Disclaimer: Los personajes de Isaura, La Esclava. No me pertenecen.
Aclaraciones: Inspirado con algunas canciones Theory of a deadman, pueden haber algunas letras de la canción "Angel". Voy a alterar muchas cosas de la telenovela, espero que les guste a futuro. Me disculpo si esperaban que estuviera como más apegado a la telenovela.
Sobre las edades, Isaura tendrá 18 años y Leoncio 21 años.
Género: Drama/ hurt-comfort/ Tragedia/ Romance. Puede existir la posibilidad de que haya alguna muerte de algún personaje.
Summary: [AU/Longfic] Ella se estaba sintiendo tan rara, con solo imaginarse cosas…Cosas que no debe… ¿Eso se llama Amor? ¿Tentación? O ¿Deseo? (Leoncio x Isaura)
Amor, Deseo y Tentación
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Prólogo
En el caso de Isaura, tenía tan solo quince años cuando empezó a experimentar ciertas emociones y sentimientos hacia el señorito, Leoncio Almeida. Ella sabía bien que no le corresponde sentir esto, quizás su madrina la consideraría como un pecado atroz. Solo por verlos como hermanos.
¿Una esclava enamorada, del heredero de la familia Almeida? O mejor dicho, la esclava que fue criada bajo el ala de Gertrudis de Almeida, ¿Está enamorada de su "hermano mayor"?
No son hermanos de sangre, pero Gertrudis los consideraba como si fuera del corazón.
El comendador Almeida no reconoce a Isaura como una hija, la ve como otros la ven, una simple esclava de piel blanca.
Leoncio tampoco no la reconoce como su hermana, pero si como alguien quien le quitó la atención de su madre y él, sufriendo castigos de su padre. Podría decirse que él la odiaba, pero… ¿Hasta qué punto llegaba su odio?
Cuando ambos crecieron, uno sentía atracción e interés hacia ella aunque solo recibirá un amor no correspondido, porque la otra persona solo buscaba un romance y un amor verdadero.
Él va aprender que si tanto la amaba debe ganárselo de buena manera…
Ella va aprender, que hasta la persona más pura e inocente puede desear y ser tentada…
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I Deseo pecaminoso
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Él la esperaba impaciente, por lo menos le gustaría considerar como una noche de soltero, antes de casarse con Malvina Cuhna. Sabe que la esclavilla debe obedecer cada orden que le diga, le gustaría creer que vendrá esta noche. Mentalmente, se imaginaba tocar esa piel blanca de porcelana.
Con tan solo imaginarlo, se recuesta en la paja para esperarla estando más cómodo. Pasaban los minutos y ella no llegaba.
— ¿Dónde se metió Isaura? —se preguntó Leoncio, al mirar su reloj.
Leoncio miraba su entorno, en ese momento entra Rosa para suplantar a la otra esclava, solo para mostrarse como alguien más experimentada en el tema de la intimidad. Cuando ella se le insinuaba, el muchacho podía ver a lo lejos a una joven de tés blanca correr hasta llegar al hogar de la familia Almeida; solo podía suponer que esa esclava los vio juntos.
—Puede ser, que Isaura se haya acobardó en no venir con usted, señorito Leoncio —le dijo Rosa, la esclava de piel bronceada. —Me llamo Rosa, soy una de las tantas esclavas del comendador Almeida. Quizás Isaura, no está interesada en usted pero yo sí.
El joven mira de pies a cabeza el cuerpo femenino que se ofrecía ante su presencia. Era tan tentador, que maldecía mentalmente a Isaura por desearla tanto, que tendría que conformarse con otra. Al ver que Rosa se le insinuaba cada vez más, él trataba de pensar si realmente era el lugar adecuado para Isaura estar en el granero.
La esclava estaba por iniciar con su beso pero él se resistió; porque recordó unos orbes cafés oscuros que los miraba sorprendida por su encuentro con Rosa.
