RinMakoto. Claudia dio lo mejor de sí y derrotó a la última consejera, pero a cambio de su vida, aunque no será lo último que veamos de ella.
.
Sin más, comencemos…
.
.
.
Mientras la batalla entre Claudia y Penfredo se llevó a cabo, en otro lado, la pelea entre Apóchrosi de Oscuridad y Kurashiki de Acuario en donde ambos seguían dándose con todo ya que, al ser ambos combatientes de fuego, la peli roja poseía algo más ventaja al poseer dos elementos tan fuertes como el hielo y el fuego.
- Maldita, realmente le sabes a como batallar, pero como te dije, no creas que voy a ser piadoso contigo, vas a morir hoy y nada más que por mi mano – el chico de cabello negro decía mientras que su espada brillaba más en fuego negro.
- Como si fuera a permitir eso, después de todo, no es como que me vayas a ganar – esas palabras hicieron molestar a Apóchrosi quien sencillamente fue a atacarla con su espada.
Kurashiki no perdía el ritmo en esquivar los ataques de la espada de su rival, aunque siempre se llevaba algunos rasguños que la hacían sangrar, en una de esas, esta logró atravesarle el brazo.
- Un poco más a la izquierda y doy en tu corazón – susurró el peli negro quien rápidamente tomó su arma y la lanzó contra la peli roja quien logró salir de esa situación.
- ¡Polvo de Diamantes! – una enorme ráfaga de aire helado salió hacia Apóchrosi quien se vio obligado a retroceder para evitar que la escarcha lo alcanzara, aun sin darse cuenta de que poco a poco, eso le pasaría factura.
El fuego negro volvió a brotar del interior del sujeto y no solo eso, toda la habitación logró prenderse en este elemento.
- ¿Qué es esto? ¿Quieres incendiar todo?
- La guerra siempre tiene consecuencias, así como la quema de lugares, esto para acabar con los sobrevivientes dentro de esta, así que espero que ya sepas tu triste final.
- Moriremos calcinados y lo sabes.
- Yo no, las llamas negras son parte de mí también, no moriré ya que el fuego negro es el más fuerte de todos los fuegos que hay y ni siquiera tus llamas podrán salvarse.
- Eso lo veremos – Acuario no perdió tiempo y sin más pisó el suelo haciéndolo temblar un poco y de ahí salieron varias estalactitas de hielo las cuales apuntaban peligrosamente a Apóchrosi, pero este no se inmutaba.
La espada de este ayudaba a derretir el hielo que producía Kurashiki, la nipona empezaba a pensar en que tenía que hacer, no obstante, esta pensó en que, si el fuego derretía el hielo, entonces deberías hacer algo que quemara aún más.
- ¡Es tu fin Acuario! – Apóchrosi atacó con su espada y justo cuando estaba por rematarla, la peli roja recibió el golpe de forma directa atravesándole el pecho – has muerto.
- C-Como si fuera a pasar eso… este era mi plan para quemarte.
- ¿Quemarme? Pues creo que estás delirando por la pérdida de sangre, la que quemará serás tú y tu cuerpo será irreconocible.
- Como si fuera a pasar – Kurashiki tomó la espada del peli negro y de esta comenzó a salir mucha escarcha la cual fue subiendo poco a poco desde el filo hasta el mango de esta.
- ¿Qué es esto? Ni creas que un frio como el tuyo podrá contra mi calor.
- No importa como lo digas, este es tu fin – Kurashiki elevó su cosmos haciendo que el suelo se enfriara hasta llegar a sus pies.
- Mis pies… no los puedo mover.
- Y así fue como quería tenerte… voy a congelar todo el lugar – una enorme ventisca inundó toda la cámara.
- ¿Qué es este cosmos de frio? ¡¿Por qué no lo puedo contrarrestar?! – Apóchrosi estaba luchando queriendo hacer que sus llamas negras derritieran el hielo de Kurashiki, pero esto no parecía hacer un gran efecto y eso era debido al poder de la Dorada.
