Frío, hormigueo corporal, dolor de cabeza y la vista fuertemente distorsionada hacían saber al joven que seguía vivo. Las siluetas extrañas se ven formando figuras reconocibles mientras el cuerpo regresa a sus sentidos.
Parece ser una sala de concreto poco iluminada con lo que parecen ser dos figuras atentas a él, puede oírlas claramente pese a no tener la capacidad de hablar.
—Ya, creo que ya está volviendo.
—Qué alivio, creí que se nos iba a morir aquí.
—Cállate, tarado, lo vas a asustar ¿Puedes oírme, chico? Trata de respirar profundamente.
Sus voces no parecían ser más maduras que la suya, de cualquier modo hizo lo indicado notando que el hormigueo se mermaba y progresivamente entraba en sus sentidos.
—Eso es, sigue así y estarás mejor.
—Espero que no te moleste vivir un rato sin riñones.
—¡Te dije que te callaras! No le hagas caso, solo juega contigo. Necesitamos que conserves la calma, Yalmor. No corres ningún peligro pero necesitamos tu ayuda.
—Brb… —Apenas pudo murmurar, toda la boca le hormiguea.
—Ya se quedó retrasado.
—Yalmor, estás parcialmente sedado. Sabemos que es confuso pero esto no es un secuestro.
—Estoy bastante seguro de que llevarse a alguien en contra de su voluntad tras drogarlo en un asalto es un excelente ejemplo de "secuestro".
—De acuerdo, sí. Es un secuestro pero solo pon atención, chico. —Agregó irritado por su elocuente compañero. —Tomamos esa repentina medida porque ya no había más tiempo y no podíamos perder todo un día en contactarte o convencerte. Somos la fuerza armada de oposición republicana.
—Grhmn…
—Yalmor, tú eres el candidato perfecto para un importante operativo que podría cambiarlo todo para cada alma sangheili. Tienes un historial limpio y aptitudes exactas para el trabajo, vamos a asegurarnos de que estés a salvo y corras el menor riesgo posible. En unos momentos volverás a dormir y te explicaremos a detalle pero por favor, necesitamos tu ayuda para un mejor futuro y espero que puedas perdonarnos por involucrarte de este modo pero es una emergencia y no queda más tiempo. —Su tono tan desesperado como esperanzado delataba sinceridad, claro que el joven fuertemente drogado apenas podía hacer más que escuchar. —Todo estará bien, muchacho. No vamos a dejarte solo.
—¿Ya le podemos robar el riñón?
—Ah que la… ¡Qué dejes eso del secuestro, Mozta! ¡Ya ni la…!
Antes de haberlo notado, nuevamente cayó en un profundo sueño. Esas voces se hicieron murmullos inteligibles que rápidamente dejaron de alcanzarse a oír. Débilmente pudo sentir algunos agites a su cuerpo y zarandeos, definitivamente era cargado en el mejor de los casos y no había de otra que esperar a despertar.
La capacidad motora de Yalmor regresó a su cuerpo tan pronto como lo hizo su conciencia, el cuerpo del joven dolía como si cada músculo se hubiera ejercitado arduamente. Esta vez despertó sentado en una silla de metal muy sencilla, en una habitación mediana vagamente iluminada por un solo alargado foco blanco pero cuya mugre y moho produce una luz enverdecida, los muros de frío metal mal pintados por el óxido no agregan más al deprimente panorama pero sí lo hace una mesa en mismas condiciones junto al muro. Por lo menos estaba acompañado por su somnoliento reflejo presente en un ventanal a todo lo ancho del cuarto, seguramente unidireccional.
—P-por los soles… ugh… —Estiró las piernas entre quejidos cuando la memoria le aceleró los corazones. Rápidamente levantó sus prendas tratando de verse la espalda baja confirmando dos cosas; No había perdido sus riñones ni su ropa.
La silla rechinó al recibir el peso completo de Yalmor. Cuello estirado y cabeza atrás observa fijamente el foco con ese eléctrico zumbido. No queda más que pensar mientras su cuerpo vuelve en sí del todo.
