Irise. Agradezco mucho sus comentarios. Me dan animo de seguir escribiendo y así poder sacar los capítulos con más Rapidez. :)

Capítulo 14.

Helga jamás se considero una persona simpática... Ni siquiera recordaba como se había hecho amiga de Phoebe. No había sido por su traje colorido eso seguro, su mala personalidad no tenía que ver con lo que usara, un cambio de imagen no le volvería una persona empática de pronto. Tampoco tenía muchas ganas de ser una persona agradable con sus nuevos compañeros de clases pero admitía qué ya había pasado una semana y sus compañeros la estaban comenzando a ver como la rarita, claro quería pasar desapercibida sentándose al final de la clase.

Aquella mañana sin embargo no supo si fue el destino pero se encontró con una chico que parecía estar siendo intimidado por un grupo de tres personas. Iba de regreso a su casa y ahí estaban. Empujandolo en una calle relativamente vacía entre dos de ellos, el tercero qué además parecía ser el mayor, solo veía la situación medio riéndose, aun sino participaba en el acoso, era bastante desagradable.

Otra persona en su lugar quizás hubiese cambiado de acera, no era su problema de todas formas. Ella en cambio no dejó de caminar en su dirección y tropezó con toda su intención contra el que estaba más cerca de ella.

-Oh. Perdona no te vi - dijo sin expresión alguna.

Los chicos parecían algo mayor que ella. Por suerte, Helga era bastante alta, así que no tuvo problemas de ver a los otros tres de frente.

-Estas loca? - preguntó el de cabello rubio con el que había tropezado bastante molesto - fijate por donde vas.

-Es una niña. No le pares - dijo el otro que no estaba participando en el abuso al otro chico.

El susodicho qué parecía bastante enclenque y temblaba como hoja parecía algo asustado y encogido.

-Largate antes de que me arrepienta.

El chico no lo pensó dos veces y se fue. En cuanto lo hizo los tres muchachos se comenzaron a alejar. Sin embargo Helga estaba algo molesta.

-No les parece muy de cobardes tres contra un pobre enano como ese?

- ¿Qué dijiste? - el chico moreno se dio la vuelta con aire algo furioso. A lo que el otro que parecía el más relajado, qué se mantenía al margen una vez más le detuvo.

Helga le analizó. Obviamente parecía el líder de ellos. Su tez era clara y sus ojos un tanto rasgados. Podria tener ascendencia asiática. No era feo y le llevaba al menos unos centímetros de altura podría ser algo mayor que ella quizás.

Se acercó. No se intimido sino que alzó su mentón desafiante y con una sonrisa burlona.

-¿Qué pasa? Ahora quieres intimidar a una chica? Tres contra mi? - se sonó los nudillos dando a entender que estaría preparada para enfrentarlos. A lo que el otro entorno los ojos con aire de sorpresa.

-Admito que tienes más valor que ese enclenque. Pero tiendes a inmiscuirte en cuestiones qué no te incumben.

-Lo que vi fue a tres idiotas intimidando a un chico que no pesará ni cincuenta kilos.

El rubio comenzó a acercarse.

-Tienes una bocaza gigante... - sin embargo el líder le detuvo como habia hecho con el otro.

-Jefferson.. - habló con tono frío y ojos fastidiados, seguramente pensando que quería molestarles - te dije qué es una niña. Solo quiere llamar la atención. Vámonos.

Los otros dos parecían algo renuentes pero no dijeron nada más, así que se largaron.

Helga volvió a respirar bien, por un momento había creido que iba a tener que pelear contra estos bravucones. No esperaba que se fueran tan pronto de todas formas, una vez que desaperecieron de su campo de visión siguió caminando. Fue al pasar por una tienda que una señora le llamó.

-Jovencita - Helga no esperaba que alguien le hablara, pero la mujer mayor le hacía señas con la mano para que se acercara, parecía haberle estado esperando así que se acercó con curiosidad.

-¿si?

-Creo que debo aclarar lo que estaba pasando. El chico que parecía que estaba siendo atacado - Señaló el lugar frente a su tienda donde habían estado intimidando al otro - Acababa de robarse unas cosas de mi tienda. Los otros tres fueron muy amables en agarrarlo y traerme los dulces y dijeron que le darían una lección para que no volviera a robar. El chico alto me aseguro que no le golpearian, solo quería amenazarlo un poco para que no se metiera en problemas... Se lo que parecía pero es necesario que sepas que ellos no eran malos en realidad sólo me ayudaban.

