RinMakoto. Cuando las cosas parecían calmadas, Ramón salió herido, aunque eso no termina ahí, todo empeora.

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Sin más, comencemos…

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La etapa final de la guerra comenzó, sin embargo, apenas los atenienses iban llegando, Ramón fue herido causando que su corazón estuviera más herido de lo que estaba, sin embargo, Athena logró ayudarlo metiendo su sangre dentro de él.

El chico desarrolló la técnica de los dioses, el Misopethamenos, aquella que hace que su corazón lata con una lentitud, aunque parecía que se había salvado, era cuestión de tiempo para que le pasara algo mal.

- No te preocupes Ramón, venceremos a Ares y te sacaremos toda esa mierda que te metió – Joan dijo, el hondureño asintió, pero Umi sabía que las cosas no eran así con él.

- Este ambiente me da repelús – susurró Yoshimi mirando los cuerpos empalados.

- Por lo que ha pasado, no creo que queden muchos rivales fuertes del ejército de Ares, hemos acabado con casi todos – Asuka habló.

- No nos confiemos, puede ser que así sea, pero no quiere decir que los hemos acabado todavía.

- Muy bien, entonces hagamos esto – Sayaka fue la que habló.

- ¡Vamos! – el resto del ejército fue hacia el sitio, Umi iba con el hondureño un poco atrás.

- Deberías decirle lo que tienes en el corazón.

- No lo haré, tienen que seguir adelante, no me gustaría que se desanimaran por mi estado, así que quiero que en caso de que no esté ya en este mundo, al menos haré que ellos ganen la paz en la Tierra, que mi novia siga adelante con su vida, todo con tal de que todo el mundo sea feliz – susurró el chico mirando al cielo, la musa peli azul no daba crédito a lo que escuchaba, pero solo asintió con mucho pesar.

- Eres alguien que no logro entender del todo – estos siguieron caminando hasta que se encontraron con el borde de la barrera que daba directo al trono en el que estaba el Dios de la guerra.

- Definitivamente, tendremos que ir hacia arriba – susurró Hibiki mirando la torre que iba hacia el cielo.

- No importa, si lo vencemos, esto caerá.

- Esta barrera emana un cosmos extraño, no creo que debamos tocarla – Athena dijo mirando la energía que salía de ahí.

- ¡Por Athena! – uno de los soldados rasos fue hacia la barrera, aunque cuando la golpeó, algo ocurrió que hizo callar a más de uno.

- ¡¿Qué diablos?! – el corazón del soldado salió de su cuerpo y su órgano fue hacia la barrera haciendo que se destruyera, el soldado cayó al suelo muerto y con un gran agujero en el pecho.

- Demonios… ¿Qué fue lo que ocurrió?

- Lo sentía, esa barrera posee algo extraño – la diosa de la guerra miró fijo la energía que emanaba de ese objeto – Ares le puso algo a la barrera.

- Como vimos lo que le pasó a ese tipo, cualquiera que la toque su corazón será arrancado de su pecho – Joan dijo eso – y, además, el corazón se destruye.

- Lo has descifrado bien Patriarca de Athena – una voz femenina se escuchó en todo el lugar y de la barrera salió una persona la cual poseía un atuendo estilo egipcio, además de un látigo en su mano, su cabello era rubio y ojos rojos como la sangre.

- ¿Quién eres?

- Más respetos porque no saben con quien están – la mujer bajó y al poner sus pies en el suelo, volvió a mostrar su macabra sonrisa – pero bueno, mi señor Ares los asesinará ya que no podrán pasar de esta barrera ya que está protegida con su cosmos.

- Respóndeme maldita, ¡¿Quién eres y que le hiciste a ese soldado?!

- Mucha lengua tienen ustedes, pero lo diré. Me llamo Saka de Sekhmet y bueno, la barrera está hecha para que la persona que la toque, hará que su corazón salga de su pecho ya que no tendrán el corazón de seguir batallando, no importa si son simples peones o los tan poderosos Caballeros Dorados, además, con que la toquen, terminarán muriendo.

- Ese Ares…

- A ver Caballeros de Athena, ¿Qué es lo que van a hacer?

- ¡Tonterías! ¡Plasma Relámpago! – Claudia lanzó su ataque hacia la barrera, pero este solo se desintegró – ¿Qué?

- Te lo dije, el señor Ares protege esta barrera, necesitarán algo más fuerte para poder destruirla – río la mujer de ropas egipcias – ahora veamos, quiero escuchar sus lamentos de que hasta aquí podrán llegar.

- Mi Plasma Relámpago no le hizo efecto, esa barrera es una cosa dura – la mexicana habló al lado de su hermano.