—Es un frío doloroso. Percibo la humedad ¿Estoy bajo tierra? Secuestrado tal vez y metido en algún lío rebelde hasta el cuello en contra de mi voluntad ¡Hace una hora estaba en mi precioso y mugriento departamento mediocre, contemplando hermosos trabajos mediocres! ¿Una hora? Ni siquiera sé cuánto tiempo pasó pero me duele como si fueran más de diez horas que durmiera ¿Ya soy un rebelde entonces? ¿Soy enemigo del gobierno porque alguien más lo decidió? Siempre hay noticias de como aniquilan rebeldes por todas partes. Me van a matar… Mierda, me van a matar… El mismo imperio al que recién pagaba mis primeros impuestos hace una semana me va a matar. "Perdóname" ¡Vete al carajo! ¡No quiero estar aquí! ¡No debería estar aquí!
Toda esa ansiedad fue suficiente para hacer levantar al muchacho mirando a todas direcciones. A su espalda estaba una puerta automática con una tenue luz roja contra la cuál ya adrementaba una y otra vez embistiendo con el hombro.
—¡NO QUIERO ESTAR AQUÍ! ¡REGRÉS…! —Un escalofrío detuvo la desesperación de su cuerpo empujándose de la puerta y tratando de controlar su agitada respiración. —¿Y si ellos me matan primero por negarme? ¿Qué me garantiza mi vida ahora? Soy completamente vulnerable ahora, no puedo alterarme así! Ay-Ay… Ya hasta me duelen las entrañas, sudo en frío, nunca había estado tan al límite. Bien, bien… solo… cooperar… sí, solo cooperar. Mi mejor oportunidad de seguir vivo es cooperar y delatarlos apenas tenga oportunidad ¿Verdad? Seguro que así sería un informante y no un rebelde, un par de palmadas en la espalda y de vuelta en mi sillón! Veré a papá y mamá y eventualmente tendré una casa propia. Todo estará bien. Tuve algo de mala suerte pero es todo, todos tienen experiencias cercanas a la muerte y esta será la mía. Solo me calmo, coopero y denuncio apenas pueda… Ahhhh~ Ya, ya… tranquilo.
Una vez con el ritmo cardíaco regular, regresó al asiento en el que despertó pero eso no reduciría el estrés, por lo menos ya no serían picos de éste.
Poca fue la espera. El ruido de algún parlante encenderse tomó por sorpresa la inquieta calma de Yalmor.
—¿Ya te recuperaste? —Preguntó la voz sorprendentemente áspera del parlante.
—S-Sí. Ya t-todo bien. —Nadie podría culparlo de su tono quebradizo y asustado, de todos modos modularse es lo último en lo que piensa mientras busca con la mirada el aparato sin éxito.
—Mira… Sé lo aterrador que debe ser para ti pero primero que nada te aseguro que estás a salvo y que todo saldrá bien mientras no hagas alguna tontería ¿Entiendes?
—Bueno…
Por lo menos hizo un gran esfuerzo por sonar condescendiente pero de quien sea la voz no parece tener práctica en consolar a la gente.
—Vas a tomar el lugar de un sujeto que no ha llegado a su cita y el carruaje está a punto de partir. Solo tú tienes todos los requisitos físicos, mentales y de registro para el trabajo y no podíamos esperar más. Tú vas…
—Pe-e-ero yo… yo soy solo un civil, apenas tengo veinticuatro. Yo n…
—¡Ya sé, Yalmor! ¡Todos lo sabemos y estamos tomando un gran riesgo pero se arriesga mucho más si dejamos pasar esta oportunidad! —El grito de esa voz ronca parecía más un gruñido, esto paralizó al muchacho. —Sabemos que no lo entiendes, ni tú ni nadie que viva en Periticia. Están en una burbuja pero en otros lugares hay regiones enteras que el emperador está marginando hasta matarlas, trabajadores mueren en sus labores para que goces de un baño caliente, los empoderados hacen todo el daño que se les antoja a sus anchas mientras se acumulan por centenares los cuerpos de los que se atreven a levantar la voz contra ¿No te has preguntado por qué solo se habla de lo horribles que son los rebeldes? ¿Por qué jamás mencionan concretamente nuestros motivos y nos hacen ver como meros anarquistas descontrolados? Incluso tienen la cautela de siempre llamarnos "Rebeldes". Apuesto que no sabes lo que es una república concretamente y no tienes la culpa de ello. Yo he visto de primera mano al imperio bombardear ciudades pequeñas solo por tener costumbres diferentes.