Helga estaba con la boca abierta ante la historia de la anciana. Y se sintió idiota. Había querido defender a un pequeño ladronzuelo... Que vergonzoso. Quería esconderse debajo de una roca.

Aquello había sido inesperado en verdad.


Realmente no estaba preparado para aquella respuesta.

Por un momento perdió la capacidad de hablar y empezó a boquear como pez fuera del agua. Helga le miró entonces y viró los ojos.

-¿Podrías no estar tan asustado? Cualquiera pensaría que te dije que te llevaría a mi apartamento a descuartizarte.

-No estoy... - carraspeó ya que sintió que su voz había salido como una especie de chillido, trato de sonar calmado - No estoy asustado. Solo que... Es inesperado para mi. Pensaba que querías que estuviera lejos de ti.

Escuchó el suspiro cansado de la chica y la observó.

-Pero que idiota eres, ¿cuantas veces debo decirte que no te odio? - parecía algo frustrada al hablar. Como si le doliera admitirlo a pesar de todo - esta bien, puedes verlo como una forma de agradecimiento - veía el camino y el chico creyó ver algo que parecía vergüenza, notó los dedos tambaleante sobre el volante - Gracias por aceptar toda la culpa en la policía.

Arnold sabía a lo que se refería. Y era que él no fue la persona que había dejado inconsciente al tal Jefferson. Había sido Helga.

Todo paso bastante rápido, y fue consciente de su situación cuando ya el otro estaba a horcajadas sobre él moliendolo a golpes, parecía bastante furioso, mientras le gritaba qué Valery era su chica y se alejara de Ella. Y de pronto se detuvo...

-Que demonios...? - logró preguntar Jefferson. La rubia le había sujetado por el cuello con una llave y el mismo agarro sus brazos mientras le miraba sobre el hombro - No te metas Helga. Esto no es asunto tuyo.

Le advirtió en un gruñido, sin embargo la chica no se intimido.

-Ahora si que te equivocaste de persona criminal - le escucho decir con molestia.

Arnold no esperó que la chica actuara, pero al segundo siguiente le dio un codazo justo en la nuca y el otro callo a un lado.

-Helga... ¿Qué...? - Arnold pardeo un par de veces, sentia su ojo ardiendo, no podía abrirlo y apenas captaba las sombras.

Sintió los brazos de alguien tocándole la cara con preocupación.

-¡Por Dios Arnold! ¿Estas bien? - Valery se había arrodillado a su lado para verle mejor - Estas sangrando.

Cuando lo dijo fue consciente del sabor a sangre en su boca. Se habría roto el labio seguramente, la nariz, y por supuesto el ojo que hizo presión con su mano ya que le sentía palpitar. Mientras trataba de recuperar su equilibrio con ayuda de Helga y Valery, llego un oficial de policía, y comenzó todo el proceso.

El hombre Comprobó el estado de ambos y llamó a la ambulancia qué se llevó al chico inconsciente.

-¿quién lo dejo en ese estado? - preguntó el policía.

Helga y Arnold se dieron una rápida mirada y cuando la rubia estuvo apunto de hablar el otro se apresuró a dar un paso al frente.

-Yo oficial. Él comenzó a golpearme y yo me defendí, ¿Podría por favor no incluirlas a ellas?

-Jefferson era mi ex novio, y me estaba amenazando con que me fuera con él.. - dijo Valery.

-Es cierto oficial - explicó Helga señalando al rubio - él solo quizo detenerle y cuando se acercó a ayudarla porque mi amiga estaba siendo acosada, ese... - señaló al otro en el piso - comenzó a atacarlo primero. Solo se defendía.

El mayor les miró con atención y decidió llevar a los tres a la estación a que dieran sus declaraciones. Por supuesto que omitieron la parte en la que la rubia lo había dejado inconsciente.

-No fue nada. Sino me fueras ayudado, quizás terminaba peor...

Helga parecía de nuevo furiosa.

-Ese imbécil. Si hubiese ido yo... - iba a decir que Jef nunca había sido rival para ella. Y si ella fuera actuado más rápido, Arnold no hubiese sido golpeado de esa manera.

No debió dejar que el chico actuara caballerosamente, ella podría haberlo incapacitado en segundos no sería la primera vez de todas formas. Pero se había distraído cuando el rubio le había tocado, el calor que sintió recorrer su cuerpo en ese momento, simplemente su mente se había nublado y fue ese shock momentáneo lo que le causó aquellas heridas. Arnold estaba así por su culpa.

