RinMakoto. Los dos gemelos cayeron en una dura batalla, pero ahora, nos toca entrar de golpe en el ocaso de la guerra el cual no será nada que uno quisiera.

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Sin más, comencemos…

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El día de la batalla final había llegado por lo que el resto de las tropas atenienses se habían reunido en el Santuario, listas para poder batallar contra sus enemigos del ejército de Ares.

- Finalmente hemos llegado al combate decisivo, decidiremos quien es el ganador de una vez por todas – susurró Hibiki, a su lado estaba Tomoe quien estaba algo nerviosa.

- Me late el corazón a mil por hora, quisiera pensar que volveremos todos con vida.

- Lo haremos Tomoe-san, confía en mí, vamos a triunfar en esta guerra y traeremos la paz al mundo – el peli humo mecía eso con una seguridad que ponía cómoda a la peli negra.

- Ojalá que Ramón estuviera aquí, él me tranquilizaría un poco.

- Claudia, no tengas miedo, al final de todo él decidió ir a entrenar a Shinonome-san para hacerla más fuerte, así que no tardará mucho en volver.

- Eso espero Asuka, eso espero – las dos chicas estaban esperando junto con el resto de los Caballeros de Athena, la llegada del Patriarca junto con su diosa, momento que llegó después de una pequeña espera.

- ¡Arrodíllense ante la diosa Athena!

- ¡Sí! – los ahí presentes hicieron eso.

- Ante todos ustedes les diré esto, hemos llegado al día en que finalmente traeremos la paz al mundo al momento de vencer al dios Ares quien planea hacer de la Tierra un lugar vil y sin vida. Nosotros, los Caballeros de Athena, hemos peleado duras batallas no solo a lo largo de este conflicto con el dios Ares, sino desde siempre. Podemos ser simples humanos, pero les hemos demostrado a los dioses que juntos, podemos hacer cosas milagrosas porque creemos los unos a los otros. Además, hemos perdido muchos Caballeros que eran de los más fuertes en potestad de dar su vida para que la Tierra esté libre de esos dioses que tanto desean dominarla para sus viles fechorías. Kudo de Piscis, Daisuke de Cáncer, Esperanza de Capricornio, Souta de Escorpio y Shinji de Virgo han sido los Caballeros Dorados que han caído en batalla.

- ¡Larga vida a los Caballeros Dorados!

- Sin embargo, también estaban Saintias que cayeron en combate batallando con los Dorados, ellas eran Tsubasa de Equuleus, Aoi de Corona Boreal, Yuuki de Osa Mayor y Waka de Águila, ellas estuvieron en esos momentos en donde todo parecía perdido, pero gracias a sus cosmos lograron salir adelante – el castaño miró a sus guerreros – pero también no hay que olvidar que hubo Caballeros de Plata y Bronce que en su mayoría cayeron batallando por la paz del planeta. Por eso, por todos nosotros y por nuestros compatriotas caídos, ¡vamos a la victoria!

- ¡Port Athena! ¡Siiiiiiiiiiiiiiii! ¡Vamos a ganar! – los gritos de júbilo de los Caballeros eran señal de que iban listos para cualquier cosa que se les pusiera.

- Vamos a darlo todo – susurró Joan al lado de la diosa.

- Lo sé, por eso me encargaré de dirigirlos hacia la victoria lo mejor que pueda – Saori habló levantando su báculo de Nike y cubriendo con su cosmos a sus guerreros – mis amados Caballeros, préstenme su poder una vez más para poder vencer a las fuerzas del mal que tanto quieren herir el planeta del cual tanto amamos.

- ¡Lo que sea por usted Athena!

- ¡Ganaremos esto, ya lo verá!

- Aries, haznos los honores por favor.

- Está bien – Hibiki se puso en medio de todos y elevó su energía cósmica hasta el máximo y sin más, se llevó a todos de ahí dejando el Santuario sin ninguna protección ya que las musas decidieron irse con ellos también, esto por la protección de la diosa Athena.

