RinMakoto. Aunque Kurashiki se sacrificó por el momento, también tenemos a Jinguji quien volvió a despertar ese lado maligno de la constelación de Ofiuco.

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Sin más, comencemos…

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Las cámaras del templo de Ares temblaron un poco cuando el cosmos de Sayaka salió a relucir haciendo que todo el mundo se pusiera atento.

- ¿Y ese cosmos? – susurró Asuka mirando para todos lados.

- Esto es malo… ¿Qué demonios es eso? – exclamó Yoshimi junto con Akira quien estaba atento.

- Este cosmos es algo maligno, siento que su cosmos podría explotar todo el sitio – susurró el peli negro, no solo eso, sino que al final las cosas se calmaron, pero eso no quería decir que el peligro había pasado.

En la sala en donde yacían Harmonía en el suelo al igual que Honjou, la peli ceniza solo miraba su cuerpo cubierto por la Armadura Dorada de Ofiuco.

- Creo que este cuerpo será muy bueno como hospedaje, ahora solo tengo que ir por Athena y así cumpliré con mi venganza de una vez por todas – con su energía resplandeciente, esta destruyó una de las cámaras del sitio y comenzó a dirigirse hacia podría estar la energía divina de la diosa de la guerra.

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Mientras tanto, con la diosa Athena, esta estaba con las musas quienes la acompañaban por si algo pasaba y debían combatir, no solo ellas, Tsukumo se encontraba ahí.

- Estén atentas ya que puede salir algo que ataque a la diosa Athena, no podemos permitir eso – exclamó Umi.

- ¡Sí!

- Tauro, ¿Dónde está el Patriarca? – preguntó Eli a la peli negra.

- No lo sé, supongo que cuando fuimos transportados él está en otro lado, pero sé que estará bien.

- ¿En serio lo crees?

- Él no es nadie débil, sabrá cómo defenderse y cualquier enemigo que se le presente caerá ante sus pies – la confianza de Tsukumo sorprendía a Eli, aunque esta sabía que el mexicano no era alguien con quien había que subestimar, en eso, sintieron un cosmos que los puso alerta.

- Tengan cuidado, alguien viene.

- ¿De dónde viene ese cosmos? Es más, parece que fuera algo que no es como un guerrero de Ares.

- Y viene hacia acá, siento que… - en eso, una de las ventanas de la cámara se rompió revelando a la peli ceniza en ese lugar.

- ¿Jinguji-san?

- ¿Qué te pasa Jinguji-san?

- ¿Será que está poseída de nuevo por Asclepios? – susurró Saori mirando hacia Jinguji que no decía nada y solo la miraba fijamente y a la vez una sonrisa maligna se formó en su rostro – ¿eres Asclepios?

- ¿Y que lo soy Athena? Ya sabes porque quiero tu cabeza.

- ¡No le hables así a tu diosa! – gritó Umi, pero en eso, la peli ceniza la miró de muerte.

- A mí no me darán órdenes y no es mi diosa, no quiero que una deidad con muchos defectos y demás sea la que me mande, yo hago mis propias opciones – el cosmos de Jinguji explotó haciendo retroceder a algunas de las musas, Tsukumo se tuvo que agarrar con fuerza del suelo para evitar salir volando, Saori se quedó parada ahí mirando todo esto.

- No soy una diosa perfecta ya que no lo soy, pero te diré una cosa, no permitiré que las personas que van conmigo salgan lastimadas, así que escúchame bien Asclepios, sal de ese cuerpo o te vas a arrepentir – susurró la diosa y fue cuando la risa maligna de la peli ceniza se escuchó.

- ¡No me hagas reír! Prefiero comer mierda a seguir ordenes tuyas, fui tu fiel Caballero y me pagaste lanzándome al Tártaro en donde pasé milenios ahí sufriendo y ahora que he vuelto, no dejaré escapar esta oportunidad de matarte con mis propias manos.

- No dejaré que te burles de la diosa Athena-nya – Rin atacó.

