Sí, sigo viva. Pasaron muchas cosas y al final no pude seguirle a la historia, pero no quiero dejarla abandonada. La terminaré... algún día jaja.
Apenas amaneció, Eiji ya tenía los ojos abiertos. Le había costado bastante conciliar el sueño y, luego de un rato, se dio cuenta de que faltaba menos de una hora para que llegara la mañana. No descansó bien, y realmente no pudo culpar de este hecho a los turistas fiesteros que se la pasaron jugando en el dormitorio y los pasillos como si fuesen amigos de toda la vida.
Decidió que lo mejor era salir a pasear un poco, por lo que rápidamente se vistió con ropa de calle, se puso los zapatos y tomó sus cosas. Cuando pasó frente al recepcionista, igual de desmañanado, todavía le gritó:
—¡No te olvides del Manhattanhenge! ¡Es esta tarde!
Se le olvidaría. Eiji tenía otros pensamientos ocupando su mente como para recordar un evento de una hora en un lugar donde ni siquiera sabía si todavía estaría. Pensativo, recorrió las calles rumbo a Times Square. No tenía mucho dinero como para subir el Empire State Building (una entrada para adulto costaba 36 dólares), pero al menos podría recorrer Central Park durante unas horas, desayunar un grasiento hotdog y buscar un nuevo alojamiento para la noche; no sería complicado si se alejaba un poco de Manhattan, después de todo, el espectáculo del atardecer sería en sus calles.
…
El amanecer fue distinto para Ash Lynx. Alrededor de la medianoche, Papa Dino solicitó su presencia en el Club Cod, cosa que no hacía desde que Ash cumplió los catorce años. Este se sorprendió y, malhumorado, fue al encuentro del hombre, sin poder negarse.
Papa Dino lo esperaba sentado en una mesa semi privada del restaurante. Bebía de un ancho vaso de vidrio con hielo esculpido, mientras el rostro avejentado se le ponía cada vez más rosa por el efecto del alcohol. No importaba mucho; después de todo, Dino Golzine nunca se emborrachaba, al menos no en público.
Este hombre, bastante viejo, pero bien conservado, se movía a sus anchas por todo Nueva York como si lo tuviera en la palma de la mano. En el puerto de pescados de un dominio chino poseía un restaurante de mariscos que de forma oficial era llamado "Club Cod". Por supuesto, los mariscos eran reales, pero también lo eran los niños: pequeños que eran sacados de las calles para ser prostituidos en el ostentoso restaurante de Papa Dino.
Después de todo, así era como el lince había caído en las manos de Dino. Así que Ash no podía simplemente desentenderse del viejo y decirle que no quería ir a ningún lugar cerca de él.
—Llegaste, Ash. Quiero presentarte a alguien —anunció Dino, apuntando brevemente a su acompañante.
A diferencia de Dino, su acompañante parecía tres o cuatro veces más viejo que Ash. Tenía la frente y las mejillas surcadas por arrugas y bolsas en los ojos, una nariz larga, recta y roja y ojos pequeños. El hombre bebía en silencio, y como parecía que no abriría la boca en un rato, fue Dino quien finalmente lo presentó, a pesar del misterio que parecía envolver al desconocido.
—Es Dominique Venturi —dijo.
Ash tardó unos segundos en saber exactamente dónde había visto ese nombre. Se trataba de uno de los jefes de la mafia corsa, y para ese momento debía tener alrededor de cien años. Genial, ahora tendría que ir a meterse a la cama de un vejestorio de hace un siglo.
Sin embargo, Ash no dejó que su desagrado saliera a flote. En su lugar, sonrió con calidez hacia Dominique y se inclinó levemente antes de presentarse con un:
—Soy Ash Lynx, señor.
—¿Lynx, hein? —preguntó Dominique en francés. No volvió a decir una palabra el resto de la noche.
Así, Ash fue convocado a uno de los dormitorios del fondo. Caminó, con piernas temblorosas, a través del pasillo. Tuvo un espasmo involuntario en la cara y estuvo a punto de revelar todos sus sentimientos: la frustración, el estrés, el miedo, el asco. En su lugar, mantuvo una sonrisa difusa pegada en su cara mientras sostenía el brazo del viejo.
Una niña, de diez u once años, salió tambaleándose de una habitación. Tenía el rostro amoratado, un hilito de sangre se deslizaba de entre sus piernas desnudas y su cuerpo entero temblaba con violencia. La niña levantó el rostro para ver al capo y al muchacho pasar frente a ella, pero no dijo nada, ni se movió. Sólo miró a los ojos verdes de Ash mientras lo veía caminar rumbo a su propia ruina. En aquel asqueroso mundo sólo se tenían a sí mismos, y a veces ni siquiera eso.