—Uh…
—… Escucha… No somos unos desquiciados sedientos de sangre y no necesitamos lavarte en cerebro, tan solo mostrarte los verdaderos hechos pero no tenemos tiempo. ¿No te interesa saber todo lo que en verdad ocurre? ¿Te has preguntado qué nos motiva a dar la vida peleando contra el imperio?... Sólo ayúdanos en esto y te mostraremos lo que nos motiva sin ninguna mentira, te presentaremos los rostros por los quiénes damos la vida cada día. No vas a correr ningún riesgo y en cuanto lo pidas te sacaremos de inmediato.
—¿Qué quieren que h-haga?
—Hay un programa clasificado de vacantes de inteligencia naval, básicamente simples ayudantes a los que pudimos infiltrar un elemento que serás tú.
—¡Pero yo no sé nada de inteligencia naval o militar!
—Ayudantes. A-YU-DAN-TES. Solo debes cargar algunos papeles, trapear un poco, servir algunas tazas de infusiones, nada complicado. Solo debes obedecer y escuchar atentamente todo lo que puedas para hacérnoslo saber.
—De acuerdo…sí pero ¿Qué pasará con las personas que…?
—No pasa nada, no perderás contacto con ellos. Solo debes ser prudente.
—E-está bien… entonces… podré salir cuando…?
—Apenas lo pidas te sacaremos de allí inmediatamente, muchacho.
—De acuerdo… —Exhaló en un suspiro.
—Te daremos un pequeño aparato de comunicación. Solamente es emisor y solo podrás usarlo en una hora en específico del día. En unos minutos más pasarás a otra recámara donde voy a hacerte algunas pruebas.
—¿De qué tipo?
—De rutina, nada complejo. Apenas salgas de esta habitación no debes mencionar a la rebelión en lo absoluto, no menciones nada de lo que hemos hablado y actúa como si nunca antes me hayas escuchado.
—¿En dónde estamos en primer lugar?
—En unas instalaciones del imperio.
—¿¡En serio!?
—Tranquilo, por los soles… Ya te dije que no había más tiempo, esta era la única sala realmente privada. Saliendo de aquí ya estaremos en cubierto. Tú saldrás primero y vas a… —Yalmor ya caminaba a la puerta. —¡Todavía no, tarado!
—Uh! ¡Perdón!
—¡¿En qué momento te…?! Ugh… está bien, no pasa nada. Estás nervioso… Cuando YO te INDIQUE que salgas… vas a salir de aquí, recoges tu maleta preparada del suelo, caminarás por el pasillo sobre la izquierda y al primer sujeto que veas le preguntas por la sala C ¿Entendido?
—Sala C, Sala C, Sala C…
—Eso es. Allí nos volveremos a encontrar pero no estaremos solos así que mantén tu discreción. Te haré las pruebas de la vacante y luego pasarás a tu puesto, así de fácil.
—¿Y si no paso las pruebas?
—¡Oh! Pues en ese caso van a servirte unas ricas galletitas dulces y darte las gracias por haberlo intentado.
—Pero e…
—¡CLARO QUE NO, IDIOTA! ¡OBVIAMENTE VAS A PASARLAS! ¡ESTÁ TODO ARREGLADO, ANIMAL! —El pobre chico hundió la cabeza entre los hombros. —Lo siento, lo siento… No es muy fácil para ninguno de nosotros. Estamos tan nerviosos como tú pero hay mucho por lo cual continuar.
—¿Por qué lo haces tú?
—Para darle un futuro de libertad a los míos, igual que todos aquí.
El silencio se hizo presente tras frenética charla. Yalmor se detuvo a pensar mejor mientras miraba su reflejo preocupado, preguntándose cuánto arriesgaban estas personas por su lucha con las implicaciones de lo recién escuchado. Seguramente el dueño de aquella voz haría lo mismo pero observando al joven; con la certeza de que no puede verlo pero aun así percibirlo como si pudiera.