- ¡No Rin-chan!

- Muy lista niña – Jinguji la tomó del cuello y la elevó mostrando a las demás el poder que poseía – eres una de las musas que cuidan a Athena, pero parece que en esta época son bastante débiles y sin ningún tipo de poder divino que aterre, solo son un par de adolescentes inútiles.

- ¡¿Estás ofendiéndonos?!

- Pues se puede decir – con la Vara de Asclepios, la peli ceniza le dio un fuerte golpe que la mandó al suelo a la peli naranja.

- ¡Rin-chan! – Hanayo fue en su ayuda encontrándose esta con que su mejor amiga poseía una herida en su cabeza la cual sangraba un poco.

- ¿Cómo es que hayas podido dañar a una deidad? – Nozomi dijo – eso es un pecado incluso para los mortales más fuertes.

- Pues pecado que tienes me lo paso por atrás – susurró este el cual de la nada apareció tras Nozomi y le dio una fuerte patada que la mandó a estrellarse en una de las paredes.

- ¡Nozomi!

- ¡Malnacido!

- A ver, ¿Qué otra de ustedes quiere pasarla mal al igual que su amiga? – río el sujeto, las demás musas se pusieron frente a Athena para evitar que esta fuera lastimada por el ex Caballero de Ofiuco.

- No dejaremos que le pongas un pelo a la diosa Athena.

- Así vamos a ver si es cierto que están dispuestos a derrotarme – susurró la peli ceniza quien emergió de nuevo con su cosmos, sin embargo, alguien más atacó.

- ¡Nova de las Pléyades! – Tsukumo arremetió contra Ofiuco lanzando su golpe el cual eran varias estrellas fugaces yendo a gran velocidad hacia Asclepios quien con su cosmos evitó el golpe directo, sin embargo, uno de estos sí le dio en el rostro dejándole una marca.

- Serás… maldita – susurró este tocándose la zona afectada y notando que sangraba un poco – ¡¿te has atrevido a tocarme?!

- ¿Algún problema? No puedo permitir que alguien como tú siga vivo y que solo tenga en su mente golpear a la diosa Athena – Tauro dijo mirándolo fijamente – y por mi honor como Caballero Dorado, no voy a permitir que hagas nada malo.

- Hm, alguien tan insignificante como tú no me ganará y eso es seguro, a ver si tomas esto – Asclepios fue hacia Tsukumo y la golpeó fuertemente estrellándola en la pared, pero esta a pesar del dolor se levantó de golpe, solo para ver como muchas serpientes invadían el sitio.

- ¿De dónde salen todas esas serpientes?

- Que asco, ¿Por qué pasa esto?

- Tengan cuidado con esas serpientes, no son normales – estos reptiles que poseían los ojos rojos, acechaban a sus presas por lo que las musas comenzaron a destruirlas con sus cosmos y armas que tenían.

- Estas cosas son feas – Honoka decía.

- No es tiempo para eso, ¡mátenlas a todas! – mientras tanto, dos de estas serpientes agarraron a Tsukumo de las manos inmovilizándola, Jinguji poseída se acercó a ella.

- Tienes ovarios grandes Tauro, mira que atreverte a golpearme sabiendo que soy superior a ti me hace reconocer tu valor, pero solo eso – este en el cuerpo de la peli ceniza le dio dos cachetadas a la peli negra – pero no más, solo eso. Dime, ¿acaso no me tienes miedo?

- Claro que no, no tengo miedo de alguien que es tan cobarde para esconderse en el cuerpo de alguien más – eso encabronó en mayor medida a Asclepios quien arremetió con más fuerza contra la Dorada, sin embargo, una flecha voló hacia él el cual la evitó por poco.

- No dejaré que te salgas con la tuya.

- Musa Sonoda-san.

- Vaya, vaya, veo que tenemos a una versión barata de la constelación de Sagitario entre nosotros y que lanza sus flechas de mierda – eso encabronó a Umi.

