Reflejos o espejismos
Capítulo 7. Al límite
=Unos días después de FBI S04E09 "Unfinished business"=
—Entonces, ¿confirmado? Maggie tenía razón. ¿Rina y Jubal están juntos...? —preguntó Kelly, sentado a la mesa de la salita de descanso y dando cuenta de su almuerzo.
También sentada a la mesa, con la cabeza apoyada en el puño y una expresión controladamente decepcionada, Elise exhaló despacio, se comía su sándwich, aunque con bastante menos interés.
—Así es —respondió entre un bocado y el siguiente—. Y según Stuart, al parecer Isobel ya lo sabía.
—Relaciones en el trabajo... —masculló Ian.
—No sé cómo a Jubal puede gustarle Rina —protestó Elise entre dientes—. Es una persona tan... —la frase se quedó incompleta como si Elise no hubiera sido capaz de encontrar una palabra que, estando Rina en el hospital aún luchando por su vida, no fuera inapropiada.
—Pues eso no es todo —intervino entonces Trevor, que estaba apoyado en la encimera mientras se comía una barrita energética—. Al parecer Rina y Jubal fueron amantes hace tiempo. Ella se divorció debido a ello.
Los demás se volvieron hacia él, sorprendidos.
—¿Cómo? —preguntó Elise—. ¿Dónde has oído eso?
—Me lo contó Jubal —respondió llanamente Trevor, levantando las cejas y encogiéndose de hombros—. El ex-marido de Rina fue a verla al hospital y Jubal lo mencionó.
—No es precisamente un secreto, entonces —supuso Kelly.
—Jubal no pareció orgulloso, pero no dio rodeos al contarlo —dijo Trevor—. Aunque en ese momento parecía un poco aturdido, la verdad.
Elise volvió a suspirar.
—Qué pena. De verdad que creía que entre Isobel y Jubal... Había... no sé... Había algo. —Ian sorbió su bebida torciendo su gesto con desaprobación. Elise le hizo caso omiso—. Jubal se merece un poco de felicidad. También Isobel.
La expresión de Ian se suavizó, como dandole la razón a Elise.
—Jubal parecía contento últimamente —dejó caer Kelly encogiéndose de hombros. Su compañera lo miró con cierto fastidio porque eso de algún modo la contradecía. Kelly la malinterpretó y se apresuró a añadir—: Antes de que pasara todo esto, claro.
Elise tuvo que reprimir el desagradable escalofrío que le producía pensar que Vargas había estado tras el atentado contra Rina y que había amenazado las vidas del resto del equipo y sus familias. ¿Y si volvía a intentarlo...? Se le quitó el hambre de pronto; apartó el resto de su sandwich.
—¿Se sabe algo del estado de Rina, por cierto? —preguntó entonces Trevor.
—No ha habido cambios, creo —contestó Ian, consternado—. Sigue en coma profundo y no saben si despertará...
Los cuatro se miraron desolados entre sí. Cada día que pasaba era menos probable que lo hiciera.
—Ey —dijo de pronto Jubal, asomando medio cuerpo por el hueco de la puerta; sus ojeras, su rostro demacrado, subrayaron su expresión mortalmente seria.
Elise no pudo reprimir un respingo, pensando avergonzada que Jubal los había pillado chismorreando. En otras circunstancias, sabía que su jefe se lo habría tomado con humor, pero ahora Elise se temía que se sintiera ofendido.
Desgraciadamente, se trataba de algo mucho peor.
—Se acabó el descanso, chicos —dijo Jubal con urgente gravedad—. Tenemos un tirador activo en un centro comercial en Brooklyn.
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=Durante FBI Most Wanted S03E09 "Run-Hide-Fight"=
Jubal se dirigía con paso enérgico al JOC seguido de sus analistas, pero Isobel le hizo una seña desde la puerta de su despacho, aunque estaba hablando por su móvil.
—Sí, estoy de acuerdo. —Le hizo un gesto a Jubal para que pasara y cerró la puerta tras él.
¿Qué pasa?, preguntó Jubal con los ojos.
—OK —continuó ella al teléfono—. Nuestro SWAT va también de camino. Sí, estaremos en contacto. —Y colgó—. Era el capitán Taylor, del NYPD. Esta al mando allí. Ha ordenado a sus hombres retroceder. Han puesto explosivos en las puertas y no hay acceso a las cámaras de seguridad ahora mismo. Se temen una emboscada.
El agotamiento le devoraba las entrañas a Jubal. Maldijo entre dientes, guiñando los ojos y frotándoselos con los dedos pulgar y corazón hasta que vio chirivitas.
—Jubal —dijo Isobel con suavidad acercándose a él—. Quiero que te quedes al margen esta vez.
—¿Qué?
La miró desconcertado; pensaba que la había oído mal.
—Estás exhausto. Necesitas descansar.
—No es para tanto...
—¿Has llegado siquiera a pasar por casa estos días?
Jubal apretó las mandíbulas. Había pasado la noche entera en el hospital por tercera vez en una semana, pero se había marchado cuando, poco antes del alba, habían llegado los padres de Rina. Ya habían dejado claro el primer día que no querían tener trato con él.