—¿Tus padres viven?
—Sí, hace poco los vi de hecho.
—Se ve que han criado a un buen sangheili.
—Eso quiero pensar pero no estoy muy seguro si volveré a verlos…
—Lo harás, chico. No te preocupes por eso. Todo estará bien contigo, te lo prometo.
—Claro…
—Ya es momento. Avanza en quince.
—¿En quince?
—Doce, once, diez, nueve, ocho.
Esta vez pudo entenderlo, cuando dejó de contar él continuó la cuenta mentalmente y salió del cuarto apenas terminó. El estrecho pasillo tras la puerta estaba pobremente iluminado, largas tuberías zigzagueantes recubrían lo alto y más musgo invadía lo bajo de ambos muros. Con olor a piedra y asfalto húmedo aumentaron las sospechas de estar bajo tierra pero poco importa, sobre el hombro izquierdo alcanza la luz de un pasillo mucho mejor iluminado mientras que a la derecha se extiende el camino hasta donde la oscuridad devora el suelo frío. La maleta susurró al ser elevada por Yalmor, seguido de las pisadas.
Ya no habría más dudas; concreto pulido de suelo, iluminación industrial y números pintados cada 6 metros en las paredes, eco de bullicio a la distancia y también en cercanía, como prevención de una laberíntica estructura.
—¡Oiga!
El altavoz de un soldado bastó para erguirle la espalda a Yalmor, éste se giró de inmediato para ver al individuo de coraza azul.
—¿Con quién viene?
—Am… yo debo ir a la sala C.
—¿A naval?
—Sí, naval.
—Sigue este corredor hasta el pasillo 85, luego entra sobre tu derecha. —Indicó señalando con el brazo entero, sin despegarle la mirada.
—Gracias.
Caminó con la mayor confianza fingida que lograba sin dejar de sentir ese par de ojos contra su nuca. Afortunadamente no lo seguía pero todo militar sabe distinguir de inmediato a sus iguales.
Haber aparecido desde el pasillo 97 le ahorraría tiempo. El camino descendente no se sentía tan largo cuando en cada pasillo al que consiguió asomarse presenciaba una enorme cantidad de soldados; guerreros formidables marchando, trotando o caminando. Entre más ostentosas e imponentes sus armaduras menor era la rigidez de sus andares, la diferencia de estatus entre cada rango es muy marcada, los colores tan diferentes entre corazas van casi de sobra cuando se nota esto. Probablemente durante la batalla sirva más el código de color.
Para el pasillo 92 habría visto más de 200 soldados ir y venir, su corredor parecía extenderse más allá de su vista. ¿100 pasillos y tan solo andaba por el corredor C? Pensar en la inmensidad del complejo simplemente se le escapaba de la mente, era mejor rehusarse en preguntarse en qué clase de lugar lo habían metido o tan solo se descontrolaría.
Inevitablemente, al andar de Yalmor se sumaban poco a poco otros jóvenes como él, sin armaduras pero con vestimentas de gala militar no muy llamativas se le sumaron. Uno, tres, cinco, ninguno pronunció palabra alguna pero todos sabían que iban al mismo lugar. De inmediato se formó tensión en grupo, todos eran rivales si en verdad iban por lo mismo. Alguno comenzó a caminar más rápido, otro le alcanzaba rozándole el hombro y el infiltrado fue contagiado por las prisas hasta que el quinto lo rebasó casi empujándole con el hombro. No cabía duda en que ellos sí son militares, dejaban atrás a Yalmor tan solo caminando rápido.
De repente comenzaron todos a trotar como los demás guerreros del complejo llegado el pasillo 89. Yalmor apenas pudo seguirle el paso al resto sintiendo que le faltaba el aire. Exhalaban entre leves risas, de repente empujando al que tuvieran al lado y maldiciéndose entre sí contentos por ello mismo. También son jóvenes alegres después de todo, esto hizo al infiltrado olvidar por un momento su situación como tal. Ya habían pasado el número 85, esa esquina era la meta sin marcar y el encabezado del grupo comenzó a correr tomando ventaja, listo para tomar la vuelta final a toda velocidad.