— ¡No! — la empujó bruscamente contra la paja, le dedicó una última mirada para irse nuevamente a su hogar —Por ahora, no está en mis planes… Esclava.
— ¿¡Pero porqué me rechaza!? —espetó, alterada.
Él la miró de reojo.
—Como te dije y te repito. No estás en mis planes, esclava. Sobre todo, que yo no busco a alguien más experimentado— mencionó él, como si estuviera insinuando a la joven que quiere desflorar.
Leoncio no es alguien de rechazar a ciertas mujeres que se les insinuaba, es más, lo gozaba pero le agradaba ser el primero en desflorar a toda muchachita que le interesaba. El joven suponía que Isaura estaba atrasada y que sí iba a llegar al granero, solo que lo encontró con otro tipo de entretenimiento.
Una pequeña pizca de emoción hizo una ligera cosquilla en su orgullo, porque Isaura sí fue al granero, aunque estaba enojado consigo mismo por dejarse tentar por la otra esclava, Rosa.
…
Isaura se sentía avergonzada de ver como su amiga, Rosa, se le insinuaba a Leoncio. Suponiendo que aquellos dos ya estarían copulando y que entendía perfectamente, que las intenciones del señorito era claramente sobre actos lujuriosos. Ni Dios, le perdonaría por si ella se dejaba seducir por ese hombre así.
Se sentía tan acalorada, que trató de tomar un poco de agua, solo para no imaginarse esas vulgaridades. Por su mente, solo se imaginaba como su amiga besó al señorito y como él estaría explorando su cuerpo. Ella ponía ambas manos sobre sus mejillas y negaba con la cabeza, tratando que esa rara imagen saliera de su mente, para que deje de pensar en cosas impuras.
Apoyaba ambas manos sobre la mesa, tratando de mantener una respiración más regular. Inhalaba y exhalaba para sentirse más calmada, y que esa mente pecaminosa la deje en paz. Trataba de recordar algún párrafo que leyó de la biblia.
Nada venía a su mente.
Sus hombros se relajaban y sus piernas temblaban, al sentir una leve caricia en sus brazos el contacto de piel contra piel era tentador que nadie se atrevió a acariciarla de esa manera, tan suave y delicado, se imaginaba tener su respiración golpeando en su nuca.
No…No debe ser real.
Abrió sus párpados, mirando de un lado a hacia el otro pensando que Leoncio fue quien la toco. Por suerte, no estaba en la cocina, aunque se sintió tan rara imaginando y fantaseando las caricias de un hombre, como el señorito.
—Dios, por favor quítame estos deseos impuros —suplicaba, ella sentía un nudo en su garganta.
Ella todavía recordaba esos orbes verdes claros que tenían un tono azulado, como la miraban tan fijamente cuando tocaba el piano. Se sentía intimidada y observada, no recuerda que el Leoncio que había conocido a sus quince años, sea el mismo hombre caballeroso que él de ahora.
Antes, Leoncio si había visitado a sus padres en las vacaciones, ahí fue cuando hicieron contacto visual, uno parecía estar interesado en ella y Isaura, sintiéndose rara al ver a un joven "caballero", a pesar de todos los rumores que decían los esclavos sobre él; que es un maltratador de esclavos, desde que creció.
—Debo irme a dormir — dijo, mientras guardaba algunos cubiertos y secaba otros platos de porcelana.
Una vez que terminó todo, Isaura salió de la cocina para irse directamente a su habitación, que se encontraba del otro lado de la casa, estando alejada pero es mucho privilegio para una esclava como ella. Sin embargo, no sabía que estaba siendo perseguida por una persona, sus pasos eran cuidadosos mientras la seguía hacia su dormitorio, logró ver cómo la joven sacaba una llave que estaba colgada en su cuello de cisne.
Leoncio vio como Isaura hizo un ligero empujón hacia la puerta para que se abriera del lado de adentro, se acercó con pasos apresurados para entrar junto con ella.
Poniendo la llave por su cuenta, para hablar con la esclava.
