. La escritura de este cabrón es bastante bizarra.
Eiji le preguntó—: ¿De quién se trata?
—Salinger, uno de los de la contracultura americana. Fue divertido, pero sigo sin comprender cómo se volvió tan famoso. Tal vez lo absurdo de su prosa contribuyó a consagrarlo entre jóvenes que no sabían nada de la vida.
Salinger, perfecto. Si Salinger era de esos que hacían reír como loco a un tipo poco considerado, entonces estaba claro que Eiji no lo leería jamás. Se hizo una nota mental: evitar a Salinger como a la peste.
Minutos después, uno de los tripulantes tomó el altavoz y anunció—: Señores pasajeros, permítanme darles la bienvenida a Estados Unidos. En breve estaremos haciendo escala en el aeropuerto internacional de San Francisco, por lo que se les pide seguir las instrucciones al pie de la letra. Muchas gracias.
Eiji esperaba que su paciencia durara otras cinco horas, o sería deportado a Japón luego de asesinar a un pasajero incómodo.
…
En un derruido cuartito había cuatro hombres. O un hombre y tres niños, si se puede ser más específico. El hombre yacía en una silla de ruedas con la mirada perdida. Tenía la cara demacrada, los ojos sin luz y el cabello seco y opaco ya le cubría la frente. Un hilo de baba caía por su barbilla.
Uno de los niños era, en efecto, un niño. De siete u ocho años, nariz chata, afro y piel negra. Miraba con atención, sin participar en absoluto. Los otros dos niños, que eran mucho menores que el hombre en silla de ruedas, pero le doblaban la edad al chico afro, trabajaban en silencio mientras acomodaban al hombre en un polvoriento y duro camastro. Uno era esbelto y caucásico, de ojos verdes y cabello dorado. Él era quien más cuidado ponía en atender al hombre enfermo, pues este era su hermano mayor.
—¿No crees que deberías devolverlo? —Preguntó Shorter, el último de los presentes. Llevaba sus inseparables lentes oscuros, estaba más moreno que nunca y experimentaba con un corte mohicano con cresta morada. El resultado le parecía genial, aunque Nadia, su hermana, le había dicho que se veía más ridículo de lo normal.
—No lo trates como a un objeto —le espetó Ash, enojado. Volvió a la tarea de limpiarle la cara a su hermano, irritado de pronto por la pregunta de Shorter.
Después de buscar incansablemente durante meses, Ash por fin había encontrado a Griffin. Fue difícil, pero las redes de información de Shorter Wong eran increíbles. No por nada era el líder del lado oscuro de Chinatown. Además, estaba afiliado a la mafia china. Si eso no lo hacía de temer, Ash no sabía qué lo haría.
Ahora cumplía un año cuidándolo, y no se arrepentía de nada. Ash presentía que su hermano estaba mejor con él que en ese mugriento hospital en donde lo había encontrado.
Un rato después, Skip, el chiquillo, dijo—: No importa, Ash. Ya sabes que siempre puedo cuidarlo por ti.
La mirada endurecida de Ash se suavizó al instante. Skip era un chico dulce.
—Gracias, amigo. Cenemos. Más tarde tenemos que ir a golpear unos cuantos cráneos.
—Yo me retiro, hermano. Nadia se vuelve loca si no me aparezco por casa al menos una vez a la semana —anunció Shorter, saliendo del cuarto con una media sonrisa.
Ash sabía que Shorter no estaba siendo sarcástico o cruel, sino que preguntaba desde la sinceridad de su corazón. Había más gente para cuidar a Griffin, su hermanito de diecisiete años con problemas de delincuencia juvenil no necesitaba el añadido extra de cuidar a un soldado enfermo que no podía ni alimentarse a sí mismo.
Ash estaba solo en aquella insidiosa jungla que era Manhattan, tan solo como podía estarlo un perro callejero. No, un perro no. Un lince. No por nada este hermoso chico era conocido como Ash Lynx.
El lince solitario y su pequeño Skipper salieron rumbo al club. Era mejor comer con los camaradas que en aquel deprimente y destartalado cuartito blanco.