—Lo necesario —le faltó a la verdad.
—Jubal —insistió Isobel ante su evasiva—, te he visto dormido sobre tu mesa esta mañana. Estabas sin afeitar. Te has aseado y cambiado de ropa en el vestuario, ¿verdad? ¿Otra vez?
Incómodo porque Isobel había acertado de lleno, Jubal bajó los ojos, y no contestó.
—¿Estás comiendo al menos? —preguntó ella preocupada.
—Sí. Bueno —admitió ante la mirada inquisitiva de Isobel—, tal vez no lo suf-
—No te puedes seguir haciendo esto. Vas a terminar enferm-
—¿Puedes dejarme en paz? —la atajó Jubal—. Sé cuidarme solo —había abierta irritación en su voz.
Con un sabor amargo en la boca, Isobel se irguió, preparándose para ponerse realmente seria con él, pero el timbre de su móvil la interrumpió. Cogió la llamada de inmediato, sin mirar. En esos momentos podría ser desde el ADIC hasta el Director, pasando por el alcalde y el Gobernador del estado.
—Kristin —dijo con tono sorprendido al reconocer a la agente de la Fugitives Task Force. De pronto empalideció—. Oh, Dios. —Sus ojos alarmados dispararon la adrenalina de Jubal, que dio un paso inconsciente hacia ella—. Jess y Sheryl están dentro del centro comercial —le informó Isobel con voz ahogada mientras ponía el altavoz.
—De momento están bien —decía Kristin mientras se dirigía hacia allí, la sirena de su coche aullando de fondo—. Son al menos dos tiradores. Hana está ayudando a Sheryl a resetear una puerta de seguridad para acceder a un lugar seguro.
El cansancio se le había pasado a Jubal de golpe como si alguien le hubiera pegado un bofetón. Isobel procedió a informar a Kristin de cuál era la situación con el NYPD en el exterior.
—Mantenme informada —concluyó y dejó a la agente concentrarse en conducir lo más deprisa posible.
—Daré aviso nuestro escuadrón de artificieros —dijo Jubal poniéndose inmediatamente en marcha.
—No, Jubal —lo detuvo ella.
—¿Qué?
—He dicho que te quedes al margen.
—No —se negó él rotundamente—. No, ni hablar.
—Sé realista, Jubal.
—Esto es ridículo.
—¡No estás en condiciones!
—¡Me importa un carajo! ¡Es mi amigo quien está ahí dentro, maldita sea! —estalló Jubal a gritos, avanzando agresivamente hacia ella y gesticulando con las manos—. ¿¡De verdad vas a hacerme esto otra vez!?
Ella no retrocedió. A pesar de la diferencia de tamaño, de la potencia de la voz de Jubal, no estaba intimidada. Parpadeó sobresaltada, sin embargo: jamás antes lo había visto tan fuera de sí. Cualquier otro, o si hubiera ocurrido en otras circunstancias, habría recibido el hierro de su ira por aquella falta de respeto, pero no esta vez. Está... está furioso conmigo, pensó Isobel, su corazón hundiéndose en un mar de tormentosa zozobra. Por supuesto que lo está. Me culpa de lo que le ha ocurrido a Rina, comprendió. Las lágrimas ascendieron involuntariamente a los ojos de Isobel que se quedó allí de pie intentando en vano controlarlas. Y tiene razón.
Jubal cerró los ojos al darse cuenta de inmediato de lo injusto de su estallido. Pocas personas se merecían su ira menos que Isobel. Apretó los puños. Necesitó unos segundos para controlarse. Agradeció mentalmente que ella se los concediera.
—Lo siento —murmuró profundamente abochornado, alzando las manos con gesto de disculpa. ¿Cómo se había permitido llegar hasta ese punto?—. Lo siento mucho. No he debido ponerme así. Pero necesito... Necesito estar ahí para Jess. Lo entiendes, ¿verdad?
Isobel tragó con dificultad el nudo que tenía en la garganta. Sí, lo entendía muy bien. Le había fallado a Jubal de muchas maneras. No podía fallarle más.
—Sí. Sí, yo también. —Le puso la mano en el brazo con afecto y lo condujo al JOC—. Vamos.
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=Tras FBI Most Wanted S03E09 "Run-Hide-Fight"=
Aplausos y vítores por el nacimiento del segundo hijo de Sheryl –un niño esta vez– en una ambulancia, allí mismo junto al escenario del trágico tiroteo que acababa de suceder en el Brooklyn Point Mall a la hora de comer, llenaron el frío aire del primer día de invierno y produjeron una cierta catarsis a todos los presentes. Había sido un día horrible... decenas de muertos y heridos por tres tiradores llenos de odio. Personas cuyo único "crimen" había sido acudir a hacer sus compras de Navidad.
Pero la vida se habría paso en todas las situaciones.
El alboroto al principio no dejó a Jess oír a Isobel cuando ella llamó su atención.
—¡Jess!
Cambiando su gesto por uno serio, Jess se volvió y se acercó al coche de Isobel, que acababa de detenerse prácticamente a su lado con un frenazo y del que ella se estaba bajando casi de un salto. Él supo que había acudido en cuanto había podido.