-Por cierto eso fue impresionante... Como pudiste nockearlo?- el rubio habló mirándole con curiosidad interrumpiendo sus pensamientos. Helga parpadeo un par de veces para volver en si misma.

-Fueron tres años... - contestó deteniéndose pensando en una forma de resumir su vida - No me la pase practicando taekwondo y lucha libre por tres años por nada - No Apartó la vista del camino - primero intente con la lucha libre, pero mi peso era muy lijero, luego conocí el taekwondo y era más acorde a mi.

-oh. Siempre fuiste buena para las peleas. Me alegro que Aprovechaste tu talento.

Helga se encogió de hombros.

-Sirvió mucho para aprender a controlar mi mal carácter. Además que fue buena distracción.

Arnold sintió que había algo más en el trasfondo.

-¿Ya dejaste las prácticas entonces?

-Practicaba sin falta hasta los dieciséis, luego ya me uní definitivamente al equipo de voley, aunque sigo asistiendo de forma esporádica al do jang cuando... Cuando estoy muy estresada.

Y entendió sus palabras.

Arnold entendió que aquello había sido una distracción para ella... Seguramente un aliciente para olvidar su vida en Hillwood y apartar sus malos recuerdos que le implicaban a él.

Guardó silencio sintiéndose mal al recordar lo que la rubia había revelado.

"Lo supere... Juro que lo superé... Me costó pero lo hice"

-Bien cabeza de balón. Llegamos. ¿Te puedes bajar solo o necesitas que te ayude?

Había algo de pulla en su voz, pero también notó la preocupación en la pregunta.

Arnold abrió la puerta como respuesta, no se encontraba tan mal, era perfectamente capaz de caminar, bajó y miró a su alrededor. Era un edificio, con un estacionamiento abierto y amplio. No se dio cuenta del camino recorrido porque había estado vagando en su mente, en sus recuerdos... Tenía muchas cosas que deseaba preguntar sobre su vida pero no tenía idea de como comenzar y si sería mucho invadir su espacio personal con malos recuerdos que quizás no querría contestar.

Siguió a Helga al edificio cercano, el mismo tendría al menos unos veinte pisos.

-Buenas tardes Dan - saludo al vigilante quien le devolvió el saludo en forma educada - viene conmigo.

Arnold saludó también educadamente aunque fue consiente de que el hombre le miraba algo extraño.

Cuando entró con la rubia en el ascensor y se topó con su propio reflejo adentro en el espejo entendió la razón de la expresión desconfiada en el vigilante.

Estaba horrible.

El ojo morado que casi no podía abrir. Su camisa con manchas de sangre, la sangre coagulada en su cara, parte de su labio inflamado. Se avergonzó de si mismo. Definitivamente le había ido peor de lo que se había imaginado.

Vio a Helga pulsar el botón. Iba a aprovechar la privacidad del ascensor para preguntarle por qué le estaba llevando a su apartamento, pero se vio distraído por su propia imagen, salió de su estupor cuando las puertas del ascensor volvieron a abrirse y una pareja que iba a entrar con confianza se detuvo de golpe para mirarlo con expresión extrañada, dudosa, bajó su cabeza con timidez.

Helga se coloco a su lado y se colgó de su brazo para dar a entender que iban juntos y que no tenía problemas, los otros dos entonces decidieron entrar colocandose a la otra punta del ascensor pulsando el botón de planta baja, Arnold andaba algo impresionado sintiendo el peso de la chica en su brazo como si fueran pareja, casi que con naturalidad, y sintió el jalón al salir cuando llegaron al piso sexto, no lo soltó en el camino al apartamento.

Iban en silencio y solo se safó de su brazo cuando llegaron al número 602 para abrir la puerta.

Arnold que ya no se sentía capaz de impresionarse más. Tuvo que admitir que el apartamento era impresionantemente impecable, y estaba decorado en colores blanco y rosado, el lugar parecía algo pequeño y acogedor con un gran ventanal de cortinas rosadas muy femenino con todo en orden.

-No me mires a mi. Esto es de Olga.

-Oh - Arnold se estaba preguntando como serian capaces de romper el hielo después de aquello, Y a pesar que era algo muy extraño parecía que Helga no tenía intención de mencionarlo - entonces... ¿Vives con Olga? Viniste a estudiar aquí por ella?