…
Eiji pisó suelo neoyorkino casi dando las diez de la noche. Estaba hambriento, no sabía dónde se quedaría a dormir y por primera vez en horas se dio cuenta de la estupidez que había hecho. Lo peor de todo era que le quedaba poco dinero. Apenas lo suficiente para sobrevivir dos o tres días en una ciudad tan cara y ajetreada. ¿Y qué haría después?
Lo mejor era darse un buen baño y comer algo, que tanta falta le hacía. Sacó su celular y se conectó a la red del aeropuerto. Ignoró las llamadas, los mensajes, los e-mails. Un rato después encontró un hotel de precio decente y salió a la calle.
Los taxistas lo bombardearon, pero Eiji consiguió escapar. Prefería usar el colectivo, aunque se perdiera y tuviera que caminar en círculos toda la noche. No podía ser peor que ser asaltado o pagar una cifra astronómica a algún mal individuo por su taxímetro alterado.
Eiji tomó un autobús y entró al subterráneo en cuanto tuvo oportunidad. Su viaje sería de casi una hora, dado que los hoteles alrededor del aeropuerto eran muy caros, pero valdría la pena. Definitivamente, por menos de cincuenta dólares la noche, Eiji iría hasta el fin del mundo ese día.
Su alojamiento era un bonito y limpio hostal a unos minutos de Manhattan, en Long Island City. Tendría Times Square a sólo veinte minutos en auto, así que cuando comiera algo y descansara esa noche, al día siguiente podría pasear un rato bajo el quemante sol de occidente.
Cuando llegó a la estación de Court Square sólo tenía que caminar dos manzanas, pero las calles estaban terriblemente solas. Eiji corrió casi que voló a través de las calles solitarias, fue a través de una avenida casi vacía y luego por una calle que apenas era iluminada por la luz que salía de algunas ventanas perdidas en la oscuridad.
Ya un poco desesperado y nervioso, Eiji dio con su hostal. Las ventanas estaban iluminadas, y de la puerta se divisaba una tenue luz que atravesaba el cristal. Por fin estaba ahí.
Cuando entró, Eiji notó que el lugar estaba muy concurrido. Rápidamente se puso su gorra, aunque se dejó los lentes colgados al cuello de la camisa, porque no sabía cuándo podría ser reconocido.
—¿Otro que viene al Manhattanhenge? —Preguntó el recepcionista con una gran sonrisa. Tenían casa llena, al parecer—. Todavía me quedan dos habitaciones individuales, aunque el precio sube a más del doble, que por lo que veo no es lo que está buscando.
—Sólo quiero una cama y eh… que no sea en una zona mixta, por favor —pidió Eiji en su oxidado inglés.
En sus viajes para las competiciones ya le había tocado hospedarse en hostales mixtos. Las chicas viajeras eran bastante atrevidas para su asustadizo corazón. Iban por ahí en ropa interior diciendo que esa era su ropa de dormir, y siempre terminaban en la litera de algún tipo extranjero.
—Bien. Son cuarenta y seis con setenta por noche. ¿Cuántas noches piensa quedarse?
—Dos noches, por favor.
—Serán noventa y tres cincuenta… gracias, aquí tiene la llave de su taquilla y su cambio. El bar está abierto toda la noche, la cafetería abrirá por la mañana. Estamos a sus órdenes, que pase una excelente estancia.
Eiji guardó las cosas de valor en su taquilla, dejó sus maletas encima de la cama disponible para él y se dirigió al bar. Pidió una soda y una orden de alitas, se sentó alejado del ambiente festivo de los turistas y entonces, una vez instalado, Eiji no pudo evitar que una solitaria lágrima se deslizara por su mejilla.
¿Qué demonios había hecho?
¡Y ahí va el capítulo 2! ¿Qué les pareció? Espero sus tomatazos y reviews en los comentarios 3
Recuerden que también pueden leer esta historia en mi blog, en Fanficslandia y ahora también en el grupo de FB Habemus historias, donde podrán encontrar a una emergente comunidad de autores, fickers y lectores.
Esta vez no hay respuestas a comentarios porque no hay comentarios jajaja :'(