- Hagan lo que hagan, no vayan a tocar esa barrera, incluso si derrotamos a esa mujer, de nada servirá.

- ¿Qué hacemos? – mientras pensaban en algo rápido, eso fue aprovechado por Saka quien apareció detrás de uno de los soldados llevándolo con ella.

- ¡Oye, deja a ese tipo en paz!

- Ya van a ver el poder de la barrera de mi señor Ares – sonrió la mujer quien lanzó a soldado a la barrera, al tocarla, su corazón salió de su pecho y fue hacia la barrera, el órgano vital se destruyó, obviamente el soldado murió.

- ¡Maldita! ¿Cómo te atreviste a hacer eso?

- Es solo un guerrero que no tiene valor para seguir batallando, les diré algo, parece que los dos sujetos que lancé ahí no tenían valor en nada.

- ¿Cómo que no tener valor en nada?

- El corazón sin valor no vale nada, pero si alguien con el suficiente valor para dar su corazón a esta barrera lo hiciera, su corazón no se destruiría, mostrando que, si es un guerrero, pero no creo que nadie lo haga, los Caballeros de Athena no son valientes, después de todo, los humanos son así.

- ¡No somos así! – exclamó Asuka y en eso, la mujer se lanzó al ataque, de suerte la peli gris reaccionó rápido poniendo su escudo dorado para evitar un golpe directo – es rápida.

- ¡Morirán! – la mujer estaba batallando contra Asuka y aunque sus demás compañeros irían a su ayuda, esta se fue acercando a la barrera, por lo que tenían que tener cuidado ya que un mal paso y harían que sus corazones salieran de sus pechos.

- Tenemos que hacer algo, pero no sé cómo hacerlo – exclamó Joan el cual lanzó un golpe a Saka que se terminó estrellando en la barrera, sin embargo, esta parecía que no le afectó.

- ¿Qué pasó? ¿Su corazón no tendría que arrancarse de su pecho?

- No sean tontos, el dios Ares no dejará que me pase nada, esto es solo para que ustedes sufran como lo han hecho estos dos plebeyos.

- Incluso matándola no servirá de nada, la barrera seguirá ahí.

- Se los dije, quisiera ver que alguno de ustedes diera su corazón con el valor de destruir esta barrera, pero miro que nadie es capaz de hacerlo.

- Como si fuéramos a creer eso, como Caballeros, estamos dispuestos a ganar.

- Y la Tierra estará a salvo – Akira remató.

- Bonitas palabras, lástima que no tengan efecto en la barrera, vamos, acérquense, quiero ver como los corazones de ustedes se desintegran ahí, recuerden que solo el que tenga el valor de hacer podrá permanecer intacto, aunque como ninguno lo hace, supongo que son unos cobardes.

- Maldición, creo que nos tiene en jaque – susurró Peipei con algo de impotencia, aunque en eso, ante todos, el hondureño pasó al frente.

- ¿Ramón?

- ¿Qué haces?

- Si tanto quieres una persona que tenga el coraje de dar su corazón… seré yo – todo el mundo se quedó en shock.

- ¡¿Cómo que ofrecerás tu corazón?! – Claudia fue la primera en reaccionar, Saori se mantuvo quieta, pero por dentro quería gritar con fuerza por las cosas que decía su hermano menor – ¡¿estás idiota Ramón?!

- ¿Qué es lo que piensas hacer?

- Estuve pensando en que, si nadie lo hará, entonces podré yo hacerlo.

- ¡Pero morirás! – reclamó Joan – no es algo para lo que tengas que estar orgulloso.

- No es orgullo Joan, es solo que al final de todo, hubiera terminado pasando.

- ¿De qué hablas? – nadie entendía eso, pero muchas de las musas miraron el rostro de Umi y ahí fue donde dieron que ella sabía algo.

- Umi-chan.

- ¿Sabes algo?

- Pues… - la peli azul quería guardar silencio, pero la presión pudo más con ella – la verdad es que él… posee un problema grave en el corazón.

- ¡¿Qué?! – todo el mundo miró hacia el peli negro quien mantenía la mirada baja.

- Pues sí, era algo que poseía en secreto, aunque creo que es hora de sincerarme – Ramón miró hacia los demás – verán…

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Flashback

Fue justo el día anterior cuando Umi y Ramón charlaban y este decidió confiarle una información a la musa.

- ¿Un secreto? – eso sorprendió a la peli azul – ¿Por qué a mí? La diosa Athena es tu hermana en cierta medida, además de que tienes a Libra que es tu amiga y a Leo que es tu pareja.

