RinMakoto. La muerte de Ramón es un golpe duro para el ejército dejando a personas que tanto quiso y que lo quisieron a él, pero toca seguir y ganar esta guerra.

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Sin más, comencemos…

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Una gran pérdida sufrió el ejército de Athena al ver que Ramón cayó en batalla al destruir la barrera que protegía el reino de Ares, esta barrera era una trampa mortal ya que al tocarla el corazón de la víctima salía de su cuerpo causándole la muerte.

La única técnica que podía destruir esa barrera era la Exclamación de Athena, el ataque prohibido desde la mitología, aunque las cosas no parecían bastante buenas ya que Ramón había dado su corazón para una prueba.

Luego del ataque… él murió por la falta de su corazón.

Los ánimos en el ejército eran algo bajas ya que habían perdido a una gran persona como lo era el hondureño quien había entrenado a casi todo el ejército, había dejado a su pareja, amigos y familia atrás.

Athena y los demás iban caminando por ahí, aunque su moral era bastante baja, sin embargo, estos trataban de seguir adelante como si nada.

- Esto apesta, el mejor hombre que teníamos se fue – susurró Yoshimi, aunque no quería admitir, ella estaba muy triste por lo que pasó.

- No creo que tengamos que hablar de esto – Shinonome habló con su mirada oculta en su cabello.

- Lo sé, pero tenemos que seguir para ganar esto – Kurashiki decía, los demás Caballeros tampoco decían nada, la mayoría estaba pensando en que las más afectadas eran las que eran más cercanas al peli negro, en este caso, Claudia, Asuka y su hermana Saori.

Mientras seguían caminando, estos encontraron que la ciudad de Roma, aquella que fue alguna vez una de las más visitadas del planeta con sus maravillas turísticas, no obstante, era todo lo contrario que alguna vez fue.

- Hemos llegado – susurró Joan mirando la torre, esta daba hasta el cielo y era como lo habían predicho y visto desde largo – es muy extraño verla de cerca.

- Arriba de ella está el dios Ares – exclamó Saori – vamos a acabar con esto de una vez, lo haremos por Ramón y por todos los Caballeros que han dado su vida en esta guerra.

- ¡Sí! – mientras caminaban hacia la base de la torre, notaron la presencia de un hombre el cual estaba vestido como gladiador.

- No puedo creer que hayan llegado hasta aquí, Caballeros de Athena.

- Alguien con tu cosmos no supone una gran amenaza, pero no me confiaré – el Patriarca habló poniéndose al frente – más vale que sepas que tu dios caerá junto con esta torre.

- Eso dudo que pase, pero por si las dudas – el sujeto disparó con todo su lanza, aunque esta fue detenida por el castaño sin ningún esfuerzo.

- ¿Qué fue eso? Ni siquiera es algo tan fuerte.

- Es solo una advertencia, al entrar a este Santuario tendrán que enfrentar a varios enemigos que querrán colgar sus cabezas, al final de todo, nosotros tendremos el triunfo, morirán como ese guerrero que falleció estúpidamente en la barrera – el sujeto comenzó a reír, eso enfureció a los demás ya que se burlaba de Ramón.

- Maldito – Claudia fue rápidamente hacia el sujeto y le dio un fuerte golpe en el estómago, su cosmos lo hizo desintegrarse quedando una nube algo roja en el sitio – no dejaré que hables mal de él.

- Claud, sé que estás molesta por lo de Ramón, yo igual, pero debes controlarte, cuando sea el momento, tendrás que usar la razón para vencer a los rivales que se nos vengan.

- Lo sé Carlos, pero es que me molesta que él dijera esas cosas de Ramón, no quiero que él manche su memoria.

- No te preocupes, nosotros vamos a hacer que se cumpla eso – susurró el mexicano por lo que, sin más, él junto con los demás decidieron entrar a la torre.

Este sitio era bastante extraño, notaban algo de frio ahí, aunque no solo eso, sino que, al llegar, vieron que había una especie de portal.

- ¿Qué se supone que hagamos?

- No lo sé, pero siento un cosmos extraño tras ese portal, no sé qué pueda ser – susurró Saori quien caminó junto con el Patriarca – creo que tendremos que cruzar, no hay otra ruta para ir más lejos.

- Supongo que tendremos que hacerlo, pero por si las dudas, siempre estén atentos – los demás asintieron y sin perder tiempo, entraron al portal alistándose por si tenían que pelear contra alguien.

Todos los guerreros sintieron un raro cosquilleo hasta que se dieron cuenta una vez que pasaron todo el portal.

Se separaron.

- ¿En dónde estoy? ¿Y qué hago yo sola? – susurró Asuka quien estaba en una de las zonas de la torre, aunque notó que no tenía a nadie a su lado – ¿Qué hago aquí?

- Estás aquí para darte muerte – eso alertó a la peli gris quien dio un salto hacia atrás poniéndose en pose de combate.