Unos segundos después gracias a los poderes de tele transportación de Hibiki llegaron a la región de Italia, aunque no podían avanzar mucho ya que una gran barrera impedía que estos pudieran seguir, aunque no sería lo único con lo que se toparían yendo.

- Veo que tenemos compañía – susurró Tsukumo notando un gran ejército de gladiadores ahí reunidos listos para dar batalla.

- No les daremos el gusto de vencernos.

- Aunque sean unos tipos cualesquiera, les daremos de pataditas en las costillitas – Shinzuke bromeó al lado de Akane quien estaba lista para el combate.

- Veo que están listos para el combate – Joan susurró mientras que se paraba frente a sus hombres mirando el enorme ejército – ¡no dejen que los intimiden! Podrán ser más, pero nosotros tenemos el cosmos de nuestro lado y eso nos hace superiores.

- ¡Sí!

- ¡A la carga! – los Caballeros atenienses cargaron con todo contra los guerreros de Ares, al chocar los dos ejércitos, el sitio tembló, aunque fue una gran sorpresa ver de lejos al dios de la guerra quien venía desde el cielo en un carruaje tirado por caballos negros que escupían fuego.

- ¡Cuidado, es Ares!

- Maldito Ares – Saori sacó su báculo apuntando al dios quien sonrió de lado mientras saltaba hacia el suelo, al momento de caer a este, creó un pequeño terremoto que sacudió la tierra.

- Demonios, su cosmos es abrumador, ni lo puedo medir.

- Es el poder de un dios.

- Athena, es hora de que ajustemos cuentas de una vez – el dios apuntó con una espada hacia la diosa, aparte contaba con un escudo – y será mejor ya que no cuentas con tu armadura por lo que, en resumidas cuentas, estás muerta.

- Mi armadura – la peli lila sonrió por lo bajo – no la necesitaré, el enemigo al que enfrentaré no vale la pena que la use, en su lugar, usaré esto.

- ¿Qué cosa? – Saori hizo aparecer la lanza del dios de la guerra – ¡malnacida!

- Tu arma fue purificada gracias al cosmos del Caballero de Virgo y de la Saintia de Águila quienes dieron su vida para lograrlo, ahora es mía por lo que te ves en serias complicaciones para ganarme ¿no?

- Te voy a matar Athena – los dos dioses se lanzaron al ataque, al chocar armas, la onda expansiva fue tan fuerte que todo lo que estaba a su alrededor voló por los cielos ya que era una fuerza abrumadora.

- Este es el poder de un dios – las dos deidades de la guerra siguieron chocando armas y llegó a un punto en que las cosas parecía que se destruirían ya que el impacto era demasiado brutal para aguantar eso.

Los Caballeros Dorados con algunas de las Saintias estaban llevando una buena ventaja por lo que parecía que la victoria se estaba inclinando hacia ellos.

- ¡Maten a esa perra! – un grupo de gladiadores estaba dirigiéndose hacia Shiho quien no se inmutó y activó el escudo que poseía su armadura lo cual confundió a los tipos.

- Como Saintia de Perseo, porto el escudo que posee la cabeza de la Medusa, aquella Gorgona que convertía a todo aquel que observaba en piedra y ustedes pasarán por el mismo resultado – el escudo iluminó a los guerreros de Ares quienes no pudieron evitar ser petrificados por el poder de Shiho.

- ¡Akane-chan, detrás de ti!

- No te preocupes Senpai, lo tengo – la castaña se fue hacia los enemigos que la iban a atacar.

- Vean a la enana que se cree muy valiente.

- ¡Maelstrom Celestial! – una fuerte patada dada por Akane mandó a los tipos a volar en un remolino de agua el cual fue mortal para ellos, Shinzuke se seguía impresionando del poder de la castaña.