- A-Aun me mate en este ataque, te llevaré conmigo – susurró la peli roja haciendo que ambos comenzaran a congelarse, Apóchrosi luchaba por liberarse sin éxito alguno.
- ¡¿Cómo es que vamos a morir los dos juntos?! ¡Tienes que estar muerta en estos momentos!
- Como una guerrera de Athena, si tengo que dar la vida en el campo de batalla con tal de que la humanidad sobresalga entonces lo haré, habrá más personas que batallarán en mi nombre y en el de la diosa Athena, así que espero que sepas que nos iremos de este mundo.
- ¡Maldita seas! – gritó Apóchrosi quien seguía luchando para liberarse, aunque al final no podía hacerlo.
- ¡ATAUD DE HIELO! – con el cosmos de hielo, Kurashiki envolvió toda la cámara haciendo que tanto ella como Apóchrosi fueran encerrados en un enorme cubo de hielo en donde no se moverían más o al menos ese era en plan.
.
En otra de las cámaras del Santuario de Ares, había dos chicas quienes revisaban todo el sitio sin entender nada de lo que estaban presenciando.
- ¿En dónde estamos? – Jinguji decía mirando para todos lados, junto a ella estaba Honjou quien se encontraba del mismo modo.
- Este lugar me da repelús, no entiendo a donde fuimos a parar.
- Ni que lo digas Honjou-san, además de que no siento dos cosmos en estos momentos.
- Maiko-chan y Claudia-chan ¿verdad? De Maiko-chan sé que sigue bien, aunque su cosmos parece ir descendiendo poco a poco, pero con Claudia-chan…
- Su cosmos no se encuentra por ningún lado – la peli ceniza exclamó por lo bajo – no quiero pensar en nada malo, pero si su cosmos no está, quiere decir que…
- No lo digas, no quiero pensar que ella ha muerto, tengamos fe que ella sigue viva – la peli vino tinto decía, ya estaba mejor de sus heridas las cuales sufrió en Asgard, Jinguji estaba del mismo modo.
- Lo sé, pero recuérdame una cosa, ¿en serio estás bien? – Honjou decía recordando cuando la peli ceniza de Ofiuco fue controlada por el espíritu del antiguo Caballero Dorado de Ofiuco, Asclepios.
- No me tomará de nuevo, no me importa que tanto tenga que hacer, pero no voy a caer de nuevo en esa mierda, soy Sayaka de Ofiuco, no dejaré que ese tal Asclepios se salga con la suya – justo ahí, ambas se pusieron alerta al sentir un cosmos extraño llegar ahí, dándose cuenta de que era una peleadora del dios de la guerra.
- ¿Quién eres?
- Me presento mortales, soy Harmonía de Armonía – la mujer era una hermosa guerrera de cabello claro, además de ojos azules.
- Tu nombre no hace buena imagen de tu apariencia como hija del dios más violento de todos – decía la inglesa.
- No hay que juzgar a un guerrero por su apariencia física, siempre dicen que los más calmados resultan ser los más desastrosos – Jinguji exclamó mientras se ponía en pose de combate, su cosmos ardió ya que quería acabar con esto, su compañera de armas entendió ese sentimiento.
- Acabemos con esto… ¡ataquen mis flechas! – varias de las flechas que tiraba Honjou fueron directo hacia la hija de Ares y Afrodita.
- ¡Garra Trueno! – ahora fue el turno de Sayaka de atacar, no obstante, la sorpresa que se llevarían ambas al darse cuenta que justo cuando los ataques estaban por dar en la mujer de cabello rubio claro, esta simplemente abrió su boca para comenzar a cantar.
La voz melodiosa de Harmonía detuvo los ataques de ambas chicas, no solo eso, sino que creó un campo de flores el cual creció rápidamente hasta llegar a los pies de Jinguji y Honjou.
- ¿Y ahora qué?