— ¡Seño…!—no la dejó hablar, le tapó la boca con la palma de su mano derecha. —Isaura, ¿Fuiste al granero?
La joven hacía contacto visual hacia su dueño, movió ligeramente la cabeza para asentir.
—No pasó nada entre Rosa y yo —habló esté, tratando de convencerla —Ella se me insinuó.
Algo le decía a Leoncio Almeida que aclarara las cosas con ella, después de todo, Isaura lo vio estando con Rosa. Quizás por verla con otra persona, ella no fue o porque le interesaba alguien más. No es quien para darle explicaciones a una simple esclava pero se trataba de Isaura, su primer flechazo y a quien le interesa hasta ahora.
— ¿Puedo confiar en que no vas a pedir ayuda? —interrogó el muchacho, sin apartar la mirada en ella.
Otra vez, la ve que vuelve a asentir con la cabeza.
Cuando él quita su mano de la boca, ella hace todo lo contrario, era muy desubicado encontrar al señorito en su dormitorio. No es correcto y ella no esa mujer que se lanza hacia la lujuria.
— ¡Auxi…! —Ni siquiera pudo terminar de gritar.
Ambos estaban tan cerca uno del otro que el joven Almeida fue quien inició con un beso fogoso, sintiendo como la esclava le golpeaba en su pecho, mostrando resistencia hasta que decidió forzar aún más, sosteniéndola desde la nuca. Isaura empezó a bajar la guardia, al sentir como la rodeaba con sus brazos y el beso se mostraba más suave, y también a un ritmo lento.
Isaura lo estaba… ¿Disfrutando?
Intentaba guiarla hacia la cama pero ella apoyaba la mano sobre su pecho, como si quisiera decirle algo, eso lo dejó quieto.
Leoncio deseaba mantenerse así por un largo rato pero ambos necesitaban respirar, con lentitud fue rompiendo el beso. Esperando recibir algún cachetazo de parte de la esclava, o deseando que ella se entregara completamente hacia él; se sintió nuevamente excitado, al cumplir con su gran deseo, ser el primero en darle un beso a Isaura.
—Por favor, señorito Leoncio…No, quiero mantenerme virgen hasta que me case —comentó Isaura, apoyando ambas manos sobre su pecho para alejarlo de ella. —Usted se va a casar con la señorita Malvina.
—No quiero, mi padre me obligó a esto —replicó el joven Almeida, distanciándose —. Si no hubiera provocado esa deuda…Las cosas podrían resultar diferentes entre nosotros.
—Esto nunca debió pasar.
— ¡Pero yo te amo, Isaura!
—Esto no es amor, señorito Leoncio. ¡Usted se va a casar, y yo soy una simple esclava! —replicó ella, alejándose de él.
Leoncio sentía una cantidad de ira acumulándose, tan así que fue a agarrarla del brazo con fuerza, para tirarla en la cama. Estando arriba de ella, viéndola a los ojos, queriendo probar nuevamente esos labios carnosos y tocar esa suave piel blanca. Isaura se resistía, movía sus piernas para no permitirle que haga esos actos carnales con ella.
— ¡Por favor, señorito Leoncio! —Suplicaba ella, — ¡No cometa una locura, se lo imploro!
— ¡No! Quiero que seas mía, Isaura —siseó, el señorito mientras movía los pliegues del amplio vestido.
El joven le tapó la boca con la palma de su mano. Cuando estaba a punto de quitarse sus pantalones, se detuvo en seco al escuchar otra palabra más de la esclava.
— ¡No arruine mi amor por usted! —Confesó la joven entre lágrimas — ¡Estoy segura que no eres así!
—Te voy a soltar, hasta que repitas lo que dijiste —comentó, como si se tratara de alguna advertencia. — ¡Dilo Isaura!
—Y-Yo…
— ¡Dilo o sigo!
—Quiero mantenerme virgen.
— ¡Dilo y lo cumplo! — exclamó él, perdiendo la paciencia.