—Isobel.
Ella lo cogió por los brazos.
—Jess, ¿estáis todos bien? ¿Y Tali y Sarah? ¿Tu padre? ¿Tu equipo?
La ansiedad, la falta de aliento en la voz de Isobel le encogió a Jess el corazón.
—Estamos todos bien, Isobel. Gracias.
—Me alegro —dijo ella con alivio—. Gracias al cielo. Kristin me ha tenido al corriente, pero...
—Por supuesto —le sonrió Jess.
Le pareció curioso que Isobel pareciera necesitar más un abrazo que él... Pero sólo fue un momento. Isobel irguió la espalda y volvió a ser la SAC de todos los agentes allí presentes.
Jess suspiró.
—La mujer de Sheryl acaba de dar a luz a un niño —dijo señalando la ambulancia que se iba ya para el hospital—. Todo ha ido bien.
Isobel sonrió genuinamente sorprendida.
—Eso... Eso es maravilloso —suspiró conmovida—. Luego le daré la enhorabuena.
Entonces Jess la informó de todo lo ocurrido, como su superior que era. Había sido un día oscuro que quedaría para siempre grabado en la crónica más terrible de la historia de Nueva York.
Después de coordinarse brevemente con la policía, Isobel acompañó a Jess y su familia hasta su coche. Lo mandaba a casa a cuidar de ellos, a recuperarse del trauma. El bajón de la adrenalina estaba afectando a Jess, que empezaba a notar que necesitaba el descanso.
Mientras, Isobel se quedaba al cargo de todo aquel desastre. Él no le envidiaba el puesto.
—¿Alguna novedad con la ADIC Trenholm? —preguntó mientras los demás se subían al vehículo.
Isobel lo llevó un poco aparte para contestar.
—No. Sigue sin cambios...
Mirando a su alrededor, Isobel bajó la voz aunque allí no había nadie más que ellos.
—Aam... ¿pudiste hablar con Jubal como te dije? —le preguntó con sólo una pizca, pero patente, de timidez—. Estoy preocupada por él.
—Isobel... Si estás preocupada por él, quizás deberías hablarle tú misma.
—Lo he intentado, pero Jubal está muy... —carraspeó— esquivo. Y no quiero ser intrusiva.
Sí, eso ya se lo había dicho la otra vez.
Jess encontraba desolador el abismo que se había abierto entre Jubal e Isobel. Antes ella no habría dudado en abordar a Jubal y ofrecerle su ayuda. Era obvio para él que el motivo del conflicto original fue la propia Rina.
Para Jess que Jubal hubiese vuelto con ella no había tenido ningún sentido. Si hubiera sido su sponsor en AA, se lo habría desaconsejado por completo. Demonios, no lo era y se lo había dicho de todos modos cuando Jubal le confesó que estaban juntos, hacía ya unas semanas. Rina estaba demasiado ligada a la anterior ocasión en que su amigo se había dado a la bebida. Dejando aparte las infidelidades, la suya había sido una relación tóxica. Volver con ella era el trampolín perfecto para una recaída... Pero Jubal no escuchó y Jess no quiso insistirle más porque, por primera vez en mucho tiempo, aquella sombra de soledad y tristeza en los ojos de su amigo había desaparecido.
Y, de todos modos, una bala —la bala de uno de los malignos dispositivos colocado por orden de Vargas– había eliminado aquel riesgo para sustituirlo por otro más cruel. Demasiado bien sabía Jess lo destrozado que debía estar Jubal. También se preocupaba por él.
—Sí, estuve ayer hablando con Jubal. Me dijo que la familia de Rina no quiere verlo, ni siquiera hablar con él. Está...
—Lo sé, al límite. Y no se está dejando ayudar. —Isobel negó con la cabeza, consternada—. Va a llamarte en breve. Estaba muy preocupado por ti y tu familia. —Había querido incluso acompañarla a Brooklyn, pero Isobel lo necesitaba en el JOC, coordinando—. ¿Podrías... Podrías estar un poco pendiente de él?
—Por supuesto —contestó Jess.
Para despedirse, Isobel le dio un fuerte, fraternal abrazo, que él no dudó en devolver.
—Cuánto me alegro de que estés bien. Que lo estéis todos —murmuró ella—. Esto ha sido un buen susto —Vaciló un momento antes de añadir finalmente—: No le digas que te lo he pedido, por favor.
Hacía menos de un mes, Jubal había acudido a Jess para contarle que últimamente veía a Isobel muy estresada y desanimada. Decisiones difíciles y la tensión con sus superiores le estaban pasando una cara factura. Entonces le había pedido exactamente lo mismo con respecto a ella casi con las mismas palabras, incluida la parte de "no se lo digas".
Jess suspiró profundamente, derrochando paciencia mientras se subía al coche e Isobel les pedía a todos que descansaran y se cuidaran. Estos dos... pensó Jess. Algún día los sentaría en el mismo sofá y los obligaría a tener la conversación que se negaban a tener entre ellos.
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