- ¡No te burles de una diosa! – al disparar, esta flecha fue tomada por Asclepios, aunque esta cau´so una herida en su mano.

- Posees fuerza niña, pero no será por mucho tiempo – Asclepios se enfocó en Umi, pero recibió un golpe eléctrico de parte de Honoka.

- Y no solo es Umi-chan, también soy yo.

- Y yo también – varias bandadas de pájaros fueron hacia el sujeto, esto por cortesía de Kotori.

- Nosotras las musas no solo somos las diosas de las bellas artes como creen, somos guerreras desde la mitología y pondremos nuestro honor para vencerte – las 9 se reunieron alrededor de Jinguji elevando sus cosmos.

- Entonces vengan por mí, ¡las mataré a todas! – en eso, las chicas atacaron al ex Caballero de Ofiuco quien sonrió de lado y ahí comenzó una gran batalla.

Umi le tiró múltiples lanzas hacia este el cual las esquivó casi todas, aunque una de ellas le dio en la zona del pie haciéndolo gruñir, esto fue aprovechado por Hanayo le dio un golpe en el estómago usando su pierna.

Kotori creó varias aves de rapiña las cuales se lanzaron ferozmente hacia Ofiuco, pero este terminó saltando evitando los animales, no obstante, este no reaccionó a tiempo a Rin quien usó unas garras con las cuales logró golpear a Asclepios.

Eli aprovechó esto y con su voz armoniosa creó hielo el cual capturó a la peli ceniza quien no podía moverse de ese sitio.

- Es hora de que lo saquemos del cuerpo de Jinguji-san – dijo Maki mirando al sujeto – ¿en serio no puedes luchar sin tener que controlar otro cuerpo?

- ¡Cállense! Esto aún no termina.

- Claro que terminó – aunque Nozomi dijo eso, esta notó como más serpientes venían hacia ellas por lo que empezaron a exterminar a los animales, sin embargo, varias de estas se escabulleron hacia donde estaba su amo y con sus dientes lograron romper el hielo que lo mantenía atado.

- ¡Maten esas perras!

- Como si fuera a permitirlo – en eso, el cosmos de Ofiuco explotó haciendo volar a todos, Athena cubrió con su cosmos a sus guerreras quienes miraron como la energía que Asclepios era bastante rara y no solo eso, sino que entre más lo hacía, parecía que quería destruir el escudo que las protegía.

- Iré yo a revisar.

- ¡No Maki! – la peli roja salió y fue hacia el ex de Ofiuco, pero no pudo llegar ya que sentía su cosmos bajar y no solo eso, su cuerpo parecía pesarle bastante hasta que llegando a sus pies, esta la miró fijamente.

- ¿Q-Que es esto? ¿Por qué siento que el cuerpo me pesa? – susurró.

- Es mi técnica – susurró el sujeto quien pateó la cara de Maki.

- N-No puedo levantarme… me da… sueño… - Maki cayó en estado de somnolencia hasta que se durmió.

- Vaya, no pensé que aguantarías un poco, pero bueno, no te preocupes, tu muerte será indolora, tómalo como un regalo de mi parte – este levantó su mano apuntándole hacia el cuello, sin obstante, esta no logró su cometido.

- ¡Gran Cuerno! – el ataque insignia de los Caballeros de Tauro fue lanzado hacia Asclepios quien lo tomó desprevenido recibiendo algo de daño por el golpe de Tsukumo.

- Maldita, ¿en serio te atreves a joderme? – aunque su golpe fue bueno, la peli negra también comenzaba a sentir los efectos del cosmos de Asclepios, su cuerpo empezaba a sentirse pesado.

- Tsukumo-san también está en peligro, tengo que hacer algo – pensó Saori quien con su vara Nike, la levantó y con su cosmos, bañó todo el sitio con su poder, aunque el poder del antiguo Caballero Dorado era fuerte, no podía pelear contra el cosmos divino de Saori que, aunque no despertó por completo, poseía un gran poder para contrarrestarlo.