- Lo sé, pero es que no quiero que ellas se enteren de esto, por eso prefiero decirle a alguien que sea seria en estos temas y que tenga nervios de acero – la peli azul se sorprendió por eso – ¿me guardarás el secreto musa Umi Sonoda?

- Este… lo haré – Umi aseguró por lo que Ramón decidió contarle sobre algo que tenía guardado – verás Umi, desde que fui herido en la guerra contra un poderoso dios que tuvo lugar hace años, mi corazón fue herido y aunque pude salir bien gracias al poder de una deidad muy adorada en Honduras como lo es Kukulkán, al final no me curé del todo. A medida que pasaba el tiempo pensé que todo estaría bien, sin embargo, me di cuenta de algo y es que la herida que me causó Asuka poseía por Coatlicue nunca se curó del todo. Por eso todo mi cosmos no puede ser desplegado por un largo periodo de tiempo ya que si eso pasara moriría con mi corazón reventando por todos lados. Al momento en que Ares me hirió, descubrí con el tiempo que mi herida anterior se abrió y ahora era imposible que esta volviera a cerrarse por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que mi corazón sucumba a la presión, no sé si sea así, pero presiento que una vez que mi cosmos vuelva a la normalidad, la herida en mi corazón acabará matándome. Por eso, es que quiero que guardes el secreto hasta que la guerra se haya ganado, confío que ellos lo harán.

Fin Flashback

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- T-Tu herida… - Asuka cayó de rodillas sintiéndose totalmente culpable de eso – es todo culpa mía… ¡esa herida te la hice yo!

- No te culpes de eso Asuka, han pasado mucho tiempo de eso y tarde o temprano me pasaría esto, aunque no pensé que sería pronto – este miró a los demás chicos – me alegra haber entrenado tan buenos guerreros, siempre pensé que llegarían a ser tan fuertes, hasta el punto de poseer las Armaduras Doradas que tanto poder les dará.

- ¿Por qué dices eso Ramón? – susurró Hibiki mirando al chico quien solo le sonrió.

- Acabemos con esto.

- ¡Por favor Ramón, reflexiona! ¡No hagas eso! – Claudia quería ir con el centroamericano, pero esta fue detenida por su hermano y Asuka.

- Parece que alguien tiene valor para ofrecer su corazón – la mujer de ropas egipcias decía con una sonrisa descarada – a ver, si tienes valor, toca la barrera.

- Lo haré – Ramón tomó algo de aire, estaba nervioso, pero al final ya no se hizo para atrás, sin más, le dio un fuerte golpe a la barrera y la cosa que siguió dejó a todos con un frío horrible.

El corazón de Ramón salió de su pecho y esto solo fue un gran espectáculo para Saka quien sonreía de forma maligna.

- ¡Ramón, nooooooooooooooooooooooooooo!

- Vaya, esto es genial, un corazón de alguien tan fuerte, pero veamos si es que eres una persona con valor – el órgano del hondureño llegó a la barrera, pero este no se destruyó, es más, estaba ahí sin sufrir ningún daño – ¿Qué? P-Pero… ¡¿Por qué no se destruye?!

- ¿P-Por qué crees… que es? – Ramón dijo con algo de dificultad debido al agujero en su corazón y la falta de sangre que le hacía imposible mantenerse en pie, sino de rodillas – porque… siempre he batallado… por la justicia… por eso mi… corazón… es el de un… autentico… guerrero…

- Imposible, ¿cómo un humano como tu tiene tanto poder? – el corazón de Ramón se iluminó, el chico usó parte de su cosmos para levantarse, aunque a duras penas.

- ¡TRUENO ATÓMICO! – un fuerte destello salió volando hacia Saka quien fue muy golpeada por esto, destruyendo su armadura y dejándola muy herida. Ramón cayó al suelo con un charco de su sangre alrededor de él.

- ¡Ramón! – su novia y su hermana fueron en su auxilio – ¡resiste! ¡por favor, aguanta!

- No me lo creo… sacrificó su corazón para que esa tipa fuera derrotada.

- Pero miren la barrera, aún está intacta – para desgracia de todos, parecía que esta seguía sin nada que la derrumbase.

- I-Idiotas… ni siquiera el corazón de su amigo… podrá derrumbar esta barrera, ya les dije que el poder del dios Ares lo protege, necesitan algo más para… tirar esto – Saka decía con locura, aunque querían darle su merecido, estos se concentraron más en derribar esa barrera entre ellos y el templo de Ares.

- ¿Qué diablos hacemos? – Joan pensó en algo.

- Lo tengo, hay que llevar a cabo la Exclamación de Athena – eso los sorprendió.