-De hecho fue al revés, ella me siguió hasta acá... - Helga cerró la puerta tras ellos y continuó avanzando en el apartamento - Digamos que casualmente Olga logró encontrar un empleo en esta ciudad por el mismo tiempo que me vine a estudiar y en menos de un año ya Bob le había comprado este lugar... No es muy sorprendente que haga esto por su perfecta hija - a pesar de que admitía qué prácticamente seguía sin ser la favorita de su padre no había ningún tono de molestia en su voz, quizás solo resignación o costumbre - Bueno para ser justos Olga se lo está pagando.

-Pues lo que me impresiona es que vivas con ella. Pensé que no la tolerabas.

-vivimos juntas desde los doce. Supongo que me acostumbre. Después de un tiempo dejó de causarme urticaria. Bien... ¿Te vas a quedar en la puerta o vas a venir?

-¿a donde? - preguntó con duda. Se había quedado paralizado en medio de la sala sin saber que hacer. Aquello le estaba pareciendo cada vez más extraño ya que En primer lugar aun no sabía por que estaba ahí.

-Pues a mi cuarto. Dah. - contestó la otra desde la puerta.

El chico que había dado un par de pasos tentativos a su dirección se detuvo de golpe impresionado.

-Tu tu tu cuarto? - tartamudeó. Aquello iba demasiado rápido.

-Pues obviamente aquí tengo todas mis cosas y.. - Helga le miró con ojos pequeños - ¿En qué estás pensando?

-Nada - contestó con rapidez sintiéndose nervioso.

-¿Estas nervioso?... - Helga finalmente comenzó a acercarse a él con aire depredador y una sonrisa maligna.

Aquello iba cada vez peor... O mejor. No sabría decirlo. Trago saliva.

-Pu-pues... No esperaba venir aquí... A tu cuarto.

Helga viró los ojos.

-Oh por Dios.. ¿Puedes ser más mojigato? - lo agarró entonces por el cuello de la camisa y prácticamente lo arrastró dentro de su habitación.

Arnold no tuvo tiempo de pensar hasta que fue prácticamente obligado a sentarse en la cama y esperar.

Escucho el "no te muevas"

Y se quedó en la misma posición con miedo de hacer algún movimiento en falso. Helga seguía siendo muy fuerte como para hacerlo ir de un sitio a otro sin esfuerzo, más que él no estaba poniendo resistencia en realidad... Era mucha más la espectativa de lo que haría la otra.

Vio como la rubia se metía al baño de la habitación y le escucho revolver cosas. Mientras que en su cabeza comenzaba a pasar mil y una situaciones que podrían suceder a partir de ese momento, y estaba demasiado nervioso como para pensar con claridad, además que los pensamientos que se le cruzaban por la mente no eran nada puritanos.

Tragó la saliva qué tenía acumulada.

Miró a su alrededor a su alrededor, un no podía creer que aquella era la habitación de Helga, de Helga. Un lugar que no se había imaginado volver a pisar de nuevo y mucho menos con ella. No qué fuera la primera vez que esto ocurría pero si era la primera vez que el estar solos le preocupada un poco, la última vez que había pasado, eran unos niños y el estar en la habitación a solas no significaba qué pasaría otro tipo de cosas.. Lo más que habían hecho era algunos besos nerviosos, preocupados de que sus padres podían aparecer en cualquier momento ya que la puerta siempre permanecía abierta. Pero ahora eran adultos... Podrían hacer lo que les diera la gana y de nuevo pensar en esta posibilidad hizo que su sangre hirviera peligrosamente.

Se concentró en ver el lugar para calmar su mente, se fijo en el escritorio con la silla, donde tenia acumulado una gran cantidad de libros, y una lámpara de noche, a un lado un computador, ya no tenía afiches en las paredes como cuando era niña, en su lugar había un reloj muy bonito y un cuadro artística de unos unicornios, la cama de sábanas negras y un peluche de un león sobre su almohada. Un puf rojo estaba en la esquina... Y lo más llamativo de la habitación seguía siendo los muñecos coleccionables sobre las repisa y el armario. Se recordó de los muñecos de maquinitas qué se acumulaban por montones.

Trago saliva, ¿Era el momento perfecto para confesarle que seguía enamorado de ella? ... ¿O era muy pronto? Sabía que le gustaba. ¿Qué les podía impedir estar juntos? ¿Podría ser algo tan sencillo? ¿Tendría éxito tan pronto? Ciertamente estaba ahí en la habitación de Helga a solas con ella... podria ser una señal del cielo.