- Mis flores hermosas, muestren sus pétalos y ganen por mí ¿sí? – al decir eso, las raíces de las flores salieron y amarraron a ambas chicas de rango de Plata.
- ¡¿Qué es esto?!
- No alcen mucho la voz, mis flores son feroces cuando son molestadas y ustedes las han hecho enfadar – susurraba la guerrera sonriendo y mirando a su jardín – aquí quedarán y serán comidas por mis plantas para hacerlas crecer y verse más hermosas.
- How are those flowers going to devour us?!
- Solo déjense llevar y formen parte de la naturaleza – la voz de Harmonía seguía siendo calmada, Jinguji y Honjou seguían batallando para poder salir de esa especie de prisión.
- Demonios, ¿Qué se supone que haré? – susurró la peli ceniza quien sentía como su cosmos era absorbido por las plantas, Honjou lo sentía también, aunque esta no quería estar así, quería dar más batalla.
- ¿Cómo es que podré salir de aquí? Mis flechas no parecen ser efectivas contra estas flores – la mente de la inglesa le estaba jugando una mala broma producto de la absorción de su cosmos, sin embargo, un cosmos extraño llegó a su cabeza.
- ¿Acaso eres idiota o qué?
- ¿Qué? ¿De nuevo tú? – la voz era de Esperanza hablándole a su mente.
- Las flores estas puedes ser hermosas, pero te diré algo, si no puedes destruirlas con flechas, simplemente córtalas de cuajo con algo afilado como una espada.
- ¿Espada? ¿Tu técnica?
- Sí, te la heredé ¿no? ¡Eleva tu cosmos y hazte una con mi espada! – decía el espíritu de Esperanza – ¡hazlo greedy! No por nada te di mi espada.
- No me grites esclavista de mierda… lo haré.
- No hables sola, solo estás muriendo de forma lenta, pero indolora – Harmonía decía con una dulce sonrisa.
- Por favor, manifiéstate Excalibur… por favor – susurraba la peli vino tinto mandando lo que quedaba de su cosmos a su brazo derecho, además trataba de sentir algo así como una espada en su brazo.
- ¿Q-Que es lo que tramas Honjou-san?
- Por favor, actívate Excalibur.
- Ya deja de susurrar, la muerte es lo único que te espera – dijo Harmonía, aunque todo quedó en silencio cuando el brazo derecho de Honjou comenzó a brillar en color dorado – ¿y eso?
- Honjou-san, tu brazo – no solo eso ocurrió, un destello dorado llegó volando desde muy lejos hasta la cámara, esto hizo que las flores retrocedieran liberando a ambas atenienses.
- ¿Qué es esto? ¿La Armadura de Capricornio? – la inglesa tenía razón y es que la armadura que alguna vez perteneció a Esperanza estaba ahí frente a ella, no solo eso, sino que esta fue a su cuerpo envolviéndola.
- ¿Por qué hay una Dorada?
- ¿Cómo es que viste la armadura de Capricornio? – susurró Jinguji sin salir de su asombro, aun así, la peli vino tinto sabía de qué se trataba.
- Me la enviaste ¿verdad idiota? – Honjou se levantó de golpe luciendo su brazo derecho el cual brillaban hasta que se calmó – muy bien, hagamos esto.
- ¿Qué diablos ha pasado? – susurró la peli ceniza, pero justo más flores estaban llegando a donde estaban ambas féminas, pero no se esperaban que una ráfaga de aire color dorado fuera hacia las flores cortándola todas de golpe.
- ¿Cómo es que mis flores fueron destrozadas, así como así? – Harmonía dijo sin perder la calma, pero a la vez asombrada.
- ¿Así que este es el poder verdadero de la Excalibur? – susurró la peli vino mientras que elevaba su cosmos y la armadura le ayudaba a hacer eso, entonces fue cuando comenzó el contraataque.
Varias de las raíces que empleaba Harmonía eran cortadas por la técnica de Honjou, su espada poseía un filo bastante pronunciado lo que causaba que no se le pudiera seguir el ritmo.