- Ahora me toca a mí Akane-chan, no creo que aguanten mi… ¡Mordida Infernal! – el usuario de la armadura de Cerbero lanzó su ataque hacia varios soldados de Ares quienes fueron despedazados por las fauces que creó el peli turquesa con su ataque – bah, me los imaginé más fuertes.

- Eres fuerte Senpai.

- No tanto como tu Akane-chan, eres más fuerte que yo jeje – por otro lado, cuando las cosas parecían ir a favor de los atenienses, justo llegaron dos viejas conocidas para muchos de los Dorados y Saintias.

- Creo que nos encargaremos de acabar con estos asquerosos Caballeros de Athena – Dino y Pefredo hicieron acto de presencia.

- Demonios, estas tipas parece que nunca mueren.

- Ahora que ambas hemos recibido la sangre de nuestro señor Ares, somos invencibles.

- Supongo que Ares les dio de nuevo su sangre para hacerlos más poderosos, pero es una barbaridad, tanta sangre en el cuerpo las puede matar – exclamó Joan quien se dispuso a estar atento por si alguna de ellas hacía algún movimiento.

- Tu – Pefredo señaló al mexicano – me vengaré de la humillación que me diste, ¡¿me oíste?!

- Lo siento, pero creo que la que se humilló sola fuiste tú, no eres lo suficientemente fuerte para ganarme al final de todo – exclamó el castaño poniéndose en pose de combate, sin embargo, su hermana se puso a su lado – Claud.

- Carlos, déjame a mí a esta tipa.

- De ninguna manera, ¿sabes lo poderosa que es? Tiene la sangre divina de Ares en su interior.

- No me trates como una niña que no sabe lo que hace Carlos, sé perfectamente que es fuerte, aun así, mi sangre me está gritando que pelee contra ella, no te lo tomes en algo personal, solo quiero medir fuerzas con ella.

- Claud – Joan no quería permitir eso, pero su hermana estaba decidida, además, ella era alguien que poseía un poder extraordinario – muy bien, pero sal bien de esta batalla.

- No te preocupes, le daré una paliza que no olvidará jamás.

- Asquerosa humana – la Consejera río por lo bajo – jajaja, no importa, me gustará ver la cara de ese maldito al ver como su hermana es asesinada por mis propias manos.

- En primera, no le digas así a Carlos que es mi pequeño hermano y en segunda, seré yo la que te derroté, así que ven aquí pedazo de moco andante – el cosmos dorado de la morena comenzó a arder formándose la silueta de un león detrás de ella.

- Eso lo veremos perra – ambas mujeres se miraban con rivalidad dura, sin embargo, ambas se lanzaron al combate chocando sus puños y de estos impactos, ráfagas de cosmos salían disparados.

- Es increíble el cosmos que ambas tiran, pero estoy notando que Claudia parece llevar una desventaja.

- Lo sé, debe ser esa tipa que posee un cosmos que aún está escondido – susurró Pei Pei tragando saliva – Claudia debe tener cuidado porque si se descuida un poco, le puede salir caro.

- Ella estará bien Pei Pei – las dos chicas se dirigieron a seguir batallando contra más soldados de parte de Ares.

- Ares, estás acabado, tu ejército se ha diezmado, solo te quedan tus hijos y pocos guerreros, morirás.

- Eso es lo que piensas – susurró el dios de la guerra para sorpresa de Athena y sus demás Caballeros.

En el cielo, se miró como es que un cometa estaba acercándose hacia la Tierra, esto alertó a la diosa, las musas e incluso Joan quien parecía saber de qué se trataba el asunto.

- ¿Qué es eso? ¿Un cometa?

- Te tardaste mucho tiempo… hermana – las palabras de Ares dejaron helado a más de alguno y no fue hasta que se manifestó la persona a la que el dios se refería.

- Tu eres…

- Así es Athena, he vuelto – esta era una mujer la cual poseía el cabello azul oscuro largo, los ojos rojos, aparte de llevar un vestido rojo oscuro que cubría todo su cuerpo y no solo eso, sino que su mirada daba a entender que era alguien de peligro.

- Eris.