Cuando escuchó los pasos de la otra chica que volvía se sentó recto. Y esperó expectante con lo que pasaría. Cuando la vio salir del baño finalmente (con más ropa de la que tenia en su imaginación) y llevando consigo una caja que colocó en la silla qué obviamente se trataba de un botiquín de primeros auxilios, entendió la situación.

-Ah. ¿Me trajiste por eso? - preguntó sonando un poco decepcionado.

Helga parpadeo sin comprender unos segundos la pregunta.


Helga

Era una pregunta inesperada y el rostro de desilusión del otro le había desconcertado por un momento. Pero cuando comprendió que el chico había malinterpretado todo casi no pudo contener la risa.

-¿Y que esperabas cabeza de balón? ¿Qué te arrojaría a la cama para abusar de ti? ¿Quién te crees que soy? Tranquilo Sino lo hice cuando verdaderamente estaba obsesionada contigo no voy a hacerlo ahora..

Lo que había comenzado como una pulla para él termino siendo algo incómodo para ella. Se mordió el labio tragándose sus palabras y se dispuso a mover la silla más cerca del que sería su paciente. Tratando de omitir qué había sacado los hechos de su pasado como si nada. No sabía por que lo estaba haciendo, hablando tan relajadamente sobre esos asuntos. Quizás porque en su mente sabía que Arnold realmente no le había lastimado a propósito. No le guardaba un rencor real porque había entendido que el otro tenía razón en romper una relación sentimental con una chica tan tóxica e inmadura como era la Helga de su pasado, ella sin duda hubiese actuado de la misma manera si las cosas fueran sido al revés, y su molestia y lamento por muchos años había sido el haberle perdido por su misma actitud.

-Vale. Veamos entonces que tenemos por aquí...

Tomo su cara sin previo aviso, como si lo hiciera todos los días, tratando de ser lo más profesional posible. Examinó cada centímetro de su rostro, sosteniendole el mentón y así la luz podía ayudarle a apreciar las heridas, miró la frente con detenimiento apartando el cabello para asegurarse qué no hubiese herida, notó qué si tenia una cortada cerca de la ceja izquierda con sangre cuavulada, su ojo algo cerrado debido a la hinchazón, había rastros de sangre en su nariz, y en el labio inferior una herida que toco con la llema del debo y presionó sin darse cuenta, esto hizo qué el rubio hiciera un gesto de dolor y fue cuando se detuvo, siendo consciente de lo cerca qué estaban.

Se había enfocado tanto de analizar qué podía hacer con el desastre que era su rostro qué no había notado, qué estaba entre sus piernas y era muy evidente su perturbación, su pecho subía y bajaba con rapidez. Y su aliento chocaba contra ella. Se sintio mareada al fijarse en los ojos verdes a solo centímetros de distancia.

Una voz entonces le grito: ¿qué haces? él está saliendo con Valery...

Y la magia se rompió. Se Apartó de golpe y rebusco en su botiquín.

Le lanzó una pastilla al pecho. Que el otro logro agarrar cuando caía.

-Tomate este por ahora. Es un anti inflamatorio, y estos otros te lo vas llevas por si te da fiebre.

Arnold asintió algo ido, aun algo desconcertado con lo que estaba sucediendo y se metió la pastilla en la boca qué le había indicado de un trago sin dudar.


... Arnold...

No sabía si iba a poder resistir no tocar a Helga. Era su culpa. Estaba demasiado cerca. Y resultaba casi estresante que estuviera tan concentrada en hacer de enfermera que no notara los estragos qué estaba causando, y cuando la chica se alejo entonces en búsqueda de cosas en su botiquín se arrepintió de haberle dejado ir.

Él ya estaba al borde. Definitivamente era un santo. Otro en su lugar hubiese actuado sin pensar. Apenas logró contenerse cuando tenía su rostro a centímetros. Cerró sus ojos y respiró hondo antes de hablar.

-Se ve que sabes lo que haces.

Helga se había vuelto a acercar. Esta vez con un spray y gasas.

-Pues he tenido que curarme mis propias heridas cientos de veces - admitió.

Aplicó el líquido en su ceja, había pensado que era alcohol pero extrañamente no sintió el dolor lacerante qué creería que sentiría al entrar en contacto con la herida, la chica había tomado una gasa para quitar los residuos de sangre seca con mucha delicadeza, luego colocó algo encima que le hizo sentir un tirón en la ceja.