— ¡Y-Yo te amaba…!—confesó, suplicando de que no haga ninguna locura con ella.
El muchacho se detuvo, cumplió en no molestarla. Se sienta al borde de la cama, dejando que ella se acomoda al otro extremo. Ambos se mantuvieron en silencio, él parecía algo feliz pero trataba de disimular, ella buscaba tener una respiración más regular, por los latidos abruptos de su corazón al confesar algo así.
—Desde que me fui, esperaba una carta tuya, Isaura —habló Leoncio, sin mirarla a los ojos —Estaba tan enojado contigo, conmigo…Con mis padres, no sé qué había hecho mal.
—Después de las vacaciones traté de escribirte, tampoco me llegaban tus cartas — comentó la joven, manteniendo distancia hacia él —. Me sentía mal por no contarle a mi madrina.
—Entonces… ¿Quién no te entregó mi carta? —interrogó, algo percatado al escuchar eso.
—El comendador Almeida las recibía y yo, cada vez estaba más lejos de mi libertad —confesó, sintiéndose culpable por mencionar al dueño de la casa.
—Perdóname Isaura, no quise…—habló este, queriendo tocarla el hombro pero ella se alejaba de él.
—No quiero que me toques.
—…Eres tan hermosa hasta cuando te veo triste o asustada... —comentó el muchacho, mientras que la miraba de reojo.
—Tú no eras así, Leoncio. Eres caballeroso conmigo.
—Lo sé, me gustaría…Recuperar el tiempo perdido Isaura, pero ahora, me obligan a casarme con otra persona —musitó, levantándose de la cama. No quería casarse con alguien a quien no ama, pero todo para salvar la deuda de su familia y que él mismo provocó. —Tuve malas compañías que me arrastraron a esas cosas.
—Debe, la señorita Malvina es muy buena y hermosa. Se van a llevar bien.
—Pero, ¡Yo te amo!
Él apoyaba ambas manos sobre las mejillas de la esclava, otra vez tocando esa suave piel de porcelana. La joven trataba de mantener la compostura y no recaer en las caricias de un hombre a quien lo consideraba como un hermano del corazón, a pesar que a sus quince años experimentó esos sentimientos tan culposos hacia el primogénito del comendador Almeida, pero muy en el fondo sabía que él no podría corresponderle, por ser una esclava y a quien su madrina lo obligaba a tratarla como una hermana.
—Somos de dos mundos diferentes, señorito Leoncio.
—Dime Leoncio, Isaura… Por favor —dijo en voz baja, casi fue un murmullo —Dime ¿Qué deseas?
—Mi libertad, señorito Leoncio. Es lo que más deseo.
—Existen tres maneras de conseguirlo y podría ser cuatro maneras.
— ¡Por favor no haga ninguna locura! — exclamó.
—No, te prometo nada…Isaura —habló el muchacho, acercándose hacia la puerta, una vez que estaba tocando el picaporte, se voltea ligeramente para decirle algo más a la esclava —Quiero que te entregues completamente a mí.
Ella se quedó pasmada, creyendo que él nuevamente se le iba a insinuar pero no sucedió nada, solo escuchó el ruido de la puerta cerrarse. Dejándola sola, bueno, no tan sola pero sí tenía sus recuerdos y sus pensamientos que la hacían sentir incómoda.
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Continuara…
N/A: Supongamos, que Isaura si siente algo por Leoncio, solo que no quiere acercarse a él, por cuestiones de los arreglos de matrimonio con Malvina. En esta historia, no creo que sea tan larga quizás llegaría a 15 o 20 capítulos. En este universo alterno, Gertrudis y Almeida no van a querer que Leoncio e Isaura estén juntos, pero entre ellos van a tener que convencerlos. Por otro lado, triángulos amorosos seria entre Enrique x Isaura x Leoncio/ Isaura x Leoncio x Malvina. La historia va cambiar muchas cosas, quizás algunas personalidades.
Saludos y cuidense
Atte. J.H (c)