- ¿Cómo es que de la nada obtuviste más poder y esa técnica? ¿Qué tipo de poder es ese?
- Este poder no es mío del todo, me fue entregado por una tipa que, aunque era una idiota, no era mala gente, al morir me dejó su técnica más poderosa, la Excalibur, esta espada puede cortar atómicamente lo que sea, ni siquiera tus flores y sus raíces podrán contra ella – exclamó la chica – además, ella me ha enviado la armadura de Capricornio y por el momento me protegerá.
- Eso lo veremos – el canto de Harmonía hizo que se abriera un agujero detrás de ella el cual se fue haciendo más y más grande, no solo eso, la fuerza con la que tragaba era abrumadora.
- A-Ahora sí creo que estamos en problemas – mientras ambas chicas luchaban para no ser arrastradas, Jinguji estaba queriendo liberar más cosmos que el que poseía, aunque de golpe, escuchó una voz en su mente.
- Tomaré tu cuerpo.
- Tú de nuevo – Ofiuco apretó fuerte su puño – no dejaré que hagas eso, ya cometiste mucho relajo con tu cosmos.
- No te estoy pidiendo permiso, ¡te estoy ordenando que tomaré tu cuerpo! – el cosmos maligno de Asclepios comenzó a inundar el cuerpo de la chica para asombro de las dos féminas.
- ¿Qué le pasa?
- Sayaka-chan, what's wrong? – el color de armadura de Jinguji comenzó a cambiar, pasando del morado al dorado en un instante, pasados unos segundos, todo estaba con una tensión bastante grande, solo el agujero que seguía absorbiendo cosas en esa cámara.
- Este poder… ni siquiera se debería llamar técnica – susurró "Jinguji", aunque cuando levantó su mirada, esta poseía los ojos como los de una serpiente, ambos de color amarillo y se clavaron directamente en Harmonía.
- Sus ojos son como los de una serpiente que acecha peligrosamente a su presa, pero no entiendo de donde vino tanto poder – decía la rubia mientras notaba los lentos pasos de Jinguji hacia ella, justo cuando estaba por lanzar más raíces, esta con su cosmos las destruía – ¿Qué?
- Ese portal que está allá atrás, ¿acaso es poderoso o algo así? Porque para mí, no es más que un agujero que no succiona nada – esta se dio la vuelta y con su vara de Asclepios lanzó una enorme ráfaga de cosmos en forma de serpiente la cual al estrellarse contra el agujero lo destruyó para sorpresa de Harmonía – ya no será una molestia.
- ¿Quién diablos eres tú? No pareces la misma chica que hace un momento estaba con la otra Dorada, además de que nunca he escuchado que una armadura cambie de ese modo… – antes que siguiera hablando, una bola de energía cósmica impactó en el brazo derecho de la rubia quien cayó al suelo sintiendo un enorme dolor y como no si al verse notó como su extremidad estaba sangrando.
- ¿Quieres saber qué es lo que soy? Soy alguien que ha estado encerrado durante mucho tiempo y justo hoy en día he podido liberarme de una vez por todas y con este poder… podré dominar el mundo – el cosmos de Jinguji / Asclepios emergió de gran forma invadiendo todo el sitio haciendo que tanto Harmonía como Honjou sintieron los efectos de este cosmos.
- ¿Por qué…me siento… con sue… ño? – la inglesa simplemente cayó al suelo en estado de somnolencia, Harmonía estaba batallando para evitar que algo así la durmiera, pero poco a poco su energía fue bajando.
- ¿Qué… mierda… eres? – la rubia cayó al suelo, Jinguji solo sonreía de forma maliciosa mirando a ambas mujeres en el suelo.
- Muy bien, creo que mi poder está volviendo, espero que se sepan que es lo que les viene encima, ¡yo, Asclepios de Ofiuco! ¡Lo pagarán caro! ¡Jajajajajajajajajajajajajajaja!
.
.
Continuará…