-Esto es útil para evitar que la herida pueda abrirse por accidente si llegas a tocarlo - explicó con aire profesional. Arnold asintió confiando que ella sabía lo que estaba haciendo.

Terminó de limpiar su frente y luego se dispuso a hacer lo mismo con el resto de su cara.

-¿quién te ha herido? - preguntó Arnold de pronto tomándole de sorpresa. Aquel dato le había molestado bastante y quería buscar la forma de entrar en el tema.

Sin embargo Helga no pareció tomarlo con seriedad y sonrió burlonamente.

-¿En serio lo preguntas? Ya sabes como soy, normal que resultara herida. Más si practicaba diariamente.

-¿te seguiste peleando?

-Pues no me peleba ilegalmente - admitió siguiendo en su labor - conoci a unos chicos que me invitaron a unirme a su grupo, primero a lucha libre, estuve unas semanas, pero luego conocí el taekwondo y me gustó más. Es obvio que tendría heridas y fracturas. Tampoco me interesaba ir al hospital cada vez que eso pasaba y aprendí a curarme yo misma.

Definitivamente no le agrado aquella revelación. Era absurdo pensar que Helga estuvo sola todo el tiempo que estuvieron separados. Jamás lo hablaron con sus seudónimos. Obviamente como GreenEyes imaginaba que habría tenido una vida normal con amigos y parejas, pero era diferente imaginar que Scarlet hubiese tenido un grupo de amigos hombres a que Helga había tenido un grupo de amigos y quizás otras parejas, era ridículo pero imaginarlo le estaba causando un pequeño malestar general.

-¿tuviste... Muchos amigos? - preguntó cómo quien no quiere la cosa.

No esperaba que contestara sumisamente, pero al parecer hacer de enfermera le mantenía distraída.

-No tanto, nunca me la lleve con mis compañeros - tenía una pomada y estaba aplicándolo en su ojo - pero me topé con un grupo y nos llevamos bien, me la pase con ellos gran parte del tiempo... Jefferson era parte de ese grupo, pero nunca nos llevamos muy bien en realidad.

-¿Conocias a este idiota desde antes?

-Repito, era parte del grupo pero no era mi favorito... Que tonta. Parecía tan ilusionado con Valery, sabía que era un idiota pero supuse que la gente puede cambiar. Pero no es así. Nunca cambia. Podemos controlarnos pero seguimos siendo los mismos, con personas así es mejor alejarse.

Había tanto en aquella frase. Era como si le estuviera hablando a él directamente, diciéndole que ella seguía siendo la misma que se había alejado hacia 9 años. Y mejor continuar así. Aquello no le gustó. Y habló con seriedad.

-No eres la misma Helga. Yo no soy el mismo Arnold ¿De acuerdo? Ambos hemos madurado. Ese Jefferson no maduró, sigue siendo igual de idiota. Nosotros no podemos compararnos.

Algo se sentía distinto en el ambiente, lástima que fue roto por el sonido de un teléfono. Se miraron un momento y entonces ella tomó su mano y colocó la pomada en su dedo.

-Aplicalo en tu labio ¿vale? - y entonces se alejó saliendo de la habitación. Seguramente buscando el Aparato que había dejado fuera junto a su cartera.

Arnold suspiro. Miró el objeto en sus manos, iba a aplicarse el enguento en la herida que la rubia le había ordenado, pero la puerta estaba entre abierta y podía escuchar perfectamente lo que ella decía y eso no podía simplemente ignorarlo.

-¿Bueno? Si, me imaginé que me llamarías. ¿Qué? No me digas. ¿Te llamo llorando?... - su curiosidad fue en aumento, ya que la chica parecía muy en confianza - Sabes que no le hubiese dejado inconsciente sino se fuera pasado de la raya... Jefferson siempre ha sido idiota pero ahora... - se levantó y se acercó a la puerta casi por instinto, había algo raro. ¿Con quien parecía hablar con tanta familiaridad? - que agradezca que no le dejé mas grave y no lo hice solo porque pensé en ti... - parecía que trataba de controlar su tono molesto - le dices que no quiero que se vuelva a aparecer frente a Valery. No me importa que sea tu primo Alex, si vuelve a actuar estúpidamente le arrancare los testículos... Dile que ya superó el borde de mi paciencia y hablo en serio... Ahora estoy ocupada, te escribo luego, si claro que estoy bien, él nunca fue oponente para mi. Eso lo sabes - suspiró - Si, yo también te extraño. Que estés bien.