- Así es, soy yo, Eris – era ni más ni menos que la diosa de la discordia, aquella que solo traía ruina a todo sitio que llegue – he vuelto después de un tiempo, Athena.

- Pensé que te había encerrado en el Cometa Repulse.

- Supusiste bien Athena, aunque cuando creías que estabas haciendo historia con la purificación de mi lanza, me encargue de encontrar la manera de traer de vuelta a mi hermana Eris y finalmente lo conseguí.

- Maldición, nos hemos complicado entonces.

- Y bueno, ya sabes lo que dicen, dos cabezas piensan mejor que una, así que voy a ayudar un poquito ¿te molesta Ares?

- Para nada, ¡que la sangre riegue todo este valle! – Eris asintió y con su cosmos trajo un ejército el cual lucía fantasmal y muy escalofriante.

- Creo que se han hecho una idea de que las cosas se han puesto a mi favor – susurró Eris quien miraba a sus luchadores – estos son mis guerreros fantasmas, ¡ahora acaben con los Caballeros de Athena!

- Eso es jugar sucio Ares, fuiste por una diosa que encerré por problemática.

- 2 a 1, gané Athena – la diosa de la discordia lanzó una manzana dorada la cual le impactó en el pecho a la diosa de la guerra, aunque Joan notó esto y fue rápidamente hacia donde estaba Saori.

- ¡ATHENA! – este se lanzó y agarró la manzana la cual parecía querer meterse en el cuerpo de la diosa de la guerra, aunque parecía que no haría efecto, al final, el cabello de Joan cambió a rubio y se hizo largo habiendo accedido al nivel 3 de Super Guerrero, esto, junto con el cosmos de Athena, lograron desviar de nuevo la manzana hacia Eris quien la tomó con frustración.

- ¡Hija de puta!

- Ese maldito es un… - el mexicano estaba tomando aire ya que usó mucha energía para evitar que la manzana dorada entrara en el cuerpo de la diosa de la guerra.

- Hemos ganado, deberían rendirse – exclamó Dino la cual estaba paseando frente a varios Caballeros que estaban peleando contra los restantes guerreros de Ares, aunque ahora la tenían difícil ya que se les había unido el batallar contra los soldados fantasmales de la diosa Eris.

Esto era muy difícil ya que era un grupo mayoritario, aunque eso no los detuvo ya que siguieron batallando, aunque sus cuerpos les gritaran que no tenían chances de ganar. Tomoe cargó con muchos enemigos los cuales fueron vencidos.

- ¡Puño Polar de las 7 Estrellas! – el ataque de la peli negra destruyó a muchos enemigos, tanto de Ares como Eris quienes cayeron al suelo muertas.

- Tomoe-san, no te esfuerces mucho, aún hay muchos malditos los cuales son duros de matar.

- Lo sé, pero es que no se puede evitar, ellos vienen por montones – los dos amantes se lanzaron a seguir peleando, aunque tal y como dijo Tomoe, eran demasiados para que pudieran pelear libremente.

Sin embargo, en el caso más extremo, era justamente Claudia con Penfredo batallando con todo, estas se estaban empujando con sus manos para ver quien era más fuerte, aunque la Consejera llevaba algo de ventaja.

- No sé porque luchas contra alguien que es claramente superior, deberías solo rendirte y resignarte a morir – decía la tipa empujando más a Claudia quien a pesar de querer evitarlo, estaba cediendo.

- No lo haré… antes de eso tengo que matarte y bañarme de victoria – susurró la morena quien, a pesar de seguir perdiendo terreno, se estaba parando fuertemente.

- Leo, ¡solo cede de una vez! – el enorme poder de la consejera le era más posible gracias a la sangre de Ares, sin embargo, Claudia no se dejaría intimidar y su poder aumentaría hasta que su cabello cambió a dorado y erizando bastante, esto lo acompañaba relámpagos alrededor de su cuerpo – ¿Qué diablos?