Ash abrió la puerta del dormitorio asignado, ayudó al viejo a sentarse en el filo de la cama y se giró para ir a cerrar la puerta. Tres hombres ingresaron y, cerrando la puerta, rodearon a Ash. Este se puso en guardia de inmediato. Miró a todos lados, ubicando salidas, posibles armas y alguna forma de matarlos a todos sin recibir demasiado daño.
Cuando lo vio tan aprehensivo y calculador, Dominique echó una risita e hizo una seña a sus hombres. Estos se alejaron un paso del muchacho, y uno de ellos habló en francés, diciéndole:
—Somos subordinados de Dominique Venturi. Estamos aquí para hacerte una oferta, Aslan.
Ash se puso, si acaso, más en alerta. Si conocían su nombre real lo que le ofrecieran no podría rechazarlo sin perder un ojo o la vida.
—La cámara está encendida, probablemente también los micrófonos. ¿Dino dejará pasar esto si lo escucha? —preguntó Ash.
Todos los dormitorios tenían cámaras y micrófonos, no sólo para obtener material real de ch*ldp*rn, sino también para vigilar a los niños todo el tiempo. Si había una sola cámara volteada, en mal funcionamiento o peor, apagada, los perros de Dino corrían de inmediato para someter al niño que había perdido vigilancia mientras arreglaban el asunto.
—Los micrófonos están apagados —anunció el mismo hombre.
Como si fuera un acuerdo tácito, los tres sometieron a Ash en el suelo, quien no se resistió. En el video sólo se podía ver a tres tipos grandes desnudando al muchacho mientras lo toqueteaban. Este, en cambio, ocultó la cara del ángulo de la cámara y preguntó:
—¿Qué tengo que hacer? —también en francés. Había dos o tres cosas que sabía gracias a la educación de Dino.
—¿No tendríamos que hacerte una oferta primero y saber si aceptas o no? —preguntó otro de los hombres, casi en grito, para que en la cámara pareciera que se estaba divirtiendo.
Ash se relajó un poco, y respondió—: No es como que me vayan a dejar rechazarlos. Díganme lo que quieren.
Dominique volvió a reír. Probablemente le gustaba la actitud de Ash, aunque este no podía estar muy seguro; lo mejor era seguir alerta a cualquier cambio.
Entonces, uno de los hombres tomó la barbilla de Ash, se inclinó hacia él, y le informó—: Papa Nick desea que te conviertas en su sucesor. Si es este año, mucho mejor —Ash arrugó el entrecejo, confundido, pero siguió escuchando mientras los otros dos hombres seguían con el teatro de cara a la cámara—. Tu primera misión, Aslan, será memorizar las fórmulas de las drogas de Dino Golzine. Todas ellas.
—Un momento, alto —dijo Ash.
Esta vez se resistió en serio, por lo que los hombres lo sometieron en serio. No obstante, Ash ya no estaba en alerta por una posible violación. Lo que le preocupaba era lo que le estaban diciendo, así que preguntó—: ¿Qué pasa con Jacques Venturi? Ése es su hijo, ¿no, Dominique? ¿Qué tengo que ver yo en lo que sea que hagan los líderes de la mafia? No me interesa.
Un hombre lo abofeteó con energía y se desvistió. Nadie dejaba de pensar en la cámara y lo que estaban viendo al otro lado de la pantalla.
—Tú mismo dijiste que no podías rechazar una oferta de Papa Nick, Aslan. No puedes retractarte. Cumple con tu primera misión —le dijo el mismo hombre, sacando una pistola a la que quitó el seguro y encañonó hacia el pecho de Ash—, o muere aquí.
Ash suspiró, lo que los hombres tomaron como un sí de su parte. Después anunció—: Si no necesita nada más de mí, quiero dormir un rato.
Dominique sonrió por tercera vez.
Uno de los hombres golpeó a Ash en la nuca y este fingió caer desmayado. Un rato después Dominique se recostó junto a él.
Los micrófonos y la cámara se encendieron, los tres hombres salieron y Dino sólo vio lo que querían que viera: a Ash desnudo e inconsciente en la cama.
Así fue como amaneció el día para Ash Lynx, quien tenía tanto en qué pensar.
¡Muchas gracias por leer!
Por cierto, me abrí una cuenta en A o 3, estaré publicando ahí de manera regular, además de que podrán encontrar historias buenísimas, no sol s. Pueden encontrarme como alisodelirantes, ciao 3