Arnold se quedó helado.

"Alex?" "yo también te extraño?" ¿quién rayos era ese?

-¿Entonces tienes alguna otra herida de la que no sepa Shortman?

La rubia seguía mirando su telefono cuando regreso a la habitación solo que no esperaba encontrarse a Arnold justo en la puerta y se tropezó con él inesperadamente.

Arnold la sostuvo primero para que recobrara el equilibrio. La chica estaba sorprendida.

-¿Shortman?

Tenia tantas ganas de preguntar con quien hablaba. Pero no tenía derecho, no aun. Así que se abstuvo dándose la vuelta.

-Creo que tengo una herida en la espalda - dijo por fin quitándose la camisa.

Helga se quedó sin habla. Ciertamente si vio una herida ahí en el omóplato derecho, pero no esperaba que el chico se quitara la camisa con tal facilidad, su piel pálida, no tan delgado, y hombros anchos, le demostraba qué él también se había estado ejercitando. La boca se le hizo agua y se relamió por instinto, tuvo que mover la cabeza de un lado a otro para convencerse qué no estaba soñando. Sus mejillas se sonrojaron.

-De acuerdo.

Tomo la pomada una vez más y se dispuso a aplicarlo sobre la espalda del otro. Sentía su piel caliente y su corazón latía con fuerza mientas le tocaba haciendo movimientos circulares sobre su piel.

-¿Soy el único al qué esto le parece algo extraño?

Preguntó Arnold con curiosidad. Helga sonrió. No tenía ni idea.

-Tu y yo. En tu apartamento. Contigo curandome.

-Si. Tampoco lo fuera imaginado - aceptó - Supongo que este es mi acto de caridad del año. Ya sabes, ayudo al necesitado. No podía dejarte en ese estado.

Helga detuvo el movimiento de su mano y se alejo un poco ya que había terminado, cuando Arnold se volteó de nuevo mirándole de forma intensa. Murmuró.

-Me ayudarías con el labio también?

Helga se congeló por unos instantes. Era diferente. Muy diferente. Arnold se acercó a ella un poco más e inclino su cabeza hacia ella, maldijo el hecho de que hubiese crecido tanto. Porque ciertamente le parecía algo intimidante. Tembló un poco mientras se colocaba crema en su dedo y luego acercaba su mano al labio del otro, había sido un punto que había querido evitar desde un principio por encontrarlo terriblemente peligroso. Pero ya no había nada que hacer.

-Me preguntaba... Cuando te fuiste.. ¿Me extrañaste?

El chico apenas movio su boca para hablar. Así que su voz salió en un susurro ahogado qué le pareció terriblemente sexy y sintió su aliento caliente chocando contra sus dedo. Tenía ganas de gritar.

-Extrañe a todo el mundo Shortman. Era una niña en otra ciudad.

Arnold tuvo que encontrar mucho valor para decirle lo siguiente.

-Mi vida no volvió a ser la misma cuando te fuiste.

Helga dio un paso atrás de forma instantánea y respiró profundamente, su expresión volviéndose fría con una sonrisa irónica.

-No. Me imagino que fue mejor. Con Lyla ¿no?

Arnold parpadeo con sorpresa.

-¿Qué tiene que ver Lyla?

Helga entrecerró los ojos antes de hablar.

-Los vi besándose en el pórtico. Así que no te costo mucho superarlo.

Arnold abrió su boca atónito.

No podía creerlo. Sintió sus mejillas calientes, esta vez por vergüenza.

-¿Viste eso?

-¿Qué? - Helga sonrió con autosuficiencia - ¿No querías que me enterara que al segundo siguiente qué rompimos ya andabas con tu nueva novia?

-No. No fue así - intento agarrarla pero Helga era más rápida y se dio media vuelta saliendo de la habitación. Tratando de poner espacio entre los dos.

-No vengas tratando de hacerte el loco Shortman. Los vi acaramelados. Querías una excusa para terminarme e ir con Lyla, siempre te había gustado de todas formas. Pero creeme que te entendí. ¿Quien querría estar con una chica tan problemática como yo teniendo a la perfectamente perfecta Lyla?

Arnold le había seguido a la sala no pudiendo creer las barbaridades qué estaba diciendo. Y Helga le miro con sorpresa cuando le sujeto por los hombros y le empujó contra la pared para evitar que se fuera, colocando sus manos a ambos lados como barrera.