- Dije que… no… ¡voy a perder! – ahora gracias al cosmos de Claudia en su forma número 2 de Super Guerrera le hacía obtener una forma mucho más fuerte casi igualando a Penfredo.

- ¿De dónde sacas tanto poder?

- Viene de mi cosmos interior y es que para querer proteger a las personas que amo, ¡soy capaz de pelear hasta el final! – la morena empezó a avanzar con mucho hasta que empezó a correr con ella, la consejera no se creía que estaba siendo superada en ese momento.

- No… ¡no puede ser posible! – esta fue lanzada por los aires y en menos de lo que canta un gallo, la morena alistó su cosmos para un ataque.

- Recibe esto, los colmillos del león electrificarán tu cuerpo… ¡Relámpago de Voltaje! – el fuerte golpe fue directo hacia el cuerpo de la consejera quien se le dio en el estómago haciéndola vomitar algo de sangre.

- No me creo que una humana como tu… me esté dañando de este modo, ¡no lo aceptaré! – decía la mujer levantándose de donde estaba.

- Demonios, Penfredo está teniendo problemas – la otra consejera, Dino, estaba mirando la batalla de su compañera y esta iba a interferir con la batalla hasta que de la nada, un objeto se puso en medio de ella enterrándose en el suelo – ¿Qué es eso? ¿Una flecha?

- No permitiré que interrumpas esa batalla – la voz de una guerrera llegó hasta donde ellas, muchas de las Saintias estaban ahí y miraron a su vieja compañera.

- ¡Shinonome-san!

- Veo que terminó su entrenamiento – Kurashiki habló sonriendo de lado.

- No les dejaré esto tan fácil – la peli azul traía su arco luego de haber lanzado la flecha que impidió a Dino seguir avanzando.

- ¿Por qué te metes en lo que no te importa?

- Si me importa ya que se trata de una compañera de armas, además, soy yo con la que pelearás, guerrera de Ares.

- Hm, parece que la Dorada también tiene deseos de morir – susurró Dino – mira esto Sagitario, tenemos un ejército mucho más numeroso que el de ustedes y eso solo hace que la victoria de ustedes sea inútil.

- Pues ya veremos si es cierto, pero antes de eso… ¡no quiero que haya soldados metiches! – las alas de la armadura de Sagitario se abrieron más.

- ¡Acaben con la Dorada!

- Idiotas… ¡Impulso Luminoso de Quirón! – esta técnica de Shinonome era crear una poderosa ráfaga de aire la cual mandó a volar a todos los enemigos de la peli azul quedando solo en esa área ella y Dino – ya no hay estorbos que no interrumpirán en la batalla.

- Tsk, realmente los Caballeros de Athena son duros.

- Y eso que no has visto quienes faltan.

- Maldita Athena, tú y ese insolente humano que se ha atrevido a meterse en cosas de los dioses.

- Si tengo que hacerlo, entonces soy un insolente, pelearé contra cualquier dios si es necesario.

- ¡Maldito! – en eso, Joan sonrió por lo bajo como si se hubiera dado cuenta de algo – ¿y esa expresión?

- Sencillo, porque parece que no batallaremos tan desarmados como pensé – Eris estaba confundida por eso, sin embargo, dos cosmos aparecieron de la nada.

- ¡Polvo de Diamantes! – una corriente de aire frio fue hacia la diosa de la discordia quien la desvió usando algo de esfuerzo, Ares ni se inmutó.

- Estúpidos ataques, no hacen efecto en un dios.

- ¡Pero este sí! – Akira apareció delante de ambos cargando con todo su cosmos – ¡Explosión de Galaxias!

- ¡AAAAAAH! – para sorpresa de todos, los dos dioses salieron volando, aunque se recompusieron rápidamente.

- ¡Maldito!

- Insolente humano.

- Me alegra que estén vivos, Yoshimi, Akira.

- No te preocupes por eso Joan, no moriremos tan fácilmente – la guerra se intensificaba en ese momento.

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Continuará…