El estruendoso golpe en seco precedió el inmediato freno de los competidores.
Retomando el aire, deteniendo su aceleración y confuso, Yalmor pudo ver a aquél adelantado tumbado en el suelo. Frente a todo el grupo y a los pies del derribado posaba la inmensa figura de un sangheili. Una altura intimidante y armadura intensamente carmesí, ostentosa; con notable oro pulido y tallado a los bordes de cada placa simulando hierbas, brillo precioso emanando de sus hombreras estéticamente curvas pero perfectamente simétricas, su casco cerrado no mostraba nada de la identidad del individuo salvo dos cristales afilados y luminosos de un haz azul, por los que se podía asumir que observaba a todos los jóvenes atónitos.
Era completamente escalofriante. Perfectamente erguido y sin moverse en lo absoluto. Todos podían sentirse observados y a la vez no.
La tos adolorida del derribado consiguió la atención de nuevo, aquél tenía una mandíbula rota y colgante, con un poco de su fluido vital escapando desde su boca. Solo los que estaban al frente fueron testigos de que el intimidante ser frente a todos ellos no lo agredió en lo absoluto; Tan solo caminaba y el otro se estrelló de frente a él. Lo más inquietante fue que aquél carmesí ni siquiera fue desequilibrado, había sido como ver un vehículo hacerse añicos contra un muro inamovible a toda velocidad.
Todos estaban atónitos y callados cuáles presas acorraladas con su depredador. Yalmor en particular estaba aterrorizado por aquel individuo.
El primero de los cinco que logró controlar la respiración se decidió a declarar en altavoz.
—La guardia imperial está presente, hermanos. Honremos la cercanía al emperador con disciplina. —Consiguió proyectar una voz temblorosa, recitando esa suerte de saludo militar, y aun así fue mejor de lo que todo el resto pudo haber logrado.
De inmediato sintieron en conjunto un inmenso peso sobre los hombros. No por haber chocado contra uno de los famosos guardianes imperiales y que éste continúe mirándolos inmóvil, sino por lo que su presencia en sí mismo significa; El emperador estaba muy cerca.
Uno a uno, según se posicionaron durante la carrera, reanudaron con una caminata tranquila y sumisa en fila, abandonando a su suerte al herido en el suelo. Cada uno pasó el flanco izquierdo del guardia imperial que continuaba quieto. Las piernas de Yalmor apenas le respondieron cuando llegó su turno siendo el último. Al caminar cerca del guardia su espalda se congelaba y sus entrañas se estrujaban, nadie podría decir que no se sintió similar sin mentir.
Ya encaminados en el pasillo cerrado anduvieron hacia una puerta al breve final de éste. El susurro del mecanismo automático les dio la bienvenida mientras los bajos y adoloridos quejidos se distanciaban en eco detrás de ellos.
La recámara fue sencilla, como en la que había despertado en su momento. La luz tenuemente verdosa y las seis puertas de acero le otorgaban semblanza de prisión deteriorada de no ser por los seis asientos sencillos en medio. Cada uno tomó lugar en silencio, dejando sus respectivas maletas entre sus pies. Tres miraban el asiento vacío y los demás a ellos hacerlo. Pese a ser mal visto socorrer a alguien sin heridas importantes, habría un poco de arrepentimiento en el ambiente. Quizá en cualquier instante aquél sujeto entraría a ocupar su lugar.
—Puertas de izquierda a derecha. Dejen las maletas aquí y pasen según su mención.
Finalmente Yalmor sintió el alivio de reconocer la voz proyectada en la recámara. Solo fueron minutos estando "por su cuenta" pero cada uno lo pasó en alto estado de alerta.
—Brithem, Dero, Juhlm, Lipah, Yulmor y Várotas. Adelante.
—Lipah tuvo un accidente, puede ser que lle…
—Hable cuando se lo indiquen pero felicidades, ya tiene menos competencia. Ahora avancen.