- ¿Quién eres? – la de la Armadura de Libra notó como es que aparecía una mujer quien poseía el cabello azabache y los ojos color sangre, esta iba con una armadura estilo gladiadora, aunque con el escote pronunciado, además de que poseía una maza como arma.

- Seré amable y te diré mi nombre que es algo que al menos mereces para que sepas quien te matará – exclamó la mujer peli azabache quien mostró sus colmillos – soy Dismonia del Desorden, una de las guerreras más fuertes de mi madre Eris.

- ¿Eres hija de Eris?

- Así es, además de que voy a darle a mi madre tu cabeza, ¿qué más le gustaría que la cabeza de uno de los Caballeros Dorados más fuertes?

- Como si eso fuera a pasar – susurró la chica, aunque antes de que la nipona se diera cuenta, Dismonia apareció frente a ella propinándole un fuerte puñetazo en el estómago – ¿C-Cuando? No la vi.

- ¿Sorprendida? Resulta que he sido bendecida por mi madre Eris, ella me ha dado parte de su energía cósmica a través de su sangre y ahora soy más fuerte que cualquiera de ustedes.

- Eso no es verdad, quiero ver cómo es que te equivocas cuando mi cosmos explote – el combate estaba por desarrollarse, no obstante, Dismonia parecía tener superioridad ante Asuka quien usaba su escudo dorado para defenderse de poderosos golpes.

La peli azabache estaba tomando más y más ventaja sobre Asuka quien parecía ir retrocediendo poco a poco.

- Creo que esa hora de que saque las armas – la peli gris sacó el par de nunchakus dorados con los cuales atacó a Dismonia quien atrapó varias veces las armas.

Fue una odisea para Asuka quien podía ver que sus armas eran detenidas por la hija de Eris, en una de esas, dio mal un golpe por lo que la rival aprovechó para golpearla con su misma arma dorada.

- Mierda – la nipona se limpió la sangre que le salía de la nariz, pero esta las escondió en su armadura y elevó su cosmos.

- ¿Qué ocurre Libra? ¿Acaso ya no quieres pelear con tus armas de juguete por temor a que te golpee de nuevo? – el cosmos de Asuka seguía elevándose mostrándose la figura de la constelación de la balanza detrás de ella.

- Eso lo veremos… ¡Explosión de Matusalén! – la fuerte explosión de energía cósmica fue hacia Dismonia quien sintió que era un gran ataque.

- Eso me gusta Libra, que ataques con eso – la representante del Desorden elevó su cosmos atrapando con sus manos el ataque de la peli gris, aun así, le costaba hacerlo hasta que, en un punto, Dismonia tuvo que lanzar hacia el cielo la explosión de energía de Asuka.

- N-No puede ser – esta miró a la peli azabache quien se sacudió sus manos que estaban algo quemadas.

- Me has impresionado Libra, pero veo que no tienes más ases bajo tu manga, además, no he usado mi maza todavía, así que más vale irte preparando.

- Demonios – Dismonia se lanzó al ataque, Asuka tuvo que ser rápida usando su escudo dorado, no obstante, algo pasó y es que su defensa tuvo una grieta la cual le sorprendió, ambas se separaron un momento – no puede ser, aunque sea una pequeña grieta, logró golpear de una manera brutal mi escudo dorado, esto no será nada fácil.

- Veo que te has dado cuenta de que no podrás ganarme Libra, así que mejor vele rezando a tu diosa para que haga descansar bien – río la mujer lanzándose al ataque – ¡te enviaré directamente al Inframundo, Libra!

- ¡No lo harás!

La batalla estaba siendo muy dura, Asuka solo podía defenderse con su escudo el cual estaba recibiendo mucho daño, la fuerza con la que su rival pelo color azabache la golpeaba con su maza era grande, un golpe de esos sería capaz de matar a una persona de forma inmediata, además de que podría ser capaz de arrancar una cabeza de golpe.

Asuka seguía evitando algún golpe directo de Dismonia, aunque en un descuido, la hija de Eris le dio una patada en su pierna haciendo que la Dorada perdiera por un momento el equilibrio.

- Eres mía – la tipa le dio con su arma a Asuka quien de suerte poseía el casco de su armadura quien amortiguó parte del golpe, aun así, su cabeza estuvo dando vueltas por un momento.

- No me puedo concentrar – pensó la peli gris quien seguía sin poder concentrarse bien, esto fue aprovechado por Dismonia quien quiso volver a golpearla, pero Asuka de nuevo se defendió con su escudo.

La japonesa se recuperó en su totalidad hasta que volvió a defenderse de manera fuerte ante los ataques de su rival, en una de esas, Asuka logró tomar la maza evitando otro golpe, sin embargo, la fuerza física usada fue mayor a la que esperaba la peli gris por lo que cuando esta la desvió, sintió sus manos acalambradas.

- Realmente la fuerza que usa no es normal, pero que se puede esperar de alguien a quien le dieron sangre de una divinidad, de seguir así estaré metida en una gran de la que no podré salir bien – esta simplemente se agitó las manos tratando de quitarse esa sensación, pero siguió el combate del mismo modo.