- Creo que es nuestra oportunidad – exclamó Eli a las demás quienes asintieron y se lanzaron al ataque.

- M-Mi cuerpo se recupera – Tsukumo dijo, al mismo tiempo, Maki se levantaba de ese sueño que le causó.

- Ahora si me molesté – susurró la peli roja quien elevaba su energía al igual que sus amigas, con eso, el grupo de 9 cambió sus ropas a túnicas griegas bastante lindas que poseían diademas con dibujos de los signos zodiacales que representaban cada una.

- ¿Y eso qué? El que hayan cambiado de apariencia no significa nada.

- Puede que no para ti, pero nuestros cosmos te harán daño – y ahí comenzó de nuevo la batalla contra el ex Caballero de Ofiuco, sin embargo, las musas se habían olvidado de las serpientes que estaban llegando a donde estaba la diosa.

- Estas serpientes parece que nunca se rendirán – Saori iba a darles su merecido, pero fue detenida por la peli negra.

- Diosa Athena, sé que esto será duro, pero quiero que se proteja con su cosmos lo más fuerte posible.

- ¿Qué harás?

- Es una técnica la cual permitirá destruir a estas serpientes de una vez por todas – la peli lavanda solo asintió y sin más, comenzó a elevar su poder y golpeó el suelo.

- ¿Qué hace Tsukumo-san?!

- ¡Nova Titánica! – este ataque fue manifestó en una explosión bastante poderosa como si fuera una Supernova la cual destruyó casi toda la cámara, aunque Asclepios notó que sus amadas serpientes estaban calcinadas.

- Perra maldita… ¡¿Cómo te atreves a matar a mis serpientes?!

- Ya no eres nada Asclepios, ¡vete de nuevo al Tártaro! – ahí fue cuando el ex Ofiuco se llevó varios golpes de parte de sus rivales, este no podía hacer nada por la fuerza en que las musas le estaban dando hasta que Honoka le dio una fuerte patada que lo mandó al suelo.

- Y aquí… es donde mueres – una flecha bañada en el cosmos de Umi fue lanzada a la Vara de Asclepios la cual se rompió.

- ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! – el cuerpo de Jinguji brilló hasta que cayó a los pocos restos de suelo que había en esa cámara.

- Creo que funcionó.

- Diosa Athena – la divinidad se acercó a Jinguji y la envolvió con su cosmos para que unos segundos después, esta se despertara un poco aturdida y no sabía que había pasado.

- Por fin despiertas.

- ¿Qué ocurrió? ¿Dónde está Honjou-san? ¿Qué pasó con Harmonía?

- Relájate un poco Jinguji-san, fuiste poseía de nuevo por Asclepios, pero creo que por momento lo hemos repelido – Kotori dijo, aunque las demás seguían viendo su armadura.

- A todo esto, ¿no sientes nada raro con tu armadura?

- ¿Por qué? – al verse, esta miró que su vestimenta de combate no volvió a la normalidad, sino que continuaba con el color dorado – ¿Por qué sigo así?

- Debe ser que la armadura de Ofiuco volvió a su estado original cuando era una Armadura Dorada por lo que ahora eres una del rango Dorado.

- Del rango Dorado – Jinguji quedó pensando un poco eso, aun así, debían seguir con la batalla contra el dios Ares.

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De vuelta a la cámara en donde Honjou y Jinguji batallaron…

- Oh my head, realmente eso me dolió – la peli vino tinto se levantó luciendo la armadura de Capricornio, esta miró a Harmonía quien estaba ahí.

Honjou consideró la idea de matarla, pero estaba indefensa, no obstante, su brazo se movió solo y lanzó una ráfaga de aire la cual decapitó la cabeza de la chica haciendo que todo el jardín se marchitase.

- ¿Qué fue eso? ¿Por qué atacó como si nada? – susurró la inglesa notando su brazo, supuso que el espíritu de Esperanza hizo ese trabajo, pero como fuera, una nueva enemiga fue derrotada.

La batalla en el Santuario de Ares seguía.

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Continuará…