Así de fácil fue callado uno de los uniformados. Pronto se encaminaron a su respectiva puerta.
Tras cruzar la suya, Yalmor dio con otra habitación más pequeña. Una mesa alargada contra un muro fue lo más notable. Tenía tres papeles enumerados consecutivamente; los primeros dos tenían un botón al frente y el tercero una bandeja con cubierta.
—Bien, Yulmor. Tu prueba será más rápida debido a tu recomendación. Pasa frente a la mesa.
—-¿"Yulmor"? ¿No será Yalmor?
—Estúpidos de registros… "Yalmor" de acuerdo. Nos ahorraremos la entrevista, tu archivo está excelente. Es bueno tenerte aquí.
—Uhm. Gracias.
—Acércate al primer botón, presiónalo cuando quieras.
Fue obediente a pararse frente la mesa para mirar el botón algo curioso. Lo presionó tranquilo para luego escuchar un bajo sonido mecánico a sus pies. Al bajar la mirada pudo ver una circunferencia en el suelo justo entre sus pies. Ni bien inclinó un poco la cabeza para que la mancha se revelara como un pistón que salió disparado directamente contra su entrepierna, empujando al pobre joven del suelo por un poco. Con suerte logró mantenerse de pie luego del fuerte impulso.
—¡Ouph! ¡Ahhhg! ¡¿Qué…carajo?! —Bufó entre dientes cubriendo la zona afectada.
—Ya, ya, tranquilo. Una pequeña prueba de resistencia.
—¿A quién…? Owwgh… Maldita sea…
—Presiona el siguiente.
—No voy a presionar otro botón… grhmn…
—Oh no seas un llorón. Solo esa era la prueba de resistencia. Anda que los demás ya casi acaban.
—Owwhg… que ridículo…
Quejaba aún adolorido, avanzando tembloroso al siguiente botón. Esta vez se aseguró de que no hubiera nada sospechoso en el suelo o bajo la mesa. Tomado algo de confianza presionó el botón pero esta vez se abrió una escotilla rechinante que dejó caer una roca redonda sobre la cabeza del chico de la forma más rupestre.
—¡Ahhhw! ¡Ahhh! ¡¿Qué demonios te pasa?!
—¡Ja Ja! Ay como adoro la roca… Y sigues vivo ¡Muy bien!
—¡¿Y si no?!
—Tranquilo, cachorro. Ya puedes comer mientras los demás terminan.
—¿Es todo? ¡¿Golpearme dos veces es la temerosa prueba?!
—¿Quieres otro?
Sin notarlo se había vuelto a parar sobre el pistón, rápidamente echó un salto atrás que esta vez sí lo hizo caer en combinación con el mareo de la reciente contusión. De cualquier forma la trampa no se accionó.
—¡¿Qué puesto requiere casi matarme con una piedra?!
—Ya sabes lo viejo que es el laberinto Ublan y no había tiempo de hacer las pruebas en instalaciones más apropiadas ¡Ve el lado bueno! Tuviste la experiencia antigua militar.
—Que suertudo de mí…
—Anda, a comer antes de irte.
—Claro… —Mientras se levantaba refunfuñando procesó lo dicho. —¿¡Este es el laberinto de Ublan!?
—Lo conoces, que bueno. Al menos tienes la educación básica.
—Lo leía todo el tiempo en los libros de historia; "El laberinto de Ublan es la estructura arqueológica subterránea y militar más antigua en la historia de Sanghelios, se ha preservado y continúa en uso hoy en día bajo el Yermo Ublan; corazón de las fuerzas armadas de Sa…"
—¡Sí, sí, sí! Todos fuimos a la escuela, geniecillo. Ahora come.
—¿Por qué tanta insistencia en que coma el pastel? —Preguntó picoteando el postre con el cubierto
—Si no lo quieres déjalo pero no te garantizo que puedas comer algo en un largo rato.
Un pedazo del pastoso pastel posaba sobre el cubierto. El muchacho lo acercaba temeroso a sus fauces hasta que un par de golpes desde la puerta interrumpieron.
—Bah… Muy tarde, se acabó el tiempo. Sal de aquí y espera con el resto los resultados.