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En otra parte, se encontraba Kurashiki quien caminaba por una de las cámaras de la torre. Esta estaba buscando algo que le pareciera sospechoso ya que una habitación silenciosa traía problemas.

- No sé porque, pero siento que en cualquier momento podría saltar algo y atacarme – pensaba la peli roja, sin embargo, para su buena o mala suerte, alguien apareció frente a ella – me lo suponía.

- Una bella damisela está batallando para una diosa la cual no tiene la idea de cómo llevar un mundo ideal.

- ¿Qué has dicho? – la defensora de la Armadura de Acuario exclamó y de la oscuridad salió un hombre de tez blanca, cabello negro y ojos completamente negros con las pupilas de color rojo – ¿Quién eres?

- Calma hermosa, no tienes por qué tener prisa – el hombre hablaba con algo de vanidad.

- ¡Respóndeme! ¿Quién demonios eres?

- Está bien, no te apresures bombón – río el hombre – mi nombre es Apóchrosi de Oscuridad, es un gusto conocer a tan hermosa mujer, lástima que tenga que defender a una incompetente como Athena.

- No vuelvas a hablar así de mi diosa, no permitiré que la difames – exclamó molesta la peli roja quien elevó su cosmos, el piso se estaba congelando en parte.

- Pues que miedo tengo, bah, es solo una brisita – exclamó el tipo el cual río un poco antes de que su cosmos se elevara. De las sombras surgió una especie de espada de hoja corta la cual parecía estar en llamas negras – veamos si dices eso cuando te mate con mi espada.

- Eso no es nada – susurró la chica, esta sin más atacó hacia el peli negro.

- Aburrido – Apóchrosi usó su espada para evitar que algún ataque frio fuera hacia él, cosa que sorprendió a la peli roja.

- Veo que será una batalla dura y nada fácil.

- Tú lo has dicho hermosa, no me has dicho tu nombre, por cierto.

- Maiko de Acuario, solo eso diré – varias lanzas de hielo fueron disparadas hacia el chico quien usó su arma para quemar y derretir las intenciones de Kurashiki de hacerle daño.

El combate entre Acuario y el guerrero de la oscuridad comenzó y estaba siendo muy reñida. La defensora de la onceava constelación del Zodiaco lanzaba varias ráfagas de aire congelado, sin embargo, la espada que poseía Apóchrosi le permitía evitar ataques directos de Acuario.

- Ese frio que tiras no me hará ningún daño, es mejor que lo vayas sabiendo bien – se burló el sujeto, este atacó de forma sorpresiva a la peli roja.

- ¡Mierda! – Kurashiki estaba por crear un escudo de hielo para evitar un golpe directo, pero el peli negro fue más rápido el cual le dio un corte en su mano haciéndola sangrar, aunque no solo eso, sino que esta poseía una llama negra que la defendedora de la Armadura de Acuario apagó con su cosmos de hielo – estas llamas son extrañas, sin más calientes que las que usó.

- ¿Qué ocurre? ¿Acaso te herí con mi fuego?

- Es un fuego bastante potente, tengo que admitirlo, pero hay algo que no sabes y es que mi especialidad no son los ataques de hielo – Kurashiki exclamó mientras que su cosmos dejaba de emitir esa baja temperatura, esta comenzó a subir confundiendo al peli negro.

- ¿Qué es esto? No es típico de alguien que maneja el frio como arma – pensó Apóchrosi mientras que observaba como la peli roja le sonreía.

- ¿Comenzamos de nuevo?

- Tsk, no me provoques que no es típico de una damisela como tú – el guerrero de la oscuridad atacó de nuevo, sin embargo, no se esperaba que la peli roja también usaría algo similar – ¡cómete mis llamas negras!

- ¡Ave Fénix! – un ave de fuego voló hacia Apóchrosi quien usó su arma para evitar recibir mucho daño de parte de Kurashiki – creo que tengo que aumentarlo más.

- ¿Qué diablos? – el peli negro sacudió su espada – los Caballeros de Acuario se supone que usan el hielo como cosmos principal, no el fuego.

- Bueno, digamos que tengo algunos secretos, antes de poseer la armadura de Acuario, vestía la armadura de Fénix y aunque no lo creas, estoy acostumbrada al fuego, así que vamos a ver quién aguanta más.

- Eso veremos – de nuevo, los cosmos chocaron entre ambos, el fuego que desprendían era bastante notorio, Apóchrosi emanaban fuego de color negro mientras que Kurashiki desprendían llamaradas de fuego rojo, el más común.

Desde lo alto de la Torre, el dios Ares se encontraba con la diosa de la discordia, Eris, ambos observando los combates.

- Espero que esto salga bien, ya he perdido varios guerreros y muchos hijos en esta batalla.

- No te preocupes hermano, esta vez Athena y sus Caballeros no podrán salir de esta con vida, sufrirán como no tienes idea – los combates en las cámaras de la Torre continuaban.

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Continuará…