Le miro fijamente decidido a aclararle las cosas.

-Nunca estuve con Lyla. Ella me besó sin mi consentimiento. Me tomó por sorpresa. Pero jamás fuimos nada más que amigos.

Ambos se quedaron mirando por un rato con ojos expectantes. Ninguno de los dos había esperado encontrarse en esa posición. Helga con sus ojos azules abiertos con sorpresa, ciertamente no esperaba que él estuviera ahí, semi desnudo, impidiendo con su cuerpo que se alejara. Una vez más vio su pecho desnudo y supo que debía huir de ahí. Hacer qué él se alejara.

-Digamos que te creo. ¿Qué más da? Ya lo hemos superado. Por eso estamos aquí.. Somos lo suficientemente maduros como para que estemos aquí sin pelearnos por cosas que sucedieron hace mil años.

-Yo... - Arnold respiro con rapidez - eso no es verdad. No lo pude superar.

-¡Ja! Pero que estupidez, obviamente te olvidaste de mi - sonrió con maldad - ¿Qué? ¿Ahora me dirás que no tuviste más novias y Que sigues siendo virgen?

la voz burlona cayo como una puñalada en el estómago de Arnold. Notó sus mejillas ardiendo con vergüenza y la chica abrió su boca sorprendida

-Shortman no... tu en serio no haz...

Iba a preguntar sino había estado con nadie de verdad pero el otro le interrumpió.

-¿Quién fue? ¿Con quien estuviste? ¿Jonathan o... El tal Alex que te llamo ahora?

Los ojos de la rubia se abrieron al máximo.

-¿De que hablas? No es de tu incumbencia eso...

-¿Y entonces que fueron todos esos poemas qué me dedicabas?

Esta vez fue el turno de Helga de avergonzarse hasta la médula.

-Yo jamás te leí ninguno.

-Se muy bien lo que decían - apretó su mano en un puño - leí algunos, ¿tu deseo apasionado? ¿Que querías ser mi primera vez y tu primera vez? ¿era mentira todo eso?

-Eran solo deseos infantiles yo jamás...

Arnold se acercó peligrosamente. Esta vez sujetandole contra la pared con su cuerpo. Helga sintió la presión del otro y perdió la capacidad de rasocinio. Una vocesita le decía que aquello estaba mal, no podía estar pasando y otra parte gritaba: Oh Si! Como si hubiese estado deseando aquella cercanía por demasiado tiempo.

Sintió su aliento chocar con sus labios.

-Tenias mucha imaginación para ser solo "cosas infantiles" ¿no crees? Esos poemas fueron lo primero que levantaron mi líbido y fueron parte de mis fantasías por demasiado tiempo.

Sintió el calor extenderse por su cuerpo.. Sus respiraciones rápidas.. Estaba demasiado agitada, Arnold en su apartamento, sin camisa, tan cerca de ella, confesandole que sus poemas le había excitado por años... Helga estaba segura que aquello situación hubiese ido a mucho más sino fuera porque...

-¿pero que mierda...?

El grito de sorpresa de una voz masculina les hizo sobresaltar a ambos y alejarse como si fueran recibido una corriente eléctrica qué causara la separación repentina, ambos miraron al recién llegado.

¿En qué momento habían abierto la puerta y entrado a la casa? Helga fue la primera en reaccionar. Vio al rubio mirándoles con ojos desorbitados, parecía estar en shock, definitivamente no esperaba encontrarse con esa escena.

-¡Jhonatan! - exclamó Helga sin disimular su sorpresa. Mirandolo mientras buscaba las palabras - qué... Que... Que estas haciendo? Como entraste?

-Pasa algo Jhonath... ¡Helga! ¿Arnold?

Aquello iba cada vez peor. Por sobre el hombro de Jonathan se encontraba Olga. Seguramente habían llegado juntos y Olga lo había dejado entrar antes, como siempre, él se dirigió a su habitación con confianza y se encontró con semejante escena en el salón.

-Yo... Yo...

-¿Pero Helga que esta haciendo Arnold sin camisa en nuestra casa? - preguntó la mayor toda inocencia.

Jonathan aun parecía que no había reaccionado a ese asunto. Pero ahora que lo veia, su expresión sorprendida cambio a una de enojo.

-Voy a matarte - gritó furioso mientras se dirigía como tromba al otro chico.

Que los chicos quisieran golpear a Arnold, se estaba volviendo algo común últimamente.

Fin del capítulo 14.