—Por algo será…
Yalmor abandonó el alimento donde estaba, algo le decía que era mejor así. Todavía estaba adolorido pero consiguió caminar con la decencia suficiente fuera de la recámara a la sala previa. Los otros cinco ya estaban allí esperándolo.
Tomó asiento sobando su cabeza entre todo el silencio. Nadie volteaba a verse ni hubiera sido lo mejor con tanta tensión. Esto hizo que Yalmor volviera en estado de alerta, recordando la situación en la que estaba metido a la fuerza.
La puerta principal se abrió dando paso al robusto individuo que habían visto antes, el guardia imperial, y tras de sí apareció otro de movimientos casi tan disciplinados como el primero. Ambos se detuvieron a los lados de la entrada montándole guardia.
Esa fue señal suficiente. Todos los candidatos dedujeron lo mismo de inmediato y despegaron de sus asientos de inmediato, los cinco se convirtieron en uno cuando escucharon esas pesadas pisadas acercarse y sus espaldas se helaron notando la gran silueta que se acerca.
El emperador estaba presente.
El sangheili de tres metros y medio, aquél portador de la inconfundible armadura plateada con oro finamente labrado detallando los bordes con hermosos patrones y brillante azul luminoso en las luces de la armadura y ojos del casco, casco de elegante ornamenta blanca; moviendo las pronunciadas hombreras en su andar desbordante de arrogancia. No entró a la recámara todavía y los cinco se dejaron caer de rodillas.
Todo sangheili lo ve todos los días, en infinidad de pantallas, papel, grabados o estatuas. Aún así, y al igual que la mayoría de la población, era la primera vez que cualquiera de estos candidatos lo tuvo en persona sin ser en lo absoluto una sensación agradable.
Ojos al suelo, pudieron oír la poderosa y levemente áspera voz del monarca.
—Postulados, erguidos.
Gustosos hubieran obedecido de inmediato de no ser que las piernas les tardaban en responder.
—¡El emperador Hero Grunt Ruvif les ha hablado! —Exclamó el segundo guardia antes de que los jóvenes se levantaran. Todos estaban despavoridos, sobre todo nuestro pobre Yalmor.
"No." Pensaba el muchacho. "No es verdad. Yo no debería estar aquí ¿Qué clase de asistente tendría al emperador en frente? ¡¿En dónde me metieron?! ¡¿Qué es esto?! ¡Este demente ha ejecutado gente sin razón! ¡¿Por qué es tan grande?! Podría matarme con sus manos…¡Va a matarme si me descubren! … ¿Por qué yo?¿Qué hice?¿Por qué a mí? Yo estaba en mi departamento y ahora estoy por morir. Apenas siento las piernas. No quiero que me maten."
—Es un gusto ver tan competentes postulados. Leí sus perfiles y debo decir que son destacables. Cada uno es tan prometedor pero saben que no puedo elegirlos a todos. Pese a ello, me parece que tendremos un interesante evento pues, hay dos de ustedes con la mejor valoración casi empatados. Ellos abordarán conmigo Tarde de Ascendencia tomando el puesto de oficiales imperiales, los demás serán asignados a un sitio que les rendirá fruto a tan destacables perfiles.
"¡¿OFICIAL IMPERIAL?! ¡¿Qué carajo hace un oficial imperial?!"
—Juhlm y Yalmor, vengan conmigo. Bienvenidos a la búsqueda del poder.
¡Sí, lo sé! ¡No! ¡No voy a actualizar anualmente! Tuve contratiempos… pero haré un poderoso intento por actualizar mensualmente al menos.
Espero que las 3 personas que leen mi cosa esta puedan perdonarme pero hoy en particular tuve todo listo para publicar pues es un día del año que en lo personal adoro profundamente pues es mi principal inspiración para esta historia aunque sea yo un poco habituado a sentarme frente al teclado.
¡Los lugares siguen abiertos! Por si alguien tiene el interés…
Las sensaciones que me despierta escribir son tan…especiales. Espero que lo hayan disfrutado.
Hero Grunt Ruvif (No el personaje, el autor)-