- ¿La técnica prohibida?

- ¡Pero el hacer eso…!

- No tenemos opción, no podemos derribar esta cosa con poderes normales, así que es mejor usar aquello que puede equipararse al poder de los dioses – el mexicano dijo eso mirando a su amigo quien parecía ya irse, este solo se arrodilló tomando su mano – ganaremos esto Ramón.

- ¿Lo haremos Patriarca?

- Athena, quiero su permiso para eso.

- No daré ningún castigo, por favor.

- ¡Vamos! – Joan se pondría junto con Claudia y Asuka quienes estaban listas para eso, aunque de otro lado, Shinonome, Kurashiki, Hibiki, Tsukumo y Akira estaban mirando eso elevando sus cosmos como para ayudar a los que fueran a lanzar los ataques.

- … - sin decir nada, Ramón se levantó, aunque a duras penas con su cosmos elevándose más y más, este se puso en medio, dejando a un lado a Joan, mientras que Asuka y Claudia estaban calladas por eso.

- Aun sin su corazón…

- …quiere batallar hasta el final – Claudia estaba hecha un mar de lágrimas viendo como su pareja seguía batallando aun en sus últimos momentos, Asuka tenía su mirada oculta en su cabello pensando en quien fue alguna vez su pareja sentimental, ahora mejor amigo.

- Ramón – los demás Dorados y Saintias pensaron en el chico, en eso, su cabello cambió a un color magenta, además de estar envuelto en un aura de fuego, esta era su transformación más fuerte.

- ¡Vamos entonces!

- ¡No lo permitiré! – Saka se puso en medio de ellos como si fuera a usar su cuerpo para proteger la barrera. Ramón sin decir nada, sintiendo como la vida se le iba del cuerpo, decidió dejar todo en este ataque, no sin antes que todo el mundo, todas las personas que conoció escucharan su voz con su cosmos.

- Sé que es algo duro, pero les diré una cosa, no es un adiós, sino un hasta pronto. Sé que es una pena que ya no esté con ninguno de ustedes, pero esta vez, quiero que me muestren de que son capaces – una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Ramón que seguía elevando más su cosmos a pesar de que la cantidad de sangre que abandonaba su cuerpo era mayor, pero eso no dejaba que lo desmotivara.

- Ramón… ¿Qué voy a hacer sin ti? No estarás a mi lado, ya no seguiremos juntos… no tendremos bebés… no nos casaremos – la voz de la morena estaba quebrada por eso.

- ¿Vas a dejarnos, así como así Ramón? – Asuka dijo casi en el mismo estado de su compañera morena.

- Seguiré con ustedes, aunque ya no esté… lo lamento Claudia, pero quiero que sigas con tu vida, que seas alguien que me enorgullezca, tú también Asuka, sigan adelante chicas, ¡no duden en atacar! – ambas asintieron aun con pesar, el cosmos de los tres estaba al punto en que era hora.

- Hermano – Saori tenía la mirada baja sintiendo una enorme impotencia, pero en su papel de diosa, esta levantó sus ojos mirando a sus guerreros – ¡ahora!

- ¡Sí!

- ¡No perderé! – Saka se lanzó hacia el trio el cual supo que la hora del gran ataque llegó, la técnica prohibida por Athena desde tiempos mitológicos.

- ¡EXCLAMACIÓN DE ATHENA! – aquella masa de cosmos combinado de tres Caballeros Dorados, que era similar a la energía del Big Bang que creó el Universo, esta fue tan potente que hizo que la Tierra temblara un poco, ni que decir del brillo que causó que dejó a todos momentáneamente ciegos.

Cuando todo bajó, la barrera poseía un gran agujero causada por la Exclamación de Athena, ya no había rastro de Saka, solo un poco de sus ropas rotas dado a entender que fue evaporizada por el ataque.

- La barrera… fue destruida.

- ¡Lo lograron! – aunque la celebración fue breve ya que luego notaron que delante de Asuka y Claudia no había nadie, solo una mancha roja y una bufanda rosada.

- Ramón – todos estaban cabizbajos, algunos con lágrimas, Claudia tomó la bufanda apretándola con fuerza, aunque quería llorar, esta decidió no hacer nada y solo ponerse de pie tomando el pedazo de tela y colocarlo sobre su cuello.

- Sigamos – Saori indicó manteniéndose firme, con todo el dolor que poseía en este momento por la pérdida de su hermano siguió adelante junto con su ejército.

- Te prometo que seguiré adelante Ramón… ganaremos esto por ti, amigo – Joan dijo mirando al cielo, con el ahora recuerdo del hondureño.

La guerra se había oscurecido.

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Continuará…